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9 marzo 2014 7 09 /03 /marzo /2014 10:47

LA POLITICA DE LO MILITAR

Intervención en la Reunión de Dirección Nacional San Pedro (Cauca)

Septiembre de 1984

ÁLVARO FAYAD DELGADO

Nosotros hablamos de la guerra porque estamos haciendo política y hablamos de la construcción de un ejército porque tenemos proyecto político y construimos un ejército o buscamos construir un ejército de una manera y con una concepción que sean consecuentes con un proyecto político concreto y determinado como el que tenemos.   Es decir, hablamos de guerra porque en Colombia queremos construir la democracia.   Y hablamos de ejército porque es la única posibilidad como instrumento de nuestra política para conquistar la democracia en Colombia.  

El eje fundamental de nuestra actividad es un proyecto político de poder. El objetivo: la democracia. Los protagonistas, las masas, los sectores democráticos. El objetivo global de toda nuestra actividad: El poder. Y el Instrumento militar adecuado para poder derrumbar el instrumento fundamental del enemigo, es la construcción de nuestro propio ejército.

Por eso yo no creo lo que decía un compañero, que somos muy buenos políticos y malos militares, Yo creo que somos malos políticos en la medida en que no desarrollamos bien las tareas militares que necesita el periodo, que necesita la Revolución Colombiana. Y no hacemos la guerra bien cuando no desarrollamos, cuando no asumimos las tareas políticas.

Hoy están los militares haciendo la guerra, en el momento adecuado, con los instrumentos adecuados. Hoy los militares están convocando fuerzas, convocando bloques sociales, cercando la propuesta del Diálogo, arrinconando a Belisario, unificando el sector reaccionario y militarista y ambientando el golpe. Eso exige de nosotros también una política agresiva y acorde con el periodo que estamos viviendo.

El Diálogo es una tarea política. Si fuera suficiente construir un ejército, yo pienso que sería imposible derrotar el ejército enemigo; es más poderoso que nosotros. Es más fuerte que nosotros. La solidez de nuestra posibilidad de triunfo radica en un proyecto político revolucionario. Si separamos nuestro proyecto político del instrumento militar, estamos construyendo una herramienta ciega. Podemos meterle toda la técnica del mundo, podemos meterle todas las palas del mundo, podemos meterle todos los pozos de tiradores del mundo, podemos meterle todos los cursos y todas las experiencias, pero si no tenemos lo fundamental en el M-19, un proyecto de democracia y una voluntad de vencer, ¡es imposible! Mire, el análisis de la experiencia nos está demostrando eso. El análisis de la experiencia nos está demostrando que a medida que fuimos perfilando un proyecto político adecuado para la realidad del país, fuimos también perfilando el instrumento militar adecuado.

El salto al proyecto de democracia implicó para nosotros, de alguna manera, asumir el reto de construir un instrumento militar. Pensamos en el ejército en ese momento. Y pensamos con el peso de la tradición y resolvimos crear seis, siete móviles en Colombia.

Lo fundamental para rescatar de la experiencia de las móviles, yo pienso que fue la decisión de construir un ejército. ¿En función de qué lo hicimos? De nuestra propia experiencia. De la nuestra como organización y de la nuestra como pueblo. Y esto es importante tenerlo claro, porque lo que hoy estamos analizando, algunos de los elementos que estamos analizando, tienen que ver con el peso de una tradición guerriIlerista en Colombia, que todavía pesa en el recuerdo, en las experiencias, en las actitudes espontáneas de todos nosotros.

Cuando aquí se ha hablado de las experiencias de las móviles y las experiencias de la construcción militar del Frente Sur y del planteamiento en la 8ª. Conferencia de una nueva concepción, que no es nueva, entre otras cosas, porque es tan antigua como la guerra revolucionaria de los pueblos; porque con base en esa concepción, triunfa China, triunfa Vietnam y triunfa la revolución cubana. Lo que ocurre es que en Colombia se había perdido esa concepción; Colombia había desarrollado una manera especial de hacer la guerra de guerrillas, que implicaba el permanente alejamiento de las batallas decisivas; que implicaba nunca buscar el ascenso a los extremos; que implicaba siempre conservar las fuerzas propias, pero nunca intentar golpear las fuerzas del enemigo. Lo que surge del Frente Sur es la necesidad de una nueva concepción. Yo por eso digo, frente a los errores todos del Frente Sur (y súmele veinte errores más y súmele cien errores más de la organización), hay que destacar que mantuvieron en alto una decisión política de construir un ejército. Se retó a uno de los gobiernos más terroristas de Colombia, al gobierno de Turbay Ayala. Que mantuvieron, con Fuerza Militar y con fuerza del pueblo, este proyecto y este período de la situación política y militar que estamos hoy cerrando.

Yo pienso que fue más difícil para nosotros, y sigue siéndolo, el desarrollo real y consecuente de la propuesta de democracia en términos políticos. ¿Cuántos esquemas nos tocó romper? ¿Cuántos esquemas nos sigue implicando romper, ser de verdad democráticos en Colombia? Hemos cometido más errores en lo político que en lo militar. Pero la decisión de mantener un proyecto político y la decisión política de construir un ejército nos han permitido avanzar y ser lo que somos hoy, no obstante todos los errores, con todas las dificultades, con toda la pasividad de lo viejo y de lo conocido, con todo el miedo a lo nuevo; con unas estructuras que se han desparramado y se han destruido, oiga, más de veinte veces.

Con todo eso, la 8a. Conferencia plantea la ruptura con el guerrillerismo, por lo menos como propósito. Se habla de un ejército más agresivo, de una estructura de ejército, con una concepción de aniquilar las fuerzas fundamentales del enemigo y, obvio, se plantea la propuesta nueva y surgen los viejos esquemas inmediatamente; "salimos dispersos de la 8ª. Conferencia", dicen los campas. "¡Y se da la orden de no combatir!”. Yo me pregunto: ¿Estábamos nosotros con los mandos adecuados, con la concepción adecuada, con la práctica adecuada, para hacer una marcha de esas, combatiendo, que nos permitiera llegar concentrados a la zona de operaciones? ¿Con ese estilo de combate no nos habríamos dispersado en los primeros combates de la marcha? Y analice así todos los otros errores: el de Aeropesca; los compañeros dicen quién fue, por qué falló; bueno, y veamos lo del Cantón, ¿no fue peor? , y digo: sumemos todos los errores, y sumémosle cien más que no conocemos.

