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23 febrero 2014 7 23 /02 /febrero /2014 19:53

 

 CCI11022014 00246

AQUÍ ESTAMOS CARLOS PIZARRO*  

Sto. Domingo Cauca, Julio 13 de 1989


3rosas
El arma es para construir algo. El día que deje de construir algo ya no sirve. Tú puedes haber tenido 30 años un arma en las manos. Y de pronto esa arma que siempre fue útil, dejó de ser útil. Pasó a ser irrelevante históricamente. Ya no sirve. Pero las armas pasan como algo sagrado, como un mito, y se deja optar con libertad sobre si se las sigue usando o no. Ese es el laberinto de las armas: la obligación de seguir usándolas, la falta de libertad para decidir dejarlas de usar.  

Hoy la guerrilla podría hacer en Colombia cosas mucho más grandes que las que ha hecho nunca. Porque es una guerrilla fuerte, madura. El problema es que esas cosas no la conducen a la salvadorización de Colombia. Tú haces las cosas para producir determinados resultados.

Y yo me pregunto, hoy, si nos tomamos el Palacio de Nariño, con quién negociamos?

Con quién negociamos en este país donde los factores de poder y aun el poder están tan fraccionados?

Son realidades. En Colombia la sociedad se ha fraccionado en múltiples pedazos, y ya nadie puede tomar solo decisiones importantes. El sector empresarial en este país no manda dentro del estado como mandaba antes. Los partidos políticos no tienen la fuerza que tenían. Los presidentes son menos presidentes de lo que eran antes.

La guerrilla colombiana es un mito. Es un mito para la juventud. Es un mito para el estado, es un mito para el ejército que no la ha podido derrotar. Para todo el mundo es un mito. Pero es un mito atado al pasado, en un país que no es ya rural, sino urbano. Un país donde el narcotráfico irrumpe como una opción de poder para muchísima gente, como una opción de realización social, de incorporación a la sociedad en términos de mayor equidad. Un país donde la guerrilla con sus excesos y con un la lucha demasiado larga produjo un fuerte frente paramilitar. Un país donde no hay un solo poder.

El problema de la guerrilla colombiana es que no es flexible. No sabe moverse con el ritmo de los cambios que se están produciendo en Colombia. No, sabe dialogar, ni tiene en claro qué puede negociar. Cuando se negocia, le dicen a uno: bueno, yo estoy dispuesto a darles esto, ustedes qué están dispuestos a dar?

Y si uno no está dispuesto a dar un margen de claridad a lo que está dispuesto a dar, no puede negociar. Es un callejón sin salida. Lo que pasa es que para uno poder negociar tiene que haber preparado históricamente a su organización para negociar. Y creo que la única organización preparada históricamente para negociar es el M-19. Y un poco las FARC.

Esto del paso del M-19 a ser movimiento político es un salto al vacío para mucha gente.

Cómo es eso de dejar de tener una arma en la mano?

Porque un arma en la mano a veces hace de algunos algo muy distinto de lo que son sin esa arma en la mano. Pero bueno, aquí estamos. Porque creemos en la democracia, en una sociedad donde la gente pueda poner pero pueda quitar también. Que tenga la opción de ser y no ser. Es difícil...porque es más fácil vencer mitos. El mito del guerrillero, el mito del heroísmo, el mito de la sociedad perfecta. Siempre lo mesiánico que se puede dibujar es más atrayente.

Pero decirle a la gente ser libre y ejercer la libertad es muy complejo. No sé, pueda que me equivoque, porque yo no he andado por toda América Latina, pero siento que la única organización con libertad de soñar, de imaginarse lo que quiera, dentro del movimiento guerrillero latinoamericano, somos nosotros.

En el M-19 no hay ninguna atadura ideológica, conceptual, que nos obligue a hacer algo marcado. Nosotros somos un mestizaje de muchas cosas. Somos como libertarios...

Estaba pensando en estos días que llegaron unos que se decían anarquistas, que en últimas los anarquistas de este país somos nosotros. No tenemos obligaciones frente a la izquierda, no tenemos obligaciones frente a la derecha, estamos construyendo nuestro propio camino, hacemos camino al andar, como decía Machado. El M-19 fue el estimulante de todos los caos nacionales.

Nosotros rompimos la solidaridad al interior del estado. Las operaciones del M 19, en cierta manera mantuvieron viva la rebeldía, la inconformidad, durante una época en que toda la guerrilla estaba vuelta hacia su propio interior.

Nosotros servimos de tránsito para todo. Fuimos como el vehículo para los grandes cambios que se plantean hoy en Colombia. Creo que ésa es la gran virtud del M-19, que la gente algún día verá: la Embajada Dominicana cambió a este país, el Cantón Norte cambió a este país. Y hoy el M tiene la oportunidad de cambiar este país uniendo a una cantidad de hombres que tienen la mitad de sus tesis estancadas y guardadas en un armario esperando la oportunidad de expresarlas con libertad. Hoy existe la oportunidad de sacar esas tesis, esas ideas, esos sueños, esas esperanzas y ese liderazgo estancado a flote. Es decir, que al fin esa generación bloqueada sea y exista.

La década de los 60 fue un década de inmovilismo en Colombia. Mientras todo el mundo se movía, en Colombia estábamos quietos en el aspecto fundamental de los pueblos, que es el aspecto político. Económicamente nos modernizamos, cambió el contexto de la educación, superamos tasas de natalidad que conducían a situaciones dramáticas, pasamos de país campesino a un país urbano... Hubo modificaciones. Pero en términos políticos nos quedamos quietos. A excepción de la guerrilla. A uno le dicen hoy: llevamos todas estas décadas de guerra, qué se ha hecho por el país? Lo que hemos hecho es una cuestión que es definitiva: la gran obra de ingeniería, el gran puente para que la gente pueda participar. Y eso ha ido configurando un nuevo país donde el proyecto guerrillero puede no estar agotado, pero porque somos capaces de comprender estos cambios y de impulsarlos, somos la única organización no-marxista que sobrevivió en este continente. Los Montoneros, -los Tupamaros, todas las grandes guerrillas no- marxistas fracasaron, fueron derrotadas. El M-19 pagó un altísimo costo durante estos 15 años, pero se mantuvo vigente.  Aquí estamos.

*2010 Revista Cultural de debate por la democracia Nueva Época Nº 5  (debate 32). Abril 1991 paginas 2/3

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23 febrero 2014 7 23 /02 /febrero /2014 19:29

YA NO SOMOS NOSOTROS...

Sí, porque es evidente que el M ya no puede ser el mismo. Tendría que no haber ocurrido lo que ocurrió. Tendrían que no haber muerto los que murieron...

JAIME BERMEO

Carta de Jaime Bermeo a Carlos Pizarro. Nov. de 1987.    

 

bermeo.jpgPero es que hay además algo tal vez más importante que lo hasta ahora dicho:

 Nosotros ya no somos “nosotros”. El proyecto M hace rato desbordó nuestras fronteras orgánicas y hoy vemos absolutamente a todas las fuerzas, todas: civiles, culturales, políticas, político-militares, etc., adoptando de una u otra forma el proyecto democrático.  

 Que... de pronto nos hemos desdibujado? pues sí y no.  

 Sí, porque es evidente que el M ya no puede ser el mismo. Tendría que no haber ocurrido lo que ocurrió. Tendrían que no haber muerto los que murieron, etc.  

 Y no, porque el propósito, el objetivo, la obsesión democrática, libertaria, nacionalista, patriótica, bolivariana, continental, está preñando todos los procesos populares, progresistas y de inconformidad que hoy recorren el país y el continente.  

 Entonces no le temamos al cuento. Con ese mismo proyecto, consolidado y vivo, cambiemos de tribunas porque esa es la realidad: Desde el M, y desde sus frutos; desde la Convergencia Democrática a la que debemos dotar de libertad, de iniciativa, y de variedad; desde el proceso de protagonismo popular, al que debemos ligar absolutamente todos nuestros cuadros.  

 No es eso nítido? No es la Nación la que cogió nuestro proyecto?  

 Pues bien. Todo el mundo nos reclama mayor protagonismo. Pero debemos entender que él sólo es posible desde los fenómenos nuevos que se han gestado con nuestro anterior protagonismo. Y comprender que la realidad es hoy de protagonismo múltiple, de veras y a fondo.  

 *2010 Revista Cultural de debate por la democracia No. 5 (debate 32). Abril 1991 pagina 17  

 

 

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22 febrero 2014 6 22 /02 /febrero /2014 22:23

 

HACIA UN NUEVO EJERCICIO DEL GOBIERNO

Alvaro Fayad

 

Cordillera Central Colombiana,Diciembre 1.985

 

En este país están surgiendo permanentemente propuestas Asamblea Constituyente, de Plebiscito Nacional, desde los más diversos sectores. Pero todas ellas apuntan a una cosa:  que el tejido de las definiciones políticas y sociales debe ser reordenado. Por lo tanto apuntan a la conformación de un nuevo ejercicio de gobierno.

