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21 mayo 2014 3 21 /05 /mayo /2014 13:00

JYRPRIMERO ES LO PRIMERO

Por: JOSE YAMEL RIAÑO, 19 DE MAYO DE 2014

“POR LA PAZ HAREMOS HASTA LO IMPOSIBLE”

Jaime Bateman Cayón

Y LO PRIMERO ES LA PAZ.- Me parece escuchar a Gustavo Petro -para muchos el mayor heredero de Bateman- cuando tomó la decisión de apoyar el proceso de paz actual, aún a costas de tener que votar él, junto a los Progresistas, por Santos para que sea reelegido el próximo domingo 25 de mayo de 2014. Y no solamente se adhirió a la campaña de Santos Presidente sino que lideró al interior de su partido (Progresistas), si es que se le puede llamar así al grupo de ciudadanos que inscribieron su candidatura para la alcaldía Mayor de Bogotá, a firmar un acuerdo programático con el Partido Liberal Colombiano donde los firmantes se comprometen a mantener en Colombia el “Estado Social de Derecho” alcanzado por los Colombianos cuando se aprobó la Constitución de 1991.

A ese hecho lo podemos apodar de mil maneras, podemos decir de él  muchísimas cosas, buenas, regulares y malas pero; como lo primero es lo primero, y lo primero es la paz, entonces, tenemos  que aceptar que nuevamente, Petro acertó, solo que esta vez no lo expulsaron de su organización como si sucedió cuando propuso hacer un diálogo sobre lo fundamental –víctimas y tierras- al interior del PDA. Fue tachado de vendido porque disque le iban a dar un ministerio, cosa que nunca sucedió, por no ser cierto, pero Petro se quedó por fuera del POLO al que representaba como Senador y  directivo. Para lo de hoy nadie se ha atrevido seriamente a denunciarlo, aunque algunos compañeros han manifestado que antes de votar por Santos prefieren votar en blanco. Personalmente en un principio tuve dudas; pensé que hacerlo de forma inconsulta, no tenía presentación, como de un tiempo para acá me he venido cuestionando hasta cuándo y hasta dónde vamos a seguir matriculados en esa iglesia que nos enseñaron nuestros maestros; “Nada con la oligarquía. Cuidado con el revisionismo”. Claro, ahora el “coco” es con el “caudillismo” y del  “populismo” es de quienes debemos cuidarnos… y bueno…

 “Nos resbalan” las lecciones de toda esta América Latina hoy. Son los pueblos hermanos que escriben su propia historia con independencia. Algunos de estos en claro enfrentamiento con las clases dominantes de siempre; otros por grandes acuerdos nacionales, pero todos o casi todos, con características similares: Ser gobierno, o hacer parte de él, -siempre por la vía electoral- por tanto; tratar de ¡No ser oposición!. Desde el gobierno; mantener en función el “Estado Social de Derecho” Ampliando y consolidando las libertades y el respeto por los Derechos Humanos, respeto por la propiedad privada, siempre que esta cumpla la función social que le corresponde. En fin conceptos con los cuales todos hemos estado de acuerdo porque hacen parte de la vida de los pueblos. Nada del otro mundo, apenas lo necesario para mantener la dignidad muchas veces perdida o envolatada.   

 Los colombianos somos a veces caprichosos, cuando a nuestros hermanos Latinoamericanos les impusieron las dictaduras militares, nuestro régimen fue “civil”. Ahora que ellos viven regímenes democráticos incluyentes, nosotros todavía estamos en guerra y no pactamos la paz ni entre hermanos pero tampoco formamos un gran movimiento para lograrla. Fuimos con Jaime Bateman los primeros en jugárnosla por la paz. Firmamos y proclamamos la paz con Carlos Pizarro como el gran logro de la época pero ahora nos “rasgamos las vestiduras” porque nuestro Alcalde Mayor nos convoca a no equivocarnos cuando nos corresponde escoger entre el “purismo puro” y una amplia política de Alianzas Democráticas, que convoque a todo el pueblo a construir la paz.    

 Es la Patria la que está en peligro. Si la derecha que dirige Uribe, gana las elecciones presidenciales echa para atrás la firma de los acuerdos y nos esperan otros cincuenta años de lucha fratricida. Si es la derecha tradicional,-que dirige Santos- acompañada de un centro decente como son los liberales, ahora comprometidos con el Estado Social de Derecho y junto a ellos, nosotros, los Progresistas, ojala con algunos sectores de izquierda, será posible que se firme la terminación del conflicto, y si la guerrilla no lo firmara; la democracia de este país convocará al pueblo a pelear por el derecho que tenemos los colombianos de vivir en paz.

 No se necesita ser santista para votar por él. Tampoco nos volveremos liberales o dejaremos de ser quienes somos si votamos por la reelección de Santos. Si se quiere, hay mayor coherencia con nuestros principios votando por Santos que no haciéndolo, porque hacerlo es sin duda votar por ese gran frente por la paz que hay que construir.  Es necesario defender esa Alianza. Si Santos gana ganamos todos porque gana la paz. Si esa ganancia se consolida, es posible que le estemos abriendo la puerta a algo muy grande que es un frente amplio por la democracia y la paz. Ya es hora de dejar de ser principistas, la política se hace es en Alianzas y ellas no siempre son para andar detrás del culo de la oligarquía. Cuando se tienen criterios claros, es posible marchar con dignidad, si por eso se entiende; ganarnos el respeto, respetando a  los aliados. Y si no que lo diga Bateman cuando nos convocó a cocinar El Gran Sancocho Nacional que no fue otra cosa que la convocatoria a la construcción del Gran Frente por la Paz y la Democracia.   

 Fuera de Cuba y Nicaragua, ambas naciones liberadas por la guerra, no hay nación Latinoamericana que haya logrado liberarse o estar en el proceso, que no haya tenido que hacer alianzas; la mayoría de ellas, con sectores de la vieja clase dirigente, responsable del atraso de nuestros pueblos. Si ganamos con Santos, habremos infringido una derrota a la ultraderecha colombiana que puede ser “el principio del fin” de esa rancia oligarquía. Siendo gobierno, entre todos podemos poner en práctica nuestros programas, que a su vez son anhelos y conquistas de nuestro pueblo.

 Y hay que llamar las cosas por su nombre, con mucho respeto tenemos que decir que el voto en blanco esta vez no es lo más aconsejable. En la primera vuelta no cuenta en favor ni en contra del Frente por la paz -en formación- para la segunda vuelta ya el voto en blanco no será opción y hay que derrotar a los guerreristas a cualquier costo. La relación del narcotráfico con la guerrilla y con el militarismo hace mucho daño al país y la derecha tiene allí el mayor pretexto para reprimir.

 Tampoco es verdad que la política se pueda hacer para nosotros solamente, la política debe ser de todos conocida, por eso, esto no es solo para Progresistas. Debe ser para todos aquellos que se interesen por el futuro nuestro, y el de nuestros hijos. Ojalá que el próximo domingo no nos quedemos en casa descansando y menos permitir que se nos alborote el principismo para no votar, o hacerlo en blanco porque queremos que su voto cuente del lado de los que queremos la paz  y si el voto es en blanco no cuenta.

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15 mayo 2014 4 15 /05 /mayo /2014 14:37

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11 mayo 2014 7 11 /05 /mayo /2014 22:00

        corinto

Bolivar

EDITORIAL

 

La crisis

de  Yarumales

 

Es como si la historia de Colombia hubiese encontrado de nuevo un cauce, represado durante varias décadas por la habilidosa maniobra oligárquica, que siempre ha estado encaminada a enfrentar al pueblo con sigo mismo. Mientras tanto, ellos seguirán y siguen aún disfrutando sus privilegios.

Pero ahora la cosa es distinta. Porque el pueblo, los Demócratas, los Patriotas, los nacionalistas y toda la corriente progresista de esta Colombia macondiana, está marchando aceleradamente hacia la conquista de las nuevas condiciones políticas, económicas y sociales que reclaman, que exigen y que merecen los colombianos.

Cuatro años (del 80 al 84) fueron necesarios para que luego de dura confrontación política y militar, cuajara la propuesta de paz que nuestro comandante Pablo lanzara al país como visionario inicio de solución. Y he ahí que al cuajar, ha ocurrido lo que ocurre siempre con los grandes hechos históricos: que se concentran en días, en semanas, en meses, el pensamiento y la acción de los bloques sociales que por años y décadas han venido enfrentados.

Otra cosa es lo que viene ocurriendo en Colombia desde el momento de la firma y del inicio de la tregua en Corinto, en El Hobo y Medellín.

Corinto y Hobo fueron la fiesta popular que vislumbra el futuro; que vive y siente el nuevo poder popular en ascenso. Pero también fue, a la par, el campanazo que hizo ver a la oligarquía lo que ha de ser el inevitable derrumbe de una hegemonía política. De ahí que su respuesta más coherente luego de las manifestaciones históricas de Corinto Y Hobo, haya sido el asedio militar, que tuvo su punto alto de confrontación en la guerra de Diciembre, en la guerra de Yarumales, confrontación militar en la cual afianzamos con las armas la altísima proyección histórica de los tratados de tregua y Diálogo Nacional, que han resultado, con ello, fortalecidos.

Si…, la historia de Colombia ha retornado  su cauce y ese proceso de acumulación de poder popular que se inició en el Cantón Norte en 1978, tiene un claro desarrollo ascendente que se ve, que se siente, que se palpa en estructuras, en hechos, en instrumentos de poder popular, y en algo tal vez más importante: en corazón, en voluntad y en esperanza ardiente de los colombianos, que confían cada vez más en su futuro.

Es una nueva corriente histórica que se ha tomado un cauce para no volver a parar hasta no transformar de veras todo lo que impide que los colombianos puedan ser felices. Una corriente verdaderamente nacionalista, patriótica, popular, democrática, y lo que es más importante: independiente de la tutela oligárquica, que fue precisamente lo que impidió que la antigua guerrilla se convirtiera en fuerza transformadora. Es en medio de ésta crucial situación política, que realizamos ahora nuestro IX Congreso. Y los hacemos así, de cara al país, porque hoy más que nunca nuestras decisiones y nuestra vida orgánica tienen incidencia directa en los desarrollos Nacionales. Y porque el M-19 es cada vez más de todos, por todos, y para todos los colombianos

Ahora bien: fieles a nuestro propósito de hacer que todos los colombianos tomen conciencia de los elementos que se suman en este proceso, hacemos hoy la recopilación de algunos de los documentos de la "crisis de Yarumales". No incluimos todos los documentos que importan desde la firma de la tregua, porque varios de ellos ya han sido dados a conocer a través de dos recopilaciones anteriores a ésta: la revista "en camino hacia la paz", y el artículo: "La política de lo militar". Nos reducimos por lo tanto a los documentos que reflejan nuestros esfuerzos por reducirle el costo militar a la "la crisis de Diciembre", y agregamos hacia el final de la recopilación una entrevista inédita a nuestro Comandante Alvaro Fayad donde se recogen sus impresiones sobre la trascendencia política de los hechos de Corinto y Hobo.

M-19, PRESENTE Y FUTURO

DEL PUEBLO Y DE LA PATRIA

Sm-19

cenefa-rep-01

La convicción

 

dignifica a nuestro

 

pueblo

 

ENTREVISTA A CARLOS PIZARRO

 

Lleras Restrepo dice que los militares pararon los combates en Yarumales y aceptaron la negociación por una razón humanitaria y es que el M-19 usó como táctica lanzar a niños a la primera fila de combate.

Eso es arrancar del final de una premisa que se manejó por varios días en algunos medios de prensa. Se afirmaba que se iba a dar una masacre, que el país iba a presenciar la tragedia de guerrilleros muertos o prisioneros y la derrota total del grupo M19 que estaba en Yarumales. Pero la realidad contradice absolutamente esta afirmación. Porque si algo se dio en el campamento de San Pablo fue un desquite histórico del movimiento guerrillero, acostumbrado a años y años de escaramuzas sin mayor trascendencia política y militar, a años de tragedias como cuando fue cercado en Marquetalia, El Pato, Guayabero, Río Chiquito, Anorí, Coloradas, etc.  

    Pizarro 

 Siempre fue una premisa incuestionable que cuando el ejército comprometía al grueso de sus tropas en una operación calculada de antemano, el destino del movimiento guerrillero era la derrota. Y habíamos acostumbrado al país a que esas derrotas no sólo eran posibles, sino siempre previsibles.  

Pero aquí se da el desquite histórico del movimiento guerrillero porque logramos varias cosas. Logramos, por primera vez en casi treinta años de lucha guerrillera, enfrentar por días y días a las fuerzas contraguerrilleras colombianas, a lo mejor de las armas que tiene el  ejército colombiano, e ir imponiendo poco a poco formas de combate, opciones militares y victorias de la guerrilla sobre la decisión de nuestros hombres. Hay un hecho que permite contradecir, la afirmación de Lleras -la cual simplemente busca darle un poco de oxígeno a unas Fuerzas Armados que fueron derrotadas- y es el proceso que se vivió tal como se vivió.

Cuando enfrentamos la agresión del ejército, estábamos en condiciones de absoluta indefensión por haber dejado al enemigo militar que teníamos enfrente elementos tan importantes como la total iniciativa militar; al haber permitido que, sin ningún tipo de respuesta, el ejército cercara a una fuerza guerrillera; el haber permitido que todas sus unidades avanzaran hasta escasos metros de nuestra primera línea sin que enfrentaran ningún tipo de dificultades. Es decir, permitimos que el ejército llegara hasta el campamento con su moral combativa, con sus hombres, con el uso de todas sus armas, sin haberse comprometido en ningún tipo de lucha de desgaste. Y llegaron con una decisión militar incuestionable, que era entregarle a Colombia el espectáculo triste y el espectáculo desesperanzador de una parte importantísima del M-19 aniquilada, humillada, detenida o destruida.

Ese era el propósito inicial del operativo militar. Por eso se hizo en silencio, sobre la mordaza a la prensa, sobre la desinformación. El objetivo era enfrentar al país con hechos cumplidos.

¿Estaban acaso ustedes en condiciones de dar respuesta ofensiva a esa aproximación del ejército?

Desde el punto de vista militar era perfectamente posible que hubiéramos emboscado a sus unidades, que hubiéramos hostigado, que hubiéramos asumido una actitud ofensiva contra un ejército que se movía libremente por las montañas de Corinto. Lo que pasa es que políticamente era improcedente.

Era preferible que el M-19 arriesgara, como arriesgó su propia vida y la de combatientes valiosísimos y que hubiéramos puesto en juego tantas cosas por algo que aparentemente no merece tanto -pero que para el M-19 tiene un enorme valor- que es la palabra empeñada. Nosotros no podíamos ser los que violábamos los pactos firmados el 24 de agosto en Corinto. El M-19 tenía comprometida su palabra, y como hemos dicho tantas veces, el M-19 se muere pero cumple. Porque solamente sobre el rescate de la verdad, sobre el rescate de la limpieza en todos los planteamientos de una organización convertidos en hechos, solamente con la ruptura de esa esquizofrenia política que consiste en que la realidad nunca se expresa en las palabras y éstas no se corresponden con la realidad, podemos aspirar a la renovación real de nuestra patria.  

Colombia tenía que entrar a ese proceso de guerra a la que nos estaban obligando con la absoluta certeza de que el M-19 había cumplido hasta el final lo pactado, y que había cumplido con honestidad, con dignidad.  

Entonces no queríamos asumir ninguna actitud ofensiva porque era simplemente justificar política y militarmente el cerco que estaban tendiendo contra nosotros. Era darle a los sectores de la oligarquía que manejaban los medios de comunicación y la política en este país, los argumentos para justificar la ruptura de los pactos, de quedar nosotros como los agresores, cuando el país tenía que ver con absoluta claridad quiénes eran los que lo llevaban a la guerra y quiénes eran los que cumplían con los pactos de tregua y de paz que en Colombia se habían firmado.  

Sin embargo, el operativo militar se montó con el argumento de que era el M-19 el que estaba violando lo pactado.

Los argumentos de la oligarquía y del ejército fueron argumentos acomodaticios a cada situación. Los argumentos iniciales eran peregrinos: de que teníamos secuestrados en el campamento y de que habíamos participado en el asalto al Ingenio Castilla, por parte de un grupo que además lo reivindicó -el Quintín Lame- como respuesta al desalojo de los indígenas de una tierra de resguardos de la que han sido despojados por los grandes capitalistas del Valle del Cauca. Inicialmente se manejaron argumentos que no eran los de la zona liberada, ni los de repúblicas independientes. Para las Fuerzas Armadas en realidad no importaban los argumentos: lo fundamental era simplemente la decisión militar de aniquilar al M-19. Cuando esa decisión militar no se pudo realizar, porque encontraron una resistencia inesperada por parte de una guerrilla que se comportaba en una forma nueva, empezaron a buscar los argumentos de antaño para justificar las agresiones de hoy. Sólo entonces hablan de repúblicas independientes, se acuerdan de las trincheras, empiezan a pensar en los campos minados y empiezan a buscar una justificación para continuar la agresión que se inició con pretextos completamente diferentes. No se olvide de que en el campamento se hicieron presentes miembros de la Comisión de Paz y periodistas quienes pudieron constatar que esos argumentos del ejército no eran ciertos. Por eso, la opinión nacional pedía que hubiera claridad en los procedimientos: que si se cuestionaba la legitimidad de lo que el M-19 estaba haciendo, había comisiones creadas para investigarlo y que ello no podía ejecutarse sobre la base de la agresión directa y sobre situaciones de hecho. Porque no le podía hacer culto a esta forma de sancionar el comportamiento de una organización que ha firmado un pacto que debe cumplirse, porque es un pacto suscrito por el gobierno -a través de su Presidente- y la guerrilla a través de sus representantes. Entonces se trataba de acomodar argumentos para justificar la agresión, que es la forma tradicional de comportarse esta oligarquía; era buscar imponer situaciones de hecho a un país, violentando todos los procedimientos normales que en una situación de este tipo deben desarrollarse.

Aparte de los argumentos iniciales, lo que caló en ciertos sectores de opinión fue la negativa del M-19 a que el ejército ingresara a ese campamento; se hablaba de un territorio minado... Eso se impone como realidad ante la opinión pública.

Hay sectores que no quieren la paz en Colombia. Estos son los especialistas del rebusque, de la política arrogante de imponer decisiones por la fuerza. La realidad es otra. Lo que el M-19 no podía tolerar era que llegara el ejército después de haber montado un cerco y una operación de aniquilamiento que fue registrada por la monitoria, que fue percibida por los campesinos y denunciada por nosotros antes de comenzar el combate. Nosotros no nos oponíamos al ingreso de representantes oficiales en nuestro campamento, como lo dijimos tantas veces, sino a un procedimiento que conducía a aniquilarnos política y militarmente; no podíamos permanecer impasibles y dejar que el país contemplara como un grupo de combatientes se dejaban castrar de pie, simplemente para no provocar de parte de algunos editorialistas y de esos sectores de opinión ese tipo de comentarios.

La agresión, que montaron contra nosotros puso en movimiento a lo mejor de la contraguerrilla colombiana traída de todas las brigadas como una política del ejército; y fue aprobada además -según los informes que tenemos- por el mismo Presidente de la República. Entonces, no estábamos dispuestos a que semejante operación encontrara a la organización indefensa.  El M-19 tiene pactos que cumplir pero también la responsabilidad de salvar para el futuro a una fuerza que representa una esperanza para los colombianos;  y tiene que dar también a los colombianos la garantía de que somos una organización con futuro, y no una organización que se arrodilla ante cualquier tipo de agresión. Nosotros, ni aceptamos militarmente la derrota que ellos querían que sufriéramos, ni aceptamos las imposiciones de firmar nuevos pactos como ellos pretendieron que hiciéramos cuando ya era imposible asegurar nuestra derrota militar por parte de sus armas. Entonces, derrotada la ofensiva militar, necesariamente teníamos que derrotar también la pretensión de humillar al M-19 con alternativas políticas inaceptables como era el desalojo sin armas y sin uniformes, o de que nos fuéramos a unos filos escarpados donde no van ni las cabras, alejándonos del pueblo y alejándonos de la vida política del país. En ese momento lo que se exigía era una respuesta de honor y de dignidad que fue la que dimos durante todo el tiempo en la defensa del campamento.

Lo que nos piden los editorialistas de la gran prensa, es que aceptemos el aniquilamiento del M-19 a cambio de nada, o a cambio de la desesperanza nacional, y de que aceptemos las imposiciones porque ellos representan en este momento el poder político en Colombia. Nosotros tampoco podemos aceptar que escudándose con argumentos jurídicos y agitando artículos de la constitución se pretenda violentar un proceso político surgido de un consenso nacional y de la sensatez de la clase dirigente, como son los pactos firmados en Corinto. Ni podemos aceptar que se aproveche, de mala fe, los pactos firmados para colocar a la guerrilla en indefensión y aniquilarla porque si el estado tenía la capacidad de aniquilarnos antes de los pactos, mal hicieron en firmarlos. La realidad que se impuso el 24 de agosto fue la de la imposibilidad de aniquilamiento y lo que los pactos cuestionan de hecho es la capacidad de las Fuerzas Armadas de definir por las armas un proceso político en el que la inmensa mayoría de los colombianos está buscando alternativas diferentes para resolver sus problemas sociales y económicos.

Entonces se impuso la sensatez en aquella época, no se podía aceptar que se trampeara la buena fe de los colombianos con la agresión, con la emboscada, con el asalto, como se vivió en dimensiones inmensas contra los guerrilleros del M-19 en San Pablo. Nosotros no firmamos en Corinto el desarme del M-19, ni la desaparición del M-19 como movimiento armado o como movimiento político. Ahí lo que hicimos fue afirmar nuestra existencia y abrir un proceso político en el que todavía estamos buscando que esas contradicciones sociales, que las dificultades que el país enfrenta, que este estancamiento nacional, no tenga que resolverse por el camino de las armas, sino por vías diferentes y menos costosas.

La columna de Lleras, como tantas otras, sólo busca la justificación de la situación política, de la traición y la falta de palabra y de entereza de las Fuerzas Armadas y del Gobierno con un proceso que se firmo de cara al país. Y por eso fue importante que el país viviera, con los ojos abiertos, esta guerra que se dio en Corinto.

¿Cuáles son los hechos que les advirtieron a ustedes la actitud ofensiva, por parte del ejército? Por qué habla usted con tanta certeza sobre el propósito de aniquilamiento al referirse al acercamiento de la tropa al campamento?

Mire: primero fueron ochocientos hombres, al norte nuestro, en la cuchilla del Cabildo; más cientos de hombres ubicados en Las Cruces, cientos de hombres en la cuchilla de Los Alpes, que queda al suroccidente de donde estábamos, y trescientos contraguerrilleros al mando de un Mayor, ubicados encima del campamento, en la cuchilla de Yarumales. Después fue la actitud agresiva de esas unidades que no sólo se aproximan al campamento sino que irrumpen violentamente contra nuestras líneas, contra pequeñas avanzadas de dos hombres como fue la que encontraron ellos en la primera confrontación. Además estaba el monitorio permanente que interceptamos y registramos -y entregamos luego a la Comisión de Paz y a la prensa- que nos mostraba no sólo la actitud normal de patrullaje de una zona sino fundamentalmente el montaje total de un operativo de cerco y aniquilamiento. Finalmente, esto quedó demostrado con el comportamiento de la tropa durante los primeros cuatro días, que buscaba romper nuestras líneas de defensa para obligarnos a mover nuestras fuerzas en dirección a donde estaban colocados ellos en posición ventajosa y poder aniquilarnos. Era clara su búsqueda de que la guerrilla del M-19, que se encontraba dentro del campamento, mal armada, con muchos reclutas, con muchos hombres sin experiencia combativa, con mucha gente que estaba ahí de visita, tuviera que desplazarse para ser objeto de persecución con helicópteros artillados y por lo mejor de la tropa antiguerrillera del ejército colombiano.

Es decir, todo lo que se hizo fue una agresión. O era el silenciamiento inicial de la prensa; las denuncias -en las que Belisario era una voz más del coro- según las cuales el M-19 boleteaba y secuestraba, para darle piso político a la ofensiva militar; la famosa amenaza de Vega Uribe antes de la agresión cuando decía que el M-19 no haría más manifestaciones públicas porque ellos lo iban a impedir y que además no existirían asentamientos como el del M-19 en San Pablo porque ellos iban a acabar con esa situación. "cómo", le preguntaron los periodistas. "Esa es la sorpresa", les contestó. También comprendimos el sentido de los espectáculos en la televisión colombiana en los que mostraban a la artillería, a contraguerrilleros  aerotransportados, a la infantería, desplazándose por una montaña que se rendía en pocos minutos o si mucho en pocas horas ante la fuerza combinada de las Fuerzas Armadas.

Eran demasiadas las cosas que se sumaban -una tras otra- a esa situación de cerco progresivo. La sola afirmación del Ministro de Defensa de que ese operativo era una acción de rutina, de que sólo se estaba patrullando la región, cuando se trataba de una operación militar con miles de soldados, restricciones a la población y con una actitud agresiva como la que estábamos viviendo, nos indicaba que había una decisión política y militar de aniquilar al M-19. Esa decisión no podía en ningún momento enfrentarse con una actitud pasiva. Nosotros no somos ovejas que van al matadero. Lo que había ahí era una fuerza combatiente, una fuerza guerrillera, una serie de hombres que tenían el valor y la fuerza suficiente para transformar las condiciones más difíciles en una victoria militar.

Y por primera vez en la historia de Colombia el ejército encuentra a la guerrilla en las condiciones de indefensión más grandes desde el punto de vista militar y sale derrotado. Yo creo que ese es el hecho que hay que resaltar en este momento. Ante este hecho la guerrilla se llena de razones ante el país para hablar con la frente en alto, porque hemos cumplido con honor la palabra empeñada en Corinto, es decir, el M-19 a riesgo de la vida de sus combatientes, aguardó la agresión, pero cuando la agresión se vino, dio la respuesta que el país esperaba que diéramos. Sabemos que hoy Colombia se siente descansada porque no vivió la tragedia del ELN en Anorí, o la de miles de colombianos en Marquetalia y Río Chiquito, porque no vivió el destrozo de una fuerza en la que los colombianos están apostándose el futuro. Esa es la realidad nueva que tenemos que analizar.

Si bien el país conoció la magnitud de los combates, también vio una voluntad negociadora por parte del Gobierno que permitió ponerles fin. La comisión de paz subió a San Pablo el 15 de diciembre, el 23, y a comienzos de enero para lograr el acuerdo final. Lo que el país vive es la realidad de un gobierno que al producirse un rompimiento de la tregua enfrenta la situación con voluntad de negociar y de lograr la paz.

No hubo voluntad de paz ni voluntad de negociar por parte del gobierno el día 12 de diciembre cuando comenzó el mortero, ni el 13, ni el 14, ni el 15. No hubo una actitud de interesarse por ese problema durante cuatro días esperando una operación militar exitosa por parte de las Fuerzas Armadas contra el movimiento guerrillero del M-19. Durante todos esos días no hubo sino silencio, mordaza a la prensa, desinformación al país. Ahí dieron el tiempo suficiente para que los militares cumplieran seguramente lo pactado con el alto gobierno de que en uno o dos días se resolvería la situación del M-19 como problema político y militar. Ese fue el hecho real. Por eso la agresión tuvo la dimensión que tuvo. Por primera vez el país vivió una batalla de cuatro días en la que intervinieron helicópteros artillados, tanquetas, morteros 81, 60 y 120, lo mejor de la contraguerrilla colombiana, miles y miles de soldados; por primera vez se vive una batalla de esas dimensiones sin que el país siquiera se entere. En ese momento no hubo voluntad de negociación.

Hubo voluntad de negociación al crearse un conflicto por el desalojo de los campesinos de la zona en razón del bombardeo, por la denuncia de los campesinos de la situación de guerra que se estaba presentando en Corinto, por la resistencia heroica del M-19 en el campamento, por la incapacidad del ejército de lograr una solución militar en esos días. Entonces se presenta el primer intento de búsqueda, o al menos de recoger información directa. La primera comisión llega por la presión de sectores democráticos que han trabajado con honestidad por este proceso de paz; llega después de haber sido saboteada por el Ministro de Gobierno quien esperaba una solución militar rápida del conflicto; y como ésa no se da, como es imposible seguirle mintiendo al país, ocultando lo que estaba pasando, se permite la llegada de la Comisión de Paz el 15 de diciembre. Pero la llegada de la Comisión de Paz no significa una fórmula de negociación sino una oportunidad para que el gobierno plantee una fórmula de rendición al movimiento armado violentando todos los pactos firmados, esa es la misión encomendada a Laura Restrepo, César Barreto y Carlos Morales.

Ahora mientras están en el campamento los miembros de esa Comisión, sufriendo ellos también el bombardeo por parte del ejército, logramos que entraran periodistas y que el país se enterare de lo que estaba sucediendo. A ellos  también les tocó vivir y ser testigos de primera línea,  junto a los de la Comisión de Paz, de la agresión contra el M 19 en Corinto. Y ya no era sólo contra el M-19, sino también contra los representantes del gobierno, los de la Comisión de Paz que sufrieron los bombardeos con helicópteros y artillería durante los días que estuvieron en el campamento.

Hasta ese momento no hay una voluntad negociadora. Como tampoco la hay en la segunda comisión que se nombra y que llega a San Pablo para la navidad. Esta llega con fórmulas de rendición, con fórmulas que son inaceptables pues plantean que la única solución es que el M-19 se acoja a lo planteado por el Ministro de Defensa. Es decir, esta delegación, encabezada por Bernardo Ramírez, simplemente viene a presentar un ultimátum y eso no es comisión de negociación. Pero llega con ese ultimátum cuando ya el ejército ha sufrido su primera derrota en el campamento porque nosotros contraatacamos en el filo de Yarumales  y desalojando a lo mejor de la contraguerrilla colombiana de la posición dominante que tenía y la única que le facilitaba la toma del campamento si rompía nuestra primera línea de defensa. Durante más de diez días estuvimos sosteniendo heroicamente esa línea y no les fue posible romperla ni con el uso de morteros, ni de lo mejor de sus hombres. Este es un elemento valioso porque frente a esa derrota militar sube la comisión, a "negociar" pero todavía siguen con fórmulas arrogantes e impositivas y todavía se escucha al ejército afirmar que la única solución viable es la planteada por ellos: nuestra rendición.

Como fórmula intermedia, el gobierno plantea un pacto de navidad: entregarle a Colombia entera una navidad en paz. Resulta que esa promesa y ese pacto, firmado por el Ministro de Gobierno, a través de su representante, y por los representantes del M-19, lo viola el ejército apenas salen los comisionados del campamento. Entonces continúa la confrontación.

Pero la arrogancia y la prepotencia del ejército, empeñado en una solución militar del conflicto, se enfrente nuevamente a la decisión del M-19, cuando atacamos su puesto en la pequeña población de San Pablo en la parte baja del campamento el 1º de enero, causándoles un gran número de bajas. En ese momento encontramos nosotros que la prepotencia da paso a la búsqueda afanosa de soluciones políticas y de negociación por parte del gobierno. Y lo que antes parecía imposible plantear porque no había Ministro que lo escuchase ni gobierno interesado en oír las fórmulas del M-19, se vuelve fácil y rápido de solucionar cuando el M-19 vuelve a derrotar unidades de contraguerrillas del ejército colombiano y cuando el ejército siente que no hay moral ni decisión en sus tropas de subir a un filo -en la parte alta del campamento- que ya considera imposible de tomar nuevamente. En ese momento el gobierno busca la opción política para solucionar este conflicto. Pero la busca no sobre el desarrollo de negociaciones sino sobre el desarrollo militar que se desenvuelve exitosamente para las filas de la revolución y desastrosamente para el ejército colombiano. Entonces, tras 22 días de combate, el gobierno firma en horas -aun teniendo un compromiso como era el entierro del Ministro de Defensa Matamoros y manteniendo a los Ministros de  Gobierno y defensa en Cali- un nuevo pacto que permite una solución política y militar a un conflicto que militarmente había sido imposible de resolver. Esa es la situación y ese es el desenvolvimiento exacto de la negociación. Es decir, el espíritu de negociación se gestó sobre la incapacidad real de destruir las armas de la revolución.

Ahora, hay un elemento que analizamos anteriormente. Esta oligarquía se ha acostumbrado a pactar solamente cuando el movimiento revolucionario demuestra que no se deja humillar, que tiene fuerza, que tiene el potencial suficiente para contrarrestar la acción aparentemente decidida de las Fuerzas Armadas. Así logramos llegar a Corinto: haciendo una y otra vez demostración de que el M-19 tenía la contundencia suficiente para sustentar sus propuestas de tregua y diálogo, de paz; y eso lo refrendamos con mucha mayor claridad durante 22 días en los combates en Yarumales. Aquí constamos, una vez más, que la oligarquía colombiana se ha acostumbrado a no entender sino cuando hay embajadas de por medio, cuando hay ofensivas militares de por medio, cuando hay morterazos a palacio de por medio, cuando hay victorias militares de por medio.

Explíqueme por qué sobre la base de esa capacidad militar de la que usted habla, el M- 19 acepta una tregua de navidad, si se acaba de producir una victoria militar sobre un grupo de contraguerrilla fundamental para llevar a cabo el propósito de aniquilamiento, y por qué acepta la segunda negociación que viene después del ataque al puesto del ejército en San Pablo.

Por una razón sencilla: porque nosotros no somos un movimiento militarista, porque nosotros como organización política nos distinguimos por un esfuerzo sincero y permanente de responder a las expectativas de la nación. Colombia quiere la paz. Colombia cree sinceramente en que hoy la paz beneficia al conjunto de sus hijos; porque los colombianos no han visto agotarse totalmente la posibilidad de entrar en un proceso de reformas a nuestro sistema político y a nuestra vida en lo económico y lo social a través de caminos diferentes al armado. Colombia tenía esperanzas de que la paz continuara pese a la agresión del ejército, y el M-19 da una respuesta afirmativa a esa esperanza nacional. El M-19 planteó durante todo el conflicto que si la paz tenía un nuevo espacio, el M-19 lo defendería; y de hecho lo hizo. Para ese momento, no teníamos ya preocupaciones militares. Los momentos más duros los habíamos superado. Pero está un país de por medio: y el M-19 no puede imponer, como la hacen los militares, decisiones de fuerza cuando la nación espera decisiones distintas a la fuerza para solucionar sus conflictos y entrar en un terreno de prosperidad y de construcción de una patria más amable. Entonces, simplemente, estamos respondiendo al querer nacional, sin olvidar que esa buena fe de los colombianos en el proceso de paz fue lesionada.

Pero de todas formas ustedes mantienen la alternativa de las armas expresada en esa fuerza militar acampada antes en San Pablo y ahora en Los Robles.

La realidad nuestra es que tuvimos el mayor desarrollo militar de este periodo cuando comenzó la agresión del ejército, y como respuesta a esa agresión se manejaba una información completamente falseada ante la opinión nacionaI: se decía que el M-19 tenía un fortín militar y el grueso de sus hombres en Yarumales. Lo cierto es que el M-19 tenía una fracción reducida de sus hombres en Yarumales, una fracción reducida de sus mandos, y tenía un número de armas irrisorio cuando comenzó el conflicto. Esa es la realidad. El M-1 9 tenía más cuadros en el Diálogo Nacional que en la cuchilla de Yarumales. Ahí teníamos setenta cuadros del Frente Occidental y un grupo de cien hombres que fueron reclutados en Corinto de cara al país, y reclutados porque ellos se vinieron con nosotros y nos obligaron a incorporarlos, aunque parezca absurdo.