La formación de un ejército del pueblo

Pero rescatamos fundamentalmente una estructura, una organización, un proyecto político que asumió en serio, pero en serio y a profundidad, la construcción de un ejército.

Yo pienso que lo nuevo de esta reunión es que ya no hablamos de concepción, que podemos mostrar los avances concretos, avances en la búsqueda de la conformación de un ejército.

Digo: analicemos todos los errores de atrás, todas las responsabilidades, pero veamos también en todos esos errores cómo fueron surgiendo los nuevos elementos. Pero fundamentalmente insistamos en qué tenemos de nuevo hoy, y qué tenemos de viejo.

Qué nos pesa todavía para asumir las tareas inmediatas y las próximas. Es decir, para asumir hoy las tareas militares del momento tenemos que decir con qué contamos en concreto, en qué hemos avanzado. Y en las intervenciones de los compañeros hemos visto los elementos nuevos. Independiente de cierto sectarismo que se nota en los análisis, Yo digo: a veces somos sectarios en los propios análisis, de nuestra propia actividad parcial. Entonces los rurales les dan madera a los urbanos y éstos les dan madera a aquellos otros y el otro resalta su propia experiencia; y necesitamos un esfuerzo global. Toda estructura tiene elementos fundamentales de desarrollo, desiguales y disparejos. Lo fundamental es que la organización, en cuanto tal, tomó la decisión política, organizativa, militar, financiera y logística de desarrollar una nueva concepción y crear las bases que permitieran tener los instrumentos, los hombres, los conocimientos para construir un ejército. Y es en función de ese plan, cuando después de la 8ª. se puede volver a reunir la organización, en febrero del 83. Una organización ya esquelética en las estructuras; los compañeros del Frente Sur sin ninguna comunicación con Bateman; los otros miembros de la dirección presos, la OPM pasando de la dispersión orgánica que le había significado el saboteo electoral. En febrero del 83, en concreto, para ver el último punto en referencia, lo que se decide de nuevo es una definición política, independiente del desarrollo raquítico de la estructura, independiente de todo lo lánguidos que éramos, lo golpeados que habíamos salido después de cuatro años de combate contra Turbay; la Fuerza Militar sin comunicación, era el mayor reto que se le hacía al movimiento guerrillero en Colombia.

Era Belisario, su proyecto de Paz, su amnistía. Allí se decide saldar cuentas con el insurreccionalismo como concepción espontánea. Hubiera sido fácil intentar rehacer orgánicamente, y a nivel de masas, las estructuras, lanzándolas a una actividad de masas: el insurreccionalismo como concepción estratégica. No concebimos la insurrección como el papel que debe jugar y que va a jugar en el proceso revolucionario en Colombia, y se decide, a pesar de la debilidad de las estructuras, formar una escuela, debilitando mucho más lo que había de desorganizado y débil de la organización. Ochenta, noventa, cien hombres a una escuela. Y se decide priorizar todos los esfuerzos en hombres, en cuadros, en finanzas, en logística en función del Frente Sur y en función de la escuela que se estaba haciendo. Y durante todo ese tiempo la actividad militar de la organización descansa en los compañeros del Frente Sur. Y es allí donde se da el salto, el salto concreto, real, la primera acción. Yo no digo que antes no se hubiera combatido con la misma agresividad; pero la acción de Paujil y la de El Mirador marcan la típica acción que queremos: atraer al enemigo, ponerlo en movimiento, golpearlo, aniquilarlo, recuperar fierros, rendir y tratar bien a los heridos.

Están los elementos casi básicos casi completos. Que no lo hayamos logrado en este periodo, es otra cosa.

Los compañeros anotaban: en el próximo período tiene que darse ese tipo de enfrentamiento. Yo estoy de acuerdo en que no más Florencia, no más Corinto ¡más grande! Y más grande no significa en una ciudad más grande, significa mayor recuperación de fierros.

Ese hecho, donde se concreta la nueva concepción, empieza a jalonar no solamente el desarrollo militar, sino la propuesta política de la organización.

La terminación de la escuela, la creación del Frente Occidental, por la calidad de hombres, por la homogeneidad que tienen en la formación, por la capacidad de los cuadros al mando, mas la concentración que se hace con los compañeros que vienen del Putumayo y los que están trabajando allí en la región, conforman la mayor concentración de mandos y de fuerzas que teníamos en el momento. Y se empieza a desarrollar una concepción, una práctica. Yo pienso que el período nos arroja elementos nuevos, y el primero, el fundamental, es que la práctica ha demostrado que si es correcta la concepción. La práctica ha demostrado que sí se puede. La práctica ha demostrado que el enemigo se queda corto inicialmente frente al nuevo estilo de operar, frente a la nueva manera de combatir, con base en que el desarrollo de la nueva concepción tiene nuevos factores.

La experiencia que narra Boris no tiene nada que ver con la técnica, sino fundamentalmente con el esfuerzo, la convicción política, la necesidad de hacerlo. En el Frente occidental es una mezcla de técnica y de cuadros de decisión. Ahora, los obstáculos para la concepción son obvios: el temor a lo nuevo, el desarrollo desigual, el aprendizaje necesario. Estamos hablando de un periodo de 6 meses, compas.

Estamos diciendo que es un salto impresionante en la historia militar de la guerrilla colombiana. Se han probado mandos y se han reanalizado bien las características nuevas de toda esta experiencia, la movilidad, la búsqueda de una zona más o menos determinada, la agresividad, la maniobra para el combate, el lograr la relación hombre arma exacta. Ya es rutina de la organización hablar de hombre-arma. Estos son para nosotros avances kilométricos en relación con lo que teníamos. Deficiencias hay muchas. Pero el avance nos está dando la medida de lo que podemos hacer.