 Cuando se plantea un plebiscito o constituyente, es que se necesitan reformas globales. No la revolución todavía, ni el cambio absoluto del poder o la caída de un poder y el surgimiento de otro. Es más bien el reordenamiento con base en lo que existe: una nueva voluntad nacional. Esto apunta ya a decisiones de mayorías. Independiente de la fórmula que se adopte, el paso más lógico y lo más elemental sería hacer un Congreso: el encuentro de las representaciones sociales, políticas, intelectuales, morales de la nación, para decidir sobre los destinos de este país.  

 Esto implica la convergencia de fuerzas políticas aún no idénticas con base en propuestas alvaroconcretas en favor del cambio. Un Congreso Admirable, como el de Bolívar en angostura. Que sea el Congreso de una nación naciente, de una democracia social naciente, como instrumento jurídico, social y político de un nuevo gobierno. Esta es la perspectiva de nuestra política de alianzas, de nuestras propuestas, de las tareas militares y de agitación, de la propuesta de ejército único.  

 Cuando decíamos hace algunos meses que el momento político se ha definido por la necesidad de paz para la nación y guerra a la oligarquía, apuntábamos a eso: a recoger las fuerzas de la nación que quieren la paz; a las fuerzas que son capaces de construir un gobierno de paz, un gobierno de justicia social.  

  Entonces, las tareas son de convergencia, unidad y paz entre esa nación que quiere nacer.

 

Y obviamente están las tareas militares frente a una oligarquía que busca impedirlo cualquier costo como lo está demostrando; porque el desarrollo de las mayorías implica necesariamente el combate político y militar con esa minoría, como también lo muestra la historia misma de este país.

Y no es convocar a la locura de una guerra que, de todas formas, ya tenemos encima. Es la necesidad imperiosa de hacerla menos loca, de hacerla menos cruenta, de hacerla menos costosa y menos larga. Por eso hoy tiene tanta importancia la convergencia de las fuerzas del cambio; por eso la única posibilidad de expresión democrática no es la de apoyar las tareas militares de la guerra; las posibilidades son las que dicta asumir todas las tareas del ejercicio de la democracia y construir un nuevo gobierno; gobierno que comienza a gestarse con la sola voluntad y decisión de los patriotas y se va desarrollando y consolidando en hechos concretos.

EL HORIZONTE BOLIVARIANO

La búsqueda del desarrollo, la justicia social, la soberanía, de nuevas relaciones internacionales y de nuestra propia identidad, tiene que darse en la inmensa gama de las posibilidades sociales, culturales, étnicas, políticas y económicas de nuestra América.

Y así como el Congreso Anfictiónico de Bolívar no es grande sólo por su propuesta o por la suma de pueblos que convoca sino por la diversidad a la que está dispuesto, tenemos que enfrentar los retos de la democracia a nivel continental. La propuesta bolivariana de crear una nación nueva, no simplemente como negación de la que existe, sino como búsqueda de una nueva manera de ser hombres, de ser pueblo, de ser sociedad, es lo que está en el tapete. Y unos la desarrollan como ejército, otros en sus avances democráticos, otros desde el gobierno.

Nosotros estamos diciendo que a esa Colombia dispersa hay que unificarla de una manera nueva, propia. Y ante la dispersión, que la voluntad nacional de democracia y de justicia conforme a un nuevo centro, y hagamos un Congreso; no después del quiebre definitivo de las instituciones, sino con lo que existe, buscando los puntos de la convergencia.

Y definamos todos y entre todos las medidas iniciales de emergencia nacional: para enfrentar el presente, para construir una nueva nación. Porque si bien es cierto que Belisario Betancur y los militares acabaron con la Corte Suprema de Justicia, no han acabado con las conciencias libres del país.

Nosotros convocamos a la nación entera a que esta navidad sea de verdad en un clima que permita el surgimiento de una buena voluntad para la paz. Pero la paz concreta.

Hemos mirado toda la intensidad del alma nacional, su inmensa solidaridad, como fue lo de Armero. Hemos mirado un Estado ineficiente en su inmensa incapacidad y desidia: su inmensa incapacidad para organizar la solidaridad y su inmensa desidia para organizar las medidas preventivas. Hemos visto la capacidad de destrucción y de muerte del Estado colombiano. Hemos visto también la inmensa capacidad de heroísmo en los barrios de Siloé, la inmensa limpieza de los magistrados y guerrilleros en el Palacio de Justicia.

Mirando todos esos elementos, es que tenemos que decir qué es lo que queremos como destino nacional; qué es lo que queremos como patria a construir. En todo caso, lo que estamos viviendo hoy, no es ni la suerte ni el destino de los colombianos. Lo que estamos viviendo hoy no es lo que queremos ser ni lo que podemos ser. Queremos, es de verdad, una patria limpia, que pueda llevar su destino con orgullo, su destino con justicia y su presente con decisión.

fayad1  *2010 Revista cultural de debate por la democracia, abril de 1991 / Nueva época Nº 5 (debate 32) páginas 15/16  

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20 febrero 2014 4 20 /02 /febrero /2014 13:21

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19 febrero 2014 3 19 /02 /febrero /2014 16:47

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18 febrero 2014 2 18 /02 /febrero /2014 21:28

 

Fabio Mariño Vargas

 Febrero 18 de 2014

 

 

1991 Guerrilleros colombianosEs un buen decir ahora que las cargas requieren arreglarse, como en los mejores tiempos de arriería.

    Es un tema que cae como anillo al dedo, este de la arriería y las cargas que igual en la política se van ‘descuadrando’ y parece que llegó el momento al Progresismo de arriar los ánimos y adelantarnos en términos del quehacer político ahora y ya!  

    Mucha falta le estaba haciendo al Progresismo una situación crítica como esta, aceptando que nuestra génesis está en los trances de este régimen que también está pasado por sus aprietos, recordando que Progresistas nace en el momento de la ‘sin salida’ que el sistema estaba imponiendo al quehacer político de un ‘grupo significativo de ciudadanos’ para hacer presencia en los debates y retos electorales del año 2011 y frente a estas dificultades, como siempre ha sido el que-hacer nuestro, Progresistas se creció ante estas y avanzó.  

    Pero la ‘cosa política’ se fue torciendo justo en el devenir de su acción, vino el inicio de la gobernabilidad distrital y mucho dejó por hacerse en el campo de la atención al crecimiento y de la opción política nueva, tanto en la capital como a nivel nacional en donde se despertó igualmente el sentimiento Progresista; mucha discusión ‘veintejuliera’ apareció y como encanto mágico de la politiquería, mermó los ánimos y cierto agobio cundió por las filas de la esperanza que había despertado hacia el nuevo camino político y del quehacer organizativo, al igual que desde la gestión de ‘ser gobierno’; por eso digo, a buena hora se presenta otra crisis de esas tan nuestra y otra exigencia también tan necesaria para el Progresismo, ahora a nivel nacional e internacional; entonces, llegó el momento de ‘arreglar las cargas’.  

    Hoy se requiere un discurso generoso, actual, sin linderos ideologizantes que destierran el empuje ciudadano y la amplitud política, debemos alejarnos de discusiones que solo disponen debates infructuosos (vicentinos) y  de los cuales pocos triunfos se pueden esperar.  

    Pero volvamos a la necesidad de mejorar los caminos del Progresismo como propuesta colombiana, amplia, desprendida de posiciones inamovibles, convocante y atractiva a las nuevas exigencias que la política, las generaciones venideras y la gobernanza requieren, tal vez sea un discurso parecido al que en los años 70s y 80s el Báteman de esos tiempos nos enseño en la cotidiana practica desde las propuestas, discusiones y convites por la vida y por la paz, en un alternativa parecida a nosotros mimos como nación, parecida al país, a Colombia, en esa invitación entendida como aquel ‘sancocho nacional’.  

    Hoy el progresismos debe asumirse como es y ajustándose a los cambios pertinentes, pues ser Progresista es disponernos a luchar contra los atávicos males que atacan a Colombia, a nuestras familias, a la sociedad, a las generaciones venideras; males como la desesperanza, la corrupción, la guerra, el olvido impuesto, la injusticia, el desamor, el desarraigo, el despojo cultural, el despotismo, la perversidad oficial, los malos gobiernos…  

    Ser Progresista es luchar sin tregua por lograr los bienes terrenales y sociales que ofrece vivir en paz; es practicar la ética en la política, la transparencia en los hechos de gobierno, la democracia de las multitudes y la participación ciudadana como expresión de poder, Progresistas defenderá y desarrollará la Constitución Política de Colombia en su amplia concepción como un pacto paz.  

    Ser Progresista es plantearnos el rescate de valores como la perseverancia, la solidaridad,  el respeto a la diversidad y la promoción de las diferencias, la inclusión, las relaciones generosas y de afectos, la justeza, la cooperación, la equidad, la dignidad, la autogestión, la interdependencia, la reconciliación con la naturaleza y la equidad, entre otros.  

