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10 agosto 2014 7 10 /08 /agosto /2014 09:27

ESPADA      

  Haciendo memoria y rindiendo homenaje a las mujeres y a los hombres que siguen siendo ejemplo para la historia    

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3rosas

 

 

 

Carlos Toledo Plata, el Comandante amable

Darío Villamizar H.*

 

 

                        “Amaba la vida y por su belleza marché al campo de batalla… Que la tristeza jamás se una a mi nombre… He vivido para la alegría y por la alegría muero. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba un ángel de tristeza”. (Julius Fucik)

 

Rostros adustos y cansados, corazones agitados, puños en alto y consignas secas, decepción, coraje, frustración y bronca. Tantos sentimientos acumulados en unas pocas horas. Era la noche del 21 de abril de 1970. Lo que para unos podría ser la noche del General, para Colombia fue la noche del reloj.

 

Dos días antes, miles de colombianos se habían acercado a los puestos de votación a depositar sus ilusiones por los candidatos mas opcionados: Misael Pastrana Borrero y el general Gustavo Rojas Pinilla, quien había ostentado el poder entre 1953 y 1957. Al atardecer de ese domingo 19 de abril, las emisoras anunciaban los primeros resultados y para sorpresa de todos, el candidato de la Alianza Nacional Popular (Anapo) ganaba con unos pocos miles de votos adelante de su contendor conservador. La información pública sobre el avance de los escrutinios se suspendió cuando ya anochecía sobre Colombia y un manto de duda nos cobijó hasta la mañana siguiente. Ahora sí se conocían las cifras oficiales: Misael Pastrana sería el cuarto y último presidente del Frente Nacional.

 

Aún no es claro qué pudo más en los seguidores del rojaspinillismo, si fue la pasividad y claudicación del caudillo en el preciso momento en que el pueblo lo reclamaba, o si ganó la actitud pendenciera y retadora del presidente Carlos Lleras Restrepo cuando en alocución televisada decretó el estado de sitio y, mirando su reloj, fijó el plazo de una hora para que todos los colombianos se resguardaran en sus casas. Lo cierto fue que una sensación de orfandad se apoderó de la masa anapista mientras decenas de sus jefes eran detenidos.    

 

Carlos Francisco Toledo Plata, para entonces 37 años de edad, era ya un connotado dirigente y organizador de la Anapo, un líder en Santander, su departamento de origen. Por eso en estas elecciones de 1970 fue reelegido por segunda vez como Representante a la Cámara. Por eso mismo, pocas semanas después del fraude del 19 de abril, el General lo puso al frente de la secretaría de Agitación, desde donde cumpliría el encargo especial de  crear algunos grupos de choque a fin de estar preparados para actuar con las armas en caso de un nuevo fraude. No tuvo mucho éxito en esa tarea y el activismo político lo envolvió por completo.

 

Cuando el 13 de junio de 1971 la Anapo se declara en Villa de Leyva como un partido nacionalista, revolucionario y popular, era claro ya que un sector importante del partido propugnaba como tesis centrales la soberanía patria, la aplicación del “socialismo a la colombiana” que preconizaba María Eugenia Rojas, y un concepto humanista como principal preocupación del Estado. Liderando ese proceso revolucionario en las filas anapistas se encontraba un grupo compuesto por Carlos Toledo, Jaime Piedrahita, Andrés Almarales, Israel Santamaría, José Roberto Vélez, Jaime Jaramillo, José Cortés, Everth Bustamante, y hasta José Jaramillo Giraldo y María Eugenia, entre otros.

