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8 marzo 2014 6 08 /03 /marzo /2014 16:11
M-19
Testimonio
Histórico
Habla la Comandancia
Jaime Bateman Cayón
Iván Marino Ospina
Alvaro Fayad Delgado
Carlos Pizarro Leongómez
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BOLI
 
 
 
Tabla de Contenidos
1. Jaime Bateman
Oiga hermano. Entrevista de Ramón Jimeno
2. Iván Marino Ospina
2. 1. Entrevista de Rafael Vergara
2.2. Entrevista de Patricia Lara
3. Álvaro Fayad Delgado
3.1. Construir la democracia. Con alegría, justicia y dignidad
3.2. Lo fundamental: hacia dónde avanzamos
3.3. De México a Corinto (vía Madrid)
3.4 La política de lo militar. Intervención en la reunión de Dirección Nacional, San Pedro (cauca), septiembre de 1984.
4. Carlos Pizarro Leongómez
4.1. La guerra más estúpida es la que se puede evitar. Entrevista  con Rafael Vergara
4.2. Una revolución abierta al mundo
4.3. Palabras de despedida
4.4 Tres rectificaciones necesarias hacia la democracia plena.
5. ¡Así los vieron!
5.1. El flaco del EME.
Enrique Santos Calderón
5.2. Un profeta de la paz.
Antonio Caballero.
5.3. Haciendo la guerra, pero queriendo la Paz.
Antonio Caballero.
5.4. «Bateman, un misterio sin fin».
Gabriel García Márquez
* La Casa Editorial Pisando Callos, Bogotá D.C. Colombia
 Banco de Datos: Centro de documentación y cultura para la paz
 
3rosas
 
RECUPERAR LA HISTORIA
Visionarios, sin duda seres excepcionales, coincidieron alrededor de construir un sueño para quienes por los setenta estábamos inmersos en una búsqueda incesante por lograr la construcción de una Patria realmente democrática y libre.
De la teología de la liberación, del marxismo, de la doctrina liberal o de la conservadora, de cualquiera de ellas echábamos mano para tratar de releer nuestra realidad, para explicarnos la existencia de una realidad que nos ahogaba y que hacía imposible incidir en las decisiones nacionales. Las cosas como estaban eran inamovibles, casi por la ley de Dios, debíamos aceptar sin discutir siquiera el estado de injusticia social cada vez más agudo, la sin razón del Frente Nacional que nos excluía del poder, una guerrilla de origen liberal que se empeñaba en que era necesario plantearse una guerra prolongada y que tenía tras de sí una historia de exclusión, de odio y lucha de clases, pero además dogmática, acartonada y triste.
La tarea: reconstruir la confianza en nosotros mismos, no necesitamos extranjerizantes propuestas de cambio, no debemos reverencia a héroes prestados; en nuestros pueblos, en nuestra historia, encontramos la fuerza de los planteamientos que es necesario recuperar, en nuestra gente está la riqueza necesaria para reconstruir la nación, debemos incluir y no excluir, pero además no se trata de imponer un nuevo sectarismo, una nueva verdad revelada, es necesario construir entre todos la nueva nación en la que todos quepamos con igualdad de oportunidades y con justicia social, donde "El HONOR, La DIGNIDAD, El VALOR DE LA PALABRA EMPEÑADA" se recuperen en medio del pragmatismo vulgar y del mercantilismo de los bienes y de las ideas.
Romper con los esquemas, militar con alegría, hacer política por sobre todo, comunicarnos con nuestro pueblo, convocar por la unidad de la nación, no establecer cadenas sino de afectos, que no nos motive el odio; en fin, con una propuesta libertaria, no nacida en las entrañas de las estaciones que marcan la vida en otros continentes, recuperar lo Caribe, lo mestizo y grande de nuestro pueblo, crisol de razas, costumbres y creatividad.
Sumar a la causa popular dos vertientes, en principio, los desencantados de la Anapo, que constataron cómo el establecimiento les robó las elecciones y la dirigencia no tuvo la madera necesaria para responder con dignidad a tanta miserablesa, y unos expulsados de las FARC que habían cometido el delito de plantear alternativas a la concepción estratégica y a la táctica de la organización.
Entendieron y predicaron que para que se tuviera acogida y éxito era necesario hacer y darle volumen a la propuesta política, que la conociera la gente, el pueblito, la clase media, la oligarquía; para esta labor, eran necesarias las armas, con tiros se le daba volumen a la propuesta, se abrían los oídos de unos medios de comunicación casados con el poder económico y político, cerrados para toda propuesta contestataria o simplemente diferente a la oficial bipartidista.
Recuperar la espada de Bolívar, recuperar y repartir entre los necesitados el mercado y la leche de los monopolios, darle fuerza a la lucha sindical, crear escenarios para concertar un país nuevo, abrir a empujones la democracia, esta es la tarea que con amor, entrega y alegría constituye la revolución en Colombia, no hay otra manera de que quepamos todos. Por supuesto esto exige pelear, no es con buenos y pusilánimes consejos que esto se logra, dadas las condiciones del país, era necesario que se echaran tiros, muchos tiros.
La agria respuesta a cada propuesta de concertación y diálogo, la traición a los esfuerzos por la paz como construcción de democracia, hace que la guerra por momentos se sobreponga a la propuesta política, la aparición de organizaciones recalcitrantes de derecha, el surgimiento del poder mafioso encabezado por el narcotráfico, casi dan al traste con esta fresca y cada vez más madura propuesta de país.
Esta recuperación de la memoria de los cuatro grandes, no puede olvidar que eran Jaime Bateman Cayón y Esmeralda, Iván Marino Ospina y Fanny, Álvaro Fayad Delgado y Pepa, Carlos Pizarro Leongómez y Myriam y cientos de hombres y mujeres excepcionales que nos enseñaron a valorar con alegría y esperanza lo que somos, a recuperar nuestra historia y a mirar de frente el porvenir, sin ambages, sin temores y vergüenzas ni añoranzas de otros continentes, a ver de frente el futuro y a asumir el nuevo país, el que quedó finalmente plasmado y bosquejado en la Constitución del 91, epílogo temporal de esta gesta libertaria.
Alberto Caycedo Borda.
 