Sin embargo, algo que nos debe inquietar es la pérdida de oficiales; el informe hoy dice que casi la línea de oficiales, de capitanes y tenientes ha sido golpeada. Nosotros no podemos rifamos los cuadros, estamos exponiendo demasiado los cuadros de la organización. Creo yo que fundamentalmente por la capacidad organizativa, por la disciplina interna, pero también por una concepción. Nosotros también nos jugamos los cuadros fundamentales de la organización en cuestiones tácticas inmediatas.

Todavía ese tacticismo de hacer las cuestiones a la carrera, confundir el desespero con la eficacia, está haciendo que perdamos cuadros estratégicos.

La decisión, en febrero 83, de hacer que la Fuerza militar creciera con base en el desarrollo propio para superar el periodo anterior, donde la Fuerza Militar tenía que girar en cada coyuntura política: que una declaración, accionar militar; que una nueva propuesta de Paz, accionar militar que una rueda de prensa, accionar militar. Eso impedía cualquier desarrollo planificado de la Fuerza Militar. Eso, entre otras cosas, se nota en los desniveles del desarrollo de la organización.

A la muerte del comandante Bateman, decidimos no montar ninguna campaña apresurada en homenaje al comandante Bateman, aunque pareciera que no estábamos haciendo presencia ante la muerte del compañero.

Se decidió seguir el ritmo natural con base en los planes de cada fuerza, que es la única manera del desarrollo. Lo mismo que se decide sacrificar la OPM, compañeros; sacrificarla en cuadros, sacrificarla en logística, en finanzas. Todo en función de apuntalar los dos Frentes que eran para nosotros lo estratégico.

Y en febrero 83 no había cinco centavos, compañeros, para hablar solamente del problema de finanzas. Y en febrero 83 se traza una decisión política: combatir, frentear, accionar frente a Belisario Betancur. Se hace un plan nacional, y un plan que sale cojo de entrada porque no hay cinco centavos con qué realizarlo, no hay comunicación con el Frente Sur. La comunicación con el Frente Sur se logra un año y pico después. Pero se mantiene la decisión de que pasara lo que pasara en la coyuntura política, pasara lo que pasara con las otras estructuras, todo tenía que girar en torno a lo estratégico: la conformación de la estructura militar. Por eso tanta exigencia ante esta fuerza militar de occidente. Porque todo este período giró en apuntalarla. Por eso hoy no es tiempo de mirar cada experiencia particular, por eso no es el tiempo de mirar cada estructura, Yo digo: miremos cada experiencia para darnos cuenta y criticar los errores, pero no perdamos la visión de conjunto: la estructura de la organización que piensa de sí misma como estructura, se está autocercando, política, orgánica y militarmente.

 

Columna que piense solamente en función de sí misma. Fuerza Militar, Fuerza

Especial, trabajo internacional, OPM, comunicaciones, que no tenga visión general del proyecto politice y de la construcción de un ejército, está impidiendo el desarrollo global de la organización.

 

Aquí se ha hablado de gérmenes de ejército que tenemos: de artilleros, de explosivitas... creo que hoy es el momento, con base en la técnica, las experiencias, de crear las bases sólidas de estructuras. La Fuerza Militar tiene primero que empezar a intercambiar las experiencias de los compañeros que tienen una técnica adecuada, con los compañeros que tienen una experiencia y una práctica largas.

 

Es decir, tenemos todos los elementos, pero los tenemos desorganizados, sueltos, sin una concepción todavía homogénea, sin una estructura homogénea Y sin plan para los objetivos y estructura que tenemos. A mí me parece que el esfuerzo de esta reunión debe ser ése. Qué es exactamente lo nuevo, con qué contamos, cuáles son las deficiencias que todavía nos pesan; en concreto, cuáles son las tareas políticas del país y lanzarnos a eso.

 

Hay otro problema en que hemos fallado en este periodo: la continuidad de las

operaciones. Además de la descoordinación de las operaciones a todo nivel. Miren: en este año no pudimos coordinar el accionar del Frente Sur y el accionar del Frente Occidental y el accionar de la OPM, ni el trabajo logístico. Nunca cuadró esto; cuando una cosa estaba lista a nivel logístico, aquí no se estaba listo.

 

El no entender en qué situación político militar estábamos, hizo que la planificación operativa tuviera tropiezos. Algunos objetivos ya trazados hubo que rechazarlos porque no se adecuaban al momento político-militar. Eso causó demoras, demoras que implicaban que la coordinación con el Frente Sur, en comienzo de campaña, nunca coincidiera con el Frente Occidental. Eso causó que la coordinación con los compañeros del EPL y la campaña militar, también en función de esto, no tuviera muchos efectos porque estaba descoordinada de la de nosotros. Es decir, el problema de la descoordinación no es solamente un problema de comunicaciones; nos quita eficacia, nos quita espacio político-militar; deja que el enemigo se recupere.

 

Desarticula todas las estructuras de la organización en función de los objetivos.

Acciones tan importantes como la de Yumbo, Miranda, nunca pudieron romper el clima de propaganda en contra que creó el enemigo a escala nacional. La del Mirador no interesa; ojalá hubiéramos hecho la propaganda al Mirador, pero sus efectos fundamentales eran militares, y, aunque no tuviera la propaganda política, los efectos eran concretos. Había que ver la información militar, la desesperación por los fierros perdidos. En las otras acciones que giraron fundamentalmente en propaganda armada, aunque no era ese el objetivo, como la de Garzón y como las del Frente Occidental, la falta de coordinación de éstas impidió hacer de ellas una campaña nacional.

 

La organización de la dirección

 

Pienso que ese punto es el que más exige de nosotros en este momento. Funcionar como estructura global, El problema es que una estructura no se centraliza sino en función de una misma concepción. Y esa concepción ya no es una concepción abstracta, tenemos elementos y desarrollos concretos de esa concepción. Es en función de esos avances como tenemos que estructurarnos, en función de lo que tenemos; cómo vamos a planificar lo que podemos hacer mañana; y es en función de la situación política que nos tenemos que proponer el qué debemos hacer mañana, además de lo que podemos hacer.