    Progresistas debe ser ‘más que un partido’, debe representar los requerimientos organizativos del nuevo milenio, de la política del amor, de la convivencia pacífica aún entre contrarios, los progresistas seremos promotores del pacto, el acuerdo, el consenso y la concertación como las mejores herramientas para construir nuestro propio destino y el quehacer político en la coexistencia pacífica.  

    El Progresismo será una organización que respeta la individualidad en la construcción de proyectos colectivos, trabajará en red horizontal por nodos y grupos de interés e identidades, por ejemplo: juventud, profesionales empelados, amas de casa, artistas, campesinos, estudiantes, empresarios, profesores, médicos, taxistas, cristianos, ecologistas, gremios, ingenieros, cocineros, celadores, periodistas, creyentes, vendedores ambulantes, católicos y no, transportadores, coteros, agentes de seguridad, recicladores, desempleados, intelectuales… en fin, ese amplio ser de la Colombianidad que se expresa en una amplia y establecida red de nodos desde los diferentes escenarios de la sociedad, desde lo social, lo cultural, la economía, la política, lo ambiental, nodos que también atienden las estructuras territoriales propias de nuestra geopolítica nacional (Departamentos, Regiones, Provincias, Municipios, Localidades, Comunas, Barrios, Veredas…) es decir, desde lo local a lo nacional, y naturalmente tendrá representación con nodos internacionales.  

    Y al lograr estos propósitos, al convocarnos en una gestión ética y pública desde la acción política responsable, asumiremos la tarea de conseguir para nuestros hijos y nietos y para los hijos de ellos, una herencia responsable y en dignidad, y entonces serán parte de una generación que no se doblega ante el temor ni ante la arrogancia de la guerra, una generación altiva y presta, hereje y arquitecta de su destino y siempre rebelde a las injusticias, una generación que sea capaz de hacer hasta lo imposible por la paz en democracia plena”.  

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18 febrero 2014 2 18 /02 /febrero /2014 14:55

4142

 

 

 

 

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17 febrero 2014 1 17 /02 /febrero /2014 20:17

CCI11022014 00261

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15 febrero 2014 6 15 /02 /febrero /2014 23:32

 

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11 febrero 2014 2 11 /02 /febrero /2014 07:58

JYR

Por José Yamel Riaño

10 de febrero de 2014

 

Todo indica que el Procurador General de la Nación “Tacó Burro” con su decisión de destituir e inhabilitar al Alcalde Mayor de Bogotá. Aunque todavía no hay nada definitivo, las tutelas que los ciudadanos y la defensa de Petro han interpuesto, han suspendido la destitución ordenada por el Procurador y mantienen la Revocatoria del mandato dependiendo de las decisiones jurídicas, que esperan hasta el 14 de febrero según la Rama Electoral del Poder Público.

 

Hoy sin embargo queremos referirnos al otro proceso, al de la Revocatoria del mandato al Alcalde Mayor. Como todos sabemos, un Representante a la Cámara por el partido de la U interpuso el recurso que después de mucha controversia, avanzó y hoy tenemos fecha para votar la revocatoria; 02 de marzo de 2014, pueden votar los ciudadanos debidamente inscritos en la ciudad capital por el SI o por el NO, para aprobar o desaprobar la Revocatoria, esto es: para que el Alcalde Petro se quede, o se vaya. El triunfo del NO atornillará al Alcalde Mayor en su puesto. Un triunfo del SI lo saca del cargo independientemente del otro proceso.

Aunque la intención al presentar el recurso de revocatoria,    que hace parte del paquete empresarial-mafioso diseñado por la ultraderecha; es claramente el de impedir que un modelo alternativo de mandato se imponga en la Bogotá Humana, ahora resulta que tanto la destitución como la revocatoria al ser respondido en Derecho se les han convertido en un verdadero “Búmeran” que se les devolvió y  amenaza hasta el punto que pueden terminar judicializados y hasta presos.

Como resultado de lo hasta hoy vivido tenemos; la conversión de estos hechos como las noticias de mayor trascendencia para Bogotá y el país, capaces de traspasar fronteras e involucrar a organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con sede en Washington.

En este nuevo escenario, lo más importante está por venir: En Colombia, pero especialmente en Bogotá y de forma casi espontánea, se viene conformando un movimiento de masas nunca antes visto. Las movilizaciones populares convocadas por el Alcalde Petro y por las instancias políticas y sociales, son las más ricas en experiencias positivas y toma de conciencia, que recordemos.

Estas reflexiones nos están indicando el nuevo rumbo en la política: El Qué hacer en la política colombiana. Podemos afirmar, sin mayores riesgos de equivocarnos, que las gentes están mamadas de la política. Siempre, más de lo mismo, sin que se resuelva la grave problemática que nos aqueja. Los jóvenes buscan afanosamente directrices pero de nuevo tipo, nada que implique dependencia y subordinación. En la lucha por la libertad no puede haber amarres. Debe haber coyunturas en las que la dirigencia señale acciones a realizar para ejecutarlas, aunque sean exigentes. Es algo parecido a lo que Petro ha llamado “política de montoneras”. Es humanizar la política –digo yo-

Los jóvenes con sus acciones han demostrado que no se trata de formar el desorden, que por el contrario, se trata de ir buscando el camino que los hechos nos van señalando. Por ejemplo; marchar en paz por la paz y la democracia, y así hasta encontrar productos que no riñan con los valores, principios, propósitos y menos con la autoestima de las personas. Debemos armonizar en lo posible las diferencias con los logros y ser coherentes en los hechos, con las enseñanzas.

Así las cosas: ¿qué hay por hacer? Tenemos que hacer política y no es salir a pelearnos un sitio en una consulta; es convocar al pueblo a movilizarse por sus propias reivindicaciones. Así lo está haciendo Petro y la gente le ha respondido pero necesitamos más. Tenemos que hacerle propuestas a la gente, razón de ser de la política y máxima instancia para rendirle cuentas sobre los resultados y logros. ¿Cuantos votos por el NO vamos a meter en la Revocatoria? Un millón? Dos millones? Sabemos que del tamaño del triunfo del NO serán los siguientes. Por eso es tan importante el resultado revocatorio del mandato a Petro.

Con ese resultado además, mediremos la acción del Búmeran lanzado por el  Procurador, igual que con el de la Revocatoria. Si especulamos y suponemos que se da el evento del 2 de marzo y votan un número de ciudadanos suficientes para validar la elección, podemos esperar los siguientes escenarios:             

1er. Escenario: supongamos que la votación sea casi igual por el SI que por el NO ganando el SI. En este caso;  Preparémonos para lo peor porque eso será dar el papayazo que la derecha está esperando.

2°. Escenario: Si es al revés; (casi iguales pero gana  el NO) Sobreviviremos pero en condiciones difíciles. 

3er. Escenario: La votación por el NO dobla o triplica o más, en número de votos al SI: Asumamos el nuevo Reto porque ese resultado manda al Procurador y al Representante para donde “dios” quiera y a nosotros a trabajar para ser gobierno.

Conclusión: Si nos portamos juiciosos, hacemos la tarea y el 2 de marzo, ganamos la revocatoria con el NO, podemos esperar que el BUMERAN nos resuelva la pelea con el Procurador y el Representante Gómez.

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7 febrero 2014 5 07 /02 /febrero /2014 18:33

cenefa

 Fernando Dorado

Popayán, 7 de febrero de 2014

Una serie de hechos extraordinarios se han desencadenado en nuestro país en los últimos días y semanas. Algunos son alarmantes, otros impactantes, unos más, esperanzadores.

La ofensiva reaccionaria del Procurador Ordoñez contra el gobierno de la Bogotá Humana ha sido neutralizada – por ahora – por efecto de la movilización ciudadana y por diversos fallos de tutela que han amparado los derechos políticos del alcalde Gustavo Petro y sus electores. La débil democracia colombiana reacciona desde la sociedad y la legalidad. Es una esperanza.

Las diferentes encuestas sobre participación electoral anuncian que un 30% de colombianos y colombianas se han decidido por el voto en blanco. Esa disposición ciudadana se puede calificar de impactante. No se había presentado antes y parece sostenerse. 

La mayoría de analistas políticos y a asesores de los diferentes partidos identifican esa actitud como señal de indolencia, escepticismo y apatía (¿ignorancia política?). Sin embargo, diversos elementos señalan que ese comportamiento (voto en blanco) estaría conectado al incremento de la inconformidad de la población con la corrupción política, el desprestigio del Congreso, el desgaste del gobierno actual y la falta de unidad de los partidos democráticos alternativos y de izquierda. En fin, se presenta un cierto agotamiento de la democracia representativa (formal y delegataria). Se empieza a escuchar la consigna de los indignados españoles: ¡No nos representan!

La avalancha de movilizaciones, paros, protestas, cacerolazos y otras expresiones de inconformidad ciudadana y popular en 2013 es su contraparte. La lucha contra la crisis económica del campo, los efectos de los TLC sobre el sector agrario, la entrega de recursos naturales a transnacionales extranjeras, la crisis de la salud, el impacto de mega-proyectos minero-energéticos sobre el medio ambiente, la privatización de la educación y los servicios públicos, la corrupción política y administrativa, la violación de DD.HH. a muchos sectores de la población como a los enfermos, los trabajadores, las mujeres, LGTBI, tercera edad, indígenas, afro-colombianos, etc., indican un cierto nivel de politización de amplios sectores populares.

