Documentos de la Historia del M-19
ENTREVISTA CON LOS PRESOS POLITICOS SINDICADOS DE PERTENECER AL M-19
Penitenciaría Central de Colombia "La Picota", Bogotá, Colombia. Febrero de 1980
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El día miércoles 21 de noviembre de 1979, en las horas de la mañana, se inició en La Picota el Consejo Verbal de Guerra contra un numeroso grupo de colombianos presuntamente vinculados al Movimiento 19 de Abril (M-19). Por los antecedentes de este movimiento, por el gran número de sindicados y por la expectativa de la "Operación Colombia" -la mayor acción realizada hasta la fecha por el M-19- a ésta corte marcial se le conoce en Colombia como "el Consejo Verbal de Guerra del siglo".
La Picota es una penitenciaría donde están recluidas personas sobre quienes pesa una condena. Como todas las de su género en América Latina, sus instalaciones se caracterizan por la suciedad, por el hacinamiento de la población carcelaria y por su lobreguez; estas condiciones se acentúan en una ciudad tan fría como es Bogotá. Sin embargo, en el Pabellón del M-19 no hay suciedad, ni hay hacinamiento; tampoco hay lobreguez. Por el contrario, la limpieza es impecable y el ambiente de fraternal cordialidad, de extraordinaria y contagiosa camaradería. El numeroso grupo (165) se ha constituido en un colectivo que, si bien es heterogéneo en muchos aspectos, resulta homogéneo en su funcionamiento interno pues no hay ninguna discriminación en cuanto al cumplimiento de las tareas - gimnasia, deportes, estudio, aseo, rancho, etc.- por los miembros del grupo.
En cuanto a las visitas, se reciben de hombres los sábados y de mujeres los domingos. La información que tenemos es que son concurridísimas. El primer domingo de cada mes, la visita se torna más alegre que de costumbre, cola inquieta y bulliciosa presencia de los niños. El periodista aprovecha una de estas visitas sabatinas -salvando no pocas dificultades- para entrevistar a unos personajes que, como ellos mismos lo reconocen, poco a poco han venido emergiendo del mito a la realidad.
Ganado el primer tramo, ahora lo importante es hacer la entrevista. El "contacto" me conduce a una de las celdas; todas son igualmente pequeñas y pulcras. Muy pocos minutos han transcurrido y ya estoy rodeado por hombres convictos y confesos de pertenecer a la Organización que más dolores de cabeza les ha producido a las autoridades colombianas en los últimos años y que ha batido records de publicidad a nivel nacional e internacional.
Acabo de advertir que las preguntas que más o menos había ordenado no me van a servir acá. Pues una cosa es pensar un poco en abstracto sobre el M-19 y otra, bien diferente, encontrarnos con las fuentes vivas del movimiento, con sus escurridizos protagonistas.
Aquí los tengo al alcance de mis manos en un ambiente sobrio pero exento de toda formalidad. Como me han dicho que están dispuestos a responder a mis preguntas, abro fuego, iniciando el siguiente diálogo:
- ¿Qué piensa un miembro del M-19 de su propia reclusión?
Para los patriotas, hasta la cárcel se convierte en una trinchera. Con obvias limitaciones, como cualquiera puede comprender. Pero trinchera al fin y al cabo. Esto es más cierto para gente como nosotros que sentimos la respuesta afirmativa y la solidaridad de los oprimidos y la aceptación entusiasta y creciente a nuestro mensaje. Porque no se trata de un mensaje más, sino de uno que al contacto con las masas desesperadas por tantas injusticias se transforma en hechos políticos de gran envergadura y significación. La cárcel, la clandestinidad y la muerte en combate son gajes de quienes nos hemos comprometido con la causa de los oprimidos. Ud., como periodista, sabe de la inmensa credibilidad popular de que gozan los presos políticos y máxime si se trata de un miembro de una organización tan respetada y prestigiosa como el M-19. Los presos políticos -que no pensamos en quedarnos aquí toda la vida- somos un ejemplo para todo el pueblo colombiano: un ejemplo vivo que habla, se expresa, dirige y orienta, pues el pueblo sabe que no estamos aquí por delitos comunes sino porque estamos luchando por su pan, por su libertad. Nuestra consigna es luchar, combatir desde donde nos encontremos y en las condiciones en que nos encontremos por adversas que sean. Bien lo decía Pablo García, nuestro Oficial Superior, "el M-19 ni se calla, ni se rinde, ni se asila".
- Pero, para un proyecto político como el de Uds. que imagino les exige dedicación total ¿no se sienten cortos, desperdiciados y un tanto ineficaces aquí?