 

Por esa misma época, un pequeño grupo de ex militantes de la Juventud Comunista y de las Farc, se hallaba enfrascado en la tarea de formar una organización clandestina que se diferenciara de las que ya estaban haciendo de las suyas. El modelo a crear era la guerrilla urbana, la de los Montoneros en Argentina, la de los Tupas en Uruguay y la de Marighela en Brasil. Querían llevar la guerra a las ciudades, dejar a un lado los debates estériles de la izquierda y armar a la gente para que un fraude como el de 1970 no volviera a ocurrir. En ese propósito se encontraban Jaime Bateman, Iván Marino Ospina, Carlos Pizarro, Álvaro Fayad, Luis Otero, Rosemberg Pabón, Elvecio Ruiz, Germán Rojas, María Eugenia Vásquez, Otty Patiño y por lo menos una docena más…

 

En el encuentro entre estas dos búsquedas está el origen al Movimiento 19 de Abril (M-19). Transcurría el segundo semestre de 1973 y la primera acción pública, su presentación en sociedad, se realiza en enero siguiente cuando sustraen la espada del Libertador Simón Bolívar de su casa-museo en Bogotá. Sin embargo, la participación de Toledo Plata no fue inmediata y se dio luego de varios encuentros con Pizarro, Bateman y Marín.

 

A Carlos Toledo se le conoció durante la primera etapa del M-19 con los alias de Francisco, Jacinto o Alcides. Eran los años de la más franca clandestinidad y secreto sobre su participación en la organización y su amplia gestión como representante electo a la Cámara para el período 1974 – 1978. Para entonces, al interior de la Anapo se estaba consolidando una línea radical expresada a través del periódico Mayorías y que tomó el nombre de Anapo Socialista. La confrontación con el oficialismo dentro del partido se agudizó luego de la muerte del General en enero de 1975; el mismísimo M-19 intervino en el debate y expresó sus condolencias cuando María Eugenia asumía la conducción en la casa rojaspinillista. Las fotografías publicadas al día siguiente en distintos medios de comunicación muestran a un Toledo Plata “sorprendido” y a sus espaldas un guerrillero con el rostro cubierto y una pistola en la mano derecha.

 

El debate interno condujo a la expulsión de Andrés Almarales e Israel Santamaría y a la exclusión de Toledo del Consejo Político Nacional y su destitución como coordinador en el departamento de Santander; las directivas desautorizaron la publicación de Mayorías y prohibieron su lectura entre la militancia. Así se llegó a la ruptura formal de la Anapo que en el M-19 también tuvo consecuencias; la primera de ellas, eliminar de su consigna (Con el pueblo, con las armas, con María Eugenia ¡Al poder!) el nombre de la Capitana.

 

Consecuencia lógica también, fue la mayor participación en las actividades político militares del grupo: “Yo realmente entré a participar a fines del año 76, creo que en el mes de diciembre fui invitado a una conferencia nacional por primera vez. Fue la Quinta Conferencia que se realizó en Bogotá (muy secreta, donde estuvimos todos encapuchados, fue la que trazó el proyecto político estratégico de la organización). Fui escogido como integrante de la dirección nacional, integrando una parte de esa dirección, un grupo que se llamó el Buró Político en compañía de Andrés Almarales, José Helmer Marín, Jaime Bateman, Iván Marino Ospina, Carlos Pizarro y Gustavo Arias Londoño, dentro de estos estaba incluido el llamado buró operacional”[1].

 

El general José Joaquín Matallana, para entonces jefe del DAS, estaba tras la pista de los integrantes del M-19. Hasta ese momento todo era un misterio. La mayor proximidad la logró cuando ocurrió el secuestro de José Raquel Mercado en febrero de 1976. Los organismos de seguridad sospechaban los nexos de la Anapo Socialista; sin embargo, no tenían pruebas. Procedieron entonces a la interceptación de líneas telefónicas, organizaron seguimientos y allanamientos y detuvieron al parlamentario y presidente del comité ejecutivo, Carlos Toledo Plata. Decenas de militantes y dirigentes fueron también apresados e interrogados pero la “compartimientación” impidió a las autoridades conocer más sobre la estructura del M-19 o el paradero del cautivo.