Eso sí no lo cree nadie; o sea que la organización se 'sacrifica" y recibe reclutas.

No. Es que los reclutas imponen su presencia. Desafortunadamente hay que creerlo porque así es: son los miles de hombres que se inscribieron en Corinto de los cuales solamente cien estaban en el campamento. Si se inscribieron tres mil hombres en Corinto y sólo cien están, es porque el M-1 9 le tuvo que decir a mucha gente que no. Y parece absurdo pero ésa es la realidad. ¿Por qué? Porque en Colombia, no mucha gente cree en la posibilidad de desarrollo de este proceso de paz. Y no cree porque le ha perdido fe a este gobierno y a las Fuerzas Armadas; porque independientemente de que se firmen pactos, la gente está acostumbrada a que los pactos duran hasta que la confianza en el contrario lleva a bajar la guardia y a ser fácil presa de una oligarquía acostumbrada a imponer por la fuerza sus criterios.

Había mucha carreta de por medio en torno a lo que era esa fuerza militar del M-19 en el filo de Yarumales.

Pero independientemente de eso, el M-19 nunca firmó el desarme. El M-19 firmó una tregua en Corinto. Y la tregua significa la existencia de un movimiento armado, significa la existencia de armas... Y si el gobierno aceptó esa existencia de armas cuando firmó, no tenía ninguna autoridad moral para violentar lo pactado e imponer nuevas condiciones a nuestra organización. La agresión que se libró contra nuestro campamento en Yarumales era entonces un abuso de confianza contra el país y contra el M-19. Porque si se había aceptado una realidad política y militar en Colombia, como era la existencia de un movimiento armado en tregua, había que cumplir hasta la saciedad con lo pactado o decirle al país de frente y con toda claridad que el gobierno no estaba dispuesto a seguir cumpliendo.

Pero ellos querían ganar en la política y ganar en la guerra; querían ganar en la guerra con el aniquilamiento del M-19 y ganar en la política justificando, con los argumentos más traídos de los cabellos, de que no estaban violentando la tregua cuando habían montado tamaña agresión contra nuestra organización. Si el gobierno colombiano no estaba empeñado en la tregua, que no emboscara al movimiento guerrillero; que simplemente notificara al país "se rompen los pactos” y el movimiento guerrillero y el país hubieran por lo menos respetado más a este gobierno que era capaz de decir que se había equivocado de camino o que era improcedente seguir con lo pactado. Pero el camino de falsear la verdad, de querer ganar siempre por el manejo de los medios de opinión, de querer tener la razón siempre así esa razón esté lejos de su lado, son los métodos que la nación repudia. Nadie que quiere la paz estuvo de acuerdo con el comportamiento de los militares en este periodo. Todo el mundo sabe que el M-19 tenía toda la autoridad moral, toda la razón, para asumir el comportamiento que asumió. Hasta el mismo general Ayerbe Chaux decia que lo que el M-19 hizo en el campamento de San Pablo es lo que haría cualquier fuerza militar que tiene que defenderse, una trinchera no es agresiva ni agrede a nadie, una mina no se acciona si alguien no penetra dentro de ella y una mina no se coloca si no hay una agresión previsible o una agresión directa.

Ningún movimiento guerrillero acepta además semejante indefensión si no es porque quiere dejar en claro que tiene la razón política pera emprender una guerra. Porque si en Colombia se desencadena la guerra civil, va a ser tan larga, que es importante que todos tengamos la absoluta certeza de quién tiene la razón.

Nosotros no queremos ir a una guerra civil con dudas por parte de ningún sector del país. Queremos que los hombres honestos de Colombia sepan que por la paz y en la búsqueda de caminos diferentes al de la guerra el M-19 ha agotado todo.

Afirma Usted que en la agresión el M-19 encontró un camino de fortalecimiento militar. ¿Qué es lo nuevo?

Como decía antes, esto que pasó es el mayor desquite histórico de la guerrilla colombiana. ¿En qué sentido? El movimiento guerrillero está acostumbrado a las escaramuzas y en las escaramuzas se aprende poco; el movimiento guerrillero colombiano está acostumbrado a rehuir el combate con el ejército; está acostumbrado a principios tácticos equivocados desde el punto de vista militar como es el de que toda posibilidad de que se fijen a la guerrilla al terreno es el primer paso para su aniquilamiento militar; la guerrilla colombiana está acostumbrada a ser una fuerza trashumante que anda y desanda este país por todos lados produciendo alguna acción de sorpresa, teniendo algunos éxitos tácticos que no representan un salto en calidad en la confrontación militar y no permiten la consolidación suficiente para intentar caminos nuevos y caminos de poder.

Por ello, es insólito lo que se vivió en San Pablo. Por un lado, la guerrilla acepta que la movilidad no es solamente el desplazamiento por un espacio físico sino la actividad interna permanente, aún en la defensa. El movimiento guerrillero asume además que el cerco no es una tragedia sino una oportunidad espléndida para combatir. Y por primera vez el movimiento guerrillero no sale del cerco, sino que penetra, dentro de él para combatir al enemigo. El movimiento armado le enseña a las masas que el cerco, considerado como la peor situación que puede sufrir la guerrilla, puede ser enfrentado exitosamente y recuperar la confianza en la palabra empeñada de los revolucionarios de que la guerra es una guerra de verdad por el poder: una guerra donde se puede derrotar al ejército enemigo.

Igualmente, el movimiento guerrillero aprende que perdida la sorpresa y perdida la iniciativa militar, ésta se puede recuperar, y se puede recuperar partiendo desde posiciones difíciles en la medida en que exista como supuesto básico la decisión de combate y el heroísmo de los hombres. Es decir, el movimiento guerrillero aprendió algo que es fundamental: que el despliegue total del heroísmo de cientos de hombres defendiendo un ideal los hace capaces de irse creciendo poco a poco en el enfrentamiento e ir quebrando la voluntad de combate del enemigo. Es decir, la victoria fundamental aquí es la victoria del hombre, del hombre que se siente firme con un ideal, que siente que hay elementos de honor y dignidad que son vitales para su consolidación como hombre, como combatiente y como colombiano, que el destino de una organización y la esperanza de un pueblo valen la vida. Y colocado todo eso en la balanza del combate, pesa más que todos los morteros, pesa más que todos los cañones, pesa más que todas las tanquetas y helicópteros artillados, pesa más que la voluntad de combate del ejército colombiano. Porque el ejército colombiano fue heroico los primeros días; fue decidido en el combate durante los primeros días. Se puede ser valiente uno, dos o tres días cuando no lo mueve a uno un ideal, pero en la medida en que pasa el tiempo, en que los muertos empiezan a aumentar, en que la fatiga física de los combates y las tensiones de la guerra se convierten en lo cotidiano para un soldado que no tiene ideales, la moral se resquebraja. Y nosotros vimos resquebrajarse la moral de los mejores soldados del ejército colombiano.

En San Pablo hubo, en últimas, un enfrentamiento de una belleza humana muy grande que puso en juego el heroísmo y la pobreza de medios de un grupo de hombres ante el poderío militar y la riqueza de medios, pero sin ideales, de su contrincante. Ahí sólo podía ganar el heroísmo limpio de los hombres con ideales revolucionarios. Y poco a poco fuimos viendo cómo se desmoronaba la moral de la tropa enemiga y fuimos viendo como el soldado y el oficial ya no querían subir esas montañas porque sabían que los esperaba la muerte sin sentido, que nada justificaba jugarse la vida en esa montaña de Yarumales.

En nuestras filas, en cambio, se iba incrementando la moral, y nos íbamos creciendo en el combate. Sacamos generales de 16 años, de 20 años de 25 años, crecidos en el combate. El ejército nos regaló a nosotros un ejército. Porque nos dio algo que no se le puede dar al combatiente en ninguna escuela, y es la confianza de poder derrotar al enemigo cuando se siente la razón en las propias manos. Y eso es elemento fundamental de todo esto que se vivió en Corinto

Otro aspecto más: el movimiento guerrillero, durante días y días entra y sale en medio de tropa enemiga, sin mucha dificultad. Vivimos cara a cara con ellos peleando metros por una posición dominante durante días y días y vimos crecer nuestros recursos logísticos, llegar armas, llegar munición, llegar hombres, llegar la población campesina con la comida que necesitábamos para poder mantener la resistencia; vimos la denuncie de nuestros campesinos en Corinto, Miranda, Florida, Cali; recibimos mensajes de nuestro pueblo en que nos decían, "qué tengo que hacer", vimos campesinos que ya no le temían al ejército, confiados por fin al contar con una fuerza en la que pueden escudar su debilidad.

Nos crecimos en todo. Hoy podemos decir que el M-19 es una fuerza nueva y tiene a su lado un pueblo nuevo. Hoy podemos decir que la autoridad y la credibilidad en el M-19, en su manejo de la política y de la guerra, es inmensa. Nuestro pueblo sabe hoy que podemos hablar su lenguaje, pero también que podemos vencer con hechos. Y eso es una victoria de carácter estratégico. Por eso el ejército colombiano no fue meramente derrotado militarmente; el ejército fue derrotado en la confianza que tenía: vio naufragar sus concepciones contraguerrilleras, vio naufragar sus mejores medios, vio naufragar generales empeñados en una batalla imposible de ganar. Nosotros creemos que el ejército colombiano hoy tiene que renovarse profundamente si quiere cambiar, pero fundamentalmente tiene que renovarse políticamente para poder ganar este pueblo a su lado. Sin este pueblo y sin la razón histórica para ir a la guerra, el ejército colombiano está llamado a la derrota.

Pensamos que hoy el M-19, si le toca transitar por los caminos de la guerra civil, tiene la victoria en las manos porque sabe que es fácil desboronar la moral de este ejército, porque sabe que él cambia con una lentitud enorme, que tiene problemas de acomodarse a la realidad de una guerrilla dispuesta a librar no solamente una escaramuza o una emboscada, sino batallas definitivas y batallas por la vida o la muerte.

Es decir, hemos dado el salto que necesitaba dar la guerrilla colombiana. Hoy nace una guerrilla nueva en Yarumales.

Usted me quiere hacer creer que con base en el heroísmo y la convicción, un grupo de 170 hombres mal armados, en condiciones de indefensión y con poca experiencia combativa vence a siete mil hombres que cuentan con todos los recursos técnicos y humanos del estado…  eso es muy difícil de creer...

El heroísmo es lo más desprestigiado del mundo hasta que demuestra sus posibilidades. Nosotros decíamos en esta campaña que si los Judíos habían resistido en el gueto de Varsovia tantos meses contra el ejército alemán -lo mejor en aquella época- por qué nosotros no íbamos a resistir unos cuantos días y derrotar al ejército colombiano. Si hemos visto a los salvadoreños pelear en un volcán contra las fuerzas combinadas del ejército salvadoreño con toda la ayuda norteamericana y los hemos visto vencer, creemos en el heroísmo. Si hemos visto barrios en las ciudades Nicaragüenses enfrentando a la Guardia de Somoza y derrotándola; si hemos visto como doce hombres que quedaron del Granma fueron capaces de hacer la epopeya de la Revolución Cubana; si hemos conocido el heroísmo del pueblo vietnamita enfrentado al ejército norteamericano y venciéndolo, ¿por qué no vamos a creer en nuestro propio heroísmo?.

En Colombia tenemos que recuperar la confianza en nosotros mismos. Por eso nos alegra cuando vemos a los ciclistas colombianos enfrentarse a los grandes monstruos europeos del ciclismo profesional. Estamos recuperando la convicción de que entramos a las peleas para ganar, de que tenemos la capacidad de ganar, y de que podemos mirar al enemigo de frente; que ese enemigo no es tan poderoso como la propaganda y sus éxitos militares frente a un comportamiento guerrillero anticuado ha dado a entender hasta hoy en día.

Ahora: no basta con el heroísmo de los hombres. También se requiere un manejo acertado de la guerra. Y nosotros lo tuvimos. Aprovechamos a fondo todas las ventajas de una posición, de una pequeña montaña, de un filo con características especiales, para que esos pocos hombres y esas pocas armas fueran superiores a las del enemigo en todas las condiciones que se presentaron.

Nosotros vivimos una situación difícil por algunos días, mientras el ejército estuvo en una posición dominante porque si rompía nuestras líneas desde esa posición, fácilmente podía hacernos mover del campamento, no aniquilarnos, pero sí desalojarnos lo cual sería una victoria militar para ellos. Pero aprovechamos a cabalidad este filo: hicimos lo que en términos militares se llama una defensa circular de campamento; teníamos hombres por todos los flancos que podían enfrentar la agresión por cualquier lado. Al mismo tiempo hicimos y trabajamos adecuadamente una defensa de montaña donde aprovechando las condiciones propias de la montaña, una fuerza pequeña y débil puede controlar los espacios que tiene frente al movimiento del enemigo.

El ejército tenía siete mil hombres en la zona pero en los sectores concretos por donde lanzó sus fuerzas, no podía movilizar siete mil hombres a la vez por un problema elemental de espacio. Lanzaba en diferentes oleadas una y otra vez un número determinado de hombres que podían ser contrarrestados por pocos hombres nuestros mal armados.

Fuera de eso, la configuración de la montaña permitía que pudiéramos reforzar, en corto tiempo cualquier punto que fuera atacado por el ejército y colocar un mayor número de hombres en la dirección por donde viniera el ataque principal. Eso lo hicimos en la etapa inicial del combate cuando el ataque vino por la parte alta, desde una posición dominante, y cuando el ejército intentó abrir un nuevo frente y una nueva dirección de ataque por el filo también dominante pero indudablemente menos ventajoso de San Pedro.

Hicimos una fluida defensa donde no había ninguna posición estática ni ningún hombre fijo al terreno. Y pudimos mover durante todo el combate hombres de una posición a otra buscando siempre tener solidez donde el enemigo movilizaba a sus hombres. El ejército no podía mover sus hombres con la misma rapidez que nosotros: se demoraban horas o días en abrir un nuevo frente de combate, mientras que nosotros podíamos en cuestión de un rato remediar cualquier brecha que se pretendiera abrir contra nuestras líneas.

Igualmente, aprovecharnos todas las técnicas ingenieras y convertimos una pala común y corriente, con la que trabaja cualquier campesino, en la mejor arma contra los morteros; y vimos caer los morteros constantemente, sin causarle mayores dificultades a nuestras fuerzas, porque teníamos esas obras ingenieras que garantizaban la protección de nuestros hombres: abrigos, trincheras, pozos de tirador cubiertos, etc.

También aprovechamos a fondo el arma del pobre que es el explosivo. Y colocamos explosivos alrededor del campamento para que se hiciera más lento el avance de los agresores…más costoso. Eso fue creando pánico en sus filas.

Y dimos la orden -en vista de una situación militar excepcional y porque el enemigo estaba pegado a nosotros- de que al costo de munición que fuera se evitara que el ejército rompiera nuestras líneas aprovechando los roquets, granadas y morteros para moverse. No hubo la economía de munición que exige la guerra de guerrillas porque la situación que vivíamos lo hacía imposible; lo hicimos a costa de las reservas de todas las unidades que no estaban comprometidas directamente con el ataque del ejército.

Por otra parte, desde el punto de vista militar rompimos la lógica de que debe haber un hombre por arma en la guerrilla. Aprovechamos que teníamos muchos más hombres que armas y pudimos colocar día y noche todas las armas en posición de defensa dando descanso a nuestros hombres. Transformamos a todos los hombres en combatientes, estuvieran o no armados. Y vimos el espectáculo hermoso de esos hombres afilando sus machetes para pelear con el ejército si éste llegaba hasta sus trincheras; y vimos hombres que con una granada en la mano estaban dispuestos a pelear; y vimos hombres que sin armas o con una escopeta vieja, estaban confiados de que con esa arma y con su decisión podían derrotar al enemigo si llegaba a meterse a las trincheras.

Entonces, tuvimos la ventaja de que todas las armas estaban en combate, de que tuvimos muchas manos para cavar trincheras y que convertirnos a todos los hombres en combatientes. Y fuimos capaces de despertar el heroísmo en hombres que sin haber combatido nunca y sin tener un arma en las manos, podían vencer.

Logramos también convertir eso en una empresa colectiva. La decisión de todos los hombres era una sola. El simple planteamiento de abandonar el campamento producía un repudio generalizado, porque ésa fue una opción que se tuvo en cuenta para el caso en que la situación militar se tornara crítica. Pero nunca llegamos a ese nivel. Y la decisión de nuestros hombres era tanta, que el mando podía ser todo menos tan antidemocrático como para llevar a los hombres a contrariar su actitud de vencer o morir en ese campamento.

Tuvimos una defensa bien activa, con hombres permanentemente saliendo y entrando, buscando otras posibilidades de combate por fuera de nuestras líneas. Tuvimos a las masas preparadas para combates ofensivos y también fuimos ofensivos El enemigo no tuvo descanso en los campamentos que colocó alrededor de nuestras líneas de defensa, a escasos metros de ellas. Y esa defensa activa, esa actitud ofensiva de la guerrilla -que no se desenvolvió más porque el gobierno mandaba la comisión negociadora después de cada victoria militar nuestra- fue lo que permitió que tuviéramos la victoria militar que tuvimos y también la hermosa victoria política que logramos.

Así, aun cuando parezca increíble, un grupo humano desenvolviendo correctamente la batalla, aportando todos los hombres con la mayor autonomía posible -porque se vivió un régimen de autonomía total en cada sector de defensa del campamento-, construyendo sin descanso obras ingenieras, siendo ofensivo, no reduciéndose a las necesidades tácticas de una defensa pasiva a nivel circular, sino moviendo las fuerzas a donde fuera necesario moverlas; y siendo más fuertes que el enemigo en el sitio concreto donde éste pretendía romper nuestras líneas, dejó de ser una fuerza endeble para convertirse en una fuerza victoriosa contra esa operación militar de proporciones verdaderamente excepcionales en la vida del país.

Una última pregunta: usted habla mucho de la guerra y habla de la guerra como si ésta fuera inatajable e inevitable. Habla de que se ha forjado una fuerza capaz de conducir la guerra. ¿No le resulta incongruente esta línea de pensamiento en un período de tregua y de diálogo?

Al contrario. Cuando una organización siente que puede ganar la guerra y está en la paz, es simplemente una reafirmación más de que quiera refrendar la paz. Lo grave es cuando uno caña con la paz y la busca simplemente como un mecanismo de transacción para no ser aniquilado. El M-19 es hoy sincero en la paz porque sabe que puede ganar la guerra. Esa es la gran verdad del M-19. Por eso vamos a la paz con una frescura inmensa. Y porque sabemos que ese camino es el que quieren los colombianos. Sabemos que es el mejor camino para Colombia. Creemos que debemos desplegar todas las posibiIidades para un tránsito no violento hacia las reformas sociales que el país exige. Pero lo hacemos con la certeza de que nuestras armas son las armas de la victoria.

Se habla mucho de la guerra cuando se trabaja por la paz. Y el M-19 está trabajando por la paz. Y le da al pueblo la absoluta convicción de que puede ir hacia el proceso de la paz tranquilo, que si es violentado en su credibilidad, que si es intimidado, que si los pactos no se cumplen, si las reformas no llegan, si la esperanza se ve nublada por el comportamiento de un gobierno y de unas fuerzas armadas, hay una fuerza que logrará la paz siendo gobierno, convirtiéndose poder. Ya Colombia puede luchar con toda tranquilidad por la paz porque ésta va a ser posible.

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9 mayo 2014 5 09 /05 /mayo /2014 14:52

 corinto   Corinto: El nacimiento

de una nueva

    realidad política

ENTREVISTA A ALVARO FAYAD

 García Márquez se pregunta por qué tan contenta la gente del M- 19 tras la firma del acuerdo de cese del fuego y Diálogo Nacional, tratándose de un acuerdo tan frágil, cuyos enemigos lo hacen peligrar a cada instante.  

Así planteado es difícil contestar. Habría que preguntarse también por qué tan contento el pueblo, y por qué tan preocupada la oligarquía.

Mire: en el momento de la firma del cese del fuego y el diálogo Nacional estaba negociando un acuerdo; estaba acordado, además, desmilitarizar las zonas donde íbamos a firmar, que eran Corinto y El Hobo, y despejar las carreteras centrales de éstas regiones, para que pasara nuestra gente. Y claro, también vendrían los representantes oficiales.

Y vienen, Vienen el delegado presidencial, los de la Comisión de Diálogo, los jefes políticos, los periodistas. Ponen una línea directa entre el Palacio de Nariño y nosotros. Todo listo para celebrar el triunfo, que era un triunfo para Belisario, era un triunfo para nosotros, y más que nada, era un triunfo para el país. Y con la firma se cierra ese capítulo. Pero comienza el capitulo del encuentro entre el pueblo y el pueblo en armas en tregua, y empiezan a darse nuevos elementos, ahí ya no vuelve a aparecer nadie: ni la prensa, ni el gobierno, ni los representantes políticos. ¡Nadie!

¿Qué pasó? Fayad 

¿Qué está pasando cuando llega una guerrilla a hacer una firma con los resortes del poder, con el Presidente en cuanto jefe de gobierno y jefe de las Fuerzas Armadas, cuando el ejército se ha retirado de toda la zona, se ha hablado con las direcciones de los gremios, de los partidos, el Congreso, la Iglesia, las centrales obreras, y llega el hecho y se produce tal vacío de información?

Por ahí dijeron que "en una aldea llamada Corinto se firmó un acuerdo". Pero ¿qué pasó en Corinto a donde los representantes de todos los sectores fundamentales del país se acercaron a hablar con la guerrilla como poder, y los que no pudieron llegar escribieron su cartica? ¡Es la locura! Es que una carta de Valledupar, pidiendo resolver un problema de linderos, a una guerrilla que está en un pueblo, supone que la guerrilla va a estar ahí para siempre...

A Corinto llegó gente de todas partes: del centro del país, de la costa, del oriente, ¡de todas partes! Y otro tanto sucedió en el Hobo. Y no era una cosa preparada. Es decir, lo importante no es Corinto, el pueblo. En el pueblo se da es el contacto físico, que vale un millón de cosas cuando toda una región, de las más urbanizadas del país, a hora y media de Cali, ve a la guerrilla como un hecho cotidiano, como un factor de triunfo y de poder; lo importante es que llegamos a Corinto a firmar y de pronto eso se convierte en otra cosa: en el nacimiento de una nueva realidad política, de un nuevo clima nacional.

No le ponga cuidado a lo que sentimos nosotros, individual o colectivamente, sino a cómo lo vivió el pueblo y cómo reaccionaron los sectores en el poder. El hecho nos arrolló: al gobierno y a nosotros.

¿Y cuál es esa nueva realidad?

Que todos vivimos a la guerrilla ya no como símbolo de protesta, de esperanza, u objeto de curiosidad. Es la guerrilla como factor decisivo de poder. Es la guerrilla vista por toda la población como poder: y cuando digo toda, es el hacendado, el del ingenio, el jefe político, el policía, el alcalde, el personero, los medios de comunicación, el hombre de la calle. No es que nosotros no sintamos poder; es que la gente nos siente poder.

Enrique Santos nos advertía esa noche de la firma: "Ojo, ustedes no han triunfado todavía... no se equivoquen". Y después, en la crónica en que relata los hechos, dice: "Esto era una imitación del triunfo en Nicaragua”. Eso lo ve él que estuvo en Nicaragua; ninguno de nosotros estuvo allá. Yo me pregunto es, de dónde saca Enrique Santos la visión de poder o de posibilidades de triunfo cuando él sale de una casa a una tarima, y de ahí a una venta de aguardiente y de caldo de gallina. El que está viendo el problema del poder es él; no somos nosotros.

¿Por qué va el hacendado y nos dice: "Lo que quieran"? Porque tiene que estar con los ganadores. El hacendado no es que esté de acuerdo con el proyecto político -y el tipo del ingenio tampoco- pero está con los ganadores.

Y cuando usted ve que familias enteras -el padre, la mujer, el tío, el abuelo, los hijos- llegan a vincularse a la guerrilla, cuando las madres nos entregan a sus hijos, cuando se ha llegado a esa fibra que es parte del alma de un país como es la familia -y no es una: son familias y familias- ya uno dice, algo cambió aquí.

En Corinto y El Hobo se dio el momento de concentración de eso...

Así como el 20 de julio fue un florero; y Galán fue un mercado y un edicto roto. De repente algo toca: se rompe una situación y empieza otra. La diferencia ahora es que la vivimos todos, la sentimos todos y la sintió la oligarquía. ¿Por qué el silencio de la prensa durante nueve días sobre esa situación? Primero se dio el cubrimiento más berraco el día de la firma, pero pasó la firma y empezó lo otro -un pueblo y una guerrilla dirigiendo una región política, militar y poIicivamente- y nadie dijo nada. Ya después, cuando el revuelo político abandonó los corrillos, cuando estalló el escándalo, le dieron el nombre de los "los excesos", ¿Y cuáles fueron los excesos? ¡La tranquilidad más barraca! La alegría de un pueblo viviendo con la guerrilla...

Alguien me decía que lo impresionante de los guerrilleros en Corinto era que pelados de diecisiete, dieciocho años, dirigían -con una seguridad y un orgullo tan grandes- a todo el pueblo, creando un clima nuevo en ese pueblo. O sea, no era el ejercicio de la autoridad a secas: eran las carretas, los noviazgos, los corrillos, el baile...Y eso no fue un momento; fue una vaina cotidiana por muchos días. Y no fue solamente en Corinto: fue en El Hobo, Tres Esquinas, Florida; pero también fue el reconocimiento, la celebración y la conciencia de triunfo que recorrió al país.

Cuando hicimos lo del Cantón, el 2 de Enero de 1979 sale la noticia: eran más de siete mil armas para el pueblo. Y el titular de El Bogotano fue: "Desarmado el ejército" Cuando sacamos el último fierro y cerramos el túnel, redactamos el comunicado y me fui para Cali en el último avión; y todavía estaban las casetas de la feria, y en las casetas el brindis colectivo era por las armas del Cantón. Aquí era muy distinto. Aquí era la seguridad de la gente, ya no era la posibilidad de una lucha, o la berraquera de unos hombres, o el impulso moral que daba tener más armas. Era la convicción de que esa gente, guerrilla y pueblo, son la misma cosa. Vivíamos en las casas de ellos todos se peleaban por invitarnos a desayunar, se sentía como cuando uno llega a su casa. Y esa llegada a la casa era de la misma gente que había estado combatiendo que había estado triunfando.

Esa llegada no era frente al ejército o la policía, como cuando nos tomamos el pueblo cuatro meses antes: era frente al gobierno, frente al mando central del ejército, frente a los representantes políticos del país, había sido una negociación nacional en la que de una forma u otra participaron los sectores fundamentales del país. Y ya no era el guerrillero que va a la toma de un pueblo, ni el que arregla los problemas de una vereda cuando está enmontado; era un cogobierno, como lo han señalado en varias ocasiones. Lema Henao lo dijo en una entrevista hace poco, fuimos autoridad civil, política y moral de un pueblo. Y no es la mera aceptación de nuestra autoridad; la gente tiene la convicción de que podemos gobernar; y los guerrilleros, y el movimiento, y la gente que está con nosotros, que comparte el proyecto político, también sabemos que podemos gobernar.

Esa maricada vieja de Lenin, que los marxistas siempre repiten, de que el momento revolucionario es cuando las mayorías sienten que no pueden seguir así y los de arriba sienten que no pueden seguir así, en esa convivencia del pueblo y la guerrilla se planteó en otros términos: no era que la gente sintiera que no podía seguir así, sino que las cosas podían seguir como estaban, como era Corinto en esos días que estuvimos. Y de verdad lo que uno siente ahí es que así es, que así va a ser. Cuando Chalita dice "estamos viviendo el futuro" es cierto, porque así va a ser la revolución y así va a ser el poder.

Cuál ha sido la tradición de las organizaciones revolucionarias clandestinas que sólo a la madrugada siguiente de la toma del poder, se enfrentan al país; salen de la clandestinidad más absoluta a dirigir a un país. A nosotros nos tocó, a ¡todos¡ -amigos y enemigos, contrincantes y neutrales- ver en vivo cómo va a ser todo esto, con toda la alegría y el desorden de las cosas aquí.

Pienso de todas formas que el tipo de negociación que se dio entré ustedes y el gobierno pasaba por abrirles espacios para facilitar el objetivo de la paz, como antes sucedió con la amnistía. ¿No cree que el gobierno había previsto lo que podía suceder?

No. Surgen hechos imprevistos y eso es la piedra del escándalo y de las críticas contra Belisario en los días que siguieron a la Hora Cero. Y tampoco es totalmente cierto que haya habido una línea continua, por parte del gobierno, en el proceso de negociación.

A Belisario le toca, apenas llega a la Presidencia, coger la bandera de la paz que no había agitado como candidato. Hay un reportaje de él como candidato, a El Siglo en el que dice "yo no hago esto por ingenuidad, yo sé por qué lo hago ", y dice que es tanto el prestigio social y político que ha tomado la guerrilla -como nunca en Colombia- que la mejor manera de acabarla no es echándole bala sino quitándole el piso social, y él lo va a hacer así. López planteaba negociar con la guerrilla; Belisario, en cambio, pretendía negociar para quitarle el piso social a la guerrilla. López podía pensar lo mismo, pero no lo decía. De todas maneras, pienso que López tenía más medida la capacidad del movimiento guerrillero porque él logró, en su mejor momento del MRL, recoger a los dirigentes de la guerrilla liberal y a sectores de esa guerrilla: él sabe lo que es el encuentro de una expresión de masas en insurgencia y una fuerza política.

Belisario pensaba que con la amnistía nos jodía. Por eso no negocia con nosotros la amnistía, pero la dá, y se queda por un año callado. Piensa, que con eso ya el movimiento guerrillero no es capaz de proyectarse de nuevo política ni militarmente. Y cuando la vaina empieza a desarreglarse, cuando el bloque social que intenta crear -el famoso Movimiento Nacional- no resulta, cuando tiene que negociar con los dos partidos en el parlamento y cede frente a eso, cuando no convoca al pueblo, cuando la crisis se le viene, cuando la guerrilla empieza a golpear, cuando los paros cívicos se multiplican, cuando la bandera de la paz a nivel internacional empieza a hacerle agua porque por dentro le está ardiendo el rancho, busca de nuevo el contacto con nosotros después de la muerte de Bateman. Nos manda dos emisarios: López y García Márquez. Pero logró jodernos por un tiempo con la vaina de la amnistía; ante el país  quedó como si hubiéramos hecho trampa: para muchos no quedó claro por qué si nos habían dado la libertad a los que estábamos presos, aparecíamos dirigiendo los combates. Los medios informativos y la propaganda oficial ignoraban los gestos de paz del M, sólo se referían a los de Belisario. Nadie hablaba de la tregua de ocho meses, de ese compás de espera que dimos a Belisario para que desarrollara sus políticas; ni se acordaban de la labor de nuestro comando político, ni de la de propuesta de paz que a través de Juan Guillermo Ríos hicimos llegar en diciembre de 1982 al Presidente y que jamás fue respondida. Sólo se decía que habíamos propuesto la amnistía y habíamos hecho trampa porque no nos habíamos legalizado. Belisario alcanzó a marear a capas que habían acompañado la lucha  por los derechos humanos y la amnistía, logrando atraerlas alrededor de su bandera de paz que se basaba simplemente en la amnistía y en un recrudecimiento de la militarización. El reinicio del proceso de paz en función de la tregua y el diálogo, con la reunión en Madrid, es el segundo empujón de Belisario por neutralizar y adormecer al movimiento guerrillero y ganar él un tiempo social y político. Cuando las FARC aceptan hacer una firma de ellos como guerrilla con el gobierno, y hacen una tregua militar -un acuerdo entre fuerzas militares- creando una serie de mecanismos para vigilarla, y se retiran a sus campamentos para cumplir esa tregua, nos quitan capacidad de negociación; lógico: no es lo mismo negociar con cuatro organizaciones guerrilleras que con una. Belisario piensa que con ello nos obliga a acogernos a esa tregua. Su idea, la de López Michelsen, el propio García Márquez, Landazábal y Matamoros, es que la fuerza militar del M-19 está disminuida aunque su capacidad política sea inmensa, superior a la de las otras organizaciones guerrilleras. Por lo tanto, no era sino crear un hecho político para que nosotros no pudiéramos ir contra él; y al mismo tiempo, si no nos acogíamos, aplastarnos militarmente. El nivel que habíamos logrado en Madrid, las FARC lo regala y lo vuelve mierda, dándole nuevas armas a Belisario. Por ejemplo, se llega a casos como éste: nosotros no aceptamos a la Comisión de Paz como autoridad para negociar la firma; la aceptábamos como un elemento positivo en un clima de negociación y de vigilancia de los esfuerzos por la paz. Exigíamos que el diálogo fuera directo, como ya lo habíamos hecho en Madrid, y mientras estábamos negociando directamente con Belisario, a través de Bernardo Ramírez, la Comisión de Paz servía como elemento político. Sin embargo, ésta empezó a ofrecerle al EPL toda suerte de garantías con tal de que firmara primero que nosotros y distinto a nosotros. También querían ir rutinizando a la opinión pública, ir bajando el nivel de la negociación, el nivel de exigencias, etc.

Cuando la toma de Florencia, Belisario ya empieza a pensar diferente. Además lo dijimos sin rodeos: no vamos a firmar en las condiciones que aceptaron las FARC, y sin el M-19 no hay paz en Colombia; y el M-19 no firma, si no firma el pueblo mediante el mecanismo del Diálogo Nacional.

Aún así, lo de La Uribe creó un clima. Tal vez ellos pensaron que nuestra actitud iba a ser la misma: una guerrilla que se reúne con el gobierno, la prensa, habla, y no más. Y resultó que ni la actitud del pueblo ni la actitud nuestra fue ésa. Por eso nos quedamos en Corinto; y cuanto hacemos después de la firma, es el desarrollo de eso. Y por eso el gobierno saca la mano y ya no sabe qué hacer. Llama todos los días a ver cuándo nos vamos... Y nosotros le decimos, bueno, después de la Hora Cero. Yo hablo todos los días con el Palacio presidencial; me dicen que la cosa se está poniendo dura y que se está hablando de golpe de estado... En plena Hora Cero, Bernardo Ramírez nos está acusando telefónicamente de haber roto los acuerdos porque fuimos a Florida, porque lanzamos la emisión de Radio Macondo, porque en Hobo hay un "mierdero" y en Corinto Otro.

Y es que ya se había creado un hecho nuevo. Todos éramos conscientes de eso. Era consciente Belisario del peligro que significaba, de que pasó algo que no previno. Por eso su discurso: en vez de ser un discurso de victoria, como lo- había prometido -a mi me lo había mandado decir- es el de un tipo pidiéndole excusas a los terratenientes y a la burguesía de este país por haber firmado con nosotros. ¡Compárelo con el de La Uribe! Rebaja el hecho, justifica la firma en base a la política de Turbay, le dice a la burguesía "firmamos pero no cedimos nada”, el estado sigue intacto, lo hemos hecho para defender la propiedad de ustedes... No es ya el Belisario que ha echado para adelante su proyecto de paz, su bandera de paz, con base en los postulados democráticos que planteó el 7 de agosto, cuando subió a la Presidencia...tan se dió cuenta de que estaba ante un hecho diferente, que se puso a la defensiva.