 
 
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Jaime Bateman Cayón

 

Fundador, líder y primer Comandante del Movimiento 19 de Abril M- 19, nació en Santa Marta, el 23 de abril de 1940, murió en un accidente de avioneta el 28 de abril de 1983. A la edad de ocho años, tuvo un accidente en una calle de Barranquilla, sufriendo la fractura de la tibia y el peroné. Por este incidente es-

tuvo a punto de perder la pierna, y quedó con una lesión de por vida. En 1957, siendo estudiante del Liceo Celedón y militante de la Juventud Comunista participa como activista estudiantil en los paros cívicos contra la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. Se traslada Bogotá y termina bachillerato en el Colegio Panamericano, siguiendo en firme su militancia en la JUCO. En 1963 fue detenido durante un mes por repartir propaganda, luego por participar en una protesta contra el alto costo de la vida. Fue miembro del Secretariado Nacional de la Juventud Comunista y Secretario Político. Participó en 1963, como delegado de la organización, en el decimosexto congreso de Komsomol en Moscú, donde recibió un curso de ciencias sociales. A raíz de la revolución cubana y de la influencia del maoísmo, se desarrolló una fiebre por la lucha armada en Colombia como única vía. En 1966 ingresa a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC); fue secretario de Manuel Marulanda Vélez, de Jacobo Arenas. Se dedicó a la labor de preparación política de la organización, en la cual estuvo hasta 1970.

Jaime Bateman no compartía del todo la forma como las FARC desarrollaban la lucha armada, planteó la lucha en las ciudades, con carácter nacionalista y bolivariana. Así, ideó el movimiento político militar 19 de Abril M-19, con el lema « Con el pueblo, Con las armas, con María Eugenia al poder».

Para Jaime Bateman, la revolución era una fiesta. En 1974 fue sustraída la espada del Libertador de la Quinta de Bolívar, con la convicción y la certeza de no regresarla hasta que estuviera consolidada la paz de Colombia. Al final del año 1978 un comando del M-19 construye un túnel desde una vivienda hasta el Cantón Norte, sacando cinco mil armas, dejando consignas y banderas del    M-19. Bateman tenía una enorme imaginación; fue un gran estratega, hombre de entrega, enamorado, muy colombiano, que se reía de la muerte, amante de la rumba, de fácil acceso a la amistad. Precursor de un socialismo diferente; sin copias de ningún lado y sin renunciar a lo que era Colombia; creador de la cadena de los afectos.

Colombia y el mundo lo conoció durante la toma de la Embajada Dominicana en Bogotá, con una propuesta de amnistía para los presos políticos que se encontraban en la cárcel de La Picota y un diálogo de concertación, en busca de la paz.

El 28 de abril de 1983 murió, al estrellarse su avioneta cuando viajaba rumbo a Panamá. Duró nueve meses desaparecido, posteriomente sus restos fueron encontrados y sepultados el 24 de febrero de 1984 en el cementerio San Miguel de Santa Marta.

OIGA HERMANO

Entrevista de Ramón Jimeno a Jaime Bateman Cayon

 

CAPÍTULO I

COLOMBIA, CENTROAMÉRICA Y EL IMPERIALISMO

“El Anti-Imperialismo es una política contra la voracidad de las transnacionales, no contra el pueblo norteamericano”

R.J.:¿Qué similitudes y qué diferencias se pueden encontrar en el proceso político de El Salvador y en el de Colombia?

J.B.: Es muy difícil hacer comparaciones. En El Salvador se han dado unas condiciones especiales en cuanto a los factores subjetivos. O sea, el nivel de conciencia que han alcanzado las masas y la capacidad que han adquirido las vanguardias revolucionarías, gracias a la misma dinámica yo creo que esto es lo fundamental.

Ese proceso de masas, esa insurgencia, la mentalidad militarista de los dirigentes salvadoreños, llevó las cosas al punto de no retomo. No es posible ya seguir manejando ese país con los mismos criterios con que se maneja una finca.

Pero lo más importante, en mi criterio, es que las vanguardias revolucionarias en El Salvador son cada vez más capaces, cada vez entienden mejor el problema, cada vez son más amplios y cada vez adquieren una mayor capacidad militar. En cuanto a la concepción militar, América Latina está llena de errores. Sobre esto se ha especulado mucho... desde Regís Debray... sobre qué es lo que ha pasado, por qué se han producido las derrotas que los militares han propinado....

Hoy en El Salvador se encuentra una vieja tesis, tan vieja como la historia en cuestiones militares: es concentrar fuerzas; apoyarse en el pueblo, es darle continuidad a las batallas; es unir la política con la concepción militar.