Sabemos que nuestro sitio está en la calle y que nuestra labor fundamental se desarrolla entre las masas y con ellas, pero a la cárcel no se viene por libre elección, no se trata de una opción voluntaria. El revolucionario se enfrenta a un enemigo con mucho poder material; esta es una lucha en la que golpeamos y nos golpean. Lo importante es jamás desmoralizarnos: los revolucionarios estamos política y moralmente obligados a transformar los factores más adversos en medios eficaces para el proceso liberador.
- El día de la convocatoria del Consejo de Guerra, Ustedes, los sindicados, abrieron fuego con una serie de actitudes y consignas agresivas. Recuerdo que gritaban "Bolívar: tu espada en pie de lucha, hoy, mañana y siempre! ", "Los torturadores no pueden juzgar. Abajo los Consejos de Guerra!", "Por la democracia, por la justicia social y por la independencia nacional: M-19".
¿Quieren explicar el significado de esas consignas?
Como bien lo advierte, nuestra actitud ese día fue -y seguirá siendo- la que corresponde a todo patriota que lucha por la justicia social y a una Organización de combate y en busca del poder, como la nuestra. Cuando decimos que los torturadores no pueden juzgar estamos denunciando la ausencia de esas cualidades que la justicia burguesa exige de sus jueces: idoneidad, imparcialidad y moralidad. Los jueces que encabezan este proceso no son idóneos porque una cosa es la disciplina militar y otra, la jurisprudencia como disciplina. En este sentido, sobran los comentarios. Tampoco pueden ser imparciales porque son parte del conflicto que es materia del Consejo: entonces cumplen el doble papel de jueces y parte en el proceso. Y en lo atinente a la moralidad, ni qué hablar: “nuestros” jueces han violado todas las normas legales y derechos constitucionales que rigen el tratamiento de los prisioneros políticos. Al principio, las denuncias sobre torturas procedían de sus propias víctimas: los detenidos; estas denuncias suscitaron la protesta de amplios sectores y dieron origen a la formación del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos en Colombia. En estos momentos, empiezan a surgir otros denunciantes en el seno mismo de las fuerzas Armadas: es el caso del cabo de la Fuerza Aérea Colombiana Germán Pinzón Zora quien se asiló en la Embajada de Costa Rica porque no estaba de acuerdo con las prácticas ignominiosas que sus compañeros de armas realizan con los detenidos políticos.
- El día de la convocatoria los periodistas los vimos a Uds. cantando el Himno Nacional y hemos sabido que lo entonan cada día, al iniciarse las sesiones del Consejo; hasta el punto de que los militares ya lo escuchan de pie, cosa que no hacían en los primeros días. ¿Qué significado tiene para los miembros del M-19 semejante rito? ¿No es acaso imitar un poco a los propios militares?
De ninguna manera. Lo que ocurre es que la Revolución es un proceso de rescate, de reafirmación y de transformación de ciertos valores nacionales y populares. La oligarquía en esto país ha secuestrado y falsificado los valores fundamentales de nuestro pueblo; han manipulado, distorsionando los, conceptos de tanto arraigo popular como los de Patria, Nacionalidad, Libertad, Democracia, y han vaciado de todo contenido social símbolos como el Himno Nacional, la Bandera, etc. Nuestro nacionalismo patriota se nutre de estos y muchos otros valores nacionales y populares y nos mueve a apresurar la marcha hacia la verdadera independencia política que no lo será mientras no conquistemos nuestra plena autonomía económica.
- Oyendo hablar sobre símbolos nacionales, se me viene a la mente el gran montaje que armaron con el publicitado robo de la espada de Bolívar. La pregunta está en la lengua de cada colombiano y no puedo evitar lanzarla:
¿Qué hicieron con la espada?
Pues sigue en combate! Como pertenece al pueblo, está en manos del pueblo. Mientras América Latina no se haya liberado totalmente, ni el pensamiento de sus primeros libertadores, ni sus símbolos materiales pueden ser objetos de museo. Todo este arsenal de símbolos e ideas dicen estar al servicio del pueblo en este proceso liberador. Lo que la burguesía debe guardar en los museos son sus códigos, su ideología desgastada, su ejército, sus partidos políticos. Ahora entenderá Ud. mejor el verdadero significado de esa otra consigna nuestra que dice "Bolívar, tu espada en pie de lucha, ayer, hoy y siempre". Es un grito y aún más, un hecho de todos los días.
- Pero ¿aparecerá la espada algún día?