 

Los compañeros han anotado las deficiencias del comando superior. Yo creo que tienen toda la razón, hemos jugado demasiado con un proyecto que no es nuestro, que es del país. El problema del Comando Superior no es simplemente que se organice para dirigir internamente la organización; él tiene que ser la dirección revolucionaria de las masas, porque se trata de un proyecto democrático; o si no, no tiene sentido; para ponernos de acuerdo sobre cómo marchar nosotros internamente es fácil, pero nos queda pequeño, no se justifica; y lo mismo con la dirección nacional.

Yo pienso que los compañeros oficiales comandantes, miembros de la dirección nacional o miembros del Comando Superior, que no piensen en función del país, que no miren el país, el desarrollo político y militar, están incumpliendo las tareas para las que han sido asignados.

 

Estamos construyendo una dirección político militar de la revolución colombiana. Nos ha salvado el proyecto político. Yo sí creo que en todas las incomunicaciones que hemos tenido, la falta de medios técnicos, la falta de trabajar con sentido real y concreto, una red logística: todas esas fallas, nos las ha permitido superar el olfato político, una Propuesta política: pero a veces perdemos el rumbo, a veces no nos damos cuenta de que nuestro proyecto es del tamaño del país. Que nuestro ejército tiene que ser del tamaño de las tareas que nos exige la destrucción del ejército enemigo. Y que el Comando Superior debe dirigir la política, el proyecto democrático, y debe dirigir la guerra; por eso la OPM se ha dotado como un instrumento: la Fuerza Militar.

 

Es en función de ese proyecto que la Fuerza Militar se crea, se organiza, opera. Ahora, tiene su propia lógica.

 

Nosotros no podemos seguir confundiendo las tareas políticas y la estrategia de masas con la construcción de ese ejército. Por eso, además del Comando Superior se necesita un Estado Mayor para las tareas del ejército, para las tareas militares.

Y aquí todos los compañeros han anotado: no solamente el problema de la Fuerza Militar es la tarea militar del Estado Mayor. Una serie de estructuras que giran alrededor de la F.M., del ejército propiamente dicho. Y en eso somos enanos nosotros.

Tenemos toda la, capacidad en cuadros, en logística, en voluntad y fundamentalmente en un proyecto que es concreto y se desarrolla. Pero nos falta planificación, nos falta exigirnos más, nos falta pensar en grande; nos falta más audacia y más seriedad para romper los esquemas de lo viejo, integrando. Oigo: tenemos una experiencia rica y nuestra: la experiencia de los compañeros de la escuela; las nuevas experiencias nos dan las posibilidades de conjugar esos elementos. Cuando Raúl insiste en buscar los elementos teóricos con microscopio, con rayo láser o citando a Borges, tiene toda la razón, y es una tarea de esta organización, de esta dirección nacional, Yo pienso que el Comando Superior tiene que asumir con dedicación la conformación de planes correctos. Nosotros nunca hemos trabajado en función de planes reales. Hemos trabajado en función de objetivos: golpear, atacar, recuperar tanto; pero objetivos concretos, que implica la implementación de recursos, de hombres, de áreas, de tiempos, de evaluación posterior. Asimilemos las experiencias de las luchas del pueblo.

Y nos toca asumir en serio las tareas: de la guerra; hoy ya no hay más tiempo para probar, ahora nos toca seguir improvisando, compañeros: nosotros somos guerrilleros, estamos caminando al filo de nuevas experiencias. Qué es esta experiencia del Frente Occidental, sino una improvisación necesaria, ¡claro que necesaria!

Sabíamos que el Cauca servía, o que el Valle del Cauca servía. Es decir, además, de la planificación de lo que tenemos, tenemos que darle espacio y tiempo a la vida.

La discusión sobre la insurrección:

Nosotros sabemos que Colombia es un país de paros cívicos. Sobre eso hemos botado corriente nosotros, más que ninguna organización. Desde la quinta conferencia, planteamos como estrategia la insurrección combinada; es el término que se emplea ahí, hablando de la combinación de un ejército y los paros cívicos, pero era botando corriente. Hoy tenemos que decirnos qué va a pasar con el Valle del Cauca, un departamento de grandes ciudades, ante la presencia de una Fuerza Militar aquí en sus barbas. ¿Qué pasa hoy? ¿Cómo reaccionan las masas de cada ciudad? Está la experiencia de Florencia, está la experiencia de Corinto y Miranda; mediante una Fuerza Militar operando aquí en la zona, ¿cómo reaccionan las ciudades? Tenemos que esperar. Hay que, darle tiempo y espacio a que la vida nos vaya enseñando cosas nuevas ¿Se insurreccionan las masas? ¿Se insurreccionan y se vienen para el monte?

Lo que sí sabemos nosotros es que tenemos que tomar una decisión estratégica, que lo fundamental es construir la Fuerza Militar, construir un ejército.

Y nos toca asumir en serio las tareas de la guerra; hoy ya no hay más tiempo para probar, ahora nos toca seguir improvisando, compañeros, nosotros somos guerrilleros, estamos caminando al filo de nuevas experiencias.

En concreto hoy, a pesar de que podamos estar al borde de la insurrección, no podernos lanzar ochenta cuadros de aquí con ochenta fierros a una insurrección. El esfuerzo fundamental, los recursos fundamentales, la decisión fundamental, giran siempre alrededor de la construcción de la fuerza militar. La manera de combinarse, cómo va a reaccionar eso, nos lo da la propia vida. Allí es donde tenemos que improvisar inmediatamente.

Sobre la zona, yo pienso que hay elementos que nos arroja la propia realidad: el valor geopolítico de esta zona, la experiencia que se ha hecho, las posibilidades que tiene, la justeza de no seguir tras la guerrilla trashumante, que no se sabe cuál es su vanguardia o su retaguardia porque siempre está caminando. Es un paso que hemos dado, saquémosle el jugo a eso.