Tan se da cuenta el ejército de que está pasando otra cosa, que intenta el golpe. Y el objetivo central del golpe, es Corinto. Fíjese que los golpistas son el Director de la Policía; el Director de la Escuela Militar -eso implica Bogotá- y los mandos de la III División, la de Cali.

Por eso Belisario no aparece como el triunfador, por eso pide disculpas por lo que ha hecho, y por eso no manda a nadie al acto de le Hora Cero, ni del gobierno, ni de la Comisión de Paz. Es que ya estaba naciendo otra realidad en este país y ellos no cabían o no querían caber. Esto, cuando diez días antes se estaban disputando por venir. A nivel popular, todo. Pero del otro lado, nadie. El silencio de la prensa es impresionante.

Ya habían empezado, desde el día siguiente de la firma, los militares, los gremios y la gran prensa, a protestar. Por ejemplo, un editorial de El Tiempo del 25 de agosto acusa a RCN -que cubrió todos los acontecimientos del día anterior- de estar apoyando al M-19; el ejército acusa a Bernardo Ramírez de ser la cuota del M-19 en el gabinete; los editoriales de la prensa de occidente -de toda esta burguesía vallecaucana botan candela. Hay una situación de histeria, de golpe de estado, de un Presidente que está pidiendo excusas.

Uno se pregunta por qué. ¿Porque hay quinientos guerrilleros haciendo una fiesta en Corinto, una "aldea perdida”? cuatro años estuvimos hablando del Diálogo Nacional, el gobierno llega a aceptarlo como parte fundamental del acuerdo, los sectores que lo apoyan, aplauden, y a los tres días todo el mundo dice que los del M-19 hemos metido un mico con lo del Diálogo Nacional. No hay periódico en el país que no haya dicho que la vida republicana está en juego. Otro tanto ocurre a nivel institucional: el Congreso, en contra del Diálogo Nacional; el Consejo Episcopal, también... Hay un intento de golpe militar. Y en Corinto Sigue le fiesta.      

¿Será eso suficiente motivo? El problema no es que nos quedáramos por nueve días, ni siquiera que la zona donde estábamos hubiera sido el escenario de los combates previos. Es que por primera vez en este país la paz era definitivamente del pueblo. Y eso representa un cambio muy grande.

Todos esos sectores que se le midieron al proceso -periódicos como El Espectador que con sus altibajos llegaron hasta la firma-, a los tres días estaban diciendo que lo que se había firmado era un ataque a la Constitución, a la democracia y a la vida republicana de 150 años. Durante cuatro años estuvimos hablando del diálogo Nacional, el gobierno llega a aceptarlo como parte fundamental del acuerdo, los sectores que lo apoyan, apláuden , y a los tres días todo el mundo dice que los del M-19 hemos metido un mico con lo del Dialogo Nacional. No hay periódico en el país que no haya dicho que la vida republicana está en juego. Otro tanto ocurre a nivel institucional: el Congreso, en contra del Dialogo Nacional; el Consejo Episcopal, también…Hay un intento de golpe militar. Y en Corinto sigue la fiesta

Lo impresionante es que llegamos a un acuerdo, a una tregua -es decir, que ni nosotros ni el ejército vamos a realizar operaciones ofensivas- para dar el paso al Diálogo Nacional,  y firmamos esa tregua, y el grito unánime de los que han mantenido el poder en Colombia es que tantos años de democracia y vida republicana están en peligro. Durante todos esos días ni siquiera el énfasis estuvo en las armas, no decían que nos estábamos fortaleciendo sino que se había quebrado la vida democrática en Colombia. Y mezclaban todo: desde que estuviéramos en Corinto, de que nos estuviéramos comunicando por TELECOM, desde que hubiéramos durado tantos días ahí, hasta el problema del Diálogo. ¡Todo mezclado! Es decir, se había acabado este país. Claro que no se había acabado; lo que es el país que ellos han manejado ¡Se hundió! Se rompieron una serie de hilos, de mentalidades muy berracas.

comanches 

Aun aceptando que existe un clima nacional alrededor de la firma, ello no explica la histeria de la clase gobernante. ¿Por qué el temor? ¿Cuál es en concreto la amenaza a la institucionalidad?  

Lo que hay que valorar es esto, aunque los hechos sean insignificantes, pueblerinos, es que está tocando fibras raíces de la historia nacional; más que todo, se está respondiendo de manera distinta a lo que ha sido tradicional en este país.

Qué está pasando cuando a uno le dice el presidente de una central obrera: “Si yo peleo estos puntos de las cuatro centrales, nos da para un paro cívico, pero si me sumo al Diálogo, y me sumo a ustedes, esto va para una guerra y la guerra se gana" Estamos hablando de Bogotá y de las centrales obreras... Imagínese cómo es a nivel de barrio o de vereda: el que se acerca para que le ayudemos a resolver su conflicto con otro; el jornalero del ingenio que nos pide que hablemos con los patronos asegurándonos de que si lo hacemos, se arregla el problema de los salarios; o cuando vienen los hacendados a darnos vacas, a darnos carne para alimentar por un mes a toda la guerrilla, y les decimos: "Miren, no queremos eso, más bien hablemos del problema, del salario mínimo, de la situación de analfabetismo e insalubridad de sus empleados"... Y el capitán del ejército que nos propone hablar, pero  al escondido: vamos a una cantina -"ustedes van dos y nosotros vamos dos"- y se habla.

El detalle muestra lo que se está dando en el país. Porque se da en pequeño y en grande. Hay que valorar cada hecho: el que venga una familia a entregarnos a sus hijos; que el viejo guerrillero liberal nos diga, "oigan, todavía tengo enterrados veinte fierros” que un curso completo de un colegio se nos presente y nos diga: "Nos vamos con ustedes"; que pongamos un letrero -"se reciben inscripciones de ocho a diez" –para quitarnos de encima el lío de los papelitos que cada uno guarda en el bolsillo con los datos de toda la gente que se quiere vincular al M-19, y al poner el cartel se forma una cola de quinientas personas que hace mucho estorbo; y entonces ya toca sacar la mesa a la plaza, y es una fila de tres mil.

¿Cuando en Colombia se han inscrito en un sólo municipio y en un día tres mil personas a un movimiento político? Y en Hobo hicieron lo mismo y fueron 2.800 personas. Y en Florida se hizo sin estar la guerrilla presente, y fueron dos mil y pico. Nunca ha habido tal avalancha, ni para la guerra, ni para la paz, ni para lo político, ni para la militar en Colombia.

Lo interesante no es cómo nos estamos sintiendo nosotros como M. Pero fíjese: hace cinco años la escogencia de los hombres lo hacíamos de uno, de cinco, de diez; comparar eso con lo que estamos viviendo ahora no tiene sentido, porque no es eso. Lo que cambió fue el país. El impacto no es el guerrillero nuestro; lo más importante no es que estemos ahora más afianzados, más firmes, con más convicción. Lo importante es que el país se estremeció: hay un nuevo hecho, un nuevo clima. Cuando una ciudad como Bucaramanga, sin tregua, tras el asesinato de un dirigente como Toledo, se lanza a las calles a pedir venganza, y no hacen ese cálculo sencillo de que si matan a un dirigente, qué tal la base; y se lanzan a gritar, en plenos combates de Yumbo... O qué tal lo de Florencia: manifestaciones en plena toma, con semejante abaleo...

Entonces, de verdad ese clima de todo un país que se metía al ejército libertador se empieza a vivir otra vez. Y vuelve, vuelve Colombia a vivir esos periodos masivos, populares que nos negó la historia, que, nos negamos nosotros mismos, y que la oligarquía nos congeló. Oiga, es  que ver llegar a guerrilleros liberales, ver llegar viejos anapistas que nos dicen, “las banderas anapistas vuelven a reverdecer en manos de ustedes"... Viene esa generación, pero también los pelados de quince, dieciséis años, los artistas del pueblo y gente como la que hizo la Marcha de la Paz, o los artistas que organizaron la jornada nacional, dos días después de la firma, los maestros, el dirigente sindical, el dirigente popular, el astro del fútbol, como Willington Ortiz, y los curas y los evangélicos, a bendecirnos.

Lo otro es el "desorden". Antes de la vaina del acuerdo, hicimos una reunión para discutir el punto del Diálogo Nacional, con Bernardo Ramírez, Horacio Serpa, Alvaro Leyva -es decir, dirección liberal, dirección conservadora, parlamento- y John Agudelo, de la Comisión de Paz. Ellos decían: "SI, el Diálogo está bien pero no vayan a creer que esto es la democracia griega: en una plaza pública la democracia directa. ¿O es que piensan meter en la plaza de toros o en la plaza de Bolívar a todo el país a hablar al mismo tiempo de todos los problemas? ¿Y qué cualquier tipo, sin saber nada, puede decir cuál es la solución de los problemas? ¿Cómo van a poner a los terratenientes y a los de la ANUC a hablar sobre la cuestión agraria? Hagamos de todo, hagamos las comisiones para que sea eficaz, y hagamos las reformas, pero ese desorden no".

A mí me sorprendió por qué insistían en esto del desorden. En ese momento no pensaban ni les importaba que el Diálogo quebrara la vaina del Congreso o las instituciones (de hecho estaban aceptando que la democracia en Colombia no cabía en el sistema bipartidista); les preocupaba era el "desorden", es decir, que todo el mundo hablara. Y en Corinto lo que hubo fue un, desorden el hijueputa: ¡todo el mundo hablaba! Y todo funcionaba en correspondencia. Por ejemplo, el impuesto para comprar las escobas y mantener limpios los lugares públicos, se les puso fue a los fotógrafos; la ley seca era para los guerrilleros, no para la población... Ese era el "desorden"

La gente de Corinto lo dijo más claro que nosotros; decían: cuándo se ha visto un pueblo, del tamaño de Corinto, en el que esté funcionando el banco o la caja agraria, en el que haya fiesta permanente por nueve días, sin policía, y que no se presenten robos, ni hechos desangre...

El Valle no volverá a ser nunca, políticamente, lo que ha sido hasta ahora; los partidos tradicionales no volverán a Imponerse. Fíjese, ésos eran sectores que hasta la firma estaban con nosotros; todos los sectores políticos de Cali y Popayán mandaron delegados a la firma; hablaban y ofrecían, y “todos vamos para el diálogo"; toda esa carreta. Pero cuando Pizarro e Iván van a Florida, sin ninguna preparación, y les sale tamaña manifestación...hasta ahí llegaron los políticos con nosotros: no más.

Un paréntesis, porque vale contar por qué fuimos a Florida, ya que ese fue otro motivo de escándalo. Cuando la policía salió de Florida, a raíz de la emboscada contra Pizarro, la gente se rebotó: todo el mundo decía que era del M-19. ¡Rebotado el pueblo! Además, empezaron a haber muchos asaltos por las noches; eran diez hampones con máscara y una escopeta -que ni siquiera era escopeta, sino un palo- que asaltaban los graneros y se llevaban diez, quince mil pesos. Les propusimos a los de Florida que hicieran una guardia cívica por la noche, mientras llegaba la policía, pero seguían atracando. Entonces mandamos una patrulla de ocho compañeros por la noche, para darle la vuelta al pueblo, y asustar a los ladrones. Eso no estaba muy dentro del acuerdo, pero era el problema de toda una población que nos estaba demandando ayuda. Con eso se calmó la cosa pero siguió el rebote: que ya vienen los del M que no vienen, en fin, rebote completo. Y se empezó a de que los de Florida o se venían para Corinto o se iban para Cali. Si no íbamos, seguía ese rebote: manifestaciones, mítines, jodas… Entonces fuimos a calmar a la gente.

Increíble...y se dio lo que se dio: nunca se había llenado esa plaza así. Los  gamonales del Valle se dieron cuenta que la guerrilla ya no es el problema de la seguridad, del secuestro, del poder a largo plazo, sino que la guerrilla es parte de un movimiento político en este país que viene a disputarles sus adherencias -su electorado cautivo-que es una guerrilla con opinión nacional, como guerrilla y como propuesta política, juntico. Ese es  el famoso "desorden".

Para la oligarquía el desorden es que la  gente hable, que no haya habido un sólo robo ni un sólo hecho de sangre, ni una sola petición de dinero por parte de la guerrilla; en cambio, la alegría, las manifestaciones, la fiesta...

No aceptamos ni una sola vaca, ni un toro. Invitábamos a quienes nos hacían esos ofrecimientos a que charláramos sus trabajadores, ellos, nosotros, todos  alrededor de la misma mesa. Pero eso no era lo que querían; hubieran preferido  sacrificar parte de su ganado -de todas  maneras están acostumbrados, porque ésa ha sido la tradición de algunas organizaciones guerrilleras- pues es más peligroso que la gente hable.

En alguna conferencia del M-19 decíamos hace algunos años: si logramos combinar los paros cívicos, el movimiento democrático y el movimiento guerrillero, estaremos resolviendo la ecuación del  poder. Si cuadramos ese rompecabezas... Y yo pienso que ese rompecabezas se cuadré ahí, en Corinto, en la firma. Falta convertir todo eso en fuerza militar, nos falta movilizar a veinte millones de colombianos, vencer a una oligarquía que es dura; pero el cómo hacerlo ya está resuelto y se vio ahí. Y más que el cómo hacerlo, vimos que el país lo está pidiendo.

Explíqueme eso del rompecabezas, es decir, los factores que hicieron que cuajara en la firma esa perspectiva de triunfo.

Primero, hay un movimiento nacional con fuerza militar que de verdad va para adelante por la paz. En estos años se logró ese entronque. Ello colocó el problema de la paz como un problema de poder en este país, y las fuerzas que se estaban enfrentando son fuerzas estratégicas. Es decir, ya no es un movimiento guerrillero que en cuanto tal hace una tregua. Lo que se dio en Corinto es la expresión física, en un pueblo, de lo que se dio en todo el país: es un sentimiento nacional que en un momento concreto, con unas banderas concretas, en una situación social y política de crisis económica de necesidad de paz de justicia, se abraza, baila, e intercambia las armas -para la fotografía y para la firma y para la historia- con el movimiento guerrillero

Segundo esta el salto de la guerrilla colombiana, a una nueva concepción, a una nueva manera de hacer la guerra para ganarla: lo vemos en Florencia, en Corinto, en Yumbo en Miranda, en Bogotá, en Barranquilla, en Bucaramanga. El accionar del M-19, tanto en sus comandos rurales como urbanos, es distinto, y la gente sabe que un grupo que combate y se queda ahí, le da fuerza. Si se quiere, volvemos a colocar la situación del país en lo que no concluyó con la guerrilla liberal, es como si volviéramos 25 o 30 años atrás, no en el sentido de retroceso sino de avance en espiral

En aquellos tiempos fue el fenómeno de la violencia desde arriba pero también el de la insurgencia desde abajo. Y ésta puso en jaque al ejército colombiano.

Cuando esa guerrilla campesina empieza a  desprenderse de la dirección de los dos partidos, cuando empieza a manejar una nueva concepción y otras lealtades políticas, cuando cada guerrillero empieza a plantearse el problema del poder por fuera de la dirección de los des partidos y cuando está demostrado su eficacia militar contra el ejército, la oligarquía colombiana es tan hábil que le da el poder a Rojas Pinilla para que acabe con eso. El punto peligroso es el ascenso de la eficacia militar de la guerrilla y su desprendimiento de los dos partidos para crear un nuevo hecho. La oligarquía evade el enfrentamiento y pone a un militar que o tiene partido a que haga la Paz. Y la dictadura de rojas arregla ese problema. Los partidos después firman el acuerdo bipartidista: no más disputas entre ellos y solidificar un sistema común de lealtades, que es el Frente Nacional.

Se acaba el Frente Nacional pero continúa de alguna manera. ¿Y con qué llega Belisario? Can la paz y con un Movimiento Nacional por fuera de los dos partidas. Otra vez... Enfrentado con una guerrilla en ascenso. Otra vez... Otra vez, como si se estuviera repitiendo los mismos fenómenos pero a un nuevo nivel.   

Ahora se vuelve a dar un ascenso del movimiento guerrillero, en calidad y en eficacia, y la guerrilla pasa a ser eso que se perdió con los guerrilleros liberales. Tiene capacidad ofensiva, capacidad de buscar al enemigo, capacidad de producir combates grandes, capacidad de aniquilar las  fuerzas del enemigo, capacidad  de convenirse en ejército guerrillero y popular. Todo esto en un momento de la crisis de los partidos en el que surge una aposición política que empieza a engarzarse con ese movimiento guerrillero.

El tercer elemento es que la paz ya no tiene un contenido meramente político, como hace treinta años -evitar la violencia entra liberales y conservadores- sino es la Paz social. Por eso es bandera nuestra, del pueblo. Porque esta Oligarquía ya no tiene capacidad de darle una salida democrática a la crisis.

Estos elementos, la paz social, un movimiento de oposición democrático y el engarce con un movimiento guerrillero diferente, vuelve a retomar el hilo donde se había quedado. La que acabó el gobierno de Rojas,  lo que congeló el Frente Nacional, eso que intentó el MRL, Camilo Torres, la ANAPO, esa corriente histórica popular que nunca ha cabido en ningún molde bipartidista en Colombia -que cuando ve posibilidades de triunfo se expresa con berraquera pero que siempre ha sido truncada, desorientada, engañada o traicionada- esta vez vuelve a encontrarse. Se encuentra la justicia, la democracia, la oposición, las ganas de ser gobierno, y una fuerza militar capaz de asegurar el triunfo.

Son los elementos que coinciden en un mismo momento, el de la firma, para producir hechos que evidencian una realidad nueva. Es lo que crea el pánico entre toda esa gente: los dos partidos, el parlamento, la gran prensa, el Presidente, los gremios, los arzobispos, los militares. La historia tiene esos momentos en los que todo se acumula y aquí se vio en tres días. Es una corriente que viene, y que da inicio a un nuevo periodo. ¡En Colombia empezó una nueva vida!  Empezó para nosotros, empezó para el pueblo y empezó para la oligarquía.

¿Cómo se materializan esos factores en la negociación del M-19 con el gobierno y en el logro del acuerdo concreto?

Lo interesante de la negociación es, fuera de una seria de posibilidades que uno tiene de ver en acción a los sectores en el poder, cómo reacciona cada sector social o político. Lo básico, sin embargo, es una decisión tomada sobre qué tipo de acuerdos teníamos que buscar. Segundo, éramos conscientes de que luchábamos por una tregua entre dos bloques históricos que nos aceptábamos mutuamente como tales y estábamos dispuestos a negociar. Y tercero, sabíamos que éramos una fuerza en ascenso, es decir, que esos dos bloques que estaban negociando no eran estáticos, ni valían lo mismo, independientemente de su tamaño o poder; entonces, cada negociación significaba un paso adelante. Cuarto, lo de siempre: que somos una organización político militar; por eso no podía haber una negociación política y, aparte, una militar.

El gobierno por su lado, cuidaba tres factores fundamentales: primero, y en eso eran insistentes, en que no podía quedar en el acuerdo nada que pareciera un ultimátum; ellos bregaron a que los términos fueran formulados como petición y nosotros peleamos porque se presentaran como consenso: “Acordamos...", "NOS ponemos de acuerdo en..." En segunda lugar, no herir susceptibilidades de las Fuerzas Armadas; eso era de consenso mutuo. Y el tercer cuidado de ellos era sobre las formas democráticas. Pero pienso que ellos no eran muy conscientes sobre qué juego de sectores y sobre qué clima nacional se estaba montando la cosa.

Esta última etapa de negociaciones arrancó con la reunión de Madrid, en octubre de 1983, que fue la culminación de un periodo de luchas político-militares encaminadas a empujar la propuesta de paz lanzada desde la toma de la embajada dominicana en 1980.

La propuesta de la reunión llegó a través de García Márquez. Ya habíamos tenido un encuentro López Michelsen, Gabo y yo. A ellos los había enviado Belisario, para precisar puntos acerca de un documento de convocatoria al Diálogo Nacional que habíamos difundido en esa época; como hecho nuevo, estábamos planteando no que al ejército se retirare de las zonas, sino una desmilitarización de la vida civil. Además querían conocer nuestra posición después de la muerte de Pablo. Sentían temor; pensaban que era mejor negociar con Bateman porque lo conocían y no sabían quién lo había reemplazado; segundo, pensaban que  Bateman era capaz de amarrar al movimiento guerrillero para negociar en conjunto y por otra parte especulaban   …sobre una posible dispersión al interior del M. y tercero, dudaban de nuestra vocación de paz.

El Presidente mandó decir que si estábamos dispuestos a una entrevista privada fuera del país. Nosotros contestemos que no estábamos interesados en una entrevista privada, sino pública, y en el territorio nacional; que en cualquier parte de Colombia la podíamos hacer en 72 horas, y que si insistía en hacerla por fuera, estaríamos listos en quince días; que obviamente iríamos, para concretar una futura entrevista pública, y que no negociaríamos nada en privado

Esta última condición fue aceptada y nos pusieron una entrevista en México con Bernardo Ramírez, a comienzos de octubre. La reunión ahí fue para montar los mecanismos del encuentro en Madrid. Ya en Madrid, cuando salimos de la entrevista. Belisario tenía montado el show propagandístico. Entonces le dijimos: “No señor, si quiere una entrevista pública vámonos Juntos para Colombia". Y nos negamos a hacer declaraciones porque el Presidente quiso hacer de lo de Madrid el gran gesto de paz y ahí solo habíamos llegado a un acuerdo de reunirnos públicamente las cuatro organizaciones guerrilleras con el gobierno, además de haber establecido un contacto en Bogotá

Belisario venía de un triunfo en Naciones Unidas, iba a recibir el Premio Príncipe de Asturias y en ese momento él estaba en función de la política de Contadora. Entonces, prestarnos a ese show era afianzarlo en su política internacional de paz pero ocultando la realidad interna de Colombia, un país en guerra

Lo de Madrid es un hecho en verdad berraco. Pienso que facilitó el desarrollo de las conversaciones posteriores porque ahí se vencen varios obstáculos claves.

Primero, Belisario fue capaz -y eso hay que abonárselo- de plantear el reto de negociar a esta oligarquía y al ejército; segundo, por primera vez nos medimos: si de verdad había honestidad de lado y lado; fue romper el clima de nunca hablar, de no saber cómo es el otro y hasta dónde quiere llegar; había sentido de la lealtad, había sentido del realismo. Y el tercer elemento es que cada uno fue con su fuerza y su dignidad, y nosotros mostramos -tanto ahí en Madrid, como frente a la opinión pública- que nadie se iba a entregar.

La reunión de Madrid creó un momento político excepcional que se dañó fundamentalmente por la actitud de las FARC. No se continúo, no se desarrolló y no se le sacó todo el jugo posible porque, por su propio ritmo y su propia visión hacia dentro; las FARC quisieron negociar a solas: y no sólo negociar distinto, sino bajarle el nivel a la negociación. En el acuerdo con ellos -en abril del 83- habíamos decidido unir fuerzas por la tregua y el diálogo, para abrir caminos de paz en Colombia. Además, habíamos quedado en que buscaríamos el diálogo directo con el Presidente. Ellos ya habían iniciado conversaciones con la Comisión de Paz. Aún más, cuando recibimos la propuesta de la reunión con Belisario, le planteamos a las FARC si querían mandar una razón concreta, pero no lo hicieron.

El acuerdo con las FARC nos quitó el piso concreto de la negociación por un rato. El gobierno pretendía meternos en ese acuerdo entre guerrilla y gobierno que no daba lugar a nuevas realidades. Sin embargo, en Florencia respondimos y reafirmamos nuestra decisión de hacer un acuerdo, pero lleno de pueblo, que significara un avance completo, palpable, en el proceso democratizador. Cuando el ejército informó que en Florencia nos habían derrotado, al gobierno no quiso avanzar en la negociación, pero pocos días más tarde, al conocer la verdad -que la columna de Boris había salido triunfante del cerco con dos bajas, y lo más significativo, la respuesta tan berraca de la población de Florencia, que siguió el combate después de la salida de la guerrilla- el gobierno plantea regresar a la negociación.

En realidad, la discusión sobre el contenido del acuerdo no tiene misterio. Ellos hicieron una propuesta; nosotros respondimos con una contrapropuesta elevada, y negociamos. Después se discutió eso con el EPL y ellos aceptaron. Terminamos de arreglar el documento Bernardo Ramírez y yo, y nos reunimos la Comisión de Paz, el EPL, Bernardo, Jaime Castro y nosotros. Ahí lo aprobamos...y se archiva hasta después de Florencia.

La participación del EPL fue muy importante en todo esto porque imprimió fuerza en la negociación. No es sólo un problema de cantidad, de adición de fuerzas; sino una muestra de la voluntad del conjunto del movimiento guerrillero por la paz, de la cual obviamente no se excluyen las FARC. Además, está la actitud unitaria de los compañeros del EPL. Por una parte, ellos aceptaron que yo los representara en las conversaciones, con base en la confianza mutua de que íbamos juntos hacia ese acuerdo de tregua y diálogo. Por otra parte, logramos avances concretos de unidad de acción. Este es un salto grande en la historia del movimiento guerrillero en Colombia, y crea bases para una coordinación más sólida y permanente.

Bueno: está el acuerdo pero la pelea grande viene al discutir las condiciones: la fecha, los sitios, las zonas por desmilitarizar, los tiempos...Ahí está contenida gran parte de la significación porque, además del acuerdo, era importante cómo legábamos a él.

A medida que sigue la negociación sobre las condiciones, y por otro lado sigue la guerra, empieza Belisario a echarse para atrás. A medida que se agudiza el choque político-militar el tipo va para abajo, hasta que se llega al acuerdo.  Y la  Hora Cero ni aparece. ¿Qué le va recortando el espacio a Belisario? El conflicto social que se le agrave, los problemas que tiene con los sectores políticos y el choque militar.

Pero el compromiso era concreto: el gobierno había aceptado que estábamos en guerra y que se combatiría hasta el último segundo. Me dice Bernardo Ramírez: “El ejército se emplea a fondo y ustedes se emplean a fondo”. Incluso decimos en aquel momento que el combate será hasta la Hora Cero. Ya después acordamos, pocos días antes de la firma, mediante un pacto de honor, suspender operaciones. Pero cuando la negociación se pone muy dura, me plantea Bernardo que bajemos el accionar en las ciudades, que no haya otro Florencia... Yo contesto que sobre la lucha en el campo no negociamos nada, y en las ciudades todo depende de cómo se ponga la cosa en el campo. Ellos aceptan que todo enfrentamiento es válido y que no se romperá la negociación. Y claro, cada uno manejaba esa situación en público de una manera distinta. El gobierno sólo se refería a la carreta de la paz, mientras nosotros decíamos lo que estaba pasando, que se estaban recrudeciendo las ofensivas militares.

No obstante, hay hechos que los emputan. Por ejemplo, lo del Bogotano -cuando nos tomamos las instalaciones del vespertino e hicimos publicar nuestra propuesta de paz-, más una serie de acciones de comandos. También plantean lo de los secuestros. Ellos piensan que tenemos un secuestrado. Viene Bernardo Ramírez un día y me dice: Venga aparte y hablemos da una cosa muy seria. Hay un poco de secuestrados y uno en particular..." Y ¡chan! Me suelta la vaina: que ojalá lo liberen. Y sigue: "Pongámonos de acuerdo en esto: que antes de la firma no secuestran a nadie más. Ye le digo, "en primer lugar, no tenemos a nadie y segundo, nosotros no secuestramos a tipos que no quieren pagar " La gente sabía que venía la firma y que uno de los compromisos era pagar los secuestros; por eso nadie quería pagar; todo el mundo ya estaba jugándose la carta política. Parece que el gobierno temía por la vida del tipo en cuestión porque había por ahí alguna amenaza, y querían saber quien lo tenía "mire -le dije- nosotros no ejecutamos a nadie: porque si el tipo no paga teniendo plata, y se mantiene en su cuento de que no la tiene, entonces es más vivo que nosotros y merece su libertad. Y si no tiene plata y los brutos hemos sido nosotros, por brutos tenemos que soltarlo..." el me contestó: "No ve hijueputa, con ustedes sí se puede hablar".

Pero a medida que se recrudece el traqueteo, a medida que sufren derrotas los militares, éstos se endurecen y están dispuestos a dar menos. Matamoros lo dice de frente, refiriéndose a que no habrá publicidad para Ia guerrilla en ningún municipio.

No obstante, para el 28 de abril, tenemos todo arreglado. Era un momento posible: había habido accionar de todas las estructuras de la organización y el momento social era clave. Pero viene lo de Rodrigo Lara y se produce una avalancha derechista y una histeria la hijueputa. Eso nos quita clima nacional, por un lado, y endurece a la oligarquía por el otro; además, Belisario se echa para atrás y se afianzan los militares. Cuando imponen el estado de sitio, la negociación se rompe y a García Márquez le toca volver a establecerla.

Nosotros perdemos el momento político-militar de haber culminado una ofensiva y toca volver a armar otra, con el EPL, el Frente Sur y el Occidental. Había que proseguir la negociación y llegar al acuerdo con fuerza.

Al reestablecerse el contacto, se decide tener todo listo para el 20 de julio, pero toca estirar esa fecha. Belisario, al no ver el acuerdo en el bolsillo para presentarle un hecho cumplido a las cámaras, manda buscarme por toda parte con dos razones concretas: primera, que va a lanzar la Comisión de Diálogo y que si algún nombre se le pasa, después lo incluimos. Y segundo, que suspendamos ya operaciones de lado y lado. Me pide una respuesta para dos horas. Le mando decir que nombre la comisión que quiera y después miramos los nombres. Y que el cese de operaciones es un problema de estados mayores: que yo tendría que ir a las zonas de conflicto, y que como están militarizadas no podré entrar; entonces, le propongo que vayamos con la Comisión, oficialmente. Esto último no lo acepta pero, en todo caso, el 24 de julio crea un hecho significativo nombrando a la Comisión.

El documento estaba discutido con los jefes del parlamento, los dos partidos, la iglesia, la Comisión de Paz, el gobierno, y nosotros, obviamente. A ellos se les muestra el borrador del documento para que lo aprueben. En la discusión del documento no intervinieron directamente los militares -supongo que Belisario había llegado a un consenso con ellos- pero sobre la decisión de los términos concretos de sitios, tiempos, condiciones militares del área, y delegados nuestros al diálogo, intervienen directamente. A veces a ellos les tocaba llamar a Matamoros para hacerle alguna consulta. Hasta que llega el momento en que coinciden Belisario y los altos mandos.

¿Cuándo se rompe un poco la alianza entre ellos? Con lo de San Francisco. Eso es tan burdo...Supongamos que haya sido una confusión lo del choque concreto; pero la actitud de los mandos en la brigada de Cali y de Bogotá, ya empezado el combate, es de insubordinación frente a Belisario. Cuando Bernardo llega a San Francisco y ve el ejército ahí, vuelve a Cali para transmitir las órdenes presidenciales dé que el ejército se retire, y los mandos no aceptan. Eso es lo que va después a consejo de ministros...Son los mismos que intentan dar el golpe después de la firma de Corinto.

Después de San Francisco es el asesinato de Toledo y la toma de Yumbo. En realidad los momentos claves de la negociación son desde la muerte de Toledo hasta la firma del acuerdo. Porque ahí fue cuando se definieron de verdad las condiciones, el cómo llegaríamos a la firma, sometidos todos e presiones muy barracas. Pretendieron debilitamos o impedirnos llegar asesinando a Carlos, y con Yumbo demostramos que no había derrota, que estábamos decididos a llegar con honor, con iniciativa, con empuje y con tuerza victoriosa. Y logramos hacer aprobar Corinto y Hobo para la firma y la desmilitarización de esas zonas.

Paralelo a la negociación con el gobierno, hablamos con cada sector político y social para que propusieran su representante en la Comisión de Diálogo. Y ya nombrados, era una carrera desesperada entre el gobierno y nosotros, a ver quién hablaba primero con los miembros de la Comisión.

Se habló con todo el mundo: desde Guillermo Cano, Gómez Hurtado, López Michelsen -con él he tenido como doce reuniones-, y el procurador, hasta con los sectores obreros y populares, la prensa, las artistas, etc.

Este proceso de negociación no tiene lo espectacular de lo de la embajada dominicana pero si la importancia de que por primera vez estamos amarrando cosas, en un proceso de negociación, con todos los sectores vivos del país. Por eso Corinto y El Hobo no son hechos en un par de pueblos. Los sectores fundamentales de este país saben, para miedo o para alegría, pero saben lo que estamos buscando.

Conociendo los antecedentes de la negociación, uno se pregunta por qué uno de los “protagonistas” de la celebración, el acuerdo mismo, ocupa un lugar tan secundario en todos los eventos que se dieron alrededor do la firma.

El acuerdo es como el florero de llorente, las capitulaciones que firmó Galán, el edicto que se rompió en Socorro...Porque ese documento resume todo, nos muestra la disputa fundamental, el problema central de este país sin más mediaciones: el problema de la paz. Y por ello dio paso a otra realidad, y nadie volvió a pensar en él.

Colombia es un país de cien años de guerra. ¡O más! Las primeras guerras fueron entre los dos partidos, en el siglo pasado para negociar siempre entre ellos. Después vino la guerra de los Mil Días, y después la Violencia, cuando se da ese fenómeno de insurgencia popular armada con capacidad ofensiva, de vencimiento militar al ejército contrario. La guerrilla logra eso por muchos factores: es una guerrilla popular que inicialmente buscaba defender la vida, más tarde ya defender sus lealtades políticas, pero después tiende a ver que esa fuerza significa otra cosa. En los sesenta viene la guerrilla revolucionaria, con objetivos revolucionarios frente al poder, pero esa es una guerra que no arregla las cosas.

Yo digo que lo único que justifica hacer una guerra en un país es terminarla pronto; no se le puede imponer a una nación años y años de guerra para nada. ¿Por qué? Porque las fuerzas populares empiezan a perder posibilidades, y empieza a pensarse aquello de que la guerrilla es inútil, ineficaz, que nunca va a vencer al ejército, lo cual se refleja en expresiones como "por fin se dieron cuenta de que por ahí no es el camino"

En Colombia hay condiciones para que surjan veinte movimientos guerrilleros más -en el último año han surgido cuatro- y siempre habrá apoyo popular; el mayor desafío se sitúa entonces en el terreno de la eficacia política mediante un accionar político-militar exitoso.

La eficacia de las armas era un aspecto de la paz que estaba en juego; el otro si la paz es ir, cada cuatro años a votar ordenadamente; o si la paz es la justicia, el salario, la reforma social. La paz, con contenido social, por primera vez ha estado en disputa en Colombia frente al movimiento revolucionario.

