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31 marzo 2014 1 31 /03 /marzo /2014 13:05

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29 marzo 2014 6 29 /03 /marzo /2014 22:48

HERMANITO1

Hace 30 años fue la toma del Municipio de Yumbo por parte del  Movimiento Revolucionario 19 de abril, M-19
Luis Fernando Riascos, comunicador social de La Estancia, recrea este hecho histórico.
Foto www.todosesupo.com

Calle Quinta

Municipio de Yumbo Calle 5ª, enseguida de la Alcaldía Municipal.

Por Luis Fernando Riascos*.  

 Noche de estruendos fantasmales en que la población convivió con héroes y antihéroes. Un grupo que le enseñó a la población a contar su historia con el lenguaje de la revolución. Un pueblo que nunca olvida el día de la exquisitez política y la agresividad militar.

 Son las 6:30 p.m. del 11 de agosto de 1984. En este tiempo todavía los 11 no son tan famosos, los orientales no los han puesto de moda en occidente, menos aún, no se le tiene tanto miedo a los hombres con turbantes, o a los musulmanes, los que resultan del demonio son los soviéticos, unos diablos que se meten en todo, desde una pista de atletismo hasta el espacio.

 En el municipio de Yumbo han empezado a llover bengalas, don Álvaro Campos las alcanza a mirar desde las afueras de mi casa, mientras yo duermo con la tranquilidad de mi edad, tengo dos años.

 Don Álvaro le insiste a mi papá que tiene que irse a trabajar, que no le importan los destellos celestes y la sinfonía de plomo que se escucha. Camina unos doscientos metros hasta el ‘Mesón’, un reconocido sitio donde venden aguardiente y ponen música de Julio Jaramillo, instalado en la entrada de La Estancia, así se llama el barrio donde vive mi vecino Álvaro, ubicado en el borde derecho de la carretera en la entrada sur del municipio.

 Son las 6:45 p.m. El señor Campos, parado en la entrada de La Estancia, se comporta como un guarda y devuelve cualquier moto o persona para que no se estrellen con la muerte. Ha llegado sin avisar ese grupo de intelectuales con metralletas, aunque la mayoría del pueblo ya los esperaba.

 Quince minutos antes, el municipio vivía en su rutina continua. El viejo Napoleón cumple las bodas de plata y la iglesia del Señor del Buen Consuelo, del parque Belalcázar, está atestada de invitados y feligreses ancianos. León Montes de Oca espera, parado en la entrada, a que la misa se acabe para irse trabajar, hoy tiene el turno de la noche en Cementos del Valle.

 Por la misma acera de la iglesia, a unos 50 metros, ocho periodistas, entre ellos Ligia Riveros y el fotógrafo Daniel Jiménez, de la revista Cromos, miran la plaza principal desde unos asientos sin espaldar y cojines redondos, ubicados entre un muro que llega a las rodillas y el refrigerador de la heladería Lucerna. Esperan a quien los llevará a hablar con unos comandantes guerrilleros, pero sólo ven niños vendiendo dulces, borrachos tirados en las bancas y señoras asomándose por las ventanas.

 Un estruendo de ecos omniscientes viola el silencio de la misa causando un terror apocalíptico entre la muchedumbre. Desde el atrio empiezan a entrar hombres en jeans, maletines a sus espaldas, cantimploras, radios y carteras a la cintura, botas pantaneras y fusil al hombro; le quitan el micrófono al sacerdote, padre Hernán Betancur.

      Pizarro saliendo de la Iglesia luego de su mensajeUno de ellos, con la cara descubierta, coordina en clave por el radio lo que parece ser una operación compleja. Sus compañeros lo llaman Antonio, le pasan el micrófono, y dice: “…O Belisario es capaz de controlar a los militares, o necesariamente la democracia tendrá que abrirse camino a través de las armas como lo hemos hecho durante muchos años. En Colombia todos queremos la paz, la revolución no le teme al diálogo…”  

 Quien habla es el hijo de un almirante, se llama Carlos Pizarro León-Gómez, un candidato presidencial asesinado el 27 de Marzo de 1990. Ahora no sospecha nada de su futuro, que incursionará en la política, que dejará de combatir pero que lo seguirán combatiendo hasta borrarlo. De momento, es el tercer hombre del Comando Superior del M-19.

 7:00 p.m. Los rocket siguen sonando, Antonio le dice al sacerdote que puede continuar con la misa, ni el padre ni nadie se interesa en hacer caso. Montes de Oca nota que un agente de policía, Nelson Pulgarín, movido por los nervios, ha salido por una puerta que da a la Calle 6. La iglesia está construida entre esta calle y la carrera cuarta en una esquina del parque Belalcázar. Pulgarín tiene su Simca parqueado a escasos metros de la Caja Agraria, ubicada en todo el frente de la parroquia. Prende su carro, a pesar de los estruendos se oye el rugido del motor, acelera, avanza.

Interior de la Iglesia y el padre Betancourth

Paralelamente a unos estallidos secos, como pólvora, el carro se desliza como un trozo de mantequilla en un sartén caliente.

 Antes de doblar la esquina se detiene. El agente ha quedado recostado sobre la dirección. Una mujer grita desde adentro del Simca. Nadie lo notó, pero la señora que le lava y le plancha la ropa a Pulgarín se alcanzó a montar al carro mientras él trataba de huir. Un grupo de personas la auxilian y dejan solo el cadáver del agente.

 Montes de Oca, desconcertado, comprueba que estos hombres no portan balas de salva. En el parque está Antonio junto con Javier Delgado, un comandante de la agrupación guerrillera Ricardo Franco que colabora con la operación. Paran una camioneta Toyota blanca, se montan con quince encapuchados y se van.

 7:10 p.m. Antonio ha regresado, la gente empieza a curiosear e indagar a los comandantes, le dicen a Pizarro que hable de la embajada, de la cantidad de plata que recibieron. “Fue buena plata, alcanzó”, contesta con tono amigable.

 7:30 p.m. León Montes de Oca observa que la atención se ha trasladado a la puerta por la que hace unos minutos había salido Pulgarín. Ahí se encuentra parado un hombre al que todos empiezan a rodear, tiene una tira blanca amarrada en el brazo derecho, le dicen profe, camina hasta él, permanece quieto, parece un ídolo de bronce, es indiferente a todas las preguntas que le hacen.  

Rosemberg Parque de yumboPero si es el ex alcalde Rosemberg Pabón, bueno hoy es el ex profesor del colegio Mayor, y se llama ‘Comandante Uno’. Muchos de sus estudiantes habían dicho: “Quisimos cambiar al profesor por un comandante y el lapicero por un fusil”, los mismos que hoy andan encapuchados, han bloqueado las entradas de Yumbo y están desparramados por todo el pueblo, incluso, a muchos se les ha recibido como héroes de guerra y a esta hora se les atiende con improvisadas verbenas.

 A 200 metros de la curva donde se levanta la iglesia del barrio Puerto Isaacs, hay unos 30 hombres que han decidido instalar un retén. Un carro que salía de Cartón de Colombia fue detenido a punta de ráfagas, un obrero que se asomaba detrás de las rejas de Cementos del Valle fue herido en un brazo.

     8:00 p.m. Se han concentrado unos 50 integrantes del M-19 en el parque. Entre las personas Rosemberg en rueda de prensa en el atrio de la Iglesia de Yque asedian a Pabón está el grupo de periodistas que esperaban sobre las 6:30 en Lucerna. Ligia Riveros le pregunta al Comandante Uno: “¿No le preocupa que después de este operativo llegue el Ejército y la ciudadanía sufra?”. “Sabemos que ellos van a reprimir a la población como siempre, ¿o es que no hay hambre y miseria todos los días? Hoy estamos rindiéndole homenaje a Yumbo, éste es un día de paz y democracia”, contesta el Comandante Uno.    

 8:30 p.m. El parque Belalcázar parece un coliseo de ferias, hay gente de todo tipo regada por sus andenes. Se ha extendido la tertulia entre el público y los comandantes, conversan de corrupción y revolución, ellos responden con una responsabilidad de docentes en plena cátedra. De pronto, Montes de Oca mira pasar a la altura de su axila derecha, a un yumbeño agachado, este personaje se logra colar, ahora mira de frente a Pabón y a Pizarro y les comenta con tono exigente: “Ustedes hablan de corrupción, pero los corruptos están allá”, formando un ángulo de 45 grados con su mano derecha y señalando la alcaldía, como revelando un secreto.

 Pabón les ordena a unos cinco rebeldes con capuchas que se dirijan a las oficinas de la Alcaldía y las incendien. Los cinco jóvenes se alistan a cumplir su tarea con entusiasmo infantil. Salen ordenados en una fila horizontal, rompen vidrios y tiran bolas de fuego hacia adentro, la Alcaldía se consume.

 El profe del Colegio Mayor acaba con lo que será su despacho por dos años desde enero de 1998. Es posible que varios de los que se encargan del incendio sean algunos de sus secretarios y dirigentes cívicos.

 9:00 p.m. La llegada de guerrilleros es constante y las personas que viven la toma desde el parque se han familiarizado con el ruido de la guerra. Llegan un jeep, la camioneta Toyota y un furgón en el que Montes de Oca lee “Trasteos La Cuidadosa”. Encienden motores, los hombres se suben, no sin antes cerciorarse de que todo lo que se trajo se lleve de nuevo. Los últimos en abordar son dos ‘sin cara’ que izan la bandera del M-19 en una de las astas de la esquina del parque.      

9.30 p.m. La bandera quedó quieta, con el fondo de la Alcaldía ardiendo. No hay viento que la Izada de la Bandera del M-19 en el parquemueva ni que apague las llamas. Con francotiradores y retenes en las dos entradas de Yumbo, con tachuelas a las afueras del batallón Pichincha, el M-19 logró entrar y atacar la estación de policía en la carrera quinta con calle octava, a dos cuadras del parque Central, de un municipio sin cordilleras o zonas montañosas cercanas, ubicado a 35 minutos del batallón Codazzi, de Palmira; a veinte del Pichincha, de Cali; a una hora del Palacé, de Buga, tal y como lo reseñaron los medios de la época.  

 Los periodistas han quedado despistados. Agarran a un dirigente cívico a preguntas, a una de éstas él contesta: “¿Por qué se aterran que la población haya aplaudido al M-19? El olvido de los gobernantes ha sido centenario y la gente está cansada de ser pisoteada”. Luego da una lista larga de argumentos: “Tenemos 70 mil habitantes y el más alto índice de mortalidad infantil de Colombia. El más elevado grado de polución latinoamericano. De las 57 fábricas que operan en el municipio sólo unas pocas pagan impuesto de industria y comercio. Tenemos doce mil personas sin empleo, a pesar de las 541 empresas registradas aquí. Quien tiene cédula de Yumbo está vetado por temor a que sea guerrillero. Las calles están llenas de huecos; el agua del acueducto no es purificada y hay barrios que sólo la reciben un día al mes. El presupuesto es de 500 millones y se esfuman como humo, no existe gabinete municipal…”

 11:00 p.m. Montes de Oca fue a su casa, se cambió de ropa, regresó al parque a esperar la ruta que lo lleva hasta Cementos del Valle, y de nuevo se dirige a su casa. En el camino se encuentra un vecino al que le cuenta. “Salí a esperar el bus pero no se veía un solo carro. Apareció un pelotón de soldados y me dijeron: ‘No vamos a responder por nadie, váyase a su casa. No hay buses’. Por eso me devolví”. Yumbo amanecerá con 42 muertos, siete subversivos, tres policías. ¿Y el resto?

 Don Álvaro desiste de su idea de ir a trabajar, cuando pasa por mi casa mira unas bengalas a lo lejos, como en señal de despedida. Algunos guerrilleros han emprendido la huida hacia el río Cauca, detrás del barrio. La toma ha terminado. Yo sigo durmiendo.

     

* Nota del Director: La crónica que publicamos fue escrita por Luis Fernando Riascos en su época de estudiante de Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Occidente y publicada inicialmente en la revista de esa universidad. Tuvimos referencia de ella por intermedio de Hernán Peláez Restrepo, director de La Luciérnaga de Caracol Radio, quien hizo una crítica favorable a esta crónica.

 Para ww.todosesupo.com es un honor compartir la reconstrucción de este hito histórico en el devenir de Yumbo. En aquellos años, Luis Fernando Riascos ya mostraba la calidad en su escritura.

 Fotos: Daniel Jiménez, revista Cromos. Edición 3475, 21 de agosto de 1984.

http://todosesupo.com/2013/08/lecciones-que-otorga-la-memoria-el-cuento-de-la-toma-del-m-19-a-yumbo/

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25 marzo 2014 2 25 /03 /marzo /2014 13:39

 

 

Bogotá, Marzo 25 de 2014

 

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12 marzo 2014 3 12 /03 /marzo /2014 23:21

ESPADA     

Haciendo memoria y rindiendo homenaje a las mujeres y a los hombres que siguen siendo ejemplo para la historia  

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3rosas

 

ALVARO FAYAD DELGADO

(24/07/1946- 13/03/1986)

 

"Revolucionario siempre, fundador del M-19 y colombiano por excelencia, Álvaro Fayad fue proclamado unánimemente Comandante General de nuestra organización en el congreso de la Paz y la Democracia, celebrado en Los Robles a comienzos de 1985.

Se caracterizó siempre por su respeto profundo a la dignidad del hombre.

Severo y exigente consigo mismo fue riguroso en el cumplimiento de las tareas y el ordenamiento de las diferentes estructuras orgánicas al servicio de un proyecto nacional y masivo. Amigo leal hizo del humanismo y del respeto a la vida objetivo central de esta lucha por la democracia. Consecuente en todo, en la tortura. Ante el enemigo demostró la fortaleza y la honradez de un hombre de pueblo comprometido con la libertad y la justicia.

Conductor ejemplar, supo marcar los ritmos de cada proceso y percibir las propuestas políticas adecuadas para cada etapa. Hijo, padre y compañero amoroso, cultivaba en la ausencia, la esperanza del porvenir. Lector infatigable, supo también leer los poemas de la vida. Creativo y espontáneo, es forjador de esta nueva nación que nace en un país dividido y destrozado por la voracidad oligárquica. Colombia lo conoció en su afán por lograr nuevos caminos para la concordia nacional; en la búsqueda de una paz que naciera de la justicia social; en su marcha al encuentro de lo que somos como nación y como destino. Fue a los ministerios, al Congreso, a las directivas de los partidos políticos; habló con directivos cívicos y gremiales, con representantes del movimiento obrero, campesino e indígena, con obispos y militares, cantantes, teatreros, poetas fueron sus amigos. Tejedor de sueños, esperanzas y convicciones inquebrantables, creció al ritmo de la nueva nación. Aunque reservado no concebía el trabajo solo, siempre el amigo, el compañero, el colectivo, para escuchar la voz del otro y su sentir".

Carlos Pizarro

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9 marzo 2014 7 09 /03 /marzo /2014 11:06

PALABRAS DE DESPEDIDA

 

Comandante Gustavo Arias:

 

Boris"Verdad que la tarea que tenemos por delante es muy grande, Creo que no alcanza uno todavía a digerir todo eso. Pero también hay la seguridad de que en el rumbo que hemos dado a las nuevas estructuras de Dirección, al Estado Mayor y al Mando Central, seguiremos mejorando como organización y podremos volcarnos hacia nuestros compromisos con la responsabilidad que el momento histórico demanda. Es con esta seguridad que tenemos que seguir creciendo en medio de las dificultades al mejor estilo de nuestra estirpe bolivariana. Indudablemente ha sido dura la desaparición de los comandantes Álvaro Fayad e Iván Ospina, de Luís Otero, Andrés Almarales, Israel Santamaría y de tantos compañeros con quienes vimos nacer esta organización; hombres que dejan un gran vacío pero que también nos dejan llenos de sus mejores cualidades y siguen aportando en este proceso. Y cuando uno ve la solidaridad del pueblo que nos acompaña en las malas y en las buenas, en las peores condiciones y en las mejores, se reafirma la seguridad del triunfo. La generosidad de ese pueblo que nos señala caminos, nos ofrece salidas y soluciones; tiene que ahondar también nuestra capacidad de comprender nuestras fallas, nuestras debilidades y aportes: entre todos y para todos. Como tenemos que aprender de ese pueblo mágico el sentido pleno de la unidad. Unidad que debe ser hoy más vigorosa y sólida que nunca.

 

No es sólo la unidad de la organización, sino la unidad con las otras organizaciones y la unidad del pueblo y con el pueblo.

 

Al pueblo tenemos mucho que aprenderle y para ello tenemos que ser más generosos, menos arrogantes, y más sensibles a todo hecho que beneficie la causa popular, que es la nuestra. Y dentro de éste espíritu unitario ver lo que el pueblo asimila con más facilidad, que es la unidad latinoamericana. De verdad, tenemos que profundizar en eso: y pensar más en la nación bolivariana que en la nación colombiana; más en la unidad latinoamericana; más en la Coordinadora Nacional Guerrillera que en el M-19... Sólo así podremos dar los siguientes pasos en la consolidación de la unidad guerrillera colombiana y de la unidad guerrillera bolivariana. Es lo que decía el Comandante Pizarro: diluirnos, fundirnos, sembrarnos en el continente, en aras de ser más americanos, más bolivarianos; en aras de cosechar eso que todos soñamos y añoramos. Claro que tenemos que fortalecer nuestra organización, pero mirando más allá de la mera unidad entre los mandos y combatiente. Nuestra unidad interna tiene que partir hoy de una profunda identidad alrededor del compromiso que hemos asumido. Porque en este momento, como en toda la historia del M-19, el mirar más hacia afuera que hacia adentro es lo que nos permite trascendernos a nosotros mismos. Trabajar por la unidad con obsesión es lo que nos ha permitido nuestros más altos logros. Entonces, despidámonos con este compromiso: unidad entre nosotros, unidad con el pueblo y hacia la nación bolivariana. Verdad que hay que trabajarla con pasión".

 

Comandante Marcos Chalita:

 

"Cuando estaba Bateman, creímos en Bateman. Cuando Álvaro asume la comandancia,Chali creímos en Álvaro. Y hoy creemos en Pizarro, en Boris, en Navarro... Pero también tenemos que hablar, compañeros, de esos millones de hombres que creen en nosotros como camino, como esperanza de futuro. Pienso que éste es el desafío y de verdad la tarea: hacer que muchos hombres en Colombia, América Latina y el mundo concreten ese ideal de todos los compañeros que luchan y han luchado por esta concepción bolivariana.

 

Nosotros aquí ya tenemos nuestras tareas definidas. Hemos analizado las experiencias y los saltos que hemos dado hacia el mundo; y sabemos que en ese mundo hay muchas virtudes que recoger… Entonces también tenemos que recoger, organizar, brindar mecanismos de participación a esos millones de personas que creen y esperan de nosotros. Uno se pone a analizar y ve que muchos hombres, muchos líderes, se han quedado por fuera de este proceso; que se han quedado porque las organizaciones revolucionarias no supieron conducir sus aspiraciones. Y somos nosotros los encargados de volver a ellos, recogerlos y darles su trinchera, su campo de trabajo. Es ahí donde vamos a encontrar, a reforzar, a los líderes y comandantes que va a requerir el proyecto bolivariano para cumplir todas las tareas que tenemos. Ha sido claro para nosotros que tenemos una simpatía muy grande, que tenemos el cariño, la decisión y la voluntad del pueblo de estar con nosotros. Pero nos hace falta. Y vamos a dar un salto muy grande en la medida en que podamos lograr el objetivo de la unidad real, estratégica, del movimiento guerrillero. Pienso que ahí hay muchos líderes, muchos hombres, muchos cuadros, que unidos en una concepción política, una concepción ideológica, una concepción militar, se pondrán al ritmo de lo que nuestro pueblo espera de todos nosotros y no sólo del M-19. Aquí no hemos hablado mucho del proceso político que están viviendo las FARC. Pienso que también tenemos ese desafío. Porque, aunque sea un período posterior, si logramos ir juntos, con ellos también, es fuerza que le quitamos al proyecto de la oligarquía. Aunque la oligarquía ya no tenga nada que ofrecerle al pueblo y a la nación, sigue siendo válido que a la democracia tenemos que ponerle más fuerza más propuesta, más unidad, más hombres y más decisión. Pienso que a Colombia entera, a los países bolivarianos y al mundo tenemos que entregarles, en hechos concretos, la unidad total del movimiento guerrillero y de todas las fuerzas que de verdad quieren una Colombia nueva, una Colombia para los colombianos y una Nación para la Nación".

 

Comandante Pedro Pacho:

 

FOT51"Hoy es 28 de abril, y hoy hace tres años murió Pablo. Y no cabía en nuestra cabeza hace tres años que pudiéramos ser lo que hoy somos. Creo que Pablo debe estar muerto de la risa viendo cómo los locos siguen: cómo el carrete cambia y se desarrolla. Si nos ponemos a mirar el desarrollo de estos tres años encontramos que el horizonte se nos ha abierto. Que realmente pasamos de ser esa pequeña y angustiante organización que subsistía por hechos de opinión, con la sonrisa y el soye, para convertirnos en una realidad política, militar, social, con proyección bolivariana; que hemos ligado y profundizado -todos los días más- nuestra participación con el pueblo; y que avanzamos no sólo como colectivo, sino que el proceso nos dio también la posibilidad de irnos encontrando como amigos. Y Álvaro, el amigo de Pablo y el amigo de todos nosotros, también debe estar celebrando con Pablo la profunda amistad que ha reinado en esta reunión. Esta siembra de hombres para el futuro, para los sueños y para esta realidad que se amplía cada día más, es el camino de los compañeros que se han quedado. Y se han quedado en la lucha, en el deber, en la voluntad nuestra, en todos son partes que rendimos, en el futuro... Y vamos a seguir entregándoles partes de victoria a nuestros Generales de la Victoria. A ellos y a nuestro pueblo que, con el Batallón América, ha desdibujado sus fronteras nacionales y comienza a tener un perfil continental.

 

Metámonos en la cabeza que somos hombres de futuro: para este continente y para el mundo; para un siglo XXI que se abre con la única posibilidad del cambio que le da América Latina. Porque no se lo pueden dar los totalitarismos ni los monopolios capitalistas. Y entonces le tocó a la pasión, a los sueños, al sentimiento, volcarse al futuro verdadero; hacer que los ordenamientos sociales que nunca han podido satisfacer al hombre como hombre, tengan que ser arrollados por la pasión y el sueño de nuestro continente. Nosotros somos eso. Y tenemos que asumirlo así. No como personas, sino como conductores, como voluntad colectiva, como transformadores… De aquí salimos con un ordenamiento que parece mínimo porque supuestamente es orgánico. Pero es un país, un continente, y un mundo el que espera de nosotros los nuevos partes de victoria. Y así haremos de las voluntades y enseñanzas de nuestros comandantes, sueños hechos realidad. Entonces realmente podremos descansar".

 

Carlos Pizarro Leongómez :

 

ImagenNoticia710"De verdad ha sido afortunado tener la posibilidad de reunimos, conversar y llegar al punto en el que -independientemente de que queden cosas sueltas- el darle una columna vertebral al esfuerzo nuestro de los próximos meses, está logrado. Creo que tenemos un mensaje vivo que llevarle a la organización porque entre todos encontramos el hilo que le da continuidad al trabajo de tantos años. Y también podemos tener la convicción de entregarle al país una conducción nueva, confiada de que podemos jugar el protagonismo que nos exige la historia de nuestro pueblo y la historia de América Latina. El optimismo que aquí reina, la decisión de jugar cada uno su papel y la responsabilidad que cada compañero aquí ha adquirido, debe ser trasmitida y generalizada al conjunto de la organización. Tenemos la seguridad de que ya no nos derrota nadie, de que ya no nos aleja de la historia nadie; y que simplemente nos toca demostrar en este período que podemos ser tan contundentes como el país espera de nosotros, renovadores en las ideas, de puertas abiertas para convocar a todos los protagonismos que en Colombia y América Latina quieren ejercerse. Todo este período de los últimos años ha demostrado a una juventud dispuesta a asumir su tarea al interior de la revolución colombiana. Caras nuevas, hombres que ayer no tenían ninguna responsabilidad y que hoy asumen responsabilidades profundas. En un momento decisivo de nuestra historia. Y lo que nos llama al optimismo es que cada vez hay más cuadros y más hombres jóvenes asumiendo estas responsabilidades. Hoy podemos decir que tenemos generales de 25 años; compañeros que maduraron mucho antes de lo que maduramos nosotros, por supuesto, rodeados de un clima mayor de victoria, rodeados de un optimismo más grande, pero también rodeados de exigencias mayores. Simplemente hemos apostado a nuestro pueblo y hemos recibido de él lo mejor. Y tenemos que seguir en ese mismo sentido. El futuro del M-19 está en su capacidad de abrirse, en su capacidad de convocar, en su capacidad de ceder responsabilidades. Y tenemos que estar a la altura de ese reto. Requerimos en todos los campos de nuestra actividad que los cuadros que tenemos estén desarrollándose y preparándose para ceder responsabilidades a los hombres que han formado. Por eso hemos buscado que en cada área todos se sientan a gusto. Y esperamos que se conformen equipos de trabajo donde se desarrollen las mejores afinidades. Que no tengamos que sufrir, en el período que viene, dificultades que -al lado de las tareas que tenemos- nos desgasten y debiliten. Nuestras tensiones tienen que ser originadas única y exclusivamente por el enemigo. Que hacia adentro sintamos que estamos en el hogar, donde se descansa, donde se comparte, donde nos relajamos; y podamos ir hacia el enemigo con todas nuestras energías, sin desgastarlas en pendejadas. Nosotros hemos hablado de que nuestra revolución es bolivariana, que nuestra revolución es democrática, que nuestra revolución es antiautoritaria, que nuestra revolución va a defender las libertades en este país. Nuestra revolución se va a centrar en el hombre. Y depende de nuestra capacidad de conducir la sociedad hacia allá, que la revolución sea de esa forma, de esa estatura. Cuando ocurrió la masacre de los Francos decíamos que si el destino de la revolución era esa tragedia colectiva que ellos mostraban, preferíamos no ganar. Porque no queremos cualquier tipo de victoria. Porque queremos llegar limpios a la victoria. Y este es el mensaje que tenemos que llevar a todos nuestros hombres. Por eso, saber convivir hacia adentro es ejercer la democracia hacia adentro y prepararnos para poderla ejercer en forma total hacia afuera.

 

Queremos un diálogo fluido entre nosotros. No queremos que el diálogo termine aquí.

 

Tiene que haber una corriente alterna de comunicación entre todos nuestros hombres. Nadie puede producir algo y no recibir una respuesta de estímulo, de comprensión, de dirección por parte de su mando. Y nadie puede sentir que carece de mando. Y para quienes quieran crear en la organización, para quienes estén dispuestos a intentar audacias al interior de la organización, para quienes quieran soyarse en el trabajo político, en la propaganda, en lo militar, en lo técnico, todos los recursos, todo el respaldo y toda la confianza.

 

Esa es la convicción que tiene que salir de acá. No queremos hombres maniatados, no queremos la imaginación metida debajo de la mesa; la queremos volcada sobre el país y queremos sentir que la organización que vimos nacer, la organización que se la jugó a un Cantón, a la embajada, al Karina, a Aeropesca, a Florencia, al Palacio, sigue vigente. No solamente porque nos gusta la audacia, porque nos sentimos hermanados en la audacia, sino fundamentalmente porque no tenemos otro camino para ganar. Ese núcleo de hombres, ideales, armas que es hoy el M-19, sólo puede pensar en la victoria con las mayores audacias; y pensar en la victoria a corto plazo; y pensar en el privilegio que nos representa el poder participar como protagonistas en la conducción de una sociedad para reconstruirla; para cambiar el papel que tenemos hoy de hombres lanzados a la destrucción de un viejo régimen y emprender un trabajo que es mucho más gratificante y feliz: el de construir una patria en paz, una patria con justicia, con democracia y con libertad. Y llegará el día en que podamos sentarnos, con la victoria entre manos, a recordar a nuestros hombres, a recordar a los amigos, a los comandantes que perdimos, a los héroes que hemos ido sembrando a lo largo del país. Creo que hasta ese día no sentiremos que hemos cumplido con ellos, ni sentiremos que llegó el momento del descanso para nosotros. Las despedidas son siempre difíciles. Que pese a la distancia, sintamos que estamos cerca, que estamos hermanados y compartiendo entre todos este quehacer de una revolución del tamaño de nuestros sueños. Elaboremos y reelaboremos aún mejor lo que salió de aquí y convoquemos a todo el mundo, en la organización, al espíritu que aquí hemos vivido. Siento orgullo de la organización que hemos construido. Y también agradecimiento por la confianza y la solidaridad que todos ustedes han expresado ante la Comandancia. Y deseémonos suerte, para que la mayoría de nosotros lleguemos a la victoria lo más rápido posible... "

 

Cauca, abril 28 de 1986

 

 

 

TRES RECTIFICACIONES NECESARIAS HACIA LADEMOCRACIA PLENA

 

Carlos Pizarro Leóngomez

 

Introducción

 

En abril de 1980 Jaime Bateman invitaba al Gobierno del Presidente Turbay, al Estado y al país, a la realización de un Diálogo Nacional que le permitiera a los colombianos otros caminos diferentes a la guerra para resolver los conflictos de la nación. En abril de 1989, nueve años más tarde, como la hora de las grandes rectificaciones, calificaba Carlos Pizarro la coyuntura colombiana, la veía como una “oportunidad implacable y hermosa” para iniciar en las postrimerías de este siglo una era de paz y de grandeza. Pero tales apreciaciones no se quedaban en el simple terreno de los enunciados, sino que las concretó en propuestas, como las contenidas en el mensaje a la Mesa de Trabajo para la Reconciliación Nacional. Desde Santo Domingo, Cauca, en abril de 1989, como un nuevo y trascendental paso en el proceso político hacia la Democracia en que estaba empeñado el Movimiento M-19, propuso el documento:

 

“TRES RECTIFICACIONESPARA UNA DEMOCRACIA PLENA”

 

1.- La Nueva Constitución que exprese en sus contenidos, sus formas y sus procedimientos, un auténtico TRATADO DE PAZ.

 

2.- El diseño de un Plan de Desarrollo Económico y Social concertado a nivel regional y nacional que se erija en la Carta de Navegación que guíe nuestro avance con optimismo y perseverancia hacia la prosperidad con justicia.

 

3.- La formulación nacional de una filosofía de convivencia, unidad nacional y soberanía, que oriente la definición de una política única para las armas de la República, que induzca un manejo democrático del orden público y restablezca el imperio de la justicia.

 

Hechos que aborden enérgicamente los requerimientos insoslayables de la actual pobreza y las expectativas de progreso de todos los sectores de la nación. Como:

* Hechos de convivencia, justicia y orden público.

* Hechos inmediatos en materia económica y social que hagan parte de un plan  de emergencia para la reconstrucción del país.

*  Hechos inmediatos de orden constitucional y en materia electoral.

 

Texto de la intervención del comandante del M-19 Carlos Pizarro Leóngomez durante la instalación de la Mesa de Trabajo para la reconciliación nacional en la Casa de Nariño.

Y debido a que, en toda la galaxia no habían hallado nada más precioso que la mente, animaron su alumbramiento por todas partes, se convirtieron en granjeros, en los campos de estrellas, sembraron, algunas veces cosecharon.

 

 EPÍLOGO ODISEA 2010

 

Compatriotas:

 

Con estas palabras de Arthur Clarke intentamos ubicar la exacta perspectiva de una oportunidad implacable y hermosa para Colombia: el inicio de una era de paz y grandeza.

 

No nos referimos al fugaz cuatrienio de un Gobierno sino a la construcción de un tiempo histórico que por la dimensión de las búsquedas y por sus objetivos posee la capacidad de seducir la voluntad de la nación. Estamos intentando abrir una pausa en nuestra historia de barbarie para que viva y vibre la inteligencia. En nuestras manos está transitar por un final de siglo violento o construir las bases de la nación que asombre al Universo, sueño de Bolívar.

 

Las puertas están abiertas para participar, en la definición de este dilema. Que el Dios de nuestros padres ilumine la gestión que se inicia y el pueblo sea solidario, activo y eficiente en la inquietante tarea de labrar su propio destino.

 

Nuestra mirada debe abarcar el horizonte de la próxima década, que definirá sin duda el lugar de Colombia en el Universo durante el siglo XXI.

 

Nosotros, los hijos de este siglo de grandes cambios a velocidad de vértigo, sabemos que el tiempo perdido en el presente es la condena definitiva a un mañana de subordinación, dependencia y subdesarrollo.

 

Llegó la hora de las grandes rectificaciones que nos conduzcan a afrontar con seriedad, realismo y profundidad la crisis colombiana. Partimos hacia la próxima década desde la crisis de todo y de todos. Esparcidas por nuestra geografía están las evidencias de los fracasos de las fuerzas aquí reunidas. Nadie puede dejarse confundir ante indicadores engañosamente positivos que ocasionalmente deambulan por la superficie económica y política del país. Nuestra enfermedad no se disuelve en breves y esporádicos estados de euforia de la patria toda, o de parte de ella.

 

Las rectificaciones deben partir de todos, haciendo nuestra la crisis e, igualmente, nuestras las soluciones.

 

Rectificar el curso del país y proyectar su desarrollo integral, implica entregar al pueblo la absoluta soberanía sobre su presente y su porvenir. Como reza la Declaración de los Derechos del Hombre: “La soberanía reside en el pueblo. Es una e indivisible, imprescriptible y no enajenable”. Más adelante continúa: “Porque el pueblo tiene derecho de reformar, revisar y alterar su Constitución. Una generación no puede someter a sus leyes a generaciones que le sucedan”. El pueblo es quien debe dilucidar en un gran debate nacional las tres grandes rectificaciones y los perfiles de los tres grandes temas de su historia actual:

 

1.- La Nueva Constitución que exprese en sus contenidos, sus formas y sus procedimientos, un auténtico TRATADO DE PAZ.

 

2.- El diseño de un Plan de Desarrollo Económico y Social concertado a nivel regional y nacional que se erija en la Carta de Navegación que guíe nuestro avance con optimismo y perseverancia hacia la prosperidad con justicia.

 

3.- La formulación nacional de una filosofía de convivencia, unidad nacional y soberanía, que oriente la definición de una política única para las armas de la República, que induzca un manejo democrático del orden público y restablezca el imperio de la justicia. Sólo en un marco de garantías reales a los Derechos Ciudadanos superaremos el ciclo recurrente de la violencia política y social que es nuestro pasado y amenaza ser nuestro futuro. Este debate nacional no puede ser caótico ni excluyente y menos aún in-terminable. Las Mesas de Trabajo que hoy instalarnos deben idear con imaginación y sentido pragmático los procedimientos que nos permitan encauzar el debate y conducirlo a un marco de consenso satisfactorio, de tal forma que su aprobación sea el mandato del pueblo para los próximos Gobiernos y para los ciudadanos durante la próxima década. La conclusión de este debate es un pacto social que debe ser legitimado plenamente en Plebiscito a realizarse en marzo de 1990. Este proceso por sí mismo anima la Democracia colombiana haciéndose más sabia, serena y participativa. Pero las urgencias de la nación exigen hechos inmediatos que amplíen el clima nacional de distensión y preserven la vida, entreguen garantías a la participación y conjuren los vicios del sistema electoral; hechos que aborden enérgicamente los requerimientos insoslayables de la actual pobreza y las expectativas de progreso de todos los sectores de la nación.

Los hechos inmediatos que la patria requiere, son:

 

Hechos de Convivencia, Justicia y Orden Público

 

En esta Dirección proponemos:

 

1.- Establecimiento de un Tribunal Especial responsable de investigar y juzgar delitos políticos, genocidio y crímenes contra los derechos de opinión, organización, y contra el libre ejercicio de la justicia.

El Tribunal estaría integrado por miembros de:

La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia

La Procuraduría General de la Nación

La Dirección General de Instrucción Criminal, y

El Tribunal Superior Militar

Este organismo de justicia contará con la seguridad necesaria, los recursos suficientes y con su propio cuerpo de policía judicial.

 

2.- Reglamentación de autodefensas y disolución de grupos paramilitares, para lo cual se necesita:

Identificar públicamente los organismos de autodefensa que operan con autorización de las Fuerzas Armadas.

Autorizar la organización de autodefensas que protejan la vida, honra y bienes de los ciudadanos integrantes de Juntas Cívicas, de agrupaciones sindicales y políticas que han sido objeto de amenazas y atentados.

Disolver, con los instrumentos que prevé la ley, los grupos paramilitares que operan como agentes de terror y de justicia privada.