En Colombia esto, ha sido la larga historia de nuestro accionar. Desde hace treinta años tenemos guerrilla —desde antes que naciera Cuba— desde antes que surgieran todos estos procesos revolucionarios: Sin embargo nosotros los colombianos seguimos pensando que esto es digno de gran orgullo.

Me parece que en Colombia, en general, se da la misma situación que en El Salvador o el resto de América Latina en términos económicos, pese a que la economía colombiana es tal vez de las más sanas de la región. Aún así es una economía deteriorada, quebrada. No se puede decir que en El Salvador la situación económica fuera muy grave, al contrario, era uno de los países más industrializados y más ricos de Centroamérica. Definitivamente por crisis económica ningún Gobierno se va a caer, ninguno, ya eso está probado hasta la saciedad. Hasta que no se desarrollen los procesos políticos es imposible que un Gobierno se caiga, así se viva en la miseria como en Haití o Paraguay.

De otra parte, Colombia es un país mucho más violento que El Salvador. O sea, en 1928 se produce la matanza de las bananeras aquí, y en el 30 se produce la matanza de El Salvador, casi por las mismas razones. No se pueden hacer similitudes, sin embargo, aunque hay características comunes: el enemigo es común; las condiciones de miseria son comunes; la opresión; el militarismo; todo esto es común.

Pero por ejemplo, la burguesía salvadoreña no ha tenido la capacidad que ha tenido la colombiana, que ha sido más inteligente por razones muy particulares. Aquí la burguesía ha mantenido el manejo de la situación. En El Salvador es mucho más clara la presencia de los militares en la conducción del Estado. No es así en Colombia. Aquí podemos hablar de unos militares civilistas, ¿no es cierto? Aparentemente la fuerza de la oligarquía, su capacidad de manejo de las situaciones concretas hacen que en todo este período sólo se hable de un golpe militar. En El Salvador se han dado varios golpes, pero el manejo militar de la situación ha sido permanente.

Pero si contamos muertos, es increíble, no se pueden hacer comparaciones. Ha sido más violenta la guerra civil colombiana.., porque como decía algún escritor "si Bolivia se caracteriza por los golpes militares, Colombia se caracteriza por las guerras civiles...", y cada una, además, termina con una amnistía.

Entonces... noo, lo que pasa es que a uno lo coge de sorpresa el cambio de calidad en la situación. Mientras en El Salvador hay una ofensiva revolucionaria y ya prácticamente ha sido derrotado una vez más el Ejército burgués, aquí en Colombia estamos viviendo un período de aparente apertura democrática. Un cambio de situación política que en El Salvador no se dio, ¿cierto? En mí criterio porque la oligarquía colombiana piensa, y sabe que tiene que encontrar salidas políticas a todas estas crisis. Yo no creo en cambio, que en El Salvador haya posibilidades de regresar a esa situación que Antonio Caballero describe para nuestro país: "En Colombia no pasa nada". Esto para El Salvador, no se puede afirmar ya, definitivamente.

En cambio hoy, la inmensa mayoría de los colombianos que padecen el peso de este sistema tienen que estar pensando que "en Colombia no pasa nada". Veníamos en un proceso de ascenso del movimiento guerrillero, en un proceso rico de autocrítica de las vanguardias revolucionarias, y la oligarquía de un día para otro nos cambia la situación política y nos deja de verdad en una posición muy compleja.

Yo no creo que la guerrilla haya perdido políticamente, pero estratégicamente sí pierde porque esa dinámica que era positiva, de pronto es frenada por el cambio de política de la oligarquía aunque eso sea temporal, no importa, estamos hablando de cuestiones coyunturales.

En El Salvador ya cualquier salida política que se intente, tiene que hacerse sobre la base del triunfo de la guerrilla.

R.J.:¿Cómo afecta la situación internacional el proceso político colombiano en general, y qué puntos coinciden para que hubiera un resurgimiento de la lucha armada en Centroamérica y en Colombia?

J.B.:Bueno, son varias cosas y varios factores. En cuanto a la lucha armada hay un elemento fundamental: Es el triunfo de la Revolución Sandinista. Es la segunda revolución de América Latina, que triunfa pese al balance que se hizo en los años sesenta de la lucha armada. Esa discusión larga de las formas de lucha el sandinismo la mandó para la mierda. La lucha armada volvió al punto en que debía estar, como única solución frente a los problemas centrales, frente al imperialismo y las oligarquías.

Nicaragua revivió el entusiasmo de las vanguardias por la lucha armada. Con esto no quiero decir que en El Salvador en ese momento no hubiera lucha armada. La había y ya era fuerte.

Entonces, hay un resurgimiento de las masas en Centroamérica, Cuando en el sur había un "bajón" en el norte había un "subón".

Ahora, la política de Carter sí tuvo algunos efectos, pero tampoco se le puede echar la culpa a él. Lo que pasa es que Carter se acercaba más a las soluciones de América Latina, a los problemas reales del pueblo latinoamericano.

O sea, ¿cuál es el problema, cuál es la solución para América Latina; lucha armada o reformismo? Carter buscaba soluciones para evitar las revoluciones violentas. Buscaba alternativas, las veía. Otra cosa es que no pudiera aplicarlas. Había planteamientos positivos en los asesores de Carter. Ellos pensaban que era posible evitar la guerra civil en América Latina. ¿Es posible evitar que los Estados Unidos jueguen el papel que están cumpliendo en este momento en Centroamérica? ¿Es posible evitar el Vietnam Latinoamericano, en fin de cuentas?