 

La febril actividad de la Anapo Socialista en 1977 coincidió con el repunte del movimiento popular. Desde las centrales obreras tomaba fuerza la necesidad de avanzar en la unidad sindical y de impulsar un paro cívico nacional. Pese a algunas consideraciones contrarias al interior de la dirigencia del M-19, Toledo se colocó en primera línea. Precisamente, uno de los sindicatos influenciados por cuadros de Anapo Socialista –en este caso léase también M19- era el de Indupalma que registraba pésimas relaciones entre los 2.500 trabajadores y la empresa. El 17 de agosto fue decretada la huelga en San Alberto (Cesar) y dos días más tarde el M-19 secuestraba en Bogotá a Hugo Ferrerira Neira, gerente de Indupalma. Toledo, en su condición de congresista, fue hasta las carpas de los huelguistas a expresar su solidaridad. La seguridad del Estado vigilaba día y noche y sin descanso. El secuestrado regresó sano y salvo luego de 28 días y de una negociación favorable a los trabajadores.   

 

La sexta conferencia del M-19, realizada en marzo de 1978, definió el carácter político militar e imprimió un cambio profundo en los roles que deberían desempeñar los dirigentes y militantes. Este es el momento cuando se percibe una mayor influencia de la organización argentina Montoneros con quienes mantenían permanente relación. Las actividades de Toledo recibieron comentarios positivos en la evaluación que realizó la conferencia                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           y le correspondió ser el número dos dentro de los oficiales mayores, el séptimo en el orden jerárquico[2]. Se aproximaban cambios profundos en su vida. Hasta entonces era un político prestigioso, muy respetado por sus seguidores y contradictores y, especialmente, un hombre leal a sus convicciones. La conferencia decidió crear guerrillas móviles en varios puntos del país y la participación de la dirigencia en las mismas: “A partir de junio de 1978, una vez que yo terminé mi período parlamentario, me integré a la móvil que existía en el Magdalena Medio, en la zona de Yondó. Ahí estuve con Carlos Pizarro, los demás eran gente campesina, ahí estuve hasta más o menos el 10 de diciembre de 1978, en esa época me llamaron a Bogotá y me reuní con Jaime Bateman y con Iván Marino Ospina”[3].

 

Ya estaba en marcha la Operación Colombia que tenía como propósito sustraer un importante armamento de las instalaciones del Ejército en Bogotá. Toledo fue requerido por sus compañeros para discutir la idea de dar a conocer su nombre como dirigente del M-19 reivindicando la acción del Cantón Norte. “Yo acepté la decisión a pesar de que expliqué que no era mi mejor escenario ya que yo creía que podía cumplir una labor más importante dentro del campo político y que mientras no haya una organización de masas muy bien organizada, las acciones militares no producen los éxitos que uno espera. Dejé firmada la hoja donde debían sacar el comunicado y me trasladé a Bucaramanga donde estuve hasta el 1º de enero de 1978. Ese día a las 5 de la mañana me trasladé nuevamente a la guerrilla móvil en la zona de Yondó”[4].

 

Con toda la información que ya tenían los organismos de seguridad, se produjo una verdadera cacería de miembros del M-19 y de personas que pudieran estar relacionadas, todo lo que oliera a oposición, izquierda y sindicalismo. Carlos Toledo Plata se convirtió en el hombre más buscado de Colombia y sus fotos inundaron comisarías y puestos fronterizos. Ante la captura de muchos de sus compañeros, y una vez concluida la séptima conferencia que se realizó en junio de 1979[5], se adopta la decisión de que abandone el país en compañía de Jaime Bateman quien sufría las dolencias de su pierna enferma por un accidente automovilístico en la infancia.

