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27 octubre 2019 7 27 /10 /octubre /2019 19:17

Ramón Jimeno

Revista NACLA, 1983

 

Entrevista a Jaime Bateman

 

Jaime Bateman Cayón, 42 años,  es el comandante superior del M- 19. La única vez que ha estado detenido fue a mediados de los 60, en el aeropuerto de Miami. Iba a un Congreso a Praga como miembro de la organización comunista y le fue negado el tránsito por los E.E.U.U. Creyendo que los gorilas que lo arrastraron hasta la habitación de la reclusión lo iban a maltratar como sería usual en Colombia, armó un alboroto del San Putas. Sin embargo, después de 24 horas de encierro viendo televisión en colores, fue puesto en un avión de vuelta a Colombia. Llegó al Congreso por otra ruta. En realidad, ésta fue una de las pocas anécdotas que NACLA recogió de Pablo, su nombre guerrillero, porque durante 10 horas de entrevista, la mayor parte del tiempo se dedicó al análisis del movimiento guerrillero Colombiano, de sus perspectivas y las del M-19, y a la discusión de la situación política actual de Colombia. Su sencillez como expositor no le resta claridad ni profundidad a sus planteamientos.

Esta actitud se refleja en las acciones del M-19, no sólo por la influencia de Bateman, sino porque la mayoría de sus cuadros tienen la mentalidad abierta para presentar soluciones concretas. No le tienen miedo a los errores: a la gente no le importa el error, lo que le importa es ver si se es consecuente o inconsecuente políticamente.

 

¿Qué es el M-19?

El M-19 es guerrilla a partir de 1981. Cuando hablamos de guerrilla, hablamos de la posibilidad de un ejército. Guerrilla en seco no existe en ninguna parte del mundo. La guerrilla es una etapa hacia la conformación de un ejército.

El M-1 9 fue un movimiento político-militar, más político que militar, que supo ligar las acciones militares a la propaganda armada. O sea, supo convertir cada acto militar en un triunfo político, gracias a la audacia, gracias a una mentalidad abierta a soluciones concretas, mejor dicho, gracias a una política amplia, democrática, nacionalista y revolucionaria. Eso es el M-1 9 hasta 1981, una etapa de triunfos.

¿Cuáles son esos triunfos? La toma de la espada de Bolívar fue un triunfo estratégico. Hemos recuperado un símbolo de América Latina Ahora con el bicentenario de Bolívar se e la magnitud de triunfo. Esto no se ve sino en decenas de años. Hoy el M-19 tiene en sus manos el mejor símbolo y el mejor homenaje a esos doscientos años, lo vamos a utilizar a fondo.

El secuestro del gerente de Indupalma fue un triunfo político muy grande para la clase obrera, porque logramos darle una lección a la oligarquía colombiana. El secuestro de Mercado, porque mostramos a todos los vendidos cuál era la suerte que iban a correr si seguían con esa política. Porque nosotros con Mercado no hicimos un secuestro, hicimos un acto de protesta, y la oligarquía colombiana no quiso negociar con el movimiento popular. La muerte de Mercado fue criticada por un sector, a nivel de intelectuales, de esa intelectualidad que quiere que las cosas sean perfectas. Mira, cuando nosotros secuestramos a Mercado, éramos una organización muy pequeña, no éramos una organización de masas. Fuimos consecuentes con lo que estábamos diciendo. Si hubiéramos sido inconsecuentes, la gente nos retira el apoyo, como se lo retiró a Rojas Pinilla. Nosotros surgimos como una protesta a la inconsecuencia del General. Estábamos expresando un sentir popular. A la gente no le importa que tú te equivoques en la política, al pueblo le importa un culo esa vaina, lo que le importa es si tú eres consecuente o inconsecuente...masas populares, estamos hablando de pueblo, no estamos hablando de intelectuales, éstos hacen otro tipo de caracterización sobre la época de Mercado. Para el intelectual fue un golpe duro porque él estaba pensando en las operaciones clásicas, bellas, puras y completas. Al pueblo eso no le importa, el análisis no le interesa, le importa son las consecuencias.

La izquierda considera que ese fue nuestro mayor fracaso. Nosotros lo consideramos nuestro mayor éxito, en ese momento. Ahora, que la salida fue la más... inhumana, eso es cierto nosotros lo reconocemos. Por eso fue que entonces proponíamos a López Michelsen: “Busquemos una solución pacífica para este problema, negociemos...”. Nosotros le proponíamos solución a varios problemas. La situación de Riopaila, la de los maestros, en fin de cuentas le proponíamos reformas inmediatas. Ni siquiera reformas, soluciones inmediatas a los movimientos reivindicativos. En ese momento la oligarquía colombiana demostró su verdadera farsa: Todos esos vendidos, todos esos sirvientes, todos esos pobres que le sirven a los ricos fueron alertados por la acción político-militar del M-1 9.