La espada no ha desaparecido; simplemente la rescató el pueblo, su dueño verdadero, el 17 de enero de 1974, como rescatará la nacionalidad hoy enajenada, la patria tan martirizada, la riqueza económica ahora expoliada... Ya le dijimos que la Revolución es un proceso de rescate. Rescatar la Patria por y para el pueblo es el objetivo de nuestra lucha y la causa de este encierro.
- Quieren Uds. dar a nuestros lectores una visión más orgánica y totalizante del Consejo de Guerra que actualmente los juzga?
Como Ud. sabe, este Consejo de Guerra no es el único que se haya realiza do en Colombia, ni será el último. En 1979 fueron juzgados en cortes marciales miembros de todas las organizaciones político-militares que operan en el territorio nacional y ya nadie ignora que son muchas y que expresan el sentir de las masas contra la concentración monopólica, la centralización del poder político por parte de los partidos oligárquicos, el fortalecimiento de un aparato estatal de carácter despótico y la participación creciente de los sectores más reaccionarios del Ejército en la vida nacional. Todos los Consejos de Guerra son entonces, la respuesta política, antidemocrática y represiva de los monopolios y de las oligarquías antinacionales en contra de los intereses y de las luchas de los trabajadores y del pueblo. Observe usted la composición de este grupo de colombianos juzgados por los militares y encontrará que es tan heterogénea como nuestra propia nación. Hay hombres y mujeres, adolescentes desde los 17 años hasta adultos mayores de 60, hay indígenas, obreros, campesinos, estudiantes, profesores, periodistas, profesionales, exparlamentarios, intelectuales, artistas, etc. Desde el punto de vista geográfico el mosaico nacional está completo también; este pabellón es un mapa de Colombia en miniatura. Semejante composición evidencia e identifica a las partes en conflicto. De un lado la nación, la patria, Colombia encarnada en su pueblo; del otro, la antipatria, los monopolios y la oligarquía, los depredadores, los torturadores, los jueces uniformados oficiando indignidad en un altar ajeno (es que otro aspecto de este Consejo de Guerra es el lugar donde se está llevando a cabo: en la capilla de la penitenciaría). Este contraste resulta grotesco pero aleccionador; al elegir la capilla como escenario de la corte marcial han logrado lo que podríamos llamar el más perfecto cuadro del absurdo, en donde todo es ajeno y extraño a la vez. Allí, quienes juzgan no son jueces, sino simples torturadores; el sitio, una capilla, el menos indicado para blasfemar contra la justicia y contra la patria; y los reos, no somos delincuentes: algunos simplemente descontentos o inconformes, otros, rebeldes y militantes patriotas... A nosotros no nos cabe la menor duda de que los actuales juzgadores terminarán en el banquillo de los acusados...
- ¿Cómo es éso?
Un consejo de Guerra como el que nos ocupa no puede ser medido en términos simplemente jurídicos o legales, sino en toda su dimensión política, en el contexto de las luchas latinoamericanas y mundiales de hoy entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores. Esta dimensión histórica nos muestra a Cristo triunfante contra los emperadores romanos. Nos muestra a los científicos y dirigentes progresistas luchando contra todas las formas de Inquisición. Nos muestra a Galán, a Bolívar, a Nariño triunfantes contra la dominación española... Nos muestra a los pueblos de Cuba y Nicaragua luchando y venciendo a los despotismos batistiano y somocista. A Cristo lo asesinaron, igual que a Galán y a Sandino. ¿Y cuál ha sido el resultado final? El guerrillero Sandino -por sólo referirnos al caso más reciente-, aquel que la familia Somoza metió en un ataúd para silenciarlo por el resto de los siglos, acaba de levantarse de su tumba, con miles de fusiles en manos de su pueblo, propinándole la más justa y merecida derrota al tirano.
A nosotros nos pueden juzgar, nos pueden condenar a muchos años de prisión, pero como no se trata de un caso aislado de la historia nacional, de un caso de delincuencia común, ni de un simple problema policivo, sino del gran conflicto entre pueblo y oligarquía, entre patria libre y dependencia, entre democracia y militarismo, entonces el pueblo, sus dirigentes y sus organizaciones políticas terminarán juzgando, condenando y derrotando para siempre a sus explotadores y verdugos. En síntesis, en éste Consejo de Guerra nada termina porque nada ha comenzado en él: se trata de un evento eminentemente político que hace parte de todo un proceso de luchas que vienen de muchos años atrás y que sólo terminarán con el triunfo definitivo del pueblo colombiano en contra de sus opresores.