Esa inconformidad pretende ser canalizada por los partidos de la izquierda legal pero, dichas agrupaciones políticas muestran una serie de limitantes que parecen taras y vicios difíciles de superar. Así, envían un mensaje negativo hacia la población. Primero, la falta de unidad que la ciudadanía interpreta como mezquindad y falta de grandeza. “Qué es lo que pierden con la unidad?” nos preguntamos todos. Segundo, la instrumentalización de la lucha social que genera gran resistencia. El salto mecánico e intempestivo de la dirigencia social al campo de la política partidista – si no es consensuado con las bases – crea muchos interrogantes e inquietudes. “¿Si el escenario legislativo e institucional da muestras de agotamiento, para qué diablos necesitamos tanta gente allí?”, es la pregunta que surge de inmediato.

Un tercer aspecto está relacionado con el conflicto armado. Una gran parte de la población todavía no asimila la posibilidad de la participación política legal de la insurgencia, mucho más cuando la guerrilla de las FARC – en pleno proceso de Paz – realiza acciones criminales como las de Inzá (Cauca) y Pradera (Valle), y además, su relacionamiento con la población en áreas de influencia es cada vez más autoritario e impositivo. Los eternos enemigos de la Paz y de la izquierda aprovechan esas acciones para relacionar con la insurgencia al conjunto de los partidos alternativos y de oposición de izquierda y, como lo estamos viendo, acrecientan sus amenazas por medio de los reciclados grupos paramilitares (Rastrojos, Águilas Negras), no sólo para crear zozobra y angustia en los dirigentes amenazados y sus agrupaciones políticas, sino para generar un ambiente negativo frente al proceso de diálogos de Paz que se desarrolla en La Habana y de paso, atemorizar a los posibles electores.

En ese ambiente aparecen las evidencia de que el ejército intercepta comunicaciones de los negociadores de Paz y de muchos dirigentes de oposición, lo que es una continuación de lo que antes hacia el DAS y una certeza de que los “enemigos de la Paz” encabezados por Uribe, no sólo no están agazapados sino que como en el caso de las acciones del Procurador Ordóñez (viaje a La Haya y destitución de Petro), actúan de frente y sin ningún tapujo contra la posibilidad de un acuerdo político para el fin del conflicto armado.

Para rematar este panorama, el único proyecto político que se empezaba a vislumbrar como el germen o simiente de un “frente amplio”, o sea, la Alianza Verde, muestra grandes fisuras y debilidades que son la consecuencia de los afanes por juntar toda clase de vertientes políticas (neoliberales verdes, moralistas mockusianos, progresistas moderados, petristas radicalizados, upecistas afanados) sin que se construya un serio acuerdo político. La lección es que la aparente generosidad y amplitud no es suficiente, se requiere coherencia y claridad política. Damos “palos de ciego” y queremos que la ciudadanía nos apoye. Es preocupante.

En fin, la izquierda se atomiza cada vez más. El Polo no sólo no respalda a Petro sino que lo ataca y acusa de incapaz y de neoliberal . "Progresistas" envía mensajes negativos dentro de la Alianza Verde. En medio, las amenazas, chuzadas, intentos de desestabilización, corrupción gobiernista (“mermelada”) para asegurar su continuidad, intervención gringa directa y solapada, manipulación de los medios de comunicación, peleas entre ex-presidentes, choque de instituciones judiciales y órganos de control, y demás. ¿Qué tal el desorden y el caos ad-portas de un posible acuerdo de Paz? Es algo alarmante.

La teoría de la complejidad no lineal – que es un desarrollo de la dialéctica materialista – nos enseña que estas situaciones son relativamente normales en la vida. Vivimos una etapa de transición y de cambio. Las formaciones políticas existentes – y las que se construyan siguiendo la tradición – no son respuesta a las necesidades de la sociedad. Se requiere algo cualitativamente diferente. En Colombia la democracia formal, representativa y delegataria se agotó con la Constitución de 1991. La incipiente Democracia Participativa fue aplastada por el establecimiento capitalista y neoliberal, y además, en medio de la violencia insurgente y paramilitar, no pudo surgir desde las entrañas de la sociedad.

Pero ahora, ha empezado a aparecer. El actor que está emergiendo en las ciudades y campos es el ciudadano proletario que está cansado de ser sectorizado, encuadrado y clasificado por el régimen capitalista y su sistema de disciplina social compartimentada. Las organizaciones tradicionales ya no son un buen receptor para ese nuevo actor social. El sindicalismo burocratizado, el campesinismo estrecho, las ONGs, los partidos de izquierda tradicional, hace rato están en crisis y se requieren nuevos paradigmas. El movimiento popular ya mostró – en 2013 – que superó a las direcciones de esas organizaciones sociales y políticas. Todo lo que se expresó en sacrificio, valentía, creatividad, nuevas formas de comunicación, luchas pacíficas y resistencia civil, se hizo a expensas y a pesar de esas organizaciones. Es algo esperanzador.

Nuevas concepciones de la lucha social y política están en construcción. El colectivo se alimenta de individualidades creativas que no admiten disciplinas verticales. La consciencia adquiere nuevas dimensiones más holísticas y totales. El pensar y sentir encuentran nuevas dimensiones en el hacer individual y colectivo. Nuevos niveles de energía potencian la lucha social y nuevas formas de organización son su correlato necesario. Las nuevas generaciones se encuentran con sus utópicos abuelos y de allí surge una nueva potencia.

La preocupación y la alarma deben dar paso a la creatividad para que la esperanza renazca. La Democracia Participativa – algo que tenemos que inventar – aparece como la alternativa no sólo para enfrentar el neoliberalismo sino a todo el sistema capitalista que oprime y destruye la vida humana y a la naturaleza misma. 

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3 febrero 2014 1 03 /02 /febrero /2014 20:52

Sí a la Democracia, Sí a la Justicia social

 

 

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29 enero 2014 3 29 /01 /enero /2014 18:25

    Por: José Yamel Riaño    

JYRAl hoy Alcalde Mayor de Bogotá, -antes Senador de la República y Representante a la Cámara por Bogotá-, Gustavo Petro Urrego, los medios se han encargado de hacerlo la figura política más importante del país. Todo porque el señor Procurador General de la Nación lo destituyó del cargo y lo inhabilitó por quince años para ocupar cargos públicos. Pero él, haciendo buen uso de los derechos Constitucionales y Legales, y al mismo tiempo convocaba al pueblo bogotano, -el mismo que lo eligió Alcalde Mayor- a movilizarse en defensa de la democracia, a hacer valer su principal derecho en una democracia representativa; el de elegir y ser elegido. A la paz,  porque el Alcalde, con su hoja de vida estaba demostrando precisamente que la paz es posible y que los que ayer empuñaron las armas hoy lideran la lucha por un mejor vivir para todos.

Todo el país sabe que uno de los atributos que tiene el Alcalde Petro, es que sabe llamar las cosas por su nombre y “no tiene pelos en la lengua”. Ha dicho Gustavo: y el país conoce su estilo, que de lo que se trató fue de un intento de Golpe de Estado, igual o peor que los anteriores. Fórmula que la Oligarquía-Mafiosa se ha inventado para mantenerse en el poder, cuando el sistema electoral que nos rige no los avala; “dando de baja” al contrincante que lidera el cambio. Así lo hicieron con Jorge Eliecer Gaitán cuando, a mediados del siglo pasado, después de ser Alcalde de Bogotá, se mostraba como la figura más clara para ser Presidente de Colombia. En 1970, no dudaron un minuto para desconocerle el triunfo a la ANAPO que en cabeza del general (r) Gustavo Rojas Pinilla, ganó la presidencia el 19 de Abril. Y para no ir tan lejos; no es sino nombrar los últimos mártires de la democracia, los candidatos presidenciales, Luis Carlos Galán, del Nuevo Liberalismo, Carlos Pizarro León Gómez, del M19, Bernardo Jaramillo Ossa y Jaime Pardo Leal, ambos de la UP, todos ellos asesinados cuando hacían campaña electoral para ganar la presidencia en los años noventa. Eso sin hablar de los funcionarios electos destituidos e inhabilitados por el señor Procurador General de la Nación recientemente.