 

Acciones del Eme

Nosotros hemos cometido errores... como no estar claros en que lo importante es crear un ejército; combatir al enemigo; recuperarle armas; no estar claros en que las acciones militares generan política ... Éstos son nuestros errores fundamentales ... no estar claros en que se necesita modernizara la guerrilla, en sus medios, con nuevos elementos... Sabemos que mientras no superemos esos errores el M-1 9 igualmente va a ser una guerrilla más en Colombia. No nos hacemos ilusiones.

En el Cantón nosotros estábamos pensando en la guerra, porque teníamos que hacer una guerra para lograr lo que queríamos. Estábamos también pensando en la solidaridad internacional. En ese momento, era enero de 1979, a seis meses del triunfo sandinista. Estábamos pensando en que parte de ese armamento se lo íbamos a dar al movimiento sandinista. Estábamos pensando el movimiento guerrillero colombiano. Estábamos pensando en una guerra.

Nosotros enfrentamos la estructura a la realidad. La realidad fue cruda, tremenda. Pero nos dio un resultado importante en política. La estructura nuestra fue destruida. Primera gran enseñanza: La estructura vale huevo frente a la política. Lo importante no es la estructura, lo importante es la política.

La gente habla más de la Embajada de la República Dominicana que del Cantón pero yo creo que fue importante el Cantón. La Embajada fue la consecuencia, el Cantón fue la causa. Tocó las “huevas” del sistema. Al sistema le tocó sacar todas las uñas que tenía y recurrió a la represión masiva.

Y el país entró en un período que nadie ha tenido la valentía de reconocer como el periodo más importante de la historia reciente colombiana. Turbay Ayala dice que en ciento cincuenta años de historia nunca se había visto a la gente hablando tanto como en ese período... que fusilaron, que asesinaron, que capturaron... Toda la democracia, la democracia real, con sus personajes reales salieron a flote y se convirtieron en una alternativa en ese momento. La democracia real, las personas. El viejo Apolinar Díaz  Callejas, Vásquez Carrizosa; Galán; las asociaciones campesinas, el Partido Comunista. Salieron a flote porque se vio la realidad cruda. Esa es Colombia, un país de represión, un país de mierda... Cinco mil armas desarmaron al ejército... lo desarmaron espiritualmente. Les tocó quitarse la careta de la democracia representativa. Quedó lo representativo, se acabó la democracia. ¿Representativo de qué? De eso, del militarismo, de la antidemocracia... y se enfrentó el país en una lucha original. Porque eso sí, no se ha dado en ninguna parte del mundo. En el país en este momento se estaba asesinando gente, torturando gente: sin embargo, se seguía discutiendo como nunca.

En el momento de la toma de la Embajada ya nosotros teníamos cien hombres en armas, que era un acontecimiento histórico para el M-19... ya teníamos ejército. Para nosotros era un ejército de cien mil hombres.

La Embajada  es el cobro político  que  hace el M-19: hasta ese momento el   M-19 era un proyecto que se consideraba liquidado, aunque ya nos habíamos tomado el caleño y habíamos demostrado que existíamos. Eso era bueno para nosotros. Pero a nivel nacional o mundial eso no se conocía con tanta profundidad como cuando nos tomamos la Embajada. Estábamos diciendo al mundo: “Esta es Colombia”.

 

Fracasos locales: Choco y Nariño

Marzo de 1981. Allí hay que revisar un poco lo que hacía el gobierno, porque eso fue una consecuencia. En ese momento se estaba discutiendo el primer proyecto de amnistía de Turbay.

Allí se definía la política del M-1 9, y le dimos una importancia, la que se necesitaba en ese momento. Por eso elaboramos un plan político militar de enfrentamiento a esa política que pretendía engañar al movimiento popular. Dentro de esto estaba en primer lugar la profundización de la guerrilla en el Caquetá, que comenzó su accionar militar exactamente el 11 de enero de 1981.

Hicimos la primera operación compleja del M-1 9 a nivel rural, utilizando más de dos compañías, que ya para nosotros era bastante para comenzar. Eran en parte las fuerzas que venían de las guerrillas móviles. O sea, pasábamos de unas móviles de más de diez hombres a prácticamente dos compañías de más de 150 hombres. Operaciones donde se necesitaba maniobrar, aunque fuera en seco. Ya comenzábamos a vislumbrar  que al enemigo había que cogerlo en movimiento y golpearlo en movimiento, no en sus trincheras. En general éste es el criterio militar.

A partir de ese momento nosotros empezamos a pensar en la respuesta de Turbay frente a su proyecto de paz, que era falso, demagógico, engañoso. Cuando Turbay lanza su proyecto de amnistía, que fue posterior a la toma de la embajada —en diciembre de 1980- ya nosotros preveníamos lo que se venía encima del movimiento popular, y planeamos las operaciones. No era la invasión de Chocó y Nariño. Era la operación militar en tres frentes de guerra: En Caquetá, en Nariño y en Chocó. A partir del 10 de marzo, todas esas fuerzas tenían que ponerse en acción. Habíamos invertido todo el dinero recogido durante la toma de la Embajada, que era un millón de dólares, para armar esas fuerzas. Prepararlas, armarlas, toda esa cuestión... Nosotros no creemos que haya sido un fracaso, porque a partir del 11 de marzo cuando nos tomamos Mocoa —una capital de intendencia, un objetivo militar muy grande, la primera capital que se tomaba en Colombia: en el momento en que el gobierno estaba en la ofensiva política-, nosotros le decíamos un no rotundo a la amnistía con la acción militar.