 

Bajo el nombre de Carlos Alzamora, ciudadano español de pelo entre negro y rojizo y largas patillas, Toledo inicia el 1º de julio junto al Flaco Bateman un periplo que los conduciría primero a Ecuador y luego a México y Nicaragua donde una semana antes había triunfado la revolución sandinista. Toledo contaba con picardía cómo lo había impresionado la condición de hipocondríacos de los nicaragüenses que en cada cuadra tenían una farmacia y que cuando alguien descubría su profesión de médico le comenzaba a narrar sus dolencias; entonces se armó de frasquitos de aspirinas que repartía a diestra y siniestra como si fueran la medicina salvadora. De regreso a México, semanas más tarde, salió rumbo a Europa y Medio Oriente a cumplir las tareas del naciente frente de relaciones internacionales. Mientras tanto, Bateman preparaba su regreso a Colombia.

 

Cuando se produce la toma de la Embajada de la República Dominicana en Bogotá, Toledo se encontraba en La Habana. Ante la necesidad de sentir más de cerca los sucesos que se presentaban en el país, decide trasladarse a Panamá en donde, una vez superada la crisis de la Embajada, se encuentra con Bateman, Ospina y Marín, estos dos recientemente fugados de la cárcel La Picota. La suerte del “comandante amable” estaba echada. En Cuba comenzaban a prepararse las primeras columnas del M-19 que irían a reforzar la incipiente guerrilla campesina que se estaba formando en el Caquetá. En la última semana de enero de 1981 Toledo asistió a la “graduación” de sus compañeros en las escuelas de Micro Punto y Che Guevara cercanas a La Habana. La orden era regresar de inmediato.

 

Ya en Panamá el grupo se dividió en dos contingente: los que ingresarían por el Chocó, cuarenta y ocho, tenían como mando de Elmer Marín; la otra columna, con 86 combatientes entre hombres y mujeres, estaba comandada por Toledo y zarparon con rumbo al puerto de Tumaco en la costa Pacífica del departamento de Nariño. El descalabro no pudo ser mayor y siempre se lo cobraron a Toledo: a los pocos días del desembarco fueron rodeados por tropas de los batallones Pichincha, Boyacá y Grupo Mecanizado Cabal. Diez días duró la persecución. Toledo ordenó el repliegue hacia Ecuador y como Carlos Alzamora se presentó ante las autoridades confiando que sería respetado el derecho de asilo que solicitó una vez cruzó la frontera. No fue así. Esposado y vendado fue entregado a militares colombianos y de allí trasladado a Bogotá para ser recluido en La Picota. Transcurría el mes de abril de 1981 y pese a la adversidad, el M-19 conmemoraba un nuevo aniversario.

 

La primera intervención de Toledo en el Consejo Verbal de Guerra causó conmoción en los medios periodísticos y desagrado en los militares que asistían al juicio quienes no aceptaban que un subversivo, que había sido derrotado militarmente y capturado, estuviera ahora retándolos desde la tribuna en que se convirtió la cárcel. El Consejo Verbal de Guerra lo había condenado en noviembre de 1979 como reo ausente a 26 años de prisión.

 

La promulgación de la ley de amnistía en noviembre de 1982 condujo a la inmediata salida de los presos políticos de las cárceles del país. Era la culminación de una batalla –política y militar- que el propio Jaime Bateman orquestó desde la clandestinidad. El 4 de diciembre de 1982 los hasta entonces presos del M-19, Toledo a la cabeza, se encontraban depositando una ofrenda floral ante la estatua del Libertador en la Plaza de Bolívar en Bogotá. Pero, “la amnistía es un paso hacia la paz, pero no es la paz”, había sentenciado Bateman, quien en la alborada de 1983 reunió a los dirigentes de su movimiento para juntos trazar el rumbo: la tregua declarada meses atrás estaba rota y se venían tiempos de confrontación; Toledo participó activamente en la reunión de Panamá, fue evaluado y criticado y su condición de comandante reafirmada.