 

3.- Estudio de fórmulas para el establecimiento de diálogo directo con los grupos armados de derecha que tengan voceros reconocidos y con capacidad de comprometer a la fuerza que dicen representar; siempre y cuando demuestren que persiguen objetivos políticos y prueben con gestos y hechos su voluntad de paz.

 

4.- Creación de una comisión No Gubernamental, de alto nivel, para explorar soluciones políticas, jurídicas y económicas al agudo problema del narcotráfico y establecer una agenda de diálogo directo de esta comisión con los Jefes de los carteles.

 

5 - Derogación del Estatuto Antiterrorista.

 

6.- Aplicación inmediata, por todas las partes, del Derecho Internacional Humanitario, contenido en los Convenios de Ginebra de 1949; ratificación en el Congreso de los Protocolos de 1977. Conformación de una VEEDURÍA integrada por la Procuraduría General de la Nación y el Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos, que vele por la aplicación de este acuerdo.

 

Hechos inmediatos en materia económica y social que hagan parte de un Plan de Emergencia para la reconstrucción del país

 

1.- Ampliación del Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES), incluyendo representantes de los gremios de la producción, de los sindicatos, agremiaciones campesinas e indígenas, la universidad, asociaciones de profesionales, cívicas y representantes del Parlamento, con el fin de contribuir al Plan de Emergencia para la Reconstrucción del País y de iniciar la concertación de un Plan Decenal de desarrollo económico y social.

 

Modificación, en los mismos términos, de los Consejos Regionales de Política Económica y Social.

 

2.- Implementación de un programa extraordinario de Producción y distribución de alimentos, tendente a incrementar su oferta y abaratar el costo de vida. Este programa debe incluir la ampliación de líneas de crédito barato; condonación y reestructuración de deudas, disminución de costos de insumos y maquinarias; subprogramas de infraestructura, riegos y adecuación de tierras; seguro de cosecha, fomento a la construcción de centros de acopio y conservación de alimentos. Creación de cinturones verdes de producción de alimentos en zonas suburbanas.

 

3.- Implementación de un plan de Vivienda de Urgencia que contemple: Relocalización de los habitantes de zonas de alto riesgo. Declaratoria de las áreas vacantes y de los lotes de engorde como zonas de desarrollo prioritario.

 

Definición de un “Plan Nacional de Vivienda del ICT y del BCH”, en zonas de desarrollo prioritario. Reestructuración de las deudas de los adjudicatarios de vivienda que hoy se encuentran en condiciones de morosidad frente a entidades públicas y privadas.

 

Redefinición del sistema UPAC. Plan de autogestión concertado entre Gobierno, productores de insumos para la vivienda, organizaciones de vivienda y comunidades, que permita la organización de programas de autoconstrucción y montaje de centros de acopio y distribución de materiales.

 

4.- Aumento semestral del salario mínimo y regulación concertada entre Gobierno, productores y consumidores, de los precios de los artículos de primera necesidad, para repartir así los costos de la inflación de manera más equitativa.

 

5.- Constitución de un FONDO NACIONAL PARA LA PAZ con el propósito de financiar el Plan de Emergencia para la reconstrucción del país (PERP) Dicho fondo podrá conformarse con:

Los recursos del Plan Nacional de Rehabilitación.

El establecimiento de un IMPUESTO DE PAZ, con tasas diferenciales según la renta y el patrimonio.

Consecución de Créditos Públicos blandos con entidades multinacionales. Destinación de los recursos obtenidos por expropiaciones y decomisos provenientes de todas las actividades ilícitas.

Destinación, por parte de las Fuerzas Armadas, de un 100% adicional de su presupuesto actual para inversión social cívico-militar.

Reestructuración de la deuda externa para liberar recursos con destino aeste fondo.

 

Hechos inmediatos de Orden Constitucional y en materia electoral

 

1.- Devolución de su soberanía al pueblo para reformar o cambiar el ordenamiento político de la República. Esto requiere la derogatoria del Art. 218 de la actual Constitución y la aprobación, en votación de las dos Cámaras, de los artículos que instituyen el Plebiscito, el Referéndum y la posibilidad de convocar una Asamblea Constituyente. Esta votación se podrá efectuar en el mes de agosto de 1989.

 

2.- Definición de un procedimiento democrático para la elaboración de la Nueva Constitución.

 

3.- Convocatoria a un Plebiscito Nacional que reforme el sistema electoral, contemplando los siguientes puntos:

 

  • Elección presidencial a dos vueltas.
  • Sufragio universal secreto y obligatorio.
  • Creación de la circunscripción electoral nacional.
  • Financiación estatal de las campañas electorales.
  • Destinación de espacios en los medios de comunicación masiva para los partidos en campaña electoral.
  • Tal Plebiscito podrá celebrarse el 12 de octubre del año en curso.

 

El objetivo de nuestro itinerario es la Paz, es abrir caminos de Democracia y de justicia social. No queremos nada para nosotros, distinto a participar en las conquistas de todos. No aspiramos a ninguna prebenda ni privilegio, no venimos a negociar principios ni a morigerar banderas; no venimos a entregar  programas o armas. Lo que está sobre la mesa es la búsqueda de un gran pacto que resuelva el conflicto armado y dé respuesta a las demandas vitales de nuestro pueblo.

 

Pretendemos que pare la guerra, que pasemos a un período en el que no impere el signo de la confrontación armada; no es nuestro empeño pactar pequeñeces para que todo siga igual o para que la guerra en su actual desarrollo se escale a niveles superiores; estamos por la desmovilización de las agrupaciones armadas de todos los signos y nos comprometemos a marchar hacia nuestra propia desmovilización como parte del avance del itinerario de democracia.

 

Esto significa que en este proceso, para que sea integral, se requiere el concurso de las fuerzas institucionales y extra institucionales que definen hoy la vida de la nación. Se necesita el concurso de las organizaciones integrantes de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, así como el del conjunto de las Fuerzas Armadas; el aporte de los partidos con representación parlamentaria y el de los que no la tienen pero que se legitiman en su capacidad de movilización, de representación y en la búsqueda de alternativas nacionales; se necesita el concurso del Gobierno y de sus opositores y la presencia activa de las organizaciones sociales, nacionales y regionales.

 

Las Mesas de Trabajo que instalamos son un instrumento para aportar a la construcción de un gran Pacto Social. Hablamos de las mesas en plural, porque aspiramos a que se constituyan muchas, tantas como lo indiquen los temas y lo reclamen los protagonistas nacionales y regionales.

Las mesas son escenarios de diálogo para concertar sobre asuntos particulares y generales, sobre cuestiones locales, regionales y nacionales.

Aspiramos a que estas Mesas, como las demás instancias que resulten en el proceso, redunden en determinaciones con capacidad ejecutiva, en acciones concretas para el bienestar de la comunidad.

Queremos ir tan rápido como lo exigen las necesidades de la patria que parecen tiradas al garete, pero sin los atropellos que terminan por desbaratar lo que se ha hecho. El país sabe que este es un complejo tejido que se debe construir con paciencia porque lo pretendido es una paz democrática estable y duradera y no una simple escaramuza para agregar a los balances anuales o a los discursos electorales.

Los terrenos de Colombia están minados y todos los que aquí concurrimos debemos comprometernos a caminar al ritmo necesario para desactivar y sembrar.

En el derrotero de los diálogos y de las Mesas de Trabajo, sería conveniente proponernos presentar un primer paquete de propuestas antes del 20 de julio próximo y las formulaciones para el gran pacto social en fecha coincidente con el cierre de las sesiones parlamentarias.

La Plenaria de las Mesas, realizada bajo una forma adecuada, es un evento que podrá ayudar a darle contenido democrático al paquete de julio y a la propuesta de pacto.

 

Para el eficaz funcionamiento de las Mesas de Trabajo, es importante el aporte que puedan hacer organizaciones como la CUT, la ONIC , la Unión Patriótica, los Movimientos Cívicos y los Partidos que no tienen representación parlamentaria.

Así mismo entendemos que es una coordinación propuesta en primer término para hacer más eficientes las gestiones que con todo derecho y autonomía se vienen realizando desde el movimiento armado, des de los partidos, o desde la iglesia, única entidad capaz de tutelar legítimamente este proceso.

 

También se destaca en el panorama de la Paz la declaración conjunta de tres destacados componentes de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar  FARC, ELN, EPL, en la cual reiteran el pronunciamiento de la Tercera Conferencia a favor del diálogo directo de la CCSB con el Gobierno; en igual sentido se han manifestado diáfana y públicamente el Quintín Lame y el Partido Revolucionario de los Trabajadores, PRT. La Comisión integrada por diversas personalidades a manera de “Promotora de Paz”, está llamada a prestarle valiosos servicios al proceso en sus diversos desarrollos y en particular a las mesas de Trabajo. La agilización de sus gestiones encaminadas a constatar la voluntad de las agrupaciones que han declarado el cese unilateral y analizar los alcances de las propuestas de otros sectores, adquiere hoy urgencia especial para que se avance en un procedimiento integrador que permita la confluencia en una sola mesa de Trabajo.

 

Compatriotas:

 

Aquí estamos, porque nos alienta la confianza en las virtudes de esta nación mestiza, en la imaginación despierta de nuestro pueblo, en la tenacidad que nuestras mujeres han sembrado en esta raza. Debemos desandar los caminos infortunados de los egoísmos oligárquicos y eludir los callejones sin salida del autoritarismo. Debemos usar con generosidad la inteligencia de nuestra estirpe para desalojar los excesos explicables de esta lucha en la cual todos hemos querido defender la existencia de la pluralidad, identidad de nuestra democracia. Aquí no habrá más guerras que las de unos contra los otros y ésas son como matar la madre.

Es el General en su laberinto que observa con lucidez nuestras pequeñas guerras.

 

Colombianos, saldemos cuentas con nuestro pasado. Actuemos con honor, que se cumpla al fin en Colombia con la palabra empeñada y con coraje regalémonos, todos, la dignidad de luchar juntos por un mañana!

Muchas gracias.

 

Carlos Pizarro Leongómez 

Ciudadela de la Paz de Santo Domingo, Abril 3 de 1989.

 

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9 marzo 2014 7 09 /03 /marzo /2014 10:59

UNA REVOLUCIÓN ABIERTA AL MUNDO

Carlos Pizarro Leongómez

 PRESENTACIÓN

 

Hoy tenemos un nuevo parte de victoria para la nación bolivariana. Entre el 10 y el 28 de abril pasado, la Dirección Nacional del M-19, junto con las comandancias del quintín Lame y de Alfaro Vive Carajo, celebramos una reunión en las montañas del Cauca. Analizamos el momento y las perspectivas políticas del desarrollo de la democracia en Colombia, y los avances de la unidad bolivariana en este continente de futuro. Asimismo, evaluamos los esfuerzos realizados a lo largo del último año y afinamos los planes e instrumentos político-militares en función de las propuestas y exigencias del momento. Se trata de una victoria más sobre las fuerzas de la oligarquía, empeñadas en impedir la realización de este encuentro. Y lo hicimos en plena zona de guerra, en un plazo de veinte días, con el enemigo cercándonos y hostigándonos; corriendo todos los riesgos, es cierto, pero decididos a realizarla en Colombia y confiados en la capacidad de la Fuerza Militar de la democracia para actuar como defensora, como garante, de los trabajos de su dirección político-militar.

 

En medio del cerco vivimos la tranquilidad y la alegría que caracterizan estos encuentros de compañeros y amigos. Fue emocionante estar reunídos otra vez, repasar anécdotas y experiencias vividas, constatar los desarrollos, y también sentir la presencia agigantada de los hermanos ausentes. La imagen viva del comandante Álvaro Fayad nos acompañó en todo momento, llenándonos de su vigor, su creatividad, su convicción de triunfo y sus reflexiones.

 

 No tuvo la reunión el carácter de Conferencia Nacional del M-19, pero participaron gran número de miembros de nuestra Dirección y Comandancia. Buscando mantener ese espíritu de puertas abiertas que ha marcado nuestras últimas reuniones nacionales, hoy presentamos ante el país y el continente los contenidos generales y conclusiones de nuestra discusión, sintetizadas por el Comandante General del M-19, Carlos Pizarro Leóngomez.

 

Y por ello, esta Carta Nacional, concebida tradicionalmente como documento interno de la Organización, rebasa su propósito y tiene como destinatario a un país ya un continente. En particular convoca a las fuerzas del futuro de Nuestra América a unirse en el esfuerzo por darle sentido histórico a nuestras identidades como Nación latinoamericana. Es, en últimas, la marcha de otra generación de americanos hacia el nuevo mundo.

 

UNA REVOLUCIÓN ABIERTA AL MUNDO

 

Hemos realizado aquí un enorme esfuerzo de síntesis, pensando y repensando nuestra realidad, nuestros logros, nuestros vacíos y nuestras proyecciones.

 

Y todo indica que hoy debemos ser, construir y actuar como Gobierno: un Gobierno de mayorías que suscite nuevos protagonismos y nuevos liderazgos sobre el país, el continente y el mundo. Es urgente que nos comportemos como Gobierno, aún sin tener, todas las condiciones para su existencia real; aún sin contar con todas las fuerzas que tienen que participar en ese Gobierno y sabiendo que nosotros no copamos toda la democracia, pero que podemos actuar como catalizadores de nuevas formas de protagonismo político, militar, social, civil y cultural en nuestra patria y en América Latina.

 

Buscando a América

 

No basta hoy pensarnos en el reducido espacio de nuestras fronteras nacionales porque ya no es el tiempo de las revoluciones solitarias. Tenemos que pensarnos en función de América Latina, sólo en este marco continental podremos integrarnos en un proyecto que multiplica y universaliza nuestros esfuerzos, que no es mera sumatoria de fuerzas sino convergencia para el mañana, para la victoria. Pero nada puede vertebrarse sino a la luz de una nueva Nación, que rompe con visiones anteriores de lo que debe ser la revolución; que rompe con esquemas de Estados totalitarios, con esquemas clásicos de desarrollo y con visiones recortadas que se nutren de afanes economicistas. Es decir, hoy la nueva nación tiene que buscarse en la totalización de valores básicamente democráticos en el sentido pleno de la democracia que es participación mayoritaria y confluencia en torno a las aspiraciones colectivas.

 

Una democracia que no parte esencial ni exclusivamente de las referencias de otras democracias populares -que introducen esquemas diferentes en la organización del Estado y la sociedad- sino que busca caminos propios, distintos, originales en su esencia. En América Latina se exige de los revolucionarios que seamos capaces de desencadenar las fuerzas múltiples de nuestros pueblos, de apoyarnos básicamente en el alma de nuestras comunidades, en nuestros colectivos sociales, dándole énfasis a estos elementos como factor de equilibrio de las fuerzas que se mueven dentro de la sociedad. No se trata meramente de la búsqueda de una alternativa de Estado: es la búsqueda de una alternativa para los pueblos, para las naciones, que debe dar la luz para las formas de organización política, social y civil que más nos convengan. Es la búsqueda de una democracia que nos centre en el hombre y proyecte al hombre como entidad colectiva, enmarcada dentro del respeto a ese hombre y a esa voluntad colectiva transformada en comunidad y en fuerza. De ahí la convicción que tenemos de que la América Latina tiene que aportar algo nuevo a la humanidad; de ahí lo que nos dinamiza, nos hace optimistas y nos da fe en que realmente tenemos elementos para enriquecer los esfuerzos revolucionarios a nivel mundial. Porque la virtud de nuestro mestizaje racial, de nuestro mestizaje cultural, de nuestro patrimonio histórico, ofrece la perspectiva de una revolución que integre, de una revolución de puertas abiertas, abierta al mundo y no sólo centrada en sí misma como nación latinoamericana. Indudablemente, construir el sistema de valores, la ideología, la doctrina, la filosofía o los desarrollos éticos y estéticos de una revolución de esas características no puede ser asumido únicamente por tal o cual organización. Es tarea de todos. Y es un proceso que habrá de asentarse en experiencias concretas, con desarrollos y logros específicos; que retoma búsquedas anteriores pero también aporta algo original. Por eso hoy tenemos que volcarnos hacia afuera con mucho mayor vigor; hoy no podemos simplemente enarbolar las banderas de una organización determinada porque castramos la posibilidad de involucrar a un continente en este esfuerzo. Solamente entendiéndonos por fuera de nosotros mismos, trascendiendo lo que hemos sido hasta ahora, podemos ser más ese elemento sintético que hemos sido a lo largo de nuestra historia. Esta es la angustia, el tema que más se ha manifestado en el transcurso de nuestra reunión: cómo asumir plenamente nuestro papel de conductores y a la luz de qué. Por supuesto que no podemos perfilar aún totalmente los contornos de esa nueva nación; pero sí sabemos que es en la búsqueda de lo nuevo donde está la posibilidad de nuestros desarrollos futuros; y sabemos que sólo podremos ser conductores quienes motivemos hoy el protagonismo colectivo desencadenando las fuerzas de una búsqueda que tiene que ser masiva. Alguien comentaba aquí que debemos tener algo de la esencia de los conquistadores buscando un nuevo mundo, para no quedarnos amarrados a viejas propuestas y anteriores alternativas. Por supuesto que sin el carácter destructivo que tuvo la acción de los conquistadores sobre el continente. Pero sí con esa visión de buscar espacios nuevos, soluciones y territorios nuevos para la acción revolucionaria en América Latina. O como Bolívar, quien no fue conquistador de ninguna tierra, pero sí el hombre que en la búsqueda de la síntesis dinamizó los sueños y esperanzas del nuevo mundo; tener la capacidad de situarnos en una perspectiva distinta y de mirar la realidad con ojos nuevos es el reto permanente para todos nuestros hombres. Y eso pasa por la certeza de quedarnos dentro de una perspectiva muy nuestra; muy bolivariana, muy del M-19, muy de Alfaro; de buscar siempre la respuesta nueva a los efectos que producimos; de negarnos a encasillarnos, o a esquematizarnos, a regocijarnos en nuestras propias victorias; de sentir que el espacio conquistado es un espacio que puede abandonarse para adquirir horizontes más amplios y mañana regresar a él. Es no estar aferrados al pasado, ni siquiera en los más altos logros obtenidos.

 

Leyendo a Carlos Castañeda encontrábamos una reflexión esclarecedora.

 

Él dice que la conquista española destruye toda una cultura, pero que también, como fruto de ese proceso, se ofrece la revelación total de algo nuevo. Pensamos que eso es América Latina hoy: la búsqueda de esa revelación que nos totalice a todos los niveles. Tal es la búsqueda de los hombres de esta generación. No podemos quedarnos cortos ante ese desafío, ni podemos quedarnos en nosotros mismos. Entonces, todo lo que se traduzca alrededor de la búsqueda del cuerpo doctrinario, de las fuerzas políticas, sociales, civiles, militares, de los desarrollos culturales, éticos, filosóficos y estéticos de la nueva nación, es síntesis que permitirá la cristalización del protagonismo colectivo de la América Latina. Con este faro, aparentemente todavía lejano, tenemos que conducir todos los esfuerzos. Porque es lo que le da sentido y perspectiva a cuanto hagamos de inmediato, a la construcción de alternativas de gobierno para nuestros pueblos. Y que quede claro: no es ser Gobierno por la urgencia del poder  político; es ser Gobierno por la urgencia de conquistar el futuro al interior de una nueva nación que nos exprese, nos dé identidad y sentido histórico. Por ello tenemos que sentir una enorme fe en nuestros propios valores -esos que hemos desatado coherentemente sobre este continente- como instrumentos desmovilización, de organización y de lucha.

 

Ayer los esfuerzos nuestros podían estar enmarcados en el ámbito estrecho -y era urgente que así fuera- de la construcción de Ejército, de algunas opciones nacionales o de búsqueda de una paz inmediata para nuestro pueblo. Hoy nos movemos en un marco distinto. Por eso partimos de esta visión y confiamos en llegarles a los futuros e imprescindibles protagonistas de este proceso con una perspectiva que nos permite sumarnos, integrarnos y aportar como conjunto.

 

Pensar en el trabajo internacional en estos términos significa entregarle a los hombres que están desarrollando esa actividad una enorme responsabilidad: la de ir hacia las fuerzas de este continente. Dejar a los compañeros del trabajo internacional pensando en el M-19 o en el Alfaro Vive de hoy, pensando en sus necesidades de propaganda, o en las necesidades de la guerra misma -a nivel de su ejercicio concreto en un teatro de operaciones- es recortar la dimensión de su trabajo. Porque hoy tienen que potenciar todo su liderazgo, toda su capacidad de conducción como portadores de un mensaje nuevo, de un cuerpo doctrinario, como movilizadores de fuerzas de este continente que son parte de este proyecto y que indudablemente también deben potenciar todo su liderazgo. Hoy tenemos en el exterior a un equipo de hombres que es de lo mejor que tiene la Organización. Y esto es una ganancia enorme, pues es un esfuerzo que para nosotros es central. Porque en esta revolución que estamos planteando, el Batallón América y lo que nos significa, nos obliga a acercarnos de una manera distinta a todos los hombres y fuerzas que tienen que jugar un protagonismo en Nuestra América. Ya nuestros compañeros del trabajo internacional no son la estructura que propagandiza unas ideas para motivar la solidaridad internacional con Colombia, o para suplir nuestras necesidades logísticas. Estamos planteándoles una actividad distinta: porque es más lo que tenemos que ir a propiciar que lo que tenemos que recibir, así tengamos enormes urgencias logísticas, enormes urgencias de solidaridad...Hoy no podemos ser “anti-algo”, o ir a pedir algo: tenemos que llegar como portadores de una nueva concepción de la vida y del quehacer latinoamericano. Esto es algo que ya empieza a ser creído, según nos hace saber el Comandante de Alfaro Vive Carajo, quien ha trabajado como propagandista de estas ideas y esfuerzos. Y la presencia de Alfaro Vive en este proyecto, da la demostración de que sí es posible, de que no hay oportunismos pequeños ni hegemonismos fáciles al interior de esta búsqueda, sino que básicamente es el reencuentro de los latinoamericanos con lo que ayer fueron intentos de verdad heroicos por lograr la síntesis de una nueva nación latinoamericana.

 

Tal vez comenzamos sin tener mucha claridad sobre todos los significados de este esfuerzo que nos hemos propuesto. Cuando conformamos el Batallón América, ya andábamos en este sentido, pero indudablemente requeríamos de todo un proceso de vivencias y todo un ir y venir sobre lo planteado inicialmente, para encontrar las esencias de lo que nos propusimos y su enorme proyección. Por eso el Batallón América nos cambió sin darnos cuenta y surge como surge todo en una revolución, no como fruto de una reflexión histórica profunda y larga, sino como momentos intuitivos que recogen nuestros sentimientos más profundos y el mejor marco de nuestras ideas; que se lanzan y se ponen a prueba, y en sus propios desarrollos nos descubren nuevas ideas y nuevas realidades. De lo que sí tenemos la certeza es de que esto no fue un paso en falso; de que está comenzando a concentrar energías que mañana se revelarán en forma más espléndida de lo que hasta hoy se ha logrado.

 

Todo lo que hoy recogemos sobre esta experiencia a nivel continental es -pese a las prevenciones- atención, curiosidad. Y si vamos a nuestros pueblos, recogemos alegría dé verdad. Es una alegría serena porque se asume como algo familiar, algo propio. En ninguna casa campesina, de obreros, entre la clase media o la misma intelectualidad de nuestros países hemos sentido expresiones de fobia chauvinista ante la presencia de una fuerza bolivariana.

 

Por el contrario, es una identidad fácil y se asume como lo que se estaba esperando. Ciento cincuenta años esperándolo... Y nos toma por asalto; pero es tan natural ese asalto, que lo asumimos. Hoy la tarea es que el Batallón América no sea solamente el esfuerzo de las organizaciones actualmente comprometidas, sino que sea la concreción de la fuerza de la nación bolivariana y la esperanza de la nación latinoamericana en la lucha por una sociedad distinta, por una nación nueva y por la derrota del terrorismo, el racismo, el armamentismo, los nuevos colonialismos que hoy amenazan el destino de la humanidad.

 

Ser Gobierno para la nueva Nación

 

Por supuesto que la urgencia de la nueva nación y de concretar esfuerzos en esa dirección, no llegan como iluminaciones divinas ni como el trasplante de experiencias ajenas. Es fruto de la maduración de nuestros esfuerzos al interior de nuestros países y organizaciones. Y si bien pasa por el reconocimiento de lo que nos une, igualmente recoge, respeta y enriquece la diversidad como elemento vital en la construcción de la nueva nación. Entonces, nos surge la urgencia de darle respuesta a la nueva nación porque de alguna manera, a nivel nacional, sentimos la urgencia de tener un cambio y pasar definitivamente de ser oposición a ser Gobierno.

 

Esté propósito cambia a una organización y a unos hombres. Porque a partir de la configuración de un gobierno democrático como el que proponemos, la única alternativa de victoria es dentro del marco del más amplio consenso.

 

Ser Gobierno significa convocar fuerzas a que actúen como tal, a que participen, llenen de contenidos y se expliquen por qué nuestro Gobierno ha de ser de una determinada manera y no de otra; e implica -en la afirmación de que tiene que ser un Gobierno democrático desde ya-, un ejercicio pleno de la democracia. Sabemos que la nueva nación es la luz que permite ordenar el ejercicio, la existencia y el triunfo de ese Gobierno. Y esto integra los elementos que nos hemos planteado durante doce años como organización.

 

Porque los mejores valores del M-19 -recogidos de una permanente vivencia al lado de nuestro pueblo- están planteados ahora con la perspectiva de la nueva nación, que busquemos llenarlos de contenidos es una cosa, pero los elementos esenciales ya están planteados. Actuar como Gobierno implica también sintetizar y entregarle al país un sistema de valores que canalicen la voluntad de la nación alrededor de ese Gobierno. O, en otras palabras, recoger de una sociedad que tiene descuartizados sus valores, un sistema de valores que garanticen que el Gobierno expresa lo que la gente realmente quiere. Por eso, no es cualquier tipo de Gobierno: es uno que actúe a la luz de una nueva concepción de la vida e integre los valores que hoy están desgarrados y dispersos. Y como es un Gobierno que se basa y apoya fundamentalmente en el alma colectiva, tiene que desencadenar el protagonismo histórico de nuestros pueblos.

 

Sin eso no puede haber Gobierno democrático ni se puede aspirar a construir una nueva nación sobre la que ya hay.

 

Porque si ese Gobierno se plantea desde una perspectiva autoritaria -basado en el ejercicio de la fuerza y no del consenso, surge gastado, y tiene la derrota al frente. Por eso no estamos esperando a tener espacios de Gobierno para corregir esas expresiones antidemocráticas que perduran no sólo en las filas de la revolución sino fundamentalmente en todos los ámbitos de una sociedad que no ha conocido la democracia; estamos diciendo ejercer la democracia desde ya, aún antes de la construcción de esos espacios de Gobierno destinados a potenciarla en todos los niveles de la vida colectiva. Y sabemos que en la concreción del consenso y del sistema de valores que lo inspira, está la fuerza, están los puntos de apoyo para poder cumplir con las demás tareas que requiere el ser Gobierno.

 

 No es cualquier opción a la que la gente le camina hoy en día. La gente no está buscando entre dos males el menor; ni la gente se va a subir al carro de la revolución porque en un momento determinado se pueda derrotar militarmente al enemigo. Es decir, no es sólo la victoria la que mueve a la gente; es un universo más amplio en el que la gente pueda ejercer un protagonismo activo.

 

Durante períodos anteriores el esfuerzo central fue la construcción del Ejército; y gran parte de los conductores de la Organización tuvieron que asumir las tareas para que ese Ejército fuera posible; gran parte de las energías, los recursos, se destinaron hacia eso. Hoy ya no es ésta la tarea básica, si bien el Ejército, la confrontación militar, sigue siendo el elemento neurálgico de cuanto pasa. Pero ya no podemos seguir hablando de la creación de ejército como actividad que materialice el esfuerzo de la mayoría de nuestros cuadros.

 

Hoy el ser Gobierno desborda también nuestras expectativas de Ejército.

 

Y si hasta ayer la tarea central de la Organización fue la construcción del Ejército, hoy ese Ejército lo tenemos. Tener Ejército permite plantearnos ser Gobierno, pero también sabemos que ese Ejército no puede desarrollarse sino a la luz del marco general que estamos, planteando; que ese Ejército tiene que alimentarse a partir de nuestra actividad como Gobierno, y tiene que crecer a partir de nuestra actividad como nueva nación, o como nación en proceso de forjarse.

 

No podemos resolver ninguno de nuestros problemas sino con esa perspectiva.

 

De lo contrario, es condenar al Ejército a una confrontación de aparatos que a la larga, todos lo sabemos, desgasta sus posibilidades de transformar la realidad. En este período nuestro Ejército tiene que ser desbordado con prácticas nuevas, sin perder -por supuesto- la perspectiva de que en la destrucción de un viejo régimen, la actividad militar de la revolución  concretada en la actividad de su ejército- es tarea central. Lo militar mantiene su enorme importancia, ordena y da posibilidades a todos los demás esfuerzos. Pero repito: hay que comprender que no basta con tener una actitud de ejército, que no bastan las victorias militares para concretar nuestros esfuerzos. No podemos construir la retaguardia por fuera del contexto de ser Gobierno, ni las victorias militares sirven, si no es garantizando algo en ese sentido; porque nuestro pueblo no se va a vincular masivamente al esfuerzo de ejército si no es planteándolo dentro de la perspectiva de ser Gobierno.

 

Una solución viable a la crisis: que las mayorías seamos Gobierno

 

Esto de lo que venimos hablando obviamente ordena nuestras tareas frente a la situación del país. Hoy el propósito nuestro como fenómeno político tiene que apuntar básicamente a solucionar la crisis nacional. Sabemos que la oligarquía colombiana se ha mostrado incapaz y sin voluntad para resolver el problema que su misma dominación genera. Por eso utilizan la venida papal como distracción frente a una situación en la que ya nada tienen que hacer; por eso todos sus esfuerzos en paralizar y neutralizar las fuerzas interesadas en solucionar esta crisis; y por eso sus mensajes no son aportes de solución, sino propuestas de remiendo y justificaciones del “no se puede”.

 

El intento de solución de la crisis -dentro de la perspectiva oligárquica- se hizo con Belisario y fracasó. Fracasó porque fue tramposo y fue un intento que negó sistemáticamente la participación de las mayorías. El pueblo sabe que la oligarquía ya nada tiene que ofrecerle y que las alternativas de solución planteadas por la minoría son falsas. Y aun esa última expresión renovadora que significaba Galán para dar alguna ligazón a la oligarquía en la solución de la crisis, se rompe al renunciar Galán a asumir a fondo los desafíos que su misma propuesta había generado. Hoy surgen nuevos protagonismos en la búsqueda urgente por solucionar los conflictos nacionales.

 

Desde la propuesta del grupo de Uribe Rueda, pasando por todos esos organismos de base y fuerzas que plantean no demandas sino soluciones concretas, y llegando hasta la C.N.G., el período está marcado por la búsqueda de un nuevo consenso, la necesidad de construir un nuevo Gobierno y el plantear nuevas alternativas para solucionar la crisis.

 

En este período ya no buscamos la negociación con la oligarquía. Ya no es la actitud que teníamos durante el período del Diálogo. Ahí estábamos buscando la negociación con la oligarquía en aras de una concertación nacional que permitiera solucionar la crisis por vías distintas al desangre nacional. Y en ese esfuerzo, los principales protagonistas y ejecutores en la solución de la crisis, eran ellos. Y nosotros los reconocíamos como los gobernantes. El esfuerzo de consenso tenía que gestarse a partir de su actitud, de su disponibilidad a la apertura, y el nuestro era negociar la presencia de nuevas fuerzas en «el intento de solución de la crisis. Hoy es diferente. Hoy estamos reuniéndonos -al menos en cuanto a propósitos- y vamos a reunirnos con una cantidad de nuevas fuerzas sociales y políticas para construir un nuevo consenso, para plantear nuevas soluciones a la crisis y para convocar a un nuevo Gobierno.

 

Pensar hoy en cualquier salida a nuestros problemas por fuera del ser Gobierno, nos empantana: ninguna propuesta puede alejarse de eso. Este Gobierno puede existir y puede existir a corto plazo y en ello vamos a poner todos nuestros esfuerzos.

 

Un Gobierno como lo pensó Bolívar en los Llanos: en la convocatoria de los protagonistas y en ejercicios políticos concretos; no porque contara con zonas liberadas; no porque su Ejército hubiera destruido ya al Ejército contrario; no como Estado; sino por la decisión política de un grupo de hombres representativos y de un Ejército de ser Gobierno. Así lo vamos a ofrecer al país, para pronto, con un primer hecho de Gobierno: con sus actos y decisiones.

 

Que eso implica contar con espacios concretos: pues tenemos que crearlos. Entonces, que nuestro esfuerzo militar, político, propagandístico, orgánico, garantice el espacio de Gobierno necesario para que unas fuerzas -más amplias que nosotros mismos- puedan hablarle al país como Gobierno, que tomen decisiones de Gobierno y enfrenten, como gobierno, al desgobierno que pretende institucionalizar la oligarquía el 7 de agosto próximo. Y que comience la pugna entre dos Gobiernos: el que defiende la democracia como proyecto histórico y como eje de la nueva nación, y el gobierno antidemocrático, autoritario, oligárquico que expresa a las fuerzas regresivas de esta sociedad. Para el logro de este objetivo requerimos de planes que nos permitan pensar no sólo a la Organización, sino a todas las fuerzas involucradas en este esfuerzo. Tiene que haber un eje que ordene nuestra actividad y la de todos los hombres que en este país buscan una nueva nación y tienen un puesto que ocupar en el nuevo Gobierno.

 

Requerimos del mensaje claro alrededor  del cual se organicen los pregoneros de la nueva nación y se articule la labor  propagandística; requerimos del concurso de la inteligencia de este país y de objetivos precisos para que la energía creadora de esta gente se pueda canalizar en propuestas concretas enmarcadas dentro de los propósitos señalados.

 

Que las energías contenidas en el liderazgo de todos los que tienen algo que decir y algo que hacer en este país, se desborden en la búsqueda de objetivos concretos y en estos logros nos permitan proyectarnos sobre horizontes mucho más amplios. Y tenemos que garantizarnos la retaguardia: desarrollando los elementos de retaguardia que ya existen en nuestro interior; pero entendiendo que esa retaguardia a nuestro interior es frágil -y siempre lo será- porque los recursos de que puede disponer son limitados; que toca desplegar mayor originalidad para resolver los problemas de nuestra revolución. Sin fronteras amigas, nos toca hacer un poco lo que a los combatientes de Sierra Maestra: trabajar y profundizar los espacios de retaguardia en el interior del país.

 

El plan militar y sus desarrollos han de concretar en logros de Gobierno cada paso que demos. No podemos ya dejar sujeto nuestro esfuerzo militar al arbitrio de las circunstancias; tenemos que buscar dar saltos y lograr un espacio de la región, que es espacio de Gobierno. No podemos dejar nada suelto, y si no consolidamos la región militar, como tal, el espacio de Gobierno no tiene posibilidades de asentarse. Pero tampoco podemos permitir que el enemigo nos condene a una guerra de desgaste interminable. Nuestra obsesión y compromiso es ganar esta guerra al menor costo y en el menor tiempo posible. Y de ahí que lo mejor de nuestros esfuerzos tiene que dirigirse a garantizar que la unidad en el interior de la revolución colombiana siga dando pasos ciertos para el desarrollo de este proceso, como lo ha venido haciendo hasta ahora con la Coordinadora Nacional Guerrillera.

 

Pero sus esfuerzos deben concretarse y materializarse en cosas tangibles; que la unidad se sienta en el país como un ejercicio real de Gobierno; no como la unidad de las izquierdas, que no dice nada. Tenemos que dinamizar la unidad con ese significado; para que los jefes de las organizaciones guerrilleras en Colombia sean parte del Gobierno democrático que nos queremos dar, y no simplemente los conductores de pequeñas entidades orgánicas o la expresión de la marginalidad de la izquierda colombiana. La Coordinadora tiene que evolucionar hacia eso: a ser parte del nuevo Gobierno que está naciendo; a ser el núcleo con el que se empieza a ser Gobierno, para que el nuevo Gobierno pueda desarrollarse e ir aumentando su cobertura con la presencia de futuros y necesarios protagonistas que representan a más fuerzas que se mueven en Colombia y que aspiran al cambio. Hay urgencia de que en la C.N.G. nos vayamos acercando en el campo de lo doctrinario y de lo que queremos para nuestra sociedad, para la nueva nación, de tal manera que lo que hoy es coordinación de esfuerzos militares, pueda traducirse en identidades mucho más profundas en términos de ideales, de propuestas políticas, de propuestas para el conjunto de los fenómenos sociales, ya hay logros por supuesto: el simple hecho de manifestar coincidencias éticas en torno al Ricardo Franco, significa que hemos ahondado en ese sentido; y más aún: la aceptación de una plataforma mínima de lucha, la convocatoria conjunta a la Asamblea Nacional Popular, y la serie de tareas organizativas que hemos emprendido en forma bilateral o multilateral, no son sólo pasos, sino un camino abierto para la revolución colombiana.