El caso Petro era claro; simplemente se trataba de aplicarle hoy la nueva fórmula consistente en usar la Procuraduría para que calificara de “muy graves” la denuncia por posibles errores que en el esfuerzo por devolverle el manejo de las basuras a Bogotá, se pudieron haber cometido, pero que en el peor de los casos podrían dar alguna sanción por falta disciplinaria y punto. Es de anotar que con esa fórmula han destituido a más de mil funcionarios muchos de ellos elegidos popularmente sin que nadie, ni siquiera la Corte Constitucional, haya intervenido en favor de los derechos electorales de la gente, alegando que la Constitución del 91 faculta al Procurador para sancionar disciplinariamente a los funcionarios encontrados responsables así hayan sido nombrados o electos popularmente. -Caso Procurador-Alcalde Mayor de Bogotá.-

Con lo que no contó el Procurador fue con el respaldo que el pueblo bogotano le dio a su Alcalde Mayor y tampoco con la gran capacidad de convocatoria, de coraje y valor propio de los hombres honestos, “sin rabos de paja” como Gustavo Petro. Por eso sin duda el personaje de la política del 2013 es Petro Alcalde Mayor de Bogotá D.C.

Estos hechos, por ser el 2014 año electoral, tienen doble valor. Si Petro se queda, la repercusión en el escenario político no se hará esperar y vendrán excelentes resultados electorales para este año. Si por el contrario, las mafias logran su cometido y lo sacan de la Alcaldía, Petro será el indiscutible jefe de la oposición con o sin candidatura en la contienda electoral del 2018. Por ahora, debemos aplicarnos en las elecciones para elegir nuevo congreso y presidente, porque dependiendo de los resultados del 9 de marzo, serán los de la primera y segunda vuelta presidencial, para entonces, vamos a presenciar un pulso duro entre la derecha y las fuerzas progresistas de este país.

Lo importante es el país, es la gente, y a la gente la mueven las ideas, las propuestas, y estas salen de la  política, la organización es importante pero depende de la política, el fenómeno Petro nos lo demuestra una vez más. No podemos seguir equivocándonos, la ola verde fue muy importante, y lo sigue siendo, pero lo de hoy es el Fenómeno Petro. No nos igualemos como “más de lo mismo”, somos más porque somos diferentes y vamos en ascenso.

Por todo esto, por el legado de Bateman y Pizarro, porque hemos demostrado que sí es posible avanzar sin segregación, con respeto por el diferente y por la naturaleza; no nos contentamos solo con Bogotá, queremos ser parte de las nuevas fuerzas que  gobernaran al Estado, que es de todos y por eso mismo; tenemos que defenderlo.

Son esas nuevas fuerzas gobernantes las que hoy se movilizan en defensa de la libertad y los derechos ciudadanos, las que hoy ganan la confrontación entre el establecimiento y los sectores populares, los más vulnerables; -que en apariencia son los más débiles- pero que liderados por Gustavo Petro, le están demostrando a Bogotá y al resto del país, que los colombianos no somos inferiores a las condiciones históricas que viven nuestros países hermanos de Suramérica.

Como esta es mi primera reflexión en el 2014: A TODOS FELIZ AÑO Y QUEDAMOS LISTOS A FORTALECERNOS EN LAS NUEVAS LUCHAS POPULARES QUE ESTAN POR LLEGAR.

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13 enero 2014 1 13 /01 /enero /2014 23:12

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El líder máximo de la guerrilla del M-19 murió en 1984 cuando la avioneta en la que viajaba rumbo a Panamá, se accidentó. La periodista Olga Behar, relata cómo encontraron su cuerpo.

Por: Olga Behar

La avioneta

Martes 1º de febrero de 1984. Me desperté especialmente tensa. En menos de dos horas, a las ocho de la mañana, comenzaría a trabajar en el Noticiero 24 Horas.

Después de casi diez años de una carrera sólida, mi principal patrimonio no lo constituían mis premios ni el incipiente bienestar económico independiente que comenzaba a construir, sino la credibilidad, la seguridad que despertaba en el receptor cualquier informe que yo publicara.

Pero yo, la desafiante Olga Behar, la que se atrevía a decirle en su cara «torturador» a un general, me sentía más insegura que nunca.

Percibía un no sé qué, tenía la intuición de que mi contratación en el Noticiero 24 Horas era más producto del entusiasmo y del olfato profesional de su director –el gran Mauricio Gómez– que de una decisión institucional. Una vez más, la gerencia –en manos de Sergio Arboleda– y las directivas del informativo, le daban gusto a Mauricio, como quien le entrega un dulce a un niño para que deje de llorar.

Los dueños de 24 Horas sabían que conmigo habría rating, niveles de audiencia que necesitaban para sobrepasar a su rival diario, el Noticiero de las Siete, que tenía como director y presentador a un hombre peculiar, con un carisma auténtico y sin pelos en la lengua: Juan Guillermo Ríos.

Reconozco que me hubiera sentido mucho más cómoda si me hubiera levantado esa mañana para irme a trabajar con Juangui. Tenía con él mucha más afinidad ideológica; al fin y al cabo nos habíamos convertido en escuderos del proceso de paz de Belisario Betancur que ya entonces tomaba forma. Pero en su noticiero, el personal estaba más que completo y mis fuentes habituales eran cubiertas con lujo por dos de sus mejores reporteros –dos de mis mejores amigos–: María Luisa Mejía y Hernando Corral.

Siempre he sido una persona de retos y me pareció un desafío tremendamente interesante aportarle al Noticiero 24 Horas una visión un poco más hacia el centro-izquierda. Sabía que no sería fácil, pero percibía en algunos de mis futuros compañeros de redacción inclinaciones menos radicales de derecha que las de sus dueños.

El pálpito de que las cosas no serían fáciles se materializó casi al ingresar a la casona del barrio Bosque Izquierdo, ubicado en las goteras del centro de Bogotá. Mauricio me recibió afectuoso y diligente. Me llevó directamente al segundo piso y abrió la puerta de una oficina ubicada a la izquierda del pasillo.

—Aquí va a trabajar usted, Olga, mientras vemos qué hacemos.

Quedé asombrada, pues se trataba de la oficina del director del noticiero, su propia oficina. De inmediato entendí el mensaje: no tenía ni un escritorio para mí. Nunca he sabido la razón real, pero interpreté entonces –y lo sigo pensando– que las condiciones de hacinamiento en que se trabajaba en esa redacción no permitían la instalación de un escritorio adicional.

Otros más mordaces me dijeron esa noche, cuando nos reunimos para tomarnos algo en nuestro metedero habitual, La Teja Corrida, un bailadero de salsa con funciones múltiples –entre ellas la de tertuliar– que seguro los directivos no daban ni un peso por mi duración en el noticiero. Cuando se calmara el berrinche de Mauricio, cuando me censuraran las dos o tres primeras noticias, yo renunciaría airada y ellos se ahorrarían la plata del escritorio y de la máquina de escribir.

Quise pensar que estaban errados. El tiempo les diría –y les dijo, no sé si a mis amigos o a los directivos– que estaban equivocados, que la relación profesional que habíamos construido era sólida y que cuando el noticiero se mudara a un edificio elegantísimo ubicado en la Avenida El Dorado con calle 68, tendrían que situarme un lindo escritorio con todos los elementos necesarios para mi trabajo.

Pero para ese día faltaban aún algunos meses. Allí estaba yo, parada frente al escritorio de Mauricio, sin saber qué hacer. Amparo Peláez, mi nueva compañera de labores –y a quien, a pesar de ser coterráneas, solo conocía por su trabajo periodístico– salió rápidamente al rescate.

—Olga, venga para que salude a los muchachos.

Después de una cálida recepción, Amparo, que gracias a su perspicacia se la había pillado, me reconfortó:

—Vea, Olga: Mauricio nunca entra a esa oficina, se la pasa con nosotros o en edición. Pero además, los muchachos salen todo el tiempo. Raúl Gutiérrez se la pasa en el Congreso, yo en Presidencia o en los ministerios, Guillermo Aldana en el Banco de la República o entrevistando economistas. Mejor dicho, aquí lo que hay es escritorios.

Ese primer día, en el que tuve que ponerme la mejor máscara para disimular mi incomodidad, sucedió un episodio que rompió el hielo para siempre. Después de mediodía llegó un corresponsal de provincia. La Monita, nuestra querida y alcahueta recepcionista, lo hizo subir a la oficina de Mauricio. Yo me paré como un resorte, para que el director pudiera conversar con su subalterno. De repente, Amparo empezó a hacerme señas. Yo salí de la oficina porque no le entendía ni un carajo entre su risita nerviosa y sus gestos.

—Mirá al pobre corresponsal, seguro se vistió a oscuras. Tiene una media negra y otra café.

Soltamos la risa, y en ese momento Mauricio subió las escaleras y nos miró feo antes de entrar a su despacho.

—A ver, qué es el cuento.

—Nada, Mao, vaya atienda a su corresponsal —le contestó Amparo entre carcajadas incontenibles.

—Me dice ya de qué se están riendo.

Amparo cometió la imprudencia de contarle sobre las medias. ¡Para qué lo hizo! Mauricio entró a la oficina de Dirección y empezó a contener la risa. Semejante detalle tan tonto, sin trascendencia, se convirtió en nuestro primer acto de complicidad. Como pudo, atendió al pobre hombre que no entendía qué pasaba y lo derivó a Jorgito Ortiz, nuestro editor periodístico. Que Jorgito concluyera la reunión, porque Mauricio se iba a reventar de la risa.