Comenzó el accionar militar en Chocó y comenzó en Nariño. En este accionar militar tuvimos derrotas y éxitos. En Nariño fuimos derrotados, y los mismos dirigentes de la operación dieron sus declaraciones, han reconocido una derrota táctica... Sin embargo, estas tropas las logramos salvar. El error fundamental fue la concepción militar nuestra. No se le puede atribuir al enemigo, porque ellos hicieron simplemente lo que tenían que hacer: reprimir y llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias. El problema fue que la guerrilla no llevaba su objetivo claro.

Los compañeros inicialmente pensaron que el objetivo era crear una base guerrillera en esa zona. Ese no era el objetivo militar, que era trasladarse a la zona militar donde estábamos nosotros, en Caquetá, y en Antioquia, arriba en la cordillera. Lo del Chocó era diferente. Allí se produce un enfrenamiento militar de grandes consecuencias. Allí se peleó durante siete días, el ejército detrás de la guerrilla. La guerrilla lo que no supo en ese momento fue determinar cuándo había que cortar el contacto con el enemigo. No, no fue un error de planificación. Falló la concepción militar; independientemente de una buena planificación si el comandante guerrillero lleva una concepción diferente, fracasa o se convierte en un éxito. En este caso se convirtió en un fracaso porque... en Nariño los compañeros pensaron que podían hacer zona guerrillera donde habían desembarcado. Este fue el error estratégico, para no hablar de otros errores de menor cuantía. El enemigo nunca logró liquidamos después de la operación, pese a que había una movilización grandísima del ejército. Tuvimos un triunfo político muy importante que era derrotar el proyecto de amnistía de Turbay, que lo culminamos con la ofensiva que hicimos en junio y que concluyó el 20 de julio del año 80.

A Pastrana no lo reclutó el ejército, él se reclutó. Se asustó mucho con lo del Cantón. Ante la represión directa del ejército se asustó mucho y llamó al general Vega Uribe y le dijo: “a mí no me jodan, yo no tengo nada que ver...” y Vega Uribe le dijo: “Bueno, venga a mi oficina...”, y le mandó un capitán. Estaba en la periferia y sabía la clase de trabajo nuestro, la influencia que teníamos en las zonas campesinas fundamentalmente. Sabía todos los contactos en el Caquetá. Entonces cuando el tipo delata todo lo que sabe. Vega Uribe le plantea que trabaje para ellos. Vega le dice: “Bueno, si usted trabaja para nosotros, le damos billete, una casa, pasaporte a su familia y usted después se va para el exterior”. ¿Cuál era el objetivo? Decirle al ejército dónde se encontraba la dirección del M. O sea, él se iba a reincorporar a la organización, el ejército le iba a dar armas, carros, él iba a hacer determinadas operaciones militares, aparente, propaganda armada... iba a coger prestigio, y suponían que después nosotros lo íbamos a llamar—por su eficacia militar— y lo incorporaríamos a la dirección. Entonces nos delataría a todos.

Para conseguir el contacto —en este momento ya toda la dirección había caído— él sabía que la única dirección funcionaba en el Caquetá. Comenzó a trabajar con otros compañeros, entre otros el tipo que lo jode a él, que se arrepintió, vino y nos contó la historia. Claro que Pastrana ya había cometido errores, sobre todo en el manejo de dineros y cosas de esas. A lo mejor nos hubiera jodido, quién sabe...

Entonces, cuando el compañero nos contó, se dio la orden: "A ese tipo no hay que cogerlo, hay que darle”. Él fue a una cita con los compañeros. Pastrana llegó más arriba del lugar de la cita, a orillas de un río, le cayeron los compañeros y ¡pum pum! Ya estuvo. Llega luego el ejército y cuando lo ven muerto dicen: “Y ahora qué haremos, nos mataron el cuadro...”.

Entonces recibieron la orden de mostrarlo como si hubiera sido torturado. Le cortaron las orejas, le sacaron los ojos, lo colgaron, y apareció el cadáver de ese verraco todo maltratado. Nosotros todo lo que hicimos fue ajusticiarlo porque era un agente del enemigo.

 

...el Ejército Popular...