 

Pero hoy el enemigo nos está exigiendo que introduzcamos más afanes militares en el seno de la C.N.G. Porque el enemigo ha desatado la guerra, ha decidido el aniquilamiento de nuestras fuerzas, y nosotros no podemos mantenernos impasibles ante tamaño desafío. Mantenernos en la realidad actual es conformarnos con una eventual derrota; porque el aniquilamiento de cualquiera de nuestras fuerzas significaría el atraso -por quién sabe cuántos años- de los esfuerzos transformadores de cuantas organizaciones revolucionarias hay. No podemos vernos como fenómenos marginales y disgregados y tenemos que asumir, con todas sus implicaciones, que totalizar en este nivel requiere de transformaciones profundas en el interior de nuestras propias filas.

 

En el interior de la C.N.G. ya se mueven todas estas inquietudes y algo hemos hecho en este sentido. Hoy es clara la certeza de que todos apuntamos en la misma dirección; cada uno con énfasis en unos u otros elementos, pero todos buscamos la transformación de la patria. Lo que no puede haber hoy son desarrollos tan desiguales en el terreno de la confrontación militar. Toca acomodarnos a todos, a los desarrollos de todos. Lo que no puede haber hoy son fuerzas que enfrentan al Ejército de conjunto, a sus unidades élite, a sus tanques, helicópteros y aviones, y fuerzas guerrilleras andando al ritmo de una revolución que va a nacer dentro de muchos años.

 

Esos dos ritmos son incompatibles y nos condenan a la derrota. A unos porque dejan a unas fuerzas solitarias enfrentando el poder del enemigo, lo cual produce un desgaste progresivo; a los otros porque la quiebra del ritmo de quienes están sosteniendo el peso fundamental de la guerra, conduce a que no puedan adquirir el ritmo de la guerra y de la victoria en los tiempos en que lo exige hoy la revolución colombiana.

 

La unidad es fundamental y es un hecho histórico lo alcanzado hasta ahora. Pero su proyección está dada en la medida en que podamos convertir todos los esfuerzos de la Coordinadora en acciones orientadas hacia actos de Gobierno, hacia la concreción -entre todos- de espacios de Gobierno, y hacia la construcción del Ejército único como eje y columna vertebral de todo el esfuerzo.

 

Hoy eso es berracamente posible: la C.N.G. es de los grandes logros de la revolución colombiana. Lo que pasa es que tenemos que trabajar en su interior con mayor generosidad y afinar, entre todos, nuestras propuestas. Tenemos que repasar nuestra historia para ofrecerla como la concreción de saltos dados en momentos cuando se pensaba que la madurez de los procesos no daba para tanto; y al tiempo, motivar en nuestras filas la búsqueda: de los aportes que nos pueden brindar las organizaciones hermanas, su experiencia, su historia.


Hoy no caben las actitudes prepotentes, que son ineficaces y estúpidas.

 

Infortunadamente, nosotros no hemos sido propiamente un modelo. Nos toca educarnos y educar a nuestros hombres en el significado profundo de la unidad guerrillera. Como hay que hacerlo en el Batallón América; y con muchísima mayor fuerza porque su proyección está desbordando a nuestras naciones. Ayer lo sentíamos, cuando escuchábamos lo que el Ecuador aporta, y como se vive y se vibra en el Ecuador con este esfuerzo. Y uno dice: hay tantos elementos que no hemos encontrado porque no hemos querido escuchar, porque no hemos tenido la disposición para hacerlo... Pero indudablemente es en este marco en el que se rompen las barreras del grupo, los sectarismos inconscientes, para perfilar una opción distinta que nos integre y haga real la unidad. De todas maneras, en todo este esfuerzo que hay que hacer a nivel nacional, la C.N.G. es eje. Y los acuerdos logrados los asumimos con el sentido que siempre ha dado a la palabra empeñada nuestra Organización: con integridad y convicción de futuro.

 

Tenemos planes y proyectos para proponerle a la Coordinadora cuyo fin es el de acelerar un poco los ritmos: aceptando lo logrado, cumpliendo con todo lo acordado hasta ahora, pero introduciendo nuevos afanes que concreten a más corto plazo las tareas de Gobierno.

 

La Asamblea Nacional Popular, en esencia, es lo mismo que planteábamos sobre el Congreso Admirable en Campoamérica. Por eso pensamos que es un momento del nuevo Gobierno, una de cuyas tareas tiene que ser esa: posibilitar la Asamblea Nacional para que ésta lo legitime. Entonces, no tiene que preocuparnos que ese Gobierno se conforme con un mínimo de fuerzas, o con fuerzas que no copan la democracia de este país. Porque su sólo ejercicio nos va a llevar hacia allá: hacia la concreción, en la Asamblea Nacional Popular, de un esfuerzo mucho más democrático que legitime al nuevo Gobierno, que le brinde nuevos protagonistas y legitime también al Ejército como puntal de existencia de ese nuevo Gobierno, como su columna vertebral, como fuerza del cambio y como garantía de derrota del Gobierno al que estamos enfrentando.

 

El proyecto de la Coordinadora Nacional de Masas podría transformar en fuerza de masas gran parte de lo que hemos venido haciendo las distintas organizaciones en el trabajo con nuestro pueblo: con la conciencia de que éste es el sustento real del nuevo Gobierno y de que es la participación de masas lo que le da sentido a los esfuerzos de ser Gobierno. También hay que trabajar  con sectores y fuerzas que no van a estar todavía dentro de la Coordinadora Nacional de Masas, pero que eventualmente pueden integrarse a este esfuerzo.

 

Es decir, que ninguna organización abandone a los sectores que puede conducir con mayor facilidad; pero que todos sepamos que estamos apuntando en una misma dirección. Concretando en fuerza, convirtiendo en fuerza cuanto tocamos y hacemos, llenaremos de contenido y sentido a este importante propósito de la C.N.G.

 

Lo orgánico: de puertas abiertas a la Nación

 

Ya en el plano orgánico interno, durante este período inmediato vamos a trabajar por consolidar lo alcanzado hasta ahora. Pero que no se vea como un alto; es darle un piso más sólido a lo logrado en las distintas esferas de nuestra actividad. No podemos permitir el desborde de nuestras fuerzas en la confrontación con el enemigo -que ha sido intensa y muy enriquecedora-, sino que tenemos que ordenar esa confrontación para lograr determinados resultados. Entonces, no se trata de evitar enfrentar al enemigo, sino enfrentarlo en la búsqueda de resultados precisos. Todo el año pasado, con sus puntos culminantes en el Palacio de Justicia y Siloé, todo el período germinal del Batallón América, ha llevado a una tensión tal de nuestras fuerzas, que indudablemente nos da la garantía de los saltos que tenemos que dar; pero también nos deja vacíos -en la convocatoria política, la ligazón orgánica con las fuerzas que nos acompañan, e incluso de información sobre los desarrollos alcanzados- así como cuellos de botella que tenemos que resolver. En otras palabras: tenemos que reorganizarnos en la búsqueda de resultados más precisos; y concentrar de tal manera nuestros esfuerzos, que los logros sean más contundentes, para que nada se desperdicie.

 

Entonces, todas nuestras estructuras deben evaluar sus desarrollos, definir más exactamente sus objetivos, concentrar fuerzas en el logro de los mismos y diseñar el esfuerzo principal del período, para garantizar lo que para todos tiene más significación, que es el espacio del nuevo Gobierno en ejercicio.

 

Todo esto, por supuesto, en el marco de ir atrayendo hacia este esfuerzo a todas las fuerzas susceptibles de ser atraídas. Abrirnos, convocar y crear las condiciones para que el país se concentre en la dirección de ser Gobierno que proponemos: tal es la tarea y la meta. Porque no es un Gobierno del M-19 ni de la C.N.G.; es un Gobierno de mayorías nacionales y evidentemente des borda en su proyección a los sectores revolucionarios. Creemos que a nivel orgánico vivimos la mejor época del M-19. Pese a la pérdida de muchos cuadros -que hoy estarían llamados a jugar un papel fundamental-, encontramos como saldo de tantos esfuerzos a un conjunto de hombres que aprendieron a ganar, enriquecidos en su convicción de patria, y que hoy se piensan en una dimensión mucho más amplia de la que se pensaban hace un año o unos meses. Así de rica ha sido esta última etapa de desarrollo. Álvaro Fayad nos dejó una organización más madura y con esta posibilidad de construir el futuro entre todos, ha sido mayor la alegría de este encuentro. Durante este período que pasó, por el esfuerzo de todos y básicamente de Álvaro, tenemos al EME que conocimos siempre: esa organización donde la amistad, la fraternidad y la alegría dan el clima que nos permite ser realmente creativos. Y eso es una ganancia para la revolución nacional y para la revolución bolivariana. La búsqueda central es la de una Organización en la que todos sean constructores, cuyas estrategias sean fruto de la elaboración colectiva permanente; en la que cada hombre sea capaz de asumir el nivel de conducción que le corresponde y sepa ceder los espacios para que otros hombres asuman nuevas y mayores responsabilidades. Hoy la conducción del M-19 es más colectiva que nunca. Y es más colectiva porque hemos madurado todos juntos. Porque asumir las responsabilidades de ser Gobierno y de jugar un liderazgo para la nueva nación significa un esfuerzo que ningún hombre -por más capaz que sea- puede resolver solo. (como no puede resolverlo sola la organización misma...). Y creo que es la sensación que recorre al M-19 en su conjunto, que es un factor altamente positivo en el logro de nuestros esfuerzos. Además, en una sociedad tan inorgánica como la nuestra, y con una Organización con tanto liderazgo sobre nuestro pueblo -pese a los escasos lazos orgánicos desarrollados- se requiere explotar a fondo la capacidad de conducción que tenemos y enriquecer el espacio democrático con la presencia de unos hombres formados en esta concepción de la vida. Nuestra mayor fuerza es esta capacidad de liderazgo y éste es nuestro principal aporte al proceso, independientemente de que tengamos o no los nexos orgánicos necesarios a nivel de masas. Igualmente, hoy podemos aportar elementos nuevos en torno al tipo de guerra que hay que hacer en Colombia para la victoria. La capacidad nuestra, lograda por la concentración de tantos esfuerzos en este sentido, nos brinda hoy una profunda experiencia militar, concretada en la conformación de unidades de Ejército, en el carácter del enfrentamiento, en la capacidad de maniobra... En estos dos niveles tenemos que jugarnos a fondo: eso implica activar nuestras fuerzas como todo y aprovechar nuestras características como organización, conscientes de que no estamos solos y de que hay tareas que otros pueden realizar con más eficacia que nosotros.

 

Pero sí requerimos los nuevos modelos organizativos que estaban planteados desde Campoamérica, en diciembre, y que no hemos implementado. Así, la conformación de un Estado Mayor es inminente. Necesitamos el ejercicio diario de conducir nuestros esfuerzos en forma continua y convergente. La comandancia garantiza la convergencia de los aspectos básicos de la Organización; pero quien lleva de la mano los desarrollos parciales hacia las grandes convergencias es el Estado Mayor. Por eso tenemos que entregarle esta responsabilidad a compañeros que tengan condiciones políticas, militares, la concepción, la organización mental y la experiencia que permitan asumir las tareas de Estado Mayor con eficacia.

 

Prácticamente, desde el período previo al Cantón Norte no hemos tenido ese organismo actuante. Le hemos entregado a los Comandantes Generales de la Organización una responsabilidad que lleva al agotamiento al tener que asumir todas y cada una de las responsabilidades que implican la conducción. Y su agotamiento significa también su muerte, como en el caso de Álvaro; y creo que es el caso de Pablo en gran parte. Porque son tantas las responsabilidades que tienen que asumir para conducir esta organización y evitar que nuestra tendencia centrífuga nos precipite a la ineficacia, que agotamos hasta la magia que nos acompaña; agotamos la suerte, y el enemigo nos da el golpe. O nos lo da el destino, como sucedió con la avioneta en la que iba Pablo.

 

Esta organización no se puede seguir edificando así. Este Gobierno que vamos a construir no se puede dirigir así. No podemos ser tan artesanales. Requerimos de los instrumentos que dirijan a la Organización en forma permanente, y que garanticen la continuidad de la dirección. Que nadie se quede en la organización sin un mensaje preciso que oriente sus esfuerzos; que nadie trabaje sin que se evalúe hasta qué punto aporta al esfuerzo principal en cada período; que todos los compañeros adquieran la capacidad de globalizar porque se está globalizando en forma permanente a nivel del Estado Mayor y que se establezca un diálogo permanente, de corriente alterna, entre el mando de la Organización y el conjunto de sus combatientes.

 

Esto no significa -porque sería negar la esencia de esta revolución- que vamos a resolver el conjunto de los desafíos que tenemos por delante a partir de lo orgánico. Seamos conscientes de que sólo podremos resolver la mayoría de nuestros problemas poniendo la solución en manos del pueblo, de diferentes protagonistas... Despejar nuestras angustias orgánicas no resuelve el problema de la revolución colombiana. Este se resuelve en la medida en que seamos capaces de ordenar nuestras fuerzas junto con otras; y en la medida en que seamos capaces de entregar muchas tareas a quienes están en capacidad de cumplirlas mejor que nosotros. Pero de todas formas, sí ordenamos, sí reglamentamos y sí garantizamos que somos conjunto, sistema, y no aspectos fraccionados de una misma entidad orgánica. Para terminar: es tarea de todas las estructuras, y fundamentalmente de sus mandos, garantizar el cumplimiento de nuestro esfuerzo propagandístico. Que el enemigo no cerque nuestros hechos, nuestra voz en este reducido espacio: porque éstos tienen que volcarse hacia el país y sobre la nación bolivariana. La oligarquía busca bloquearnos a todos los niveles, y especialmente en éste, para que seamos una fuerza muda, una fuerza de reflexión hacia adentro, pero no una fuerza que actúa ante el país, piensa en función del país, y dinamiza todo lo que en él es búsqueda de alternativas. Entonces, la propaganda es tarea de todos y hay que ir rompiendo el cerco impuesto: con la constancia, la permanencia y claridad del mensaje que queremos entregar. Ese mensaje que tiene que expresarse en cada uno de nuestros hechos. Y también en el esfuerzo programado y consciente de crear los vasos comunicantes -o fortalecer los que ya hay- con una serie de sectores políticos, sociales y civiles que no están comprometidos con el M-19 pero sí con la voluntad de cambio de la nación y que desean andar al ritmo de estos tiempos.

 

Somos hombres de América

 

Y nos toca trabajar profundamente para darle piso y cuerpo a la conducción del proyecto bolivariano. Que no es sólo un fenómeno orgánico, o la definición de objetivos comunes, sino la capacidad de integrar íntimamente lo que somos nosotros y lo que son las fuerzas sociales y políticas de otras naciones. Es desarrollar la capacidad de pensarnos como americanos. Que todas las tareas conjuntas, el diálogo permanente, la construcción de instrumentos orgánicos unitarios, nos vayan dando la sensación de que somos americanos y no simplemente colombianos, ecuatorianos o peruanos. Sabemos que no es fácil pensarnos como americanos; pero igualmente sabemos que sólo pensándonos como americanos nuestra revolución va a ser victoriosa. Y tenemos que decir que después de estos meses se ha gestado una generación de americanos: por lo menos el núcleo básico de una generación que verá nacer este continente. Por eso la comunicación tiene que ser más intensa, los esfuerzos, más conjuntos, y la forma de pensar nuestras realidades tiene que ordenarse a partir del hecho de que somos americanos. La comandancia del Batallón América tiene que ampliarse y englobar los esfuerzos de cuantos participamos en este proyecto bolivariano. Y si somos hombres de América, vamos a tener que desarrollar la capacidad para dar los virajes que la realidad nos vaya exigiendo en el desarrollo de nuestras propias revoluciones; para encontrar el centro de gravedad de la revolución bolivariana; como lo encontró Bolívar cuando decidió salir de Venezuela y entrar a la Nueva Granada. Porque el triunfo de cualquier revolución, en cualquiera de nuestros pueblos, es la garantía de la victoria de la revolución bolivariana. A lo que no podemos apostarle es a procesos que se nos alarguen indefinidamente en aras de una visión particular, localista.

 

Es ser americanos de verdad; no americanos para vender una idea que toca los sentimientos de Nuestra América, sino básicamente como una esencia política, militar, cultural, orgánica... Y es llevar a un continente a que se piense como americano, después de más de 150 años de pensarse como colombiano, ecuatoriano, boliviano. Se trata de una tarea bien difícil. Pero también es, quizás, el desafío más espléndido que nos hayamos propuesto. Aquí hemos intentado recoger lo que ha sido la discusión en estos días; o al menos de fijar el marco conceptual, tirado con un poco de desorden. Toca ahora abordar los planes concretos para todos y cada uno, para concretar el esfuerzo hecho y situar las diversas actividades en el marco de estos amplios horizontes.

 

 Exposición del Comandante Carlos Pizarro

Abril 23 de 1986

 

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9 marzo 2014 7 09 /03 /marzo /2014 10:52

Carlos

Último Comandante general del M-19. Nació en 1952 y fue asesinado el 26 de abril de 1990 cuando era candidato presidencial por la Alianza Democrática M-19, movimiento político que surgió del M- 19 tras su desmovilización.

Sus planteamientos expresaron el descontento con la inequidad social y económica. La política de Pizarro se centra en la democracia entendida como la tolerancia y el respeto al pluralismo ideológico.

Carlos Pizarro estudió derecho en la Universidad Javeriana de Bogotá, de donde lo expulsan por organizar una huelga estudiantil. En 1968 se incorpora a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Funda en 1973 el Movimiento 19 de Abril, M-19. Participa en la mayoría de las acciones militares del movimiento. Durante el Gobierno de Julio César Turbay Ayala, es capturado el 14 de septiembre de 1979 en Alto de Nogales y condenado en un consejo de guerra en la penitenciaría de La Picota.

En 1983 es cobijado por la amnistía decretada por Belisario Betancur y viaja Cuba. Regresa al país, toma de nuevo las armas y firma un pacto de cese al fuego el 24 de agosto de 1984 en Corinto, Cauca.

Después de ser herido en un atentado el vocero oficial de la organización guerrillera en el Diálogo Nacional, Antonio Navarro Wolff, se rompe la tregua. Crea el Batallón América, con el que inicia una campaña en el Departamento del Cauca.

Con la muerte el 13 de marzo de 1986 de Alvaro Fayad, asume la comandancia general.

A partir del 25 de enero de 1990, el M-19 se convierte en un partido político, que luego se llamará Alianza Democrática M-19. Proclama a Pizarro, candidato a la alcaldía de Bogotá y quince días más tarde lo designa candidato presidencial para las elecciones de ese año.

 

 CARLOS PIZARRO LEONGÓMEZ

A LA MUERTE DE FAYAD

 

Colombianos:

Hoy la patria es golpeada en uno de sus mejores hombres. El movimiento 19 de Abril, M-19, confirma a la nación y a la América entera la muerte en combate de nuestro Comandante General Álvaro Fayad en Bogotá.

Con dolor de hermanos, amigos y patriotas, y con el orgullo inmenso de haber crecido juntos en la construcción de una patria nueva, levantamos el nombre de Álvaro Fayad como certeza del triunfo de Colombia, como ejemplo vivo de dignidad y de lucha y como testimonio de una nación que se está forjando un destino de justicia, democracia y felicidad. Revolucionario siempre, fundador del M-19 y colombiano por excelencia, Álvaro Fayad fue proclamado unánimemente Comandante General de nuestra organización en el congreso de la Paz y la Democracia, celebrado en Los Robles a comienzos de 1985.

Se caracterizó siempre por su respeto profundo a la dignidad del hombre.

Severo y exigente consigo mismo fue riguroso en el cumplimiento de las tareas y el ordenamiento de las diferentes estructuras orgánicas al servicio de un proyecto nacional y masivo. Amigo leal hizo del humanismo y del respeto a la vida objetivo central de esta lucha por la democracia. Consecuente en todo, en la tortura. Ante el enemigo demostró la fortaleza y la honradez de un hombre de pueblo comprometido con la libertad y la justicia.

Conductor ejemplar, supo marcar los ritmos de cada proceso y percibir las propuestas políticas adecuadas para cada etapa. Hijo, padre y compañero amoroso, cultivaba en la ausencia, la esperanza del porvenir. Lector infatigable, supo también leer los poemas de la vida. Creativo y espontáneo, es forjador de esta nueva nación que nace en un país dividido y destrozado por la voracidad oligárquica. Colombia lo conoció en su afán por lograr nuevos caminos para la concordia nacional; en la búsqueda de una paz que naciera de la justicia social; en su marcha al encuentro de lo que somos como nación y como destino. Fue a los ministerios, al Congreso, a las directivas de los partidos políticos; habló con directivos cívicos y gremiales, con representantes del movimiento obrero, campesino e indígena, con obispos y militares, cantantes, teatreros, poetas fueron sus amigos. Tejedor de sueños, esperanzas y convicciones inquebrantables, creció al ritmo de la nueva nación. Aunque reservado no concebía el trabajo solo, siempre el amigo, el compañero, el colectivo, para escuchar la voz del otro y su sentir.

Y en la misión de crear, acompasaba y asimilaba con respeto el ritmo y los aportes de quienes crecían con él. Rotos los acuerdos de tregua y diálogo, por la intransigencia y mezquindad de la clase gobernante, asumió la conducción y los retos de la guerra. Y su compromiso presente era el cómo acortarla y hacerla menos cruenta. El movimiento guerrillero en su conjunto vivió su convicción de la patria nueva y pronta. Organizaciones populares, dirigentes políticos y jefes de Estado de nuestra América compartieron sus reflexiones sobre la vigencia del ideario bolivariano, y la posibilidad cierta de darnos, como nación latinoamericana, una segunda oportunidad sobre la tierra. Los periodistas de Colombia tuvieron en Fayad admirador constante, defensor de la verdad e interlocutor siempre dispuesto. Aprendimos con él a trabajar la democracia como elemento cotidiano, a hacerla razón de vida permanente; a romper con los esquemas que nos hacían diferentes a lo que somos como pueblo, y a hacer del valor, la lealtad y la audacia expresión de honor y dignidad.

Y de esta siembra, florecen amigos como él, compañeros como él, y comandantes como él. Por eso, hoy, cuando los enemigos de la patria la golpean en el corazón, también reafirman una decisión, que no es ya de un hombre, ni de un movimiento, si no de la nación que está surgiendo en cada expresión victoriosa de la democracia. Álvaro Fayad es siembra en el alma de todos los que creemos en la paz como fruto de la justicia y la dignidad. Es decisión de unidad y victoria. Es la rebeldía y el valor de una juventud que adquiere la mayoría de edad luchando por la libertad. Es la marcha del nuevo ejército que, siguiendo la ruta de Bolívar, vuelve a hacer realidad el sueño de la Patria Grande, de una nación sin fronteras llamada a asombrar al mundo en el encuentro de su identidad.

Estos desarrollos se materializan hoy en un proyecto político definido por la paz como sinónimo de justicia, por el poder de las mayorías y por la democracia como cultivo de las diversas expresiones de la vida y la colombianidad. Se proyecta en el salto de las armas de la rebeldía, organizadas hoy en la perspectiva del ejército único de la nueva nación, que expresa la voluntad mayoritaria de cambio y busca poner fin a 150 años de incumplimientos y desengaños. Son las victorias de ese ejército, cuyo primer batallón –el América- llega a Cali, en el corazón del Valle del Cauca, el día en que se inmortaliza Fayad. Es la decisión de gobierno de mayorías en la consolidación de las milicias urbanas. Son las definiciones unitarias de la Coordinadora Nacional Guerrillera, de las que este país no tiene memoria pero si un gran futuro por los logros del presente. Y es la búsqueda de bolívar, hoy, cuando la lucha por la soberanía hermana a los colombianos, ecuatorianos y peruanos. Hoy el legado del Comandante Álvaro, del Rodrigo Díaz Leal de sus tiempos en las FARC, del compañero David con quienes tantos crecimos y aprendimos, se agiganta en los hombres y mujeres del M-19, y se reafirma en una dirección consolidada y capaz, en la que no cabe el sentimiento de orfandad, pero si la decisión y disponibilidad que inspiran el amor por la patria y el profundo compromiso con su destino. Hoy el batallón América continua con su campaña Paso de Vencedores: hoy se cohesiona con la voluntad de siempre de los mandos, estructuras y combatientes de la democracia en armas. Y con Álvaro Fayad a la cabeza, convocamos a la patria entera a ampliar los logros de la unidad, a sumar fuerzas por el cambio –cada cual desde su lugar y posibilidad-, a consolidar el ejército único de la nación, y a seguir cumpliendo la promesa del porvenir.

Con el pueblo,

Con las armas

¡Al poder!

MOVIMIENTO 19 DE ABRIL. M-19

Carlos Pizarro Comandante General.

Por el Mando Central: Antonio Navarro W, Gustavo Arias L.

Por el comando Superior: Germán Rojas, Otty Patiño, Marcos Chalita, Vera Grabe, Pedro Pacho Pacheco, Rósemberg Pabón, Israel Santamaría, Libardo Parra

Por la dirección Nacional: Salvador Erazo, Arjaid Artunduaga, Eduardo Chavéz, Afranio Parra, Darío, Albear, Anai, Rafael Arteaga, Yamel Riaño, Gerardo Ardila, Jaime Bermeo, Micaela, Patricia, Fernando Sánchez, Otto, Felipe, Sylvia, Mario, Nelson, Aníbal, Gustavo, Josué, María, Andrea, Nicolás, Nicolás S, Alberto, Rubén, Elías, Robert, Mauricio, Pilar, Aureliano, Simona, Rafael Vergara, Rubén….(siguen firmas)

Colombia Marzo 13 de 1986

 

LA GUERRA MÁS ESTUPIDA ES LA QUE SE

PUEDE EVITAR Y NO SE EVITA

Carlos Pizarro Leongómez

 

Entrevista con Rafael Vergara.

 

Antes de que “anocheciera en mitad del día”, es decir, previo a la conquista, los Incas llamaron a Abril, ariwey, el mes de la danza del maíz tierno y celebraban con júbilo la llegada de la primavera; el Sol de todos se ofrecía a todos como vida, granos y abundancia. Para nosotros, para esta generación de colombianos, abril, como si existiera una maldición o una macabra intención oculta, ha sido todo lo contrario: el mes de la abundancia pero de muertes insólitas y de frustraciones históricas y dolor acumulado.

 

En abril, el 9, hace cincuenta años es asesinado Jorge Eliécer Gaitán y el pueblo en su ira desbordada ejecuta El Bogotazo; el 19, hace 28 años es asaltada la voluntad popular con un fraude electoral que hoy confirma el Ministro de Gobierno de la época; el 24, Jaime Bateman, comandante general del M-19, sembrador de dignidad, muere en un accidente (?) de aviación sobre las selva del Darién, hace ya 15 años; el 26, en un día como hoy, es asesinado hace 8 años, coincidencialmente en una aeronave, el también comandante del eme, Carlos Pizarro, quien había dejado la armas y luchaba con denuedo y optimismo por la presidencia de Colombia; El 18, hace solo 8 días, fue baleado, como lo fue Gaitán, su abogado penalista de este tiempo, Eduardo Umaña Mendoza, cercenándonos, de tajo, un baluarte de la Justicia y defensor de la causa popular. Precisamente hace 9 años en un álgido momento del proceso de negociación, el día 14 de abril, en el campamento de la Paz, una zona de distensión pactada en el Cauca entre el gobierno de Virgilio Barco y el M-19, entrevisté a Carlos Pizarro cuando se aprestaban a enterrar con honores al poeta popular y dirigente de esa organización, Afranio Parra, asesinado el día 6, también en abril, por miembros de la policía en Bogotá. Hoy con la presencia aun viva de Eduardo Umaña, quien fuera el defensor de Carlos Pizarro cuando fue juzgado en el consejo verbal de Guerra en 1980, le pregunto como si se hubiera detenido el tiempo y siguiera en vida su lucha por conquistar la paz:

 

¿Y ante este nuevo asesinato qué?

 

CP: Lo primero, por duros que sean los hechos, es no frustrar ni frustrarnos. Pese a los atentados y los asesinatos continuaremos impulsando el proceso.

 

Lo que ha pasado demuestra la necesidad de rectificar muchas cosas en los diferentes estamentos de la sociedad colombiana, en los policiales, en las fuerzas armadas, en el gobierno, en el movimiento guerrillero, en toda la sociedad para buscar alternativas de solución política en el país. Hoy, con el cuerpo de Afranio en el campamento, una de las preguntas básicas nuestras es: ¿Con quién hacemos la paz en Colombia? ¿Hay con quién hacer la paz en Colombia? Requerimos una actitud muy franca y enérgica en función de esta solución política, una militancia real en este proceso. Darle una dimensión nueva y que de verdad construyamos un nuevo bloque de fuerzas que defienda esta alternativa. Nosotros pensamos que debemos encontrar un camino único para la paz, entregarle a los colombianos una oportunidad para construir, entre todos, ese nuevo modelo de sociedad que requiere Colombia al borde del siglo XXI.

 

Bueno, pero si están asesinando a la gente, ¿cómo una guerrilla puede aceptar comprometerse a desarmarse?

 

Es que nosotros no estamos pensando que lo fundamental sea el desarme del M 19, lo que estamos buscando es algo de mayor dimensión: lo que pretendemos es el desarme generalizado de la población; que haya una rectificación profunda en el manejo del orden público colombiano y que, entre todos, elaboremos un nuevo pacto donde la política de seguridad sea diseñada con la presencia del conjunto de las fuerzas sociales y que la solución de orden público nos obligue a todos, que le de garantías a los colombianos.

 

¿Pero no te parece que con tanta gente armada y tantas traiciones en nuestra historia es muy posible que esto fracase?

 

Es que no podemos partir de los obstáculos y los malos augurios, tenemos que ser hombres que asuman una responsabilidad plena de construir una Colombia más digna y para ello es necesaria una enorme cuota de optimismo; y que ese optimismo lo viva la nación entera. Es necesario un clima positivo para alcanzar una solución política y para ello todos los interlocutores debemos tener grandeza política y una responsabilidad enorme frente a las futuras generaciones colombianas. Nosotros creemos que este no es un momento para los tiros ni tampoco para los votos. Es un momento de la inteligencia y esperamos que todos los colombianos pongamos esa inteligencia al servicio de la causa de la paz, para que nuestro pueblo tenga la certeza de que es posible construir una sociedad habitable. Y la responsabilidad de ello es responsabilidad del gobierno, pero también lo es del movimiento guerrillero, de los partidos políticos, de la Iglesia, de los medios de comunicación, de todos.

 

El gobierno ha dicho luego de este nuevo asesinato que el M 19 debe acelerar el proceso de desmovilización, ¿qué opinión tienes al respecto?

 

Lo que nosotros estamos planteando es que debe magnificarse el proceso y darle una dimensión renovada, donde se integren nuevos protagonistas y las soluciones integrales se pongan al orden del día. Una desmovilización, si no existen nuevas condiciones en la sociedad colombiana, no tiene ningún tipo de significado. Por eso estamos hablando de compromisos y de darle un mayor ritmo que garantice que estamos marchando hacia una democracia nueva, hacia una perspectiva de desarrollo diferente en el país y a una rectificación del orden público; porque no podemos avanzar en medio de una paz intimidada y menos aún que la paz de los sepulcros sea lo único que le espera a los colombianos en cualquier parte del camino.

 

Se ha hablado de una nueva reunión de la comandancia con el gobierno...

 

No, esto está aplazado y por eso le hicimos llegar una declaración de la comandancia general donde planteamos tres rectificaciones básicas, tres temas urgentes en función de una nueva Constitución que se erija en un verdadero tratado de paz; la búsqueda de un plan de desarrollo concertado que nos garantice una guía para este país en los próximos años y, por último, la búsqueda de una filosofía de convivencia que se convierta en un nuevo marco en la regulación del orden público.

 

¿Qué puntos específicos contiene el video que enviaste al Palacio de Nariño el 3 de abril?

 

Lo fundamental es el plan de emergencia que consta de hechos de convivencia, justicia y orden público, y que tiene que ver con el establecimiento de un tribunal especial responsable de investigar y juzgar delitos políticos, genocidios crímenes contra los derechos de opinión, de organización y del libre ejercicio de la justicia. Este tribunal, planteamos nosotros, debe estar integrado por miembros de la Corte Suprema de Justicia, la Procuraduría General de la Nación, la Dirección General de Instrucción Criminal, - en el hoy la Fiscalía- y el Tribunal Superior Militar. Un segundo elemento plantea la necesidad de reglamentar los llamados grupos de autodefensa y disolver los grupos paramilitares que actúan en el país.

 

Igualmente planteamos la necesidad de establecer diálogos con los grupos de derecha que demuestren claramente que son guerrillas de carácter político y no grupos de justicia privada o grupos de terror en Colombia. Manifestamos además la urgencia de crear una comisión no gubernamental de alto nivel para explorar soluciones jurídicas, económicas y políticas al agudo problema del narcotráfico.

 

Hablemos de la unidad guerrillera existe una opinión generalizada que plantea que sin todos los actores el proceso está condenado al fracaso...,

 

Como te decía, la solución política la construimos todos y sobre el conjunto de factores de poder en Colombia tenemos que actuar. Hoy lo que está en juego no es la unidad de la Coordinadora, porque nacimos es para defender la unidad nacional, para conquistar espacios de democracia y construir una sociedad más justa. Entonces el destino de las organizaciones guerrilleras no es el destino de los hombres en armas sino el de todo un país. Esto implica para la coordinadora una mayor responsabilidad política y obliga al movimiento guerrillero a ejercer un liderazgo de cara al país y en dirección de los anhelos nacionales. Es similar a la responsabilidad que hoy tienen el gobierno, las fuerzas armadas y los partidos políticos tradicionales. En el país todos tenemos que estar por encima de nuestras pequeñas particularidades y alcanzar la estatura que la nación nos reclama hoy. Quien eluda esa responsabilidad se condena a sí mismo a la marginalidad política. Por eso lo importante es que logremos una identidad de propósitos. Si hay voluntad política y ésta es cierta, podremos garantizar que la solución negociada abarque a todas las organizaciones.

 

Hablemos de las diferencias o similitudes de este proceso de paz con el vivido en 1984...,

 

Son procesos distintos porque estamos hablando de países diferentes. La violencia actual es mucho más compleja que la de 1984, el país está cruzando no solamente por una violencia política sino por la violencia incrementada del narcotráfico, la violencia común, la del sicariato, los paramilitares y demás factores de violencia. Pienso que en este período hay mayor madurez y mayor necesidad de solución política porque entendemos, o vamos entendiendo, que estamos viviendo el último cuarto de hora de la paz; que si fracasa el proceso, los espacios civiles se agotan inmediatamente y ascendemos a los extremos en la confrontación, de una manera vertiginosa. Esta situación nos lleva a todos a una mayor responsabilidad, por eso esperamos que la sensatez se imponga porque si fracasamos ya no hay una nueva oportunidad para la paz en Colombia.. Si la guerra civil se impone, los costos serán altísimos, sobretodo en un país tan fracturado como es la Colombia de hoy.

 

¿Qué le diría usted a los militaristas de todos los bandos que están tratando de impedir la paz en Colombia?

 

Que la guerra más estúpida es la que se puede evitar y no se evita, por sectarismo, por terquedad o por cobardía. Hacer una Colombia hermanada está en el orden del día y me parece criminal que ahondáramos la guerra cuando podemos construir la paz ladrillo por ladrillo, con audacia, inteligencia y generosidad.

 

Carlos, ¿qué hacemos para que la paz no sea asesinada en primavera?

 

“El día en que ellos cayeron se

desgarró un gemido desde el fondo del pueblo,

una angustia infinita se anidó en nuestras almas,

una rabia impotente sacudió

nuestros cuerpos,

era un día soleado y las balas lucieron,

avanzaron los gritos,

retrocedió el silencio,

corrió la sangre pura como el agua de un cerro

y los tres compañeros

abrazaron la muerte.

Son amor sin medida,

son desprecio a la

muerte,

son un canto de patria,

son decir voy al frente.”

 

Son duros los caminos

como nieve quemante,

como espinas hirientes,

como amores de hermanos,

como amigos ausentes..

Son duros los caminos

pero tú los seguiste,

con un canto en tus labios,

y un anhelo en tus ojos...