Yo creo que Carter se acercaba más a la solución que Reagan. Éste lo que hace es acelerar el proceso porque lo niega. Reagan se coloca en una dinámica, si se quiere, más favorable para el pueblo latinoamericano, aunque sea una desgracia decirlo: Porque lleva las cosas a los extremos y los extremos conducen a soluciones extremas. Y ésta es la revolución. Carter hubiera podido adormecer al pueblo latinoamericano un rato más... creando expectativas, ilusiones como Kennedy, ideales.

La solución de Carter se acercaba más a la política. Reagan replantea todo. Ahora, los problemas latinoamericanos no los creó Carter, los creó la política norteamericana del gran garrote, que obligaba a los países latinoamericanos a someterse.

Hoy lo que se está viviendo es el ocaso del imperialismo norteamericano. Que va a ser tremendo, violento, nuclear, si no quieren encontrar otra solución. Son ellos quienes están creando las condiciones para su propia derrota.

Ahora, las soluciones políticas de Reagan son muy torpes. Las elecciones de El Salvador, por ejemplo, esto fue una mascarada derrotada gracias a la acción militar de los revolucionarios. Aparentemente la gente dijo: "ahh, fracasó la guerrilla". No, la guerrilla no fracasó. Lo que pasa es que en ese momento no tenía el poder militar que necesitaba para demostrar el fracaso de las elecciones. Esa política de Reagan fue grosera, torpe,... ¡pensar que con unas elecciones se pueden eliminar todos los problemas de fondo!

Ya lo estás viendo en el desarrollo de la guerra en El Salvador.

Ahora, en la política colombiana fíjate que el cambio de Gobierno de Carter a Reagan se sucede a mitad del Gobierno, cuando ya estaba Turbay. Reagan para Turbay era lógico. A Turbay, Reagan le cae como pepa al ojo. Reagan le daba la razón al proyecto de Turbay, según el cual este país se arreglaba era a coñazos. Por eso ese proyecto pasa sin violar a nadie. La Virgen Santísima se quedó pura. ¿Por qué? Porque el proyecto de Reagan era el que necesitaba Turbay. Fíjate que es cuando se negocian las nuevas armas, helicópteros, etc. Es cuando se negocia la participación de Colombia en el Sinaí; la participación en Centroamérica... entonces Turbay le cae a Reagan perfecto. Y Turbay hace todo lo que le diga Reagan, ¡absolutamente todo! Con una facilidad impresionante... hasta el final jugó el papel ideal para el imperialismo norteamericano. La punta de lanza a nivel económico, político y militar.

Económico porque te acuerdas que lanzó una ofensiva económica, política hablando de trasladar la democracia colombiana al Caribe (jueputa); a nivel militar porque se crean las condiciones para montar la base militar en la isla de San Andrés, o se monta la base mejor dicho, ¿no cierto?... bueno, el tipo ideal para Reagan.

A nivel de guerrilla también se sintió el cambio de Carter a Reagan. Obviamente que con Carter había posibilidades de negociar, de diálogo. En caso de que las cosas llegaran a los extremos, había mayores posibilidades. Estaba viviendo Torrijos, que era una materia muy importante en el área, era el elemento fundamental de negociación entre los extremos. Era además la única persona que podía hacer ese papel. Torrijos. No sólo por su amistad con Carter; no sólo por su amistad con la guerrilla que era muy fuerte. Con nosotros era bastante fuerte esa amistad, además... su influencia política. Era muy buena amistad de ambos lados.

O sea, había los elementos que posibilitaban un diálogo ideal, en caso de llegarse a extremos. Fíjate que se dan toda una serie de factores especiales.

Con la muerte de Torrijos se cierran mucho esas posibilidades. Con la subida de Reagan se cierran mucho esas posibilidades. Reagan entra pues, con el mazo dando y con toda la política que tenemos encima.

Para Reagan la guerrilla significa el absurdo político como lo está demostrando en El Salvador. Frente a todas las propuestas del FMLN ha demostrado una torpeza tremenda... hasta en la misma visita del Papa, políticamente hablando. A la guerrilla en El Salvador no le conviene negociar, hablando en términos claros. Porque la guerrilla salvadoreña está ganando. Cualquier negociación que se haga es una trampa como nos la hicieron a nosotros. Lo que pasa es que el desarrollo militar no es el mismo, nosotros teníamos que negociar obligados. En El Salvador la guerrilla está ganando la pelea, por lo tanto la guerrilla tiene mayor capacidad de negociar. Ya sería estúpido una amnistía allá. ¿Qué es lo que hay que negociar en El Salvador...? Una negociación implica la participación de la guerrilla en el futuro Gobierno que se arme y eso la oligarquía salvadoreña y el imperialismo norteamericano no están dispuestos a negociarlo.., fundamentalmente por las actitudes de Reagan en el área, que son actitudes duras. Reagan no quiere negociar nada, no es el Gobierno salvadoreño, eso es mierda. Porque su política es la vieja política norteamericana, la del garrote. Aunque yo creo que hoy la inmensa mayoría del pueblo norteamericano no está de acuerdo con Reagan en esto. Hoy el diálogo se impone en el mundo, ya no es posible la política de garrote; ésta ya es parte de la historia.

Claro que Reagan no quiere aceptar eso. Porque igual que en El Salvador, igual que en Guatemala, igual que en Colombia o en Honduras, ellos piensan que la solución es militar. Y esto se refleja mucho en Colombia: los militares colombianos están convencidos que ellos pueden derrotar a la guerrilla colombiana, para no hablar de El Salvador.