 

El 19 de abril siguiente se encontraban clandestinamente en Santa Marta frente a tres conocidos periodistas; las declaraciones de Bateman, Fayad y Toledo fueron enfáticas, insistieron en que la amnistía no era la paz y acusaron a los militares de torpedear las tareas de paz del presidente Betancur. Una semana después, Bateman se embarcaría en un viaje sin regreso: “Me cuento entre los privilegiados que pudimos compartir a su lado una época de extraordinaria significación en la política colombiana y latinoamericana. Me cuento también entre los pocos que compartimos sus preocupaciones y discutimos sobre los problemas de Colombia y América hasta dos horas antes del accidente, cuando lo despedimos en un aeropuerto clandestino del departamento del Magdalena, en la Costa Atlántica colombiana”[6].

 

----------------------------

 

Tengo la sensación, y diversos hechos y relatos me lo han confirmado, que tras la muerte de Bateman, la estrella de Carlos Toledo Plata se apagó. Durante el resto del año de 1983 no figuró en la actividad política del M-19. Y mientras sus compañeros Ospina y Fayad se reunían con el presidente Betancur en Madrid[7], o departían en las “montañas de Colombia” con los comandantes Marulanda y Arenas de las Farc-EP en diciembre de 1983, Toledo regresó a Centroamérica. Era el tiempo de la guerra, del Frente Sur incursionando sobre Florencia en un ataque comandado por Boris, de la toma de Corinto inaugurando el Frente Occidental comandado por Carlos Pizarro, de la firma del acuerdo de La Uribe entre el Gobierno y las Farc, de las declaraciones de unidad entre el M-19 y el EPL.

 

Todo el accionar político y militar del M-19 estaba en función de alcanzar el diálogo nacional y un pacto por la paz. De ello, Toledo estaba ausente, aislado.

 

Un día, estando yo en Ecuador, recibí una llamada de Everth Bustamante anunciándome una pronta comunicación con Toledo quien pensaba regresar al país. Antes de una semana estábamos coordinado su ingreso clandestino por la frontera sur. Pocos días después me llegó una carta con papel membreteado de la Cámara de Representantes y firmada por él. Tuve la sensación que estaba labrando su propio escenario, conquistando espacios de legalidad, convencido del momento político y de la necesidad de llegar a acuerdos de cese al fuego. Haciendo una vida semiclandestina se instaló en Bucaramanga, dio declaraciones a periodistas locales y dictó conferencias ante auditorios estudiantiles y sindicales. Como dirían algunos, se “boletió” demasiado.

 

La intolerancia que no perdona, cobró en él la irreverencia y audacia de un movimiento que se levantó en armas para pelear por más democracia y libertad para los colombianos. A las 07:30 horas del 10 de agosto de 1984, a plena luz del día y en una calle céntrica de Bucaramanga, cayó asesinado Carlos Toledo Plata, médico de 51 años que a la fecha trabajaba como jefe de traumatología en el Hospital San Juan de Dios en esa ciudad. Había nacido en Zapatoca (Norte de Santander) el 13 de diciembre de 1932.

 

 



* Politólogo e investigador sobre temas de la paz y del conflicto. Ha publicado, entre otros libros, Insurgencia, democracia y dictadura (1990); Colombia: narcotráfico parte de un todo (1991); Por unas horas hoy, por siempre mañana (1994); Jaime Bateman: profeta de la paz (1995); Aquel 19 será (Planeta, 1996); Un adiós a la guerra (Planeta, 1997); Sueños de Abril (Planeta, 1998); Jaime Bateman biografía de un revolucionario (2002).

[1] Documentos del Consejo Verbal de Guerra, 1.981. Archivo del autor.

[2] Oficiales superiores: Jaime Bateman, Iván Marino Ospina, Carlos Pizarro, Elmer Marín, Álvaro Fayad; Oficiales mayores: Carlos Duplat, Carlos Toledo y otros.

[3] Documentos del Consejo Verbal de Guerra, 1.981. Archivo del autor.

[4] Ibíd.