 

Afranio Parra

 

 

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9 marzo 2014 7 09 /03 /marzo /2014 10:47

LA POLITICA DE LO MILITAR

Intervención en la Reunión de Dirección Nacional San Pedro (Cauca)

Septiembre de 1984

ÁLVARO FAYAD DELGADO

Nosotros hablamos de la guerra porque estamos haciendo política y hablamos de la construcción de un ejército porque tenemos proyecto político y construimos un ejército o buscamos construir un ejército de una manera y con una concepción que sean consecuentes con un proyecto político concreto y determinado como el que tenemos.   Es decir, hablamos de guerra porque en Colombia queremos construir la democracia.   Y hablamos de ejército porque es la única posibilidad como instrumento de nuestra política para conquistar la democracia en Colombia.  

El eje fundamental de nuestra actividad es un proyecto político de poder. El objetivo: la democracia. Los protagonistas, las masas, los sectores democráticos. El objetivo global de toda nuestra actividad: El poder. Y el Instrumento militar adecuado para poder derrumbar el instrumento fundamental del enemigo, es la construcción de nuestro propio ejército.

Por eso yo no creo lo que decía un compañero, que somos muy buenos políticos y malos militares, Yo creo que somos malos políticos en la medida en que no desarrollamos bien las tareas militares que necesita el periodo, que necesita la Revolución Colombiana. Y no hacemos la guerra bien cuando no desarrollamos, cuando no asumimos las tareas políticas.

Hoy están los militares haciendo la guerra, en el momento adecuado, con los instrumentos adecuados. Hoy los militares están convocando fuerzas, convocando bloques sociales, cercando la propuesta del Diálogo, arrinconando a Belisario, unificando el sector reaccionario y militarista y ambientando el golpe. Eso exige de nosotros también una política agresiva y acorde con el periodo que estamos viviendo.

El Diálogo es una tarea política. Si fuera suficiente construir un ejército, yo pienso que sería imposible derrotar el ejército enemigo; es más poderoso que nosotros. Es más fuerte que nosotros. La solidez de nuestra posibilidad de triunfo radica en un proyecto político revolucionario. Si separamos nuestro proyecto político del instrumento militar, estamos construyendo una herramienta ciega. Podemos meterle toda la técnica del mundo, podemos meterle todas las palas del mundo, podemos meterle todos los pozos de tiradores del mundo, podemos meterle todos los cursos y todas las experiencias, pero si no tenemos lo fundamental en el M-19, un proyecto de democracia y una voluntad de vencer, ¡es imposible! Mire, el análisis de la experiencia nos está demostrando eso. El análisis de la experiencia nos está demostrando que a medida que fuimos perfilando un proyecto político adecuado para la realidad del país, fuimos también perfilando el instrumento militar adecuado.

El salto al proyecto de democracia implicó para nosotros, de alguna manera, asumir el reto de construir un instrumento militar. Pensamos en el ejército en ese momento. Y pensamos con el peso de la tradición y resolvimos crear seis, siete móviles en Colombia.

Lo fundamental para rescatar de la experiencia de las móviles, yo pienso que fue la decisión de construir un ejército. ¿En función de qué lo hicimos? De nuestra propia experiencia. De la nuestra como organización y de la nuestra como pueblo. Y esto es importante tenerlo claro, porque lo que hoy estamos analizando, algunos de los elementos que estamos analizando, tienen que ver con el peso de una tradición guerriIlerista en Colombia, que todavía pesa en el recuerdo, en las experiencias, en las actitudes espontáneas de todos nosotros.

Cuando aquí se ha hablado de las experiencias de las móviles y las experiencias de la construcción militar del Frente Sur y del planteamiento en la 8ª. Conferencia de una nueva concepción, que no es nueva, entre otras cosas, porque es tan antigua como la guerra revolucionaria de los pueblos; porque con base en esa concepción, triunfa China, triunfa Vietnam y triunfa la revolución cubana. Lo que ocurre es que en Colombia se había perdido esa concepción; Colombia había desarrollado una manera especial de hacer la guerra de guerrillas, que implicaba el permanente alejamiento de las batallas decisivas; que implicaba nunca buscar el ascenso a los extremos; que implicaba siempre conservar las fuerzas propias, pero nunca intentar golpear las fuerzas del enemigo. Lo que surge del Frente Sur es la necesidad de una nueva concepción. Yo por eso digo, frente a los errores todos del Frente Sur (y súmele veinte errores más y súmele cien errores más de la organización), hay que destacar que mantuvieron en alto una decisión política de construir un ejército. Se retó a uno de los gobiernos más terroristas de Colombia, al gobierno de Turbay Ayala. Que mantuvieron, con Fuerza Militar y con fuerza del pueblo, este proyecto y este período de la situación política y militar que estamos hoy cerrando.

Yo pienso que fue más difícil para nosotros, y sigue siéndolo, el desarrollo real y consecuente de la propuesta de democracia en términos políticos. ¿Cuántos esquemas nos tocó romper? ¿Cuántos esquemas nos sigue implicando romper, ser de verdad democráticos en Colombia? Hemos cometido más errores en lo político que en lo militar. Pero la decisión de mantener un proyecto político y la decisión política de construir un ejército nos han permitido avanzar y ser lo que somos hoy, no obstante todos los errores, con todas las dificultades, con toda la pasividad de lo viejo y de lo conocido, con todo el miedo a lo nuevo; con unas estructuras que se han desparramado y se han destruido, oiga, más de veinte veces.

Con todo eso, la 8a. Conferencia plantea la ruptura con el guerrillerismo, por lo menos como propósito. Se habla de un ejército más agresivo, de una estructura de ejército, con una concepción de aniquilar las fuerzas fundamentales del enemigo y, obvio, se plantea la propuesta nueva y surgen los viejos esquemas inmediatamente; "salimos dispersos de la 8ª. Conferencia", dicen los campas. "¡Y se da la orden de no combatir!”. Yo me pregunto: ¿Estábamos nosotros con los mandos adecuados, con la concepción adecuada, con la práctica adecuada, para hacer una marcha de esas, combatiendo, que nos permitiera llegar concentrados a la zona de operaciones? ¿Con ese estilo de combate no nos habríamos dispersado en los primeros combates de la marcha? Y analice así todos los otros errores: el de Aeropesca; los compañeros dicen quién fue, por qué falló; bueno, y veamos lo del Cantón, ¿no fue peor? , y digo: sumemos todos los errores, y sumémosle cien más que no conocemos.

La formación de un ejército del pueblo

Pero rescatamos fundamentalmente una estructura, una organización, un proyecto político que asumió en serio, pero en serio y a profundidad, la construcción de un ejército.

Yo pienso que lo nuevo de esta reunión es que ya no hablamos de concepción, que podemos mostrar los avances concretos, avances en la búsqueda de la conformación de un ejército.

Digo: analicemos todos los errores de atrás, todas las responsabilidades, pero veamos también en todos esos errores cómo fueron surgiendo los nuevos elementos. Pero fundamentalmente insistamos en qué tenemos de nuevo hoy, y qué tenemos de viejo.

Qué nos pesa todavía para asumir las tareas inmediatas y las próximas. Es decir, para asumir hoy las tareas militares del momento tenemos que decir con qué contamos en concreto, en qué hemos avanzado. Y en las intervenciones de los compañeros hemos visto los elementos nuevos. Independiente de cierto sectarismo que se nota en los análisis, Yo digo: a veces somos sectarios en los propios análisis, de nuestra propia actividad parcial. Entonces los rurales les dan madera a los urbanos y éstos les dan madera a aquellos otros y el otro resalta su propia experiencia; y necesitamos un esfuerzo global. Toda estructura tiene elementos fundamentales de desarrollo, desiguales y disparejos. Lo fundamental es que la organización, en cuanto tal, tomó la decisión política, organizativa, militar, financiera y logística de desarrollar una nueva concepción y crear las bases que permitieran tener los instrumentos, los hombres, los conocimientos para construir un ejército. Y es en función de ese plan, cuando después de la 8ª. se puede volver a reunir la organización, en febrero del 83. Una organización ya esquelética en las estructuras; los compañeros del Frente Sur sin ninguna comunicación con Bateman; los otros miembros de la dirección presos, la OPM pasando de la dispersión orgánica que le había significado el saboteo electoral. En febrero del 83, en concreto, para ver el último punto en referencia, lo que se decide de nuevo es una definición política, independiente del desarrollo raquítico de la estructura, independiente de todo lo lánguidos que éramos, lo golpeados que habíamos salido después de cuatro años de combate contra Turbay; la Fuerza Militar sin comunicación, era el mayor reto que se le hacía al movimiento guerrillero en Colombia.

Era Belisario, su proyecto de Paz, su amnistía. Allí se decide saldar cuentas con el insurreccionalismo como concepción espontánea. Hubiera sido fácil intentar rehacer orgánicamente, y a nivel de masas, las estructuras, lanzándolas a una actividad de masas: el insurreccionalismo como concepción estratégica. No concebimos la insurrección como el papel que debe jugar y que va a jugar en el proceso revolucionario en Colombia, y se decide, a pesar de la debilidad de las estructuras, formar una escuela, debilitando mucho más lo que había de desorganizado y débil de la organización. Ochenta, noventa, cien hombres a una escuela. Y se decide priorizar todos los esfuerzos en hombres, en cuadros, en finanzas, en logística en función del Frente Sur y en función de la escuela que se estaba haciendo. Y durante todo ese tiempo la actividad militar de la organización descansa en los compañeros del Frente Sur. Y es allí donde se da el salto, el salto concreto, real, la primera acción. Yo no digo que antes no se hubiera combatido con la misma agresividad; pero la acción de Paujil y la de El Mirador marcan la típica acción que queremos: atraer al enemigo, ponerlo en movimiento, golpearlo, aniquilarlo, recuperar fierros, rendir y tratar bien a los heridos.

Están los elementos casi básicos casi completos. Que no lo hayamos logrado en este periodo, es otra cosa.

Los compañeros anotaban: en el próximo período tiene que darse ese tipo de enfrentamiento. Yo estoy de acuerdo en que no más Florencia, no más Corinto ¡más grande! Y más grande no significa en una ciudad más grande, significa mayor recuperación de fierros.

Ese hecho, donde se concreta la nueva concepción, empieza a jalonar no solamente el desarrollo militar, sino la propuesta política de la organización.

La terminación de la escuela, la creación del Frente Occidental, por la calidad de hombres, por la homogeneidad que tienen en la formación, por la capacidad de los cuadros al mando, mas la concentración que se hace con los compañeros que vienen del Putumayo y los que están trabajando allí en la región, conforman la mayor concentración de mandos y de fuerzas que teníamos en el momento. Y se empieza a desarrollar una concepción, una práctica. Yo pienso que el período nos arroja elementos nuevos, y el primero, el fundamental, es que la práctica ha demostrado que si es correcta la concepción. La práctica ha demostrado que sí se puede. La práctica ha demostrado que el enemigo se queda corto inicialmente frente al nuevo estilo de operar, frente a la nueva manera de combatir, con base en que el desarrollo de la nueva concepción tiene nuevos factores.

La experiencia que narra Boris no tiene nada que ver con la técnica, sino fundamentalmente con el esfuerzo, la convicción política, la necesidad de hacerlo. En el Frente occidental es una mezcla de técnica y de cuadros de decisión. Ahora, los obstáculos para la concepción son obvios: el temor a lo nuevo, el desarrollo desigual, el aprendizaje necesario. Estamos hablando de un periodo de 6 meses, compas.

Estamos diciendo que es un salto impresionante en la historia militar de la guerrilla colombiana. Se han probado mandos y se han reanalizado bien las características nuevas de toda esta experiencia, la movilidad, la búsqueda de una zona más o menos determinada, la agresividad, la maniobra para el combate, el lograr la relación hombre arma exacta. Ya es rutina de la organización hablar de hombre-arma. Estos son para nosotros avances kilométricos en relación con lo que teníamos. Deficiencias hay muchas. Pero el avance nos está dando la medida de lo que podemos hacer.

Sin embargo, algo que nos debe inquietar es la pérdida de oficiales; el informe hoy dice que casi la línea de oficiales, de capitanes y tenientes ha sido golpeada. Nosotros no podemos rifamos los cuadros, estamos exponiendo demasiado los cuadros de la organización. Creo yo que fundamentalmente por la capacidad organizativa, por la disciplina interna, pero también por una concepción. Nosotros también nos jugamos los cuadros fundamentales de la organización en cuestiones tácticas inmediatas.

Todavía ese tacticismo de hacer las cuestiones a la carrera, confundir el desespero con la eficacia, está haciendo que perdamos cuadros estratégicos.

La decisión, en febrero 83, de hacer que la Fuerza militar creciera con base en el desarrollo propio para superar el periodo anterior, donde la Fuerza Militar tenía que girar en cada coyuntura política: que una declaración, accionar militar; que una nueva propuesta de Paz, accionar militar que una rueda de prensa, accionar militar. Eso impedía cualquier desarrollo planificado de la Fuerza Militar. Eso, entre otras cosas, se nota en los desniveles del desarrollo de la organización.

A la muerte del comandante Bateman, decidimos no montar ninguna campaña apresurada en homenaje al comandante Bateman, aunque pareciera que no estábamos haciendo presencia ante la muerte del compañero.

Se decidió seguir el ritmo natural con base en los planes de cada fuerza, que es la única manera del desarrollo. Lo mismo que se decide sacrificar la OPM, compañeros; sacrificarla en cuadros, sacrificarla en logística, en finanzas. Todo en función de apuntalar los dos Frentes que eran para nosotros lo estratégico.

Y en febrero 83 no había cinco centavos, compañeros, para hablar solamente del problema de finanzas. Y en febrero 83 se traza una decisión política: combatir, frentear, accionar frente a Belisario Betancur. Se hace un plan nacional, y un plan que sale cojo de entrada porque no hay cinco centavos con qué realizarlo, no hay comunicación con el Frente Sur. La comunicación con el Frente Sur se logra un año y pico después. Pero se mantiene la decisión de que pasara lo que pasara en la coyuntura política, pasara lo que pasara con las otras estructuras, todo tenía que girar en torno a lo estratégico: la conformación de la estructura militar. Por eso tanta exigencia ante esta fuerza militar de occidente. Porque todo este período giró en apuntalarla. Por eso hoy no es tiempo de mirar cada experiencia particular, por eso no es el tiempo de mirar cada estructura, Yo digo: miremos cada experiencia para darnos cuenta y criticar los errores, pero no perdamos la visión de conjunto: la estructura de la organización que piensa de sí misma como estructura, se está autocercando, política, orgánica y militarmente.

 

Columna que piense solamente en función de sí misma. Fuerza Militar, Fuerza

Especial, trabajo internacional, OPM, comunicaciones, que no tenga visión general del proyecto politice y de la construcción de un ejército, está impidiendo el desarrollo global de la organización.

 

Aquí se ha hablado de gérmenes de ejército que tenemos: de artilleros, de explosivitas... creo que hoy es el momento, con base en la técnica, las experiencias, de crear las bases sólidas de estructuras. La Fuerza Militar tiene primero que empezar a intercambiar las experiencias de los compañeros que tienen una técnica adecuada, con los compañeros que tienen una experiencia y una práctica largas.

 

Es decir, tenemos todos los elementos, pero los tenemos desorganizados, sueltos, sin una concepción todavía homogénea, sin una estructura homogénea Y sin plan para los objetivos y estructura que tenemos. A mí me parece que el esfuerzo de esta reunión debe ser ése. Qué es exactamente lo nuevo, con qué contamos, cuáles son las deficiencias que todavía nos pesan; en concreto, cuáles son las tareas políticas del país y lanzarnos a eso.

 

Hay otro problema en que hemos fallado en este periodo: la continuidad de las

operaciones. Además de la descoordinación de las operaciones a todo nivel. Miren: en este año no pudimos coordinar el accionar del Frente Sur y el accionar del Frente Occidental y el accionar de la OPM, ni el trabajo logístico. Nunca cuadró esto; cuando una cosa estaba lista a nivel logístico, aquí no se estaba listo.

 

El no entender en qué situación político militar estábamos, hizo que la planificación operativa tuviera tropiezos. Algunos objetivos ya trazados hubo que rechazarlos porque no se adecuaban al momento político-militar. Eso causó demoras, demoras que implicaban que la coordinación con el Frente Sur, en comienzo de campaña, nunca coincidiera con el Frente Occidental. Eso causó que la coordinación con los compañeros del EPL y la campaña militar, también en función de esto, no tuviera muchos efectos porque estaba descoordinada de la de nosotros. Es decir, el problema de la descoordinación no es solamente un problema de comunicaciones; nos quita eficacia, nos quita espacio político-militar; deja que el enemigo se recupere.

 

Desarticula todas las estructuras de la organización en función de los objetivos.

Acciones tan importantes como la de Yumbo, Miranda, nunca pudieron romper el clima de propaganda en contra que creó el enemigo a escala nacional. La del Mirador no interesa; ojalá hubiéramos hecho la propaganda al Mirador, pero sus efectos fundamentales eran militares, y, aunque no tuviera la propaganda política, los efectos eran concretos. Había que ver la información militar, la desesperación por los fierros perdidos. En las otras acciones que giraron fundamentalmente en propaganda armada, aunque no era ese el objetivo, como la de Garzón y como las del Frente Occidental, la falta de coordinación de éstas impidió hacer de ellas una campaña nacional.

 

La organización de la dirección

 

Pienso que ese punto es el que más exige de nosotros en este momento. Funcionar como estructura global, El problema es que una estructura no se centraliza sino en función de una misma concepción. Y esa concepción ya no es una concepción abstracta, tenemos elementos y desarrollos concretos de esa concepción. Es en función de esos avances como tenemos que estructurarnos, en función de lo que tenemos; cómo vamos a planificar lo que podemos hacer mañana; y es en función de la situación política que nos tenemos que proponer el qué debemos hacer mañana, además de lo que podemos hacer.

 

Los compañeros han anotado las deficiencias del comando superior. Yo creo que tienen toda la razón, hemos jugado demasiado con un proyecto que no es nuestro, que es del país. El problema del Comando Superior no es simplemente que se organice para dirigir internamente la organización; él tiene que ser la dirección revolucionaria de las masas, porque se trata de un proyecto democrático; o si no, no tiene sentido; para ponernos de acuerdo sobre cómo marchar nosotros internamente es fácil, pero nos queda pequeño, no se justifica; y lo mismo con la dirección nacional.

Yo pienso que los compañeros oficiales comandantes, miembros de la dirección nacional o miembros del Comando Superior, que no piensen en función del país, que no miren el país, el desarrollo político y militar, están incumpliendo las tareas para las que han sido asignados.

 

Estamos construyendo una dirección político militar de la revolución colombiana. Nos ha salvado el proyecto político. Yo sí creo que en todas las incomunicaciones que hemos tenido, la falta de medios técnicos, la falta de trabajar con sentido real y concreto, una red logística: todas esas fallas, nos las ha permitido superar el olfato político, una Propuesta política: pero a veces perdemos el rumbo, a veces no nos damos cuenta de que nuestro proyecto es del tamaño del país. Que nuestro ejército tiene que ser del tamaño de las tareas que nos exige la destrucción del ejército enemigo. Y que el Comando Superior debe dirigir la política, el proyecto democrático, y debe dirigir la guerra; por eso la OPM se ha dotado como un instrumento: la Fuerza Militar.

 

Es en función de ese proyecto que la Fuerza Militar se crea, se organiza, opera. Ahora, tiene su propia lógica.

 

Nosotros no podemos seguir confundiendo las tareas políticas y la estrategia de masas con la construcción de ese ejército. Por eso, además del Comando Superior se necesita un Estado Mayor para las tareas del ejército, para las tareas militares.

Y aquí todos los compañeros han anotado: no solamente el problema de la Fuerza Militar es la tarea militar del Estado Mayor. Una serie de estructuras que giran alrededor de la F.M., del ejército propiamente dicho. Y en eso somos enanos nosotros.

Tenemos toda la, capacidad en cuadros, en logística, en voluntad y fundamentalmente en un proyecto que es concreto y se desarrolla. Pero nos falta planificación, nos falta exigirnos más, nos falta pensar en grande; nos falta más audacia y más seriedad para romper los esquemas de lo viejo, integrando. Oigo: tenemos una experiencia rica y nuestra: la experiencia de los compañeros de la escuela; las nuevas experiencias nos dan las posibilidades de conjugar esos elementos. Cuando Raúl insiste en buscar los elementos teóricos con microscopio, con rayo láser o citando a Borges, tiene toda la razón, y es una tarea de esta organización, de esta dirección nacional, Yo pienso que el Comando Superior tiene que asumir con dedicación la conformación de planes correctos. Nosotros nunca hemos trabajado en función de planes reales. Hemos trabajado en función de objetivos: golpear, atacar, recuperar tanto; pero objetivos concretos, que implica la implementación de recursos, de hombres, de áreas, de tiempos, de evaluación posterior. Asimilemos las experiencias de las luchas del pueblo.

Y nos toca asumir en serio las tareas: de la guerra; hoy ya no hay más tiempo para probar, ahora nos toca seguir improvisando, compañeros: nosotros somos guerrilleros, estamos caminando al filo de nuevas experiencias. Qué es esta experiencia del Frente Occidental, sino una improvisación necesaria, ¡claro que necesaria!

Sabíamos que el Cauca servía, o que el Valle del Cauca servía. Es decir, además, de la planificación de lo que tenemos, tenemos que darle espacio y tiempo a la vida.

La discusión sobre la insurrección:

Nosotros sabemos que Colombia es un país de paros cívicos. Sobre eso hemos botado corriente nosotros, más que ninguna organización. Desde la quinta conferencia, planteamos como estrategia la insurrección combinada; es el término que se emplea ahí, hablando de la combinación de un ejército y los paros cívicos, pero era botando corriente. Hoy tenemos que decirnos qué va a pasar con el Valle del Cauca, un departamento de grandes ciudades, ante la presencia de una Fuerza Militar aquí en sus barbas. ¿Qué pasa hoy? ¿Cómo reaccionan las masas de cada ciudad? Está la experiencia de Florencia, está la experiencia de Corinto y Miranda; mediante una Fuerza Militar operando aquí en la zona, ¿cómo reaccionan las ciudades? Tenemos que esperar. Hay que, darle tiempo y espacio a que la vida nos vaya enseñando cosas nuevas ¿Se insurreccionan las masas? ¿Se insurreccionan y se vienen para el monte?

Lo que sí sabemos nosotros es que tenemos que tomar una decisión estratégica, que lo fundamental es construir la Fuerza Militar, construir un ejército.

Y nos toca asumir en serio las tareas de la guerra; hoy ya no hay más tiempo para probar, ahora nos toca seguir improvisando, compañeros, nosotros somos guerrilleros, estamos caminando al filo de nuevas experiencias.

En concreto hoy, a pesar de que podamos estar al borde de la insurrección, no podernos lanzar ochenta cuadros de aquí con ochenta fierros a una insurrección. El esfuerzo fundamental, los recursos fundamentales, la decisión fundamental, giran siempre alrededor de la construcción de la fuerza militar. La manera de combinarse, cómo va a reaccionar eso, nos lo da la propia vida. Allí es donde tenemos que improvisar inmediatamente.

Sobre la zona, yo pienso que hay elementos que nos arroja la propia realidad: el valor geopolítico de esta zona, la experiencia que se ha hecho, las posibilidades que tiene, la justeza de no seguir tras la guerrilla trashumante, que no se sabe cuál es su vanguardia o su retaguardia porque siempre está caminando. Es un paso que hemos dado, saquémosle el jugo a eso.

Estamos empezando, estamos abriendo un período nuevo en la vida militar de la organización y del país. Lancémonos allí con audacia, buscando los nuevos elementos. Yo pienso que hoy ya no hay tiempo para escepticismo frente a la nueva concepción. Se probó. Nos adecuamos fácilmente; la experiencia del sur, donde compañeros que habían hecho la guerra de una manera distinta, con una concepción distinta, fácilmente actúan de acuerdo con la nueva concepción, está demostrando que la eficacia en esto, que los hechos nuevos, que probar las concepciones con los hechos, es el único criterio que para el M-19 puede existir. Crear los hechos políticos y militares necesarios, eso implica errores, ¡claro que implica errores! Pero es más error la pasividad o el teoricismo.

La unidad en torno a los intereses del pueblo

No hagamos de la técnica y de la experiencia un tema que tiene que plantearse en términos de contradicción, quitémosle tanto manual a las cosas, seamos más creativos; no seamos tan sectarios con nosotros mismos al interior de la organización, ni con otras fuerzas políticas y militares en Colombia. Yo no estoy de acuerdo con ciertas actitudes sectarias frente a los compañeros de las FARC ¿No es acaso responsabilidad nuestra demostrarles en los hechos lo viable, lo concreto de la nueva concepción? ¿No han sido la tradición guerrillera, durante veinte años, para que nosotros con una prepotencia, que no tenemos por qué tener (porque fuimos presa de los mismos errores) les lancemos en la cara una serie de errores de una manera sectaria?

Yo pienso que el problema de la unidad frente al movimiento revolucionario y armado exige de nosotros una posición mucho más elástica. Si ante nuestros primeros éxitos, nosotros abandonamos nuestro esfuerzo de unidad, no estaríamos haciendo un carajo. La unidad, la búsqueda de la unidad con el movimiento guerrillero, sigue siendo tarea estratégica para la organización.

Y no puede ser una unidad alrededor de nosotros, compañeros, si se ha avanzado ahora con el EPL, con las FARC; aún la experiencia tan crítica con los Francos, tan poco clara en sus perspectivas, pero que de cualquier forma arroja algunos elementos que nos sirven como experiencia frente a la unidad. Y algunas experiencias sobre cómo no hacer ciertas unidades; podemos ser más rigurosos frente a los principios de la unidad, pero se oyen ciertas actitudes presuntuosas, sectarias, y ese no es el espíritu del M-19. Ahora hagamos el debate, exijamos ciertos acuerdos que no se cumplen. Pero, sobre todo lo que estamos haciendo, en todas las regiones donde estamos, que los hechos demuestren que tenemos razón. Que las propuestas políticas frente a las masas nos amplíen a nosotros el espacio y que los hechos vayan arrastrando, y que sea siempre el M-19 el que convoca a la unidad, el que da los primeros pasos hacia la unidad.

No sintamos que por nosotros empieza el mundo militar guerrillero en Colombia, porque no es cierto, compañeros. Nosotros somos expresión simplemente de unas luchas campesinas guerrilleras en Colombia.

Pizarro decía, "Tenemos que aprenderle a Chispas"; es parte de nuestra tradición guerrillera; tenemos que aprenderles a los guerrilleros del llano, a Chispas y a Marulanda hay que aprenderles, compañeros; son también parte de esa historia. Somos una continuidad, superándose, es Cierto, dando nuevos elementos, es cierto. Pero por eso mismo tenemos la obligación de ser cada día más unitarios, cada día más con la mente abierta.

La inmodestia nunca ha sido la característica del M-19. La eficacia es otro paseo. Somos eficaces; yo dije que ciertas cuestiones de sectarismo, de prepotencia, tienen que ver con una formación ideológica y política en la Organización. Afranio aportaba algunos elementos: no es suficiente con los hechos militares que producimos nosotros; yo creo que llegó el momento de que nosotros tengamos que desarrollar, con toda la actitud compleja y el análisis, lo democrático, lo nacionalista, lo bolivariano.

¿Qué debemos corregir y cómo vamos a avanzar?

Hay un bajo nivel general en la Organización y eso no se puede dejar al espontaneísmo. Los compañeros anotaban el resultado de la Octava Conferencia; dicho resultado no se ha publicado todavía; sí, podemos dar muchas explicaciones del porqué no se hizo, pero el hecho concreto es que no está hecho. La folletería de la organización no tiene una función, no tiene responsables. Por eso la discusión política a veces es tan pobre, y si a eso la sumamos la no claridad de las estructuras que funcionan en la FM, pues peor. Mario anotaba el democraticismo en las decisiones militares, pero también hay que ver el militarismo en las decisiones políticas. Aquí el Comandante se puede quedar ronco dando órdenes militares, y no se obedece. Pero tampoco la OPM, el Comando Superior, la Dirección Nacional, tienen claramente asignada una función dentro de la FM.

La propaganda de la organización está totalmente quedada dentro del momento y el desarrollo de nuestras fuerzas; yo SI creo que la cuestión de la emisora es una cuestión estratégica, urgente además; nosotros no podemos seguir con 50.000, 80.000 ejemplares de un periodiquito, enfrentando a El Tiempo, El Espectador, El País, en un pueblo casi analfabeta. Tenemos que invadir este país de cassettes.

¿Cómo es posible que de la Fuerza Militar de Occidente no salgan los partes de guerra, ni los relatos? ¿Cómo es posible que se descuide tanto el valor de la propaganda y la información? ¿Qué nosotros despreciemos los métodos audiovisuales? Por ahí nos están ofreciendo un aparato, muy pequeño, para emitir en T.V. clandestinamente; es portátil, vale 23 millones de pesos; sería la única guerrilla con emisión de T.V. clandestina, yo pienso que tenemos que hacer eso. Pero empecemos por lo concreto y real; lo concreto significa emisora, y la emisora significa zona, y un Estado Mayor significa zona, y un Comando Superior significa también un objetivo concreto y un plan determinado para distribuir funciones, para dejar desarrollar los cuadros medios, para que todos no nos pisemos las mangueras ni nos ahoguemos en los límites de la jurisdicción de cada cual, para que no seamos toderos.

Pienso que la Dirección Nacional tiene que renovarse, hay mucho elemento nuevo, hay gente que viene con ganas, con aportes, con experiencia; hagámosle un remezón a la organización, un remezón que no es un problema interno; es un problema que nos está exigiendo el país y el desarrollo de las tareas militares. Hoy no estamos haciendo estrategismo, haciendo ideologismo. Aquí se ha hablado en estos cuatro días de cosas muy serias, compañeros, de cosas concretas, inmediatas, posibles.

Hemos dicho que vamos a poner este país a dialogar, y que si no dialoga el país, si con ese diálogo no se arreglan las cosas nos vamos a lanzar a una protesta con todos los sectores que pidieron el diálogo y que pidieron reformas en ese diálogo. Esa sería nuestra principal e inmediata exigencia militar y política: protestar ante el no cumplimiento del Diálogo. O desarrollar el Diálogo con todas sus consecuencias, si se abre; y si después de la protesta no se realizan las reformas del Diálogo, tendremos en verdad que asumir en perspectiva el ser un gobierno pare: cumplir esa exigencia.

Pero además de plantearnos la posibilidad de ser un gobierno, también nos planteamos la posibilidad de ser un ejército capaz de defender, capaz de conseguir la defensa de las condiciones mínimas de la existencia de un gobierno; como es una zona con control militar, como es una política de alianzas tanto políticas como militares. Eso implica un cambio de perspectiva de la organización, una exigencia en los cuadros, un cambio en las estructuras y en la función de las estructuras. Aquí ha habido propuestas concretas: Pizarro la llama Frente, Raúl les llama región; pero la concepción es la misma y la idea es la misma: hacer que en una región sus compases políticos, sociales, militares, geográficos, giren en función de un proyecto político y una Fuerza Militar. Y que las estructuras nuestras estén en función de la fuerza fundamental de esa zona, en perspectivas sociales, políticas y militares de esa zona.

Eso necesita entonces una planificación centralizada, donde ninguna estructura pueda funcionar sola: ni las fuerzas militares; ni las fuerzas especiales; ni los comandos urbanos, ni el trabajo internacional, ni el trabajo financiero, ni la propaganda, ni la logística. Si despelotados como hemos estado estos últimos años, totalmente despelotados, el Comando Superior, la Dirección Nacional, las Fuerzas Militares, las diferentes estructuras (lo único unificado era la propuesta política), si así hemos logrado, lo que hemos logrado, lancemos nuevas estructuras, abramos estructuras a la gente, entreguemos las estructuras. Iván decía: "soltemos a la gente ya". Ahora, soltémosla mediante un plan, mediante responsabilidades concretas.

Entonces yo sí creo que de aquí debe surgir, de la reunión del Comando Superior, por lo menos un Estado Mayor que planifique las tareas del momento: que lo cambie o lo ratifique la próxima conferencia; esa es otra cuestión. Pero ya las tareas del momento las tiene que asumir un Estado Mayor. Y la unificación del Comando Superior, como dirección político militar, la tiene que dar el control de ese Estado Mayor. Pero, por favor, no pensemos más en el ejército como una estructura simplemente de fuerza militar de aquí o allá. No pensemos en la guerra simplemente como el enfrentamiento aquí en el occidente o en el sur; hoy tenemos que pensar como dirigentes de un futuro gobierno.

Hay nueva gente... hoy no es tiempo de pensar en pequeño, hoy no es tiempo de pensar en la propia y pequeña experiencia o pequeña responsabilidad; de modo que cuando nos reunamos el Comando Superior (después de una rediscusión del Comando Superior) con cada estructura, podamos aportar planes a escala nacional.

Lo de las escuelas es una necesidad inaplazable. Porque tenemos que resolver el problema de una Escuela Permanente, porque tenemos que resolver el problema de una Escuela para la OPM, escuela para las tropas especiales, escuela para los nuevos que están esperando y están inscritos. Eso implica una exigencia de los compañeros de propaganda, por ejemplo; por lo tanto, implica una exigencia para los compañeros que escriben y que producen, implica una exigencia para los compañeros de logística, implica una exigencia para los compañeros de finanzas; y cualquier tarea... la mínima que dejemos, pone en juego toda la estructura; por lo tanto, hermanos, es inevitable funcionar como estructura centralizada. Ahora hemos hablado de logística todo este tiempo, pero pienso que el criterio rector de la logística es quitarle las armas al enemigo en el próximo periodo; si no, no hay logística que aguante combates de 6 horas por más disciplina de fuego, compañeros; esos combates van a ser más continuos, tienen que alimentarse de las armas y de la munición del enemigo. Ahora, indudablemente el armamento de apoyo tiene que venir de todas partes, aunque también tiene que ser conseguido al enemigo aquí, no solamente por problemas de logística en sí mismo. Algún compañero anotaba: por lo que implica la desmoralización del enemigo y el aumento de la moral de nuestras propias fuerzas. Y entre otro de los elementos que hay que anotar como nuevo en este período es la alta moral de combate de la estructura general de la organización. Eso se prueba en la realidad concreta: en la operatividad de la OPM, en el silencio de los compañeros del trabajo financiero o en la coordinación del trabajo internacional... Ese cuento de que aquí es lo duro y afuera es lo suave, yo creo que no es cierto y pienso que ese cuento tenemos que desecharlo nosotros; ese cuento de que vengan aquí al monte para que sepan lo que es bueno, eso no es cierto, es falso además.

Como lo otro: compañeros que dicen: "Yo no he vivido la guerra"; yo digo, compañeros, la estructura del M-19 está en guerra, y está viviendo la guerra. ¿No es guerra la clandestinidad? ¿O no es guerra el desarrollo político militar de una concepción que significa guerra? A no ser que se vaya con otra concepción, lo que está mostrando la realidad es que la concepción político-militar está generalizándose cada vez más. Por lo obvio, compañeros, por lo concreto, porque se está aplicando en la práctica. Porque un accionar exitoso de Fuerza Militar causa un nuevo nivel de moral en toda la organización, porque el desarrollo del proyecto político-militar exige a todas las estructuras.

Cuando el compañero hablaba de las noches y las amanecidas tratando de transmitir, esa es una tarea de guerra; los compañeros que en el trabajo internacional han mantenido nuestro proyecto, han mantenido la revista, han mantenido una estructura de organización, independiente de los problemas que tengan internos (que los tienen además como en toda la organización). Yo digo: cada compañero debe sentirse en guerra en, esta organización, como debe sentirse en diálogo, como debe sentirse en futuro gobierno. Ahora, qué nos falta en esa concepción, nos falta mucho; compañeros, que la operatividad urbana debe cambiar, es cierto. Que se logró implantar, a nivel de comandos, operativos que cumplieron esa etapa que era necesaria; que se corrigió esa concepción de que los comandos político militares eran de masas y eran por frentes de masas, para hacer trabajo político en las masas. Que se ha mantenido una operatividad de cuarenta y cinco operativos promedios al mes, chiquitos, pequeños, insignificantes, de propaganda armada y a veces de recuperación. Pero esos son logros concretos.

Que tenemos que crear redes logísticas más eficaces, que la artillería tiene que ser como una unidad permanente. Que comunicaciones. Que explosivistas. Yo pienso que aquí hemos trabajado en concreto y en serio las necesidades inmediatas.

