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28 agosto 2013 3 28 /08 /agosto /2013 22:17
 
 
Considero de importancia que en el 28º aniversario de la muerte de mi padre se vuelva a publicar este escrito.
Jorge Iván Ospina Gómez 
 
 
 LA PAZ ES LA VICTORIA
 
Jorge-Ivan2.jpgEl tiempo, solo el tiempo logra borrar los momentos más difíciles, sin embargo muchos de ellos se escriben con sangre y dejan huellas permanentes.

 

Es difícil recordarlo con detalle, en ocasiones voy al apartamento en la unidad Santiago de Cali con el propósito de revivirlo y aunque allí están las mismas paredes y algunos de los muebles, no puedo. El tiempo y la necesidad de borrarlo intentan ser más fuertes.

 

 

Era de noche estábamos viendo las noticias y alguien toco a la ventana, un vigilante de acento caucano susurró “lo están buscando, saben donde vive”, e inicia una huida sin éxito, rondamos por horas en un pequeño carro por el centro, se pensó en subir a Siloé, o ir al Distrito, incluso viajar hacia el Cauca, pero pudo más la confianza y llegamos a los “CRISTALES”

 

Hablamos, había alegría, una vez más se alejaba de la prisión o la muerte, habían pasado ya unas horas de la primera información y sentía que allí estaba seguro. En medio de llamadas y obvias conversaciones me indican donde dormir, tuve un sueño corto en el que me trasladé al mar recogiendo estrellas y caracoles, viendo grandes buques. De pronto escucho un estruendo mientras gritan mi nombre, él estaba tranquilo más sereno que de costumbre, asume el fusil y me dice, “cuida a tus hermanos”. Las batallas se llenan de consignas para amedrentar al enemigo y superar el miedo, la pólvora enardece, se aspira y motiva, los tiempos son eternos y durante algunos minutos todo se estremece, tiros van y vienen, cada bala suena un par de veces, a su salida y en su inevitable punto de llegada, casi está amaneciendo, mientras suena el teléfono se encima al contrario, él sale a la terraza e intento hacerle retroceder pero dos silbidos llegan, uno roza mi cuello y el otro fatalmente certero atraviesa su tórax, “me mataron” me dice, como queriéndome decir más cosas sin poder, lo retiro de la línea de fuego y cierro sus ojos, grito por un rato.

 

 Quedo paralizado y aturdido, todo me da vueltas, solo escucho un zumbido largo de chicharra lejano, pero el tiroteo se agudiza y copa cada espacio, caen pequeñas cargas de explosivos y las consignas son ahogadas por armas de mayor calibre; el único compañero que aún responde al fuego se parapeta en el segundo piso y me dice adiós con la mano mientras la familia Marín se resguarda en el baño. En un instante reacciono, decido abrazarlo y besarlo, lo arreglo, le repito cuanto lo quiero, cuanto lo amo. Ya nada importa y aunque el tiroteo continua y las balas replican cerca de mí, nada pasa; él sigue caliente y me preocupa que este expuesto, lo muevo hacia adentro y continuo abrazándolo como fantaseando con curar sus heridas y evitar que el frio penetre su cuerpo, lo que sigue es recoger sus documentos, armo un incendio con ellos, hago una llamada, no recuerdo a quien, le cuento que Papá ha muerto.

 

 Cuando se ha perdido tanto lo demás no importa, se soportan la tortura, la cárcel y la ausencia de todo, por un tiempo se auto-incrimina y se culpa, pero cuando se supera llega una motivación especial de trabajar para que no ocurra mas, liderar para transformar, comprendiendo que no somos un pueblo malvado destinado a matarnos por siempre.

 

 Si Sr. Presidente, “La paz es la victoria”

 

Pero no la paz en vano para que todo quede igual, esa no es duradera, es efímera. Se trata de hacerla con una base ética construida colectivamente, con perdón, reconciliación, reparación y rectificación, con verdad, que intervenga las causas de la guerra que ha motivado a algunos y obligado a otros a empuñar el fusil, la que transforma la tenencia de la tierra y define que la unidad nacional no es con los mismos de siempre, es con los afro, indígenas, ambientalistas, raspachines, mineros legales e ilegales, deportistas, gestores culturales y campesinos, esa es la unidad nacional que alcanzará la victoria y tal como usted lo dijo LA PAZ ES LA VICTORIA.

 

 

*Los sucesos narrados corresponden a la muerte en combate de Iván Marino Ospina Marín el 28 de agosto de 1985 en el barrio los cristales de Cali

 

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Published by Oiga Hermano, hermana
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Comentarios

Xiomara Santamaría 08/29/2013 23:20

28 años... Ufff!

Yo aun no tengo clara la fecha en que murió mi papá, ni las circunstancias exactas, ni mucho menos los detalles.
Era mucho más niña y aquella historia me transformó (como a tod@s) pero desde vivencias distintas.

No milité, no compartí, ni siquiera entendía bien todo aquello, aunque se me hinchaba el corazón escuchando el himno o colándome a gatas en las reuniones a "puerta cerrada" que hacían en mi casa y
en las que siempre que era sorprendida, Iván me protejía del consecuente desalojo, sentándome en sus piernas y alegando mil razones para que se me perdonara la sentencia.

De todos los compañeros del EME caídos en aquellos días y en los que siguieron de manera interminable y terrible, la del tuyo, la de Iván Marino fue la que más me dolió, la que más sentí, la
primera que me tocaba de cerquita y la que me hizo mirar a los ojos de mi papá en nuestro último encuentro con esa punzada de dolor y con esa terrible certeza de que no nos veríamos nunca más.

Conocí a muchos, pero Iván fue mi preferido desde siempre; y lo era por su fuerza impresionante y sólo equiparable a su cálida sonrisa, por su simpatía y por esa simpleza conla que acariciaba el
espacio.

Me dejaba encaramarme en su espalda, me sostuvo la monareta aquél fin de semana en que yo andaba aprendiendo y en otra ocasión me regaló dos mil pesos! para mecato, lo cual constituyó mi primera
pequeña fortuna!

En la introducción hablas de la función del tiempo para sanar heridas y de la necesidad tremenda que sentimos de olvidar para trascender, para que no duela tanto, para respirar sin esa angustia en
el pecho y sin esa sensación de impotencia y de indefención; Yo he puesto mucho empeño en esa tarea, pero no he sido eficaz, pues como también dices, hay heridas que parece que cierran pero que
dejan cicatrices que supuran eternamente por dentro.

Hoy me alegro de que en el fracaso de ese ejercicio de "desmemoria" y al calor de tus palabras, la nostalgia se vista de una ternura tremenda, de admiración infinita y de orgullo al recordar a este
gigante que es tu papá y como no, a mi papá y a los demás inmensos hombres que parió esa tierra y que le dieron tanto! a la vida y a la historia de Colombia.

Con todo mi afecto;

Xiomara Santamaría

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