En 1976 ó 1977, manifestamos a las Farc la necesidad de unión por las coincidencias que veíamos. Nosotros estamos de acuerdo con la revolución democrática, popular, que resuelva los problemas fundamentales del pueblo colombiano, estamos de acuerdo en la lucha contra los monopolios, estamos de acuerdo en la lucha contra los grandes financistas de este país, con una política nacionalista, de economía estatal —pluripartidista—; estamos de acuerdo con la unidad sindical, con que haya una sola central obrera; estamos de acuerdo en la solidaridad con Cuba, con Granada y hasta el San Putas... estamos de acuerdo con Nicaragua. El Salvador y todo el mundo... Entonces ¿qué es lo que nos separa?

Nos separan algunas cosas, pero no son estratégicas ni son fundamentales. El apoyo a la Unión Soviética, puede ser una. El apoyo a los países socialistas, puede ser otra, que son cuestiones formales.

¿Estamos de acuerdo en la creación de un ejército popular? Ellos están de acuerdo - además las FARC se llaman así, FARC-EP (Ejército Popular)— entonces estamos de acuerdo con el criterio de hacer un ejército popular.

La alianza con las FARC se podría dar en términos estratégicos y tácticos. Estratégicos, porque todos queremos hacer una revolución nacionalista, democrática y popular, todos. Hay matices: unos quieren que sea socialista, otros que sea pluralista, pero son matices. Estratégico porque todos sabemos que hay que destruir esa columna vertebral que se llama ejército colombiano.

Tácticos, porque creemos que es posible presentarle al gobierno una propuesta única del movimiento guerrillero: "Cese al fuego, tregua y diálogo directo”. En esto estamos de acuerdo FARC y M-19. Lo fundamental es el cese al fuego, que implica un reconocimiento del gobierno. O sea, que el comandante general del ejército que se llama Belisario Betancur diga “El ejército no vuelve a hacer operaciones ofensivas contra la guerrilla”. Y la guerrilla hace un compromiso público de que no vuelve a hacer ofensivas contra el ejército.

Después de la toma de la Embajada de la República Dominicana en 1980,  el M-1 9 adquiere un reconocimiento como movimiento. Porque ésta era ya una larga discusión: ¿Por qué en Colombia no sumen movimientos políticos? Nosotros sostenemos que ese movimiento político, democrático y nacionalista popular y revolucionario existe y es el movimiento guerrillero. Y no lo reducimos al M-19, es en general el movimiento guerrillero, en todas sus manifestaciones, con todos sus errores, con todas sus jodiendas. El movimiento guerrillero, tarde o temprano tiene que unirse. Es un problema de tiempo.

Un movimiento ideal, legal, electoral, es imposible en Colombia. Desde hace cien años se está planteando la unidad guerrillera. Pero idílicamente, no en lo concreto. La unidad no se dará en discusiones entre los comandantes de las FARC, el ELN, el EPL y el M-1 9. La unidad será producto de la acción. Y por eso hoy se dan ciertas condiciones para que esa unidad sea realidad, por lo menos con algunos grupos.

Entonces la unidad guerrillera se da a partir de la dinámica. Es lo que hemos aprendido. Nosotros hemos hecho diez mil comunicados para la unidad guerrillera, y todo el mundo nos dice que somos oportunistas.

La unión se da entorno de los hechos, a las acciones militares. A cualquier nivel. A nivel estratégico, para ser más claros, con el EPL que es un grupo que maneja más las estrategias que la táctica. Los tipos creen que en este país se va conseguir el poder por vía armada. Y en eso nos encontramos. Las FARC funcionan más con el criterio de la coyuntura, sobre todo en este periodo: la vaina electoral. Las FARC hacen una tregua para facilitar el proceso electoral. Las elecciones son cada dos años. Si durante este periodo podemos hacer un acuerdo, nosotros lo haremos. A nosotros no nos importa que las FARC participen en elecciones Pero si nos importa que las FARC hagan una tregua unilateral, de seis meses, con el ejército. Eso sí nos importa porque es estratégico.

Si hoy es posible hacer un acuerdo con las guerrillas para enfrentar el proyecto de la oligarquía colombiana, nosotros estamos dispuestos a correr el riesgo.

Lo esencial sigue siendo la construcción del ejército popular. Lo secundario es atacar los centros vitales de la economía para debilitar al enemigo. El tercer punto es el hostigamiento de la fuerza central. El hostigamiento a los centros económicos desgasta fuerzas del ejército pero no lo destruye.

La columna vertebral, en eso es en lo que hay que pensar. No hay que inventarse tanta vaina, porque nosotros para inventar somos perfectos. Ah, que las comunicaciones... entonces llega el huevón por allá, inventa que si rompemos las comunicaciones este país se acaba. Y nosotros decimos no: el tronco. A ver ¿qué pasa con el tronco?: lo prioritario es eso, lo estratégico es eso, lo secundario bueno, dentro del plan global, es la jodienda económica; el punto tres, las comunicaciones; el punto cuatro la mujer del capitán; el quinto, la amante del general. Pero no, el punto uno, es el tronco, el ejército.