Están sobre el tapete, compañeros, Están sobre la exigencia del país. Y yo insisto en que esta reunión de Dirección Nacional lo bueno que tiene es que hay éxito sobre la práctica, avance sobre la práctica; por eso esa vieja discusión de lo que se hizo antes, aunque es bueno, que hay que hacerla cada vez que se quiera hacerla, debe insistir fundamentalmente en qué es lo que se ha hecho de nuevo y de bueno, que el despelote orgánico tiene que parar de una vez por todas. Que si hablamos de centralizar funciones, de hacer planes, de conformar una estructura, tenemos que actuar todos como eso, como hombres estructurados en una disciplina político-militar.

Y no confundamos la discusión política con la discusión militar. No confundamos los Estados Mayores con las reuniones político-militares. Que una vez se toma una orden, esa orden se cumple, compañeros. La disciplina es consciente, conscientemente aceptada, Eso implica también no jugar con los Reglamentos de la organización. Hemos abusado demasiado, compañeros, con las expulsiones, con las calificaciones de deserción. Hemos abusado demasiado. Hay un despelote orgánico por todas partes; compañeros salen de una estructura, nadie tiene control de eso. Aquí nadie es responsable de personal para hablar en esos términos, los marginamientos.

Yo creo que en eso hemos avanzado, en aceptarle a la gente la salida cuando la pide. Esa antigua política de la guerrilla colombiana donde el que sale era un desertor, un enemigo en potencia, en la realidad concreta está superada. Pero eso no implica no preguntarnos por qué tanto marginamiento, por qué si el proyecto es claro, si la eficacia a veces funciona, por qué tanto marginamiento.

¿Qué estilo de mando a veces se impone en la organización que no deja desarrollar la iniciativa de los compañeros nuevos o de los antiguos? ¿Qué estilo de mando de no planificar para no delegar funciones? ¿Qué formación le damos a la gente? Si cuando a uno le dicen que todavía hay aquí compañeros que no saben leer ni escribir, es para protestar, compañeros. Antes de darle un fierro a un compañero que no sabe leer ni escribir, hay que darle un papel y un lápiz, compas.

El reglamento de ética militar, el nuevo reglamento que hay que hacer, los reglamentos operativos y los reglamentos operacionales, las tareas internacionales de hacer reconocer este acuerdo como fuerza beligerante a escala internacional, compañeros. Nosotros nos tenemos que hacer reconocer internacionalmente como Fuerza Militar. El problema de los médicos, el problema de las escuelas permanentes, el problema de los capellanes. Necesitamos aquí capellanes para este ejército. Una serie de tareas en concreto, compañeros, que no se basan sino en un trabajo político de masas. Porque aquí no estamos todos los que somos, todos los que vamos a dirigir esto. Aquí falta mucha gente faltan muchos técnicos, falta mucho pueblo.

Compañeros, aquí necesitamos los científicos, los técnicos, los militares nacionalistas. Oiga, como hemos abandonado nosotros ese trabajo, tenemos una política frente al ejército, una política que le llega además.

Como se decía una vez en la picota: si no hay militares nacionalistas, hay que crearlos, mediante la propuesta política, mediante el enfrentamiento militar, mediante el trato cuando están rendidos. Esas son las únicas formas de quebrar la voluntad del enemigo: el enfrentamiento, el trato: a los heridos y una propuesta para ellos. Y tenemos elementos concretos, tenemos contactos, tenemos militares; pero no tenemos un órgano centralizador de toda esa información. El ejemplo de Boris es correcto: cómo se va a rendir un hombre cuando además de la rendición, que de por sí es un caso grave, se le manda el madrazo y el insulto. Eso de chulos hijueputas, aunque es una vaina tan popular, vaina tan popular, yo pienso que nosotros debemos intentar hacer un esfuerzo por superar esos términos. Debemos unificar una política frente a los militares y frente a la policía. Debemos unificar un órgano de propaganda ante ellos. Si nos alegramos tanto porque un policía como el policía Pedro de Corinto se integra a nosotros, cómo no hacer un esfuerzo sostenido, permanente, planificado en función de eso.

Miren, compañeros: Matallana escribe un folleto, una posición sobre la guerra y la paz y el Diálogo Nacional, donde da elementos nuevos de verdad, donde le exige al ejército una serie de criterios y condiciones para la Paz y para la Tregua y aquí no hay un sólo ejemplar de ese folleto. En Antioquia se rinden 4 policías frente a la guerrilla; les hacen consejo de guerra por deshonor y traición a la patria. Los policías reviran y dicen que la patria es su familia y su propia vida, y ninguno de nosotros, ni la revista internacional ni en ninguna declaración hemos tocado ese punto. Es decir, de verdad ser ejército es ver las fuerzas del país. Un ejército no nace como un instrumento quieto y frío. Ese instrumento nace de una serie de contradicciones sociales y políticas, actúa sobre un medio, se basa en un proyecto político: y toda su actividad, la mínima que sea, está desarrollada sobre las fuerzas sociales sobre las que actúa.

Lo militar, además del combate, además de la eficacia, además de la técnica, tiene que ver con el manejo de las masas, tiene que ver cómo se trata al hacendado, al campesino rico. Oiga, siquiera no hay en el Caquetá campesinos para secuestrar, no los hay. De verdad, exijamos nosotros que sea línea que al hacendado medio y rico, al ganadero medio y rico, nosotros no lo vamos a acosar con el impuesto, ni con el secuestro, ni con la vacuna; Ahí están las multinacionales. Pero son los detalles, el tratamiento a la policía, la propaganda frente al ejército, el tratamiento a los hacendados, el tratamiento a la población. Otra cosa son ya los planes concretos de cómo organizar las masas en función del ejército.

Y en concreto en esta zona. Aquí se han arrojado elementos concretos. Se habla de la experiencia en Remolino; Yo creo que es completamente distinto. Yo creo que las condiciones son otras, la concepción es otra, la estructura es otra, las formas de organizar las masas, para las actividades políticas y sociales. Si vamos a crear una zona de operaciones, un frente, implica conocer de verdad todos los conflictos sociales, los mecanismos organizativos de las masas.

Por eso ese trabajo que están haciendo las comisiones, ese trabajo que están haciendo los pelotones, recorriendo las veredas, hablando del Diálogo, reuniendo a la gente, haciendo los croquis, enseñándoles principios mínimos de clandestinidad a las masas, formando redes, nos está aportando a nosotros elementos para resolver problemas concretos.

La función del plan frente a la montaña. Cuál es en este tipo de guerra, el papel de las carreteras. Bueno, aquí hay compañeros que tienen la experiencia, que tienen hipótesis de guerra frente a eso. Toda esta corriente sobre hipótesis de guerra, hipótesis de insurrección, hipótesis de zonas de operaciones, es lo que debe llegar a la Novena Conferencia.

Ahora compañeros: Si no hay Novena Conferencia, si las condiciones militares no dan tiempo para eso, es tarea del Comando Superior y del Estado Mayor sacar de lo que hubo acuerdo en esta reunión, que yo creo que es lo fundamental. Sacar criterios de trabajo, planes concretos. De lo único que estamos seguros es que no podemos esperar hasta la Novena para tomar ciertas decisiones. Ojalá lleguemos a la Novena y tomemos las decisiones, pero creo que esta reunión de Dirección Nacional es estatutaria, tiene autoridad, pero más que autoridad formal ha habido más o menos consenso en los criterios, más o menos en la voluntad, más o menos coincidencia en los desarrollos y en las perspectivas. Entonces si no hay Novena Conferencia por condiciones militares, las hipótesis de trabajo aquí, los planes concretos tienen que ser basados en el consenso que hubo, y se harán compañeros. Sin espera. Lo que hará la Novena, si se realiza, será refrendar y profundizar esto.

Pero aquí hay perspectivas de trabajo, planes completos, criterios y de todas maneras aprender a improvisar en lo político y en lo militar. Compas, este es un momento de mucha fluidez en lo político; la situación cambia militarmente también porque estamos trabajando sobre hipótesis.

Nosotros estamos diciendo de un salto en el desarrollo militar por todo lo que implica de calidad, por lo nuevo que arroja; pero, ojo, que 4 o 6 meses operando no es tiempo para probar muchas cosas. Pero nos basamos en lo nuevo, sin miedo a equivocarnos; ahora planifiquemos, exijámonos, organicémonos, sabiendo de todas maneras que el estilo de vida, el estilo de operación, el momento que vivimos, las condiciones, nos obligan a un margen bastante grande de improvisación. Así como nació esta concepción en medio de los combates, en medio de los errores, en medio del heroísmo. Como cuando se hacen pistas para aviones que no llegan, y cuando llegan aterrizan en otra parte. Oiga, ese va a ser de todas maneras mucho del estilo nuestro.

No podemos esperar que estén todas las condiciones organizativas perfectas y maduras para dar los pasos siguientes. No podemos esperar que esté todo fríamente calculado para dar los pasos que vienen. No podemos estar 100% seguros para tomar decisiones políticas o militares. Todo proceso de estos, todo proceso revolucionario tiene elementos nuevos por sí mismos. Siempre somos inmaduros y pequeños frente al proceso. Esa es la ley de estas revoluciones. Siempre llegamos inmaduros al poder, siempre llegamos no preparados a situaciones nuevas. Entonces no nos peguemos de un perfeccionismo, no nos peguemos de una total claridad para no dar los pasos que vienen. La audacia, la búsqueda de lo nuevo, romper la pasividad, ser más agresivos, pensar en grande. Hay unos objetivos militares y unas estructuras que hay que hacer más funcionales, más flexibles, más fluidas pero centralizadas fundamentalmente en esos criterios. Esos son los elementos que yo considero que han arrojado la reunión y las discusiones de estos días. Me parece, sí, que somos más maduros, me parece que hay gente y fuerza joven, nueva; me parece que la diferencia entre la Octava Conferencia, la Reunión de Panamá y ésta es kilométrica. Creo que estamos actuando y hablando sobre otro país. Estamos hablando y actuando sobre un proyecto más profundizado en lo político. Y estamos actuando y obrando desde una perspectiva militar mucho más sólida. Y eso es lo importante. Lo otro, los errores, las deficiencias, las pequeñeces, se resuelven en función de lo nuevo, en función de la perspectiva.

Ahí está el avance, compañeros, proyectos más serios, más grandes que nosotros siempre, proyectos políticos y militares que nos exigen más. El día que estemos satisfechos -decía un compañero- con lo que estamos haciendo, nos estamos burocratizando, nos estamos anquilosando, nos estamos durmiendo. Pero cuando se puedan mostrar hechos nuevos, propuestas nuevas, exigencias nuevas, gente nueva y el mismo proyecto y la misma concepción y un desarrollo histórico que es de todos, compañeros: estamos avanzando. Aquí todos han insistido en un desarrollo histórico del pueblo y de la organización. Y esto es lo que tenemos para lanzar al país. Luego el plan que hagamos, las tareas que acordamos, tíenen que ser del tamaño de las exigencias y del momento que vive el país. Independiente de las fuerzas que tengamos.

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9 marzo 2014 7 09 /03 /marzo /2014 01:42

¿Qué se discutió en todas esas reuniones?

 

1) La dignidad del movimiento guerrillero.  

 

2) Una tregua en donde ninguna de las dos fuerzas salga derrotada, una tregua de contendores. Por este segundo punto había pelea. Las FARC habían firmado que reconocían como única fuerza militar válida al ejército colombiano. Nosotros pensamos que somos tan válidos, tan legítimos como expresión de la rebelión armada, como ellos. Nosotros planteábamos entonces que hay un ejército, y unas fuerzas armadas del pueblo.  

 

3) El diálogo nacional.

 

Había otros puntos de conflicto. Ellos querían, por ejemplo, que condenáramos moralmente el secuestro, como lo hicieron las FARC. A eso respondíamos: «nosotros hemos retenido personas. El secuestro es un delito común, es la amenaza a la vida de alguien por dinero. Cuando hemos retenido a alguien le hemos dicho, ‘usted está lleno de dinero que le pertenece a la Nación, al pueblo trabajador’, por eso es que en el pasado retuvimos a ejecutivos de las multinacionales que extraen del país las riquezas, porque parte de los gastos de la revolución la tienen que pagar las multinacionales».

 

Reconocemos que retener a una persona es violar su libertad, y eso no nos gusta nada. Pero, ¿acaso hemos vivido en Suiza? En Colombia ha habido una guerra civil, una guerra económica, una guerra social y política, una guerra violenta diaria.

 

Yo le dije a Bernardo Ramírez: «con usted es muy chévere hablar, nos entendemos y vamos pa’lante, tomamos aguardiente, hablamos de literatura, pero la buena relación aquí no frena los planes ofensivos de la organización.

 

El presidente había dicho, cuando le preguntaron que por qué seguían nuestras acciones, que «el M-19 acostumbra negociar de noche y combatir de día». Entonces le pregunté a Bernando «qué es lo que quiere el presidente, si quiere combatimos de día y combatimos de noche.

 

Las discusiones sobre el diálogo nacional fueron duras también. No sabían cuál era su significado real. La primera propuesta del gobierno es que nosotros nombráramos delegados para oír, con el gobierno, las inquietudes del pueblo.

 

Esos delegados podrían hablar con las comisiones del Congreso.

 

Para nosotros el diálogo nacional no podía ser eso; era el país el que tenía que hablar y decidir.

 

El 30 de abril asesinaron a Rodrigo Lara Bonilla. Se decretó el estado de sitio en todo el país - ya regía en el Caquetá, el Cauca, Putumayo y Huila, agregándose a una censura de prensa que era real y concreta aunque no había un decreto que la impusiera. La actitud de Belisario fue valiente frente a esa histeria de derecha que recorrió el país, la Iglesia, los gremios pidiendo violencia, igualando la violencia social con la lucha guerrillera. En últimas, le decían «cúmplale a las FARC que ya firmaron, pero al M-19: plomo».

 

La noche anterior a su asesinato, Rodrigo Lara conversó conmigo. Nos gustaba la forma de pensar de Lara y ya Báteman se había reunido con él en el 82. Nos identificábamos al pensar que Colombia merece un clima de democracia y que hay que crearlo, construirlo. Con él queríamos impulsar ese proyecto. Le explicamos lo de Madrid, nuestra posición contraria al Código de Procedimiento Penal y a la extradición. Nos contó que se iba del país y estuvimos de acuerdo en que el diálogo debía promover reformas profundas para que en Colombia hubiera un real desarrollo de la paz. El quedó, al día siguiente, de discutir el problema jurídico de los guerrilleros en tregua y la posibilidad de expedir salvoconductos para los que salieran a la vida pública. Murió (asesinado) al anochecer.

 

Belisario, en su discurso en Neiva (26), hace una distinción clara entre el tipo de violencia que segó la vida de Lara y la rebelión en armas. Pero les cede a los militares en varias cosas, como en la implantación del estado de sitio y en los decretos complementarios que no son para luchar contra el narcotráfico sino para impedir la movilización popular.

 

Y Bernardo Ramírez se vuelve a perder; pasan 15 días y decimos «se acabó». Les digo a los compañeros del Estado Mayor: «láncese con todo, porque esto se jodió». Antes de la ofensiva me reuní cuatro veces con López (27). De pronto aparece Bernardo y yo le digo «con estado de sitio contra el pueblo, censura de prensa y usted desaparecido. ¿qué quiere que piense?; ¿lo que quiere usted es romper?». Me da explicaciones que no me dejan muy convencido.

 

Y yo le insistí: «dígale a Belisario que él verá, que por mí todo puede estar listo para que el 20 de julio llegue a la apertura del Congreso con el acuerdo de paz en el bolsillo». Pero eso no fue posible.

 

Con el avance de las discusiones se vincularon los dirigentes de los partidos Liberal y Conservador, Jaime Castro y Alvaro Leyva Durán.

 

Castro sabía a qué iba; él le tenía miedo a un plebiscito o a una asamblea nacional constituyente, pero a lo que le tenía pánico era al «desorden», ¿cómo reunir a todo el país en las plazas públicas a que hablara de sus problemas? Eso le producía terror. Como si el ambiente adormecido del Congreso fuera el «orden». Pero estaba dispuesto a que el diálogo nacional funcionara.

 

Alvaro Leyva era mucho más abierto, aceptaba que en Colombia la democracia es, además de restringida, chiquita; que el pueblo no está representado en ese sistema democrático y que con el diálogo nacional podría lograrlo. Hablaba de devolverle al pueblo la democracia directa.

 

Pero a ambos les preocupaba lo del cabildo abierto, lo de la gente en las plazas públicas. Cuando los nombraron ministros, pensábamos que Belisario reforzaba el equipo de los hombres partidarios de la paz en el gabinete ministerial. Con Jaime Castro nos equivocamos. Apenas lo nombraron ministro se volvió otra persona, dijo que nunca se había reunido con nosotros a nombre del Partido Liberal sino a título personal. También afirmó que no había concebido el diálogo nacional como nosotros, y que eso era un problema de recinto cerrado.

 

Mientras pasó todo ese tiempo de las negociaciones se hizo Corinto (28), se hizo Miranda (29) y acciones en muchas ciudades. Al final habíamos quedado en hacer unas reuniones de ambientación, una en el Cauca, otra en Caquetá y una más en Antioquia (30) (ésta con el EPL).

 

Llega la comisión a San Francisco, Cauca, y se encuentra con el ejército. La clave es que la guerrilla choca con el ejército que va en su búsqueda, y lo derrota; es la guerrilla la que levanta la bandera de la paz. Los delegados del presidente de la República son sometidos a requisa y a la amenaza del ejército y levantan su propia camisa como bandera de paz, no frente a la guerrilla sino frente al ejército. Era una guerrilla combatiendo por la paz, enfrentándose militarmente y derrotándolo.

 

El ejército informa a El Tiempo (31) que el M-19 lo ha emboscado y así aparece en los titulares del día siguiente. Pero allí está la televisión que lo filma todo, y por eso la mentira del ejército no se pudo sostener. Por la televisión, el país vio que la guerrilla no iba a una marcha de combate era una guerrilla bajando alegre, cantando, con los morrales a la espalda, y de pronto... el combate.

 

A la noche siguiente vi a Bernardo Ramírez y le dije: «o ustedes amarran a los militares o va a ser muy difícil adelantar el proceso de la paz; nosotros queremos, pero como somos varios bandos, hay que integrarlos a todos». El me contestó que eso era muy difícil y me contó que después de esos hechos había habido una tormentosa reunión de ministros en la que Bernardo Ramírez, como invitado, tuvo que discutir personalmente lo que ya había aprobado; que varios militares no estaban dispuestos a obedecer órdenes ni a despejar la zona de San Francisco cuando se planteó la celebración de la cita.

 

Cinco días después de San Francisco, caía Toledo Plata (32) asesinado por los enemigos de la paz. Era una secuencia en el intento de bloquear el proceso.

 

No golpean al M-19, intentan acabar con el país.

 

Se dijo en ese momento que el M-19 tendría motivos para haber matado a Toledo. ¡Qué mentira y qué suciedad! Toledo no sólo era un oficial superior nuestro, sino un símbolo para nosotros de autoridad moral; era tal vez el comandante más querido y respetado, un hombre que teniéndolo todo, una profesión, un status social, una representación política en el Congreso, con sus años y sus posibilidades, asume la rebelión armada como su destino. El M-19 es no solamente gente en armas, es un movimiento político-militar. Tenemos el arma, el fusil, pero también la crítica, la denuncia, el trabajo político, y en eso era irremplazable Toledo, un hombre sin enemigos, con fervoroso cariño del pueblo de Bucaramanga que pidió vengar su muerte.

 

Fue Carlos Lleras el que dijo que podíamos haber sido nosotros. Todo el mundo sabe que cuando Carlos Lleras dice algo, hay que creer exactamente lo contrario; cuando él defiende la invasión norteamericana a Granada hay que apoyar a Granada, y así. Carlos Lleras ha llegado a un punto, que cuando escribe, no se sabe si lo ha hecho él o la Brigada de Institutos Militares; cada día se parecen más.

 

Carlos Lleras fue el único que estuvo de acuerdo con Matamoros, Landazábal y Lema Henao (33), cuando criticaron la reunión de Belisario con nosotros en Madrid y la política internacional del gobierno. Y es Lleras el que se reúne permanentemente con los altos mandos militares en su casa. Todo el movimiento de golpe ha sido hablado, pensado y discutido con Lleras. No es raro entonces que lance esa calumnia.

 

Pero además, el problema de Lleras con la guerrilla es viejo. Fue él, quien como miembro de la Dirección Liberal, entregó a la guerrilla del Llano (34). Y fue él quien nos propuso después a nosotros entregar las armas; y como le dijimos que no, quedó con ganas de atravesarse en el camino de la paz.

 

La muerte de Toledo conmocionó al país. Voy temprano a la casa de Bernardo Ramírez y le digo: «vamos a responder con todo, olvídese de sitios, olvídese de firma, olvídese de fechas, olvídese de todo». El me dice: «mire el momento histórico, no el momento sino la historia de este país». Entonces le contesto: «como dice Bolívar, cuando en la guerra todo parece caos, la única brújula es la dignidad y el honor. En Colombia la gente lo acepta todo, menos que uno se agache, olvídese de vainas».

 

Por eso vino Yumbo (35), que era la respuesta a los asesinos de Toledo, pero que también era parte de nuestra ofensiva.

 

La noche anterior al asesinato de Toledo, habíamos fijado la fecha del 12 de agosto, es decir tres días después. Pero Bernardo me dijo que los militares no aceptaban los sitios que nosotros proponíamos, que eran Toribío, Corinto y El Hobo. Me dijo que ellos sólo aceptaban fincas, que no aceptan ni siquiera una vereda a donde el ejército haya ido alguna vez, y que eso es sin discusión. Le digo que discutamos otros sitios, pero me dicen que no hay nada que hacer.

 

Proponían que firmáramos en Lopezadentro, en el Cauca, que es una recuperación de tierras indígenas (antes de que los desalojaran). Yo acepto, porque para nosotros tiene un gran significado firmar frente a la población indígena que ha tenido el valor de pelear por su tierra, por lo que le pertenece, pero le observo «eso le agrega a este conflicto un problema más, por ejemplo, con los azucareros del Valle que están dispuestos a masacrar los indígenas, uno por uno. Si a todo esto se le agrega el factor guerrilla-indígenas, para nosotros es perfecto». Bernardo entonces se la juega y les dice a los militares «o en Corinto y El Hobo (36), o no hay firma».

 

Con lo de Yumbo, las cosas se ponían peores. Porque Yumbo es todo audacia y capacidad de combate. El ejército niega sus bajas. Nosotros tuvimos cinco muertos. Y los militares toman venganza, en su impotencia, en su incapacidad, sobre la población y empiezan a asesinar gente.

 

Ese día, Bernardo está emberracado. Yo le pregunto «entonces ¿quieren la paz o no?», y le expongo cuatro posibilidades:

 

1) Dejar que la guerra se desarrolle, que sigan los combates, y le digo que la columna de Pizarro, arriba de Yumbo, puede combatir sin problemas, no es cierto que esté cercada. Pero que si esto continúa, las columnas de Navarro, lván, Boris y Chalita (37) empiezan a golpear también. Entonces, que se desarrollen los combates y sea la nueva situación político-militar la que nos dé la realidad de estas negociaciones. «Nos vemos en un mes, si quiere», remato.

 

El me dice «usted me está hablando de guerra». Yo le contesto «yo le estoy hablando de la realidad de este país, y lo que queremos es cambiar la realidad del país, no negarla».

 

2) Que se desarrollen los combates en Yumbo y el Cauca y que la Comisión de Diálogo vaya al Caquetá y hable con Boris, para mantener un pulmón, para no perder esa ambientación hacia la paz.

 

3) Una entrevista pública, usted y yo, o la Comisión de Paz en pleno conmigo, para discutir la situación, mientras siguen los combates.

 

4) Un pacto de honor hacia la suspensión de todas las operaciones. Ese pacto incluye la firma del Acuerdo de Cese del Fuego en Corinto y El Hobo, despejando las vías de acceso y de retirada desde Dapa, Toribio, San Francisco, y las zonas del Huila empezando por Tres esquinas.

 

Bernardo me dijo: «pero si ustedes están cercados por los militares». Y yo, furioso: «si usted les sigue creyendo a los militares después de lo que ha pasado, después que llevan 10 años diciendo que nos tienen acabados y llevamos 10 años siendo cada vez mejores; si cree en esa vaina, apueste a eso y nos vemos en un mes».

 

Al día siguiente, el gobierno escoge la cuarta alternativa, asume el compromiso de «ni un tiro más» y de firmar en los sitios propuestos por el M-19

 

Pero al final comienzan a aparecer los muertos en Yumbo, todos los días. Yo le digo «no son los grupos paramilitares, es la policía», y le digo que para firmar necesitamos que eso se controle primero y pido que vaya la comisión verificadora. Ramírez se emberraca y dice que es lo último que hace. Y me agrega: «ustedes no quieren firmar; hay apuestas en todo el país». Me contó que cuando Felipe González (38) vino de vacaciones, le dieron una comida a la que asistieron Gabo, Matamoros y otras personalidades. El clima era ya de firma y Matamoros le dijo a Bernardo que él apostaba su cabeza a que Pizarro no firmaba: «me corto la cabeza si firma Pizarro». Le dije: «dígale a Matamoros que vamos a cumplir para que él se corte la cabeza. Que con tal de que se la corte, Pizarro firma». «Es que la apuesta es nacional», agregó. Y yo le insistí «consiga plata prestada y apueste todo lo que quiera, que va a ganar. Si cumple lo de Yumbo, nos vemos en Corinto para firmar».

 

El día de la firma, nos vimos muy temprano. Me dijo «estoy mamado, no voy a Corinto (39). Entonces yo dije «nos va a tocar brindar aquí a los dos, porque yo tampoco voy a ir. No tengo transporte». No tenía cómo viajar y el enemigo sabía que yo debía trasladarme desde Bogotá hasta el Cauca; ya el B-2 (40) me había tratado de montar una celada durante el proceso y no podía correr riesgos.

 

El, con su suspicacia, me dijo «si usted no va, es porque está planeando algo». Entonces yo le propuse «vámonos juntos y después de la firma nos pegamos una rasca, pero ya no con whisky sino con aguardiente y oyendo a Olimpo Cárdenas». Aceptó, pero quedamos de vernos allá, cada uno debía irse por su lado.

 

Boris estaba también en Bogotá y debía ir hasta el Huila. Tuvimos que arriesgarnos y tratar de conseguir un helicóptero en el propio aeropuerto. Llegamos allá, de civil, y contratamos un aparatico que tiene poca gasolina por aquellas cosas técnicas de la salida de Bogotá. A mitad de vuelo, el piloto nos dice que hay que parar en Cali a tanquear. Yo no acepto, aunque el hombre insiste, teniendo en cuenta que tiene que hacer dos aterrizajes y dos despegues -Corinto y Hobo-, pero finalmente acepta cuando le ofrezco que sigamos bajo mi responsabilidad hasta donde nos dé la gasolina. Estamos muy compuestos, pantalón de paño y la cara limpia. De pronto empiezan a salir de los maletines peinetas, camisas de sport, bigotes postizos y las metralletas. El piloto no dice nada, pero se le nota el desconcierto. Un espejito y dos nuevas figuras: los pasajeros somos Boris y Alvaro Fayad.

 

Desde arriba vemos la canchita de fútbol, altica, inmensa, baja el helicóptero en Corinto y me despido efusivamente. El capitán, presuroso, sin apagar motores, alza el vuelo hacia el Huila.

 

Camino solo, no hay un alma. Mis zapatos de cuero negro golpean firme el prado. Comienzan a salir gentecita, esa gentecita que hace que estemos en esta lucha. Gritan «es Fayad, es Fayad» y me acompañan espontáneamente con vivas al M-19 y a la paz… Llego a la plaza y de ahí, rodeado de muchos fervorosos colombianos, sigo hacia la escuela para encontrarme con los compañeros de Dirección.

 

Cuando faltaba media hora para la firma... la emboscada a Pizarro (41) en Florida. Era la continuación de San Francisco, Toledo; en los últimos segundos, los golpistas del ejército frenaban el camino de la paz.

 

El dilema para nosotros era claro: o el país se lanza a una guerra o se hace la paz. Había que responder si era grave, si había muertos. Empezamos a discutir en el Comando Superior si firmábamos o no, y si lo hacíamos, cuándo sería.

 

Desde el comienzo de la reunión, por unanimidad, se dejó claro que teníamos que firmar, había que ir hacia la paz, firmar un documento mojado con nuestra sangre. Pero había que poner condiciones:

 

Parar la masacre de Yumbo.

 

Asegurar el respeto de la dignidad para que no hubiera militarización en los sitios que habían servido de sede para la firma.

 

Que no persiguieran después a los pobladores.

 

Que el gobierno se comprometiera a respetar la vida de lo hombres que mandábamos al diálogo nacional.

 

La discusión con los comisionados se alargó, porque todo debía ir por teléfono a Bogotá, y había oposición en palacio. A las 6 de la tarde hubo acuerdo.

 

Salimos de la alcaldía, firmamos luego de leer el documento, en la oscuridad. Enrique Santos Calderón (42). Bernardo Ramírez y yo nos dirigimos a la cantinita del pueblo, en el borde de la plaza. En Corinto hay un calor humano que rompe todos los clichés, ese abrazo del pueblo en armas con la nación. Hay en la cantina dos guerrilleros jugando billar, fusil al hombro. Pedimos aguardiente y música vieja. Me impresiona que Bernardo dice «yo llegué hasta aquí, cumplí una misión de amistad con Belisario». Para él al igual que para Enrique Santos Corinto era la culminación de un proceso cuando para nosotros era el comienzo de algo nuevo, de algo mucho más grande y más definitivo en la vida de la nación.

 

Para nosotros era lo que conduciría a formar una nueva Colombia, nacía una certeza de que algo había cambiado en este país. Comimos sancocho, ellos se fueron y para nosotros seguía una nueva historia, una historia que hasta el momento no se ha logrado asimilar, porque los firmantes del gobierno no creen que es el inicio, sino que conciben el acuerdo como el final. Por eso a Belisario Betancur el impulso le llega hasta Corinto. Ahí se le acaba el aire.

 

  Alvaro Fayad Delgado

Comandante General M-19

 

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9 marzo 2014 7 09 /03 /marzo /2014 01:34

DE MÉXICO A CORINTO (VÍA MADRID)

Alvaro Fayad Delgado

 

Cuando el 7 de agosto el presidente Bentacur levantó su bandera de paz «a los hermanos alzados en armas» (1), el M-19 contestó en el Caquetá «vamos a donde él quiera, para hablar, de la paz, no de la guerrilla; de la paz del país».

Más que frases, fueron la expresión de un nuevo ambiente, de una nueva realidad en el país. Las encuestas elaboradas por Lombrana (2), el mismo que había pronosticado el triunfo de Belisario, decían que el país quería la paz, el diálogo y que estaba con nosotros. Belisario fue consecuente con la voluntad popular. Así llegaron la amnistía -que no se negoció con nosotros, no se nos consultó- y luego un proceso de negociaciones que culminaron con los acuerdos de tregua. Consideramos la amnistía un triunfo del pueblo, que es el que pone el pecho en esta guerra, porque nosotros, a diferencia de los políticos, no hablamos de democracia y de paz sólo en las épocas electorales.

 

 Apenas se pone en vigencia la amnistía (3), le decimos al presidente: «demos el segundo paso, pero ya, de una». Y Belisario, a diferencia de Turbay, que hizo una amnistía humillante por la que mordió el polvo, sí se le mide a la paz y abre una inmensa expectativa que todos acogemos. Pero además le manifestamos que estamos dispuestos a ir más allá, a colaborarle en un movimiento nacional que rompa con el estado oligárquico, que rompa con la democracia restringida y que conduzca a una paz verdadera.

 

Pero pasa la amnistía y meses después no ocurre nada. Mientras tanto, los grupos paramilitares hacen de las suyas. En 6 meses de gobierno de Belisario Bentacur hay más muertos por los paramilitares que en el último período de Turbay, que fue el peor. El mismo procurador de la Nación dice que hay 160 implicados directamente en las órdenes de captura y ejecución de los desaparecidos y asesinatos, y entre esos 160 hay 45 militares (4). Pero el presidente no respalda esa investigación; algo huele mal ahí.

 

Simultáneamente, las Fuerzas Armadas ven duplicado su presupuesto, de pronto Belisario, en un discurso, rodeado de generales, dice que la amnistía es todo lo que va a dar que de esa raya no va a pasar.

Eso entorpece todo el proceso, pero además, ¿en qué queda ese movimiento nacional que victoriosamente lo ha llevado a la presidencia de la República?; en un grupo de personajes encargados de los ministerios y otros altos cargos, todos de los partidos tradicionales; son los mismos de siempre. De pronto hay excepciones como el ministro de Gobierno, Rodrigo Escobar Navia, o el de Comunicaciones, Bernardo Ramírez, pero de resto, son los mismos de López, los mismos de Turbay.

 

 Aunque en esos momentos el presidente de la Comisión de Paz, Otto Morales Benítez (5), estaba jugando un papel importante, nosotros insistíamos en dialogar directamente con Belisario Betancur porque él es el jefe constitucional de las Fuerzas Armadas. Nuestros contactos con Otto Morales se habían hecho a través de algunos senadores amigos nuestros y de la paz, porque considerábamos de todas formas que la comisión era un pulmón de oxigenación para este ambiente enrarecido militarmente. Habíamos discutido la realización de una reunión sin agenda en Bogotá o en la Caquetá. Queríamos intercambiar opiniones sobre cómo realizar un encuentro de paz, cuando de pronto Otto Morales renunció a la comisión diciendo que había «enemigos agazapados» en el seno del gobierno. Nosotros preguntamos entonces, «¿quiénes son los agazapados?»: ahí están, son los militares dedicados a la dirección de los grupos paramilitares, son los militares que están chantajeando al presidente de la República para que abandone el proceso de paz y por eso es que patina Belisario.

 

 De pronto comienza el acercamiento. Ya en la época de la aprobación de la amnistía, se había frustrado un diálogo con Bernardo Ramírez en México; nosotros estábamos con Báteman esperando en La Habana, pero, se dijo entonces que había mucho periodista y se había perdido el secreto.

 

 Se pensó en Nueva Delhi, pero Belisario no pudo ir (6). Entonces se perdió la avioneta en la que viajaba Báteman y se inició su angustiosa búsqueda (7). Cuando ya lo dimos por muerto, yo asumí la vocería del M-19 y planteé nuestra insistencia en un diálogo directo con Belisario para preparar condiciones hacia un diálogo nacional y una tregua. Yo digo que no es que estemos pidiendo que el ejército se retire de zonas geográficas del país, sino que debe haber una desmilitarización de la vida, para que se respete la vida civil, para que haya un verdadero régimen civil en Colombia.

 

 A raíz de eso, me ponen una cita en La Habana. Yo voy, y son Gabo y Alfonso López Michelsen (8) que me dicen que a nombre de Belisario Betancur quieren saber exactamente la posición del M-1 9.

 

 Gabo llega primero a la casa en donde nos hemos citado, es la casa que le asignan al Premio Nobel en La Habana; luego aparece López y finalmente yo, Subimos al segundo piso y la charla comienza de inmediato. López Michelsen muy concienzudamente apunta todo, quiere llevar por escrito lo conversado, y dice «sigo insistiendo en mi tesis, que fue lanzada en la campaña, en el sentido de que la paz es un problema de poder político».

 

Explicaba entonces que el que tenga poder político, fuerza política, fuerza de opinión, puede hacer la paz; no una comisión (como la que dirigía Carlos Lleras (9) en ese tiempo). Y agregaba que Belisario tenía la fuerza política para hacerla. Insistía mucho en que él no quería poner ningún elemento personal a este acercamiento y copiaba todo lo que se hablaba, muy concienzudamente.

 

Eso me impresionó mucho. Allí se despejaron dudas sobre la política que seguiríamos después de la muerte de Báteman y de esa reunión salió la crónica de Gabó.

 

Ese atardecer fue la segunda vez que vi a López. Ya nos habíamos conocido -también en La Habana- en una ocasión en que nos encontramos además con su señora, Cecilia. Esa vez estaban Báteman y Pizarro (10).

 

 De los dos encuentros recuerdo su brillantez, su capacidad, su ironía, pero me impresionó el cambio de ánimo que le encontré. En la primera, realizada recién posesionado Belisario -es decir, cuando acababa de perder López las elecciones- lo vi un poco viejo no le encontraba horizontes a la vida política para un proceso de paz, y estaba más interesado en la película que se filmaba con base en su novela «Los elegidos» que en la situación política, o en los partidos.

 

En la segunda, era otro hombre; ya había para esa época manifestaciones de oposición a Belisario en el Congreso; se veía más joven y decidido.