Nosotros, a raíz de la toma de la embajada dominicana, vinimos a disputarle la bandera de la paz a la oligarquía en su propio terreno. Dijimos, ¿la paz? Bueno, vamos a ver qué es la paz...Y empezamos a agitar la bandera de la paz con contenidos políticos, sociales, económicos, y a meterle fuerza a esos planteamientos materializados en propuestas concretas. Así, el movimiento guerrillero y el M-19 en concreto llega a firmar los acuerdos habiendo demostrado primero, que es posible derrotar al ejército, que la guerrilla no lucha ya por mantener sus fuerzas, por sobrevivir, por seguir otros cuarenta años como fenómeno permanente, sino que busca es un triunfo y es capaz de obtenerlo...Militarmente se llega con eso.           

Segundo que la tregua militar es para pensar una paz social, con la participación del pueblo. Hace cinco años decía que era un problema hablar con nosotros, pero ahora ya nadie lo discute porque en cuatro años tuvieron que negociar con nosotros en la embajada, después directamente en Madrid con Betancur, y se negocia con nosotros ahora

Tercero, hoy nadie discute en Colombia que el problema de la paz no es un problema social: hasta hace un año se decía que el problema de la paz era la existencia de un movimiento guerrillero. Ese es in triunfo el berraco, porque estaba en juego si la bandera de la paz es silenciamiento, de rendición y el amansamiento de la guerrilla, si la paz es política, si la paz en Colombia cabe en este régimen político. Y resulta que el problema de la paz no es eso. Una de las grandes verdades que dijo Bateman fue que quien gane en Colombia la bandera le la paz, gana la guerra. Para la oligarquía la paz era la rendición de la guerrilla y el control político sobre los antiguos guerrilleros. Para nosotros la paz era no rendirse la guerrilla y lograr la Justicia social.

¿Qué se ganó en el acuerdo? Primero, que la guerrilla no se rinde, no se amansa Y segundo, que la paz es la justicia social; tuvieron que aceptarlo mediante el Diálogo Nacional

Por eso el acuerdo, si bien es central, también está resolviendo la disputa fundamental. ¿Qué más estaba en juego? Si el movimiento guerrillero era un fenómeno aislado en Colombia. Sobre esto empezó la Charla con Belisario en Madrid. El nos dijo: "Iván, Alvaro, acabemos ya esta guerra que lleva cuarenta años". Le contestamos, "mire, llevamos cuarenta años; esto no nace de la respuesta de venganza de la violencia bipartidista en Colombia, no son sentimientos de venganza los que están destruyendo a Colombia” Todavía se mantenía eso de que la guerrilla era un hecho marginal, aislado: o bien porque se declaraba uno contra el estado y nunca triunfaba, o bien porque era residuo de la violencia bipartidista.

Resulta ahora que la guerrilla en Colombia es -y en eso era impórtame lo del Diálogo- no un fenómeno que se alimenta de sí mismo y negocia para sí mismo, sino la expresión militar de un movimiento nacional. En Colombia hay una oposición que quiere ser gobierno. Y nosotros jugábamos a que el diálogo abriera las compuertas para que se expresara ese movimiento que si existe pero no se expresa; un movimiento político apoyado por una fuerza militar. Y el movimiento político no es el M-19; son las franjas ideológicas y sociales que se mueven alrededor de todas las banderas democráticas y nacionalistas.

El Diálogo en esos acuerdos implicaba entonces la participación popular, la movilización nacional de las diferentes franjas democráticas y nacionalistas. Belisario y sus negociadores no creían en eso: ellos, lo del Diálogo, no lo veían muy concreto.

La oligarquía tiene su propia ideología y niega una serie de fenómenos; no los ve. Ellos pensaron que no existía la oposición democrática. Y resulta que se da una oportunidad -llámese Corinto, Hobo, llámese Diálogo Nacional- y se destapa. Por eso, entonces, lo de la negociación de los acuerdos era clave; cada coma, cada punto, cada frase, cada objetivo que aparece en el acuerdo es peleado. Y cuando se logra, no tiene importancia, porque surge una nueva situación; se logra eso y estalla otra cosa en este país. El documento resume lo que había y lo que estaba en juego, pero apenas se logra, crea una cosa distinta.

Lleras Restrepo dijo que añoraba esa larga fila de guerrilleros del Llano entregando sus armas. Bateman había dicho hace un año que nunca se vería otra vez esa fila de guerrilleros entregando sus armas; para más piedra de Lleras, en Corinto y El Hobo se formó fue una larga hilera de colombianos que querían unirse a nosotros para lo que fuera: o para el desarrollo del movimiento político nuevo, si funciona lo del Dialogo Nacional, o para la guerra. Lleras ve que el eje de todo esto es el movimiento político nacional, es la fuerza militar y son ambas cosas.

Las dos piedras fundamentales con que se ha mantenido el Estado colombiano -el bipartidismo oligárquico y las fuerzas Armadas- en cualquier hecho de Corinto lo ves quebrado. Eso de la inscripción: a ver qué partido tiene en 24 horas siete mil adherentes en tres ciudades, o pequeñas aldeas. Y ganaremos, no por el número, sino porque la propuesta como hecho político, puede derrotar a la oligarquía ya que ésta no tiene salidas frente al problema de la paz. Y si es por la guerra, también ganamos, porque ya se ha probado en este último año, que podemos derrotar a la contraguerrilla.

Entonces por eso tienen susto los editorialistas, los partidos, los señores del senado, la gran prensa. Y por eso el vacío informativo tan berraco. Ahora dicen algunos di

rigentes políticos que eso de la elección popular de alcaldes no, porque ahí van a ganar la subversión y la extrema izquierda. Ya en Colombia se abre cualquier resquicio democrático y estalla un desorden a los ojos de esa oligarquía que les quiebra sus valores. Sobre todo cuando es un resquicio democrático llenado por una expresión, un proyecto político-militar: la democracia en armas. Hoy estamos viendo manifestaciones en Tuluá, en Florida, en Yumbo, en Ibagué, en Buga, con cuarenta, cincuenta mil personas, con plazas llenas por primera vez en años. ..Y sin que tengamos aparato político.

¿Qué se decía siempre? Había dos esquemas: uno era que para hacer política se necesita tener el presupuesto oficial, el clientelismo, un aparato político, y políticos profesionales; por otra parte, está la idea de la izquierda tradicional de que hacer política es juntar alrededor de su propio grupito cinco personas más, o veinte voticos más cada dos años. Esos son esquemas para hacer política. El otro esquema es sobre lo militar: que guerrilla que no combate se muere.

La oligarquía nos quería coger en una doble tenaza: según sus cálculos, si nos lanzábamos a hacer política, no contaríamos con los elementos necesarios (era el reto que nos lanzaba El Tiempo el día de la firma, porque no había visto lo que pasaba en Corinto); y en términos de la guerra que como no combatiríamos, moriríamos. Resulta que nos lanzamos a la política y estamos movilizando toda una opinión; la gente deja su fierro, se viste de civil, y va a las plazas, sin presupuesto, sin ser oradores, sin nada. ¿por qué mueven a las masas? Porque la gente huele la victoria. La gente no es pendeja. Hay una convicción ahí: de que por lo menos todo lo que se habla tiene el respaldo del combate realizado a cualquier costo.

Y no es cierto que la guerrilla que no combate  se muere.  La guerrilla vieja, en cuanto a guerrilla, si no combate se muere. Pero la guerrilla en cuánto construcción de un ejército ligado a un sentir nacional, a una propuesta política, con vasos comunicantes políticos permanentes, se crece en ambos terrenos: no hay diferencia entre la política y la guerra. Si la política está viva, nunca se va a morir la guerrilla; al contrario. ¿Qué es Navarro, qué es Vera, qué es Perea? ¿Políticos o guerrilleros? ¿O simplemente la expresión de una renovación en este país?

Entonces ni nos muelen haciendo política ni nos acabamos con la tregua, que eran los cálculos de la oligarquía. De ahí la importancia de lo que estábamos firmando. Es que el que ganara ahí, en esa negociación, la manera como se llegara al acuerdo y el cómo lo manejáramos, implicaba que una de las partes se iba para arriba. Ya el problema no era el cómo lo manejáramos, implicaba que una de las partes se iba para arriba. Ya el problema no era el acuerdo, en sí, sino donde quedaba uno arriba o abajo.

Por eso, cuando estalla el último viva y se impone la última firma esa noche en Corinto empieza otra historia.

  Cumpliremos

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9 mayo 2014 5 09 /05 /mayo /2014 13:58

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7 mayo 2014 3 07 /05 /mayo /2014 09:20

CARTA ABIERTA

 

A AFRANIO

 

Y A LAS MILICIAS BOLIVARIANAS

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He leído con sorpresa pudiera decir, los documentos que tú, Afranio, has escrito a las milicias. Con una muy agradable sorpresa, porque siento que la carreta que en ellos se expresa resuelve una buena parte de los problemas de ligazón entre la propuesta global de gobierno pactado y las tareas más próximas y pequeñas de la construcción de ese gobierno en la vida cotidiana. Y porque allí se esboza una concepción de la democracia desde abajo, desde la base, que empata bien con nuestro discurso global; democracia que por otra parte, es esencial coma practica y como perspectiva en la busca de una nueva sociedad, un nuevo proyecto de nación que es por lo cual luchamos, morimos y vivimos.

Pero vamos por partes. En esas cartas, pides que llamemos a las cosas por su nombre y que hablemos de gobierno en el nivel en que ese gobierno existe, el nivel popular. Es que el nuevo gobierno ya existe en las mil formas en que nuestro pueblo va resolviendo los problemas de su subsistencia, en las expresiones de su autogestión que aparecen por todas partes en el país, en los paros cívicos que aunque de manera transitoria e inestable, ejercen el gobierno de hecho de regiones enteras, en los autoconstructores de vivienda que se organizan con gran autonomía económica y social, en los indígenas que construyen a azadón, machete y bala su autonomía, en las milicias bolivarianas herencia de los campamentos, en todo ese país extrainstitucional que va convirtiéndose en una nueva nación, la verdadera nación.

Has logrado ligar, Afranio, el mundo pequeño de lo comunitario con el objetivo político global. Esas organizaciones locales que existen como hongos en todo el tejido de la sociedad tienen sentido como instrumentos de gobierno popular, como expresión de la democracia que no se limita a lo local, sino que en su dinámica política y en su fuerza potencial, apunta a la construcción de un gobierno de verdad-verdad que arranque a la oligarquía la dirección global de la sociedad, para que sea posible la Colombia con que soñamos todos.

PODER POPULAR, ¿POR LAS BUENAS?

La discusión sobre sociedades como la nuestra que muestran altos índices de extra institucionalidad, o marginalidad o informalidad para no jorobar con los términos, está de moda en el continente.

Por ejemplo, los autores de El otro sendero quieren hacernos comulgar con piedras de molino, diciendo que la economía informal es la verdadera revolución, pacífica y noble, que hace innecesario el enfrentamiento con la oligarquía a quienes llaman a "entender", a "sensibilizarse" ante los problemas de los pobres y "ayudar' a las clases más necesitadas". Mejor no lo hubiera dicho la doctrina social de la iglesia, que compartiríamos plenamente si bastara con un llamamiento a la buena voluntad. Pero la experiencia histórica demuestra que para que la convicción funcione en las encallecidas almas de los oligarcas, es necesaria una muy grande dosis de fuerza. Por otro lado, aunque todo el planteamiento del libro identifica muy bien las potencialidades de la economía informal, la creatividad que nuestros pueblos desarrollan para evitar que se los coma el tigre, no les da ningún sentido político a esos elementos que pueden ser revolucionarios si se acompasan a un proyecto de transformación social. La acumulación cuantitativa de formas alternas económicas y sociales, de organizaciones populares, no es necesariamente revolucionarias; en Colombia hay más de 12 millones de personas afiliadas a cooperativas, casi la mitad de la población, y con ello los valores solidarios del cooperativismo no han avanzado más de unos centímetros, pues su peso político no se corresponde para nada con el volumen de sus afiliados. Porque ahí está la esencia. La revolución es un problema de calidad, de política, de poder. Si la informalidad de la que nos hablan los autores del libro en referencia levanta las verdaderas banderas de la democracia y el pueblo que salen de su propia práctica, y unida a otros sectores que defienden los mismos intereses, se plantea el problema del poder para el pueblo, ese pueblo que "demuestra cada da una energía y un ingenio extraordinarios", como acertadamente anota el libro, entonces, sí habrá comenzado una verdadera revolución, la cual está empezando ya con la construcción del gobierno por la base.

A nosotros, quienes hemos sido los primeros en Colombia en comprender el valor revolucionario de la marginalidad, la Lectura del libro debe servir también para que nos pongamos truchas en comprender mejor todo el fenómeno de la informalidad, pues es evidente que sectores anti-revolucionarios están estudiando con seriedad lo que pasa en ese terreno y buscando fórmulas para impedir que se convierta en el verdadero talón de Aquiles del sistema. Una parte del éxito de Ernesto Samper, con motivos simplemente electorales, ha sido apelar a esos grupos sociales, o al  menos a los sectores menos empobrecidos de esos grupos, tal  vez de manera intuitiva en su caso. Pero ese no es el caso de Vargas Llosa, prologuista del libro del que hablamos, quien está asumiendo la vocería de los falsos pero estudiosos profetas que predican el cambio sin revolución.

En Colombia, un grupo de intelectuales y algunos dirigentes populares han identificado correctamente esa informalidad como una característica esencial de nuestra sociedad y han reconocido su potencial revolucionario. Pero hasta ahora no han acertado en sus formulaciones políticas. Sin hacer una discusión muy profunda del tema, digamos que coincidimos con esos compañeros en la necesidad de construir por la base una nueva sociedad, que la participación y la organización comunitarias contienen todos los elementos de la democracia, que la incapacidad del Estado deja vacios que los llena la potencialidad e iniciativa del pueblo y que en ellos es donde debe construirse el nuevo poder. Pero ese nuevo poder, ese nuevo gobierno, no puede crecer sin encontrar sus topes y entrar en conflicto, no solo día a día, cuando unos vendedores ambulantes son barridos a bolillo de una calle o un concejal de un movimiento cívico es asesinado por paramilitares, sino también y sobre todo, en la gran escala, en la estrategia, porque ese nuevo poder, el popular y democrático, está abriéndose paso a codo y pata en un marco global en el cuál los intereses de la Patria y de la antipatria, de la democracia y la antidemocracia, de lo popular y de lo oligárquico son irreconciliables, se repelen entre sí como agua y aceite. Por eso difunden una utopía quienes conciente o inconcientemente  callan el hecho indiscutible de que la oligarquía, más temprano que tarde, le va poniendo obstáculos político-militares al crecimiento del poder del pueblo, los cuales serán cada vez más agresivos en la medida en que los viejos dueños del poder se sientan cada vez más desplazados.

Otro de los caballos de batalla de estos compañeros es que la sociedad civil está amenazada por eI conflicto político-militar. No comprenden, o no quieren comprender, que le existencia de esos intereses contrapuestos no puede resolverse en el ámbito civil solamente, menos en  país como el nuestro. Quieren tapar el sol con la mano cuando condenan el uso de las armas para conseguir conquistas populares que van desde el pequeño poder, desde el enfrentamiento a las formas micro de represión y a la pajaramenta urbana y rural, pasando por la lucha a nivel nacional como enfrentamiento político-militar en cada período, para no hablar de la estrategia, donde la apelación a las armas que hacen algunos de estos revolucionarios es todavía más difusa e incoherente. Quieren convencer a los colombianos de las posibilidades de una revolución casi pacifica, en busca de la cual hemos entregado muchas vidas y entregaremos muchas más aún, pero cuya idea es mas sacada de los deseos de paz que a todos nos embargan que de una mirada seria del país en que vivimos, donde existen mil ejemplos históricos y actuales de la integralidad armas oligarquía y otros mil de la simbiosis armas-pueblo. Porque es esta síntesis armas-pueblo la única vía posible para lograr la nueva sociedad y el único camino para no llevar a nuestro pueblo a la peor de las frustraciones, la frustración de la impotencia por no tener instrumentos de lucha en el terreno en que la lucha se plantea.

¿O qué respuesta va a darse a las comunidades que han perdido sus dirigentes por acción paramilitar sin haber tenido nunca relación con la lucha guerrillera? ¿O a la oleada creciente de asesinatos políticos? ¿O a la contratación de pájaros y al uso de la policía y el ejército por terratenientes que se oponen así a las recuperaciones de tierras? ¿O a las huelgas obreras que traspasan los límites  del código del trabajo y son abaleadas ¿O cómo van a interpretar los últimos años de la vida nacional en que se ha disputado a la oligarquía la iniciativa política desde el terreno político militar? ¿O acaso los lustros de experiencia de nuestro pueblo, que perdió a Gaitán, que vio cómo le robaban las elecciones el 19 de abril de 1970, que presenció la burla del esfuerzo de paz, no son suficientes? Ante estos hechos, se argumente que se debe desmilitarizar la vida nacional y que ello debe comenzarse por el lado de la guerrilla, con el supuesto que así la oligarquía seguirá el ejemplo; qué inocencia, ¡Por Dios!.

Meto esta parrafada porque la discusión está viva aún entre algunos de nuestros amigos, y porque las milicias bolivarianas son uno de los mejores ejemplos de que es posible integrar un conjunto social-político-militar, de núcleos de gobierno popular armados, que sean realmente capaces de confrontar con éxito al gobierno de los enemigos de la democracia y el cambio.

DE LO LOCAL A LO NACIONAL

Pero como dice el dermatólogo, vamos al grano. Si bien las milicias están caminando en la solución al problema básico de cómo integrar en la vida cotidiana de la comunidad lo social, lo económico, lo ideológico, lo político y lo militar, si de ese modo se está construyendo un gobierno por la base e impulsando por lo tanto una política de gobierno democrática, quedan por lo menos dos problemas por resolver. Por una parte, cómo ligar ese esfuerzo comunitario a lo social, cómo vincular, lo pequeño a lo grande, cómo resolver la diferencia de ritmos de lo local con otras experiencias pequeñas y grandes y con las expresiones populares y democráticas al nivel nacional e internacional; y como segundo problema como ligar ese esfuerzo Comunitario a lo político, que al  fin y al cabo es lo más general de lo general, en el mejor sentido de la palabra

Metámosle muela al primer asunto, que no está de ninguna manera desligado del segundo sino que están interconectados, para usar un término ingenieril Pero hagámoslo por partes. De experiencias ajenas y también de las propias en organización comunitaria podernos concluir que son necesarios varios elementos para que la ligazón entre lo particular y lo general sea exitosa. Esta es una lista preliminar para discusión, desordenada y sujeta a todos los cambios que sean necesarios. Para empezar, se hace necesario que se imponga una dinámica de solidaridad en la acción comunitaria, que se exprese primero en su ambiente más cercano pero que vaya asumiendo también formas más amplias y políticas. El grupo de autoconstrucción, por ejemplo debe ser modelo, adiestrador y consultor para otros grupos similares en la zona donde funciona, debe ayudar con los recursos que tenga a su alcance a otros grupos que están luchando en tareas similares, debe poner los servicios a los que tiene acceso al resto de sus vecinos sin discriminación y  debe ir emprendiendo tareas solidarias en el terreno más general y más complejo de lo social y lo político. Esa solidaridad debe ser proporcional, por supuesto, a los recursos con que cuenta la comunidad pero mientras mayor sea la práctica solidaria tanto mejor. Hace poco marcharon en Bogotá miembros de la comunidad chocoana en apoyo al paro de ese departamento; nuestras milicias en esa ciudad, ¿por qué no los acompañaron, si el paro cívico del Chocó era el centro de la atención política en esa semana?   O por qué no organizaron otros actos, similares, de solidaridad?  

El grupo comunitario  debe ser el motor local pues es el grupo más dinámico del sector donde se halla ubicado y tiene que asumir plenamente ese papel, con iniciativas que no solo aprestigien el grupo en el medio en que existe sino que impulsen la participación de quienes les los rodean en actividades sociales y políticas. Bolívar 83 en Zipaquirá, un barrio de invasión y autoconstrucción, después de un período en que se cerró demasiado en sí mismo, durante el Diálogo y entiendo que posteriormente también llegó a ser el motor del trabajo en el municipio con contenidos no sólo sociales sino también Políticos y aún político-militares. Lo mismo puede decirse de los campamentos, que fueron motores de la democracia, de la participación, del cambio a nivel local, motores de una nueva Colombia que está naciendo por todas partes

Pero además la experiencia enseña que los grupos comunitarios deben ligarse a proyectos más extensos; aquí lo regional juega un papel muy importante, pues el nuestro es un país de regiones. Lo que para los grupos indígenas o negros es su raza y su cultura, cultura, para los pastusos es nuestro Nariño o para los paisas es la república independiente de Antioquia, guardadas las proporciones. Por eso debe proyectarse al menos donde ello sea posible, un perfil regional que ya implica una primera ligazón del nivel local con un nivel mayor, el regional. Los movimientos cívicos y los movimientos políticos regionales son una expresión de esa realidad. En este nivel, la cultura tiene una de sus posibilidades más grandes y el terreno está abonado para sus expresiones. En la región se pueden integrar una serie de formas organizativas más amplias que le dan solidez superior a las estructuras locales, como son corporaciones y asociaciones regionales de muy diversos ámbitos.

Porque ese es otro de los elementos de este nuevo gobierno para que de verdad lo sea: la formación de un complejo tejido de formas de organización, que llenen todos los espacios posibles, una telaraña en la cual por donde se muevan las cosas haya formas de organización que garanticen la participación de la población con voz y voto reales. Juntas de vecinos, asociaciones de tenderos, defensa civil, guarderías y mil formas más en el nivel local que estén conectadas en el nivel regional. Pero por supuesto para que esto no sea organicitis sin dirección, debe haber unas organizaciones base que sean el núcleo de toda la telaraña, que para nosotros son las milicias pero que en otras partes del país o en otras experiencias son de otro tipo; a ello me referiré luego, pero deben existir formas básicas de organización, las empresas madres de los conglomerados financieros, las cuales le den sentido y orientación al conjunto. Esas formas básicas deben tener una actividad permanente y reunirse periódicamente;  sí ¿la organización base es de tipo regional, como las nacidas de los paros cívicos, debe reunirse por lo menos dos veces por año, para mencionar un plazo, y garantizar así que se mantenga la cohesión y la discusión de las coyunturas regionales. Esto parece de perogrullo, pero no lo es y en experiencias que he seguido de cerca, es muy importante para mantener la vigencia de la organización regional y su dinámica

Aquí llegamos ya a las formas nacionales de estas organizaciones para potenciarse unas a otras intercambiando experiencias y recursos permanentemente, coordinando tareas, sumando fuerzas y esfuerzos, así como para ligarse del modo más general a otras expresiones de la organización de la democracia y el pueblo. Esas formas nacionales todavía están en embrión en el país y es mucho lo que debe inventarse en su configuración, aunque el proceso de coordinación creciente de las organizaciones populares en los últimos dos años está impulsando positivamente esa búsqueda de encuentros y globalizaciones  de los sectores más desarrollados. En la medida en que se asciende en la estructura, el riesgo que debe afrontarse es el del burocratismo y el alejamiento de la realidad, en cuyo manejo se están también trabajando fórmulas exitosas especialmente en los movimientos cívicos.

DE LO GREMIAL A LO POLITICO

Pasemos al segundo punto. El cemento ideológico de todo este conjunto organizativo es el ejercicio del gobierno. Se busca romper la barrera sicológica de la población que está inconforme, que no cree en las promesas oligárquicas porque repetidamente ha sido engañada, pero tampoco cree en su propia capacidad de gobernar. Por eso, sin creer mucho ni en liberales ni en conservadores y aunque sabe que no cumplen lo que prometen la gente sigue votando por ellos Y ese aprendizaje de gobernarse a si mismo Puede hacerlo el pueblo empezando en pequeño, por el autogobierno comunitario para descubrir que organizar una olla comunitaria o dirigir por dos días un municipio tiene el mismo principio que gobernar el país. El cemento entonces se obtiene logrando que el pueblo consiga y consolide la confianza en sí mismo, en su propia capacidad, dé rienda suelta a su iniciativa y creatividad y saboree su poder; que se demuestre a su mismo que no necesita los parásitos de la politiquería y a los mismos de toda la vida si no que la verdadera riqueza de Colombia está en su pueblo.

En una situación de desgobierno como la que vivimos, donde más del 50% del país está por fuera de las instituciones o muy débilmente ligado a ellas existen unas muy favorables condiciones para que la iniciativa y creatividad populares se conviertan en el instrumento de un nuevo gobierno. Esa es la tremenda potencialidad de nuestra propuesta. Esa fue la potencialidad de los campamentos de la paz y la democracia. Esa es también la diferencia con los proyectos simplemente organicistas, que se pasan años juntando gente sin que pase nada o de golpe se es desbarata en meses lo que organizaron en lustros. El problema es cómo abrirle paso en cada momento, en cada coyuntura, al ejercicio del gobierno popular, del gobierno en manos del pueblo, de todo el pueblo; eso es la ligazón de lo social con lo político-militar. Como también lo es lograr que esas experiencias de gobierno popular se reproduzcan rápidamente, dinamicen cada vez sectores más amplios de la población y pongan en jaque el gobierno de turno. El problema del tiempo es muy importante, pues el adversario se reacomoda, aprende también de las experiencias populares y se lanza a aislar o retomar los espacios que ha perdido. Si de veras queremos hacer la revolución en nuestra generación, (lo cual se puede y por lo tanto se debe hacer) debemos acumular más  de lo que perdemos y más de lo que acumula el adversario y eso se consigue acumulando en caliente, en las coyunturas y dándole perspectiva nacional e internacional  a los esfuerzos locales.

Por eso nada de lo comunitario tiene ni norte ni sur sin lo político-militar, que no es el trabajo de los políticos y los militares sino de todas las gentes de una comunidad, así haya especialistas, cuadros dedicados de tiempo completo a esas tareas. Pero una visión integral debe estar presente en todos los niveles de la organización comunitaria; más  que una visión, una práctica. Solamente así lograremos que todas esas organizaciones populares pasen a ser protagonistas de la historia y no se ahoguen en el gremialismo o el reformismo, o les pase lo que a los avestruces a quienes los deja la historia con su cabeza bien guardada, o por el contrario, se radicalicen aisladamente, sin extenderse, hasta terminar ahogadas en un baño de sangre. Por todo esto es indispensable que los trabajos locales se ubiquen en la realidad nacional política y militar, y sean actores de ella.

¿Cómo carajo se maneja entonces lo político? Y más aún ¿Lo político militar? Ustedes saben mucho más que yo de la experiencia concreta. Sin embargo me atrevo a presentar algunas reflexiones. Arrancando por lo general, al revés que la carreta anterior, planteo que esa ligazón debe hacerse en las coyunturas, en los momentos políticos; es la única manera de acumular en caliente, en vivo, de lograr que el trabajo de hormiga rinda y salte del crecimiento aritmético al crecimiento geométrico y que la gente se salga de la rutina a la comprensión de lo global. Este es un elemento fundamental. Meterse en la política no se logra solamente repartiendo el periódico de la organización, o haciendo que algunos se pongan el brazalete, o contándole historias a la gente o metiendo fierros al paseo, o enviando uno que otro muchacho al Batallón América o haciendo presencia en las reuniones donde todo el mundo sabe que uno es del Eme Toda esto hay qué hacerlo, pero es necesario que ello sea armónico con el ritmo de la comunidad y con el ritmo del país. Se necesita que la comunidad se monte en el bus de la coyuntura y el papel de nuestros cuadros políticos es lograrlo. Para que se logre, lo primero que debe hacerse es identificar claramente los momentos políticos y definir una línea de acción para ellos, unas tareas para el período, lo cual es obligación de la dirección política usando los métodos más participativos posibles. Y si no ¿qué carajos dirige? Con una  y otra cosa,  la identificación del momento y las tareas para él, más la sensibilidad de los cuadros y de la comunidad que están en el terreno para ligar lo local con lo global (sin la cual tampoco hay salvación), estaremos integrando (no superponiendo) elementos y lograremos lo político en vez de esa especie de politiquería y aparatismo en que es tan experta nuestra izquierda y lo militar en cambio del militarismo en que también somos expertos.

En lo militar también son Ustedes más expertos que yo en el terreno miliciano pese a lo cual, también opino. Las tres tareas más importantes de las armas al nivel miliciano son autodefensa, apoyo a la Lucha concreta de cada sector concreto y propaganda armada, muchas veces ligadas entre sí. Hoy en Colombia el problema militar más importante a  nivel de las masas son los paramilitares. Enfrentar este problema es la primera obligación del movimiento guerrillero y del movimiento popular, pues lo contrario es dejar la gente librada a su suerte, y permitir el efecto paralizante del terror, cosas como las de Barranca o Since donde la población se levantó contra los asesinos, son muy buenas pues muestran el repudio y la ira del pueblo, pero no son suficientes para parar los crímenes, si no se transforman en organizaciones populares que incluyan formas armadas permanentes, en organizaciones milicianas, aunque no se llamen así. Pero en sitios donde los dirigentes muertos estaban levantando un trabajo, su muerte difícilmente va a poder ser respondida por la autodefensa de masas, para usar un término de quienes mucho la predican pero poca la practican. Ahí la guerrilla o las milicias más desarrolladas  de otras zonas, tiene que cumplir tareas que le son propias. Ello hoy se suma a lo que se está haciendo en el terreno de la denuncia. Lo de la UP es, aterrador; entierren y entierren cuadros. ¿Hasta cuándo lo va a aguantar nuestro pueblo sin movilizarse? Y eso nos afecta a nosotros también. No es sólo problema de ellos, sino que ahí están cayendo también compañeros nuestros y el efecto sicológico va sobre el conjunto del movimiento popular. Es que ya muchos sectores de masas, ante las propuestas de lucha, responden: gracias, prefiero vivir. Así que ¡pilas milicianos! recuerden aquello de a Dios rogando y con el mazo dando.

Y hasta aquí, hermano Afranio y llaverías de las milicias, me llega la cuerda y les llega a Ustedes el oxigeno lector.... Benditas sean la filosofía, la teoría, la poesía, la Sofía, la María y todas las ias (menos la CIA), siempre y cuando no las hagamos volar por los cielos, sino que las embarremos sabroso y sin asco en el lodo de la coyuntura política. Así que, para decir y hacer, termino con un abrazo esta carta, que ya se volvió pastoral, y los remito a otro sesudo ladrillo, que versará sobre el momento político colombiano.

Antonio Navarro W.

Junio 27 de 1987

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7 mayo 2014 3 07 /05 /mayo /2014 09:20

Sin título

IDEARIO DEL MILICIANO

  1. Soy miliciano y lucho a capa y espada por la Democracia, la Justicia, la Paz  la Vida.
  2. Organizado voluntariamente en las Milicias Bolivarianas pongo mi vida al servicio de la comunidad dándole mi aporte político, cívico, cultural y militar, de acuerdo a mis capacidades, y aprendiendo de ella sus preciosas enseñanzas.
  3. Impulso las luchas y la organización de las masas, teniendo como punto de mira que todo organismo de las masas debe convertirse en un órgano de dirección del Nuevo Estado Democrático que hará posibles las realizaciones de la Democracia en la Nueva Nación.
  4. Como miliciano sé que la Democracia se construye por la base y por ello, convoco, a todo mundo a ejercerla en Hechos de Gobierno y Libertad.
  5. Soy un combatiente de la Unidad, porque sólo mediante la convergencia en torno a un proyecto y la identidad nacional lograremos la Colombia posible de Vida, Democracia y Paz.
  6. Me mueve la fé en el futura venturoso de la patria. Soy defensor inquebrantable de las causas nobles y justas por esto, con orgullo, me considero un Cruzado de la Redención Social.
  7. Defiendo la dignidad de las personas, los bienes de la comunidad y la nación y exijo, también, respeto a mi persona.
  8. Respeto las tradiciones de mi pueblo y reafirmo nuestro patrimonio cultural
  9. Defiendo, igualmente, nuestra riqueza ecológica.
  10. Soy pregonero y dinamizador del ideario do Independencia, Justicia, Soberanía Popular y Unidad ContinentaI que nos legó El Libertador Simón Bolívar.

“JUSTICIA Y DIGNIDAD”

 

MILICIAS BOLIVARIANAS

 

Bogotá, Septiembre de 1986

 

PRESENTACION

Lo que este folleto contiene es una serie de cartas. Cartas: es decir, documentos escritos sobre el camino. Porque cuando aquí y ahora hablamos de milicias, nos referirnos a una experiencia en construcción, a estrenar palabras, inventarle nombres a las cosas, e inaugurar con hechos una nueva experiencia de democracia. Por eso no es esta una cartilla. Es una propuesta de trabajo, de discusión que nace de la experiencia, que pretende enriquecerse con la reflexión y la experiencia de cada uno, de todos. Lanzamos, pues, estas cartas y ellas quedan como toda misiva a la espera de una respuesta.

Noviembre de 1987

MILICIAS BOLIVARIANAS         

 

INTRODUCCION

Quisiera escribir esta introducción de manera impersonal pero definitivamente, las Milicias Bolivarianas me llegan tan al alma y me siento tan encarnado en ellas que me es imposible. Nunca antes en mi vida de tropeles y luchas por una Colombia Nueva me había ligado tanto a mi pueblo corno cuando nos lanzamos a construir los Campamentos de la Paz y la Democracia e iniciamos la creación de las milicias. Creo que a todos nos sorprendió el diverso, vital y rico panorama de un universo que nos era desconocido. El universo embrujador y secreto que se agita en el seno de la comunidad.

Iniciamos la construcción de milicias en cumplimiento de una de las decisiones centrales del Congreso de la Paz y la Democracia celebrado en Los Robles, Cauca: ser gobierno.  y las milicias son, en efecto, un instrumento de gobierno de las mayorías. Son una expresión de la comunidad en ejercicio de su soberanía y de la democracia.

El camino recorrido por las Milicias desde Los barrios marginados de Cali, pasando por Bogotá, Medellín, Santander, Tolima, Huila, Cauca, la Costa…,es corto: dos años y medio, pero eso sí, este camino ha sido intenso y por lo tanto, apasionado. Y nuestro objetivo es que donde quiera que viva una comunidad, a lo largo, ancho y profundo del país, allí la comunidad, haciendo uso de sus derechos, organice sus milicias.

Ya las milicias, niñas e inexpertas, pero fieles al pueblo y amparadas en su regazo, han enfrentado más de una prueba de fuego. Decenas de milicianos han caído en el campo de batalla y de su voz postrera hemos escuchado el lema "Justicia y Dignidad" rompiendo el silencio y los espacios.

Ya sabemos que la suerte de las milicias está cifrada en el corazón del pueblo. El miliciano lucha por una patria grande desde su patria chica y liga su quehacer cotidiano al quehacer político, social, cultural y militar  de la comunidad que busca incansablemente recuperar sus derechos: democracia, vida, dignidad redención social, paz… libertad.

Ser miliciano, pues, es tener claro que no se es un combatiente solitario. Es entender que nuestra gran fuerza está en las masas y no en los esquemas aparatistas. Es saber movernos en el laberinto mágico de la comunidad y en la compleja telaraña de su problemática para aprender con humildad y a la vez, desencadenar y dinamizar la energía social con el mejor espíritu constructivo, pues el miliciano es un reformador social.