Estamos empezando, estamos abriendo un período nuevo en la vida militar de la organización y del país. Lancémonos allí con audacia, buscando los nuevos elementos. Yo pienso que hoy ya no hay tiempo para escepticismo frente a la nueva concepción. Se probó. Nos adecuamos fácilmente; la experiencia del sur, donde compañeros que habían hecho la guerra de una manera distinta, con una concepción distinta, fácilmente actúan de acuerdo con la nueva concepción, está demostrando que la eficacia en esto, que los hechos nuevos, que probar las concepciones con los hechos, es el único criterio que para el M-19 puede existir. Crear los hechos políticos y militares necesarios, eso implica errores, ¡claro que implica errores! Pero es más error la pasividad o el teoricismo.

La unidad en torno a los intereses del pueblo

No hagamos de la técnica y de la experiencia un tema que tiene que plantearse en términos de contradicción, quitémosle tanto manual a las cosas, seamos más creativos; no seamos tan sectarios con nosotros mismos al interior de la organización, ni con otras fuerzas políticas y militares en Colombia. Yo no estoy de acuerdo con ciertas actitudes sectarias frente a los compañeros de las FARC ¿No es acaso responsabilidad nuestra demostrarles en los hechos lo viable, lo concreto de la nueva concepción? ¿No han sido la tradición guerrillera, durante veinte años, para que nosotros con una prepotencia, que no tenemos por qué tener (porque fuimos presa de los mismos errores) les lancemos en la cara una serie de errores de una manera sectaria?

Yo pienso que el problema de la unidad frente al movimiento revolucionario y armado exige de nosotros una posición mucho más elástica. Si ante nuestros primeros éxitos, nosotros abandonamos nuestro esfuerzo de unidad, no estaríamos haciendo un carajo. La unidad, la búsqueda de la unidad con el movimiento guerrillero, sigue siendo tarea estratégica para la organización.

Y no puede ser una unidad alrededor de nosotros, compañeros, si se ha avanzado ahora con el EPL, con las FARC; aún la experiencia tan crítica con los Francos, tan poco clara en sus perspectivas, pero que de cualquier forma arroja algunos elementos que nos sirven como experiencia frente a la unidad. Y algunas experiencias sobre cómo no hacer ciertas unidades; podemos ser más rigurosos frente a los principios de la unidad, pero se oyen ciertas actitudes presuntuosas, sectarias, y ese no es el espíritu del M-19. Ahora hagamos el debate, exijamos ciertos acuerdos que no se cumplen. Pero, sobre todo lo que estamos haciendo, en todas las regiones donde estamos, que los hechos demuestren que tenemos razón. Que las propuestas políticas frente a las masas nos amplíen a nosotros el espacio y que los hechos vayan arrastrando, y que sea siempre el M-19 el que convoca a la unidad, el que da los primeros pasos hacia la unidad.

No sintamos que por nosotros empieza el mundo militar guerrillero en Colombia, porque no es cierto, compañeros. Nosotros somos expresión simplemente de unas luchas campesinas guerrilleras en Colombia.

Pizarro decía, "Tenemos que aprenderle a Chispas"; es parte de nuestra tradición guerrillera; tenemos que aprenderles a los guerrilleros del llano, a Chispas y a Marulanda hay que aprenderles, compañeros; son también parte de esa historia. Somos una continuidad, superándose, es Cierto, dando nuevos elementos, es cierto. Pero por eso mismo tenemos la obligación de ser cada día más unitarios, cada día más con la mente abierta.

La inmodestia nunca ha sido la característica del M-19. La eficacia es otro paseo. Somos eficaces; yo dije que ciertas cuestiones de sectarismo, de prepotencia, tienen que ver con una formación ideológica y política en la Organización. Afranio aportaba algunos elementos: no es suficiente con los hechos militares que producimos nosotros; yo creo que llegó el momento de que nosotros tengamos que desarrollar, con toda la actitud compleja y el análisis, lo democrático, lo nacionalista, lo bolivariano.

¿Qué debemos corregir y cómo vamos a avanzar?

Hay un bajo nivel general en la Organización y eso no se puede dejar al espontaneísmo. Los compañeros anotaban el resultado de la Octava Conferencia; dicho resultado no se ha publicado todavía; sí, podemos dar muchas explicaciones del porqué no se hizo, pero el hecho concreto es que no está hecho. La folletería de la organización no tiene una función, no tiene responsables. Por eso la discusión política a veces es tan pobre, y si a eso la sumamos la no claridad de las estructuras que funcionan en la FM, pues peor. Mario anotaba el democraticismo en las decisiones militares, pero también hay que ver el militarismo en las decisiones políticas. Aquí el Comandante se puede quedar ronco dando órdenes militares, y no se obedece. Pero tampoco la OPM, el Comando Superior, la Dirección Nacional, tienen claramente asignada una función dentro de la FM.

La propaganda de la organización está totalmente quedada dentro del momento y el desarrollo de nuestras fuerzas; yo SI creo que la cuestión de la emisora es una cuestión estratégica, urgente además; nosotros no podemos seguir con 50.000, 80.000 ejemplares de un periodiquito, enfrentando a El Tiempo, El Espectador, El País, en un pueblo casi analfabeta. Tenemos que invadir este país de cassettes.

¿Cómo es posible que de la Fuerza Militar de Occidente no salgan los partes de guerra, ni los relatos? ¿Cómo es posible que se descuide tanto el valor de la propaganda y la información? ¿Qué nosotros despreciemos los métodos audiovisuales? Por ahí nos están ofreciendo un aparato, muy pequeño, para emitir en T.V. clandestinamente; es portátil, vale 23 millones de pesos; sería la única guerrilla con emisión de T.V. clandestina, yo pienso que tenemos que hacer eso. Pero empecemos por lo concreto y real; lo concreto significa emisora, y la emisora significa zona, y un Estado Mayor significa zona, y un Comando Superior significa también un objetivo concreto y un plan determinado para distribuir funciones, para dejar desarrollar los cuadros medios, para que todos no nos pisemos las mangueras ni nos ahoguemos en los límites de la jurisdicción de cada cual, para que no seamos toderos.