- Miren: yo tengo una vieja inquietud y creo que ésta es la ocasión para aclararla; Uds. los revolucionarios ¿realmente dejan todo sentimiento por fuera que no sea "la causa" y una lucha casi fanática?
Seguramente Ud. daría su vida sin pensarlo dos veces por un hijo suyo o por su esposa. Lo haría porque los ama. Nosotros también daríamos nuestras vidas por nuestros hijos, por nuestras compañeras y compañeros. Pero también estamos dispuestos a entregarlas -y muchos compañeros ya lo hicieron- por nuestros ideales de justicia y libertad que son los ideales de nuestro pueblo. Nosotros amamos muchas cosas...entre otras, nuestra propia vida. No somos suicidas fanáticos. Sí entregamos la vida por nuestra causa es porque creemos profundamente en ella.
- ¿Por qué utilizan la lucha armada?
Porque los enemigos del pueblo nos obligan a ello; porque en Colombia el poder se ejerce a través de las leyes de excepción del Estado de Sitio; porque a nuestro pueblo le son negados sus más mínimos derechos. Seríamos mucho más felices si nuestro pueblo lo fuera también sin necesidad de la guerra; en las condiciones actuales, eso es una utopía. Remover las causas de tanta miseria, de tanta injusticia, de tanta frustración es una tarea dura que exige pelear con todos los instrumentos a nuestro alcance. No hacerlo sería un acto de imperdonable cobardía y el amor es incompatible con la cobardía. Y volvemos al principio: peleas por aquello que más amas.
- Qué opina el M-I9 a un año de la "Operación Colombia"?
Dicho sea de paso, para muchos el túnel que los condujo al Cantón fue la tumba del Movimiento.
¿Qué opinan de eso?
Que no es cierto. Hemos recibido golpes duros pero seguimos en pie de lucha y ha sido precisamente en esta época de represión aguda cuando hemos demostrado nuestra fuerza, nuestra estrecha vinculación con las masas y la dimensión de nuestro espacio político que nos permitirá continuar realizando acciones como la del Cantón “La "Operación Colombia" fue una acción político-militar que se inscribe en el proceso latinoamericano de liberación, proceso que asume múltiples expresiones de lucha que por diferentes, no están desligadas unas de otras. Nadie niega hoy que el asalto al Cuartel Moncada es un hito en el proceso de liberación nacional Cubano... Nosotros, dirigentes del M-19, pensamos que éste país no volverá a ser lo que era antes de la experiencia del Cantón Norte. Habría muchas cosas que destacar, entre otras, las siguientes:
1) Demostramos que con un poco de audacia y con mucha convicción en la causa del pueblo, se pueden realizar acciones grandes, heroicas y extraordinarias.
2) Educamos al pueblo en el sentido de que el enemigo no es invulnerable. Que, por el contrario, tiene grandes debilidades internas que se desprenden de su naturaleza antipopular y de su misión antinacional.
3) El señor Turbay perdió definitivamente la máscara democrática que la implantación del Estatuto de Seguridad le había quitado. Colombia entera como muchos otros países, descubrieron la verdadera faz de la oligarquía colombiana que aceleró el proyecto represivo que venía implementando desde tiempo atrás.
4) Demostramos que -a diferencia de los círculos reaccionarios del Ejército- no somos criminales pues estuvo en nuestras manos la posibilidad de causar grandes daños a las instalaciones del Cantón Norte -inclusive haberlo destruido- y sin embargo, no lo hicimos, qué diferencia entre nuestro comportamiento frente al enemigo y el comportamiento de éste frente a nuestros militantes y a quienes ni siquiera lo son. El pueblo colombiano advierte la diferencia entre nuestro método y estilo de lucha y aquel de los torturadores. Esto es tan evidente que ya son muchos los militares que exteriorizan su verguenza de pertenecer a una institución que simboliza, cada vez más, la agresión y la violencia contra el pueblo: es el sector democrático y nacionalista del Ejército.
5) Del primero al último día de 1979 mantuvimos a todos los medios de comunicación de masas pendientes de los efectos de la "Operación Colombia". De igual manera, todas nuestras fuerzas fueron mantenidas en gran tensión: tensión creadora y rica en experiencia.
6) Este Consejo de Guerra -uno de los tantos efectos políticos de la Operación Colombia- se prolongará durante este año y parte del siguiente, lo cual significa que nuestro Movimiento seguirá en primer plano de la vida nacional.
7) Ante la represión indiscriminada contra amplios sectores de nuestra sociedad por parte de las Fuerzas Armadas como respuesta gubernamental a la Operación Colombia, las fuerzas políticas populares, democráticas y revolucionarias aceleraron el proceso de su unificación en la lucha contra sus verdugos, explotadores y opresores, y por su verdadera independencia.