Hoy tú le hechas un discurso a un comandante guerrillero en el Salvador sobre los centros económicos, el tipo te dice: “no, el tronco hijueputa”. Ellos saben. Los golpes más jodidos que está sufriendo el imperialismo en el mundo son las derrotas militares del ejército salvadoreño. Porque es toda la concepción de contrainsurgencia norteamericana la que está siendo derrotada, ¡zas, zas, zas!

Pero aclaremos este punto que es importante. No se trata de una concepción militarista. No se podría. Yo te digo: “Hay que tumbar el tronco” y las ramas también. Si tú puedes meterle candela aquí y meterle candela allá, perfécto. Yo lo que te digo es que hasta que tú no tumbes el tronco, lo demás no se cae. Ese es el proyecto. Un proyecto integral, pero donde está ubicado correctamente el enemigo para no equivocarnos.

 

Guerrilla urbana, guerrilla rural

El proceso de pasar de guerrilla urbana a guerrilla rural lo que hace es recoger la historia colombiana, que es una de las mejores características que tiene el M. Encontramos que el error fundamental era la dispersión. Uno, creer que la lucha era territorial, no contra la estructura. O sea, no estábamos luchando contra el tronco sino contra todos los troncos. Nosotros ubicamos correctamente el tronco, el ejército, y dijimos: “Hay que concentrar fuerzas para joder a ese tronco”. Por eso hicimos un solo frente. Y lo hicimos en el sitio que mejor nos favorecía: el Caquetá. Era el mejor sitio porque nuestras fuerzas eran inexpertas. No teníamos un solo militar real. Teníamos teóricos militares y campesinos con criterios políticos más que militares...

Le estábamos demostrando al país que el problema no era territorial Mucha gente nos decía: Pero eso allá lejos...? ¿Quién va a ir hasta el Caquetá a pelear...? “Y nosotros le decíamos: “El ejército tiene que venir a pelear donde nosotros le digamos”. Y así sucedió. El Caquetá se convirtió en un fortín popular de lucha militar que ha conmovido a este país. Pero no lo ha conmovido por su extracción popular, ni por su influencia popular, sino por las consecuencias militares de ese enfrentamiento.

Al ejército colombiano le tocó irse con su Comandante —porque Landazábal en ese momento se trasladó con toda su tropa (17.000 hombres) al Caquetá, a dirigir el gran operativo de “liquidación del M-1 9”.

Mientras la guerrilla en el Caquetá no sea destruida, la estrategia del ejército está pendiente. Mientras el ejército no sea destruido, la estrategia de la guerrilla está pendiente. Ahora, las acciones militares del M desaparecieron a nivel urbano por represión, no por concepción. El M-19 tiene un criterio integral de lucha. No es militarista porque en Colombia las masas no están en el Caquetá. Estamos hablando de temas militares, no reducimos la actividad a esta zona. Otra cosa es que no actuáramos en las ciudades: nos habrían cogido a todos presos, nos habrían torturado y roto todas nuestras estructuras.

 

Movimiento popular y elecciones

Queda latente en primer lugar la gran derrota: 15.000 a 20.000 guerrilleros se rindieron: entregaron sus armas. La gran frustración, sus dirigentes fusilados en las calles de Bogotá, en los pueblos. Pero queda gente rebelde, gente que no se entrega, especialmente en las zonas que en ese momento dominaba el partido comunista. Queda la inmensa mayoría del pueblo con un sentido de frustración y de engaño que hoy se siente crudamente. El movimiento popular de Colombia no ha podido desarrollarse como lo hizo, por ejemplo en El Salvador y en Argentina. Acá adquiere cierta originalidad, se produce espontáneamente, en forma explosiva, porque la gente no cree que de verdad haya posibilidades de desarrollar un movimiento legal pacífico.

Existe una democracia aparente, con un militarismo en la sociedad colombiana. Por eso el Estado de Sitio que surgió durante el Frente Nacional ha sido la principal herramienta política que ha tenido la oligarquía para manejar al pueblo. Sólo en periodos muy cortos se ha levantado el Estado de Sitio. Ningún partido en Colombia ha podido surgir por encima de éste, excepto la Anapo que fue un fenómeno muy coyuntural. De todos modos, Rojas Pinilla fue presidente de la República y creó una imagen de que si se podían solucionar los problemas al pueblo; dejó en la imagen popular esa posibilidad real de cambio. Rojas Pinilla era historia. Había gobernado a Colombia y le había dado a la gente lo que nadie antes, aunque hiera demagogia. Les dio aeropuerto, casas, regalaba juguetes, algo les daba, mientras que la burguesía nunca fue capaz. Ésa es la comparación que hace el pueblo, no análisis económico. La votación de Rojas cogió de sorpresa a todo el mundo. Lo que pasa es que la gente cree que con las elecciones se puede ganar el poder.

Y ya se aprendió. La gente tiene olfato, no es pendeja. Por eso no quiere votar por el partido comunista porque sabe que no tiene ninguna condición para llegar al poder. Este es un pueblo muy católico, con una gran religiosidad y los comunistas no le ofrecen ninguna salida a las masas. Sin embargo, el PC es el partido que mejores planteamientos hace respecto a las reivindicaciones. No creo que el hecho de que tengan un movimiento guerrillero sea condición especial para el PC porque de todos modos tener una guerrilla no es fácil para el enemigo. Ellos no aceptan a las FARC como el brazo armado de su partido, ni pública ni internamente.