Cuando asumimos el proyecto miliciano en toda su dimensión nos damos cuenta que en las comunidades hay múltiples fuerzas latentes ya visibles, ya  invisibles, ya materiales, ya espirituales: la naturaleza, los niños, las mujeres, los jóvenes, los ancianos, las herramientas de trabajo, el secreto colectivo, los sentimientos, las ideas, las creencias, la imaginación... Todas estas fuerzas y muchas más pueden confluir en un momento dado en un solo torrente liberador. Es el torrente de la atracción apasionada.

Las milicias, por lo que hemos visto a lo largo de su desarrollo, no son uniformes ni formalistas; ellas son bien un reflejo del gran país informal; abundan en ellas las más variadas expresiones folclóricas y un lenguaje popular picado de humor. Pesan más en ellas los elementos del instinto, la espontaneidad, las creencias y los sentimientos que el bagaje teórico. Son en definitiva, y concretamente para Colombia, una expresión del país del rebusque, por eso no es raro que a sus filas haya llegado más de un avivato, pero tampoco es raro que en ellas encontremos a las personas más honestas de la comunidad.

Es muy amplío el campo de acción de las miIicias acorde con las características de cada región, cada comunidad y cada sector social. Ellas son factor dinamizador de la paz o de la insurrección. Lo que afirma el Movimiento 19 de Abril, M-19, es que al igual que la democracia, las milicias son una propuesta para que la asuma el país. Las milicias no son blancas ni son negras. Ellas son como el arco iris. Por eso no me cabe duda que en el arco iris tienen las Milicias Bolivarianas su más espléndida bandera.

Afranio Parra Guzmán

CALC14

Octubre de 1987  

    MILICIAS 3En barrios donde la comunidad no lograba legitimar organismos de gobierno como el Cabildo, las milicias asumían la responsabilidad de dirigir los conflictos de la población, siendo acatadas como la legítima autoridad. En un período de cuatro meses que fue el tiempo de los Campamentos de la Paz y la Democracia, en los barrios donde la Organización desarrolló la propuesta de gobierno y de milicias, éstas se convirtieron en una fuerza conductora de la comunidad.  

Rota definitivamente la tregua, los Campamentos son destruidos por los cuerpos represivos. Las milicias han logrado tal inserción en la población que los barrios se convirtieron en Zona-Campamento. La actividad de las milicias, que hasta entonces se había centrado en la orientación política, la acción cívica y la movilización cultural de la comunidad, adquiere una nueva dimensión: la militar. Había dos alternativas: abandonar los barrios, o enfrentar la represión. Donde las milicias optaron por combatir, lo hicieron en defensa de las conquistas de gobierno de la comunidad.

En zonas como Siloé, Aguablanca, Terrón Colorado, Petccuy y Yumbo, había efectivamente, desarrollos de la propuesta de gobierno y de ejercicio real de la democracia, hasta tal punto, que en algunos barrios la población, en Cabildo Abierto, creó Juntas de Gobierno. En Aguablanca, aunque clandestinas, por las condiciones de represión, aún existen Juntas de Gobierno de las creadas hace más de un año.

El hecho culminante de enfrentamiento militar se da en Siloé a comienzos de diciembre de 1985, cuando el gobierno de Belisario Betancur, que ya se había jugado la carta de "tierra arrasada" en el Palacio de Justicia, toma la decisión de arrasar con Siloé. Cinco mil efectivos del ejército y el GOES invaden la zona y protagonizan un genocidio. Anterior a este acontecimiento. Aguablanca había sufrido invasiones hasta de tres mil hombres y la población y las milicias de la zona había hecho acopio de heroica resistencia, sin que lograran los cuerpos represivos obligar a los milicianos a abandonar el sector, debido al apoyo total de la población, pero sí, anotándose éxitos en cuanto a pérdidas fatales de combatientes y cuadros milicianos.

La verdad es que la guerra de varios meses sostenida en los barrios de Cali sometió a las milicias a un desgaste en combatientes y cuadros que lógicamente, repercutió en un vacío que aún no hemos podido llenar.

ESENCIA SOCIAL DE LAS MILICIAS 

Las milicias, nacidas en los barrios y portadoras del lema “Justicia y Dignidad" recogen las más sentidas aspiraciones de la comunidad puesto que son la comunidad misma. Por eso decimos que la esencia de las milicias es social. Ellas son luna fuerza de movilización social. Su acción, por tal motivo, no se circunscribe a una actividad determinada, sino que es múltiple, respondiendo a las necesidades de la población y al momento político que se viva, tanto local como nacionalmente.

Durante el Diálogo actuaron política, cívica y culturalmente. Rota la tregua actuaron militarmente, sin abandonar su comportamiento político, cívico y cultural que es el que les permite nadar en las múltiples actividades y formas orgánicas de las masas. Donde las milicias pierden la concepción global, donde se convierten en aparato, donde se convierten, en cuerpo exclusivamente militar terminan aisladas de la población y son blanco fácil del enemigo. Igualmente, si se dedican únicamente a la acción cívica o cultural, terminan siendo un grupo asistencialista. El miliciano, para que pueda considerarse un cruzado de la redención social, tiene que estar atento a participar y ofrecerle salidas a la problemática diversa y compleja de la comunidad.

La amplitud, la flexibilidad y las posibilidades que se le brinden a todo mundo para que pueda sentirse miliciano o amigo, es lo que les permite a las milicias la permanencia y el  crecimiento en medio de las más difíciles situaciones, y a la vez, es el medio más adecuado para que la comunidad asuma las formas más elevadas de combate como algo suyo, pues lo que se busca es la compenetración total entre la comunidad y sus hombres en armas en pos de objetivos de redención social democracia y gobierno.

Si una escuadra de milicias actúa al margen de la Población, si vive aislada de la problemática concreta del sector social donde se mueve, sea dicho sector la fábrica, el barrio, la vereda, el colegio, la universidad, el hospital, etc., estos combatientes no pueden catalogarse corno milicianos. Si este grupo de combatientes no ve en el anciano, el niño, el adulto, el joven, la mujer, es decir, sí no ve en todos los vecinos de su sector a personas con alguna cualidad o capacidad para desempeñar una tarea en función de la comunidad y del proyecto democrático, entonces, estos combatientes son limitados como milicianos porque no captan a la comunidad en toda su potencial ni conocen sus secretos ni su magia para luchar por un mañana mejor.         

Es que el pueblo es mágico para sobrevivir en medio de tantas injusticias y es mágico para hacer la guerra que lo redimirá. El pueblo tiene un millón de secretos y un millón de sorpresas. El pueblo inventa día a día maneras de vivir y de esquivar la acción de sus opresores. EL pueblo no le suelta sus secretos a quien no siente totalmente suyo. El instinto de la comunidad es muy difícil de percibir, a menos que seamos arte y parte de ella.

Las milicias son una fuerza militarmente débil, frágil, por ahora, pues son una experiencia en semilla. Su gran ventaja, su fortaleza está en la identidad de cuerpo, alma y acción que logren con la población. Donde las milicias logran esta identidad, son indestructibles, a menos que aniquilen a la comunidad

Tomado de "Las Milicias Bolivarianas: una expresión de Gobierno de las mayorías", de Afranio Parra.

Noviembre 18 de 1986.

 

MILICIAS

Y GOBIERNO

MILICIAS Y GOBIERNO

Muchachos:

El camino recorrido a lo largo de dos años de combates nos ha permitido acopiar las más diversas experiencias, positivas unas, negativas otras; pero en todo este juego de aciertos y desatinos hay una constante y es la búsqueda incansable del qué son las milicias, cuál debe ser su comportamiento en el seno de la comunidad, cuál su ideario y para donde van dentro del contexto de la confrontación que afecta la vida nacional.

Hoy, lo que tenernos claro es que las milicias son una genuina expresión de gobierno de las mayorías y que, sin perder de vista la globalidad ni las condiciones específicas de la zona o el sector social donde se mueven, actúan política, social, cultural y militarmente, en función de objetivos de democracia y redención social

Si en algo han avanzado las Milicias Bolivarianas es, en primer término, en el hecho de que el combatiente deja de ser un hombre aislado y hasta cierto punto temeroso y desconfiado de la comunidad. Los milicianos viven y luchan en, pro y para la comunidad. Sin este requisito pierden su razón de ser y por consiguiente, su perspectiva y su fuerza. En las milicias no caben, pues, los esquemas aparatistas y clandestinistas que las aíslan de la población. El miliciano, como buen gallo de pelea, liga su suerte a las masas y por ellas y con ellas se juega el corazón. Entre otras cosas, hermanitos, estoy firmemente convencido que el símbolo de las milicias deber ser un gallo de pelea que canta en el centro de un corazón.

El ser parte de la vida, los fracasos, los triunfos, las angustias, las alegrías y los sueños de la comunidad, nos enseña que el pueblo confía en quien, además de identificarse con su problemática y anhelos, le ofrece una alternativa. Es, entonces cuando suelta sus secretos y pone en funcionamiento mil y un recursos, inventivas y argucias, que manejados con maestría se traducen en unidad, fuerza y victorias. En segundo término, las milicias que en sus inicios estuvieron circunscritas a las zonas periféricas de ciudades como Cali, Medellín y Bogotá, en el presente, amplían su espacio y sus formas orgánicas incidiendo en otros sectores de la población: estudiantes, obreros, mujeres, campesinos, indígenas, pequeños comerciantes.., con miras a dinamizar y fortalecer las luchas sociales y políticas del pueblo, a la vez que generan instrumentos y hechos de gobierno que apuntarán desde ya las formas orgánicas y los lineamientos en las que se ha de sostener un estado de corte democrático.

En tercer término, frente a serios vacios de conducción, la dispersión y la necesidad de empatar las luchas armadas con las luchas de masas, el accionar político-militar con el accionar social, las Milicias Bolivarianas están empeñadas en extenderse a todos los rincones de país, y en esta meta propuesta, algo hemos logrado.

En cuarto término, las milicias, que nacieron como fruto legítimo de las grandes movilizaciones de masas durante el período del Diálogo Nacional han mantenido la línea de ejercer, con la comunidad, hechos de gobierno que redundan en beneficio de la redención social, la democracia y la cultura. Cada hecho de gobierno fortalece en las masas la conciencia de su poder. Cuando estos hechos de gobierno se ejercen con proyección, generan y consolidan los más diversos organismos de gobierno de las mayorías: cabildos, juntas cívicas y comunales, empresas de auto-gestión, comités deportivos, infantiles y culturales, autodefensas, guerrillas, milicias, juntas y consejos de gobierno, mingas, sindicatos, consejos estudiantiles, fundaciones, etc… Convertir estos organismos y formas de expresión de las masas en los árganos que han de ser pilares del Estado democrático, es ir tomándonos el poder desde ya, e ir adelantando terreno en función de la nueva nación.

Es que la democracia y el Estado democrático que le permita hacerla funcional han de construirse por la base. Por eso, hoy, la comunidad y las milicias han de tener muy en claro que donde exista un organismo de las masas, éste es un instrumento de gobierno popular, y si no está cumpliendo con su función como tal, por manejos incorrectos o porque los politiqueros y el gobierno oligárquico han sabido ponerla a su servicio, toca, en consecuencia terciar para que dicho organismo sea realmente una expresión de la democracia y un instrumento de solución a los problemas sociales.

Hoy, ser milicianos nos obliga a mirar un poco hacia atrás y recoger las experiencias de gobierno que hemos vivido para ajustarlas y enriquecerlas en nuevas circunstancias. Siloé, Aguablanca, Terrón Colorado, en Cali; Corinto, Ciudad Bolívar, Abastos, en Bogotá; Zipaquirá; las experiencias milicianas en barrios de Medellín, son la cristalización de una propuesta de gobierno de mayorías. Estas experiencias nos brindan valiosos elementos para la consolidación y expansión de las milicias a lo largo, ancho y profundo del país.

Hace unos años, muchachos, hablar de democracia en términos generales era estar en la onda y hablar de ser gobierno era un absurdo; pero hoy, el proceso de luchas sociales y políticas ha avanzado a tal punto que el pueblo se torna la democracia en lo concretico y por asalto. Ya decir seamos gobierno no nos basta y la palabra gobierno que antes era exclusiva de la oligarquía y la "clase política" se ha popularizado de tal manera que se convierte en hechos e instrumentos en manos de las masas. Estar en la política, hoy en día, es meterle la muela al arte de gobernar y para gobernar eficazmente, es indispensable contar con el concurso de las mayorías y con los organismos de gobierno creados por esas mayorías, sin desconocer, claro está, la necesidad de un plan ajustado a las realidades y de los recursos mínimos.

Así como en el país existen dos prácticas de la democracia, la formal y la real; dos ejércitos, el de la oligarquía y el que crece al calor del pueblo; dos economías, la formal y la informal, dos iglesias la comprometida con los potentados y la comprometida con la redención social; dos culturas, la de consumo y la muerte y la de la creatividad y la vida, varias legitimidades; igualmente existen, a veces, confusamente entreverados, otras claramente delimitados, pero siempre en pugna, dos estados: el estado ineficaz y burocrático que sirve a los intereses de los monopolios y la oligarquía y el Estado democrático que se gesta, nace, crece, y se consolida por la base, en el seno de la comunidad. El objetivo, fundamental del estado oligárquico es destruir o asimilar toda forma de expresión del Estado Democrático.

Para la oligarquía y sus gobiernos no es peligrosa una guerrilla, una milicia o incluso un ejército que dispara todos los días, destruye medios económicos, y le infringe duros golpes militares, si estos hechos y estas fuerzas no están acompañados o mejor, no desarrollan, consolidan y legitiman en la comunidad la conciencia y los organismos del nuevo estado. Por eso, durante la época de la Violencia, la oligarquía se afanó, no tanto, por desarticular grupos y guerrillas sueltos y trashumantes que no tenían un enraizamiento en la población, sino por desarticular aquellas fuerzas y comunidades donde, como en los Llanos Orientales, el pueblo estaba creando las bases y las leyes de un gobierno en armonía con sus intereses. Por eso, en la década del 60 el gobierno de Guillermo León Valencia, asesorado por el Pentágono, diseñó un plan de acción tan beligerante contra las llamadas Repúblicas Independientes de Marquetalia, Riochiquito. El Pato y Guayabero. Por eso mismo, en 1970, el gobierno de Lleras Restrepo acudió al robo descarado de las elecciones que ganó el Gral. Rojas Pinilla, quien a pesar de no salirse de los marcos de las instituciones, sí constituía un peligro para el engranaje del poder y el estilo de gobierno oligárquico, no tanto por sus planteamientos, sino por el gran apoyo popular que sostenía su candidatura y su movimiento.

Por esa misma razón, en plena tregua y Diálogo Nacional, el gobierno de Belisario Betancur obstaculizó y declaró ilegal el Congreso de la Paz y la Democracia convocado por el M-19 en los Robles; y posteriormente, este mismo gobierno le declaró la guerra a muerte a las comunidades de Siloé, Aguablanca y Petecuy, en Cali, y a los barrios Corinto y Ciudad Bolívar en Bogotá, donde sus moradores, tomando conciencia de su realidad y destino, legitimaron la soberanía popular en hechos de gobierno.

La respuesta de arrasamiento que dio el gobierno a la toma del Palacio de Justicia tuvo como argumento la defensa y preservación de las instituciones. Encarar un dialogo con los combatientes del M-19 era nada más y nada menos que poner en tela de juicio, ante el país, la validez de la gestión de Belisario. Significaba contraer compromisos que ya no eran sobre la discusión de la problemática del país sino de soluciones y para entrar a solucionar los problemas de este país hay que darle nuevos rumbos al estado; democratizarlo.

Para el gobierno de Virgilio Barco prima la estabilidad y modernización del estado oligárquico y sus instituciones. Con su Plan de Rehabilitación y Normalización de las Zonas de Violencia. Barco pretende invadir aquellas regiones donde la comunidad y las fuerzas guerrilleras experimentan y crean un nuevo orden de corte democrático.

Surge la pregunta: ¿Por qué el Plan de rehabilitación se traza precisamente para las zonas donde tienen asentamiento las guerrillas y no para otras regiones donde no hay guerrillas, pero imperan las más crudas condiciones de abandono e injusticia social?

Lo que necesita este país para su salvación es un Plan Nacional, de Emergencia. Plan que debe ser elaborado con la participación de la ciudadanía, es decir, por la base y no por las altas esferas, si queremos que realmente contemple los conflictos socio-económicos, ecológicos, políticos y culturales de cada región o sector social y del país en su globalidad. Y para que el plan no se quede en el papel, o los fondos destinados para su desarrollo no se envolaten en el camino es indispensable que la comunidad, con la adecuada orientación científica y técnica, se erija en administradora y ejecutora del mismo.

Es tenaz, compitas, la situación del país: desgobierno, deuda externa, descomposición social y administrativa, irrespeto total a la vida, miseria, guerra.. Pero decidido a cerrarle el paso a esta penosa situación, nuestro pueblo rompiendo ataduras y camisas de fuerza, se alindera en un gran movimiento de convergencia que poco a poco aterriza en propuestas concretas para hallarle una salida a la encrucijada que tiene a la nación al borde de la desintegración. Las más diversas manifestaciones: foros, encuentros, marchas, paros, concentraciones, congresos, opiniones, manifiestos, etc., celebradas en los últimos tiempos, dejan ver a las claras que el país reclama una solución de vida, democracia y paz al actuaI orden de cosas:

¿Y cómo lograr que la Vida, la Democracia y la Paz se aclimaten en Colombia?

Sólo hay dos alternativas: O atemperamos los ánimos sectarios y belicosos y rebajamos el tenor de las ambiciones de las diversas fuerzas en conflicto y llegamos a un acuerdo nacional que le abra unas mínimas pero seguras posibilidades a la reconciliación y el progreso; o dejamos que el país rebace la copa no en vino sino en sangre y después, quienes se otorguen el derecho al triunfo sembrarán sobre los despojos y las ruinas de nuestra sociedad nuevas semillas que brotarán abonadas con la sangre y el dolor de millones de compatriotas.

El Movimiento 19 de Abril y las Milicias Bolivarianas, fieles a los sentimientos y anhelos de Paz, Justicia y Democracia de nuestro pueblo, le apuestan a una salida política que mediante el acuerdo siente Los pilares del equilibrio y la armonía nacional.

En función de este magno propósito las Milicias Bolivarianas multiplicarán esfuerzos. Ganar y ganar amigos y trazar las más firmes alianzas con las más amplias y diversas fuerzas que están por la convergencia, es tarea que no admite dudas ni plazos. Sentar reales en nuevos sectores sociales y zonas del país, al igual que desarrollar y consolidar los órganos del Estado democrático son metas que mínimamente deben quitarnos el sueño. Mirar con mucha objetividad y precisión el tipo de operaciones político-militares y los hechos de gobierno a realizar en este período que requiere actos y políticas que convoquen y unifiquen, exige de nosotros la mayor responsabilidad y tino. No podernos, bajo ninguna circunstancia, crear situaciones que arrastren a la nación al desconcierto.

Sin lugar a dudas, los vientos que soplan nos dicen que los tiempos presentes y futuros son propicios para clarificar, convocar, fortalecer y cerrar filas en torno a una cruzada sin precedentes por la salvación de la patria. Escuchemos, pues, con devoción y atención, la voz del viento.

Fraternalmente


 

Comandante Nacional de las Milicias Bolivarianas

Afranio Parra Guzmán 

 

Mayo 11-87

 

 

MILICIAS5

Hermanos:

Dándole continuidad a nuestras “Cartas Abiertas" hoy quiero tocar algunos aspectos de la relación que existe entre la Democracia, la Comunidad y las Milicias. Para introducirme en el tema parto afirmando que las Milicias Bolivarianas nacieron rompiendo aquellos esquemas, estilos, prácticas y teorías que si bien es cierto le permitían a la organización revolucionaria mantener una presencia política y militar, una capacidad de convocatoria, una simpatía y un crecimiento moderado de sus estructuras, también lo es que le imposibilitaban ligarse a la cotidianidad de la comunidad; y en esa cotidianidad de la comunidad es donde se amasa y se hornea el pan de los grandes proyectos. Esto es válido si aceptarnos que el pueblo es el principal protagonista de los cambios con mayúscula y de las epopeyas.

Romper esquemas aparatistas; violentar estilos personalistas y autoritarios; desconocer reglamentos internistas que no se ajustan al modo de vida de la población; y hacer tabla rasa de ideologismos y estrategismos, es común en el medio en que desenvuelven su actividad las milicias. Pero existen dos preceptos que son como el aire, el agua, la tierra y el fuego para los milicianos, a saber: la democracia y la comunidad.

La democracia, entendida como un modo de vida y una manera de convivir en paz y participativamente, es una estafa si no cuenta con el concurso de la comunidad y ampliando el término, del grueso de la sociedad. La democracia es el pan y el vino que milagrosamente alcanzan para dar de comer y beber a todo mundo. La democracia es la voz que todo mundo escucha y que todo mundo predica en mil lenguajes, pero siempre atinando al bien común, en el ágora del pueblo que está en las calles y en la plaza pública. La democracia es reconocer y ser reconocidos; es poder crear sin ataduras; es el enriquecimiento de la diversidad. Es poder sentirse miembro activo de una sociedad.

Por eso, cuando a la comunidad se le niega la democracia en alguna de sus expresiones política, económica, social, cultural o militar, se rompe o se resiente la armonía social. La antidemocracia con todas sus secuelas individualismo, exclusión, injusticia social, hegemonismo, autoritarismo, militarismo, burocratismo, clientelismo, etc., es el mal crónico de Colombia y de muchos países del mundo y de América. La antidemocracia es el mal que nos tiene sumidos en la actual situación de desorden y concentración de riqueza, desigualdad social, desgobierno, guerra y lucha por un Estado democrático y un gobierno de mayorías que nos permitan crear una nueva república: la república democrática de Colombia.

Pero bueno, desmenucemos un poco la cosa. Colombia es un país supremamente apto para la democracia; y lo es por su diversidad: regiones culturales, diversidad en la composición social; diversidad y grado diferente de desarrollo económico; diversidad de climas y zonas geográficas; diversidad racial y de grupos étnicos que no chocan con el mestizaje; distribución de la población en las áreas rural y urbana; diversidad ideológica; ambiente propicio para la existencia de diferentes partidos, movimientos y corrientes... Todo esto y mucha más se da dentro de grandes identidades: territorio, lengua, religión, mestizaje, historia, patriotismo, interés común de nuestro pueblo frente al concierto de las naciones, patrimonio nacional. Factores todos que nos dan una muy bien esculpida IDENTIDAD NACIONAL.

¿Y dónde está la clave, la fuerza dinámica de la democracia que buscamos?

En la base. En la comunidad. Por decirlo de alguna manera, la democracia en Colombia será la suma de la democracia acumulada en cada vereda, en cada aldea, en cada pueblo o ciudad, en cada fábrica, colegio o universidad, en cada grupo social, en cada fuerza política o político-militar, en cada estamento cultural o religioso…, en cada gremio. Mas no es tan simple la cosa porque no basta con decir a boca llena ¡Democracia¡ ¡Democracia!.

 Hay que pasar nada más y nada menos que por ir ganándola a punta de combates, propuestas realistas para cada sector y para el país; construcción de instrumentos: ejército y los más variados órganos del Estado democrático, incluyendo en éstos a las milicias; acumulación de fuerzas en base a múltiples acuerdos; conciencia de que cada organismo de las masas es un instrumento del gobierno de las mayorías; y en fin, conciencia de que donde quiera que estemos organizados, somos poder que se enfrenta al poder de la oligarquía.

Fíjense, muchachos, que al poder se puede llegar sin democracia y ejercerlo no para gobernar sino para sojuzgar, pero a la democracia no se llega sin poder. Y la comunidad, en el sentido más amplia de la palabra, sólo acumula poder y puede defender el poder conquistado aferrándose de “patas y manos" a esa expresión multifacética de los pueblos que los antiguos griegos llamaron Democracia.

Si vemos a cada comunidad como un pequeño mar y al país como un océano, las milicias tienen que moverse al vaivén de las olas de ese mar y de ese océano y estar atentas a saltar a la cresta más alta de ese mar y ese océano. Es decir, han de estar en la jugada de la situación local y nacional; han de saber conjugar las propuestas concretas para cada sector con la propuesta global. En el presente ¿qué estarnos haciendo? Impulsando Planes de Emergencia para la región, la vereda, el barrio, la nación; pero a la vez, impulsamos una propuesta de Pacto Nacional por un Gobierno de Paz; y para que esto culmine en el éxito fortalecemos nuestras estructuras, dinamizamos la conformación de los órganos del Estado democrático y la movilización y la participación de la comunidad en todos los eventos que amplíen los espacios de la democracia y fortalezcan su ejército de gobierno.

Hace apenas dos meses el país se agitó por una ola de paros cívicos. Preguntémonos a conciencia si estuvimos a la altura de dicha situación. Yo creo que de una parte fuimos inconsecuentes con el momento político que era de combate y de otra, fuimos insolidarios con los compatriotas que desde el Chocó, Nariño, Nororiente del país, Barrancabermeja, etc, estaban ejerciendo el derecho a la desobediencia civil frente al desgobierno de V. Barco y la guerra sucia ejercida por los grupos paramilitares.

No perdamos de vista que los paros cívicos están a un paso de la insurrección y son una manera de ejercicio de gobierno. No olvidemos que después de cada paro cívico deben quedar no sólo las promesas del presidente de turno y el placer de haber luchado sino también experiencias e instrumentos orgánicos que le permitan a la población salirle al paso a los futuros combates armada de mayor capacidad. No olvidemos que en las milicias se están cuajando los gallos que van a estar al frente de más de una insurrección local y por qué no decirlo, de una insurrección nacional. Colombia es un país de paros cívicos y es un país de aldeas, pueblos y ciudades donde se concentran millones de compatriotas cargados de miseria y mil quinientos problemas más. ¡Ojo!

Hemos dicho que las Milicias Bolivarianas son hijas legítimas del Diálogo Nacional y que éste ha sido la mejor o quizás la única oportunidad democrática de nuestro pueblo en yo no sé cuántas decenas o centenas de años. Las milicias son hijas de la democracia. En consecuencia, su línea de conducta frente al país, la comunidad, e internamente es y debe ser cristalinamente democrática. Es incompatible con las milicias el suplantar a la comunidad o desconocer sus decisiones. Es incompatible con las milicias el aislarse del torrente de convergencia que recorre el país. Es incompatible con las milicias el autoritarismo, la dirección unipersonal, la falta de consulta permanente a las bases. A las milicias lo que les ajusta como anillo  al dedo es la DIRECCION COLECTIVA y su mecanismo de decisión preferido ha de ser el CONSENSO. Una vez tomadas las decisiones lo conveniente es delegar mandos y responsabilidades concretas para la ejecución  de los planes. Así como en el seno de las milicias no tiene asilo la antidemocracia, tampoco lo tiene el democraterismo que convierte a cualquier fuerza o estructura en un cuerpo ineficaz y en un parlamento de charlatanes.

¡Por Dios, hermanos! No le tengamos miedo a soltar amarras y a delegar responsabilidades. La gente aprende es enfrentando problemas y sintiéndose responsable de sus actos. Dejemos que vuelen la imaginación y la creatividad y contemos con la opinión y el aporte de todos para ampliar nuestra visión política, empaparnos cada día más de lo que es el mundo de nuestro pueblo y para profundizar nuestro ideario. Acostumbrémonos a ir al grano sin complicarnos en discusiones insulsas y entelequias, que gallo que se complica en la pelea, la pierde. A los milicianos hay que darles la libertad de hacer, hacer y hacer todo aquello que redunde en beneficio del proyecto democrático.

Sin riesgo a equivocarme les digo que las milicias son privilegiadas. Y lo Son porque tienen la oportunidad de moverse en el medio más propicio para generar procesos y protagonizar cambios: la comunidad. Y luchando en medio de la comunidad se forjan los conductores. No despreciemos, pues, ni despilfarremos el tesoro encontrado. Este tesoro no es otra cosa que el abrazo de cuerpo y alma que se dan las armas y las masas, la organización revolucionaria y su pueblo. Como bien lo dijera hace algún tiempo allá en el barrio Terrón Colorado de CaIi una mujer de raza negra, humilde, miliciana y maga, “este encuentro constituye un renacer". Eran los días de los Campamentos de la Paz y el pueblito se solló en lo que yo llamé por aquel entonces, el DESPERTAR DEMOCRATICO.

No importa que el fenómeno de las milicias no haya sido entendido aún en el seno de las organizaciones revolucionarias, pues toda fruta tiene su tiempo de maduración. No importa que las propias milicias aún no den la talla para tomar el toro por los cachos. Más de un conflicto nos queda grande y más de una incógnita nos quita el sueño. Estarnos en un proceso de aprendizaje. Aprendiendo a pelear en nuevas condiciones y en un nuevo escenario. Ahí vamos ayudando a edificar la patria que anhelamos, desde el seno de la comunidad y no desde fríos apartamentos o desde los embrujadores recintos de la selva. No nos atemoriza el hecho de que en más de una ocasión nos haya faltado el aire para enfrentar algunas situaciones o que el enemigo haya logrado dos o tres victorias parciales. Lo vital y realmente estimulante es que hemos sostenido un ritmo, una continuidad, hemos logrado ampliar espacios, pero sobretodo, estamos clarificando cada vez más y más el fenómeno miliciano y su proyección.

Tan de fondo es el fenómeno miliciano que el mismo Lleras Restrepo le propuso al gobierno el año pasado, crear “milicias veteranas" con el propósito de voltear la arepa para el lado de la oligarquía. Hoy vemos como en algunas comunidades del Huila y en algunos pueblos del Cauca y en varias ciudades, el ejército y el gobierno están conformando autodefensas, guardias cívicas dizque para salvaguardar la paz y enfrentar a las fuerzas insurgentes. Enfrentando pueblo contra pueblo es como la oligarquía ha ganado las batallas. Con todos sus pataleos la oligarquía lo que hace es aumentar la sangría del país y tratar de ganar tiempo en una confrontación que inevitablemente tiene perdida, porque el manejo del conflicto no está en sus manos. En las guerras del siglo pasado y en La Violencia la oligarquía controlaba la situación porque tenía el manejo de los bandos enfrentados. Hoy por hoy, cuando los polos se definen entre la antidemocracia o la democracia, el conflicto cambia cualitativamente y enfrenta a la oligarquía y su poder contra las mayorías y su poder.

El gobierno de Barco y los militares pueden conformar todas las autodefensas, las guardias cívicas y los grupos paramilitares que quieran para enfrentarles a las fuerzas guerrilleras y a las organizaciones populares, pero mientras imperen en el país las actuales condiciones de injusticia y antidemocracia, muchos de esos grupos se convencerán de su error y abandonarán su empeño; otros apuntarán la escopeta para el Iado que deben apuntarla y otros, los decididos enemigos del pueblo, serán molidos por las marejadas de la lucha popular. A todo esto, si el gobierno ha logrado organizar falsas autodefensas y falsas guardias cívicas para enfrentarlas al pueblo, ello se debe a que las fuerzas de la democracia se quedan cortas en el manejo de los espacios y en la difusión de las propuestas. En la política y en la guerra, espacio que no copa un bando lo copa su adversario. Así que pilas, muchachos.

Para cerrar esta carta que se está poniendo como larga, la conclusión a que quería llegar es que DEMOCRACIA, COMUNIDAD y MILICIAS son inseparables. No puede florecer la democracia ajena a la comunidad; tampoco podernos concebir unas milicias que no sean democráticas hacia adentro y hacia afuera y cuyo centro de acción no sea la comunidad. Sólo me resta decirles que esperamos enriquecer el debate sobre las milicias con el aporte de muchos compañeros.

Fraternalmente,

Comandante Nacional de las Milicias Bolivarianas

Afranio Parra Guzmán

Julio 29 -87.

 

LA POLITICA Y LOS AFECTOS

Hermana:

Renovando nuestra correspondencia voy a tratar de introducirme en un tema que sé te interesa bastante: La política y su relación con los afectos. En otra oportunidad te contare algo sobre mi teoría de la Edad del Cuarzo y la Transparencia. Tú sabes que soy un utópico irredimible.

Arranquemos afirmando lo obvio: el hombre es un ser social, racional, político y de afectos Su condición de ser social lo llevo a ser racional y lo obliga a ser político, pero anterior a esto, el instinto de conservación lo condujo a buscar el calor de sus congéneres ya asociarse. Necesitarnos unos de otros para poder vivir satisfaciendo nuestras necesidades materiales y espirituales. Las sociedades viven de lo que les dejaron sus antepasados y crean para las futuras generaciones. Existen, pues, una ley de atracción social que le permite al hombro realizar su presente y proyectarse hacia el futuro, independientemente de las contradicciones que se den entre los individuos, entre éstos y el grupo social o entre los diferentes grupos sociales. En últimas, los hombres se asocian hasta para matarse unos a otros. Las guerras son el enfrentamiento de colectividades

Por su condición, de ser social y racional el hombre es político, y decimos que política es el arte de hacer amigos; el arte de gobernar; y la manera de comunicarnos con nuestros semejantes en procura del bien común La política es un conjunto de reglas de juego para orientar una comunidad y dirimir sus conflictos. Esto pensarnos nosotros y todo los que históricamente han actuado en función de la sociedad. Otra cosa piensan y hacen personajes como Pinochet a quienes solo les interesa el poder en beneficio de una minoría antisocial. Ellos remplazan la política por la brutalidad.  Otros, como la oligarquía colombiana, son duchos en desvirtuar la esencia de la política convirtiéndola en un tremedal de engaños y sofismas de distracción mezclados con violencia.

Y ante estos comportamientos ¿cuál es la reacción de los pueblos aquí y en la Conchinchina?

La primera reacción de un pueblo atropellado y burlado es pasional: desprecio, ira, odio. Luego viene el análisis racional respecto al comportamiento de los usurpadores y tiranos  y la correspondiente propuesta que aglutina fuerzas para enfrentarlos. Caso contrario ocurre cuando los conductores de un pueblo son consecuentes con las necesidades y los anhelos de ese pueblo: apoyo, afecto. Impera el imán, la atracción que tiende a armonizar.

Entonces, la política, cuando se ejerce en su esencia, genera afectos y se fortalece en ellos. Ningún hombre es carismático por el poder que tiene o por el terror que infunde valiéndose de ese poder. Los hombres carismáticos son aquellos que de alguna manera han sabido llegarle al alma de sus pueblos ganándose su afecto. Igual ocurre con los partidos, las organizaciones y los movimientos. Cuando calan en el alma de su pueblo es porque su comportamiento, (ideas, estilo, hombres) y su relación con la comunidad han generado una fuerza de atracción mutua y armoniosa. Dicha fuerza de atracción es la que Charles Fourier denominó "atracción apasionada”, y empalma en un todo armonioso y arrollador ideas, creencia, estilo, confianza, fe, aspiraciones; en otras palabras, conciencia individual y social y sentimientos.

Vea, hermana, se puede tener claridad de algo, de una idea determinada, de una situación concreta y saber cuál es el camino para la solución del conflicto, y sin embargo actuar de otra manera ¿por qué? Sencillamente porque los sentimientos y la creencia son otros. La primera fuerza movilizadora está en los sentimientos y en la creencia; luego viene la fuerza de las ideas. Se puede tener claridad de un proyecto y sin embargo, no actuar  en consecuencia con tal proyecto porque no se está convencido. Esto quiere decir que hay fuerzas ocultas en nuestro ser que pesan más que la idea. A nosotros mismos nos ha ocurrido en el M-19 con compás que siendo muy claros en el carreta política han flaqueado en el momento decisivo. Y hemos visto el caso contrario de gentes que sin tener mucha carreta en la cabeza se han jugado el todo por el todo a la hora de la verdad.