8) Como dijimos al Principio, la Operación Colombia fue una acción Político Militar y, en consecuencia, sus efectos han sido de la misma naturaleza. Nuestra presencia y capacidad política ha crecido, mientras que en el plano estrictamente militar hemos sufrido algunos reveses.
9) Pusimos fin al carácter "fantasmagórico" de nuestro Movimiento. Con la Operación Colombia aparecen los dirigentes del M-19 y eso es tan positivo y bien recibido por los colombianos que uno de esos dirigentes, el compañero Carlos Toledo Plata, ocupó el 9º lugar en una encuesta de Caracol para escoger los cien Colombianos más destacados de la década.
¿Es Toledo el único hombre importante de la Organización?
No. Todos los miembros de nuestra organización, hombres y mujeres, son importantes. Lo que ocurre es que no todos son igualmente conocidos.
- Después de éste diálogo no puedo menos que admirar su optimismo, pero después de toda esta batahola ¿Qué queda? ¿Qué queda después de la casi total recuperación de las armas por el Ejército? ¿Qué queda después del descubrimiento de tantas caletas y cárceles del pueblo? ¿Qué queda después de tantos encarcelamientos y de tantísimas torturas denunciadas por Uds.?
Mire: nos han golpeado el aparato. Eso es todo. Lo demás está intacto y en vía de desarrollo
- ¿Qué es lo demás?
Lo demás son, en primer término, los recursos humanos de la Organización: sus militantes y combatientes. Nuestra dirección política está intacta. Algunos, los menos, estamos transitoriamente en la cárcel; otros, los más, están afuera reconstruyendo la infraestructura político-militar.
En segundo lugar, es nuestra propuesta política: lucha contra los monopolios y la oligarquía a ellos vinculada; contra la represión en todas sus formas y manifestaciones: militarización del país, Estado de Sitio, Estatuto de Seguridad, Consejos de Guerra, allanamientos, torturas, asesinatos y desapariciones; lucha por la democracia, por la defensa de los derechos humanos, de las garantías laborales y por la independencia nacional que implica nuestra autonomía económica.
- ¿Se trata acaso del mismo programa del Frente Democrático que se acaba de constituir?
Políticamente sí. Es saludable que fuerzas revolucionarias, democráticas y populares coincidan en el enfoque de la coyuntura. El M-19 cree que esa propuesta política debe ir acompañada de una fuerza militar que la apoye, sustente y consolide.
- Un momento: no entiendo. Uds. hablan de una propuesta democrática y la concretizan en unos objetivos de lucha pero al tiempo hablan de armar al pueblo, o crear una fuerza militar popular. ¿No es eso contrario a la democracia?
Para que el pueblo pueda conquistar la democracia, necesita vencer estructuras antidemocráticas muy poderosas, es decir, remover los factores económicos, políticos y sociales adversos a la democracia que son la base de sustentación del poder de los monopolios; y la burguesía colombiana no está dispuesta a ceder un ápice en este terreno. Así lo demuestran los larguísimos años de historia de lucha por la democracia en nuestro país.
- ¿Y qué queda para 1980?
Hombre, queda nuestra propuesta política que se irá enriqueciendo y consolidando con las luchas de las masas. Tenga en cuenta que se anuncia otro Paro Cívico Nacional y allí estaremos, como en 1977. Queda nuestra batalla aquí en el Consejo de Guerra que va a ser muy dura y queda todo lo que hemos planteado en el análisis de la coyuntura.
- ¿Con quiénes van a dar ésa lucha?
La seguiremos dando con todas las fuerzas revolucionarias, democráticas y populares que estén dispuestas a compartir contra los monopolios contra el Imperialismo, contra las oligarquías, contra la represión, contra la injusticia, contra el militarismo y por la democracia.
- ¿Quiénes caben allí?
La inmensa mayoría de colombianos: los trabajadores y campesinos, los empresarios y comerciantes no monopólicos, los profesionales e intelectuales, los estudiantes, los maestros, el sector del Ejército que repudia la entrega del país a intereses foráneos y las torturas, el sector del clero que lucha por el cambio...y los periodistas como Ud. que no tergiversan la información al servicio de los poderosos.
El repique de una campana -que debe ser pequeña- le pone fin al reportaje. Los M-19 se han puesto de pie, me rodean sonrientes y me auguran éxitos. En el largo pasillo y en el patio adyacente las voces de radio y personas se entrecruzan y van quedando atrás. Allá los dejo, luchando por una Colombia nueva.
Federico Casas
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