 

El M-19 y la Amnistía

Belisario Betancur no ha tomado ninguna medida que favorezca la legalización del movimiento guerrillero, no para hablar del M-19.  La amnistía significa la salida de las cárceles de 400 personas y la legalización de 150 más. Estas son 500 ó 1000 personas, y en un país que tiene 28 millones de habitantes esto no es nada. Eso es lo que Belisario Betancur no ha entendido o no quiere entender... porque una apertura democrática implica medidas concretas: leyes, transformaciones. A  menos que  haya una  apertura  democrática,  el M-19 no puede salir  las calles. Las masas nos despreciarían. Nosotros hicimos un Comando Legal, salimos a las calles. Pero en la mecánica diaria de la actividad política los compañeros decían: “Noo, eso es imposible, no podemos. Todo el día nos están persiguiendo, nos tienen vigilados, están recogiendo las direcciones de nuestros amigos...” O sea, que estaban preparando las condiciones para darnos un golpe mucho más fuerte que los anteriores y perjudicaríamos a montones de gentes que de buena fe quieren vincularse a un proyecto democrático, amplio, no armado.

Le estábamos dando herramientas a la inteligencia militar para que recogiera mayor información de la que tiene sobre nosotros.

A menos que haya una apertura democrática real, nosotros seguiremos en el monte. Cuando todo el mundo esté de acuerdo en cambiar las reglas del juego, cuando los militares dejen de ser la fuerza política fundamental... pero esto sí no lo quieren negociar, retirarle el poder a los militares. Por eso nosotros tampoco podríamos aceptar. La propuesta de ellos era: “legalícense todos; después desmontamos nuestros aparatos represivos. Nosotros les dijimos entonces: “Noo, si la historia colombiana ya no puede dar más demostraciones. La violencia, la muerte de todos los guerrilleros que se entregaron...”. Es que para matarte no necesitan sino un tiro en la calle, una bomba... y estuvo.

El riesgo personal es muy alto. A mí me han tenido cercado en el monte varias veces, pero es muy fácil zafar el cerco en el monte. Pero, ¿cómo zafas tú uno en la ciudad? Entonces ¿cuál es la apertura? Preguntamos nosotros. Una imagen falsa de la paz. Continúan los allanamientos; oiga las denuncias del Comité Permanente de los Derechos Humanos: 67 muertos en enero y febrero por los grupos paramilitares; mataron al mejor dirigente nuestro en Girón (Santander); al ELN le mataron otro que se amnistió; a las FARC le mataron un comandante que se amnistió en las calles de Bogotá. Cinco tiros con su mujer. Entonces ¿quién se va a medir a esto? No es un problema de la guerrilla, es la realidad del país que sigue empotrado en sus concepciones reaccionarias con un nuevo vestido: Belisario Betancur. Ni se van a desmontar las estructuras represivas, ni hay tal apertura, ni hay seguridad para los dirigentes guerrilleros, ni hay garantías para el ejercicio de la oposición. No hay. Tenemos todas las razones para desconfiar de las verdaderas intenciones del gobierno cuando habla de apertura democrática.

Pero la gente prefiere que uno no aparezca. Al menos ésa es la sensación que nosotros recogimos. Todos nuestros amigos nos dijeron. —incluso a nivel oficial— que no apareciéramos. Porque el día que maten a un dirigente  del M-19 la jodienda que se arma va a ser del putas.

Lo que pasa es que Betancur se quedó en la mitad del camino. Él promocionó la amnistía e hizo que fuera realidad, y hasta ahí llegó. La paz no era una bandera en la campaña de Betancur. La tenía mejor elaborada López, pero cuando Betancur llegó al gobierno, sorpresivamente, lanzó la propuesta de la paz. Nosotros la tomamos como positiva y le dimos una respuesta. Inmediatamente además, porque eso se dio automáticamente. Cuando Betancur estaba pronunciando su discurso de posesión a mí me estaban haciendo una entrevista en el Caquetá y nosotros dijimos: Estamos listos a conversar. Donde sea. Estamos pendientes. Esa fue nuestra respuesta, que ningún sector político colombiano la ha avalado como una política correcta... y es normal porque la oligarquía también tiene que defenderse.

El hecho de haber otorgado a los militares 36.000 millones de pesos en presupuesto adicional es muy significativo: el hecho de haberse quedado callado frente a nuestra propuesta de diálogo —una propuesta positiva en ese momento—; y muchos hechos más...Betancur por debajo estimuló la critica a nuestra propuesta y ahora se hace el pendejo. El cree que nosotros no sabemos que fue estimulado por el presidente de la República. Cuando yo dije que no aceptaba la amnistía: “Hay que darle en la mula. Ese fue el gran error de Bateman, hay que darle en la mula”. ¿Error? A mí me importa un carajo cometer un error táctico si eso contribuye a mi estrategia. Yo me alejo en esos momentos de los sectores reformistas del país, pero me acerco a la inmensa mayoría de la población que le teme más a la humillación que a una derrota política temporal.