El envío de Tambs como embajador a Colombia es precisamente el afianzamiento de esa política frente a un Gobierno como el de Belisario Betancur, que en un momento determinado puede pensar que sí es posible ganarle políticamente a la guerrilla. Tambs viene aquí a convencer a los militares colombianos... bueno a los militares no necesita ... pero sí a Belisario, de que toda la salida es militar, de fuerza. Yo creo que la influencia de ese tipo (Tambs) va a ser nefasta en Colombia, y que se va a enfrentar al criterio personal de Belisario. Eso hay que tenerlo muy en cuenta. Pero va a encontrar un gran apoyo en los sectores militaristas. No son sólo los militares, también son sectores de la oligarquía colombiana que piensan con la cabeza de los militares.

Además, Colombia no se escapa de la influencia de los Ejércitos latinoamericanos. La misión militar de Estados Unidos en nuestro país siempre ha sido bastante fuerte. Todos los oficiales colombianos, absolutamente todos, para su ascenso necesitan pasar por un curso norteamericano. Que por lo general son cursos de acción sicológica, son cursos de tortura, de aplicación de sistemas de represión con criterios políticos; de utilización de la computadora; de la informática, con criterios modernos... Son oficiales con una mentalidad aparentemente moderna, pero moderna en la técnica, no en la política. En la política siguen siendo atrasados.

¿Computadora para qué...? Para localizar a la gente rápido, ¿cierto? ¿Informática para qué...? ¿Para el desarrollo de la industria o de la agricultura? No, informática para mantener al Ejército informado de lo que puede pensar o hacer un movimiento guerrillero, un grupo político. La computadora en Colombia la usa el Ejército para programar la última salida que es el golpe de Estado. El golpe de Estado está planificado en Colombia hace rato. Yo no creo que nadie tenga el cretinismo de negar que ese golpe está organizado hace rato. Y está organizado utilizando la computadora. ¿Qué se necesita para dar un golpe?

Primero, detener los factores subjetivos, o sea detener a la potencialidad subversiva, que llaman los gringos: los sindicatos, los partidos de oposición, las figuras democráticas. Eso ya está en la computadora... su casa, dónde viven, cuándo se cambian, todo eso.

Los gringos tienen además un país imaginario en la computadora. Un manual de golpe de Estado que se llama... ¡mierda! yo no me acuerdo cómo se llama esa vaina ... cualquier joda de ésas, no me acuerdo. El oficial latinoamericano cuando pasa el curso tiene que hacer su propio proyecto de golpe de Estado. Cómo son las estructuras políticas, jurídicas, cómo es todo... cómo se organiza un Estado a partir de un golpe de Estado. En Colombia eso está listo. Lo que hay que esperar son las condiciones políticas. En Colombia no se da el golpe de Estado, no porque no haya condiciones, sino porque no se necesita. Yo creo que si Belisario se colocara en un plano de rebeldía frente a los militares, incluso a él no le van a dar golpe de Estado. ¡Hum! Ya crearon instituciones de recambio: Álvaro Gómez Hurtado, que fue el gran gol que le metió la oligarquía colombiana a Belisario. Eso lo prepararon Gómez y Pastrana en Francia... o yo no sé dónde putas... en algún país europeo. La gran solución que reemplazaría a Belisario en caso de... yo no creo que los militares tumben a Belisario. Pero sí pueden poner a Álvaro Gómez. A Belisario le puede dar cualquier enfermedad de garganta, eso en América Latina es normal, enfermedad de avión, cualquier vaina, pero lo van a tumbar. Esta es una posibilidad; la otra es el caso extremo que yo no creo.

R.J.:¿Cómo crees que afectaría en Colombia, para la guerrilla en especial, el triunfo revolucionario en El Salvador?

J.B.:Bueno, es inevitable. Con El Salvador o sin El Salvador. Con Nicaragua o sin Nicaragua la ofensiva del enemigo siempre ha sido y será violenta. ¿En Chile qué te parece? Arrasaron con igual o mayor violencia que en El Salvador. Acabaron con el movimiento popular, cortaron cualquier cabeza, sin miramiento alguno. El enemigo no necesita argumentos para reprimir al movimiento popular, siempre lo van a hacer. Yo creo que después de un triunfo en El Salvador —los norteamericanos saben, ellos tienen claro eso— eso va en contra de los intereses del imperialismo.

No porque los pueblos de América Latina quieran esto, quieran ir contra los Estados Unidos, sino porque este país no lo acepta. No acepta que los pueblos sean independientes: porque nosotros estamos atados a la economía de USA. Nadie quisiera romper con la economía norteamericana, nadie está planteando eso. Nosotros estamos atados, toda América Latina, más que todo por la deuda

Pero bueno, ya se sabe que ellos se van a venir con todo lo que pueden, en eso nosotros estamos muy claros. No creemos que los norteamericanos estén en capacidad de negociar un triunfo popular en ninguna parte y menos durante el Gobierno de Reagan. Ojalá allá, en los Estados Unidos llegaran a una concepción más racional sobre los problemas internos de nuestros países y no se metieran tanto en ellos.