El regaño que nos ganamos, se convirtió en motivo de burlas en los meses siguientes y fue, por fortuna, ese elemento que a veces es necesario para distensionar el ambiente y hacernos sentir como viejos amigos, como de la familia.

Desde ese primer día, comencé a diseñar la creación de la unidad investigativa del noticiero… Unidad de una persona, como su nombre lo indica, porque no estaban dispuestos a contratar a nadie más para formar parte de ella. Para mí, no representó ningún problema, porque también había trabajado sola en las investigaciones que había publicado en Todelar y que hicieron temblar a más de uno. Allí aprendí que, más que compañeros de trabajo, lo que se necesita es tener fuentes fieles y arrojadas. Rodrigo Lara Bonilla, Luis Carlos Galán, Alfonso Gómez Méndez, Manuel Gaona, Carlos Jiménez Gómez, John Agudelo Ríos: donde quiera que estuvieran, siempre me ayudaban a conseguir documentos, me orientaban para recorrer el camino indicado hacia esa verdad esquiva que logré desentrañar. En varias ocasiones también tuve aliados en otros frentes, como Daniel Samper Pizano quien, desde el periódico El Tiempo, se convirtió en mi modelo a seguir.

Tenía, pues, una legión de fuentes confidenciales y directas que auguraban nuevos éxitos en mis investigaciones periodísticas. Con Mauricio decidimos que el primer tema sería el fútbol en Colombia. ¿Por qué jugamos como nunca y perdemos como siempre? ¿Por qué los jugadores no son dueños de sus vidas y tienen que someterse a los propietarios de sus pases como si fueran esclavos? ¿Por qué a los extranjeros les cuesta tanto tiempo y dinero nacionalizarse, en cambio un futbolista adquiere nuestra nacionalidad (para poder jugar en la Selección Colombia o para no quedar incluido en las alineaciones como extranjero sino como nacional) en solo días o semanas? Y finalmente, la pregunta más complicada: ¿ha ingresado dinero mal habido a los equipos de fútbol?

Lo que hoy es de conocimiento público y ha sido certificado judicial y financieramente, en 1984 era apenas un rumor. Un rumor muy fuerte, porque los grandes capos como Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, así como dirigentes relacionados con el bajo mundo como Hernán Botero Moreno, aparecían como accionistas y/o directivos de equipos profesionales de Bogotá y Medellín. En Cali, la vinculación con el América de los Rodríguez Orejuela era conocida también, pero aún no se corroboraba que eran los capos del Cartel de Cali.

Estuvimos de acuerdo en que el tema había que sustentarlo con todo el rigor y que podría tomarme varias semanas armar todo el paquete.

—¿Y no va a cubrir nada esta niñita? —le preguntó el gerente Arboleda a Mauricio. Claro, ¿cómo iba a tener a una periodista ganando salario, que no producía uno o más informes cada día, sino que investigaba durante semanas (o meses) para hacer una serie de cinco reportajes?

—Pues como está el asunto del proceso de paz, y Olga maneja el tema desde hace tiempo, eso será lo que ella tendrá que cubrir —le explicó Mauricio.

Arboleda frunció el ceño. No debió gustarle de a mucho ese tema de la paz, pero aceptó sin poner problema.

Miércoles 2 de febrero; segundo día de trabajo en 24 Horas. Como todas las mañanas, me arreglé: tacones, media velada, sastre con blusa de seda, maquillaje –sobre todo en los ojos–. Hubiera preferido un jean cómodo y una camiseta. Hoy los periodistas vestimos, por fortuna, con cierta informalidad y tenemos a mano algún atuendo –chaqueta o una blusa decente las mujeres, corbata en el bolsillo los hombres–, pero en aquella época, la vestimenta era muy rigurosa. Y como Amparo solía estar impecable y elegante, no me convenía, por el momento, desentonar.

Llegué al noticiero y por fortuna alguno de los colegas había salido de viaje. Me instalé en su escritorio y empecé a trabajar en mi investigación. A las nueve de la mañana, la recepcionista me anunció una llamada telefónica.

—Hola, hermana: ¿Estrenando camello?

Identifiqué la voz de inmediato. Era Eddy Armando, mi amigo director de teatro, mi contacto con el M-19.

—Sí, hermano: aquí acomodándome.

—Pues, a desacomodarse, hermanita.

—¿Y eso por qué?

—¿Puede venir? Es urgente.

Fue la primera de muchas veces que le dije a Mauricio que tenía que salir, que era urgente, pero que después le contaría. Le pedí no preguntar más porque no estaba en condiciones de aclararle nada. Pero que confiara en mí, que podía tratarse de una buena chiva.

El Teatro La Mama está ubicado muy cerca de donde yo vivía, en la zona de Chapinero. Hasta allí llegué en apenas quince minutos. Volé en mi Toyota Corolla blanco.

—Beharcita, apareció la avioneta. Pero hoy o mañana mismo sacan los restos. Si quiere ir, ¡tiene que ser ya!

—¿Y a dónde debo ir?

—En Ciudad de Panamá la van a estar esperando. Mis compañeros le explican todo allá. Pero si no se va hoy, pierde la oportunidad. Y nosotros también la perdemos.

—¿Por qué pierden la oportunidad ustedes? Lo mío es claro, la chiva periodística. Pero, ¿ustedes?

—Tenemos mucho temor de que la CIA esté detrás de esto y altere las pruebas, porque no sabemos si fue un accidente o un atentado criminal. Si hay periodistas, les queda más difícil.

—Bueno, yo lo llamo si mi jefe me autoriza a ir. Llevo un día trabajando en el noticiero. Además, no sé si hay vuelos.

—No hay. Eso ya lo sabemos. Les toca alquilar avioneta.

Llegué a mi casa casi de inmediato. Empaqué como pude dos mudas de ropa. Llamé a Mauricio al noticiero y le dije que no se moviera, que de verdad tenía que contarle algo muy urgente.

—Mauricio, aparecieron los restos de la avioneta en la que iba Bateman.

—¿Y usted cómo sabe? ¿Dónde? ¿Quién más sabe?

—Mi fuente de confianza me dice que si vamos, ellos organizan todo y el cubrimiento es nuestro. Apareció en la selva del Darién, pero del lado panameño. Toca alquilar avioneta, porque ya hoy no hay vuelos de aerolínea.

Mauricio contactó de inmediato al gerente y terminamos en una avioneta monomotor, similar a la que se había accidentado con el comandante del M-19 a bordo, junto con un equipo del Noticiero TV Hoy. El gerente había preferido compartir la informaciónque pagar solo el viaje.

—Listo, Mauricio. Que vayan, pero no me pueden obligar a llevarlos hasta la avioneta. Cada uno que haga lo suyo, yo me les pierdo —le dije medio disgustada.

El trayecto duró aproximadamente dos horas. Allí creo que me gasté una de las vidas del gato. Las condiciones climáticas eran terribles y danzábamos por los aires entre nubes espesas grises por la misma zona por donde se había caído la avioneta de Bateman.

Cuando por fin aterrizamos en el aeropuerto internacional de la capital panameña, sentí un gran alivio. Con mi camarógrafo nos escabullimos y tomamos un taxi hacia el McDonald’s donde teníamos la cita. Como todo había ocurrido tan de afán, no había podido llevar el objeto clave: un ejemplar del periódico El Siglo. Pero cerca del McDonald’s de la Vía España estaban las Farmacias Arrocha, donde se conseguía prensa colombiana. Supuse que podría encontrarlo. Allí, la dependiente nos informó que solo tenían El Tiempo y El Espectador del día anterior. Que El Siglo nunca les llegaba.

—¿Y ahora qué hacemos? —me preguntó el camarógrafo.

—Fresco hermano, a mí esto no me va a quedar grande.

Compré un block de hojas blancas, un marcador grueso y un Pegastick, el infaltable pegante adhesivo. Caminamos las dos cuadras que nos separaban del restaurante y nos acomodamos en una de las mesas más cercanas a la puerta principal. Allí escribí con letras bien grandes El Siglo, recorté el trozo de hoja y lo pegué cubriendo el nombre de El Espectador que figuraba en la primera página del periódico que había comprado.

Enseguida, abrí el diario y cada vez que entraba alguien, lo ponía en forma vertical, bien visible. Era el santo y seña más boleta del mundo, pero no había más alternativa.

De repente entró una señora con aspecto elegante, buen vestido, pelo bien arreglado, maquillaje visible. Apenas vio el periódico con el matachín de título, sonrió, se acercó y dijo:

—Hola, guarde eso que está dando mucho «visaje». De todas maneras, a usted la hubiera reconocido con facilidad.

Después supe que su nombre era Esther Morón de Arteaga, integrante del M-19 y reconocida por haber vivido en la casa desde donde salió el túnel en dirección al depósito del Ejército en donde estaba el armamento que sustrajo esa organización en el Año Nuevo de 1979. En ese momento, me bastaba con saber que era mi contacto.

—Hay una persona que quiere hablarle porque usted la ha estado buscando para un asunto de su tesis de grado.