A los obreros y a los campesinos no les podemos ofrecer nada más que lucha para lograr el poder, y el poder para lograr la solución a los problemas fundamentales... Pa´ quitarle a los que tienen... El pueblo sí sabe para qué quiere el poder  el M-1 9. El pueblo lo que quiere es que haya algo diferente a lo que tiene hoy, aunque eso sea peor. El pueblo ve al M-19 como su alternativa, porque hasta cuando apareció Betancur la alternativa éramos nosotros, el M-19. Eso está en las estadísticas. Yo no sé si éstas sean ciertas o no, pero hasta ese momento decían que el movimiento más popular en Colombia era el M-19. Como alternativa, no como organización claro. Belisario llega y toma el prestigio del M. y ¿el M-19 dónde queda? ¿En el suelo? No, está ahí, pegado a Betancur hasta cuando nosotros le digamos que no. Cuando Belisario se desprestigie ¿quién va a quedar? Si somos consecuentes con la lucha y en el accionar, vamos a quedar nosotros. Y si somos consecuentes en la guerra, la única alternativa vamos a ser nosotros.

El único proyecto claro frente a todo el mundo —a los intelectuales, a los periodistas, a todo el mundo— es el programa del M-19, que es un programa real, revolucionario. Creemos que es una solución. Volver a la época en que tú producías zapatos, y el otro tres, cuatro, cinco y así... la libre competencia. Betancur no le quitó banderas al M-19, nadie aquí le quita banderas a nadie. Él lo que hizo fue avanzar frente a las propuestas de paz que nosotros hacíamos. El 20 de julio de 1981 nosotros propusimos para lograr la paz: primero, el levantamiento del estado de sitio y por consiguiente la derogación del Estatuto de Seguridad; segundo, amnistía general e incondicional; tercero, diálogo nacional. Estas eran las tres propuestas que hacia entonces el M-19. Turbay levanta el Estado de sitio, no Belisario. Y lo hace para no quedarse sin nada y de paso quitarle espacio a Belisario. Belisario avanza y da la amnistía que no es incondicional y no es amplia. Todavía hay más de 150 presos políticos en Colombia que no serán liberados. Se exigían ciertas condiciones. Fuera de eso le pusieron unos cuantos “micos” a la ley, como es el rearmamento de la policía, las famosas acciones cívico militares del ejército. Sin embargo, es lo mejor que se ha visto en Colombia en amnistía.

De ahí. Belisario tenía que pasar a la tercera propuesta de la guerrilla que era el diálogo. Pero el tipo inventó un diálogo entre ellos y él creía que de eso se trataba. Creó la famosa multipartidaria con el Partido Conservador, con el Partido Liberal, con el Partido Comunista y hasta con el M-1 9. Nosotros estuvimos en una reunión y después no nos dejaron volver a asistir. Obvio. ¿En qué quedó la multipartidaria? En nada. ¿Por qué? Porque las propuestas que hacia la multipartidaria estaban por encima de las posibilidades del mismo Betancur. Era su propia trampa. Por eso no se volvió a reunir. Sus conclusiones son desconocidas para todo el mundo. La amnistía no fue negociada con la guerrilla, fue acordada entre el Presidente y el Congreso. El Congreso sí habló con nosotros y nosotros dijimos claramente qué era lo que queríamos. Hubo conversaciones de un representante del Congreso con el movimiento guerrillero. Con el gobierno no ha habido negociaciones, ellos nunca han querido negociar con la guerrilla. La amnistía es del gobierno, impuesta al Congreso.

Lo que se le puede abonar a Belisario Betancur es que ha dado una nueva imagen a la política colombiana, diferente a la de Turbay y López. Segundo, que le ha parado los guantes a Reagan, apoyó el proyecto de paz negociada en el Salvador. En general, la política exterior colombiana ha tenido un cambio sustancial. Y va a jugar un papel... yo creo que va a jugar un papel en contra del pueblo, porque cuando venga el triunfo, cuando la guerrilla salvadoreña se encuentre ante el inminente triunfo yo no creo que el gobierno de Betancur vaya hasta allá a darle un apoyo al triunfo revolucionario en El Salvador.

Pero de todos modos, sí hay que señalar que ha habido un cambio de actitud, de autocrítica frente a las Malvinas, que ya es algo políticamente. Y en tercer lugar, otro punto positivo fue la amnistía. Aunque no sea la ideal fue un paso adelante. El problema es que no quiso seguir adelante en la pacificación: el diálogo con la guerrilla.