Ahora, después del triunfo, están dispuestos ellos a seguir las relaciones comerciales normales con los países, ¿las relaciones de intercambio? Estados Unidos es una potencia, tiene posibilidades de hacerlo.., además porque ha vivido de todos los países subdesarrollados. Su riqueza ha dependido de eso. Bueno, pero eso ya hoy nadie se los puede cobrar, ya es un hecho. Pero podrían hacer préstamos que se les van a pagar y pueden abrir un poco las puertas al proteccionismo que no deja que América Latina le venda a nadie, y pueden cambiar los términos de los préstamos para que no sean onerosos, ni política ni económicamente onerosos. Hay que pagar intereses, claro. Pero que presten. Hay que negociar la deuda de América Latina, 300 billones de dólares! Eso no lo paga A.L. nunca! ... Entonces seguiremos pagando la deuda siempre. Ellos mismos ya se dieron cuenta que se están tendiendo una trampa grandísima. Porque mientras el desarrollo industrial y económico sea más débil en A.L., mayores serán los compromisos, mayor será la deuda, la dependencia, pero también serán mayores las posibilidades revolucionarias del pueblo. La gente no vive del aire, las gentes tienen cada día necesidades mayores.

Entonces es una rueda sin salida. Los norteamericanos deberían convencerse que tienen que replantear su política exterior, hacerla más sana. Tienen que mirar con buenos ojos a América Latina, no con la voracidad de negociantes.

Es que los gobernantes de Estados Unidos tienen que entender que A.L. no tiene una actitud prepotente frente a ellos. El antiimperialismo no es una política para acabar con los norteamericanos, eso no es cierto. Es falso, el antiimperialismo es una política contra la voracidad de las transnacionales, no contra el pueblo norteamericano.

Estos son nuestros socios, nuestros amigos. Ya los vemos cómo se levantan contra la política de su Gobierno en El Salvador, y cómo será con Colombia... Eso antes no se daba en los Estados Unidos, y mientras mayor sea la intervención mayor será la protesta del pueblo norteamericano, que es práctico, que es de lógica. Entonces lo que hay que hacer es levantarse contra las transnacionales y... hacer la revolución en los Estados Unidos... je je je je.

 

CAPÍTULO II

DE LA ÉPOCA DE LA VIOLENCIA HASTA  NUESTROS DÍAS

 

“El problema de la guerra no es matar”        

“El Ejército colombiano se ha ido politizando a toda velocidad, a partir de las consecuencias políticas y militares de la famosa pacificación del año 48”.

 

  “En todo este período de 1957 a hoy, los únicos que se han mantenido con la voz en alto han sido los movimientos guerrilleros".

R.J.: ¿Qué pasa mientras tanto con el movimiento popular?        

J.B.:Queda latente en primer lugar la gran derrota: 15.000 a 20.000 guerrilleros se rindieron prácticamente, entregaron sus armas. La gran frustración, sus dirigentes fusilados en las calles de Bogotá, en las calles de los pueblos. Pero quedan, quedan gentes rebeldes, gente que no se entrega, especialmente en las zonas de autodefensa. Y queda la inmensa mayoría del pueblo con una imagen de ese momento dominaba el Partido Comunista, derrota, con un sentido de frustración, de engaño, que hoy lo estamos viviendo crudamente.        

El movimiento popular de Colombia no ha podido desarrollarse como lo hizo por ejemplo el de El Salvador, o en Argentina y en otros países. En Colombia el movimiento popular adquiere cierta originalidad porque no se produce como en otros países. Aquí se produce espontáneamente, en forma explosiva, de un día para otro, porque la gente no cree que de verdad haya posibilidades de desarrollar un movimiento legal, pacífico.        

Entonces, existe una democracia aparente, pero con un engaño que es el militarismo en la sociedad colombiana. Por eso el estado de sitio que surgió durante el Frente Nacional ha sido la principal herramienta política que ha tenido la oligarquía para manejar al pueblo. No podemos escapar de esa realidad. Sólo en períodos muy cortos se ha levantado el estado de sitio; por ejemplo, hasta ahora Betancur ha gobernado sin él.        

Ningún partido en Colombia ha podido surgir por encima del estado de sitio. Excepto la Anapo que fue un fenómeno muy coyuntural. De todos modos Rojas Pinilla creó una imagen popular de que sí le podían resolver los problemas al pueblo, por su populismo. De todas formas Rojas Pinilla dejó en la imagen popular esa posibilidad real de cambio. Era la alternativa a los dos partidos tradicionales.        

Pero fíjate que así como se desarrolló, así se acabó, con una facilidad tremenda. Por su inconsecuencia. Porque el pueblo cuando apoyó a Rojas Pinilla pensó que iba a ir hasta las últimas consecuencias, pero Rojas Pinilla engañó a la gente. Cuando ganó las elecciones lo que la gente estaba pidiendo era responder con la violencia al engaño que había sufrido, porque el robo de las elecciones fue evidente, eso nadie lo niega. O sea, los liberales y conservadores se enfrentaron a una realidad política.        

El Partido Comunista, también sufre, si se quiere, de opresión política. El partido Comunista, aparte de todos los vicios y errores que pueda tener, sufre de la hegemonía de los dos partidos tradicionales, sufre de la presencia permanente del estado de sitio y sufre de su propia dinámica, sectaria en cierto sentido, que no se puede desconocer. Sus planteamientos políticos no van acordes con la realidad social que vive el país.        

En Colombia no ha habido una composición orgánica de la oposición porque no hay democracia. Eso es lo básico. La Anapo se desarrolló, pero cuando se convirtió en un peligro se acabó. El Partido Comunista nunca ha representado ningún peligro para la oligarquía colombiana, por eso no se ha acabado. El día que no restrinjan la libertad de participación de la oposición, ahí si va a ser un peligro. Es una oligarquía que maneja esos criterios con mucha claridad. A Rojas Pinilla le dieron la posibilidad no porque fuera oposición. Fue un movimiento popular que surgió de un movimiento electoral. Eso no hay que olvidarlo.        