Pienso que la Dirección Nacional tiene que renovarse, hay mucho elemento nuevo, hay gente que viene con ganas, con aportes, con experiencia; hagámosle un remezón a la organización, un remezón que no es un problema interno; es un problema que nos está exigiendo el país y el desarrollo de las tareas militares. Hoy no estamos haciendo estrategismo, haciendo ideologismo. Aquí se ha hablado en estos cuatro días de cosas muy serias, compañeros, de cosas concretas, inmediatas, posibles.

Hemos dicho que vamos a poner este país a dialogar, y que si no dialoga el país, si con ese diálogo no se arreglan las cosas nos vamos a lanzar a una protesta con todos los sectores que pidieron el diálogo y que pidieron reformas en ese diálogo. Esa sería nuestra principal e inmediata exigencia militar y política: protestar ante el no cumplimiento del Diálogo. O desarrollar el Diálogo con todas sus consecuencias, si se abre; y si después de la protesta no se realizan las reformas del Diálogo, tendremos en verdad que asumir en perspectiva el ser un gobierno pare: cumplir esa exigencia.

Pero además de plantearnos la posibilidad de ser un gobierno, también nos planteamos la posibilidad de ser un ejército capaz de defender, capaz de conseguir la defensa de las condiciones mínimas de la existencia de un gobierno; como es una zona con control militar, como es una política de alianzas tanto políticas como militares. Eso implica un cambio de perspectiva de la organización, una exigencia en los cuadros, un cambio en las estructuras y en la función de las estructuras. Aquí ha habido propuestas concretas: Pizarro la llama Frente, Raúl les llama región; pero la concepción es la misma y la idea es la misma: hacer que en una región sus compases políticos, sociales, militares, geográficos, giren en función de un proyecto político y una Fuerza Militar. Y que las estructuras nuestras estén en función de la fuerza fundamental de esa zona, en perspectivas sociales, políticas y militares de esa zona.

Eso necesita entonces una planificación centralizada, donde ninguna estructura pueda funcionar sola: ni las fuerzas militares; ni las fuerzas especiales; ni los comandos urbanos, ni el trabajo internacional, ni el trabajo financiero, ni la propaganda, ni la logística. Si despelotados como hemos estado estos últimos años, totalmente despelotados, el Comando Superior, la Dirección Nacional, las Fuerzas Militares, las diferentes estructuras (lo único unificado era la propuesta política), si así hemos logrado, lo que hemos logrado, lancemos nuevas estructuras, abramos estructuras a la gente, entreguemos las estructuras. Iván decía: "soltemos a la gente ya". Ahora, soltémosla mediante un plan, mediante responsabilidades concretas.

Entonces yo sí creo que de aquí debe surgir, de la reunión del Comando Superior, por lo menos un Estado Mayor que planifique las tareas del momento: que lo cambie o lo ratifique la próxima conferencia; esa es otra cuestión. Pero ya las tareas del momento las tiene que asumir un Estado Mayor. Y la unificación del Comando Superior, como dirección político militar, la tiene que dar el control de ese Estado Mayor. Pero, por favor, no pensemos más en el ejército como una estructura simplemente de fuerza militar de aquí o allá. No pensemos en la guerra simplemente como el enfrentamiento aquí en el occidente o en el sur; hoy tenemos que pensar como dirigentes de un futuro gobierno.

Hay nueva gente... hoy no es tiempo de pensar en pequeño, hoy no es tiempo de pensar en la propia y pequeña experiencia o pequeña responsabilidad; de modo que cuando nos reunamos el Comando Superior (después de una rediscusión del Comando Superior) con cada estructura, podamos aportar planes a escala nacional.

Lo de las escuelas es una necesidad inaplazable. Porque tenemos que resolver el problema de una Escuela Permanente, porque tenemos que resolver el problema de una Escuela para la OPM, escuela para las tropas especiales, escuela para los nuevos que están esperando y están inscritos. Eso implica una exigencia de los compañeros de propaganda, por ejemplo; por lo tanto, implica una exigencia para los compañeros que escriben y que producen, implica una exigencia para los compañeros de logística, implica una exigencia para los compañeros de finanzas; y cualquier tarea... la mínima que dejemos, pone en juego toda la estructura; por lo tanto, hermanos, es inevitable funcionar como estructura centralizada. Ahora hemos hablado de logística todo este tiempo, pero pienso que el criterio rector de la logística es quitarle las armas al enemigo en el próximo periodo; si no, no hay logística que aguante combates de 6 horas por más disciplina de fuego, compañeros; esos combates van a ser más continuos, tienen que alimentarse de las armas y de la munición del enemigo. Ahora, indudablemente el armamento de apoyo tiene que venir de todas partes, aunque también tiene que ser conseguido al enemigo aquí, no solamente por problemas de logística en sí mismo. Algún compañero anotaba: por lo que implica la desmoralización del enemigo y el aumento de la moral de nuestras propias fuerzas. Y entre otro de los elementos que hay que anotar como nuevo en este período es la alta moral de combate de la estructura general de la organización. Eso se prueba en la realidad concreta: en la operatividad de la OPM, en el silencio de los compañeros del trabajo financiero o en la coordinación del trabajo internacional... Ese cuento de que aquí es lo duro y afuera es lo suave, yo creo que no es cierto y pienso que ese cuento tenemos que desecharlo nosotros; ese cuento de que vengan aquí al monte para que sepan lo que es bueno, eso no es cierto, es falso además.

Como lo otro: compañeros que dicen: "Yo no he vivido la guerra"; yo digo, compañeros, la estructura del M-19 está en guerra, y está viviendo la guerra. ¿No es guerra la clandestinidad? ¿O no es guerra el desarrollo político militar de una concepción que significa guerra? A no ser que se vaya con otra concepción, lo que está mostrando la realidad es que la concepción político-militar está generalizándose cada vez más. Por lo obvio, compañeros, por lo concreto, porque se está aplicando en la práctica. Porque un accionar exitoso de Fuerza Militar causa un nuevo nivel de moral en toda la organización, porque el desarrollo del proyecto político-militar exige a todas las estructuras.