 

Armas y propuestas

El M-19 sigue pensando que la solución a la democracia colombiana son las armas: nosotros no hemos cambiado ese criterio... hasta que no nos demuestren lo contrario porque nosotros no tenemos la verdad absoluta, pero si alguien en este país, Dios o la Virgen Santísima, nos demuestran que sí es posible conquistar la democracia con otros criterios, nosotros le jalamos a eso.

En la búsqueda del diálogo y la lucha armada no hay ninguna contradicción: la negociación es una consecuencia. La lucha revolucionaria no es una línea, da vueltas, y a veces tú tienes que sentarte con el enemigo a discutir cómo están las cosas. Eso lo ha hecho todo el mundo. Desde Adán —con Eva-, hasta hoy, todo el mundo negocia y discute.

En el caso sandinista por ejemplo, acuérdate que en Panamá llegó a negociarse la posibilidad de que los sandinistas compartieran con el ejército somocista la dirección del Estado. Lo que pasa es que los somocistas eran una mierda. Es que el problema son los reaccionarios, no los revolucionarios. Nosotros siempre tenemos el deber de hacer propuestas de paz, propuestas concretas de solución, porque si no, caemos en el esquema, en el subjetivismo, en el radicalismo. Nosotros hemos hecho cuatro propuestas de paz y eso no nos ha quitado entereza revolucionaria, ni ha afectado el proyecto estratégico. Al contrario lo que ha demostrado es que en este país los únicos que tienen voluntad de pacificación somos los guerrilleros. Y lo hemos hecho sin necesidad de dejar las armas, sin renunciar a nuestros principios.

Bueno, en caso de que el gobierno o el ejército aceptaran sentarse a negociar con la guerrilla, nosotros lo que hemos planteado es negociaciones a varios niveles. Primero, la discusión de un programa político. A nivel económico, social, etc. ¿Cuáles son las condiciones para que un movimiento guerrillero se pueda legalizar en Colombia? Si no se dan las reformas necesarias para su incorporación, no tiene objeto. El problema, siempre lo hemos dicho, no es la guerrilla, el problema son las masas. Nosotros estamos en esto por el pueblo no por nosotros. Eso es lo que queremos discutir, el problema de las masas: ¿Cómo se va a resolver el problema de la economía? ¿Cuáles son las medidas concretas —leyes, decretos— para intentar transformar las actuales estructuras atrasadas en que vivimos? Porque nosotros no pedimos soluciones inmediatas. Nosotros hemos planteado veinte puntos. Básicamente el control a los monopolios, una actitud agresiva frente al sector financiero —mejor dicho, la nacionalización de la banca—; una política de salarios que favorezca a la clase obrera y al campesino, la protección de los pequeños y medianos industriales; una política agraria que implique la tierra a los campesinos, que redundaría en una reactivación de la economía en general, que mejoraría la canasta familiar... Reformas políticas, eliminación del bipartidismo, libre participación política en igualdad de condiciones; control del Estado en la participación de los grandes capitales en las elecciones; igualdad de condiciones en la radio y televisión... y el voto, porque se sabe que aquí el voto no es electrónico. El voto aquí es el que tenga más plata edita más votos...

En los discursos. Belisario habla mucho del pueblo, de las transformaciones. Nosotros creemos que ése es ya un discurso que se agotó. Ahora nos vino con el cuento que hay que amarrarse el cinturón, que hay que esperar mejores épocas, y se les pide a los obreros que sus pliegos de peticiones no rebasen el límite de la inflación. La clase obrera hace un análisis que nosotros consideramos correcto: de ocho millones de obreros que hay en el país, sólo dos millones tienen posibilidad de discutir pliegos. El resto, dos millones, son desempleados: tres son subempleados, y los demás son trabajadores que no están sindicados, que no tienen sindicato. En Colombia, sólo el 17% o el 18% de los trabajadores están sindicalizados. O sea, que por ese lado no hay posibilidades tampoco de un arreglo con la clase obrera. ¿Qué es lo que piden los obreros? Un alza de salarios que estén por encima de la inflación y la devaluación, que sea aceptable. ¿El salario mínimo? Figúrate, la canasta familiar es tres veces mayor... El pueblo está igual que nosotros, a la expectativa, esperando el cambio. Porque la gente si quiere ese cambio y por vías pacíficas. Eso sí es obvio. ¿Quién no va a querer vivir mejor? Se trata es de tener condiciones de vida mínima, aceptables. Vivienda por ejemplo. Yo creo que los norteamericanos no se pueden imaginar siquiera cuál es la vivienda a la que aspira un trabajador colombiano… para Colombia una vivienda popular es una pieza, una cocina y una salita. Ya. Eso es. No vivir sobre el barro, sobre la mierda, en la intemperie. Con que tenga un sumidero donde meterse eso ya es suficiente, a eso aspira, a una vivienda con un grado mínimo de salubridad. Se dicen tantas cosas... Ha comenzado un manejo de las finanzas públicas increíble. Es un mierdero lo que hay allí. Y en el fondo se comienza a ver la demagogia, el engaño, porque no hay soluciones reales: se trata de mantener las expectativas de las masas...

 

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