Yo me pregunto: ¿qué movía a los niños de Siloé a apoyarnos con tanta vehemencia en momentos tan difíciles como los de la invasión  a la zona por parte de cinco mil efectivos del Gobierno? No era precisamente la claridad política en cuanto respecta al conocimiento del proyecto democrático y la propuesta de gobierno. A ellos los movían otros factores de la política que salen de muy adentro del alma: el afecto.

Cuando nos identificamos únicamente en la propuesta políticas podemos darnos el lujo de ser dos desconocidos; pero cuando nos identificamos en ese algo que está más adentro de nuestra piel, en ese algo que se anida en el fondo de alma y que surca nuestras venas; es decir, cuando nos metemos a escudriñar un poco más allá de lo objetivo, de aquello que está y se da independientemente de nosotros, afectándonos o no, entonces tocamos fondo en aspectos que comúnmente desprecia la política. Tocamos fondo en el interior de nuestro ser.

Si tú ves no sólo mi posición política y mi ideal sino que ves también mi interior, puedes decir que me estás conociendo. Podrás saber de las profundas raíces de mis males y mis virtudes; sabrás de mis desgarramientos y mis dichas; de los móviles que me inducen a ser como soy y a luchar como lucho; sabrás por qué estoy rindiendo más hoy que ayer, o lo contrario; podrás ubicar mi centro y decir: este hombre se juega mejor las cartas en tal frente de trabajo. Es que el ser humano es una mezcla de necesidades materiales, ideas, creencias, sentimientos y sueños; y de acuerdo al equilibrio que haya entre estos aspectos será el talante de sus actos. Y así hay que entenderlo y tratarlo.

Yo creo que el error de la política está en separar y hasta contraponer estos aspectos del hombre, que son precisamente los que dan amplitud y esencia y la ubican como la ciencia de las relaciones sociales por excelencia. Y estos aspectos son los que le dan al hombre s condición de humano. Mutilar alguno de ellos en el hombre es deshumanizarlo. Cuando en política no miramos a la sociedad y al hombre en forma integral, entonces, la política está fallando, o mejor, estamos fallando en política y, por ende, deshumanizándonos como individuos y como organización o grupo social.

Nosotros creemos en la redención de América. Creemos y luchamos por el Hombre Nuevo, ese que no ha podido realizarse porque fuerzas y políticas adversas al Continente y a sus pueblos no lo han permitido, y mientras este fenómeno subsista, la atracción social estará preñada de repulsión de fuerzas que se enfrentan violentamente cerrándole el paso a la atracción apasionada, pero a la vez construyéndola.

Sólo cuando la política deje de encubrir realidades aparentes y formales y se meta hasta el fondo de la realidad real del Continente y sus pueblos; sólo cuando la política deje de ser la cancha de los países legales e institucionales y se meta hasta el fondo en los países ocultos y olvidados; sólo cuando la política deje de alimentar los apetitos de unos pocos y se convierta en la verdadera manera de relacionarnos con nuestros semejantes en procura del bien común; y sólo cuando la política vea al hombre en su integralidad, podremos decir que empieza a realizarse el hombre americano y de otras partes del hemisferio. Será el momento de la reconciliación del hombre con el hombre, de la sociedad con la naturaleza, del Estado con la sociedad y de ésta consigo misma y sus integrantes.

Será el momento del encuentro de la inocencia primitiva y nuestros orígenes con la utopía de un presente de realizaciones. Habremos reconciliado las ideas con el alma, y en últimas, todas las fuerzas se habrán compactado, sin perder sus particularidades, en una sola fuerza dinamizadora de la sociedad: La Atracción Apasionada. Será el comienzo de una nueva edad y una nueva era: La Edad del Cuarzo y la Era de la Transparencia; pero ya te dije que sobre este tema te contaré más tarde. Es un hermoso sueño y quien no sueña y no se aventura nunca podrá ser libre.

Yo creo que en el M-19 tenemos una serie de elementos básicos de la Atracción Apasionada. Es que esta fuerza no es algo que vendrá por allá quién sabe cuando. Cuando lo planteo como utopía me refiero al conjunto de la humanidad o, al menos, a gran parte de ella. La Atracción Apasionada es innata al hombre desde sus más remotos orígenes, como expresión individual y como expresión colectiva. Ha existido como fuerza cohesionadora de muchas comunidades y organizaciones a lo largo de la historia y, hoy por hoy, vemos comunidades que subsisten y avanzan gracias a dicha fuerza, a pesar del acoso a que han sido sometidas durante mucho tiempo. A mi parecer, el cristianismo en sus orígenes estuvo impregnado hasta el tuétano de la Atracción Apasionada. Era la hermandad; el uno para todos y todos para uno. El imán de Jesucristo, la idea de la redención del hombre y la consecuencia con ella en todos los comportamientos. Hoy en día no podemos decir lo mismo, pues el cristianismo, inmerso en una sociedad donde el hombre es lobo para el hombre, persigue, acosa y hasta destruye su hermano de creencia. Para citar un caso nacional y sin conocer mucho del modo de vida de los Arhuacos, me atrevo a decir que en sus comunidades existen valiosos elementos de la Atracción Apasionada.

La Atracción Apasionada está en la utopía, pero a la vez está como fuerza contendora frente a otras fuerzas en el presente, en la inocencia primitiva y en nuestros orígenes.

Te decía que el M-19, en su concepción y en su práctica, reúne una serie de elementos de la Atracción Apasionada. Veamos a vuelo de pájaro por qué.

Acordémonos de Jaime Bateman y su firme creencia de lo que él llamaba la “Cadena de Afectos” y la “Certeza del Amor” como fuerzas y comportamientos que fortalecen nuestro ideal, nuestras relaciones con los demás compañeros y con el pueblo y como defensas ante la adversidad y los sobresaltos; y, en definitiva, como el más grande aliento en este camino de la vida que hemos escogido: el de luchadores por un mundo nuevo redimido de sus miserias y libre.

 Con la compañera Gloria Amanda Rincón, sin conocernos, sostuve una fluida correspondencia durante los tiempos de la prisión. Ella estaba en el Barne y yo en la Picota. Esa correspondencia nos dibujó tan bien el uno al otro que el día que nos encontramos parecía como si nos conociéramos desde hacía bastante tiempo; en una de sus cartas, ella me decía, lo recuerdo muy bien: “Afranio, cuando me llega el eco de la voz de los compañeros que enarbolando la consigna Vencer o Morir luchan en las calles y en el Frente Sur, siento que estamos adquiriendo el temple del acero y ese eco me suena igual a las notas musicales de la lluvia que cae sobre los tejados…”

La Negra Vásquez me escribía también desde la prisión, que estábamos viviendo la época de la “Resistencia y la Ternura”. No te imaginas, hermana, cuánta fuerza me dio esa carta de la Negra. Ya nos conocíamos y habíamos trabajado juntos, pero casi como quien dice “yo hago lo mío y tú haces lo tuyo”. La correspondencia nos permitió compenetrarnos bastante y se forjó una amistad que, creo, no tiene manchas. Nació la confianza mutua… En tales condiciones, uno puede confiarle a otra persona su mundo secreto. Yo tengo mi mundo secreto que va desde mi concepción del mundo hasta mis virtudes y mis pecados. Tú también tienes un mundo secreto. Todo mundo tiene su mundo secreto. Pues bien, la Atracción Apasionada posee la gran virtud de que nos permite abrir, a la luz del sol y sin temores, cohesiones o desconfianzas, ese mundo secreto. Y cuando ese mundo secreto que de seguro es más extenso en todo el mundo que el conocido, pueda abrirse, colectivamente, a la luz del sol y a los ojos de toda la gente, como un inmenso libro, se enriquecerá incuantificablemente la humanidad.

Fayad nos decía: “Dejémosle un margen de error a la gente”. Cuán humana y sabia es esa frase. Tan flexible y tolerante que nos garantiza el derecho a la reivindicación. Es la certeza de poder seguir adelante. Es la posibilidad de ejercer la libertad sin férreos y mohosos tabiques disciplinarios que cercenan la iniciativa y la sensibilidad del combatiente. El revolucionario, muchacha, es un hombre muy sensible, tiene que ser muy sensible y vivir la vida con intensa pasión. Frente a una época de automatismo y standarización, frente a una época de cálculo utilitarista, nosotros saltamos en defensa del hombre pletórico, el hombre de carne, huesos, mente y alma.

En sus orígenes, el M-19 se planteó y se propuso sumergirse en la realidad nacional: histórica, económica, social, política y cultural. Realidad que es compleja y que actúa profundamente conjugada, porque todos esos aspectos de la vida nacional influyen positiva o negativamente unos sobre otros. Lograr este objetivo implicaba para nosotros, romper con un modo tradicional de hacer política en el país; es decir, el replanteamiento consistía en integrar la política a la sociedad ubicando al pueblo como primer protagonista al contrario de lo que se venía haciendo, donde el pueblo no era sujeto de sus actos sino un objeto al servicio de los políticos tradicionales. Las organizaciones revolucionarias por su parte, así estuvieran llenas de muy buenas intenciones, actuaban al margen del pueblo y de la realidad nacional. No existía la Atracción Apasionada entre el pueblo y sus organizaciones; y no podía existir por que no había eso que llamamos Identidad. Alguna razón asistía a algún intelectual, creo que a Alberto Mendoza Morales, cuando afirmó que en Colombia tanto la oligarquía como la izquierda estaban desnacionalizadas.

A mi entender, el replanteamiento fundamental que hace el M-19 es el de la Identidad. Y la Identidad es un elemento de fondo cultural; y nosotros la planteamos y la buscamos de manera integral. No se trata, pues, de la identidad en torno a X o Y propuesta política. Se trata de la identidad en el rescate de la verdadera historia, el conocimiento del país real pero oculto e irredento, el enaltecimiento de nuestros valores, la defensa del patrimonio nacional, siendo el más valioso de ellos el cultural, tan expresivo y diverso; la convivencia pueblo-organización y, en fin, las propuestas acordes al presente que vivimos y en función del futuro de la comunidad nacional.

Se trataba en consecuencia de ir aterrizando en n nuevo pensamiento que no es la ideología de una clase, de un partido (los partidos por definición son excluyentes), ni de una secta, sino que es ese pensamiento que está en el modo de vida del pueblo; y en el pueblo lo que hay es modos de vida, cultura, ideologías… diversidad. Entonces, cuál es la clave: ser parte inalienable de tal diversidad para encontrar lo común a todas respetando la misma diversidad o lo que algunos llaman “la otredad”. Por eso, el M-19 es un Movimiento. Es heterogéneo en su composición social, en sus matices, creencias, etc. Así como en los océanos, a primera vista vemos de común el agua salada de muchos mares, así mismo encontramos de común en nuestro pueblo, primero que todo su diversidad, luego su vocación democrática, la necesidad de justicia social, independencia, vida con dignidad, gobierno de mayorías, defensa de nuestras culturas, paz…, pueblo fiestero a morir…, pueblo que no sucumbe ante su larga tragedia…, pueblo rebuscador y mágico para sobrevivir… Pueblo que sabe guardar secretos a gritos porque su mismo mundo es un secreto… Bueno, hermana, vamos encontrando identidades y a la vez forjando el imán de la Atracción Apasionada. Vamos encontrando ideas comunes, sentimientos comunes, creencias comunes, solidaridad, la Cadena de Afectos, una práctica y un estilo comunes: el popular… La política deja de ser el juego de unas ideas para pasar a empatar estas ideas con el alma colectiva.

Hay quienes afirman que este es n pueblo despolitizado. Eso no es tan cierto. Lo que ocurre es que el pueblo no se identifica con una manera de hacer política que a lo sumo lo que le afecta es el bolsillo y pretende arrastrarlo como oveja al redil sin permitirle ser actor de su película. Hay una visión castrada de la política y una visión utilitarista de la misma. La política se hace desde afuera y por encima del conjunto social afectándolo negativamente, cuando debería hacerse desde adentro del conjunto social para afectarlo positivamente. Y cuando la política se ejerce desde adentro del conjunto social tensa y dinamiza todas sus fuerzas: individuales, colectivas, materiales, racionales, emotivas, mágicas… Es cuando los pueblos son capaces de derrumbar o construir montañas. Es cuando la Atracción Apasionada se convierte en la fuerza rectora de una comunidad. Es cuando la gente dice “esto lo hago con amor”, y es que en verdad todo mundo le pone corazón y fe a sus actos. En estas condiciones aparece lo que yo llamo la “Entrega Total” individual y colectiva a una causa y al prójimo.

La Atracción Apasionada, como el amor, y ella es quizás la expresión más densa y sublime del amor, tiene sus momentos de luz y sus momentos de sombra, sus momentos de calor o frío, sus momentos de clamor y canto y sus momentos de silencio, sus momentos de acción y sus momentos lánguidos; pero lo que no podemos negar es que a lo largo de la historia de la humanidad ha sabido permanecer cuando no en el seno de un pueblo, comunidad y organización, sí en otros. Ella está latente en el hombre y es la fuerza ante la cual claudica el miedo. Ella es la fuerza capaz de mantenernos con la frente en alto a la hora de enfrentarnos a aquella respetable señora que llamamos Muerte.

¿No crees tú, muchacha, que en la Picota hubo suficientes elementos de la Atracción Apasionada que le posibilitaron al colectivo de presos políticos más grande del mundo en aquella época mantenerse unificado, en lucha y pensando y actuando en función del país durante más de tres años? La idea del gobierno de Turbay y de los militares era meternos en una misma cárcel y en un solo patio para que –según sus cálculos- nos acabáramos entre nosotros mismos. Por el contrario, allí nos conocimos de tal manera, compartimos de tal manera y nuestros familiares y amigos y el pueblo nos apoyaron de tal manera, que nos convertimos en una trinchera bien fortifi

cada de la lucha popular. A eso lo llamó la Negra Vásquez “La Resistencia y la Ternura”.

¿No te parece, mujer, que en la batalla de Yarumales la Atracción Apasionada animaba a cada uno de los doscientos y pico o trescientos combatientes que enfrentaron durante veinticinco días consecutivos la agresión terrestre y aérea de las fuerzas del gobierno comprometidas en la operación en un total de catorce mil efectivos? Esto nos trae a mente el caso de Leonidas y sus trescientos héroes de las Termópilas, sólo que en este caso los héroes no murieron y únicamente sufrimos la pérdida fatal de seis de nuestros compañeros.

¿Y no te parece que durante el período del Diálogo Nacional, en los Campamentos de la Paz y luego en Aguablanca y Siloé, para no citar más casos, se dieron una cantidad de elementos de la Atracción Apasionada? Yo sí que viví cosas hermosas, de esas que le estremecen a uno todas las fibras del alma. Tú también las has vivido y estoy porque cada uno de nuestros compañeros ha sentido la acción de la Atracción Apasionada en algún momento de su vida organizada y en la comunidad.

En últimas, la política, para que lo sea de verdad, tiene que irrigar todas las fibras de nuestro ser, y a la vez, abonarse de ellas. Es que el ser humano no puede despojarse de sus dichas y pesares, de sus preocupaciones y sueños, de sus añoranzas y afectos… No, de ninguna manera. No podemos hacer tabla rasa de la tragicomedia ni en la vida individual ni en la vida social. No somos autómatas. No podemos, so pretexto de que estamos en guerra, dejar de ubicar a cada combatiente en el puesto de lucha donde mejor se siente y donde seguro va a rendir más, pues en ese lugar va a estar de corazón. No podemos meter el pez de agua dulce en agua salada porque se nos muere; y tenemos que aprender a valorar las capacidades y los actos de cada uno de nuestros compañeros. Tenemos que meternos tanto en el quehacer del pueblo, hasta tal punto que la identidad surgida de este comportamiento haga que la Organización no sea un puñado de hombres sino familias y comunidades enteras. Algo hemos logrado al respecto.

Fíjate, hermana, que cuando se logra el enraizamiento en el seno de la comunidad y de los hogares –o se está en su búsqueda- resulta uno metido en todos los problemas de esos hogares y esa comunidad. Dichos problemas son de la más variada índole, desde el rebusque del pan de cada día, pasando por la educación de los niños, la salud, rencillas, líos de linderos, deudas, vicios, fiestas, ideas, sectarismos, afectividades, organizativos, etc., hasta los conflictos que desencadena la nación de poder y los métodos de lucha para llegar a él. Y lo grave es que casi la totalidad de estos problemas tenemos que enfocarlos de diferente manera. Si en forma facilista le escurrimos el bulto a toda esta problemática de la población, entonces perdemos su confianza, nos aislamos y empezamos a ser un ente extraño y ajeno a la comunidad y sus afanes. Por consiguiente, en son de hacer política, no se trata de llegar a la población como el Mesías y la revelación de la gran propuesta democrática. ¡No! Tal revelación se cuaja allá en la comunidad como fruto de la compenetración y la identidad. Es decir, la revelación viva, activa y creadora es un resultado de la Atracción Apasionada.

La moral combativa, la mística, la Entrega Total…, van mucho más allá, hermanita, de estar de acuerdo con un proyecto. Ellas son como un soberbio río resultante de la confluencia de muchos ríos. Son el compendio de fuerzas conscientes e inconscientes. Son el encuentro del mundo secreto y el mundo conocido en un ser o en un grupo social. Son la claridad y el misterio que comprometidos en la aventura se juegan una suerte: la búsqueda de la libertad.

Y la libertad no es una dádiva ni una quimera. Ella es el fruto concreto de cada paso que da el hombre a través de la historia. Y esos pasos del hombre a través de la historia están llenos de sacrificios, sangre, entrega, dolor, alegrías, odio, amor, frustraciones, victorias, derroche de energías, cavilaciones, sueños, choque de fuerzas contrarias, ambiciones, errores, aciertos… De todo esto y de mucho más está hecha la política. Por su parte la libertad para llegar a ser en cada momento y en cada aspecto de la vida es una resultante de la Atracción Apasionada.

Para no llenarte más la cabeza con mis especulaciones cierro acá por hoy y quedo en espera de tu opinión sobre estos planteamientos. No sé, de pronto estoy equivocado; o de pronto me asisten algunas razones. De lo que sí estoy seguro es que creo sanamente en lo que te he manifestado en estas páginas.

Que la suerte generosa compañera de nuestras andanzas, esté contigo en cada paso del camino.

AFRANIO PARRA GUZMAN

Septiembre 15 de 1987

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5 mayo 2014 1 05 /05 /mayo /2014 17:07

TENEMOS

 

RUEDA DE PRENSA

Los Robles,

Febrero 17 de 1.985   

 

PRESENTACION

treguaCuando faltaban dos días para que se iniciara el Congreso de la Paz y la Democracia, convocado por el M-19, el gobierno prohibió la realización del evento y montó retenes militares en las principales vías de acceso a Los Robles para impedir el paso de centenares de Colombianos dispuestos a participar en este foro abierto a la nación.

Si a unos pocos la convocatoria del M-19 pareció una provocación, las mayorías de este país entendieron qué se trataba del desarrollo lógico de la propuesta de paz que nuestra Organización ha venido impulsando desde la toma de la embajada dominicana, en 1980; y que desemboca en la firma del acuerdo de tregua y Diálogo Nacional en agosto de 1984, en Corinto, El Hobo y Medellín.

La tregua y el Diálogo Nacional marcan también el inicio de una nueva realidad en este país, caracterizada por la identificación masiva entre el pueblo y la guerrilla y el reconocimiento de ésta como fuerza y voluntad de cambio democrático. Ello se demostró con el abrazo colectivo que fue la celebración de los acuerdos, la respuesta de miles de colombianos a los actos políticos nuestros en desarrollo del Diálogo Nacional, y el espíritu nacional que impidió que el gobierno cumpliera sigilosamente -como se lo había propuesto- su objetivo de aniquilar en diciembre a la fuerza militar de la democracia, en Yarumales.

Si el periodo que va de la firma del acuerdo hasta la ofensiva del ejército contra el campamento del M-19 en Yarumales se distingue por la acogida popular ante nuestras propuestas de paz y democracia, los combates de Yarumales demostraron la existencia de una fuerza militar capaz de enfrentar y derrotar a la columna vertebral de la antidemocracia, a la par que anunciaba la extinción de la voluntad gubernamental de desarrollar el proceso de paz sancionado por los acuerdos de agosto.

Sin embargo, refrendamos ese nuevo acuerdo con un compromiso de cese de hostilidades y, ante el fortalecimiento de los enemigos de la paz en el gobierno, convocamos al Congreso de Paz y Democracia para que la nación entera participara y decidiera sobre los pasos a seguir en la consolidación de este proceso que nos interesa a todos los colombianos.          

Al prohibir este Congreso, el gobierno no agredió al M-19: agredió nuevamente al proceso de paz, refrendando su voluntad de ponerle fin. No obstante, por encima de la prohibición y de los cercos, miles de colombianos se movilizaron hacia Los Robles, se tomaron iglesias, plazas, escuelas y calles, exigiendo su derecho a transitar por los caminos de la patria y de participar en un foro que era de todos. Otros cientos, rompiendo el cordón militar, llegaron hasta nuestro campamento: columnas de campesinos, indígenas, estudiantes, profesionales, políticos y periodistas, caminaron por trochas y evadieron la vigilancia militar amparados por la decisión de ejercer sus derechos.

Así, desde las iglesias ocupadas, las plazas, los retenes y el campamento guerrillero, desde todos los rincones del país, se expresó una presencia y una voluntad de participación. Todos realizamos el Congreso de la Paz y la Democracia: no como lo deseábamos, pero sí acompañados por esa vocación mayoritaria de hacer la paz, de realizar la democracia. Y juntos resolvimos:

Como la paz es tarea y responsabilidad fundamental del gobierno, y este gobierno se muestra incapaz de cumplir ese compromiso nacional, es necesario convocar a las mayorías a ser gobierno; un gobierno de justicia, dignidad y soberanía.

Con los periodistas que llegaron hasta este campamento, se reunió el Comando Superior del M-19, en rueda de prensa, para explicar esta decisión y convocar a las mayorías a constituir un movimiento nacional por la realización de un gobierno de mayorías para las mayorías.

Los Robles. Febrero de 1985

Robles 

cenefa-ladrillo 

Todavía no ha terminado el congreso del M-19, pero ¿cuáles serían hasta ahora las principales conclusiones?

ALVARO FAYAD. La primera es el espíritu total de seguir con terquedad y optimismo a profundizar la paz y la democracia. Los colombianos tenemos derecho a paz y a democracia. El problema es que el gobierno, con sus últimos actos, nos demuestra que se aleja de ese camino. Y si el gobierno se aleja del camino de la paz y la democracia, nosotros vamos a tener que acercarnos al gobierno y a unas nuevas mayorías nacionales, para hacer un gobierno de paz y democracia en Colombia; dejar de ser oposición y dejar de ser eternos profetas para ser un gobierno capaz de cumplir con lo que anhela el pueblo colombiano: DEMOCRACIA, LIBERTAD, JUSTICIA...

¿Y cómo se van a acercar a ese gobierno?

ALVARO FAYAD. ¿Cómo se acerca un movimiento político al gobierno? Combatiendo, luchando, uniendo fuerzas, levantando la aspiración y la esperanza de un país. Alvaro Gómez, Virgilio Barco, Augusto Espinosa, ¿qué le pueden ofrecer como nueva situación, como nueva esperanza de vida a este país? En cambio, hay fuerzas jóvenes, democráticas y sanas, que si podemos ofrecer soluciones nuevas, estilos mejores. Para eso se necesita la voluntad política de ser poder, de ser gobierno. Se necesita el apoyo popular, se necesita ser y sentirse democracia, y recoger los grandes anhelos de todo el país para volverlos fuerza, volverlos lucha. Eso es lo que pensamos hacer.

Esto es suponiendo que el proceso de tregua continúa: porque si se da una nueva agresión militar por parte del ejército, ¿cómo se plantea ese acercamiento a ser gobierno?

LAS MAYORÍAS TENEMOS QUE SER GOBIERNO

  Bogota

ANTONIO NAVARRO. Todos los caminos conducen a Roma: unos más largos, otros más cortos; pero todos van al mismo lado. Nosotros creemos que sea cual fuere el camino que quede abierto, el objetivo es el mismo: convocar al nuevo país, al país de las mayorías, al país de la democracia, a que abra una perspectiva distinta, a que sea un nuevo poder e instaure un nuevo orden en este país. Porque ya el viejo orden ha demostrado su incapacidad para arreglar los problemas del país. Así que hay que convocar a un orden de mayorías, a un orden donde todos tengamos esperanzas.

GUSTAVO ARIAS (Boris). Pero es que la tregua se está rompiendo permanentemente. Y la rompe e) gobierno. La rompió en Yarumales. La está rompiendo ahora. Creo que ustedes son la minoría de los colombianos que deseaban venir y que pudieron llegar a este campamento rompiendo cercos, caminando por las trochas, las veredas; es decir, el impedimento del gobierno al Congreso de la Paz y la Democracia es también una agresión, un rompimiento, de hecho, de este proceso. Serán tan antidemocráticos que no dejan celebrar un congreso por la paz y la democracia; serán tan opuestos a la paz, que no dejan celebrar un congreso por la paz. Entonces, de hecho, la tregua se rompe y se sigue rompiendo. No solamente por ese acto de agresión contra el proceso de paz, contra los sectores democráticos del país, sino también con la permanente alza de los servicios públicos, con la permanente alza de los servicios de primera necesidad; y esa es la peor agresión contra el proceso de paz. Porque paramos los tiros para dialogar, para buscar soluciones para el pueblo: no para que se le quebrante.

CARLOS PIZARRO. Ya no preguntamos quiénes son los que agreden la paz, quiénes son los que agreden la democracia. La pregunta que nos hacemos ahora es quiénes quieren la paz, y quienes quieren la democracia, para avanzar con ellos hacia la conformación de unas nuevas mayorías auténticamente nacionales y auténticamente democráticas; para luchar, convertir a Colombia en esa patria que de verdad todos estamos anhelando.

Ya no nos preocupa mucho buscar a los agresores  porque todos los conocemos: los vimos en el atentado en Florida, los conocimos en Yarumales, los hemos visto atajando las mayorías nacionales que querían dialogar por la paz y la democracia. Preguntarse uno quiénes agreden la paz es preguntarse algo que ya es pan comido.

El problema fundamental hoy es convocar a quienes de verdad quieren la paz y la democracia en Colombia. El M-19 asume el reto de no dejarse quitar la posibilidad histórica de convertir en realidad esas dos banderas que son las banderas nacionales de nuestra época. Por eso hoy nuestro lenguaje es un lenguaje positivo. No andamos haciendo una cacería de brujas porque ya sabemos quiénes son las brujas en este negocio. Lo que si hacemos es llamar a todos los hombres que se movilizan por estas banderas. Y tenemos por delante mil congresos por la democracia, mil jornadas de lucha del pueblo por mejorar su situación de vida, y la absoluta certeza de que, entre todos, estas banderas que nos estén siendo negadas todos los días las vamos a convertir en realidad.

GERMAN ROJAS (Raúl). En nuestro país hay un vacío de dirección política de parte de los partidos tradicionales. Al gobierno le queda solamente un resquicio del cual se ampara, que es la legalidad. Y el gobierno, al agredir la democracia, necesariamente agrede al pueblo. Así pierde hasta ese resquicio de legalidad. En este proceso, cuando se llega a un punto culminante citando al pueblo a un congreso por la paz y la democracia, el gobierno responde agrediendo al pueblo y agrediendo profundamente el proceso de paz. Y ante el vacío de dirección política de la paz, anhelo fundamental de nuestro pueblo, alzamos la propuesta de que las fuerzas democráticas se constituyan en gobierno.

VERA GRABE. Sí, como que se van trasladando los ejes: el problema ya no son tanto los acuerdos con quienes se oponen a la democracia, sino los acuerdos y la búsqueda de soluciones de los que la queremos. En esa medida, los que no quieren la democracia son un obstáculo que tenemos que enfrentar y vencer quienes aspiramos a un futuro distinto para el país.

¿Cuáles van a ser los mecanismos para enfrentar a los enemigos de la paz?

CARLOS PIZARRO. Va están dados. El enfrentamiento se vive de acuerdo al tipo de agresión que se produzca... Ahí está un pueblo que se tomó las iglesias para defender un congreso que sentían propio porque las banderas de ese congreso eran sus banderas; ahí están los cientos de hombres que pararon en las calles, a dormir en las calles, en las vías de acceso hacia el congreso, y que tuvieron en ese tirarse en las calles su expresión de lucha; tenemos los cientos de hombres de Florida y los cientos de mujeres que tuvieron que vivir la paranoia del ejército haciendo tiros al aire y haciendo tiros a nuestra gente, por estar buscando tener alguna presencia y participación en este congreso; tenemos la respuesta de honor y dignidad que nos tocó dar a nosotros en Yarumales ante la agresión al proceso de paz; tenernos las jornadas de lucha de este país, las huelgas y los paros cívicos que exigen reformas para ya.

Entonces, pensamos que los caminos son tan infinitos como infinitas sean las dificultades y agresiones; y creemos que en todo este tipo de respuestas vamos encontrando nosotros el camino nacional para lograr que estas mayorías que quieren la paz y la democracia en Colombia tengan los resultados positivos que todos esperamos.

En Florida, un municipio cercano a este campamento, la gente está comprometida con lo que pasa acá. Si le preguntamos a cualquier habitante de Florida por qué está con ustedes, la única claridad que expresa es que en este momento hay un grupo de personas con armas, combatiendo por las injusticias y por las cosas que les hacen a ellos. Pero una claridad política, la gente no la tiene. Entonces, cuál es ese diálogo, cuáles los argumentos para explicarle a la gente el por qué luchar, cuál la plataforma -por decirlo así- que ustedes ofrecen y los separa del estilo de los partidos tradicionales.

ALVARO FAYAD. Vos lo señalaste: la gente dice “un grupo de hombres con armas que quiere justicia". Qué más plataforma política, qué más claridad política que la justicia y un grupo de hombres en armas. Qué más claridad política que la gente se lance a conversar y ponerse de acuerdo con el movimiento guerrillero para hacer la democracia; qué más claridad política que lanzarse a las calles; qué más claridad política que buscar dentro de un paro cívico la solución de sus necesidades inmediatas; qué más claridad política que saber que este gobierno no va a dar pan ni democracia y que por lo tanto necesitamos un nuevo gobierno.

Mire: antes, el ejército cercaba a la guerrilla para que la guerrilla no saliera del monte; hoy tiene que cercar a un país para que ese país no llegue a la guerrilla. Ese cambio, esa nueva actitud del país, de la nación y de nosotros, quiere decir que en Colombia están maduras las condiciones para que la mayoría seamos gobierno.

El Diálogo Nacional, aunque se retire el partido Liberal, aunque se retire el partido Conservador, sigue siendo para nosotros un instrumento fundamental de la democracia, unido al paro cívico, a los movimientos guerrilleros, a la protesta por (a agresión a tos derechos humanos y a los intelectuales y a la prensa libre. Toda lucha hoy tiene un centro de decisiones: ser gobierno. Y nosotros empezarnos a tener, como M-19, toda la convicción, toda la capacidad, y toda la fuerza para darle -no claridad política, porque ya existe- sino posibilidad y fuerza a esa necesidad de ser gobierno. El dilema de los colombianos hoy no es entre Alvaro Gómez o Virgilio Barco; el dilema hoy está en si la oligarquía va a hacer un gobierno continuista, antidemocrático y antipatria, o si las grandes mayorías fundaremos un gobierno de paz y democracia en Colombia.

Aquí hay un cerco: desde esta loma vemos a los soldados, al ejército. Por tanto, hay un riesgo inminente de que se repita la historia de Yarumales. ¿Cuál es la actitud de ustedes, y en caso de repetirse la confrontación, qué consecuencias podría traer?

CARLOS PIZARRO. Ya es costumbre para el M-19 vivir en medio del cerco, pero lo grave no es el hecho de que tengamos ejército en los alrededores, que nos cerquen a nosotros, sino fundamentalmente que cercan la posibilidad de participación del pueblo en las decisiones que el M-19 tome. Y es importante que nosotros tengamos siempre la  capacidad de convocar a la mayoría de colombianos por las mejores banderas que ha tenido este país.

La nación entiende, desde hace mucho tiempo, que esas banderas, antes manoseadas y convertidas en demagogia, hoy tienen unos protagonistas que les dan contenidos, que les dan fuerza, que les dan perspectiva histórica. Creo que sobre eso el pueblo tiene ya la convicción de que la democracia por fin tiene carne y tiene sangre, tiene protagonistas y hombres decididos a defenderla. Ese es el país que no se puede aniquilar, ni se puede mantener en permanente cerco ni se puede asfixiar. Por eso, todo lo que se hace como intento de atacar el proceso democrático, carece de porvenir.

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EL GOBIERNO RETROCEDE FRENTE AL RETO DE LA PAZ

FOTO FAYAD

 

¿Qué opinión tienen en este momento sobre e gobierno? Ha habido un cambio en su política. ¿Cómo se compagine esto con lo que empezó, haciendo?  

ANTONIO NAVARRO. Belisario Betancur es la cabeza de un gobierno que retrocede. Todo gobierno responde a un proyecto político propio, pero también responde a una determinada relación de fuerzas Y lo que está claro es que el proyecto político del gobierno de encontrar una solución política al problema de la lucha armada en Colombia, está agotado o tiene muy poco margen.

Yo diría que Belisario está empezando a caminar por la senda que desde el principio caminó Turbay: entregando el orden público a los militares. Aquí las autoridades civiles del Valle y del Cauca no tienen nada qué ver con lo que pasa en Corinto, en Miranda y en Florida. La autoridad máxima de Florida, hoy, es el ejército; no es siquiera la policía. Cuando al Ministro de Gobierno se le pide información sobre lo que pasa en Yaruma les, o lo que pasa en Corinto, responde: 'Pregúntenle al general Vega Uribe"

Es entonces un gobierno que perdió la iniciativa, que perdió en gran parte su libertad de acción; que la única bandera con la que ha mostrado algunos resultados al país -que es la bandera de la paz- está quedando en manos del pueblo porque ha sido incapaz de comprometerse con las transformaciones que implica la paz.

GUSTAVO ARIAS. Era previsible que este gobierno se comportara así. Es un gobierno oligárquico que desde hace cien años se está comportando igual, con promesas incumplidas; éste es el motivo por el cual nosotros no entregamos los fusiles; solamente los silenciamos, pusimos sus trompetillas hacia abajo. Porque nos han enseñado estos

LA PAZ EN MANOS DEL PUEBLO

Retirado el partido Liberal del Diálogo, ustedes insisten en el Diálogo Nacional…

CARLOS PIZARRO. El diálogo Nacional no es instrumento del partido Liberal ni del partido Conservador. Es el instrumento de la nación colombiana. No vamos a dejar a la nación sin ese instrumento y tampoco vamos a descalificar ninguno de los instrumentos que hemos usado hasta ahora. No es el partido Liberal el que les dice a los colombianos que no se puede dialogar. Es Colombia entera la que les dice a los partidos tradicionales: llegó la hora de dialogar, llegó la hora de cambiar su actitud de espaldas al pueblo para mirar de cara al pueblo; y si no miran de cara al pueblo, el pueblo sí está mirando de frente las soluciones que requiere. 35

El pueblo, y el M-19 como parte de ese pueblo, si tiene una actitud de controversia, de discusión, de búsqueda de propuestas y de soluciones para los problemas nacionales. 