—Mmm, pero, ¿y lo de la avioneta?

—Tranquila, eso es mañana. Hoy hubo mal tiempo y no pudieron salir. Si quiere, se lo traigo. Y después de que hablen, le doy las indicaciones para lo de mañana.

Carlos Toledo Plata, líder histórico de la Anapo y del M-19, entró por la propia puerta del McDonald’s instantes después. Nos dirigimos hacia un apartamento cercano y allí realicé una de las mejores entrevistas concedida por un integrante de esa organización en la que pasamos revista a la fundación, la plataforma ideológica y los objetivos de la lucha subversiva. Fue además un gran aporte para mi trabajo de grado para la maestría en Estudios Políticos en la Universidad Javeriana.

Culminado mi encuentro con Toledo, recibí las indicaciones y coordenadas. La ruta era mixta: primero por avión, luego canoa y finalmente a pie, en medio de la selva.

—Le sugiero que esté al amanecer en el aeropuerto de Paitilla. De allí sale el helicóptero de la Guardia Nacional de Panamá que va al rescate. Trate de que la lleven, porque si no, lo veo berraco —me explicó uno de los guerrilleros.

Antes de las cinco de la madrugada de ese 3 de febrero estaba yo rogándole al coronel que dirigía el operativo.

—No, señorita, ni crea que la voy a llevar. Usted verá cómo hace, pero si la llevo a usted, tengo que llevarlos a ellos también.

A pocos metros estaba el equipo del Noticiero TV Hoy. Después de mucho rogar en vano, le pedí a mi camarógrafo que vigilara para asegurarnos de que el coronel no embarcara a nuestra competencia. Mientras tanto, me dirigí al mostrador de Aeroperlas, la compañía local de aviación, la única que volaba a la Isla de San Blas, el primer punto de nuestro viaje según las indicaciones que había recibido la noche anterior.

—Mire, señorita. Tenemos un problema: el vuelo supuestamente sale a las siete y media, pero si no vendemos siquiera la mitad del cupo, lo tendremos que cancelar.

—¿Y cuántos pasajes faltan?

—El cupo es para catorce pasajeros. Hemos vendido dos, y con los suyos, serían cuatro. Faltan tres para que el vuelo se autorice.

—Pues yo los compro. El gerente me va a matar, pero no hay de otra.

—¿A nombre de quién?

—Ponga lo que quiera, son míos.

En ese momento, aparecieron dos indígenas cunas, con sus bellos atuendos típicos y un bebé en brazos. Les ofrecí los tiquetes; asombrados, agradecieron en su precario español.

Si iban a comprar los pasajes, ¿por qué decidí regalárselos? Simplemente porque me parecía difícil llegar a una comunidad indígena sin conocer a nadie, y que se ofrecieran a hacer el recorrido con nosotros selva adentro. Pero si llegaba con estos dos aborígenes, podría tener un camino abonado hacia su colaboración.

La Isla de San Blas es uno de los lugares más bellos que he conocido. El poblado indígena, los habitantes cordiales con su vestimenta típica, el mar Caribe maravilloso, azul turquesa, me resultaron fascinantes. Pero no había tiempo qué perder. Ya mis invitados cunas sabían de nuestra misión a cumplir y rápidamente nos organizaron la expedición: dos indígenas y una chalupa para atravesar un mar picado, con olas de hasta tres metros que nos bañaban por completo, una caja con comida y agua y otros dos hombres –fuertes y atléticos– armados con machetes.

Después de cuarenta minutos de azare en esa canoa, por fin llegamos –con el corazón en la mano– a una playa que, después de dos o tres metros de arena blanca, nos llevaba directamente hacia una selva tupida, selva virgen que comenzaron a romper a punta de machete. Caminaban presurosos sin que pudiéramos alcanzarlos, pero en los instantes que duraban batiendo sus herramientas, y mientras caía el follaje, nos recuperábamos. Uno de los canoeros accedió a acompañarnos (claro, por unos dólares más de los que ya se había ganado), para cargar el trípode y otros elementos, como baterías y cables. Así, en fila india, fuimos recorriendo la improvisada trocha durante dos extenuantes horas. En varias ocasiones tuvimos que pasar cerca de riachuelos hermosos de aguas cristalinas que aprovechábamos para beber y rellenar las botellas que llevábamos.

Yo miraba el reloj con angustia. Ya eran casi las once de la mañana y temía que el operativo hubiera terminado. Con lo que no contaba era con que los soldados hubieran tenido que despejar una zona considerable para que el helicóptero del coronel pudiera aterrizar en el cerro Kitakuntiki, a escasos metros de la estribación en la que reposaban los restos de la monomotor Piper PA-28 con matrícula HK 2139P.

Cuando llegamos al sitio de las coordenadas, vimos una pequeña explanada en tierra, el helicóptero de la Guardia Nacional y al oficial de pie, comiendo algo y tomándose una gaseosa. Apenas nos vio emerger del tupido bosque soltó lo que tenía en sus manos y se llevó uno de sus antebrazos a la frente.

—Señorita periodista; no puedo creerlo. Ante usted, me quito el sombrero.

—Coronel, vuélvaselo a poner y más bien comprométase a llevarme de vuelta.

—Cuente usted con eso —me dijo sonriente—. Ahora, a trabajar. Mis soldados ya subieron. Corra porque apenas bajen con lo encontrado, nos vamos. No hay tiempo para presentaciones ni otras filmaciones.

Le agradecí de corazón. La selva había sido dura de recorrer de día. Pero regresar de noche, realmente me aterraba.

El camarógrafo subió a grandes zancadas, yo lo seguí, pero a pocos metros, un soldado nos detuvo.

—Lo que alcancen desde aquí. Ni un milímetro más, porque están haciendo los levantamientos.

Desafortunadamente no nos dejaron llegar hasta allá, porque hubiéramos puesto el grito en el cielo. Cuál levantamiento: estaban metiendo los huesos de los cuatro ocupantes de la avioneta (Bateman, el piloto Antonio Escobar y los escoltas del guerrillero, Nelly Vivas y Conrado Marín), como si fueran objetos que se recogen para limpiar una zona. No pensaron ni por un instante en las familias de estas cuatro personas y menos en las autoridades forenses que querrían entregar restos individuales. Así, mezclados unos con otros, los soldados panameños revolvieron los huesos en dos bolsas negras de basura y los bajaron amarrados a dos troncos de madera.

Tuve que empezar a narrar la escena; la voz surgió serena y fuerte. A pesar de la mezcla de emociones y del cansancio, era consciente de mi deber de reconstruir un episodio histórico como nadie más podía hacerlo en ese momento.

Al llegar a la explanada, el coronel debió regañar a sus subalternos porque se notó la tensión en el ambiente. Qué torpeza haber revuelto las osamentas. Luego bajaron con otras bolsas que contenían algunos objetos: el último libro que estaba leyendo algu-no de ellos, un maletín con ropa, la máquina de escribir y otros artículos que solo fueron inventariados en la morgue de Ciudad de Panamá. Ahora no había tiempo para perder. El cielo estaba a punto de cerrarse y si el helicóptero no arrancaba pronto, tendríamos que pasar la noche en esa zona inhóspita. A los pocos minutos, estábamos rumbo a ciudad de Panamá. Me sentí muy impresionada de viajar a pocos centímetros de los restos del mítico comandante del M-19. Tanto querer hacerle una entrevista y allí estaba yo, junto a lo único material que quedaba de su existencia.

Al llegar, no pude indagar si había alguien esperando los restos, pues tuve que correr hacia nuestro sitio de transmisión. No había tiempo para editar y el noticiero se vio en la obligación de contratar un costoso servicio de satélite para transmitir el material en bruto.

A la mañana siguiente, vi a lo lejos a la atribulada madre de Bateman, Clementina Cayón, entrando al edificio donde estaba la morgue para rearmar –hueso por hueso– a su hijo. La complexión física de Bateman (era un hombre altísimo y tenía la huella de un severo problema óseo en una de sus piernas) les ayudó –a los forenses, que se conmovieron con la escena, y a Clementina– para extender en un mesón metálico el esqueleto de su hijo. También pudieron reconstruir el de Nelly Vivas (cuya osamenta femenina fue identificable). Los otros dos reposan juntos en una misma fosa en el cementerio de Santa Marta.

Varios años después, Clementina Cayón quiso verme. Nuestro común amigo, Ricardo Villa Salcedo (coautor de nuestro libro Penumbra en el Capitolio y esposo de su nieta) me llevó hasta su sencillo apartamento ubicado en la zona de El Rodadero, a escasos metros de la playa.

Allí revisamos álbumes de fotografías, correspondencia y pude entender que la dimensión de ese gran soñador era producto de una madre sin igual, crítica de todo y de todos, de mente aguda y de una calidad humana gigantesca. Por la mañana, visité la tumba de Jaime y comprobé lo que se decía –y se dice aún– en Santa Marta: que Bateman hace milagros.

Por lo menos a mí, me hizo el milagro de hacerme entender que mi misión tendría que ser la de buscar nuevos caminos para reconstruir la historia de mi país.