Rojas Pinilla fue un hombre que se movió electoralmente, y para él fue una gran sorpresa el triunfo de 1970. Él no esperaba ese triunfo. La Anapo no era un movimiento que se expresara en las calles, nunca luchó por el alza de los salarios, no salía a las calles a decir "necesitamos... un barrio nuevo". La Anapo se movió fundamentalmente con criterios políticos, ¿hablamos de política electoral, cierto? Por eso la gente votó por él, porque quería el poder, porque veían en él la posibilidad real de la toma del poder.        

No te olvides que Rojas Pinilla era la historia. Había gobernado a Colombia y le había dado a la gente lo que ningún gobernante le había dado en toda la historia. Aunque fuera demagogia. Les dio aeropuertos, les dio casas... todo lo que hizo alrededor de Sendas, regalaba juguetes, algo les daba. Mientras que la burguesía nunca fue capaz. Ésa es la comparación que hace el pueblo. Éste no es un pueblo que te hace análisis económico. El pueblo ve, y sentía que lo que hizo Rojas fue mejor que lo que estaba viviendo en ese momento con los Lleras, los Valencia...        

Yo creo que la votación de Rojas cogió por sorpresa a todo el mundo. Y ésta es una actitud de las masas que lleva en sí un criterio de poder. Lo que pasa es que la gente cree que con las elecciones se puede ganar el poder. Eso es otra cosa, ¿me entiende? Como lo hubiera podido tener con Salvador Allende. La gente votó por Allende porque sabía que iba a llegar al Gobierno, si no, no vota.        

Por eso la gente no quiere votar por el Partido Comunista, porque sabe que no tienen ninguna condición para llegar al poder. Por muchas razones. Y la gente tiene olfato, la gente no es pendeja, ¿cierto? El Partido Comunista no podrá ser nunca en Colombia un movimiento de masas, y no es porque los comunistas no sean capaces de hacer eso. Es que las condiciones del país no lo permiten. Es un Partido que está por fuera de la mentalidad de las masas... toda la concepción del PCC. Un pueblo muy católico, con un gran sentido de la religiosidad.., que . . .de todos modos, los comunistas no le ofrecen ninguna salida a las masas, ¿cierto? Sin embargo el PC es el partido que mejores planteamientos hace con respecto a las reivindicaciones. Todos son planteamientos correctos. No están por fuera de la realidad. La central obrera que dirigen es consecuente con sus planteamientos de reformas, de conseguir cosas concretas. Y hoy el programa del PC es democrático. No es marxista en el sentido estricto de la palabra, la dictadura del proletariado. El PC no está planteando la dictadura del proletariado. Sin embargo, las masas no lo apoyan porque lleva cincuenta años en la historia de este país, cincuenta y tres años para ser exactos. Y un partido con cincuenta años. . . es bastante difícil que las masas crean ya en eso        

Yo no creo que el hecho de que tengan un movimiento guerrillero sea una condición especial para el PC. Yo creo que es un obstáculo especial. Porque de todos modos tener una guerrilla no es fácil para el enemigo. El PC sabe que no puede pasar el límite de lo aceptable. Ellos no aceptan a las FARC como el brazo armado de su partido. Ni pública ni internamente.        

Para el PC las FARC es un movimiento autónomo. El proceso los ha obligado a aceptar eso. ¿Por qué? Porque los militares no son pendejos y la oligarquía tampoco es pendeja. La oligarquía también le crea al Partido las reglas del juego, porque es un problema de las reglas de juego, ¿no? Si tú traspasas el límite de esa raya, sencillamente te estás colocando al nivel de la subversión.        

R.J.: Aunque formalmente hayan manejado esa dualidad, de todas formas la dirección política de las FARC está en relación directa con el PC...        

J.B.: Y por eso la actividad central de las FARC es como es. Porque si las FARC tienen veintipico de años de actividad militar, ¿por qué no han superado las etapas? O ¿por qué no han llegado al nivel de desarrollo militar a que ha llegado en El Salvador hace dos años, para no hablar de hoy?        

Su combate militar en el espacio y en el tiempo es largo... o sea se hacen combates militares.        

R.J.: ...la tesis de la guerra prolongada        

J.B.:Nooo, la tesis de la guerra prolongada no dice eso... je, je, je,... una guerra infinita más bien...jejejejeje ... que eso es diferente ...jejejeje No, las características no sólo de las FARC sino de todo el movimiento guerrillero colombiano a partir de los años sesentas ha sido la de hacer combates espaciados en el tiempo, creyendo en el fondo que el problema fundamental de la guerrilla es político, no militar. Confundiendo los criterios políticos con los criterios militares.        

Todo el mundo está de acuerdo en que la guerra tiene que ser de masas, que la tiene que hacer el pueblo, y todo el mundo está de acuerdo en que el criterio fundamental de una guerrilla tiene que ser político pero en lo que no estamos de acuerdo es en que para derrotar al enemigo, el Ejército oligárquico, hay que tener un Ejército popular. Y este Ejército popular sólo se crea en el combate, sólo se crea en el accionar militar, no en los planes secos... que yo voy a tener tantos guerrilleros en tantos años! No, no es el plan quinquenal. Es un plan que debe estar determinado por el desarrollo militar. Eso significa acciones militares, eso significa concentración de tropas, eso significa pelear todos los días y colocar al Ejército enemigo en una situación de quiebra absoluta. Ahí no funciona el relativismo y eso lo explican muy bien los expertos en cuestiones militares. Llega un momento en que la guerra... llega un momento no: tu capacidad militar tiene que llegar al punto en que se dé la gran batalla. Llega un punto en que se tiene que dar la gran batalla, que supone la destrucción de la otra fuerza. Ahí no hay posibilidades de retorno.        