El partido Liberal se ha salido de la historia colombiana demasiadas veces, y se ha salido de las necesidades de nuestra nación demasiadas veces. Nos han traicionado demasiado. Por eso los partidos tradicionales tienen hoy, como cuota y saldo final, la desconfianza de nuestra nación en ellos. Y por eso cuando Belisario se sale de esta jornada por la paz y la democracia también se va  quedando sin pueblo. Y esta es la única soledad que en politice no se puede soportar: porque esa soledad significa la traición, significa el engaño, significa la demagogia, significa el oscurantismo en un país. El M-19 mantiene la luz, porque está al lado del pueblo con las banderas del pueblo.

EN LA CATEDRAL

Los partidos tradicionales, la guerrilla y la izquierda, con todos sus intentos, se han tomado siempre las causas sociales sin dejarle al pueblo mayor cosa. Así encontramos un pueblo en quiebra, un pueblo que no cree en ninguna línea política. Tal vez con excepción de esta parte del país, nadie dice que está representado por el M- 19  

ANTONIO NAVARRO. Si cree en las encuestas, yo le puedo hablar de algunas realizadas por los partidos tradicionales. El partido Liberal, en la última de ellas, pregunta: "Cómo ve usted al M-19, ¿bien o mal?" Y un porcentaje muy alto de la población responde positivamente. Creó que no es solamente en esta zona del país donde hay una aceptación grande por la alternativa y por la esperanza que representa el M-19. Nosotros, los de la Comisión do Diálogo, hemos recorrido el país desde la costa Atlántica hasta Ipiales, en la frontera con Ecuador; de Venezuela hasta Panamá; y en todas partes hemos llenado plazas, y hemos contado con una expresión masiva de apoyo. En estos cuatro meses de legalidad hemos visto de todo: hasta la hermana del alcalde de un pueblo de Cundinamarca se quería venir para el M-19. Lo que hemos vivido es que en todo el país las banderas del M-19 entusiasman y movilizan  a la gente.

ALVARO FAYAD. Y hay otra cuestión: en este país sí hay desesperanza porque sólo dos partidos han sido gobierno desde hace mucho tiempo. Nosotros nunca hemos sido gobierno, ni desde el gobierno se han realizado alternativas democráticas...

¿Significa esto que el M-19 va a ir a elecciones?

ALVARO FAYAD. Para ser gobierno no es suficiente ir a elecciones: ANAPO fue a elecciones, ganó el 19 de abril de 1970 y nunca fue gobierno. El problema de la cuestión electoral es de verdad en función de qué se lucha y en función de qué se hace y qué se le propone al país. La gente en Colombia se expresa de mil maneras, lucha de mil maneras: a través del paro cívico, del diálogo, la abstención, las elecciones, en los movimientos político-militares, o a través de la opinión independiente. Toda esa opinión, todas esas maneras de ser, las queremos convertir en una sola fuerza, en una sola vocación y en una sola decisión de ser gobierno. Porque el problema del gobierno no se decide cada cuatro años, en un día. Se decide en 34 cada momento, en cada lucha.(36)

Nosotros, hoy, frente a los candidatos de los dos partidos -Espinosa Valderrama. Barco y Alvaro Gómez- estamos diciendo: ustedes tienen ideas de gobierno y presentaron sus nombres para ser gobierno en este país. Nosotros también tenemos ideas de gobierno y queremos ser gobierno en este país. Reunámonos para ver cómo van a ser las condiciones hoy de la paz y de la democracia. Hoy no se puede presentar una bandera de paz al final de una campaña electoral.

¿Qué están haciendo esos dos partidos hoy por desarrollar la paz y la democracia? Entonces empecemos a darle a las elecciones desde ya; no a las elecciones como el acto de votar, sino como un acto de desarrollo de la paz y la democracia. Las elecciones no son sino consecuencia de una situación político-militar y social que está viviendo la nación entera.

GERMAN ROJAS. Cuando sube Betancur toma las banderas que nuestra organización había estado agitando con el pueblo. Y si bien no todo el mundo está organizado en la lucha con el M-19, si nos damos cuenta que el país se ha movido con nuestras banderas de paz y democracia. El gobierno las ha utilizado demagógicamente. Pero el pueblo ha expresado un anhelo, y ese anhelo es lo que más cuenta; lo que más nos interesa hoy es ese deseo del pueblo de romper las cadenas que lo tienen lejos de la democracia.

No pretendemos que todo el pueblo hable del M-19. Lo fundamental es lo que se está dando: el pueblo ha recogido la esencia de lo que es la democracia real y auténtica. Y ante un llamado a un congreso que hace el M-19, por ocho días no se habla de otra cosa. Pero no se habla sólo del M-19, sino de que se ha agredido el deseo de participar del pueblo en un evento democrático. Y la gente ha respondido con fuerza; a este congreso asistió un montón de gente; y muchos de los que se quedaron por fuera, manifestaron su protesta ante los impedimentos del gobierno.

MARCOS CHALITA. Nosotros sí pensamos que el pueblo ha perdido la fé y la esperanza en los dos partidos tradicionales que ya por 160 años han gobernado nuestro país. Se ha perdido la esperanza porque el gobierno, las oligarquías, no le han dado respuesta a los problemas de la nación. Sí nos ponemos a hacer un análisis de estos últimos cinco meses, después de la firma de la tregua para el Diálogo Nacional, nosotros concebíamos que parábamos las hostilidades para que el gobierno le resolviera los problemas políticos, económicos, sociales, al país. Cómo un pueblo no va a perder la confianza, cómo no le va a perder fé al gobierno cuando sus respuestas a los grandes problemas que tiene el país son, por ejemplo, hechos como el desalojo a los indígenas de López Adentro. Cómo no va a perder esa esperanza, esa confianza y ese anhelo de paz y de justicia, de la "democracia" sobre la que habla Belisario Batancur, cuando se asesina vilmente al único cura que representa a más de seiscientos mil indígenas en Colombia. ¿Y cuál ha sido la respuesta a los dos y medio millones de desempleados?

Entonces el pueblo busca alternativas. Nosotros decimos que las banderas están, la plataforma está - la reforma agraria, mejores salarios, educación, casa, créditos, salud..-, y el pueblo acompaña a las organizaciones que estemos dispuestas y siempre adelante, buscando esa justicia con dignidad.

Los representantes de organizaciones sindicales y cívicas afirman que durante este tiempo de Diálogo Nacional ha habido más muertos escondidos, ha habido más represión escondida, y ellos no se sienten favorecidos en ninguna manera. ¿De qué forma está sirviendo el Diálogo Nacional a estas organizaciones? ¿Cuál es la posición de ustedes frente a esa situación?

ALVARO FAYAD. El único instrumento no es el Diálogo Nacional. Este ha recorrido el país recogiendo opiniones, recogiendo fuerzas sindicales, políticas, intelectuales, campesinas, para plantear reformas. Pero también están como instrumentos la lucha sindical y el paro cívico, la protesta popular, el negarse a pagar tarifas altas de servicios públicos; está como instrumento la lucha estudiantil por las universidades oficiales a las que se ha recortado el 50 por ciento del presupuesto; están como instrumento las fuerzas político-militares del pueblo.

   
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 CLEMA

El problema es que es una lucha nacional, una lucha que abarca a todo el país. Si la industria está quebrada y no hay presupuesto, si a los empleados sé les restringe el alza de salarios a un diez por ciento, si Colombia pierde su soberanía ligándose a las imposiciones del FMI, si se quiere poner una camisa de fuerza a la prensa, así como está haciendo Belisario Betancur, quiere decir que el problema económico, social, político de la democracia abarca al conjunto de la nación. Entonces, todo instrumento de lucha, toda forma de protesta, toda opinión independiente, tiene que convertirse hoy, ya no en instrumento para protestar y plantear reformas, sino en instrumento que porte la decisión fundamental, y para ya de ser gobierno.

ANTONIO NAVARRO. Aquí ha sido tradicional que se individualicen las ganancias y se socialicen las pérdidas. Hoy nos están obligando a que todos paguemos los efectos de una crisis que no generé el país, mientras en la época de bonanza fueron unos pocos los que consiguieron los beneficios. En este periodo de crisis, entonces, e) Diálogo nacional no puede ser ni la única forma de lucha ni la solución a todos los problemas, menos cuando ese intento de buscar una solución civilizada al problema de la lucha social -que no ha parado, ni va a parar porque hagamos cese en la lucha armada- está cerrándose ante la incapacidad del gobierno de mantener sus banderas frente a la presión de los sectores de derecha. Hay una crisis gravísima que nosotros pensamos que no tiene que pagar todo el mundo.

"Aquí ha sido tradicional que se individualicen las ganancias y se socialicen las pérdidas"

 

ACTUAR Y DECIDIR AHORA:

GARANTÍA DE DEMOCRACIA

    DESAGRAVIO 

Ustedes hablan del monopolio de los partidos tradicionales sobre el poder. ¿Qué garantías va a tener el pueblo de que efectivamente ustedes van a hacer un gobierno democrático y popular?

ANTONIO NAVARRO. "Por sus obras los conocereís". Por lo que estamos haciendo ahora, por quienes participan, porque no nos vamos a tomar el gobierno solos; yo creo que usted va a participar con nosotros. Todos los demócratas de este país tenemos que hacerlo juntos. Las garantías están dadas por la amplitud de fuerzas y sectores que participen.

Alguna vez, hablando con delegados del gobierno, nosotros le decíamos al Presidente de la República que por qué no usaba el apoyo popular que tenía para impulsar el proceso democrático; Que por qué un presidente que había logrado concitar tanta opinión favorable y mantenerla durante tanto tiempo, no convocaba esa opinión, a ese pueblo, a ese país, para que se produjeran las transformaciones que todo el mundo esperaba y que eran las únicas que podían consolidar el proceso de paz. Y en un momento dado el representante del gobierno nos dijo: "Mire, ustedes nos están diciendo que recurramos al pueblo, pero el que tiene el pueblo no tiene nada; porque el poder aquí lo tienen son instituciones concretas". Nosotros estamos convocando a ese pueblo porque tener al pueblo es tenerlo todo.

La garantía de que un gobierno nuevo sea democrático es, primero y fundamentalmente, quiénes participan en el logro de ese gobierno: si participan activamente, organizadamente las mayorías, si luchamos todos los demócratas y los que queremos la transformación del país, estamos seguros de que ese gobierno va a ser democrático que va a representar a unas nuevas fuerzas, unas nuevas instituciones, unas nuevas mayorías.

CARLOS PIZARRO. Si nosotros no somos capaces de desencadenar el protagonismo histórico de toda esta nación y de todo este pueblo, por supuesto que no va a haber democracia. El problema de la democracia no es simplemente ganar aliados, fuerzas, sino fundamentalmente lograr que todos se sientan parte de las decisiones y parte también de los sufrimientos, las angustias y los beneficios de una transformación social. Entonces, cuando el periodista -por ejemplo- se integra a ese proceso y participa para romper con las amenazas de rejas y engaños que le da el Presidente de la República, según dice la Revista SEMANA; cuando el obrero entra a ser parte de este proceso; cuando el campesino también se siente partícipe, indudablemente vamos a reunir un protagonismo nacional que es muy fuerte. Y ese es el sustento de la democracia.

En este momento, cuando vemos que ese protagonismo se vuelve activo, que la gente empieza a vivenciar esta lucha por la paz y la democracia en Colombia en los congresos, en los encuentros, en las luchas sindicales y cívicas, nos vamos encontrando con que es imposible que no podamos ejercer un gobierno de verdad democrático. No estamos arrastrando a la gente; estamos es abriendo las puertas para que la gente participe con nosotros en esta lucha. Aquí decíamos, antes de convocar a este congreso, que como organización política éramos demasiado estrechos, que éramos muy pocos los hombres que estaríamos decidiendo los destinos del M-19. Por eso convocamos a un congreso; que no fuera solamente el grupo de hombres que ha forjado el M-19 durante diez años los que tomaran las decisiones en este momento político, sino que pudieran participar representantes del conjunto de la nación. Entonces nos estábamos abriendo: para de verdad ser democracia, aun antes de ser gobierno. Esta concepción y esta práctica es la garantía fundamental de que siendo gobierno nosotros no impongamos en el país esquemas antidemocráticos para la solución de los problemas nacionales.

Hoy el desafío es ese: que en todas las jornadas de lucha, en el Diálogo Nacional, en el paro cívico, en la protesta popular, en las denuncias, en los congresos, o en cualquier búsqueda de soluciones, ir configurando el bloque que protagoniza la historia en Colombia. Y ese bloque está en gestación. Por eso, hoy es más posible que nunca plantear ser gobierno, plantear ser democracia, y plantear la paz como una alternativa para Colombia, después de haber oído hablar de paz y democracia por 150 años, sin haber podido vivirlas ni sentirlas.

Simplemente llenemos de protagonistas este proceso histórico. Hoy no podemos cerrar las puertas a nadie porque las mismas mayorías nos están diciendo, “ábrase, porque nosotros queremos decidir también". Y nos estamos abriendo: queremos ser de verdad la razón social de todas las luchas democráticas en Colombia, no sólo dando la posibilidad de actuar con nosotros, sino de decidir al lado nuestro.

VERA GRABE. No estamos convocando solo a las fuerzas del M-19 a ser gobierno, sino a la democracia. Eso es mucho más amplio y hay que aclararlo porque estamos convocando a todos los sectores interesados en la democracia y necesitados de democracia: a los industriales, a los cristianos, a los campesinos, a los trabajadores, a los estudiantes... Entonces, además de que el M-19 siente la necesidad de ampliarse, está convocando a muchos sectores a que sean gobierno; un gobierno que exprese la esencia de la democracia, es decir, un gobierno pluralista.

PUEBLO

 

Navarro mencionó que un representante del gobierno le dijo algo sobre el peso real de las instituciones... Ustedes son una institución como son las organizaciones populares, las centrales obreras, y las demás organizaciones armadas. La historia de las relaciones entre estas instituciones en los últimos treinta años ha sido conflictiva, y en estos días estamos viendo esas denuncias y contradenuncias entre las FARC y el grupo Ricardo Franco, por ejemplo. ¿Qué progresos se han hecho que puedan hacer pensar que estas relaciones van a funcionar de una manera menos conflictiva en el futuro?

CARLOS PIZARRO. No creo que sea cierto que este sea un país de grandes instituciones. Lo que hay son cantidades de sectores sociales y cantidades de líderes naturales del pueblo que no caben en las actuales instituciones. Hay que crear un marco institucional que permita la participación de todos estos sectores que han permanecido ajenos al proceso de toma de decisiones en el país. Hay cantidades de movimientos cívicos que empiezan a surgir contra toda institución y a buscar los elementos de unidad que les permitan ganar realmente una presencia de fuerza y de posibilidad histórica: los movimientos cívicos del oriente antioqueño, por ejemplo, los de Nariño y tantas otras partes del país.

Ahora, por supuesto que también hay elementos institucionales que se suman a este proceso. Por ejemplo, la convocatoria de desagravio por parte de las centrales obreras a lo que se hizo aquí, en esta zona, para impedir el congreso. El Diálogo Nacional sirve para eso. Es un proceso de acuerdos y hechos que integra los objetivos que nos proponemos todos. La identidad lograda en tal proceso evitará en el futuro la pugna, la carnicería entre las fuerzas de la democracia. Y el Diálogo también es útil para darle cierto marco institucional a una cantidad de sectores que están siendo aplastados por negárseles toda posibilidad a que hagan presencia política. El Diálogo Nacional es, pues, un proceso de búsqueda de nuestra identidad de objetivos, criterios y propósitos.

Es imposible que una sola organización globalice toda la diversidad de este país; no podemos meter en una organización todo el pluralismo de este país, pero, de todas formas, las organizaciones que pretendan avanzar con las mayorías, tienen que generar en su seno ese pluralismo. Y por eso la lucha nuestra; como organización, es también por mantener nuestro pluralismo y nuestra diversidad a nivel interno, y darle cabida al mayor número posible de sectores. Se trata de lograr la mayor identidad en una sola organización; pero en una organización volcada hacia las otras, hacia las instituciones, de modo que nuestro pluralismo sea mucho más rico.

GUSTAVO ARIAS. El proceso está botando una nueva realidad en el cómo nos vinculamos las organizaciones armadas al pueblo, cómo el pueblo se integra cada vez más a estas organizaciones y la simbiosis organización armada-pueblo, pueblo- organización armada es cada vez más evidente. Los progresos en la unidad guerrillera -menos indicativos pero no menos importantes- son todavía tibios, no tienen aún la firmeza que requiere el proceso revolucionario, pero son cada vez más firmes, en la misma medida en que va siendo mucho más exigente la unidad guerrilla-pueblo, pueblo-guerrilla.

ALVARO FAYAD. Lo que estamos viviendo hoy aquí es que hay un país institucional y otro que no está en esas instituciones, que se está levantando, que quiere hablar y que quiere ejecutar su propio destino. Nosotros no aceptamos el honor de ser institución. Por eso estamos diciendo que todo hombre que luche por la democracia, los que se inscribieron en Hobo y Corinto, y quienes se han sumado al Diálogo Nacional, tenemos que ser un movimiento político y social. Hoy todo el que lucha, en la universidad, en el paro cívico, o en el cabildo, ya sea en el campo de la ecología o de los derechos humanos, es decir, todo el que esté identificado con la democracia y la paz, es parte del M-19. Sobre ellos va nuestro apoyo y toda nuestra decisión de acompañarlos en sus luchas.

El gobierno pretende hacer de cada propuesta nacional de renovación una institución y ni siquiera quiere hablar de remozar las que ya existen. Así, el diálogo que debe ser una cuestión de cabildos abiertos y de plazas públicas, lo quisieron convertir en una institución en salones cerrados. Y la Constitución que si es una institución -de asas bien grandes, elefantiásicas- ya le queda estrecha al país. Los partidos políticos también son verdaderas instituciones, pero no son vocería, ni instrumentos de ejercer la democracia como son el cabildo abierto, el paro cívico, la protesta de ese país real y vivo, ese que no cabe en las instituciones. A ese país no institucional es al que le estamos diciendo ahora, juntémonos y hagamos un nueve orden económico y político; juntémonos y hagamos una nueva manera de vivir, de ejercer nuestras opiniones y nuestros destinos, y hagamos de verdad a Colombia una nación donde haya una economía en función de las mayorías, donde haya una libertad en función de las mayorías, donde haya partidos políticos, varios partidos políticos en función de las mayorías. Ese es el gobierno que queremos: pluripartidista, con economía abierta, con prensa libre y fundamentalmente en función de la dignidad, la soberanía y el bienestar de una nación que ya se lo merece.

VERA 

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5 mayo 2014 1 05 /05 /mayo /2014 16:15

 

ROMPE EL CERCO 

EL COMBATE, CAMINO DEL TRIUNFO

En este campamento se vive un estado de preguerra. Se encuentra uno con que el ejército tiene minados, está haciendo trincheras y aquí se están preparando para la defensa. Lo que siempre pienso, y se lo pregunto a los guerrilleros del Caquetá, es ¿cuántos muertos pusieron allá los campesinos? ¿Dos mil? ¿Cuántos pueblos fueron arrasados por la represión de Turba Ayala? ¿Cuántos? Aquí seguramente irá a pasar lo mismo con los campesinos que están cerca. ¿Qué mecanismos de defensa tiene esta gente?    

GERMAN ROJAS. La situación de hoy es muy diferente a la que se presentó en 1981 en Caquetá y en el país. En esa época el gobierno lanzó una acción totalmente genocida contra la población, acordonó la zona  y no hubo ninguna repercusión a nivel de denuncia en el país. Ahí el gobierno hizo aldeas estratégicas y mató a más de dos mil campesinos... Hoy, en cambio, no más por trancar una propuesta democrática como la del Congreso, el gobierno se enfrenta a su pueblo. Eso es evidente; si aquí hay un choque, la guerra va a adquirir un contenido totalmente nuevo. Aquí se avecina un proceso de lucha de masas que no van a ser tan indefensas como lo fueron en esa época. Hoy en día el proceso de guerra se extendería a todo el país.

Lo que uno ya ve es un gobierno totalmente desorientado, dando bandazos. Y ahí está el gran peligro; es el riesgo de que, acorralado, lance sus fuerzas anárquicamente, a hacer un genocidio. Por eso, también, la necesidad de convocar a las fuerzas democráticas: el pueblo tiene la fuerza suficiente para trancar esa posible acción militar.

CARLOS PIZARRO. El problema del terror es cuando se da sin producir ninguna respuesta... o la sola respuesta del pánico. Pero a este pueblo ya no lo pueden aterrorizar. Simplemente oyendo lo que planteaba Raúl, yo pensaba: ¿quién va a tenerle miedo a una aldea estratégica en esta zona? ¿Acaso pueden hacer de Cali una aldea estratégica? ¿Dónde meten a millones de personas para impedir que luchen por la libertad y la democracia? Para que se pueda luchar tiene que haber algo por dentro de los hombres y ese algo por dentro es lo que se ha ganado en todo este proceso. Y frente a la agresión este pueblo ha respondido con coraje y con lucha.

DESAFIO     

Colombia está viviendo una realidad completamente diferente a la que se vivía antes de la firma de los acuerdos porque hoy todos somos (os defensores de los acuerdos, porque hoy la ruptura de la tregua nos toca a todos. Cuando llegarnos a firmar la tregua se decía: es un problema entre el movímiento armado, el gobierno y un sector del país comprometido con la paz. Pero hoy vamos sintiendo que la responsabilidad histórica de la paz y la democracia es de tanta gente, que es muy difícil que se puedan volver a vivir los sucesos trágicos que se vivieron en Caquetá.

Y hay más elementos. Hemos ganado confianza porque hemos visto que ya el ejército no puede resolver el conflicto con el movimiento armado y va a quedar todavía más aislado si nos impone una guerra civil. Porque la victoria popular no se reduce o haber logrado la firma de unos acuerdos en Corinto, Hobo y Medellín: es todo lo que significa para el país entere esa firma, dados los hechos que se desenvolvieron a partir de ella.

Veo una contradicción. Se habla del diálogo, del proceso de paz, de que todo está avanzando hacia un camino en el que debe converger todo el mundo Pero al mismo tiempo Pizarro habla de una guerra civil. ¿No hay contradicción entre esos das puntos?

ALVARO FAYAD. Es contradictorio, pero esta realidad en Colombia es contradictoria. Es decir está en choque. Hay dos lenguajes en este país: el de los que decimos se necesitan cambios en Colombia, sentémonos todos los que tenemos derecho a hablar y ganas de participar y decidamos los destinos de este país; otros, los que dicen: "entréguense, ríndanse... la ANIF lo acaba de repetir: "La paz sólo se consigue ganando la guerra". Una cosa es la que viene desde las alturas de las minorías, y otra la que se viene desde las amplias mayorías, desde los paros cívicos, los campamentos guerrilleros, las movilizaciones populares.

Al borde de la paz siempre se habla de guerra. Por eso dice Belisario que Vega Uribe es el "Ministro de la Paz". Por supuesto que habla de la paz de ellos y consagra a Vega Uribe como uno más de los muchos pacificadores que ha tenido este país.                        

Nosotros hablamos de una democracia real. Hemos sentido el apoyo de las mayorías, y si vemos que la nación se rebela frente a las minorías como no tener mínimamente el sentido común de convocar a esas mayorías y gobernar con ellas. Si nuestro acierto ha sido haber apelado a las mayorías, cómo no vamos a gobernar siendo mayoritarios y democráticos...

ANTONIO NAVARRO. Hoy tenemos que repetir que no hemos abandonado ni vamos a abandonar nunca la paz, que es compromiso fundamental del M-19. Hoy mantenemos la tregua y no la vamos a romper; hoy mantenemos el diálogo y no la vamos a romper; hoy mantenemos todos los instrumentos posibles que sostengan la situación política de tregua que hay en el país. No seremos nunca los que rompamos eso.

Cuando hablamos de que es factible que se venga una guerra civil, es porque así lo está diciendo la gente que tiene con qué hacer esa guerra civil, y porque el análisis de la situación nos lleva a pensar que es una posibilidad, aunque no la queramos. Para evitarla, firmamos la tregua. No para que parara la lucha social, porque la lucha social no se puede parar nunca; no mientras haya desigualdad, injusticia y cosas que cambiar.

CARLOS PIZARRO. Ellos no quieren vivir la situación de guerra civil pero tampoco quieren buscar los instrumentos para evitarla. Entre más pierden iniciativa política, respaldo en la opinión, y quedan más acorralados por la exigencia popular de las reformas para hoy, se sienten más tentados a hacer uso de los instrumentos para romper la voluntad política de la nación.

Nosotros tenemos, por el contrario, que sumar; sumar salidas, sumar soluciones, sumar hombres que luchen por un país mejor. Y eso significa mantener siempre una iniciativa hacia adelante, poner en evidencia las maniobras y la demagogia de esta oligarquía. Por eso no se aguantan al M-19. Se aguantan mil cosas, pero no al M-19. No se aguantan al M-19 en la plaza pública, ni en el diálogo, ni haciendo congresos por la paz; no se aguantan al M-19 actuando políticamente.

Sabemos que se les está acabando el oxígeno, y también sabemos que el tope lo pondrán ellos, no nosotros. Su decreto de guerra ya está firmado porque no hay una verdadera intención de diálogo y de reformas en este país. Y esto es lo grave: para ellos, no para el pueblo. Lo grave sería, para el pueblo no estar participando o estar dispuesto a aceptar otros 150 años en tinieblas.

Lo cierto es que, desde la época de La Violencia, en Colombia no se ha vuelto a ensayar el terror de verdad. Ahora se prohíbe el Congreso del M-19, (61) pero simultáneamente se permite que se informe sobre la prohibición y se permite el congreso del EPL. Y hay desaparecidos pero también investigaciones de la Procuraduría sobre los desaparecidos. Si se declara una guerra civil, será otra cosa. Si pueden convertir Cali en una aldea estratégica, como lo hicieron en Buenos Aires, una ciudad de ocho millones de habitantes. ¿Qué sucede en ese momento?

ALVARO FAYAD. ¿Sabe qué va a pasar? Cuando ese terror se lanzó sobre Colombia -estamos hablando del periodo de La Violencia- la insurgencia popular fue tan poderosa que puso a la defensiva al ejército colombiano. Esas guerrillas liberales, ese espíritu libertario de la guerrilla en Los llanos, la protesta democrática, la denuncia internacional, contuvieron la ofensiva. El hecho de que la guerrilla hubiera sido traicionada, paralizada, ante el ofrecimiento de un gobierno de paz y democracia, acabó con la guerrilla y acabó con esa propuesta.

Ahora se liberaría el mismo espíritu libertario, el mismo espíritu de lucha y de protesta nacional, el mismo fenómeno de crecimiento de la guerrilla, pero con una nueva característica: que hoy sabemos que se puede ganar, estamos más seguros, más conscientes y tenemos la suficiente fuerza para ganar. Estas guerrillas actuales no están dirigidas por los directorios oligárquicos, liberal y conservador desde Bogotá, sino que están dirigidas y formadas por gente del mismo pueblo, de la misma nación, con vocación definida de gobierno y de poder. Y ya los dos partidos no ejercen una hegemonía, ni un dominio, ni una atracción, como en aquella época.

Hoy el pueblo está del otro lado, las mayorías  están del otro lado. Ellos están solitarios por allá. De modo que tenemos la fuerza, tenemos la experiencia histórica y tenemos la decisión real de derrotar la guerra, de vencer la guerra y acabar con los guerreristas.

GUSTAVO ARIAS. Además tenemos una experiencia y no hay que olvidarla. Es la experiencia no sólo del M-19 sino de todas las organizaciones populares, de las demás organizaciones guerrilleras.

Nos hemos enfrentado al ejército y lo hemos derrotado: con trincheras y sin trincheras, incluso atacándolo en sus puestos más fuertes, que son sus cuarteles. Hemos probado fuerzas y hemos probado exitosamente nuevas formas de lucha. Es cierto que el enemigo no se ha empleado a fondo, pero aunque lo haga, estamos seguros de que vamos a romper sus aldeas estratégicas, desde afuera y desde adentro, porque nuestro pueblo tiene el ingenio, la rebeldía y la fuerza suficiente para hacerlo.

CARLOS PIZARRO. Frente al terror no hay sino una herramienta que es la lucha. Ya Bolívar señalaba este camino: "cuando impera el terror, hay una sola reserva para romperlo, que es el combate". Y Colombia tiene muchas más reservas de combate que otros países. Aquí el lenguaje popular ha consagrado la palabra "enmontarse", y cualquiera sabe que enmontarse significa salir a combatir. Eso se vive en las ciudades y en los campos.

Por supuesto que no queremos que la guerra sea el tránsito hacia la democracia en este país. Sabemos el costo social, el costo económico, el costo político y el costo moral de una confrontación de esa magnitud. Pero también hemos vivido el costo social, económico, político y moral de estos 150 años de vida republicana, de los engaños, del manipuleo de los líderes populares y del asesinato de los dirigentes políticos de una nación. Y hoy estamos actuando sobre el país para que eso no se repita, para romper el ciclo histórico de las guerras civiles.

ALVARO FAYAD. El terror es una estrategia continental dirigida desde el Pentágono. Sin embargo, las condiciones latinoamericanas, las condiciones del mundo, no han permitido que se imponga fácilmente la decisión del terror sobre los pueblos. Además de la decisión de las naciones de evitar la guerra o ganarla, hay condiciones internacionales y latinoamericanas que hacen que esa política del Pentágono tenga cada día más limitantes. Cada día hay más fuerzas políticas, morales, religiosas, económicas y sociales que quieren evitar la guerra a los pueblos. Entonces, en esa lucha, en esa vocación y búsqueda de la paz para evitar la guerra, no estamos solos tampoco. Y no es fácil, hoy, imponer una guerra.  

Aún en Centroamérica, por empantanadas que parezcan las condiciones actualmente, por lo menos hay fuerzas que buscan la paz. Esas fuerzas, tanto de una nación como de un continente, son las reservas morales, los grandes obstáculos a quienes buscan ver a nuestro continente sumido en la pobreza, la miseria, el caos y la guerra.

Hay una propuesta que parece salir ante las diversas preguntas: es sobre el acercamiento de las masas a la guerrilla. Por qué no explican ese fenómeno que se comienza a vivir cuando un grupo comparativamente pequeño de hombres armados empieza a actuar como dirección, o al menos como polo de referencia de grandes sectores que no tienen armas, que están en Otra cosa.

GUSTAVO ARIAS. Cada día la guerrilla rompe con los esquemas de estar en las zonas marginadas del país. Cada día la guerrilla está más en los centros neurálgicos, económicos, políticos, administrativos de la nación.

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Desde luego, cuando la guerrilla empieza a llegar a esos centros donde la densidad de la población es mayor, empieza a ejercer de hecho su autoridad. No solamente su autoridad política, sino también su autoridad administrativa, policial, etc. En concreto esto no es invento- empezamos a -resolver desde problemas de linderos hasta problemas matrimoniales; empezamos a resolver la deuda del campesino con el terrateniente, o el que éste no pague salarios justos a los trabajadores. Es intensa la actividad, la influencia y el copamiento de todas las ramas penales, civiles, judiciales... En esa misma medida, nos vamos encontrando real y efectivamente con nuestro pueblo y nos vamos movilizando con nuestro pueblo hacia la conquista de la libertad y de la justicia. Y el problema para el gobierno es cómo relegarnos a donde siempre habíamos estado: allá enmontados, en las profundidades de la selva.  

Cuando Bernardo Lema decía, en el año 76, "el problema principal de la guerrilla en Colombia es el M-19 porque está en las ciudades", tenía razón. Y hoy el M-19 se acerca cada día más a los centros neurálgicos del país: Cali, Florencia... Y cuando nos tomamos Florencia, nos estaban esperando en Neiva; y cuando pensamos en Neiva, también estábamos pensando en Bogotá. Porque la razón social, la razón de ser del M-19, es estar con las masas, movilizando a las masas, para la lucha, para la conquista de la democracia.

ALVARO FAYAD. Uno ya no puede hablar de una guerrilla rural o urbana. Hoy es una guerrilla nacional. Y, además de la situación geográfica, ya no hay diferencia entre un guerrillero del M-19 y un luchador por la democracia en Colombia. Ya no es la mera simpatía por la guerrilla: es que ésta está palpitando -por lo menos el M-19- con el latir de toda la nación. Ser hoy hombre del M-19 es protestar, luchar, ejercer la democracia, combatir, querer hacer gobierno. No hay diferencia entre el hombre que lucha allá y el que lucha aquí.

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La gente sabe que en la lucha por la democracia ya hay una fuerza y una decisión político-militar. Cuando se dió la inmensa fiesta de Corinto y El Hobo, lo que hubo fué un encuentro entre el país y la guerrilla… De ahí la protesta contra los famosos "desordenes" y "excesos", que no fueron tales. Lo que les saco urticaria a los poderosos de este país fué que la identificación entre pueblo y guerrilla se hizo masiva, se vió concreta, físicamente, en un abrazo real.

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Hoy, los elementos democracia y armas se unen en una sola vocación y una sola actitud Hoy, todo el país quiere hablar, no con el M-19, sino con una  democracia en armas...

 ANTONIO NAVARRO. Además, no es tan nuevo. Resulta que en Colombia las armas se han usado en la política de oposición desde hace 150 años, es decir, desde que se ganó la guerra de independencia contra España. Lo raro han sido los períodos en los que no haya habido instrumentos armados. Aquí los partidos políticos saben más de hacer guerra que nosotros mismos. No han pasado cuarenta, cuarenta y cinco años de historia republicana de Colombia sin que haya habido instrumentos armados para hacer política. Hoy, la diferencia es que hay esperanzas de que la oposición no sea traicionada.  

CARLOS PIZARRO. ¿Qué es hoy un guerrillero? Es un hombre común y corriente que, cerrados los canales de participación política y condenado a la miseria, coge un arma, lucha. ¿Cuántos millones de colombianos están en esa situación? ¿Qué alternativa tienen los desempleados, los obreros, los campesinos? EnguerrilIarse. Y aunque no lo hayan hecho, miles se sienten guerrilleros ya. Entonces los hay armados y desarmados.

41 Hoy tenemos un pueblo desarmado, lo cual no quiere decir que no esté dispuesto a armarse ya. Porque llega a tal punto el bloqueo de los canales institucionales para expresar la protesta, que hay que recurrir a los no institucionales. Por tanto, se institucionaliza la guerrilla. Y la guerrilla no es el foco, el fenómeno perdido en la selva; es la forma de actuar en la política en este país.  

La oligarquía no se da cuenta que tiene una guerrilla de millones de personas porque no les ve el arma en la mano. Pero la tiene: desde la más rudimentaria hasta la más sofisticada. Hoy en Colombia existe una guerrilla nacional. Fuera  de  eso hay un sentimiento consciente que es el M-19

Lo que pasa es que en la medida en que la guerrilla es el punto de referencia de sectores que luchan por otras vías, ilegaliza también a esos núcleos.