Desde entonces empecé a escribir, pero no libretos de televisión o noticias, sino textos inspirados en las realidades que conocía y que por diversos motivos no podía publicar en el medio donde trabajaba. Fue esa visita al cementerio de Santa Marta la que hizo de mí la escritora que intento ser hoy.

*Este capítulo hace parte del libro A BORDO DE MI MISMA, escrito por la periodista Olga Behar. Publicado por la Editorial Icono

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11 enero 2014 6 11 /01 /enero /2014 23:22

LA DEMOCRACIA ENTRE LA CRUZ Y LA ESPADA

 

Fernando Forero Cruz

 Santiago de Cali, enero 11 de 2014

cenefa

 

"Las nuevas generaciones somos capaces de reinterpretar la historia, revisarla y  poderla entregar con una mirada limpia, no cargada de odios o de revanchas"  (María José Pizarro)

 

Es evidente que la clase política tradicional colombiana está dispuesta a cualquier faena con tal de impedir que movimientos políticos alternativos accedan a instancias de poder en este país, esta clase depredadora de sectores democráticos y de minorías sociales, enemiga de la constitución del 91 y afecta al modelo capitalista, aupadora de mercenarios que han borrado literalmente comunidades en tantas regiones de nuestra patria; financiadora de falsos positivos y de reformas que perpetúan la impunidad como en el caso del fuero penal militar, afortunadamente declarada inconstitucional por la corte; gestora de reformas antidemocráticas como la tributaria, presentada con el único propósito de disminuir impuestos a los grandes generadores de renta y aumentar el recaudo por cuenta de los asalariados y trabajadores independientes a través de figuras como el impuesto al consumo; autora de la reforma a la justicia, concebida exclusivamente para favorecer intereses de altos funcionarios de la rama, y de ninguna manera, para atenuar los graves problemas en la administración de justicia; también de la fallida, gracias al fuerte movimiento estudiantil, reforma a la educación superior por medio de la cual se pretendió abrir espacio para la inversión privada en detrimento de la inversión estatal y del derecho de los jóvenes a ingresar a la universidad pública; como si fuera poco, promotora de la más reciente reforma a la salud, que en nada cambia el actual modelo, toda vez que no elimina las EPS, responsables en gran medida de la crisis hospitalaria y por ende humanitaria, una élite para la cual la educación también es un negocio y no un derecho fundamental; capitalistas que se niegan a redistribuir sus enormes utilidades y que por el contrario, se ocupan de pauperizar cada vez más, los salarios de los trabajadores, golpeando inmisericordemente a las clases populares, una horda que ha optado por desmantelar y sembrar un oscuro panorama en el campo colombiano vía TLC, actuando cual mercaderes de soberanía entregando a las multinacionales nuestros recursos naturales, (Amazonas, Santurbán, Cerro Matoso, Guajira, La Macarena, Cajamarca, Cauca, Chocó, Buenaventura, entre tantos otros territorios), es la misma clase que hoy cual buitres procura recuperar la presa que poco a poco, en gracia al estilo de gobierno de Gustavo Petro, se les escurre entre las garras, y para rescatar ese preciado tesoro llamado “recursos públicos” del que se han nutrido generación tras generación, hallaron al personaje perfecto, nadie mejor para tal cometido que el procurador Alejandro Ordóñez.


Queda demostrado que cuando se trata de sus intereses, la derecha de este país no cuida de tácticas y estrategias, que la salve de errores o arbitrariedades como la cometida por Ordóñez en contra del alcalde de Bogotá; esta rancia oligarquía nacional representada en la ultraderecha prefirió, pisoteando el Estado Social de Derecho, utilizar su mejor verdugo, el cual como temible burlón, blandiendo, por cierto, al mejor estilo medieval, en una mano la cruz y en la otra la espada, la cruz, para invocar arcaicos códigos de ética y moral, con los que no comulga, según el procurador, el ateo comunista llamado Gustavo Petro, por lo que habría de imponérsele una “sanción ejemplar” (así lo ve el procurador) y la espada, para cercenar de tajo la cabeza del proyecto político con mayor énfasis democrático que tiene lugar en Colombia, bien denominado Bogotá Humana, que al parecer ha incomodado a quienes ven afectados sus intereses por cuenta de la implementación de políticas y programas tendientes a enaltecer la vida, garantizar la seguridad humana, preponderar el rol social de la mujer y adoptar acciones contundentes contra el maltrato a ésta y la infancia, así mismo ha incomodado a quienes como en Cali, han pretendido enriquecerse con los recursos destinados para la educación y la salud, por supuesto, les ha molestado dentro del programa de la Bogotá humana, la declaratoria del agua como derecho fundamental, estableciendo el mínimo vital que favorece cerca de 650.000 familias de estratos 1 y 2, al igual que la atención prioritaria a las víctimas del conflicto y de la discriminación social, la formalización laboral de los recicladores y carretilleros, el tratamiento al indigente y al drogadicto como enfermos y no como delincuentes y lo, que tal vez, más ha enfadado a los enemigos de este estilo de gobernar ha sido la férrea defensa que desde la administración ha asumido Petro respecto de los recursos públicos, aquellos tan vilmente manoseados por los siniestros promotores del neoliberalismo.

 

Abusando de sus facultades, el procurador no ha podido esconder su fanatismo religioso y político, y sin preocuparle los efectos, rebasando cualquier libreto hollywoodense, tomó la decisión de destituir e inhabilitar por 15 años a Gustavo Petro, aun consciente de que por faltas mucho más graves, caso carrusel de la contratación, por la que inhabilitó con menos de un año al mayor responsable, en contubernio con las mafias de la contratación, de la más sonada malversación de recursos públicos en Bogotá, lo que no deja duda acerca de la actitud sesgada del procurador ante una decisión que va mucho más allá de una agresión contra el alcalde, ya que es un aleve atentado contra la democracia, contra la Constitución del 91, contra el Estado Social de Derecho y contra el proceso de paz, al cual le apostamos la inmensa mayoría de los colombianos.

 

Hoy esta Colombia, indignada debe decir ¡basta ya! a la secular ideología y a las actitudes antidemocráticas, sectarias, dogmáticas y aniquiladoras del procurador Ordóñez, quien además, valga recordarlo, también se ha dedicado a perseguir a las mujeres que incursas en una de las situaciones de embarazo descritas por la corte, deciden interrumpir el proceso de gestación; a la vez que ha emprendido una cruzada contra la población LGTBI, llegando hasta amenazar, con sanciones, a los notarios que osen efectuar matrimonios gay; redondeando su faena, eliminando diligentemente a sus contradictores políticos sacándolos del escenario a través de sanciones que los inhabilita casi de por vida para ejercer la función pública. No se trata de que no existan sanciones para los demócratas, quienes en ejercicio de sus funciones públicas, cometen errores, se trata de aplicar el mismo rasero a todas y todos, quienes procedan contra la constitución y la Ley, se trata de deslindar la ideología, cualquiera que esta sea, del rol constitucional que le compete al funcionario responsable de investigar y sancionar.

 

En semejante estado de cosas, la pregunta que cabe hacernos es ¿para qué el proceso de paz?, es claro que la paz no es la firma del acuerdo o la dejación de las armas, la paz comienza a edificarse con dichos eventos y tomará no menos de diez años ejecutar los cambios constitucionales y aplicar las políticas derivadas del acuerdo en sus distintos ejes, y vaya si existe ansiedad entre los ciudadanos por llegar prontamente a la firma del acuerdo, pero teniendo como referente la política de exterminio, agenciada por la misma clase política que hoy adelanta las negociaciones, en contra de los militantes de la Unión Patriótica, entre ellos el candidato presidencial Bernardo Jaramillo Ossa, así como el asesinato del connotado líder y candidato presidencial de la AD M-19 Carlos Pizarro León Gómez y otros crímenes como el de Luis Carlos Galán, a más de la interminable relación de líderes sociales, estudiantiles, sindicales y políticos, y hoy el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, perseguidos por el establecimiento, es apenas lógico que una importante franja de colombianos consideremos que dicha clase política tradicional no constituye garantía para la consolidación de un verdadero proceso de paz, es natural que desconfiemos y pensemos que esta élite, acostumbrada a rendirle culto a la violencia y profundizar las diferencias sociales, estirpe nacida en inmemorables tiempos de nuestra independencia e irrigada con sangre chapetona y que pareciera extenderse eternamente a lo largo de nuestra patria, no es la más indicada para liderar el proceso de construcción de la paz, luego de la firma del acuerdo en la Habana, menos cuando hemos sido testigos que anticipándose a los designios que supone un proceso de transformación social, esa clase, ampliamente descrita, ha puesto en el camino una moderna guillotina, para impedir que hombres y mujeres demócratas lleguemos y lo que es más difícil, logremos mantenernos en los espacios de poder local, regional y nacional, por lo que es menester, gestar la revolución de los indignados para evitar que la anhelada paz se esfume como agua entre los dedos.

 

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