Para lograr eso tú tienes que combatir todos los días, todos los días, para llevar la crisis a una situación de definición militar no política.        

Es que nosotros los guerrilleros colombianos también hemos creído que el problema de la guerra es un problema de territorio y no un problema de estructuras. Esto no es una crítica a nadie, no es para atacar a las FARC. Es una crítica a nosotros mismos. Es que hemos creído que para derrotar al enemigo tenemos que conquistar todo el territorio y ésta es una concepción falsa en cuestiones militares. Eso lo decimos ahora porque lo hemos experimentado.        

Estamos en lucha no por el territorio. Estamos en lucha contra una estructura que es el Ejército colombiano, que hay que destruir, no nos digamos mentiras. Hay que destruirlo porque la base de la opresión de la desigualdad, de todo el mierdero que hay en este país, se encuentra ahí. Esa es la columna vertebral del sistema. Cuando esa columna se parta se cae todo. Se está cayendo en El Salvador como se cayó en Nicaragua, y como se cayó en Cuba. Ahí no hay medias nueves. Por eso esa estructura es cada vez más poderosa, más capacitada, más politizada. No es por otras razones.        

Entonces fíjate que el problema no son las FARC. El problema es que la violencia, la misma violencia nos marcó criterios falsos sobre la milicia. Criterios que se mantienen allí en el sub-fondo de cada campesino. El guerrillero colombiano prefiere cazar la venganza, prefiere matar, y ese no es el problema de la guerra. Eso lo ha dicho Ho Chi Minh, lo dice todo el mundo. El problema no es matar, el problema es derrotar al enemigo, quitarle su capacidad de combate. Y para derrotarla hay que darle golpes fulminantes, recuperarle armas, derrotarlo poco a poco en un proceso prolongado que no significa infinito. Significa que todos los días tienes que golpearlos, tienes que crear un nuevo hecho político. Hablo de política cuando hablo de milicia porque cada golpe militar es un golpe político. Porque cuando hablamos de política hablamos de la movilización de masas, hablamos del pueblo. Esa es la política: la capacidad de movilizar a las masas.        

Cada golpe militar —exitoso-- es un triunfo, y cada triunfo te eleva el nivel de conciencia de las masas, eleva la posibilidad de llegar al poder.        

De todos modos, volviendo al movimiento popular, lo importante es que en Colombia no ha podido surgir nunca una oposición orgánica al sistema hegemónico del Partido Liberal y del Conservador, excepto la guerrilla, la guerrilla.          

En todo este período, de 1957 a hoy, los únicos que se han mantenido con la voz en alto han sido los movimientos guerrilleros. Lo que pasa es que los movimientos guerrilleros no han tenido la capacidad para desarrollar esa inmensa simpatía que tienen en el país.. El pueblo sí apoya la guerrilla. Al pueblo lo que no le gusta es la derrota. Y el pueblo va a entrar a la guerrilla masivamente cuando vea que la guerrilla va a triunfar.        

Como lo que pasó con nosotros, con el M-19. Mientras el M-19 estuvo a la ofensiva, ofreciéndoles salidas a las situaciones concretas, el pueblo lo apoyaba, ¿cierto? Ahora cuando el M-19 está tranquilo, y no está accionando, la gente le retira el apoyo. No es por la pretendida posición radical, es por su falta de radicalidad que la gente le retira el apoyo. Eso marca la política colombiana en un período de treinta años. Por un lado el movimiento de masas no se moviliza, no se organiza, como en otros países.        

Es un país marcado por la violencia, por las frustraciones, por la hegemonía del bipartidismo. Es un país marcado por un poder de los militares tremendo.        

La democracia representativa tiene así su expresión más pura en Colombia, dentro de América Latina. Mucho más que en Venezuela o Ecuador. Tú puedes ver que en Venezuela el movimiento guerrillero se integró realmente a la lucha política legal. Fue hasta fácil.        

En el Ecuador no tuvieron ese problema, pero bueno se acabó la dictadura y las gentes se incorporaron sin mayor problema a la vida legal.        

En Colombia no se ha producido eso, pese a las intenciones del presidente de la República. Ningún movimiento guerrillero se ha entregado en Colombia. Entonces no es por radicalismo, no es por mala fe, no es porque los programas no coincidan con Belisario Betancur. Es porque el pueblo, de todos modos, no se volverá a equivocar.., que es en lo que nosotros insistimos cuando hablamos de la amnistía: "No se equivoquen señores, no se equivoquen..." Ayer estábamos revisando la entrevista que hicimos con Consuelo Araujo Noguera donde decíamos estas palabras textuales: "Que no se equivoquen que la amnistía no es la paz. Que no se equivoquen, no van a transformar la amnistía en la bandera que engañó a los guerrilleros liberales en el año 1953. Esas fotografías de miles de guerrilleros entregando sus armas, eso no lo volverán a ver más nunca. Y eso no lo comprendió Betancur, ni Landazábal, ni la oligarquía colombiana. Y no tienen por qué comprenderlo, ellos también tienen sus razones, ¿cierto?        

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