[5] Durante la 7ª conferencia es ascendido al grado de oficial superior.

[6] Villamizar, Darío. Sueños de abril, Planeta Colombiana Editorial, 2ª edición, 1998.

[7] 8 de octubre de 1983.

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Published by Oiga Hermano, hermana
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Comentarios

Fernando Acosta Riveros 12/12/2016 19:36

Extraordinario artículo sobre la Alianza Nacional Popular y el Movimiento 19 de Abril y los aportes de tantos patriotas que sacrificaron sus vidas en aras de una Colombia Soberana que fuera siempre escenario de Paz, Justicia Social y Fraternidad. Dios, el Grande, bendiga a nuestro querido pueblo colombiano en estos días y meses de 2016. Nos otorgue el éxito, la paciencia y el deseo de construir una Nueva Colombia. Atentamente, Fernando Acosta Riveros, colombiano-mexicano, lector del semanario VOZ, La verdad del pueblo (Colombia) y el diario La Jornada (México).

Oiga Hermano, hermana 12/13/2016 22:26

Gracias Fernando por tus comentarios, intentaremos seguir publicando nuestra historia. Cordial saludo

manuel sanchez 09/26/2015 18:24

con la muerte de carlos toledo plata , quedo en manifiesto una vez mas que en ese hermoso país en el que una vez fue tomado el poder por la mas rancia oligarquía de ultra derecha, la oportunidad para los colombianos progresistas con alto nivel de conciencia social,para los que la premisa es la igualdad y la justicia para todos los colombianos, no tuvieron,tienen, ni van a tener oportunidad de acceder al poder ya esto que seria el poder para pueblo, fueron y serán reducidos y exterminados en la misma medida que estos con el valor propio de los próceres colombianos insurjan con su voz libertaria, hasta que el mismo pueblo adquiera la conciencia indispensable para evaluar la forma como históricamente han sido vistos por las clases sociales en las que en forma de castas han ostentado el poder en Colombia, hasta el punto de considerar o clasificar a los colombianos en estratos sociales , que desgracia , hay que despertar pueblo colombiano, todos son ciudadanos de primera ya vasta de tanto humillar al pueblo y el pueblo permitirlo, sea el ejemplo de estos grandes hombres que dieron su vida por tratar de conseguir no para ellos sino para el pueblo colombiano las reivindicación de de los derechos sociales que desde el mismo nacimiento de la república le ha sido negado, y si es bueno recordar a los comandantes las caras mas visibles de la revolución , pero es justo que en este foro se reconozcan a hombres y mujeres revolucionarios, combatientes que dejaron su vida buscando el mismo norte para su patria, y que a quienes deberíamos al menos nombrar, ya que norma de los socialistas considerar a todos los combatientes con la misma importancia, invito a que los lectores aporten con nombres a esta causa que hoy propongo, por mi parte dejo dos nombre de combatientes revolucionarios valientes a toda prueba y que murieron por balas asesinas de los gobiernos de turno en Colombia, dirigentes los dos en el departamento combatiente de santander, francisco ordoñez " pacho cobos " y pascual tarazona , mártires de la lucha revolucionaria colombiana, a quienes creo no se les a dado el sitial que les corresponde , nombro estos dos combatientes teniendo claro que son muchos y muchas las que merecen nuestro reconocimiento, camaradas la lucha sigue.

Oiga Hermano, hermana 09/28/2015 08:50

Estamos de acuerdo contigo compa Manuel, la oligarquía se apropio del país y sus riquezas, por tal motivo es necesaria la unidad del pueblo, del pueblo, no de las élites de ningún signo. En cuanto al reconocimiento de nuestros héroes, tomamos nota de tu sugerencia y te solicitamos nos colabores enviándonos fotos y reseñas de combatientes revolucionarios de nuestro movimiento, así, como tu dices colocar su memoria en el sitial que les corresponde. Fuerte abrazo.

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