Cuando el compañero hablaba de las noches y las amanecidas tratando de transmitir, esa es una tarea de guerra; los compañeros que en el trabajo internacional han mantenido nuestro proyecto, han mantenido la revista, han mantenido una estructura de organización, independiente de los problemas que tengan internos (que los tienen además como en toda la organización). Yo digo: cada compañero debe sentirse en guerra en, esta organización, como debe sentirse en diálogo, como debe sentirse en futuro gobierno. Ahora, qué nos falta en esa concepción, nos falta mucho; compañeros, que la operatividad urbana debe cambiar, es cierto. Que se logró implantar, a nivel de comandos, operativos que cumplieron esa etapa que era necesaria; que se corrigió esa concepción de que los comandos político militares eran de masas y eran por frentes de masas, para hacer trabajo político en las masas. Que se ha mantenido una operatividad de cuarenta y cinco operativos promedios al mes, chiquitos, pequeños, insignificantes, de propaganda armada y a veces de recuperación. Pero esos son logros concretos.

Que tenemos que crear redes logísticas más eficaces, que la artillería tiene que ser como una unidad permanente. Que comunicaciones. Que explosivistas. Yo pienso que aquí hemos trabajado en concreto y en serio las necesidades inmediatas.

Están sobre el tapete, compañeros, Están sobre la exigencia del país. Y yo insisto en que esta reunión de Dirección Nacional lo bueno que tiene es que hay éxito sobre la práctica, avance sobre la práctica; por eso esa vieja discusión de lo que se hizo antes, aunque es bueno, que hay que hacerla cada vez que se quiera hacerla, debe insistir fundamentalmente en qué es lo que se ha hecho de nuevo y de bueno, que el despelote orgánico tiene que parar de una vez por todas. Que si hablamos de centralizar funciones, de hacer planes, de conformar una estructura, tenemos que actuar todos como eso, como hombres estructurados en una disciplina político-militar.

Y no confundamos la discusión política con la discusión militar. No confundamos los Estados Mayores con las reuniones político-militares. Que una vez se toma una orden, esa orden se cumple, compañeros. La disciplina es consciente, conscientemente aceptada, Eso implica también no jugar con los Reglamentos de la organización. Hemos abusado demasiado, compañeros, con las expulsiones, con las calificaciones de deserción. Hemos abusado demasiado. Hay un despelote orgánico por todas partes; compañeros salen de una estructura, nadie tiene control de eso. Aquí nadie es responsable de personal para hablar en esos términos, los marginamientos.

Yo creo que en eso hemos avanzado, en aceptarle a la gente la salida cuando la pide. Esa antigua política de la guerrilla colombiana donde el que sale era un desertor, un enemigo en potencia, en la realidad concreta está superada. Pero eso no implica no preguntarnos por qué tanto marginamiento, por qué si el proyecto es claro, si la eficacia a veces funciona, por qué tanto marginamiento.

¿Qué estilo de mando a veces se impone en la organización que no deja desarrollar la iniciativa de los compañeros nuevos o de los antiguos? ¿Qué estilo de mando de no planificar para no delegar funciones? ¿Qué formación le damos a la gente? Si cuando a uno le dicen que todavía hay aquí compañeros que no saben leer ni escribir, es para protestar, compañeros. Antes de darle un fierro a un compañero que no sabe leer ni escribir, hay que darle un papel y un lápiz, compas.

El reglamento de ética militar, el nuevo reglamento que hay que hacer, los reglamentos operativos y los reglamentos operacionales, las tareas internacionales de hacer reconocer este acuerdo como fuerza beligerante a escala internacional, compañeros. Nosotros nos tenemos que hacer reconocer internacionalmente como Fuerza Militar. El problema de los médicos, el problema de las escuelas permanentes, el problema de los capellanes. Necesitamos aquí capellanes para este ejército. Una serie de tareas en concreto, compañeros, que no se basan sino en un trabajo político de masas. Porque aquí no estamos todos los que somos, todos los que vamos a dirigir esto. Aquí falta mucha gente faltan muchos técnicos, falta mucho pueblo.

Compañeros, aquí necesitamos los científicos, los técnicos, los militares nacionalistas. Oiga, como hemos abandonado nosotros ese trabajo, tenemos una política frente al ejército, una política que le llega además.

Como se decía una vez en la picota: si no hay militares nacionalistas, hay que crearlos, mediante la propuesta política, mediante el enfrentamiento militar, mediante el trato cuando están rendidos. Esas son las únicas formas de quebrar la voluntad del enemigo: el enfrentamiento, el trato: a los heridos y una propuesta para ellos. Y tenemos elementos concretos, tenemos contactos, tenemos militares; pero no tenemos un órgano centralizador de toda esa información. El ejemplo de Boris es correcto: cómo se va a rendir un hombre cuando además de la rendición, que de por sí es un caso grave, se le manda el madrazo y el insulto. Eso de chulos hijueputas, aunque es una vaina tan popular, vaina tan popular, yo pienso que nosotros debemos intentar hacer un esfuerzo por superar esos términos. Debemos unificar una política frente a los militares y frente a la policía. Debemos unificar un órgano de propaganda ante ellos. Si nos alegramos tanto porque un policía como el policía Pedro de Corinto se integra a nosotros, cómo no hacer un esfuerzo sostenido, permanente, planificado en función de eso.

Miren, compañeros: Matallana escribe un folleto, una posición sobre la guerra y la paz y el Diálogo Nacional, donde da elementos nuevos de verdad, donde le exige al ejército una serie de criterios y condiciones para la Paz y para la Tregua y aquí no hay un sólo ejemplar de ese folleto. En Antioquia se rinden 4 policías frente a la guerrilla; les hacen consejo de guerra por deshonor y traición a la patria. Los policías reviran y dicen que la patria es su familia y su propia vida, y ninguno de nosotros, ni la revista internacional ni en ninguna declaración hemos tocado ese punto. Es decir, de verdad ser ejército es ver las fuerzas del país. Un ejército no nace como un instrumento quieto y frío. Ese instrumento nace de una serie de contradicciones sociales y políticas, actúa sobre un medio, se basa en un proyecto político: y toda su actividad, la mínima que sea, está desarrollada sobre las fuerzas sociales sobre las que actúa.