 

Gabo, como siempre, con esa capacidad humana que abruma, con la fe que le pone a las cosas en las cuales cree, con su afecto por Báteman, de todos conocido y con sus coincidencias con nuestro líder. Yo creo que Báteman hizo en la política lo que Gabo hacen en la literatura. Macondos y brillantes ambos. Gabo jugó un papel dinámico en todo el proceso, en los momentos más difíciles ahí estaba.

 

Quedamos a la espera de la reacción de Belisario sobre la propuesta que López y Gabo le llevaban. Pero nada. Pasaron los meses y nada, y las promesas sociales de Belisario empiezan a no aparecer.

 

 El militarismo empieza a florecer y la paz se empantana.

 

Hasta que Betancur manda una razón: quiere una entrevista con nosotros, pero secreta y por fuera del país. La respuesta textual nuestra es la siguiente: «nosotros no estamos interesados en una entrevista secreta, estamos interesados en una entrevista pública y dentro del país para arreglar los problemas del país. Pero sí estamos dispuestos a hablar con Belisario donde quiera, para charlar sobre los poetas griegos que él traduce, para oír a Olimpo Cardenas.

 

 Vamos, hacemos cualquier cosa que ayude al proceso de la paz.

 

 Si lo que quiere Betancur es una cita fuera del país y secreta, no será para negociar absolutamente nada, sino para ver los mecanismos, de una entrevista pública, que lleve a una tregua y a un diálogo».

 

Pasan unos días, unas semanas, y no hay respuesta. De pronto nos dicen que hay una cita en México con Bernardo Ramírez (11). "Al igual que lo que habíamos planteado nosotros, Ramírez dice que va, pero no a negociar, sino a acordar los mecanismos para una con Belisario Betancur en otra parte. Nos gustó que fuera con Ramírez; una cara nueva que era además el otro ego, el otro yo de Belisario.

 

No queríamos ir solos, porque pensamos que las negociaciones futuras debían incluir a los otros grupos guerrilleros. Lo planteamos a las FARC (12); para que algún delegado de ellas fuera a México a la reunión con Bernardo. Me preguntaron, ¿y cómo llegamos? Yo les contesté: «pues yendo».

 

No era en realidad fácil ir hasta allá, era superclandestino, además nosotros no podíamos circular por los aeropuertos así no más. Pasar fronteras, pasaportes falsos, muchos aeropuertos, hasta llegar a México. Allá busqué a Bernardo en un hotel lujosísimo, grandísimo, gigantesco. Para hacer el contacto tomamos todas las medidas de seguridad del caso, porque si algo pasaba, el paganini era yo.

 

Pero allá le llego. No lo conocía. Apenas lo saludé, cuando algo atrajo mi vista como un imán. Era una mesa repleta de libros, qué libros tan buenos. Hacía mucho tiempo no veía libros. Los miré un rato y luego lo invité a salir a una casa de seguridad que habíamos acondicionado. El me pidió que fuera en el hotel mismo, y yo no sé porqué pero sentía que podía confiar en ese hombre, y sin ningunas medidas me quedé allí, Cómo será de grande la confianza que el tipo genera en segundos, que después bajé con él a un comedor público tranquilamente, a comer. Nos encarretamos porque lo concreto se definió rapidísimo: el presidente iría a España a recibir el Premio Príncipe de Asturias y planteaba que en ese viaje se podía encontrar con nosotros. Felipe y el Rey ofrecían la seguridad. Nuestro único problema era el corto tiempo -menos de una semana- para llegar a Madrid. Pero dije inmediatamente «listo, en España era una oportunidad única que no podíamos desperdiciar.

 

Me gustó contactar a Bernardo Ramírez; es un pereirano, paisa, que va directo, sin rodeos, va a lo que va sin prepotencias. Y tienen además la inmensa ventaja de no poseer ese estilo oligárquico que tienen los funcionarios oficiales en nuestro país ni para hablar, ni para enfocar los problemas, ni en sus actitudes.

 

Lo más difícil fue avisarle a lván Marino Ospina (13) y que él pudiera llegar a España a tiempo. Estaba en el río Orteguaza, en el Caquetá. Pero había que ir. Dicen los periodistas que llegamos en un avión expreso desde La Habana. Eso es falso. Llegamos en línea comercial, como cualquier turista. Nos metimos a un hotelito de mala muerte. Llegué yo primero, cinco días antes del encuentro.

 

Aproveché para andar tranquilo por las calles. Después del monte vino la cárcel y después otra vez la clandestinidad. Era una sensación rara esa de andar por la ciudad sin delirio de persecución. Yo no conocía ningún país distinto de Colombia. Había ido dos veces a La Habana, y pare de contar.

 

 Esa noche fui a una cita, en donde me recogieron para llevarme a la casa de Julio Feo (14). Estaba allá el cuerpo de seguridad de Felipe González y nosotros desarmados, jugándonos todo por el todo. ¿Y sabe qué salvó el encuentro?, que como estábamos clandestinos no nos enteramos del escándalo que armó Yamid Amat (15)* si nos llegamos a enterar no vamos.

Nadie se le hubiera medido una ratonera de esas. Cuando supimos, nos enfrentamos al problema de salir de España, pero ya el encuentro con Belisario se había dado.

 

 Yo no crítico a Yamid Amat, su oficio es el periodismo. Quien tuvo una actitud censurable fue el que le informó a él. Y le aseguro, no fuimos nosotros porque no podíamos exponer el pellejo en forma suicida.

 

 Llegamos una hora antes que el presidente, y aprovechamos para conversar con la seguridad de La Moncloa. Ellos son un cuerpo esencialmente antiterrorista, cuyo problema fundamental es ETA. Les explicamos el sentido democrático de nuestra lucha, cuáles eran las condiciones de América Latina que diferenciaban los objetivos y las acciones de nuestras guerrillas con la europea, estilo ETA o brigadas rojas y a lo último, ya con tranguitos, nos preguntaban las técnicas -claro, se les salió el oficio-, cuando de pronto apareció Balisario.

 

 Estábamos en una salita del primer piso. Lo vi nervioso, camina muy rápido, pensaba que lo iba a encontrar en frac y apare vestido de «civil». Con su estilo paísa: «mucho gusto lván, mucho gusto Alvaro» y siguió a una salita del segundo piso. Nos sentamos los tres y la puerta se cerró.

 

Belisarío tiene esa capacidad de meterle una corriente de calidez humana que vuelve lo más trascendental en coloquial, y tampoco tiene misterios. Hacía calor. lvan y yo nos quitamos los sacos. Belisario contó las peripecias para volarse del banquete del rey y sobre el ajetreo en las Naciones Unidas y en El Vaticano. Toda esa carreta sirvió para ir hablando. Había un cunchito de whisky, lo servimos brindamos los tres. Sentíamos que era un brindis histórico, era primera cita de un presidente colombiano elegido por el voto popular con la insurgencia armada, sentíamos que estábamos haciendo lo correcto pues el diálogo no empequeñece ni al gobierno ni a la guerrilla. Era un cambio histórico: cuando Lleras Restrepo como presidente de la Comisión de Paz -durante el gobierno de Turbay, iba reunirse con Báteman en México nosotros hicimos las gestión desde la cárcel, Alvaro Gómez (16) y los militares dijeron que no podía ir «a las cavernas de la subversión» y que para un expresidente era una indignidad hablar con un jefe guerrillero. Belisario rompe con todo eso y sin consultárselo a nadie.

 

Hablamos de todo, pero con una sola pregunta en mente: «¿cuándo paramos esta guerra?».

 

El explicó que la guerra era consecuencia de la violencia. Nosotros le dijimos que no, que era cierto que parte de las familias de los tres habían sido asesinada en esa época, pero que hasta allí llegaban las coincidencias. «No somos una consecuencia de esa violencia, ni estamos para vengar la muerte de nuestros seres queridos. Buscamos más bien justicia y democracia, un nuevo país, le dijimos.

 

También hablamos de su plan económico, de la lucha contra narcotráfico; hablamos del problema de Rodrigo Lara y afirma que él debía dejar el Ministerio de Justicia, pero no tanto por problema del cheque del mafioso, sino porque estaba de acuerdo con un Código de Procedimiento Penal que era regresivo y fascista (17) Cuando llegamos a los banqueros le dijimos que uno no puede estar con todo el mundo y que si quería cambiar el país debía tomar medidas, por ejemplo, para castigar a un señor que había utilizado plata ajena para enriquecerse, Jaime Michelsen Uríbe (18).

 

Y le agregamos, «si usted cumple el 30 % de lo que prometió en su campaña electoral, sólo el 30 %, salimos con usted a la plazas públicas a defender su gobierno. Pero convoque al pueblo, convoque a la Nación como lo hizo López Pumarejo» (19). El contestaba que no podía hacer los cambios radicales que nosotros pretendíamos, que había que ir paso a paso, poco a poco ganando espacio, que la situación era muy difícil y los militares muy duros.

 

Les insistimos, una vez más, en la necesidad de un diálogo público en Colombia para impulsar un proceso de paz viva. Le anunciamos que si la reunión se daba, asistirían además el EPL (20) las FARC, con los cuales teníamos contactos. En eso quedamos en concreto. Belisario quiere una foto y nosotros aceptamos. El llama a Julio Feo para que haga la histórica fotografía.

 

Ya eran las dos y media de la mañana y nadie tenía cámara fotográfica. No se pudo hacer. Acordamos comunicarnos con Bernardo Ramírez o con Gabo.

 

Regresamos a Colombia y buscamos a los compañeros de los otros grupos. Dos meses después firmamos un documento con Manuel Marulanda (21) y los demás miembros del Secretariado del Estado Mayor de las FARC.

 

A la salida está el diario El País para hacer una entrevista ahí, en la casa. Nosotros decíamos que no, y Belisario que sí. Entonces yo lo miro y le propongo «¿por qué no nos vamos en un avión mañana a Colombia, llegamos juntos y allá damos todas las declaraciones?». Entonces Belisario cambia de idea y se niega a dar la entrevista. Y de despedida le decimos: «póngase el casco de Allende, el pueblo y nosotros lo apoyamos». Volvemos a brindar por un encuentro posterior, una tregua y el diálogo nacional, y nos vamos.

 

Comenzamos a llamar a Bernardo Ramírez y nada, no aparece, se nos borra. Pasa diciembre, pasa enero, y Bernardo no está cuando lo llama «Carlos Julio Ramírez que es el nombre clave. Nunca está, le dejo razones varias veces y nada y nada y nada. De pronto empiezan las reuniones de la Comisión de Paz con las FARC. Quedó rápidamente listo el acuerdo con ellas. Y seguíamos insistiendo en vano con Bernardo. Pensamos entonces «aquí está pasando algo raro». Comencé a mandarle razones a Belisario, a Bernardo, me reuní con amigos de ambos, gente muy cercana a los dos, con Otto Morales -dos veces- para decirle «hágale un favor a la patria, sea emisario». Otto se comprometió a buscar una respuesta, y nunca nos comunicó nada. Mandamos razón a Gabo, éste llevó el mensaje a palacio y nada. Volvimos a buscar a Otto Morales, ¿y sabe qué nos contestó?, que habláramos con el secretario de la Comisión de Paz.

 

 Entonces lo entendimos claramente: querían que adhiriéramos al acuerdo con las FARC (22). Belisario se quería ahorrar el desgaste y la necesidad de chocar dos veces con sectores políticos, militares y financieros que no iban a aceptar otra entrevista pública con la guerrilla, jodernos a nosotros y jugar a la ley del arrastre. Cuando meses después nos volvimos a reunir, Bernardo me dijo que yo había anotado mal su teléfono privado. Eso pudo ser cierto pero, ¿y las razones con Gabo? ¿las razones con Otto Morales? ¿los mandados de sus amigos? Eso fue una disculpa. Lo que ellos pensaban era meternos a todos en el mismo costal pero negociar separadamente, no en bloque, para debilitarnos y ahorrarse la reunión pública; y finalmente, endosarnos a una comisión intermediaria, para que el presidente no tuviera que intervenir personalmente.

 

Las FARC cayeron en este juego, cometieron la torpeza de aceptar ese método. Torpeza, porque ya teníamos un terreno abonado y queríamos un acuerdo conjunto que nos mostrara en toda nuestra fuerza, en toda nuestra dimensión ante el país. Tuvieron poca visión de grupo y rompieron los convenios que tenían con nosotros.

 

Entonces decidimos responder. Se anuncia el acuerdo de La Uribe, y Andrés Almarales (23) sale de inmediato a rechazarlo. Anuncia que haremos una contraofensiva militar, política y publicitaria, para exigir el cumplimiento de los acuerdos de Madrid.

 

No aceptamos el arreglo con las FARC porque le falta pueblo, es un convenio entre gobierno y guerrilla, y pensamos que ese no es el problema de la paz en este país.

 

Es increíble; se da Florencia (24) que es un triunfo político y militar nuestro, aunque los partes del ejército y del gobierno digan que fueron no sé cuántos muertos. Allá fue derrotado del ejército, y no sólo la contraguerrilla -la concentración en una capital departamental más grande del país, humillada, derrotada allí-, sino toda la tropa, y al otro día me llama Bernardo Ramírez a través de una serie de hilos y me dice que quiere hablar.

 

No era entonces un tal teléfono equivocado. Se probó que si el pueblo le mete fuerza acompañada de fierros, ahí sí oyen. Si no tomamos la embajada (25) no hay diálogo, si no hacemos Florencia, no hay diálogo.

 

Reanudamos las conversaciones esa misma noche; nos va muy bien, el diálogo entre los dos es muy fluido, de frente para madrearnos, para decirnos que estamos de acuerdo o que estamos en desacuerdo. Son totalmente clandestinas porque después de Florencia la persecución se hizo muy dura. A él le pedíamos que fuera sin guardaespaldas, cambiando de carro y chequeando la entrada a los sitios.

 

 Yo siempre iba armado, bien armado.

 

Por el hecho de que un soplón -que no era yo, y le creo cuando él decía que tampoco había sido- dificultaba las cosas, había que buscar sitios nuevos, casas distintas. Para estas citas sirvió gente insospechable de este país, deportistas, gente de la cultura, del periodismo. Poco a poco le fuimos quitando tanto misterio y al final ya desayunábamos en casa de Bernardo.

 

En la primera reunión después de Florencia, me pregunta « ¿qué es lo que quieren?», y yo le contesto: «lo de siempre, tregua y diálogo nacional», llevábamos cuatro años jodiendo con eso. Me promete traer un proyecto de acuerdo al día siguiente. Llega a esa reunión, con uno idéntico al suscrito con las FARC. Yo le digo de frente, con el papel en la mano: «ya, de una vez, esto no, esto no, esto no, esto sí, esto sí, esto no y así. Y agrego: «como ustedes están apostando bajito, nosotros vamos a apostar duro, Y nos encontramos en la mitad». Le di mi propuesta, que era muy exigente, bien elevada y convinimos en que la elaboraría por escrito. Confrontaríamos las dos para sacar un borrador sobre el cual iniciaríamos el trabajo de discusión.

 

Había que trabajar en dos niveles: el documento de tregua y el proceso de diálogo. Para nosotros el problema no era obtener una simple tregua, era definir los mecanismos del diálogo. Nos pusimos de acuerdo en que la Comisión de paz no intervendría por el momento, para hacer más rápida la negociación: sólo trabajaríamos él y yo.

 

Varias cosas debían quedar claras. En primer lugar, que no es cierto el argumento de los militares de que el ejército no derrota a la guerrilla, pero que la guerrilla tampoco derrota al ejército. Eso es falso, nosotros sí nos sentimos capaces de derrotarlos. En segundo lugar, no estamos cansados de la guerra ni sentimos que es una vaina inútil, no es que ahora pensemos en los caminos electorales. No. Es una fuerza decisoria, el sentimiento nacional, la que reclama una solución a sus problemas. Y para ello, Belisario era un buen protagonista; Bernardo Ramírez lo reemplazaba inmejorable.

 

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9 marzo 2014 7 09 /03 /marzo /2014 01:05

DE MEXICO A CORINTO (VIA MADRID)

 

Alvaro Fayad Delgado

 

 

PRÓLOGO

 Este documento que aquí presentamos trata de las luchas realizadas en los últimos años en Colombia por alcanzar la paz; es uno de los tantos pasajes sucedidos en décadas desde que Bateman, en 1980, hiciera la propuesta de reunirnos en Panamá para dialogar y buscar una salida negociada. En este relato están los protagonistas, los que insisten obstinadamente en las sin salidas de la guerra, los que con dignidad y admirable tenacidad insisten en el diálogo y la negociación. Aquí está el testimonio, análisis y las posiciones básicas de uno de sus protagonistas: Álvaro Fayad comandante del M-19.

 

La publicación de este documento es un gesto justificado porque en esas luchas el M-19 cumplió un papel señalado por la anticipación y la audacia, anticipación, porque fue el M-19, a través de Jaime Bateman, su comandante general en aquel entonces, quien propuso por  primera vez la negociación y el diálogo entre todos los sectores sociales y políticos del país, como la mejor vía para encontrar una salida a la situación de guerra que Colombia ha vivido durante tantos años. Y audacia, porque esta propuesta puso en crisis los esquemas ideológicos y políticos tanto de la izquierda colombiana como de la misma derecha, abriendo así las puertas a un período de extraordinaria fluidez política; precisamente el período que corresponde al Gobierno de Belisario Betancur.

Durante ese tiempo quedó en suspenso el esquema que durante décadas ha determinado la vida política colombiana. Esquema que se manifiesta por  la exclusión y marginación de las mayorías populares de la vida política y segundo por la parálisis de las clases dominantes en Colombia, que encastilladas en sus privilegios son incapaces de responder a las demandas crecientes de democracia participativa y justicia social, de un país cada día más joven y menos convencido de que la única respuesta a su miseria y la exclusión sea la resignación.

Pizarro, Fayad y Toledo en la Carcel La Picota

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9 marzo 2014 7 09 /03 /marzo /2014 00:34

NOTAS  

 

(1) Del discurso que el presidente Belisario Betancur dirigió al parlamento colombiano el 7 de agosto de 1982, fecha de su posesión.

 

(2) Oscar Lombana, especialista en muestreos de opinión pública, diseñó la encuesta de cobertura nacional que en 1982 demostró que entre indiferentes y simpatizantes el 85 % de la gente estaba con el M-19. Un porcentaje semejante estaba por una solución política, negociada, al conflicto entre el gobierno y la guerrilla.

 

(3) Se trata de la ley de amnistía aprobada por el parlamento colombiano a instancias del presidente Belisario Betancur.

 

(4) En un informe difundido parcialmente por las cámaras de televisión en enero de 1984.

 

(5) Otto Morales Benítez, dirigente del partido liberal, y presidente de la ComisiÓn de Paz nombrada por Belisario Betancur al comienzo de su mandato.

 

(6) Se trata de la última cumbre de los Países no alineados, realizada en Nueva Delhi, a la cual el presidente Belisario Betancur pensaba asistir.

 

(7) Jaime Báteman Cayón, dirigente máximo del M-19 y el más destacado de sus fundadores. Murió en abril de 1983 al caer en la selva la avioneta en la que viajaba clandestinamente entre Colombia y Panamá.

 

(8) Alfonso López Michelsen, liberal, fue presidente de Colombia entre 1974 y 1978.

 

(9) Carlos Lleras Restrepo, dirigente liberal, presidente de Colombia entre 1966 y 1970.

 

(10) Carlos Pizarro Leóngomez, uno de los fundadores del M-19 y actualmente uno de los tres integrantes del Comando Superior.

 

(11) Bernardo Ramírez, conservador, amigo personal del Belisario Betancur, cumplió un papel muy destacado en las negociaciones que llevaron a la firma de los acuerdos de tregua y diálogo nacional.

 

(12) FARC: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, organización guerrillera fundada en 1964.

 

(13) Iván Marino Ospina, miembro en la época de este relato del Comando Superior del M-19, fue durante el período que media entre la muerte de Báteman Cayon y el Congreso de Los Robles, el dirigente máximo de esta organización, Murió en agosto de 1985, en Cali, combatiendo con tropas del ejército y de la policía.

   

(14) Asesor de imagen de Felipe González, presidente del gobierno español.

 

(15) Conocido periodista colombiano, divulgó antes que ningún otro de sus colegas, Ia noticia de que se estaba preparando en Madrid un encuentro entre Belisario Betancur y los dirigentes del M-19.

 

(16) Alvaro Gómez, conservador, ha ‘sido durante tres veces candidato de su partido a la presidencia de Colombia.

 

(17) Rodrigo Lara Bonilla. liberal, ministro de justicia del presidente Belisario Betancur, se distinguió por su ahínco en la lucha contra el narcotráfico, y por su enfática defensa del tratado de extradición firmado durante el gobierno de Belisario Betancur entre Colombia y los Estados Unidos. Fue asesinado en 1984 por pistoleros a sueldo.

 

(18) Jaime Michelsen Uribe, cabeza visible de un poderosísimo grupo financiero.

 

(19) Alfonso López Pumarejo, liberal, presidente de Colombia por la primera vez entre 1934 y 1938. No pudo concluir un segundo mandato iniciado en 1942, debido un intento de golpe de estado que lo obligó a renunciar. Su primer gobierno adoptó el lema de «revolución en marcha e intentó, sin conseguirlo, una reforma agraria.

 

(20) Ejército Popular de Liberación -EPL, brazo armado del Partido Comunista marxista-leninista de Colombia. Nació en 1964 bajo el doble influjo de la revolución cubana y de la escisión chino-soviética.

 

(21) Manuel Marulanda Vélez, nombre adoptado por quien es uno de los fundadores y dirigentes máximos de las FARC.

 

(22) El 28 de marzo en La Uribe, una localidad situada en el departamento del Meta en el oriente de Colombia, las FARC y el gobierno de Belisario Betancur firmaron un acuerdo de cese al fuego, que abría las puertas a la legalización de esta organización guerrilla y a su ulterior disolución, a cambio de la promesa del gobierno de presentar al parlamento una serie de proyectos de ley, destinados a conseguir una mejora en la situación económica, social y política del pueblo colombiano.

 

(23) Dirigente del M-19. Murió en la toma en noviembre de 1985 del Palacio de Justicia por un comando de esta organización.

 

(24) En marzo de 1984 una columna guerrillera del M-19 al mando de Boris y de Marcos Chalita, se toma Florencia, ciudad de cerca de 200.000 habitantes, capital del departamento del Caquetá y cabecera de una vasta zona de colonización situada en la amazonía colombiana. La guarnición de Florencia era en la época de este relato la más importante concentración de tropas contra-insurgentes del ejército colombiano.

 

(25) Discurso pronunciado por el presidente Belisario Betancur en Neiva, capital del departamento del Huila, en el suroeste de Colombia.

 

(26) Neiva, ciudad de 250.000 habitantes, capital del departamento del Huila, en el suroeste de Colombia.

 

(27) Ver nota 8.

 

(28) Corinto, población de 25.000 habitantes, situada en el departamento del Valle del Cauca, en el suroccidente de Colombia. La tecnificación de los cultivos y la fertilidad del suelo hace de esta región una de las más importantes del país desde el punto de vista económico.

 

(29) Miranda, población a unA treintena de kilómetros de Corinto, comparte muchas de las características de esta última.

 

(30) Antioquia, Caquetá y Cauca: tres departamentos de Colombia. El departamento es una unidad administrativa-territorial.

 

(31) El Tiempo, diario matutino de Bogotá, de orientación liberal.

 

(32) Carlos Toledo Plata, médico, parlamentario, fundador del M-19, puesto en libertad gracias a la amnistía aprobada por el gobierno de Betancur, es asesinado por desconocidos, cuando desarmado y sin escolta se dirigía de su casa a su recién adquirida plaza de médico del hospital de la ciudad de Bucarmarga, situada en el noreste de Colombia.

 

(33) Gustavo Matamoros, Fernando Landazábal Reyes y Bernardo Lema Henao, generales del ejército colombiano.

 

(34) Episodio ocurrido en 1954 en Los Llanos, región de vastas llanuras herbícolas y escasamente pobladas, situada en el oriente de Colombia.

 

(35) Yumbo es el principal suburbio industrial de Cali, la tercera ciudad de Colombia. En agosto de 1984 el M-19 lo ocupó por seis horas.

 

(36) El Hobo, pequeña población del departamento del Huila.

 

(37) Antonio Navarro Wolf, lván Marino Ospina, Borís y Marcos Chalita, dirigente del M-19.

 

(38) Polémica viaje de vacaciones de Felipe González a Venezuela y Colombia. Tuvo lugar en el verano de 1984. Belisario Betancur le pidió a sus amigos el escritor Gabriel García Márquez y el pintor Alejandro Obregón que le sirvieran de guías.

 

(39) En Corinto se firman los acuerdos de tregua y diálogo nacional entre el gobierno y el M-19 el 24 de agosto de 1984.

 

(40) B-2: organismo de inteligencia del ejercito colombiano.

 

(41) En la mañana del día previsto para la firma de los acuerdos de Corinto, Carlos Pizarro, dirigente del M-19, es emboscado por fuerzas de la policía y el ejercitó. Pizarro es herido en un brazo y su compañera, una hermosa muchacha, pierde cuatro dedos de una mano.

 

(42) Columnista habitual del diario El Tiempo, y uno de sus propietarios. 

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9 marzo 2014 7 09 /03 /marzo /2014 00:07

ALVARO

CONSTRUIR LA DEMOCRACIA CON ALEGRÍA, JUSTICIA Y DIGNIDAD

Notas de la Asamblea de combatientes

En las siguientes páginas reproducimos extractos de las intervenciones de Alvaro Fayad, comandante del M-19. El objeto de esta reunión de combatientes fue analizar las causas, implicaciones y respuesta a la masacre de militantes del Ricardo Franco, ordenada por la Dirección de ese grupo.

La intención, al publicar estos textos, es ampliar la invocación de nuestros comandantes al debate, la cual se encamina a afrontar los múltiples retos que implica asumir la democracia; responsabilidad ésta que descansa en manos de una nación que merece el mejor de los destinos, y de un continente que, como señalara Bolívar, está llamado a asombrar al mundo.

Colombia, enero de 1986

IDEAS PARA LA NUEVA NACIÓN

LA REVOLUCIÓN.

FIESTA DE LA VIDA Y PARA LA VIDA

 

Álvaro Fayad Delgado

Todos se enteraron por la radio sobre la masacre que está haciendo el grupo RF y todos saben de los criterios y la decisión de nuestra Dirección al respecto. Ahora tenernos que discutir a fondo estos problemas, hablar sobre lo que estamos sintiendo, y además, meternos en la cabeza qué está pasando, no es sólo un problema del grupo RE.

Es algo que va mucho más allá, porque es el problema de la dignidad, de la justicia, del respeto al ser humano, de la democracia. De la democracia que tenemos que construir desde aquí, desde ahora. Es el problema de lo que le da sentido, le da dignidad y le da limpieza a nuestra vida, a nuestros actos, a nuestros sueños, a nuestras armas. Todo lo que hacemos es por la democracia y la justicia: si no hay eso, nada, absolutamente nada que hagamos, tiene sentido.

Entonces, lo que queremos es examinar los hechos, examinar por qué esa dirigencia maníaca está causando la masacre. Y que hablemos de los criterios, de las actitudes y de la necesidad de profundizar la democracia en nosotros mismos. De la necesidad de que la revolución sea lo que es: de verdad una fiesta de la vida y para la vida, y no un camino de errores, injusticias, sectarismos, prepotencias con las masas, con el pueblo, con las otras organizaciones y con la nación entera.

No hay justificaciones para la injusticia

Los hechos son dolorosos, compas, y están ahí: más de cien cadáveres, más de cien muchachos, niños y mujeres, torturados y ejecutados. Cuando el grupo RF nos presenta los primeros hechos —sus pruebas sobre la infiltración del Ejército-, nos damos cuenta que son confesiones obtenidas a través de la tortura, y nos negamos de plano a cualquier discusión sobre hechos manchados de la injusticia y la tortura, que es arma del enemigo, y les planteamos que no siguieran por ese camino de muerte y de injusticia.

Ellos dicen que la investigación muestra que, efectivamente, tenían infiltrados y agentes de inteligencia militar en el seno de su grupo: que había tenientes, capitanes y coroneles de la inteligencia militar; que estaban los culpables, la de los asesinatos y desapariciones de algunos de nuestros compañeros y de compañeros del RF, y estaban también los autores de los asesinatos del padre Ulcué, del padre García, del atentado a Navarro y miembros de los grupos paramilitares que se mueven en el Cauca y el Valle. Y nos dicen que de 180 o 190 hombres, han descubierto que tienen 150 infiltrados y que una minoría de 30 o 40 está dando la "batalla heroica" contra los hombres del enemigo. Todo esto mediante el mecanismo de la tortura, como confirmamos después. El hombre torturado denuncia a cinco, esos cinco son torturados y denuncian a diez más, y se produce un círculo infernal de torturas, delaciones, ejecuciones, nuevas torturas y nuevas delaciones.

Nosotros no aceptamos eso, compas. No aceptamos ningún resultado de una investigación basada en el crimen y la injusticia.

Y si la "victoria" como la llama el grupo RF es a costa de la sangre y a costa de manchar las armas, las mentes y los sueños de los revolucionarios, no queremos ese tipo de victorias; porque es la derrota de la revolución. Porque la revolución se hace para lograr la justicia y la dignidad, y aún en medio de la guerra, y precisamente en medio de la guerra, cuanto más dura sea ésta, más profundos, más limpios tienen que ser los mecanismos, las actitudes, las manos, las banderas y las miradas de los revolucionarios.

Y claro que hay mecanismos para impedir la infiltración del enemigo; claro que hay medidas de seguridad. Pero la mejor de todas es la confianza en nuestro pueblo, en nuestros combatientes y que sea tan grande y tan clara la dignidad y la justicia por la que luchamos, que sea posible detectar cualquier jugada del enemigo.

Aún frente al enemigo, compas, nos negamos a la tortura; la rechazamos venga de donde venga, y no aceptamos ninguna información producto del miedo, del terror, de acabar con la dignidad humana, que es lo que causa la tortura.

Todo eso le dijimos a los Franco. Pero continuaron su camino de horror y terror, dejando por donde pasaban, en cada casa campesina, en cada comunidad, no la semilla de la rebelión contra la injusticia, no el mensaje limpio y revolucionario de que hay que luchar y rebelarse contra la injusticia, sino un reguero de cadáveres. Esto no es la revolución, compas, ni la razón para la cual tomamos las armas. ( ... )

Es imposible que la juventud del Cauca y del Valle de Corinto, Florida, Pradera, Yumbo, Cali, esa juventud a cuyo lado hemos combatido al enemigo varias veces, diera 120 o 150 agentes al enemigo. Pero si el enemigo es capaz de producir esa mística de combate y es capaz de infiltrarse en esa forma, algo andaba podrido en el grupo RF, porque era más capaz de recoger el enemigo, que ellos mismos.

Y ni aún así, compas, aceptamos pruebas manchadas de injusticia, de ignominia y de tortura.

Ellos de todas formas continuaron su "investigación", y hace cinco días decidimos ir a una reunión con la dirección de ellos, para decirles en la cara, frente a frente, "ustedes son unos asesinos, unos criminales, y estamos pidiendo ante la nación y el conjunto del movimiento guerrillero su juicio, su condena y su expulsión de la Coordinadora Nacional Guerrillera". Les dijimos que el RF está acabado, porque ellos mismos se habían encargado de acabarlo, que lo que no había podido hacer el enemigo en cinco años, lo hicieron ellos mismos en veinte días. Y que era absoluto y total el rompimiento definitivo. Ellos insistieron en que ahí están los infiltrados de la inteligencia militar. Y que también están entre nosotros. Pero, para nosotros, ésta no es la preocupación ni la discusión fundamental.

Vivir la democracia hoy, única forma de sembrarla para el futuro

La discusión fundamental tiene que ver con la justicia, la democracia y la dignidad, y tiene que ver con los lastres de nuestra izquierda y de nosotros mismos. Porque todavía no se da el respeto a posiciones divergentes en el seno de las masas o de nuestras organizaciones. En este país la antidemocracia de la oligarquía ha sido tan fuerte, y pesa tanto su esencia criminal, que también los gestos antidemocráticos de la izquierda se producen sin que nadie diga nada. Las Farc pasan por esta región aterrorizando a la población, y nadie protesta con la debida fuerza. Y la guerrilla todavía ejecuta personas por diferencias políticas y no protestamos. Se dice entonces que los trapos sucios se lavan en casa, que decir los errores en público le hace el juego al enemigo. Nosotros pensamos que lo que le hace el juego al enemigo es la incapacidad, el negarnos a ver nuestros propios errores para corregirlos. Por eso decidimos hacer pública esta condena, rompiendo una costumbre de las organizaciones guerrilleras y revolucionarias.

El M- 19 ha tomado, definitivamente, la decisión de ser vocero contra cualquier injusticia que se corneta en este país, porque es en contra de eso que estamos luchando. Y además de la condena frente a la nación, le estamos pidiendo a la CNG la expulsión definitiva del RF.

Pero esto no será suficiente, compas. Si en el movimiento revolucionario no logramos que cada voluntad y cada arma se indigne contra la injusticia en este país y se alce a la rebelión contra la injusticia cometida por quien sea; si no hacemos de la revolución, de verdad, la democracia, el respeto al hombre, a las opiniones, a los grupos sociales diferentes a nosotros, de verdad no vale la pena combatir. Si el mundo que vamos a construir no nos da una sociedad alegre, vital, con respeto a la persona y a la diversidad, hemos fracasado.

Estamos enfrentados a un enemigo que es duro, a una oligarquía militarizada, terrorista y torturadora. El camino del triunfo no está hecho de quién es más torturador, ni de quién es más criminal. Somos totalmente distintos al enemigo: nuestras armas son distintas, nuestra manera de ver y vivir es distinta, nuestra manera de relacionarnos es distinta. Porque confiamos en el pueblo y confiamos en el hombre. Porque no hacemos del terror resultado, para conseguir apoyo, para conseguir silencio o para conseguir aprobación. La revolución no son las armas que van a los pueblos y se imponen por el terror. La revolución tiene otra manera de vivir y de ser. La revolución convence, atrae, es dura con el enemigo en el combate, pero lo respeta. Porque la revolución no se impone a la nación mediante el número y el poder de sus armas, sino que la atrae, la unifica, va combatiendo y viviendo como combate y vive nuestro pueblo.

Entonces, no podemos permanecer ni permitir la pasividad ante la injusticia, ni en nuestras propias filas ni en las filas de la guerrilla. La capacidad de rebelarse ante la injusticia es la mejor cualidad revolucionaria.

La democracia no es, para nosotros, una manera de organizar la sociedad en el futuro. Es además, la manera como nos relacionamos con la población civil y entre nosotros mismos. Por eso, la actitud del RF está mostrando, en el extremo de lo absurdo, los errores de una izquierda que todavía tiene raíces y prácticas antidemocráticas, y la mejor forma de derrotar esa actitud es que profundicemos la democracia como forma de vivir y de sentir.

Por eso, no nos preocupa la andanada que la oligarquía va a lanzar ahora contra el movimiento guerrillero, porque tenemos banderas limpias, compas, porque pensamos que ellas son el mejor camino para convocar a la nación, para sembrar de rebeldes a este país y para que los millones de rebeldes de Colombia tengan como única bandera la democracia, como único sentido la dignidad.

La rebelión armada tiene que encontrar en el M- 19 la garantía total, permanente y diaria de que construiremos la democracia, de que construiremos una manera de ver y de vivir alegremente este país, con luchas limpias, por más duras que sean; que la construiremos con combates de respeto a la dignidad humana., aún en medio de la guerra.

La unidad: sobre los principios de democracia y respeto a la vida

Estamos ante batallas por la verdad: la verdad entre nosotros, la verdad con la población, la verdad frente al mundo. Y la unidad hoy se da en función de esos principios de democracia. La unidad revolucionaria y guerrillera no se da simplemente por el hecho de estar armados, porque no es el problema de tener las armas lo que nos convierte en revolucionarios.

El grupo RF venía hace un mes de tener una victoria militar contundente y exitosa: la toma de Miranda. Pero sin un proyecto político de democracia, sin una propuesta política, sin un clima interno, no fueron capaces de convertir ese triunfo militar en triunfo para la revolución y, contrariamente, iniciaron el camino de su propia derrota.

Entonces, tenemos que ser más exigentes en la unidad revolucionaria. Tenemos que ser más profundos y más convincentes y más contundentes en que las fuerzas de la democracia armadas y no armadas debemos fundirnos en función de la democracia y no de otra cosa. Y tienen que ser tan profundas y tan limpias nuestras victorias, como para poder seguir diciendo, como lo hemos hecho, que la democracia en Colombia tiene aquí un Ejército; y que cuando la oligarquía ha convertido la guerra y la muerte en su única bandera, este año, nosotros levantamos la bandera de la vida. Y la vida sólo es posible cuando hay democracia, cuando hay respeto, cuando hay dignidad.