CARLOS PIZARRO. Hay parte de la guerrilla que está desarmada y parte que está armada. Y hay inmensas posibilidades de que se arme todo el mundo. Es que el problema del guerrillero no es que tenga el arma sino que tenga la voluntad de tenerla. No es andar con un Garant encima; es que tenga la voluntad de convertirse en poder. Eso es lo que hace al guerrillero. Por mucho tiempo fuimos incapaces de perfilar esa voluntad de poder. Entonces, se necesita de un proceso consciente para ser guerrillero. Ser guerrillero no es tener el fusil solamente. Ser guerrillero es tener una visión de la historia, de la vida y de la lucha.

En el Salvador hace cuatro años se inició una guerra que ha causado cantidad de sufrimiento a la población y que debió haber terminado hace mucho tiempo. ¿Qué garantía hay de que no nos coloquemos en el mismo punto en Colombia?

ALVARO FAYAD. En el Salvador lo que hay es el inmenso heroísmo de una nación enfrentada a unas oligarquías y a la potencia militar y económica más grande del mundo, los Estados Unidos. En el Salvador lo que hay es casi la soledad de un pueblo enfrentado a la mayor potencia del mundo. En El Salvador lo que falta es una mayor decisión latinoamericana para atajar la intervención del Pentágono. 

Los salvadoreños no quieran la guerra: por eso se oponen con tanta fuerza, con tanto heroísmo. Por eso Contadora tiene que jugar un papel más activo; Belisario, en Contadora, tendría que jugar un papel más activo.42

Simplemente no se puede ver solitaria la lucha de los pueblos, no se puede ver la guerra como un hecho "allá" que se nos impone y hay que aceptarlo. La lucha, la propuesta de paz, el atajar las fuerzas de la guerra a escala nacional e internacional es la tarea de todos los demócratas de Colombia; esa guerra hay que atajarla y si se nos impone, hay que vencerla.

Nosotros no queremos un Salvador, ni queremos una intervención norteamericana en Colombia. No queremos una guerra en Colombia. Queremos una nación soberana en los pactos militares, una nación soberana en los pactos económicos, una externa, una nación soberana en su política cultural. Si esa lucha por la soberanía implica que se nos lance a la guerra, vamos a tener que ejercer la soberanía, ejercer la dignidad y derrotar esa guerra.43

Y no vamos a evitar que nos impongan una guerra con una actitud pasiva. No se puede asustar al pueblo con el fantasma de la guerra, ni se pueden amenazar los anhelos de democracia con que "se viene la represión y de pronto nos dan duro”. Pensamos al contrario: que hay que ejercer todos los derechos, ejercer toda la lucha, perderle el miedo a la represión, perderle el miedo al estado de sitio, a las prohibiciones y a los cercos. Esa es la nueva actitud, el nuevo clima en este país. La gente no le tiene miedo al estado de Sitio ni a los cercos porque ha habido lucha, porque ha habido decisión de combatir.

Y de ahí la convocatoria que le hacemos al país: ejerzamos la democracia, lancémonos a ser gobierno, rompamos las prohibiciones, rompamos las amenazas, no aceptemos ese clima de amenazas permanentes: lancémonos más bien hacia un futuro que tiene que ser nuestro, que vale la pena construirlo; el de un pueblo ejerciendo la soberanía, un pueblo ejerciendo la democracia, un pueblo ejerciendo á  derecho a vivir como quiere hacerlo.

Pero en caso de un enfrentamiento armado de esa magnitud en Colombia, ya no sería el enfrentamiento entre el pueblo y la oligarquía sino que entrarían a participar poderosos elementos externos...

Y poderosos elementos externos, poderosos elementos continentales lanzados contra la agresión.

ACTUALES LA LEGITIMIDAD ESTA EN EL EJERCITO DE LA DEMOCRACIA  

En este momento hay una discusión en el M-19 acerca del liderazgo: de si Iván Marino sigue o no en el Comando Superior, si sigue siendo el Comandante General.

IVAN MARINO OSPINA. La grandeza del M-19 se mide en que no tiene hombres perpetuos en la Dirección Nacional. En la medida que el proceso nos lo exige, en la medida en que el pueblo reclama hombres que representen a toda Colombia, a toda la patria, el M-19 en su evaluación interna ha aceptado que Iván Marino sea relevado de la comandancia, y Otro hombre, con cualidades humanas, políticas, gran capacidad de análisis y de síntesis, como Alvaro Fayad, ocupe el primer puesto de mando del M-19. Iván Marino, como un combatiente, como un revolucionario, ocupará la posición que la Conferencia Nacional del M-19 le asigne.

ALVARO FAYAD. El M-19, como expresión de un país capaz de renovar las ideas y presentar figuras nuevas, tiene a miles de hombres que representan la nueva Colombia, el nuevo despertar. Por eso no hablamos de candidato, ni de candidato presidencial del M-19, porque además lo que estamos proponiendo es un gobierno democrático de las mayorías del país.

¿Qué clase de gobierno? ¿Una junta?

ALVARO FAYAD. Todos queremos ser gobierno y nos sentimos con la decisión de ser gobierno. Pero que sea un gobierno de las mayorías del país. Entonces si se diera el caso de un candidato presidencial, en este país hay demócratas, hay luchadores que vienen de los partidos, los gremios, de los sectores populares, del propio ejército, del M- 19 y de otros grupos guerrilleros: aquí lo que hay son hombres y figuras con ideas, criterios, propuestas para cambiar el país, con capacidad para dirigir el país, que podemos hacer de Colombia un país nuevo y proyectarnos sobre el continente de una nueva manera.

 

 

Con toda esa gente sintámonos democracia, lancémonos al gobierno y hagamos una nueva vida. Sintámonos todos hoy, no M-19 ni demócratas a secas: somos una sola cosa; no guerrilleros, luchadores u hombres de protesta... Sintámonos todos guerrilleros de la democracia, sintámonos hoy todos hombres de democracia. Guerrilleros y democracia es lo mismo que ser M-19 y M-19 -por lo que propone y lucha, es lo mismo que decir nación.  

El gobierno sigue manejándose ante ustedes con el problema que tienen entre legalidad y legitimidad. Ustedes tienen derecho a hablar por la legalidad que tiene el Diálogo, pero siguen siendo un movimiento ilegal. Entonces ¿cómo va a ir el M- 19 hacia otros sectores y cómo vendrán éstos hacia la organización en función de su propósito de ser Gobierno?

ANTONIO NAVARRO. El problema de la legalidad hay que mirarlo en el marco de la legitimidad, no qué nos dé el gobierno, sino que nos dan las mayorías. No es que podarnos actuar por la legitimidad del Diálogo, sino que estamos actuando con la legitimidad de representar propuestas de mayorías. ¿Cómo van a actuar los nuevos miembros de la Dirección del M-19? Si el M-19 es ilegal, pienso que actuarán con legitimidad pero con ilegalidad...45

CARLOS PIZARRO. El problema nuestro durante mucho tiempo fué el dilema entre legalidad e ilegalidad. Ya no. El problema hoy es de legitimidad; ahora la legitimidad se ejerce en la legalidad y en la clandestinidad, se ejerce institucionalmente o extrainstitucionalmente. Lo único que no se puede hacer es dejar de ejercerla, no ejercer la democracia, no ejercer la lucha. En este país lo más amplio no es la legalidad; lo más amplio es la ilegalidad. Aquí es ilegal todo: las huelgas, los paros cívicos, las protestas,  las luchas campesinas... Toda esa ilegalidad está simplemente pretendiendo controlar y amedrentar una legitimidad en marcha. Entonces la lucha hoy en Colombia es porque esa legitimidad tenga canales de expresión; y por supuesto que dentro del M-19 tienen cabida, en la medida en que estamos configurando una legitimidad entre todos para hacer una nueva legalidad desde el gobierno, que es el propósito del M-19 hoy.

GERMAN ROJAS. Además, ese dilema no se le presenta al M-19 ni al pueblo. Se le presenta es al gobierno porque éste, para seguir en la legalidad, tendría qué darle cauce a la democracia, y lo que está demostrando es que le cierra el paso cada día más. Nosotros no nos lo planteamos porque las mayorías están del lado de la democracia y de nuestras banderas.

Todas las declaraciones del Presidente, de los gremios, de los militares retirados, de las diferentes instituciones, de Lleras Restrepo. Turbay, se refieren a la ilegalidad nuestra y la legalidad de ellos. Cuando necesitan reiterarlo tanto es porque se sienten ilegales, y cuando se habla tanto sobre ilegalidad nuestra es porque nos sienten cada día más legales. Es la legalidad alcanzada mediante la lucha y alcanzada mediante negociaciones con ellos: y demostrada no sólo ante la faz del país sino ante el mundo.

El gobierno está peleando por pequeños resquicios de legalidad, como lo demuestra cuando nos dice: "Mire, no se hagan en esta partecita del monte sino aquí", para demostrar que siguen teniendo poder. “No se muevan con ese uniforme por la parte izquierda sino por aquí"... Están peleando por insignificancias. El marco político le impuso un marco militar y éste es muy estrecho para el gobierno: no puede encuadrar bien sus fuerzas.

ALVARO FAYAD. Ahora el gran debate es sobre la Constitución. Se dice que somos ilegales porque la Constitución no reconoce la existencia de una tuerza alzada en armas. Entonces no tenemos derecho a ejercer los derechos de la democracia porque somos ilegales según la constitución. El problema es que el mismo gobierno aceptó, reconoció el hecho real, político, militar y moral de que existen fuerzas populares alzadas en armas. Eso fué lo que se firmó en los acuerdos de tregua en Corinto, Hobo y Medellín ante todo el país. Puede que eso no quepa en la Constitución Colombiana, pero es la realidad de este país; luego la Constitución no cabe en el país. Y si es un problema de legalidad, ¿por qué no nos vamos con las reformas que pide el pueblo a un referéndum a un plebiscito? Confrontemos, porque cuando se aproxima y se siente esa identificación nacional de las luchas por la democracia y por las reformas urgentes, entonces se sacan sólo artículos de la Constitución: que esto no puede ser, que hay que entregar las armas... en contravía a la realidad que es la existencia de un movimiento fuerte, que se siente, que abarca la identidad nacional, y que se fundamenta en una fuerza político-militar alzada en armas.

Cuando decimos que desarrollemos un proceso de democracia, lo que está en discusión no es el problema de legalidad o ilegalidad, sino el problema de la democracia, la capacidad y el derecho de todos los colombianos a ejercerla. Pero ya dice Jaime Castro: "No pueden ir a las elecciones si no entregan las armas, no pueden hacer actos populares si no entregan las armas, no pueden hacer un congreso de la democracia si no entregan las armas..." ¿Acaso en Colombia no hay hombres alzados en armas? ¿Acaso no hay unos acuerdos y una realidad política? Entonces el problema hoy en Colombia no es que nosotros estemos con armas o sin armas; el problema es que no existen canales para que todo el país pueda ejercer el derecho a la democracia. Y cuando hablamos de todo el país, hablamos también de nosotros como parte integrante de ese país. Entonces atendamos que pide el pueblo a un referéndum a un plebiscito, cambiemos la Constitución; pero que no la cambien desde allá ellos mismos; que la cambie el pueblo en las calles, con la participación de todo el mundo.

De todas formas, subsiste un vacío: ¿qué pasa con todos esos sectores que teniéndolos a ustedes como punto de referencia a lo largo de este proceso se han vuelto ilegales?

CARLOS PIZARRO. A todos nos toca construir una nueva realidad, y es lo que estamos proponiendo; que hagamos una nueva legalidad de la democracia, con participación de toda la gente, convocando a un plebiscito o un referéndum. Los que pactaron el Frente Nacional decidieron que después de 1957, en Colombia, no se podría hacer otro plebiscito y eliminaron esta figura de la Constitución en su idea monárquica de la democracia colombiana, de que gobernarían eternamente. La Constitución colombiana expresa a un país que hoy ya no existe. Entonces hay que empezar a buscar una legalidad que exprese la legitimidad que hoy se mueve en Colombia, con todos los sectores populares. ¿Será eso posible con este gobierno que ha planteado la paz, la democracia y la necesidad de las reformas urgentes en la vida del país? Nosotros lo hemos planteado posible: hemos firmado la tregua, hemos impulsado el Diálogo y seguimos insistiendo en esto, pero si no es posible por ese lado, si aquí se pretende seguir controlando el país con legalidad pero sin legitimidad, toca desbordarlo y darle una legalidad nueva.., y los ilegales serán ellos.

La Constitución da el derecho a gobernar en la medida en que a través del gobierno se expresen las mayorías y no en la medida en que sólo se expresen los intereses de una minoría. Si la Constitución cuenta con éste como elemento fundamental, tiene que tener capacidad de renovarse; y se renueva a sí misma acudiendo a las mayorías nacionales. Nosotros hemos dicho que estas armas nuestras sólo nos las puede quitar el pueblo, porque es nuestro comandante. Nosotros sí, entregaríamos las armas, si un plebiscito nacional le dice al M-19: "Señores, entreguen las armas". Atenderíamos a esa decisión por ser mayoritaria, pero no el Ministro de Gobierno, quien no representa al país. Su voz no expresa la voluntad popular sino la propia, de Carlos Lleras y la de otros pocos.

Estamos planteando la solución inmediata. Ahí está el plebiscito, ahí está la convocatoria a las mayorías; busquemos de nuevo ese constituyente primario y dejemos que nos diga si esa Constitución del 86 -que no podía prever cien años de historia de este país- cobija todavía a este país. No nos podemos seguir condenando a mantener un país rígido, porque un país rígido está en contra de la vida misma. El M-19 sí tiene soluciones democráticas. A eso, a la democracia, apostamos.

Belisario le planteó a este país, cuando subió el 7 de Agosto, la necesidad de que fuera el pueblo el gestor fundamental de su gobierno. Entonces qué paso con el Belisario del 7 de agosto? Llegó la hora de las definiciones porque todos los fenómenos sociales -y no solamente el movimiento guerrillero- tienden a desbordar la legalidad del 86. Todos; el movimiento popular, el movimiento sindical, los periodistas, todo el mundo, porque sentimos la necesidad de que nuestra legalidad exprese el pensamiento y el sentir de una colectividad que vive en 1985.

ANTONIO NAVARRO. A mí me parece que hay dos problemas planteados. Uno es el problema de una legalidad democrática aquí, y otro es el problema de la gente que quiere luchar y que no se arma, que lo ha planteado dos o tres veces. Dicen: ''Bueno, si no hay una nueva legalidad, si no hay un marco donde quepa la gente que quiere la paz y la democracia y lucha por la paz, y la democracia se vuelve ilegal dentro del marco de la legalidad del sistema, ¿qué alternativa les queda a los que no se van a las trincheras?" Queda la alternativa de luchar desde su puesto, de mil maneras. Si hay un país que está luchando por la paz y la democracia, aunque sea ilegal, es imposible que ese país sea aplastado.

ALVARO FAYAD. Mire, la gente no se enreda en eso: la gente no se pregunta si hacer un paro cívico es legal o es legítimo; es su necesidad y lo hace. El Presidente le dice a la prensa: "no publique”, y la prensa termina publicando. El problema hoy en Colombia es de realidades sociales y políticas; el problema en Colombia es de decisiones, el problema es que la realidad desbordó unas normas, unas instituciones y que cada día es más clara la voluntad antidemocrática con que se amparan ciertas instituciones, con que se amparan miles de legitimidades.

Hoy, que haya paz y democracia significa pelear por los derechos. Es el derecho a la información, el derecho a la vida, el derecho a la protesta, el derecho a la libre circulación, el derecho a ser gobierno. De modo que Belisario le dijo al pueblo el 7 de agosto: "necesito un cheque en blanco, el pueblo es mi fiador". Hoy le dice el pueblo a él: “mire, ya no le damos más crédito; usted prometió una apertura política, prometió la paz; y no prometió ni tiene disposición de cumplir..."

La protesta popular, la ampliación de la paz y la democracia, tiene que caer en manos nuestras, sea legal o ilegal o legítima. Hoy Colombia no pasa por esas discusiones. Lo que discutimos es si podemos, queremos y aguantamos este régimen. ¿No tienen derecho los indígenas a tomar una tierra que es de ellos? ¿No tienen acaso los empleados estatales derecho a parar porque les aumenten sus salarios? ¿No tienen derecho la gente que sufre el alza de las tarifas de los servicios públicos en un cien por ciento mensualmente a decir "no pago"? ¿No tiene acaso derecho el pueblo a decir, de una vez por todas, me uno a la fuerza que es capaz de combatir por la democracia, me uno a la fuerza que es capaz de lanzarse por el gobierno? Este país ha reaccionado en suficientes oportunidades y ya puede decir: me cansé de protestar; vamos a ejercer nuestros derechos, y vamos a ser gobierno.

El problema aquí es de gobierno. Cuando Jaime Castro, responsable del gobierno a nivel del orden público, está atacando cada propuesta democrática -"esto no es, esto no es..."- son ellos los que dicen el no, el "no se puede ser democrático en Colombia". Nosotros vamos por otro camino, vamos en otra ruta; vamos simplemente hacia la paz y la democracia. Hasta aquí llegó con nosotros... Ojalá hubiera un nuevo impulso por la paz y la democracia por parte del gobierno.

Ya hablamos del país, ya hablamos de ustedes... ¿Qué papel desempeñan los otros grupos guerrilleros?

ALVARO FAYAD. Un papel decisivo. Creemos que la unidad del movimiento guerrillero es una necesidad inaplazable. Nuestras diferencias políticas no pueden ser más importantes que las exigencias del país. Y estamos dispuestos a ir donde sea, estamos dispuestos a conversar con quien sea, estamos dispuestos a proponer lo que sea necesario, a hacer lo que sea necesario, para que las fuerzas del pueblo, las fuerzas sindicales, las fuerzas democráticas, las fuerzas guerrilleras, seamos una sola decisión y una sola voluntad. Al movimiento guerrillero le decimos que las puertas y la capacidad del M-19 están más abiertas que nunca, y vamos a donde sea necesario ir, a donde nos llamen; y desde aquí los estamos llamando para que de verdad y de la manera más eficaz, le demos fuerza y oportunidad a la columna vertebral fundamental de esta vocación democrática de ser gobierno en Colombia.

CARLOS PIZARRO. Además porque queremos un solo ejército. Estamos buscando formar un solo ejército de la democracia, que no es sólo una convocatoria al movimiento armado: es también una convocatoria al ejército de Colombia, porque indudablemente las reservas democráticas no estén exclusivamente en el movimiento armado; están también dentro del ejército. No vamos a decir que nos fusionemos. Vamos a buscar el ejército que realmente exprese este país. Que surja de todo un fenómeno plebiscitario y mayoritario en este país, dentro de los canales que hoy existen; o que surja de este proceso de lucha que nosotros estamos desatando. Pero tiene que haber un solo ejército en Colombia, porque aquí no puede haber dos ejércitos legítimos; tiene que haber uno solo.

En la búsqueda de entregarle al país una sola herramienta para defender la democracia, nosotros tenemos que buscar la acumulación de mayores fuerzas y la convocatoria a todos los que de verdad quieren lograrla. Hoy eso es posible, más posible que antes. La verdad es que así como el movimiento guerrillero tiene más clara su función política en este país, las Fuerzas Armadas también han tenido mayor contacto con esta nación porque el simple hecho de ir a combatir a nuestro pueblo, de ir a atajar a la gente que va para un congreso, genera fenómenos nuevos. Ya no es el ejército colombiano que con cierto margen de legitimidad actuaba en los años cincuenta, o en los años sesenta; hoy el ejército colombiano es un ejército que se siente ilegítimo y eso lleva también a su crisis institucional.

Entonces, estamos buscando es un ejército de Colombia que de verdad unifique en este país y que de verdad sea un ejército nacional; no el ejército de ocupación que hoy son las Fuerzas Armadas.

 A continuación reproducimos los textos de los mensajes intercambiados entre el Ministro de Gobierno, Jaime Castro, y el Comando Superior del M-19.  

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COMUNICADO A LA OPINION PUBLICA

MINISTERIO DE GOBIERNO

MENSAJE PARA: COMANDO SUPERIOR M-19

DE: Dr. Jaime Castro Castro

Ministro de Gobierno

Bogotá, D/E

FECHA: Febrero 7 de 1985

En forma clara y precisa le dije a Antonio Navarro W, que la realización del acto político que ustedes quieren celebrar en los Robles, no sirve desde ningún punto de vista, los intereses de la paz ni facilita la ejecución de los acuerdos suscritos. Sin limitaciones distintas de las que señala la ley para todos, el M-19 ha cumplido la actividad política que ha querido en diferentes ciudades y municipios del país.

Si su Congreso Nacional o Foro por la paz y la democracia puede realizarse, entonces, en sitio distinto a Los Robles, ¿Cuál es la necesidad de hacerlo en un campamento guerrillero, con la presencia de personas colocadas fuera de la Ley, así sea por el mero hecho de estar armadas y uniformadas? Para el Gobierno es claro que no puede permitir la realización del citado acto. A la obligación que tiene de cumplir la Ley, agrega razones políticas vinculadas a la opinión de la ciudadanía y al propósito de cumplir estrictamente el acuerdo celebrado en Corinto hace un mes, que fue cuestionado por quienes dijeron que sólo servía para desplazar en el tiempo un conflicto casi inevitable.

El financiamiento, de la paz nos obliga a todos., Por eso el país espera que haya coherencia entre las declaraciones que unos y otros hacemos en ese sentido y los actos que ejecutemos.

Si el M- 19 no cancela, motu propio, la realización del acto que tiene previsto celebrar en Los Robles, durante los días 13 al 17 de febrero, el Gobierno se verá obligado a decir pública y oficialmente que no lo autoriza ni permite.

JAIME CASTRO CASTRO

Ministro de Gobierno

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PARA: Ministro de Gobierno

DE : Comando Superior M-19

FECHA: Febrero 7 de 1985

El M-19 es una organización revolucionaria en tregua, que ha cumplido estricta y cabalmente los acuerdos suscritos con el Gobierno en Corinto, El Hobo y Medellín el 23 y 24 de agosto de 1984, y en el campamento de San Pablo y Yarumales el 7 de enero de 1985. En esos acuerdos se acepta explícitamente como legítima, la existencia y actividad política de un grupo de colombianos armados, siempre que cumplan estrictamente, como lo hemos hecho, unos acuerdos que al ser refrendados por el Presidente de la República, tienen fuerza legal.

Como toda organización política, tenemos pleno derecho a reunirnos, e invitar personas de diferentes opiniones a nuestra reunión. Más aún, consideramos muy saludable para la Paz y la democracia, la realización de un Congreso abierto al país, donde públicamente definamos el futuro inmediato de un momento de definiciones para la suerte de la República.

"Ya no preguntamos quiénes son los que agreden la paz. La pregunta ahora es quiénes quieren la paz y quiénes quieren la democracia para avanzar con ellos hacia la conformación de unas nuevas mayorías auténticamente nacionales y auténticamente democráticas; para luchar, convertir a Colombia en esa patria que de verdad todos estamos anhelando".

No sabemos a qué opinión ciudadana se refiere Usted, señor Ministro, cuando tantos y tan variados sectores políticos, gremiales, religiosos y populares -tanto en el país como en América Latina- han expresado su interés por asistir a las deliberaciones del Congreso a celebrarse en Los Robles. Tal vez es la presión de un puñado de poderosos, la que ha hecho retroceder al actual gobierno en la búsqueda de una paz real, sin humillaciones. Hoy los enemigos de la Paz parecen ganar una batalla más.

Se objeta el sitio de realización de la reunión. Hace tan sólo un mes, el gobierno aceptó explícitamente la ubicación de nuestra fuerza en Los Robles, y aceptó que fuera un sitio abierto al país.

Se  objeta  a  los  asistentes, como si fuera  su potestad determinar quiénes  son miembros del 

M-19.

Nos parece grave y equivocada le decisión de no autorizar ni permitir un acto que no es sólo nuestro sino de los colombianos amantes de la Paz y la Democracia.

Por eso apelamos a través suyo, a la sensatez del Dr. Belisario Betancur, para que se revoque la decisión de impedir la realización de este evento abierto a Colombia, que por supuesto insistimos en realizar.

ANTONIO NAVARRO WOLF.

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DE: COMANDO SUPERIOR M-19          

PARA: MINISTRO DE GOBIERNO

FECHA: FEBRERO 13 DE 1985

  1. SITIO "LAS DANTAS" DE REALIZACION DEL CONGRESO POR LA PAZ Y LA DEMOCRACIA. CON LA PRESENCIA DEL COMANDO SUPERIOR EN PLENO. SIN OSTENTACION DE ARMAS Y UNIFORMES, PERO CON LAS MEDIDAS DE SEGUR/DAD NECESARIAS.
  2. DESMILITARIZAClON DE LA ZONA DE "LAS DANTAS' Y LUGARES ALEDAÑOS; LEVANTAMIENTO DE LOS RETENES DE LA VIA MIRANDA-MONTE REDONDO-LAS DANTAS. ESTAS MEDIDAS DEBEN TOMARSE A PARTIR DE LA FECHA.
  3. SE PROPONE A FLORIDA COMO SEDE ALTERNA (PRINCPAL) EN LA CUAL SE REALIZARA EL CONGRESO SI EXISTE LIBRE TRANSITO PERMANENTE A "LAS DANTAS"
  4. PONER EN LIBERTAD A TODOS LOS DETENIDOS CON MOTIVO DEL CONGRESO Y REGULAR/ZAR EL TRÁNSITO POR TODAS LAS CARRETERAS DEL PAIS.

FIRMADO,

IVAN MARINO OSPINA                                                         ALVARO FAYAD D.

       CARLOS PIZARRO                                                               ANTONIO NAVARRO W.  

GUSTAVO ARIAS  

LOS ROBLES, FEBRERO 13 DE 1985

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A LOS HERMANOS COMBATIENTES DEL M-19

El sector de iglesia, presente en la IX conferencia del M-19, saluda fraternalmente a todos y cada uno de los hermanos ubicados en el campamento de Los Robles y a quienes en medio de dificultades se dirigen a él, convocados para el congreso por la paz y la democracia.

Nuestra fé en Jesucristo, libertador definitivo del pueblo, nos lleva a acompañarles en su noble y heróico compromiso por la paz y la democracia y por el surgimiento del hombre nuevo colombiano, respetuoso de la vida, amigo del perdón, generoso y aguerrido, hospitalario y sonriente, tropical, extrovertido y creyente...

Hombre nuevo que se está forjando en cada cambuche, en cada misión, en cada trinchera, en todo combate, pero en especial en la relación de amor y fraternidad que hace comunión y refuerza la moral personal en cada minuto de la vida cotidiana del campamento.

Cristianos por la Paz

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COMUNICADO DE LOS PERIODISTAS

Los Robles, Miranda. Febrero 13 de 1985

Los ciudadanos Ligia Riveros, María Elena Escalante, Gladis Mogollón, Jaime Rosero, Orlando Paéz y Javier Correa, periodistas representantes de diversos medios de comunicación del país, damos a conocer a la opinión pública:

1. En cumplimiento de nuestra misión informativa tratamos de desplazarnos al campamento del movimiento 19 de Abril, M-19, ubicado en la vereda Los Robles, municipio de Miranda (Cauca) donde se debía realizar el Congreso de la Paz y la Democracia.

2. De acuerdo a lo dispuesto por el gobierno, en el sentido de que ninguna persona podía llegar a  Los Robles, se nos negó el acceso, a pesar de los derechos que como ciudadanos nos otorga la Constitución para movilizarnos por todo el territorio colombiano, y del que nos otorga la Ley 51 de 1975. "Estatuto del Periodista".

3. A causa de estos impedimentos, nos vimos obligados a realizar marchas forzosas y a asumir una actitud de clandestinidad que no corresponde al libre ejercicio de nuestra profesión.

4. Algunos de nosotros logramos sortear estas dificultades; sin embargo, Otros colegas de la prensa nacional y extranjera fueron retenidos a pesar de haberse acreditado debidamente.

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CAMPAMENTO

 SER

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4 mayo 2014 7 04 /05 /mayo /2014 15:35

 

B69

 

Interpretamos al pueblo cuando recuperamos la espada de Bolívar…Ella constituye un símbolo que vale más de cien mil fusiles. Por eso nuestra primera acción consistió en ponerla en manos del pueblo que lucha por la libertad de su patria.

Jaime Bateman.

espada

 

En la foto, se observan la espada, los espolines y estribos que pertenecieron a Simón Bolívar y que el M-19 recupero  en la Quinta del Libertador.(Febrero de 1974)

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27 abril 2014 7 27 /04 /abril /2014 21:43

 *Ayala Diago, César Augusto (2006) El populismo atrapado, la memoria y el miedo: el caso de las elecciones de 1970. La Carreta Editores. Universidad Nacional de Colombia, Medellín. - See more at: http://www.bdigital.unal.edu.co/cgi/export

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cenefa-rep-01

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25 abril 2014 5 25 /04 /abril /2014 23:00

NO CUMPLIOLa vida NO

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25 abril 2014 5 25 /04 /abril /2014 07:48

3rosas

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24 abril 2014 4 24 /04 /abril /2014 11:54

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*

Revista Alternativa #124 (Julio 25/Agosto1/1977)

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22 abril 2014 2 22 /04 /abril /2014 23:00

¿Y AHORA QUÉ?

cenefa-rep-01  Por JOSE YAMEL RIAÑO 22/04/2014

    JYRDespués de todo lo que ha pasado en política, es difícil hacer una lectura bien cercana a la realidad de la región y la nación. Pero podemos hacerlo por partes: Empecemos por nosotros, afirmando que como colectivo en la región nos hemos equivocado mucho pero humanos somos. Ahora, lo grave es que “Si por aquí llueve por Bogotá no escampa”. La lectura que hace la opinión pública, es de desconcierto generalizado.

Veamos lo más significativo, -aunque no necesariamente lo más importante- ¿Cómo así que La Alianza Verde solo saca cinco (5) senadores en todo el país después de la Alianza de Verdes y Progresistas? ¿Cómo es que los Progresistas del Valle del Cauca adelantan una campaña con candidato propio, con muy buena hoja de vida, buen patrocinio y nos dejamos ganar por una señora que el departamento, incluida su capital, no la conoce? Podemos decir; en política, como en casi todo, se gana y/o se pierde, y “no vamos a llorar sobre la leche derramada”. Lo malo es que esa señora, que no conozco, nos gana las elecciones a nombre de un colectivo que si nos representa, pero aun así hoy todavía no la abordamos y seriamente la escuchamos para poder proponerle acciones y exponerle cuáles son nuestras expectativas políticas en el departamento y la región. Pero además, tampoco lo hemos hecho con  el senador electo Jorge Iván Ospina. Parece un mensaje  claro: “Esa curul es de ustedes y nos podemos ver en cuatro años”. Será que si?

Otra peor; Parece que el fenómeno Petro se diera en otro país, por allá donde solo nos informamos de ello a través de los medios de comunicación. Y eso; Viene el ex Alcalde satisfecho con lo de Barranquilla, -que dicen fue apoteósico- Cali le hace una manifestación que llena la Plazuela de la Gobernación –Que hoy no lo hace nadie en este país- y no convocamos a la gente para que sigamos haciendo política. ¿Qué nos pasa señores, se nos olvidó el oficio o qué? Botamos corriente todo el día pero no hacemos uso de la moderna tecnología para mantenernos informados –con valiosas excepciones-, menos para convocar a la política.

Pero miremos esto: a nosotros nos está pasando esto con una curul en Cámara, pero en Bogotá nos estamos jugando  la Presidencia de la República, e igual, no le damos salida a una candidatura presidencial necesaria. El señor Peñalosa, gústenos o no, nos ha ganado en las primeras de cambio y tenemos que aceptarlo si es que queremos ganar, y solo lo haremos en la medida que diseñemos una política que acepte a Peñalosa como lo que es; un hombre muy práctico, que no roba y es amigo de Uribe. Es un hombre de Centro-derecha, pero nos ganó con nuestras propias reglas. Y si no, lo ganamos para la Alianza, él –Uribe- se lo puede ganar y ellos unidos nos derrotan. Pero es más, no tenemos claro ni como neutralizarlo. Y, recordémoslo: es formal y legalmente nuestro representante.

Podemos, en aras de la discusión, avanzar mucho con Petro, en el muy probable caso que se quite de encima la destitución y las inhabilidades, o solo las últimas. Tengamos en cuenta que en un territorio derechizado como el nuestro es muy difícil que la llamada izquierda le gane a la derecha sin apoyo del centro. Por eso necesitamos dejar el purismo y aceptar que, por ahora, una alianza con sectores afines, -consecuentes con las necesidades de nuestro pueblo-. No se ve. En el entendido de que una alianza no es una fusión; se puede negociar. Lo importante es producir los hechos que eleven la calidad de vida de los ciudadanos, y ello, como lo ha demostrado Petro, se logra ganando el poder; pues debemos trabajar en función de ello y desde ya. Ya hemos demostrado que si se puede. Ahí está Petro, lo que tenemos es que aprendernos la lección: Lo difícil no es ganar; sino mantener y consolidar lo ganado.

La pregunta hoy es: ¿Cuál será el discurso de fondo? Creo; sin pensarlo dos veces, que será aquel que interprete mejor a la gente, al hombre de la calle, a los líderes de los movimientos sociales modernos, a aquellos que no se hayan contaminado de corrupción. Si se quiere, a la muchedumbre, a aquellos que escuchan el llamado de su líder, sin miedo a que nos digan “caudillistas” o “populistas” o que no somos de “izquierda”. A aquellos que desde la mesa del café dictan cátedra política, de esos, podemos ser amigos pero hasta ahí.-

La otra parte que me gustaría compartirles –aunque no es nuevo- es la importancia de la organización en estos procesos. Alguna vez escuché a Jaime Bateman hablar al respecto y decía más o menos: “Es que el principal instrumento de nuestra lucha es la organización. Es por eso que hay que saberla construir. No podemos, hacer organización vertical para la lucha política, lo que debemos es organizar a la gente para la movilización. Compañeros: -proseguía-, debemos tener claro que Es la política la que usa y le impone las tareas tácticas y estratégicas a la organización de acuerdo al momento que llamamos coyuntura. Una buena conducción sabe que van a tratar de liquidarla -y muchas veces lo logran-, pero si hay una buena propuesta política ella la reconstruye rápidamente. Por eso debemos tener reservas y políticas de conservación y formación de cuadros”.

De este discurso queda la sensación de que nos hemos venido equivocando cuando privilegiamos la organización a la propuesta, sobre todo cuando creemos que la organización es la conformación de una dirección. Desafortunadamente es lo que hemos hecho y por eso, ni dirección tenemos. 

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  • : La historia de Colombia ha sido la del desencuentro entre compatriotas, la del saqueo de las riquezas y la usurpación del poder por parte de la oligarquía. Esto nos ha llevado a vivir en medio de la violencia y la carencia de bienestar para las mayorías... Nos proponemos cambiar profundamente esta realidad. Destacados hombres y mujeres del M-19, junto a vigorosos movimientos sociales han luchado y siguen luchando por conseguir una sociedad justa, democrática y en Paz.
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