Lo militar, además del combate, además de la eficacia, además de la técnica, tiene que ver con el manejo de las masas, tiene que ver cómo se trata al hacendado, al campesino rico. Oiga, siquiera no hay en el Caquetá campesinos para secuestrar, no los hay. De verdad, exijamos nosotros que sea línea que al hacendado medio y rico, al ganadero medio y rico, nosotros no lo vamos a acosar con el impuesto, ni con el secuestro, ni con la vacuna; Ahí están las multinacionales. Pero son los detalles, el tratamiento a la policía, la propaganda frente al ejército, el tratamiento a los hacendados, el tratamiento a la población. Otra cosa son ya los planes concretos de cómo organizar las masas en función del ejército.

Y en concreto en esta zona. Aquí se han arrojado elementos concretos. Se habla de la experiencia en Remolino; Yo creo que es completamente distinto. Yo creo que las condiciones son otras, la concepción es otra, la estructura es otra, las formas de organizar las masas, para las actividades políticas y sociales. Si vamos a crear una zona de operaciones, un frente, implica conocer de verdad todos los conflictos sociales, los mecanismos organizativos de las masas.

Por eso ese trabajo que están haciendo las comisiones, ese trabajo que están haciendo los pelotones, recorriendo las veredas, hablando del Diálogo, reuniendo a la gente, haciendo los croquis, enseñándoles principios mínimos de clandestinidad a las masas, formando redes, nos está aportando a nosotros elementos para resolver problemas concretos.

La función del plan frente a la montaña. Cuál es en este tipo de guerra, el papel de las carreteras. Bueno, aquí hay compañeros que tienen la experiencia, que tienen hipótesis de guerra frente a eso. Toda esta corriente sobre hipótesis de guerra, hipótesis de insurrección, hipótesis de zonas de operaciones, es lo que debe llegar a la Novena Conferencia.

Ahora compañeros: Si no hay Novena Conferencia, si las condiciones militares no dan tiempo para eso, es tarea del Comando Superior y del Estado Mayor sacar de lo que hubo acuerdo en esta reunión, que yo creo que es lo fundamental. Sacar criterios de trabajo, planes concretos. De lo único que estamos seguros es que no podemos esperar hasta la Novena para tomar ciertas decisiones. Ojalá lleguemos a la Novena y tomemos las decisiones, pero creo que esta reunión de Dirección Nacional es estatutaria, tiene autoridad, pero más que autoridad formal ha habido más o menos consenso en los criterios, más o menos en la voluntad, más o menos coincidencia en los desarrollos y en las perspectivas. Entonces si no hay Novena Conferencia por condiciones militares, las hipótesis de trabajo aquí, los planes concretos tienen que ser basados en el consenso que hubo, y se harán compañeros. Sin espera. Lo que hará la Novena, si se realiza, será refrendar y profundizar esto.

Pero aquí hay perspectivas de trabajo, planes completos, criterios y de todas maneras aprender a improvisar en lo político y en lo militar. Compas, este es un momento de mucha fluidez en lo político; la situación cambia militarmente también porque estamos trabajando sobre hipótesis.

Nosotros estamos diciendo de un salto en el desarrollo militar por todo lo que implica de calidad, por lo nuevo que arroja; pero, ojo, que 4 o 6 meses operando no es tiempo para probar muchas cosas. Pero nos basamos en lo nuevo, sin miedo a equivocarnos; ahora planifiquemos, exijámonos, organicémonos, sabiendo de todas maneras que el estilo de vida, el estilo de operación, el momento que vivimos, las condiciones, nos obligan a un margen bastante grande de improvisación. Así como nació esta concepción en medio de los combates, en medio de los errores, en medio del heroísmo. Como cuando se hacen pistas para aviones que no llegan, y cuando llegan aterrizan en otra parte. Oiga, ese va a ser de todas maneras mucho del estilo nuestro.

No podemos esperar que estén todas las condiciones organizativas perfectas y maduras para dar los pasos siguientes. No podemos esperar que esté todo fríamente calculado para dar los pasos que vienen. No podemos estar 100% seguros para tomar decisiones políticas o militares. Todo proceso de estos, todo proceso revolucionario tiene elementos nuevos por sí mismos. Siempre somos inmaduros y pequeños frente al proceso. Esa es la ley de estas revoluciones. Siempre llegamos inmaduros al poder, siempre llegamos no preparados a situaciones nuevas. Entonces no nos peguemos de un perfeccionismo, no nos peguemos de una total claridad para no dar los pasos que vienen. La audacia, la búsqueda de lo nuevo, romper la pasividad, ser más agresivos, pensar en grande. Hay unos objetivos militares y unas estructuras que hay que hacer más funcionales, más flexibles, más fluidas pero centralizadas fundamentalmente en esos criterios. Esos son los elementos que yo considero que han arrojado la reunión y las discusiones de estos días. Me parece, sí, que somos más maduros, me parece que hay gente y fuerza joven, nueva; me parece que la diferencia entre la Octava Conferencia, la Reunión de Panamá y ésta es kilométrica. Creo que estamos actuando y hablando sobre otro país. Estamos hablando y actuando sobre un proyecto más profundizado en lo político. Y estamos actuando y obrando desde una perspectiva militar mucho más sólida. Y eso es lo importante. Lo otro, los errores, las deficiencias, las pequeñeces, se resuelven en función de lo nuevo, en función de la perspectiva.

Ahí está el avance, compañeros, proyectos más serios, más grandes que nosotros siempre, proyectos políticos y militares que nos exigen más. El día que estemos satisfechos -decía un compañero- con lo que estamos haciendo, nos estamos burocratizando, nos estamos anquilosando, nos estamos durmiendo. Pero cuando se puedan mostrar hechos nuevos, propuestas nuevas, exigencias nuevas, gente nueva y el mismo proyecto y la misma concepción y un desarrollo histórico que es de todos, compañeros: estamos avanzando. Aquí todos han insistido en un desarrollo histórico del pueblo y de la organización. Y esto es lo que tenemos para lanzar al país. Luego el plan que hagamos, las tareas que acordamos, tíenen que ser del tamaño de las exigencias y del momento que vive el país. Independiente de las fuerzas que tengamos.

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