Construir la fuerza de la victoria

Entonces, compas, en concreto: además de la indignación y el asco que nos producen estos crímenes, del dolor que sentimos, mirémonos también nosotros y miremos este país.

No es suficiente condenar a los Franco. Hay que buscar cuáles son esos puntos que los llevaron a tomar el camino del terror y del crimen; sobretodo, a buscar cuáles son las banderas que tenemos que profundizar, cuáles los principios que tenemos que vivir para corregir nuestros errores y exigirle al movimiento guerrillero una corrección; para decirle a las FARC que su actitud frente a las masas no es el camino revolucionario y, principalmente, para decirle a este país que esta fuerza militar de demócratas en armas, le asegura la democracia porque la siente, la vive y la practica cada día; que Colombia tiene una fuerza militar para la victoria, que tiene hombres y mujeres capaces de dignificar la vida, de forjar la democracia.

Digamos lo que sentimos, compas. Hablemos de verdad lo que pensamos. Este no es un momento cualquiera de la historia de la guerrilla en Colombia. Es un momento que marca linderos, que define posiciones, que exige nuevos desarrollos, nuevos procedimientos, mejores actitudes y victorias.

Que todo el mundo sepa que el M-19 no va a dejar pasar injusticia alguna, sea quien sea el responsable de ella.

 

LO FUNDAMENTAL: HACIA DÓNDE AVANZAMOS

Álvaro Fayad Delgado

(... ) Cuando hablamos de democracia, hablamos de una manera de unificar fuerzas, de hombres que tienen que tener la capacidad de solucionar la miseria, pero también de sembrar de dignidad y libertad todos y cada uno de los sectores sociales, económicos y políticos que están en la democracia.

Cuando decimos respeto a la vida, es primero que todo a la vida física, pero también es vida la cultura de las comunidades indígenas y la forma en que los hombres eligen organizarse, su manera de vivir y de pensar. Asumir de una vez ser hombres de justicia, demócratas en armas, es lo fundamental: sembradores de la vida y de la justicia y del bienestar económico y social, cultural y político de esta nación y de este continente.

Entonces, no reduzcamos el problema de la justicia y la injusticia a la tortura, o el asesinato. Nos tiene es que estremecer en todas las fibras de nuestra actividad. El sectarismo, el no darle validez a otras luchas y a otras convicciones, no luchar permanente y concienzudamente por ampliar el campo de la unidad revolucionaria en armas y el campo de la unidad democrática en este país y en este continente, también es parte de este problema.

El problema, son también los Franco, pero no es solamente eso. Es un país y una nación que no sabe lo que es la democracia porque nunca la ha vivido. Y se nos hace tan difícil porque de esta oligarquía sólo hemos aprendido y hemos padecido la opresión y la indignidad.

Nos toca construir y aprender a luchar, a fundar y a consolidar la democracia empezando por nuestras filas. Lo que queremos son hombres que sean capaces de convencer; de contagiar con su entusiasmo y alegría, su convicción de poder y de triunfo. Lo que queremos es un M- 19 capaz de denotar la muerte que está arrojando la oligarquía; un M-19 tan claro, que sea capaz de producir el heroísmo como el de los compañeros del Palacio de Justicia, respetando la vida de los hombres ahí. Y unos hechos tan nítidos y tan claros que, además de romper la propaganda del enemigo, produzcan una convicción activa y viva, la convicción que actúa en la población donde nos movemos.

Tenemos la obligación, mediante nuestro accionar militar, mediante el uso de nuestra palabra, de nuestra práctica y ejemplo, de decirle al país que la revolución no es el temor, no es la colaboración por miedo; que la revolución es el camino ancho de nuestras convicciones y anhelos democráticos.

Ahora: no pensemos que esta discusión nos soluciona el problema. No nos sintamos nosotros los puros, y los otros, los culpables. Somos parte de un país y ese país nos ha formado en su alegría, en su manera de ser, pero también nos ha arrojado el lastre del pasado, de la oligarquía. Por eso, en medio de nuestros errores, lo fundamental es hacia dónde avanzamos, cómo le vamos abriendo camino a la democracia en este país y entre nosotros mismos.

La tarea es inmensa y la solidez de nuestras convicciones tiene que ser tan inmensa como la tarea. La claridad por lo que luchamos tiene que ser tan profunda como profundos son los males, el terror, la injusticia en este país; y tan certera como rotundo y contundente es nuestro accionar militar. Para que cada uno de nuestros hechos-políticos o militares, de masas, de unidad, internos- vayan derrotando la muerte y la antidemocracia; para que vayan templándonos en el vigor que da la convicción profunda de la justicia vivida, sentida y practicada.

Es decir, no es emprender una cruzada moral en el sentido de que yo me arrepiento y listo, o "yo no soy así, sino que son los otros". Son fuerzas sociales las que tenemos que mover, son fuerzas morales, son decisiones individuales y colectivas de una nación y de un continente que no conocen la democracia.

Sabemos lo que no debe ser: ese estilo de vida y ese estilo de muerte a que nos ha sometido la oligarquía, no es la democracia; la manera como algunas organizaciones guerrilleras se presentan ante las masas, no es la democracia; la manera silenciosa, pasiva y triste con que se presenta el porvenir revolucionario, no es la democracia. Pero el proceso nuestro no se reduce a decir "esto no es". Se trata fundamentalmente de consolidar una manera de ser, de combatir, de organizarnos y de juntar fuerzas en y por la democracia.

Porque queremos vivir en una sociedad sin pobreza y sin miseria. Una sociedad en la que de verdad seamos libres y plenos, donde tengamos el derecho de escoger o rechazar, de hablar o de callar, de andar o de sentarnos, de pensar y de gozar y de crear. Y es apoyándonos en el pueblo y es convocando con los hechos, consolidando victorias morales, políticas y militares.

Entonces, lo que discutamos va más allá del problema de los Franco, y más allá de nosotros mismos. Es una nación y es también un continente que, como decía Bolívar, va a asombrar al mundo. Es que todo hombre que ingrese en este movimiento, de nuevo, como Bolívar, es libre. Es, como Bolívar cuando enfrenta la guerra a muerte, no permitir que sus militares la entiendan como irrespeto al enemigo. Es, de nuevo, como Bolívar, ¡sembrar!

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8 marzo 2014 6 08 /03 /marzo /2014 23:58

IVAN1

 

EN LA BÚSQUEDA DE LA PAZ, EN CUALQUIER PASO, POR PEQUEÑO QUE SEA, ES POSITIVO

Por Rafael Vergara Navarro

En su primera entrevista pública después de asumirla comandancia del M- 19, Iván Ospina comenta sobre la reunión que sostuvo con el presidente Betancur en Madrid, las propuestas actuales de su Organización y la situación centroamericana.

R.V. Durante el viaje de Betancur por España, usted y Álvaro Fayad se reunieron con él ¿Podría contarnos los pormenores de esta reunión y su apreciación en torno a los avances en el logro de la paz en Colombia?

Sí, el pasado octubre nos encontramos en Madrid con el presidente Betancur como una manifestación más de nuestra voluntad de paz. El ánimo y las condiciones fueron muy distintas a las de las históricas reuniones de Sitges y Benidorm (España), cuando los representantes de las oligarquías liberales y conservadoras pactaron el ya conocido Frente Nacional, buscando poner fin a la masacre desatada por ellos y que significó la muerte de 300.000 colombianos. Esta reunión con Betancur marca un hito: un presidente de Colombia reunido con los representantes de la insurgencia, del M-19.

Consecuentes con nuestro planteamiento de que la amnistía es un paso hacia la paz, creemos que este primer diálogo, esta primera conversación, es paso previo del diálogo nacional que tendremos que hacer frente a nuestro pueblo, con participación de todos los sectores económicos, políticos y sociales del país, y como es obvio, con las otras organizaciones revolucionarias que —como las FARC, el ELN, EPL y ADO -  combaten por una patria para todos.

R.V. Pero el diálogo fue iniciativa del M-19 o del presidente Betancur?

Nadie puede alegar la paternidad de esta iniciativa, pues parte del deseo de todo un pueblo que necesita, que clama, que exige la paz; pero para todos, paz para los marginados, los desheredados, los hambrientos de tierra, los desocupados que exigen trabajo, las madres que impunemente se les mueren de hambre los hijos. Días antes de la entrevista, el apologista del golpe de Estado, el teórico del supuesto vacío de poder, Landazábal Reyes, Ministro de la Defensa, categóricamente afirmaba que ni había, ni podía haber diálogo con la Colombia en armas, con Colombia guerrillera.

En Madrid sucedió todo lo contrario, y es obvio que en cabezas calientes como los generales Landazábal, Matamoros, Lema Henao y demás guerreristas, haya inquietud y sinsabor.

Felipe González, jefe del Gobierno español, posibilitó el encuentro de las dos Colombias: la de Betancur y la insurgente, representada por los miembros de la dirección del M-19.

R.V. Pero, se podría decir que el diálogo —con minúscula si he entendido el sentido de la aclaración- fue positivo?

Nosotros lo calificamos como ameno y positivo y aunque el tiempo de duración —casi tres horas- no fue suficiente para profundizar tan amplia problemática, sí se sentaron las bases para proseguir conversaciones con el ánimo de aislar a los sectores más retardatarios del régimen.

Lo concreto es que han quedado abiertos los canales, por lo menos para que nosotros los guerrilleros prosigamos las conversaciones frente a nuestro pueblo. Mientras tanto la guerra continúa. Todavía la contrainsurgencia —con el Ejército a la cabeza- se resiste a aceptar conversaciones y se empecina en asesinar a nuestro pueblo y a nuestros compañeros.

R.V. Si esto es así, si la guerra continúa ¿no cree que las reuniones con Betancur le da, en contra de ustedes, más prestigio? Muchos afirman que Belisario ganó con este diálogo...

Nosotros también lo creemos pues le ha dado alguna continuidad a su empeño en Contadora y América central. Pero en el caso nuestro, una vez más hemos demostrado a nuestro pueblo y al mundo que queremos la paz, pero una paz con dignidad, una paz con conquistas para el pueblo, por la cual muchos de nosotros, hombres y mujeres generosamente han derramado su sangre. Para este anhelo tan grande y tan generalizado de paz entre el pueblo colombiano, cualquier paso por imperceptible que parezca, es positivo. Lo importante no es que haya ganado Betancur o nosotros: en esto lo importante es lograr aislar al sector guerrerista que quiere a sangre y fuego silenciar a nuestro pueblo.

R.V. Entonces, ¿eso quiere decir que ustedes dejarán de actuar militarmente?

No. Las acciones tanto en el campo como en la ciudad continuarán. Hemos lanzado propuestas concretas, por demás amplias, de que se suspendan las operaciones militares de parte y parte: el cese al fuego. Pero los guerreristas de turno, los seguidores del Pentágono no quieren dejar avanzar la política de paz.

Colombia entera, expresada en todos los estamentos sociales, ha recibido este primer diálogo con alborozo; no ha sucedido igual con los que quieren continuar con la política del garrote… Los generales que ya les he nombrado no pueden ver con buenos ojos este diálogo y no hay que descartar que los teorizadores del vacío de poder aprovechen cualquier coyuntura para el golpe. Eso sí, ellos pueden estar seguros que si lo intentan, será todo un pueblo el que les salga al paso, será todo un pueblo el que no les dejará pasar.

R.V. Un momento: si las cosas son de este calibre, entonces ¿Cómo analiza la posición de Betancur?

Mire, pienso que Betancur quiere más de lo que puede. Gobernar con un estamento militar que se mueve como reflejo fiel de unos grupos financieros que no sólo esquilman el pequeño patrimonio de miles de ahorradores sino que también, por su carácter monopólico, arrinconan a la pequeña y mediana industria y obstaculizan las pretendidas transformaciones económico-sociales, no deja de ser complejo.

Creo que si BB de verdad se decidiera a ir hasta el final y por la democratización económica, política y social de Colombia, tendría que colocarse el casco, como lo hizo el inolvidable Allende.

R.V. Hay quienes afirman que el M-19, con todo esto de la amnistía y la política de diálogo, ha perdido presencia e importancia en la política colombiana.

El M-19 no ha perdido vigencia. Nuestras propuestas políticas y nuestro accionar militar están el corazón de un pueblo para el cual no somos sólo una esperanza, sino una real alternativa de poder.

La lucha por la paz. En Colombia

R.V. A principio de este año las FARC y el M-19 dieron a conocer un instrumento conjunto en el cual se daban los primeros pasos de una unidad de acción y se llamaba a las otras organizaciones político-militares, políticas y sociales, a integrar un solo frente de lucha para el logro de la paz. ¿Cómo concibe el M-19 el proceso unitario?

El documento a que te refieres tiene una significación trascendental. Por fin hemos dado serios pasos de unidad con nuestros hermanos de las FARC. El M-19 insistirá en estrechar los lazos unitarios buscando sobre todo lo que nos une, haciendo todo lo posible para que las propuestas que hagamos al país sean del conjunto. Además, trataremos de llegar a la unidad con otros sectores en armas, poniendo los intereses bolivarianos por encima de los intereses de grupo o partido.

Ahora bien, en esta lucha por la patria no sólo se mueven fuerzas armadas revolucionarias. También existen fuerzas que van desde la Junta de Acción comunal, el comité de padres de familia, el Consejo estudiantil, las asociaciones de profesionales, de profesores, enfermeras, los sindicatos, la Iglesia de los pobres. Para todos ellos, para los que quieren engrandecer esta patria, va también nuestro llamado de unidad. El proceso unitario se enfrenta con que en Colombia se mueve una oposición que va desde los más rojos hasta los supuestos socialdemócratas que se han olvidado de la patria, la patria que enseñó bolívar y por lo que tanto lucho, y no ha podido cristalizarse una oposición fuerte, una unidad de criterios que rompa los esquemas tradicionales de la lucha opositora.

Pero así como se da este hecho, también existe en Colombia un sector legal en lucha que, en desfavorables condiciones, combate por la Colombia libre. Hacen una labor de titanes: el partido Comunista, la CSTC, el sindicalismo independiente, y otras organizaciones más, que a pesar de la masacre a que han estado sometidos continúan su lucha. Estos son hechos políticos que tienen su peso en la perspectiva de conformar un frente común por la democracia.

R.V. No se ha referido a las nuevas organizaciones surgidas con posterioridad a la amnistía, una de ellas "Alternativa Bateman por la paz" que retorna el nombre del comandante Pablo y actúa legalmente.

Vea, en Colombia existen amnistiados y amnistiados entre comillas. Entre los primeros hay muchos compañeros quienes realmente creen que en el país existen condiciones para desarrollar una lucha opositora legal, a nombre de la política del M-19; otros simplemente se aburrieron de los avatares de la guerra, y algunos están desinformados.

El M-19 no considera que la amnistía por sí sola a ofrecido condiciones para impulsar una oposición democrática con perspectivas de avance para el movimiento popular. Porque si lo dejan a usted dar declaraciones a la prensa, o realizar un mitin, pero todos los días le están asesinando dirigentes en las calles, no se puede creer que hayan perspectivas de construir fuerza real, fuerza alternativa de poder. Por eso, desde nuestra posición, la supuesta "alternativa" que plantea esta gente no es tal, y desautorizamos la utilización del nombre de nuestro comandante, guerrero y combatiente por esencia, para denominar causas ajenas a esas por las qué él luchó.

También hay amnistiados que nunca fueron combatientes y solo andan en pos de prebendas, de los beneficios personales que el Gobierno ofreció a quienes se amnistiaron. Ante el país, la posición de estos individuos se extiende al conjunto de los amnistiados y ellos les crea, como grupo, una imagen de oportunistas.

A quienes alguna vez fueron combatientes nuestros y desean participar del proyecto del M-19, les decimos: su puesto de combate hoy está en las columnas guerrilleras y ojo, porque el gatillo de la contrainsurgencia les sigue apuntando.

Hemos reiterado que la amnistía es un paso hacia la paz y así lo ha reconocido el Presidente Betancur. Y lo decimos porque, como le dije, la guerra continúa.

La amnistía ha significado un alto costo político y militar. Hemos dejado la trocha y los pueblos llenos de cruces: muchos de nuestros compañeros han sido masacrados por los cuerpos de contraguerrilla dirigidos por el Batallón Colombia y por la III, IV, VI, y XIX brigada.

Hombres como Sigifredo Ruiz, en el Putumayo, Camilo Restrepo en Cali, Sigifredo y Jairo Rojas, en el Caquetá, Israel Oviedo, y tantos más en Florencia, han sido asesinados por los cuerpos contragerrilleros "Atila", "Bomboná" y "Escorpión".

A pesar de ello, continuaremos el diálogo, pero también seguiremos combatiendo porque no hemos llegado a ningún acuerdo de cese de hostilidades. Hoy nuestros hombres y mujeres, en los puestos de combate y sus respectivas tareas, mantienen el accionar, y lo ampliaremos si las circunstancias lo exigen.

Muchos nos preguntan por qué la lucha por la democracia la hacemos con los fusiles en la mano, mientras en otras latitudes se hace desde diferentes trincheras. En Colombia del siglo XX —que amarga realidad-, en esta Colombia de los US $ 11.000 millones de deuda externa y sólo US$ 3.000 millones de ingresos, de los miles y miles de campesinos sin tierra, de los cientos de miles de destechados, de los niños deambulando por las calles; en esta Colombia del millón y medio de desocupados, de los cientos de empresas medianas y pequeñas acorraladas por el gran capital, tenemos  los revolucionarios que empuñar las armas en la lucha por la democracia económica, política y social.

R.V. Uno de los casos que más han escandalizado al país en los últimos tiempos es el de los numerosos asesinatos en el Magdalena Medio. Se ha dicho que las causas de ese flagelo se encuentran sustancialmente en la acción de la mafia y grupos como el MAS. ¿Cómo analiza esta situación?

En un país como el nuestro donde el latifundio improductivo tiene tanto peso, la lucha por la tierra tiene caracteres explosivos. En el Magdalena Medio asistimos a la más cruel masacre. Los desheredados de la tierra, los que con sacrificio, analfabetismo y duras enfermedades tumbaron selva y montañas y crearon la riqueza existente, hoy exigen respeto a sus derechos. Esto no lo aceptan los terratenientes, los latifundistas armados y entrenados por ese Ejército mal llamado "de Colombia".

El Ejército ha ensangrentado la región y allí la lucha se está convirtiendo en una verdadera guerra entre los de abajo y los de arriba, a pesar de los grupos paramilitares —Tiznados, Grillos, Menudos- y los CAES y GOES, estos últimos pertenecientes institucionalmente a los organismos represivos del Estado.

El M-19 después de Bateman

R.V. En algunos medios políticos se ha afirmado que con la desaparición del comandante Jaime Bateman el M-19 tomará otro rumbo, otra línea de acción.

Pablo. Jaime Bateman, mi hermano de 25 años de lucha, ha dejado un vacío, pero como un solo hombre, jóvenes y viejos, hombres y mujeres del M-19 no dejaremos —no importa lo que venga- esas banderas de lucha que como comandante del M-19 izó tan altas. Esa talla de gigante, ese hombre que con todos nosotros encumbró la organización, seguirá presente. Con dolor de pueblo pero con ganas de triunfar, continuaremos su obra.

He asumido la responsabilidad legada con la esperanza de que continuaré hasta el final la obra emprendida; pero si cualquier día de estos me llega la hora, habrá otros Fayad, otros Pizarro, otros Navarro Wolf, otros Gustavo Arias, Otros Toledo, otros Otero y muchos más, quienes no dejarán arriar las banderas por las que ya se ha derramado demasiada sangre generosa.

Más aun, en el M-19 tenemos la convicción de que el futuro de este proyecto no está en un grupo determinado de hombres, o en una organización; ya es parte del sentir de las mayorías cuya decisión de forjarse un destino propio, le dará continuidad a la lucha.

Contra la agresión imperialista

R.V. El 25 de octubre los marines norteamericanos invadieron Grenada ¿Qué perspectivas ve Usted en América Latina frente a la política belicista de la administración Reagan?

Hoy cuando la política del "gran garrote" está instaurada, ya con el caso de Grenada, ensangrentada y vejada, los latinoamericanos tenemos que levantarnos, con más madurez que nunca, como un sólo hombre, para repudiar con la energía necesaria y expulsar a los que ayer se vanagloriaron cercenando a México y ocupando Panamá.

Hoy cuando con histeria inusitada ocupan y ensangrientan una nación y un proceso democrático y popular, y preparan operaciones demoledoras contra la heroica Cuba, la Nicaragua triunfante y la revolución Salvadoreña, cobran mayor vigencia los planteamientos y las luchas antiimperialistas de nuestros mejores hombres: Bolívar, Martí, Sandino y el Ché. Los imperialistas, con Reagan a la cabeza, han sido los que han querido que nuestra América se convierta en la hoguera definitiva que queme los intereses imperiales. Hoy más que nunca cobra vigencia la necesidad de crearles dos, tres, más Vietnam. ¡Ellos lo han querido!

R.V. Se habla insistentemente de una nueva intervención en nicaragua o El Salvador...

Reagan en su afán reeleccionista desempolvó la política del gran garrote y la arrogante Doctrina Monroe. Lo que no debe olvidar en su belicismo es que aún en las mentes de los norteamericanos están frescas las lecciones de Vietnam con los cientos de miles de tumbas.

Además, así como nuestros hermanos vietnamitas, camboyanos y laosianos no se dejaron chantajear ni amilanar, tampoco lograrán hacerlo en nuestra América. Nosotros también asimilamos experiencias. Estamos dispuestos a cobrar muy caro la deuda de las Malvinas y ahora la de Grenada.

No pasarán hoy impunemente las huestes militaristas gringas sin encontrar en cada país, en cada ciudad y en cada montaña latinoamericana una ejemplar trinchera de combate.

R.V. Hablemos de Centroamérica y el papel que le atribuye a contadora lo en la solución del conflicto.

En un conflicto de grandes proporciones como el de América Central, la inquietud llega a muchos sectores, y los conceptos que se emiten son diversos y no pocas veces encontrados.

En América Central observamos desde las dictaduras empotradas en el poder a sangre y fuego como en Guatemala, El Salvador y Honduras —donde el general Álvarez es el poder- hasta supuestas democracias como Costa Rica que también surgen el impacto de la dominación imperialista. En este último caso ese país va en camino a convertirse en un Líbano.

Allí escuchamos las tibias declaraciones de un Gobierno socialdemócrata y vemos el apoyo directo a apátridas como Pastora y compañía.

En este marco de agresión contra el régimen popular de Nicaragua y la Revolución Salvadoreña por parte de los Estados Unidos y con la complicidad de los Gobiernos nombrados, irrumpe el grupo de contadora, donde no hay unidad de criterios porque también allí conviven posiciones como las de Herrera Campins, quien no vacila en cortar el suministro de hidrocarburos al pueblo nica que resiste heroicamente ante el bloqueo y la intervención.

A pesar de ello, Contadora puede seguir jugando un papel positivo, siendo difícil saber hasta cuándo, y siempre que como grupo aprenda a diferenciar una guerra de agresión imperialista como la que sufre nuestra hermana Nicaragua, y una lucha por la dignidad y la vida como la que adelantan nuestros hermanos salvadoreños del FMLN-FDR.

Las llamas y la generalización de la guerra se apagarán sólo si Reagan, Schultz y sus "halcones" entiendan que la lucha de nuestros pueblos es por salir del subdesarrollo; y si esto no está perfectamente claro en el grupo de Contadora, su papel dejará de ser positivo.

En todo este conflicto centroamericano, como combatientes bolivarianos que somos, estaremos con nuestras armas y nuestra solidaridad política al lado de nuestros hermanos salvadoreños, hondureños, guatemaltecos, nicaragüenses, granadinos y cubanos.

IVÁN MARINO OSPINA

Por Patricia Lara

Tomado del libro "Siembra vientos —y Recogerás Tempestades" de Patricia Lara. Premio Nacional de Periodismo CPB 1982. Nominado

Acababan de matar a Camilo cuando me fui para el monte...Al comienzo, hasta la caída de una hoja me impresionaba...Pablo y yo nos perdíamos, no sabíamos orientarnos, no podíamos manejar la brújula, la nuestra era el campesino... El analfabetismo de muchos guerrilleros era definitivamente lo que más me impresionaba.

Pablo se fue a la guerrilla como responsable político del grupo del comandante de las FARC, Manuel Marulanda Vélez, Tiro Fijo. El quiere mucho a Pablo, pero es un comunista disciplinado... Yo era el responsable político del grupo de Ciro, entonces subcomandante de las FARC. Pablo llegó al Huila y yo al Quindío.

Al poco tiempo, también a él lo enviaron al Quindío para que trabajara en llave con la gente del Cauca y del Valle.

Entonces hicimos nuestra vida guerrillera juntos

Nos levantábamos a las cinco de la mañana. Doblábamos el equipo. Los guardábamos. Hacíamos charlas políticas, guardias, planes... Cocinábamos. Remendábamos la ropa. La lavábamos. Hablábamos con los campesinos... Hacia dos o tres años que habían operado a Pablo de la pierna. El injerto no le prendía bien. Todos los chamizos se le incrustaban en la herida. Vivía echándose uña. La pierna le molestaba mucho... No teníamos mujer en la guerrilla. No nos quedaba más remedio que chuparnos el dedo...comer carne de vaca, eso era lo que hacíamos...

Protestábamos. Nos quejábamos porque faltaba una línea de acción. Éramos muy críticos. A nadie le perdonábamos que se bebiera la plata o que se robara las cosas.

De verdad que nunca planteamos hacer anti-partido. Lo que ocurría, simplemente, era que veíamos que tal como iban las cosas la revolución estaba muy lejana. Éramos partidarios de llevar la lucha a la ciudad. Inclusive Marulanda estuvo de acuerdo con ese planteamiento.

La gente mejor acomodada del partido se opuso a la lucha urbana. Decía que ella perjudicaba la actividad legal. Entonces comenzamos a chocar con el grupo de Gustavo Castro, de Juan Viana, de Manlio Lafónt, de Carlos Romero...

Poco antes de que me expulsaran de las FARC llegó una carta de Estado Mayor al campamento guerrillero de Jesús María Rivas Rojas, alias Cartagena, quien hoy trabaja para la inteligencia militar y le contó al Ejército todo lo que hice en las FARC. Yo me encontraba ahí. El Estado Mayor decía en la carta que debía trasladarme a dirigir otro frente, el de Urabá, porque yo ya tenía suficiente experiencia. Entonces fui a Montería. Encontré a los guerrilleros en un estado lamentable. Se morían de hambre, estaban aislados, no se habían ganado la solidaridad de la gente.

Viajé a Bogotá. Fui donde se encontraba Jacobo Arenas, el segundo hombre de las FARC. Le informé la situación. Pablo estaba con él. Había ido a organizar la escuela de comandantes. Jacobo me pidió que le ayudara a preparar los cursos de economía y de filosofía. En esas llegó un comunista y le dijo: Jacobo, usted tiene a su lado a dos espías del enemigo, agentes de la inteligencia militar, agentes de la CIA.

Yo le iba a dar en la jeta a ese tipo, pero Jacobo no me dejó, Pablo se puso a echar madrazos. Los miembros del Estado Mayor de FARC, presentes ahí (Jacobo, Ciro, Ezequiel Gallo, otros), discutieron si nos sometían o no a consejo de guerra.

El partido quería más a Pablo que a mí. En esa época él era el secretario de Jacobo. Pablo siguió en las FARC unos años más. A mí me expulsaron. El comandante Ciro, muerto ya, fue quién me salvó la vida: Yo conozco el comportamiento de Iván —insistió.

Entonces Jacobo me llamó aparte y me dijo: Iván, usted no pasó el cedazo del Partido Comunista. Váyase, llegue a alguna zona donde no haya Partido y póngase a construirlo. Yo me puse a llorar. Imagínese usted, luego de que veía a Fanny cada seis meses no más por andar metido en la guerrilla: después de que la había dejado sola siendo una niña de diecisiete años (me casé con ella cuando tenía catorce); luego de que por mi culpa aguantaba hambre y salía adelante sola teniendo al niño chiquito enfermo de los pulmones; después de todo eso, Jacobo me salía con esa historia... Lloré mucho... No se extrañe.... También soy humano, también sé llorar...

Llegué a Bogotá entonces, en 1968, aguanté mucha hambre. No tenía cinco centavos. Vivía escondido: a Pablo y a mí nos habían condenado a cinco años de cárcel, por rebelión, en el Consejo de Guerra de Las Coloradas.

Sólo amigos de la infancia me ayudaron

Fui a Venezuela, ingresé a la guerrilla venezolana. Poco tiempo después, se desbarató... Volví a quedar sin piso... Conseguí puesto como tornero en una fábrica de grifos. Estaba desesperado. Desde Caracas llamé a mi abogado, César Pineda, y le pregunté si podía regresar. Me respondió que no veía ningún problema en que volviera. Regresé en 1970

A la semana de haber llegado, estando en la Plaza de Bolívar de Pereira, se me disparó una pistola automática que tenía en el bolsillo. Me herí una mano. El Gobernador hizo un escándalo tremendo. Como me estaban buscando, me reconocieron. Me cogieron preso. Me reventaron la cabeza a garrote. Me llevaron a la cárcel de Cartago.

También había tortura en esa época. El Coronel Augusto Pradilla, hoy fiscal del Consejo de Guerra de La Picota, entonces Capitán del B-2, con cigarrillos encendidos les quemaba los pezones a las mujeres. Recuerdo concretamente el caso de una campesina de Montenegro, Mariela López. Ella colaboraba con las FARC. A Mariela le quemó los pezones Pradilla. No sé si haya muerto ya, estaba tuberculosa.

A mi suegro, solamente por el hecho de serlo, lo tuvieron preso dos años y medio. Varias fueron las veces que lo obligaron a tomarse sus propios “miaos”. Esa era la tortura que le hacían.

En 1971, durante la presidencia de Pastrana, el Consejo de Guerra de las Coloradas fue anulado por fallas en el procedimiento. El levantamiento del Estado de Sitio determinó su anulación. Por eso el cojo Ochoa, juez entonces, decretó mi libertad.

Me puse a trabajar. Le manejaba la plata a unos ricos amigos míos, buenas personas ellos... Para los millonarios me llamaba Alvaro. No tenía sueldo. Me dejaban gastar lo que quisiera, lo que necesitara, cincuenta, sesenta mil pesos... A pesar de que estaba bien y de que ganaba mucho dinero, busqué a los compañeros: quería hacer algo...

Desde que dejé las FARC tuve la idea de crear una organización revolucionaria, amplia, abierta, donde no se exigiera tal cantidad de requisitos, que la gente que se necesitara para tomarse el poder no cupiera en ella. Busqué a Luís Otero, a Gustavo Arias, hice contacto con Pablo. Él estaba todavía con la FARC..

Editamos la revista Comuneros. En ella proponíamos la unión de los grupos guerrilleros. Siempre hemos insistido en eso, la unidad de la gente armada. De Comuneros circularon clandestinamente cuatro números. Los imprimimos en un offset que le robamos a un tipo. Lo sacamos a hombro. La montamos en un jeepecito (sic) viejito, que era lo único que teníamos. El jeep no prendía. El offset casi lo desbarata. Cargado con el offset robado tuvimos que empujarlo, muertos de la risa, en la mitad de la noche. Pablo viajaba a Bogotá con frecuencia, insistía en organizar la lucha en la ciudad, se reunía con nosotros. Un día nos encontramos con un comunista, uno de esos acomodados....

Apenas nos vio juntos se fue a decirles a las directivas del partido que había visto a Pablo "conversando con el tira Iván Ospina dentro de un bus".

Expulsaron a Pablo del partido. Eso ocurrió a mediados de 1972. Expidieron una resolución en ese sentido. La hicieron pública. Como él era más importante que yo, el Partido Comunista lo expulsó públicamente, con resolución y todo.

Pablo se quedó en Bogotá: nunca más regresó a las FARC.

Luego de la fuga de Iván Marino Ospina, alias Felipe, y de Helmer Marín, de la cárcel, el Ejército repartió propaganda en la que ofrecía recompensas a quienes informaran sobre el paradero de los prófugos.

Cuando iniciamos el M-19 no teníamos armas ni plata.... Nos dedicamos a conseguirla......

Recuerdo una de nuestras primeras acciones: nos robamos la colección de armas de Ponce de León, el dueño de Levapán. Imagínese que el hijo mayor del viejo no le pegaban bien los esparadrapos con que lo amarramos. Entonces, asustado, con un pedazo de esparadrapo colgándole de la boca, nos dijo: Miren... Póngame el esparadrapo bien que estoy ¡desamarrado!

Todos soltamos la carcajada... Era buena persona ese muchacho. Cómo seríamos de pobres al comienzo, que negociamos personalmente, con un señor muy conocido, el rescate de un secuestro. Nos montamos entre un carro con él y así, dando vueltas por Bogotá, aceptamos recibir los dos millones de pesos que nos pagaron, en lugar de los cinco que habíamos pedido.

Nos pasaban unas cosas más absurdas. No se me olvidará nunca el asalto que hicimos en un banco de Cali. Cuando Pablo le dio la mano al gerente y le metió un tirón para ponerlo manos arriba, se le cayó la peluca. Entonces se la echó al bolsillo y sólo, con otro compañero, acabó de poner manos arriba a las cuarenta personas que había dentro del banco. Los del grupo de apoyo entendieron mal la señal que Pablo les hizo desde el “mezzanine” y, en lugar de quedarse atentos, se fueron. Creyeron que la acción ya había terminado. Yo los esperé afuera entre un jeep. Apenas estaba aprendiendo a manejar. El compañero que sacó el maletín con la mayor parte del dinero se montó a mi lado. Arranqué rápidamente. Recorrí como cinco cuadras. Volví a mirar atrás. Vi nada menos que a Pablo, parado en frente al banco, haciéndome señas con los brazos en alto. Traté de hacer andar el jeep en reverso. Como no lo logré, Pablo llegó corriendo, muerto de risa, con los bolsillos llenos de billetes que se asomaban. Así recuperamos para la revolución como millón de pesos...

Hay muchas anécdotas. Ahora recuerdo, por ejemplo, la del perro en el Cantón. Figúrese que cuando los compañeros entraron al túnel de trescientos metros que construimos desde la casa que compramos al frente del Cantón Norte y comenzaron a sacar las armas, un oficial que llevaba un perro Pastor Alemán pasó junto a la pared del otro lado. El animal ventió, se le zafó al oficial y empezó a ladrar y arañar la pared del depósito de armas. Los compañeros se tendieron inmediatamente. Se quedaron quietecitos, sin respirar prácticamente. Entonces oyeron que el oficial le decía al animal: ¡Perro hijueputa! Porque se mió una perra aquí ¡ya se volvió loco! ¡Camine!

El hombre le pegó. Alejó el perro a la fuerza. Los compañeros terminaron de desocupar el depósito de armas.

Dos semanas después de la recuperación de las armas nos detuvieron en Cali, en nuestra casa del barrio Camino Real. Fue el 15 de enero de 1979 a las cuatro de la mañana, recuerdo. Tres horas antes Pablo se había ido...

Allanaron la casa. Reventaron la puerta a patadas. Despertaron a golpes a los niños. Los obligaron a levantarse. Encapucharon a Fanny. La amarraron. La tiraron al suelo. El niño menor, de tres años, comenzó a llorar. Los otros, de doce y trece, miraron en silencio.

Me dieron golpes de culata, patadas... Me dejaron en calzoncillos, me encapucharon. Se pusieron mis botas. Insultaron a Fanny. Se llevaron mi equipo de sonido. Se robaron todo lo que pudieron. Prácticamente destruyeron la casa. Todo lo hicieron delante de los niños....

A ellos los tuvieron veinticinco días en el Batallón Pichincha. Los interrogaron. Los niños no hablaron. A todo contestaron "no sé". No dijeron dónde vivía Pablo... La impresión le produjo amnesia a Mauricio, el menor. Ni siguiera a Fanny y a mí nos reconocía al principio.

Un mes permaneció el Ejército en mi casa. Querían capturar a todo el que llegara. Pero Fanny alcanzó a poner en una ventana la toalla roja que le indicaba a los compañeros que no podían entrar... No cogieron a nadie.

A Fanny la tuvieron varios días de pie, sin comer, sin dormir... Intentaron  violarla. Quisieron llevarla a los prostíbulos.

Camine, nos pasamos una noche de amor -le decían. Pero ella es una mujer muy pura. Diez meses estuvo presa. La soltaron porque no encontraron méritos suficientes para mantenerla recluida. Apenas salió de la cárcel, fue a recoger a los niños que estaban con mi viejo y mi vieja, de noventa y cinco y ochenta años ya. Cuando el niño menor la vio le preguntó: Señora ¿usted sabe dónde está mi mamá? Señora, ¿cómo se llama usted?

El niño ya nos reconoce. Pero todavía habla de cuando él tenía papá y mamá...

Fanny se trasladó a vivir a Bogotá para poder visitarme en la cárcel, cuando me fugué tuvo que esconderse. El Ejército sacó unas hojas volantes en las que daba el nombre de Fanny y de los niños, la dirección de la casa y ofrecía un millón de pesos a quien me entregara vivo o muerto.

Fanny y los niños consiguieron pasaportes falsos. Un tipo que seguramente trabaja para la inteligencia militar, se los hizo. Es muy raro que en septiembre, cuando venía con los niños a Panamá, la detuvieron en el aeropuerto. La condujeron a la cárcel del Buen Pastor. Los viejos se encargaron de los niños otra vez. ¡Pobrecito el viejo! Ha sufrido mucho con todo esto... Pero yo se que en el fondo sé siente orgulloso de su hijo....

Con la ayuda de unas monjitas, se logró que Fanny saliera de la cárcel nuevamente. Pronto debe venir. Como sea me la traigo. Está muy triste. Está muy mal. El papá se le acaba de morir. Cuando fue a visitarla a la prisión y la vio tan aporreada, le dio un infarto.

Pues sí, a mi me llevaron vendado a una casa del barrio Nuevo Tequendama, de Cali. Ahí quedaba nuestra "cárcel del pueblo". Me amarraron en una esquina del patio y estallaron granadas de gases lacrimógenos a mi lado. Sentí que me iba ahogar. ¡Qué desesperación! Luego me condujeron a una finca junto al río Ponce. Me sometieron al submarino: con las manos atadas atrás y los pies sujetados con esposas me obligaron a sumergir la cabeza dentro de un tanque lleno de agua hasta que perdí el conocimiento. Eso me lo hicieron varias veces. Cuando recobraba la conciencia me decían que sólo me dejarían tranquilo si les entregaba las seiscientas armas que tenía guardadas. Esa tortura la dirigió un suboficial del B-2, alto moreno, de unos cuarenta años de edad y unos ochenta kilos de peso. Se llama Reynel Ramírez, si mal no recuerdo. También había un mayor y un teniente. Pero los primeros torturadores estaban vestidos de civil.

Después me llevaron al Batallón Pichincha. Me tuvieron en la remonta. No sé durante cuántos días me dieron garrote. Perdí la noción del paso del tiempo. Un día me pusieron una ruana para tapar mis manos atadas atrás por las esposas, y me montaron en un avión de AVIANCA. Debía estar pálido. Nadie me dijo nada. Llegué a Bogotá. Me condujeron a Usaquén. Me vendaron. Me trasladaron a las Cuevas de Sacromonte.

Olía a campo. Parecía como si hubiera cerca un abrevadero de caballos. Llegué a unos túneles largos, fríos, de piedra. Ahí encontré a Sergio Betarte, a Augusto Lara, a Julio César Pachón y a un muchacho de Bogotá de apellido Erazo. A Betarte, el uruguayo, fue a quien torturaron primero. Yo oía gritos. Oía su llanto que se mezclaba con la música de Wagner que sonaba siempre al fondo de las cuevas. Vendado, desnudo, siempre de pie, esperaba mi turno. Eso, oír los gritos de los compañeros y esperar el turno, es la peor tortura... Se siente odio, impotencia, dan ganas de morir...

El turno le tocó a Augusto. Después me tocó a mí...

Yo estaba extenuado: había soportado diez o quince días sin comer, sin dormir, de pie casi todo el tiempo, desmayándome y despertándome a golpes de culata, patadas, garrote... Sin embargo, me torturaron más: vendado, me colocaron un electrodo en cada testículo. El dínamo al que estaban conectados generaba electricidad. Sentía que el pelo se me erizaba, que los testículos me crecían... Los militares insistían en que delatara a mis compañeros. Y me torturaban... Me torturaban más. Me obligaban a subir sobre una banca, vendado también con las manos atadas detrás. Me envolvían los antebrazos con trapos de estopa sobre los cuales amarraban lazos para que la otra tortura no dejara pruebas. Luego ataban esos lazos a una diferencial y me levantaban un poco, de manera que quedara apoyado solamente sobre las puntas de los dedos de los pies. Me pedían tres veces la dirección de Pablo. Siempre. Como no les respondía, me quitaban la banca. Mi peso recaía sobre mis hombros. Parecía como si el cuerpo fuera a desprenderse de los brazos y a caer.

Esa tortura, la colgada, la repitieron miles de veces, durante horas, durante días. Preguntaban tres veces, siempre tres veces: ¿Dónde podemos encontrar a Pablo, en qué tiene invertido el dinero el M- 19, cuáles son los nombres de los militares que les dieron la información sobre las armas del Cantón Norte?

Pero luego de llevar colgado varias horas, se insensibilizaban los brazos, se esfumaba el dolor. Volvía cuando me soltaban de nuevo. Volvía con toda intensidad. Y cuando me obligaban a bajar los brazos, me dolían aún más...

Al ver que nada me hacía hablar, los militares me forzaban a doblar una pierna contra las nalgas de manera que pudiera agarrarme el pie con las manos atadas atrás. El pie, a su vez, lo amarraron a mis manos y de ellas me colgaron. Creí que me iba partir. ¡Eso es lo más horrible! Seguían preguntándome. Seguía mi silencio... Entonces me pegaban con una varilla por todas partes. Se me inflamaban los testículos. Repetían la tortura. La repetían una y otra vez. Terminaba de camilla. Entonces me llevaban donde estaban los demás. Ya el turno le tocaba a otro.

A Augusto Lara fue al que más colgaron del pie y las manos. Como sufre del corazón, le daban paros cardíacos. Augusto descubrió que si mascaba dos o tres cigarrillos antes de la tortura, se aceleraba el paro. Sin embargo, continuaban torturándolo. Él creía tal vez que así podría morirse...

A mí también me dieron ganas de morir

Después de haber soportado muchos días de dolor y de humillaciones, resolví cortarme las venas. Yo ya era monstruo. Estaba aniquilado. Sólo deseaba suicidarme. Pero ni siquiera matarme me dejaban....

Una vez le pedí a un torturador un poco de agua. Me llevó un pocillo grande de metal con un líquido fétido. Olía a amoniaco. Contenía agua sacada del inodoro repleto de miaos... Como no podía levantar los brazos, puse las manos atadas sobre el piso y recibí el pocillo. Lo agarré con la boca. Lo sostuve con las manos. Entonces sentí que algo me las rayaba. Miré. Era una cuchilla: mi salvación... Seguramente la habían dejado sucia untada de jabón, botada por ahí, y alguien había puesto el pocillo encima de ella. Para despistar, tomé el agua. Cogí la cuchilla disimuladamente. La escondí entre los dedos de un pie. Regresé al lugar donde estaban los demás. Entonces les dije: Compañeros, avísenle a la Dirección que yo me suicido. Me corte las venas. Me las corte antes de que el hombre me volviera a amarrar para colgarme. Mire las cicatrices que me dejaron las heridas. Esas no se me van a quitar...

Mientras uno se desangra, se ven luces, chispitas...Luego se cae y no se recuerda más. No sé cuánto tiempo permanecí dormido, de pronto oí que alguien, un médico o un enfermero quizás, le decía al jefe de vigilancia. Miren, ese hombre se les va a morir.

Entonces me llevaron a otras instalaciones. Me suturaron las heridas y me aplicaron suero anti-tetánico. No podían dejarme morir, yo tenía tres seguros de vida frente a los del CAES y del B-2; el primero, que sabía cuáles eran las inversiones de la Organización porque era el encargado de las finanzas; el segundo, que conocía dónde vivían y donde trabajaban los miembros de la dirección, y el tercero, que sabía quiénes eran los militares que nos habían suministrado la información necesaria para sacar las armas del Cantón. Pero no le quepa duda: si ahora me vuelven a coger, me matan. Eso es lo que los militares dicen...

Cuando me recuperé un poco me llevaron de nuevo al túnel. Ahí estaba ya Duplat. Enfrente le pusieron una grabadora y una máquina de escribir. Sí, yo oí cuando dijo dónde teníamos guardadas las armas sacadas del Cantón. Duplat habló, y habló, y no, eso es mejor que se lo cuente él personalmente...

Luego de 15 días de detención, cesaron mis torturas.

(Los brazos, y los tobillos se me zafán permanentemente. Los hombros y los brazos se me hinchan. Por eso es que soy malo para la guerrilla).

Me trasladaron a la prisión del Barne, en Tunja. Luego me llevaron a Bogotá. Permanecí diecisiete meses preso en la cárcel de La Picota.

Allí encontré a los compañeros. La situación era difícil. La gente de la base se culpaba mutuamente.

Usted me delató - les decían con frecuencia los unos a los otros.

Afortunadamente, los miembros de la dirección que estábamos presos logramos hacerles entender que el soportar o no la tortura depende básicamente del nivel político que se tenga. Si uno está convencido de la justicia de su causa, no habla ni delata a nadie por más de que lo vuelvan picadillo.

Llevaba trece meses de reclusión cuando se produjo el asalto del "Comando Jorge Marcos Zambrano" a la Embajada de la República Dominicana. Dentro de la cárcel, El Turco y yo sabíamos que al medio día del 27 de febrero de 1980 el M-19 se tomaría una embajada y pediría la liberación de los presos políticos a cambio de la de los rehenes.

Estábamos en la sesión del Consejo de Guerra. Yo me había llevado un radiecito pequeñito. Me cabía en la palma de la mano. No me lo separaba del oído. El coronel Prieto, presidente del Consejo de Guerra, de quien me hice muy buen amigo (entre los dos manejábamos el Consejo, con altura, Coronel -le decía yo-, creyó que tenía dolor de muela. Me mandó a preguntar si estaba enfermo. El abogado Jiménez Callejas interrumpió su exposición para consultarme algo. En ese momento anunciaron por el radio la toma de la embajada.

Cuál me preguntó el Turco. República Dominicana, le dije yo. Con esa no salimos -contestó. Pero si hay treinta diplomáticos adentro -repuse.

Entonces le contarnos a todo el mundo. La gente se puso feliz.

Yo pensé desde el principio que el asunto podía durar tres meses.

Pero algunos compañeros estaban tan desesperados en la cárcel, que creyeron que todo se resolvería al día siguiente. Hasta enviaron los televisores a sus casas....

La toma duró dos meses. Durante ese tiempo, la gente de la inteligencia militar escudriñaba para descubrir la opinión de los presos miembros de la Dirección. Nosotros también averiguábamos qué pensaban ellos. El fiscal del Consejo de Guerra, coronel Augusto Pradilla, quería, por ejemplo, que el Ejército entrara a tiros a la embajada. Otros dos oficiales de la Marina, muy burgueses por cierto, opinaban lo mismo. En cambio Prieto, el presidente del Consejo, al igual que la mayoría de los demás oficiales, decía que el Gobierno debía negociar.

El "Comando Jorge Marcos Zambrano" a través de Eric Kobel, representante en Colombia de la Cruz Roja Internacional, nos envió a los miembros de la Dirección de La Picota un casete en el cual nos informaba el estado de las negociaciones. Yo debía responder dos preguntas para que los que estaban en la embajada tuvieran la seguridad de que sí éramos los de la dirección quienes contestábamos. Preguntaban en qué lugares quedaban una venta de revistas y una cantina. Se referían al puesto de revista que tenía en la Plaza de Bolívar, de Pereira, el papá de Fanny, y a una cantinita de Cali a donde iba siempre el comandante uno a oír la canción Pañuelito Blanco.

Respondí las preguntas. Los miembros de la dirección felicitamos al comandante por su acción. El ministro de Defensa escuchó el casete y dijo que no permitiría que ingresara a la embajada. Entonces Kobel regresó a La Picota y nos pidió que cambiáramos el mensaje. Nos negamos a hacerlo. Finalmente, el ministerio de Defensa tuvo que dejar que el comando escuchara ese casete allá adentro.

Después de dos meses de negociaciones, el desenlace de la toma de la embajada nos sorprendió a todos los presos políticos. Creíamos que se iba a lograr nuestra liberación. En la cárcel, la gente aceptó el resultado, más o menos bien, según su nivel político y su amor por la Organización. En general, se consideró que el desenlace había sido positivo porque le había demostrado al mundo que en Colombia sí había presos políticos y si había torturas y que, en consecuencia, el presidente Turbay había mentido descaradamente en Europa cuando había afirmado que el único preso político que había en Colombia era él. Además, los compañeros de La Picota comprendieron que el M-19 había sido promovido en el mundo entero.

Pero lo que fue en ese tiro no pudimos volarnos

Yo comencé a cranear mi fuga cuando me llevaron al Barne. De ahí me iba a escapar saltando un muro, pero me sapió un guardia de apellido Cetina. En la Picota me hice amigo de todos los oficiales.

Cualquier día con Helmer Marín, frente a todo el mundo era treinta segundos, disfrazados de militares, nos volamos atravesando seis puertas. Eso sí, nadie sabe cuáles.

Nuestra fuga la preparó la Organización. A Pablo se le convirtió en una especie de obsesión sacarme de la cárcel. Al principio se pensó en que el Turco saliera conmigo. Pero él es muy bajito y era difícil que pasara por sargento. Lo mismo ocurría con Pizarro y con Almarales. La cara de Pizarro es muy difícil de olvidar, no pasa inadvertida, a las mujeres les fascina. Almarales parece muy viejo, y los sargentos, por lo general, no son viejos ni buenos mozos. Por eso se decidió que Helmer se escapara conmigo. Él sí tenía cara de sargento.

Unos pocos compañeros de La Picota sabían de nuestra fuga; con el fin de facilitarla, organizaron un espectáculo para que tuviera lugar después de la sesión del Consejo de Guerra, mientras nosotros salíamos. Los hombres se disfrazaron de bastoneras gringas, con festones y todo. Brincaban y levantaban las piernas peludas para un lado y para otro. Las compañeras se vistieron de futbolistas con pantaloncitos bien corticos y jugaron un partido de microfútbol. Entonces la mayoría de los guardianes y de los oficiales se pusieron a ver piernas. ¡Ese fue uno de los momentos más importantes de nuestra fuga!

Cuando comenzó el partido, corrimos al baño para disfrazarnos. A Helmer se le cayó la gorra del uniforme de sargento dentro de un inodoro puerco, lleno de miaos, que olía a diablos.

Claro, le dije. ¡Ahora no nos van a coger por el disfraz sino por el olor.

A Helmer le dio ataque de risa, a mí también. Al fin le tocó sacar la gorra con la mano, limpiarla a medias y ponérsela así.

Él salió primero, se mezcló con la gente del Consejo de Guerra que no se quedó mirando pierna. Atravesó el patio y las puertas. Saludó a todos sus supuestos superiores... Yo lo miraba... Luego salí, vi al Turco. Estaba pálido. Por la cara que tenía creí que se le iba a reventar la úlcera observando la fuga.

En una de las puertas estaba un oficial quien minutos antes me había pedido prestados doscientos pesos. Como no tenía suelto, le di quinientos. Cuando lo vi de pie, ahí al lado de la puerta, me dio terronera. Me hice el que leía unos papeles y agaché la cabeza. Salí, no me reconoció. Quizá fue porque en el baño me afeité el bigote para coger pinta de Mayor.

Adiós mi Mayor- me decían todos los soldados mientras caminaba cuadras de cuadras para llegar hasta el lugar donde se parquean los carros, ahí, casi al frente de artillería.

Nos esperaban dos compañeros. Helmer se quitó su gorra fétida. La botó, subimos al carro, nos fuimos. Nos fuimos, miré el reloj. Eran las diez y media de la mañana del 24 de junio de 1980.

Es difícil acostumbrarse a la libertad

Al llegar a la casa abrazaba a las compañeras. Abrazaba a los compañeros... Reía...

Prendí el radio, no daban noticia. Bogotá no estaba militarizada. Sólo se supo por la noche nuestra fuga. Luego del partido de microfútbol los compañeros lograron distraer a los guardias. Entraron en tropel. Uno se hizo el que se había desmayado. Entonces nadie los contó. Sólo se dejaron contar cuando fueron a acostarse. En ese momento, al fin los militares supieron que Helmer y yo ya nos habíamos ido.

Pasé esa noche explicándoles a los compañeros lo que se siente en cada tortura...

Como yo debía ir a Panamá a cumplir la cita que les pusimos después de la toma de la embajada a los dirigentes políticos de Colombia, para que discutiéramos los problemas de nuestro país y llegáramos a un acuerdo para resolverlos de manera pacífica, necesitaba pasaporte. Pero no tenía foto. Entonces, al día siguiente, cuando ya había aparecido mi retrato en la prensa la radio y la televisión habían anunciado nuestra fuga, me tocó ir a un estudio de fotografía, ese que queda en la calle ochenta y cinco debajo de la carrera quince, para retratarme. Estaba muy nervioso, creía que todos me miraban, que todos sabían quién era yo…

Arreglé el pasaporte. Al día siguiente viajé a Medellín, me encontré con Pablo. Emprendimos la marcha. Pasamos la frontera. Llegamos a Panamá el 10 de julio, tres o cuatro días antes de la fecha fijada para la cita. Nadie acudió... Nuestra gente estaba en el aeropuerto y en los hoteles, lista a conducir al que llegara donde nos encontrábamos Pablo, Toledo y yo. Sólo la periodista Amparo Pérez viajo a Panamá, pero por error de un compañero, no pudimos verla.

Obviamente no nos habíamos hecho ilusiones con esa reunión... Siempre hemos estado convencidos de que la oligarquía colombiana no entiende sino a la fuerza, entiende a punta de golpes, y de golpes duros... Pero queríamos dejar constancia, una constancia para la historia, de que había sido la oligarquía, y no nosotros, la que había rechazado el diálogo para buscar la paz y la justicia de Colombia.

Sí, yo soy el segundo de la Organización. Lo soy tal vez porque ya casi completo treinta años de experiencia revolucionaria. Y la experiencia sirve... Pero en el M-19 hay personas como Álvaro Fayad y Antonio Navarro Wolf que pueden reemplazarnos perfectamente a Pablo, el jefe, y a mí... Si ello no fuera así, si no hubiera gente capaz de seguir adelante con nuestro ideal, no hubiera valido la pena nuestra lucha.

No, yo sí quiero regresar...

Pero la Organización me ha encomendado tareas en el exterior que considera importantes.

Desde que me fugué de la cárcel y viajé a Panamá no he vuelto a Colombia.

Desde entonces no me he sentido más demasiado cerca de la muerte, desde entonces... No, no crea... Le temo a la muerte. Le tengo mucho miedo... Es que yo amo la vida... Me gustan las mujeres bonitas... me gustan las flores... me gustan los niños....

Le temo a la muerte.

 

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8 marzo 2014 6 08 /03 /marzo /2014 23:53

CAPÍTULO IX

LA COCA: DOBLE MORAL DE LA OLIGARQUÍA COLOMBIANA

 

"Si el Ejército fuera más eficaz combatiendo las drogas como lo es con las guerrillas, ya las drogas se habrían acabado".

"Una acción militar hoy contra la droga significa una acción militar contra la oligarquía colombiana".

Es que la economía colombiana, entre la importación y la exportación de productos está perdiendo todos los días. Hoy la reserva que tiene Colombia, en dólares, tiene que invertirse porque si no se acaba el país, porque ¿de dónde van a sacar dólares? Aún más, la política norteamericana de proteccionismo frente a la exportación de dólares por coca y marihuana, - que es de siete millones de dólares anuales—, que los Estados Unidos no quieren que esos dólares salgan de su país, y hoy hay una crisis del San Putas en Colombia, de la mafia, porque no ha podido exportar su coca. Una represión del coño de tu vida que no va a durar toda la vida porque los norteamericanos no pueden vivir sin coca, ¿cierto?

Fíjate como Reagan comienza a proteger su economía hasta en esos niveles, hasta en la droga, porque sabe que son miles de millones de dólares que se le escapan a su economía, algunos se escapan para Colombia, gracias a Dios porque si no ¡quién sabe de qué estaríamos hablando aquí...!

Ahora aquí la mafia es una fuerza contrarrevolucionaria armada, y con un poder económico grandísimo

Ahora en lo que hay que ser francos es en que eso ayudó a la sociedad colombiana en un sentido, el económico, lo que pasa es que los burgueses son de doble moral. Hablan de la coca... que no se qué... que el M- 19, que Jaime Guillot... que traía, que llevaba. . . Pero Betancur creó una amnistía para los capitales obtenidos gracias a la cocaína y la marihuana. Eso es doble moral. Son unos bandidos.

El Estado colombiano se ha favorecido con los miles de millones que han ingresado a la economía por ese negocio…

El problema para los Estados Unidos es distinto: la coca existe por el mercado norteamericano, si no fuera así, la coca seguiría siendo simplemente el producto tradicional que utilizaban los indígenas latinoamericanos...que no vengan ahora con cuentos. La producción expansiva de la coca en Latinoamérica se da porque hay una demanda en los Estados Unidos, hay 27 millones de norteamericanos que la consumen. Que pueden comprarla, porque, ¿cuánto vale un kilo de cocaína? Eso no está al nivel de ingresos del pueblo nuestro... ¡Entonces los que tiene que controlar son ellos el consumo ¡....

Por otro lado, nosotros no tenemos por qué ser gendarmes de los gringos para esa mierda

Ah, ¿y por qué no se preocupan los Estados Unidos de la deuda externa colombiana, que vale huevo frente al negocio de la coca? Son apenas cinco mil millones de dólares lo que le debe Colombia... y ahí sí les ayudamos a exterminar el problema de la droga. ¿Por qué más bien no hacemos ese negocio?

Es que en Colombia el pueblo no se favorece con el negocio de la droga. Son nuevos sectores oligárquicos, la mafia, los que se benefician. El pueblo no se ha beneficiado en nada, al contrario, la mafia lo que ha hecho es elevar los precios de los bienes de consumo popular, porque nadie está sembrando alimentos. La gente prefiere sembrar coca y marihuana. La producción de alimentos en Colombia ha bajado casi un 30°/o, hay una crisis del San Putas.... estamos importando hasta maíz. ¡Maíz!, ¡que es un producto histórico aquí...!

Si el Ejército fuera tan eficaz combatiendo las drogas como lo es con la guerrilla, ya las drogas se habían acabado. El Ejército es un favorecedor de la exportación de drogas. Todo el mundo sabe en Colombia y en Estados Unidos —la CIA, la DEA y hasta la madre de Reagan— todo el mundo sabe quiénes son los exportadores de coca para allá. Todos saben. Y se hacen los pendejos.

Porque una acción militar hoy contra la droga, significa una acción militar contra la oligarquía colombiana. Parte de la crisis actual la está salvando la oligarquía en esos dólares que le llegan, porque de todos modos ese capital engrosa los recursos del sector financiero, de la industria, que se están quebrando. Suple la falta de divisas que tiene Latinoamérica.

Entonces fíjate que hay factores que favorecen y otros no. Aquí en Colombia por ejemplo, el consumo de la droga es mínimo por una razón elemental: un gramo de coca no está al nivel de compra de los sectores populares, vale un cojonal de plata, lo que gana un obrero en una semana, y un obrero qué se va a empujar un gramo de esa mierda por.... por... por nada.

Ese es el problema de la droga. Ahora ¿qué han hecho los Estados Unidos? Lo que han hecho es intentar convertir el problema en una bandera contra Cuba especialmente, y contra el movimiento guerrillero colombiano! ¡Ésta es una infamia porque los E U. saben perfectamente que no entra más droga a su país porque Cuba tapona el paso por ahí! Y Cuba ha puesto preso a todo el que pasa con drogas por ahí. E.U. lo sabe muy bien. Son deshonestos. Y Fidel se los dijo hace poco: "Ay del día que Cuba diga que pase por aquí todo el mundo. Ay del día!" Se llenarían los Estados Unidos de cocaína hasta las tetas. Cuba les ha servido a los E.U. de vigilantes.... ¿entonces qué mierda hablan?

Ahora lo que les preocupa a los gringos no es la salud de su pueblo, lo que les preocupa es que esos dólares se vayan para América Latina, que no paguen impuestos, que no estén integrados legalmente al sistema .....qué los integren. ¿O es que acaso los capitales de las transnacionales de dónde salieron?

Bueno, lo que sí pasa de todas formas es que quienes producen la coca no son los oligarcas, son sectores populares. Entonces al lanzarse una acción represiva contra el tráfico, son estos sectores los afectados directamente, sin que se hayan enriquecido nunca. Es que la producen como cualquier producto, porque les da más ganancia sembrar coca que yuca.... hay un mercado grande.......Ahora, de allí para adelante, ¿quién gana? La mafia que comercializa la coca, que todo el mundo sabe quiénes son, que están vinculados al parlamento colombiano, y que dieron plata para la candidatura de Betancur, y para la de López Michelsen y que no se hagan los huevones. Todo esto está manchado de coca. No es el sector popular el que la comercializa, es una oligarquía. Es una gran industria igual a cualquier otra.

¿Por qué no se preguntan en Estados Unidos por qué Betancur crea una amnistía para los capitales de la mafia?

A Estados Unidos no le gusta que esa plata se venga para acá, que se le escape. Si pudieron controlar el alcohol durante tantos años, y después se echaron para atrás con la mayor tranquilidad. Son unos bandidos. Y los congresistas norteamericanos? Meten coca como locos. ¿Qué tal que no llegara cocaína a los Estados Unidos? Se acabaría el Congreso de los Estados Unidos. . . con el perdón de los que no la usan. . . Todos viven ahí, snif, snif snif... jua jua...

Ya empezamos a hablar de temas prohibidos. No, nosotros no hemos tenido ningún problema con la mafia. Ellos utilizaron el argumento del secuestro de esta muchacha, Nieves Ochoa, para joder al M-19, haciéndoles el favor a los militares colombianos y a la oligarquía. Ésa es una prueba de lo que estoy diciendo. La mafia está dispuesta a hacerles el favor a los militares. Y la oligarquía cien veces porque están pensando en sus intereses estratégicos. Y cogieron como argumento al M-19.

No, si el secuestro en Colombia es una institución como lo es el Ejército. Nosotros no estábamos secuestrando mafiosos. El 90 % de los secuestros, o más, son de delito común, de hambre, de gente que no tiene otro recurso para comer. Y los mafiosos como respuesta tienen que coger una bandera política. Porque están afectados. Escogieron al M-19 porque era el peligro mayor, como su bandera principal, y no fue a partir del caso de Nieves Ochoa. Siempre los mafiosos colombianos han apoyado al Ejército colombiano. Lo que pasa es que esa fue una coyuntura perfecta, muy especial porque era el mejor momento del M-19. Era el momento de desacreditarlo vinculando al secuestro... pero fíjate lo contradictorio que es. Porque por un lado tratan de vincularnos al secuestro, y por otro tratan de acusarnos de estar vinculados al narcotráfico. Es una política orquestada. Por un lado se acusaba al M-19 de ser el secuestrador de mafiosos y por eso surgió el MAS, y por otro lado aparece la supuesta conexión con Cuba y Jaime Guillot con Johny Crump, diciendo que el M-19 está detrás de toda esa mierda. Es toda una campaña orquestada para desacreditar al M-19. El que no quiere ver eso es porque no quiere ver. El objetivo era ése, desacreditamos, allí estaba la CÍA y todas las agencias norteamericanas metidas en ese embrollo.

CAPÍTULO X

TERRORISTA LA CÍA

"Cuando la CIA asesina a Torrijos, eso es terrorismo; cuando la CIA asesina al Presidente del Ecuador, eso también es terrorismo.

Aislados de las aspiraciones de las masas..."

R.J.: Todavía los medios de comunicación, especialmente en los Estados Unidos, insisten en calificar al M-19 como una organización terrorista. ¿Cuál es la diferencia entre guerrilla y terrorismo?

J.B.:Bueno, el terrorismo es la acción individual, por fuera de los criterios políticos y por fuera de las grandes aspiraciones de las masas. Eso es el terrorismo. Terrorismo es lo que hace Reagan cuando secuestra cinco dirigentes del FMLN, ese es terrorismo. Terrorismo es lo que hace Reagan cuando asesina a Monseñor Romero en El Salvador, eso es terrorismo. Cuando la CÍA asesina a Torrijos, eso es terrorismo. Cuando la CIA asesina al Presidente del Ecuador, Roldós, eso también es terrorismo. Aislados de las aspiraciones de las masas.

Lógicamente que los Estados Unidos en su teoría de contrainsurgencia, que es una teoría bastante difundida en los Ejércitos latinoamericanos, y difundida así en el periodismo, lo que reflejan, lo que quieren es ligar a las organizaciones políticas que luchan por el poder, con el terrorismo. Es decir, se hace una similitud: organizaciones que luchan por el poder igual a terrorismo.

Las organizaciones revolucionarias que luchan por el poder no necesitan el terrorismo para conseguirlo, ni para tumbar a los Gobiernos. Por el contrario, el terrorismo siempre le hace daño a las organizaciones revolucionarias. Siempre, porque no están unidas a las aspiraciones de las masas.

Lo de Bitterman por ejemplo es muy claro. Es una acción aislada, individual, alejada de las aspiraciones del pueblo. ¿De qué le servía al pueblo colombiano la muerte de Bitterman? Presumiblemente aparecía como la aspiración de echar del país al Instituto Lingüístico de Verano, pero ésta es una aspiración que no se va a lograr a través de una decisión individual. El ILV, cada día que permanezca en Colombia se irá desprestigiando más, y mayor será también el desprestigio de los Estados Unidos, porque es torpe y estúpida su presencia.

Nosotros, M-19, no tuvimos ninguna vinculación con el caso Bitterman. Absolutamente ninguna. Esa fue una labor de.... lo que pasa es que no podemos asegurar que fuera una acción de la CIA, sería estúpido también de nuestra parte. Nosotros lo que decimos es que sirvió a los intereses de la CÍA. No sabemos quién lo hizo. Definitivamente no fue el M-19. Inclusive se utilizó otro nombre, la tal Coordinadora de Base, que además intenta dividir, crea una confusión en el público, ése era el argumento. Después se comprobó, el mismo Ejército lo comprobó, que lo de Bitterman fue un negocio oscuro, planificado muy bien, y nunca hubo a quien achacarle la culpa. Cuando a nosotros nos han descubierto siempre han destapado todas nuestras acciones militares. Nos las han descubierto hasta el dedillo, porque son operaciones populares. Operaciones a la luz pública. El caso de Bitterman, sospechosamente hoy todavía no se sabe quién fue. Igual que el MAS.

Yo creo que Bitterman fue una víctima de la misma política norteamericana. Y escogieron a su propia gente, y lo ajusticiaron ellos para hacer desarrollar su política. Eso no es nuevo del Gobierno norteamericano. Más de una vez se ha demostrado todo lo que ha hecho la CIA para desprestigiar al pueblo norteamericano. Más de una vez. Yo no creo que necesitemos brujos para demostrar esa jodienda.

Ahora, lo de Bitterman estuvo acompañado de una gran ofensiva contraguerrillera en el sur del Caquetá. Y con una gran ofensiva del M-19 para demostrar la podredumbre del sistema colombiano.

Acuérdate que con lo de Bitterman vinieron las muertes del presidente del Ecuador y de Torrijos. Era una ofensiva norteamericana contra el movimiento popular latinoamericano.

Luego vino el escándalo de las armas, en las que se quiso vincular al Gobierno panameño. Yo creo que fue una operación montada por la CIA para desprestigiamos... ¿ahora qué, lo lograron? Yo no creo, nuestras acciones político-militares sirvieron para aclarar las cosas. Ahora, que esto haya llegado a los medios de información en el exterior, es bien difícil.

CAPÍTULO XI

EL M-19 Y EL HOMBRE COLOMBIANO

 

Yo sí creo que hay un hombre colombiano..., el de la arepa, el de la música, el de la mamadera de gallo, el hombre audaz, el inteligente..."

 

R.J. : ¿Qué le va a aportar un régimen del M-19 al hombre colombiano?

J.B.:Bueno, el planteo general es que de todas formas la lucha revolucionaria por su dinámica, va creando un hombre nuevo, diferente al normal que genera una sociedad burguesa, que es individualista, que es solitario, sin perspectivas. Que vive agobiado. Que vive frustrado. La lucha revolucionaria va generando un individuo totalmente diferente, que vive de la comunidad, del colectivismo, de su propia acción, no de la acción de los demás. Que vive del idealismo, de las cosas sanas de la vida.

Lógicamente que nosotros compartimos ese criterio. Lo que pasa es que no nos quedamos a ese nivel. Eso no se da en toda la sociedad hasta que no cambie su estructura: la concepción de los hombres no va a ser diferente mientras no se dé un cambio inmenso dentro de la misma sociedad. Esa es la única forma. Ya sean guerrilleros o no. Eso no lo generalizamos a todo el mundo. Lo hacemos a nivel de una parte de la sociedad que está en lucha, pero no lo hacemos ley. ¿Que todo el mundo tiene que ser colectivo? ¡Eso no, porque puede generar desviaciones jodidas!

Creemos que el hombre nuevo sólo se dará en la medida, primero que tomemos el poder; y segundo, en que empecemos a dar soluciones a los problemas centrales del pueblo, y que sea éste en su dinámica, en su trabajo, en su lucha, el que logre cambiar. Que logre cambiar los criterios que la burguesía le ha implantado.

Nosotros no nos colocamos por encima de la estructura social. Esto sería nefasto. Por eso tampoco nos engañamos creyendo que de la guerrilla va a salir el hombre puro. No. Pretendernos que de la guerrilla salga el hombre que va a cambiar la sociedad, y allí en ese proceso se genere un grupo de gente honesta, sincera, leal con su pueblo. Pero eso no lo mecanizamos ni lo trasladamos ya a que todo el pueblo sea así. Es un proceso largo, además. De concientización, de lucha, de trabajo... donde se va incorporando el pueblo.

Porque sobre todo en Colombia, hay problemas sociales profundos. No sólo es la desigualdad social. Es también el narcotráfico; el problema de la niñez gravísimo... ¿qué vamos a hacer con los miles de niños que deambulan por las calles de las ciudades colombianas?

Con eso no quiero decir que la solución a las necesidades económicas va a cambiar la mentalidad de la gente. Es un proceso dialéctico. Uno incide sobre el otro. La voluntad de las masas acelerará ese proceso de transformación, los factores subjetivos que se llaman, acelerarán esa transformación. Pero el proceso a su vez ayudará a fortalecer sus creencias, sus aspiraciones, su moral...

R.J.: El M-19 siempre ha utilizado banderas populares, ¿pero expresan éstas una identidad cultural nacional? Hay sentimientos y valores marcados en el hombre colombiano, como los tiene el argentino o el brasileño?

J.B.: Yo sí creo que hay un hombre colombiano.., el de la arepa, el de la música, el de la mamadera de gallo, el hombre audaz, el inteligente. El hombre colombiano es un tipo muy vivo, que tiene fama en el mundo por ladrón, por traficante, por bailador, por trabajador, por todas esas cosas. Eso nos da cierta dimensión. Yo creo que cada pueblo tiene eso.

Lo que pasa es que en nuestro país no ha habido lugares de expresión como sí los ha habido en otros países. Lo que tenemos es que buscarle la comunidad de intereses... y eso sólo se materializa cuando surgen los problemas que afecten al nacionalismo. Mientras tanto a nosotros ¿qué nos afecta? No tenemos guerras transnacionales, estamos metidos en problemas internos, adentro. No tenemos guerras con Venezuela ni con nadie, no tenemos posibilidades. Estamos metidos en un problema muy nacional, muy concreto, muy local si se quiere.

Pero fíjate que la situación económica nuestra es tan jodida que tenemos casi dos millones de colombianos viviendo en el exterior.., que es gravísimo, ¡porque demuestra que la gente se va del país con una facilidad del putas!

Y ya no siga la joda!

 

HIMNO A LA PAZ

Esa busca infatigable

de saber a dónde vamos

encendió los sentimientos de amor por la libertad

Y aferrados a una espada

conquistando nuestros sueños

de sembrar los horizontes

de paz y dignidad

Comandante, Comandante Pablo

el valor te hace vivir

en los surcos de la tierra que sembraste con la lucha

Por la paz a luchar y a vencer

esta lucha crecerá como

luz de la mañana

en la noche de los pueblos

rescatando la esperanza

por la patria y por su gente

Acompáñame hermano

que la paz es de todos

¡Acompáñame hermano

por la paz a luchar y a vencer!

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