AFRANIO
EL GALLERO ENAMORADO
Fabio Hipólito Mariño Vargas
Julio 17 de 2025, día de su cumpleaños
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Al invocar al querido Afranio, al Afranio que supo romper sus propias ataduras y esquemas que los tiempos le imponían, es una oportunidad afortunada para hacer un homenaje al amigo y compañero y revivir al Afranio del alma y sus canciones, al Afranio de los tropeles reivindicador de la cultura ancestral hasta convertirla en propuesta revolucionaria.
Al Afranio con sus sigilosos pasos de jaguar construyendo la fuerza del “guerrero total” hasta alcanzar la inmortalidad en la certeza del amor, y la trascendencia con la muerte, su compañera permanente hasta alcanzar la dimensión real del guerrero y llegar al “quinto punto cardinal”, y a manera de relámpago, invitar a echarle una mirada a un retrato que nos ayude a apreciar mejor al compañero, combatiente, dirigente, miliciano y guerrillero; al Afranio poeta y pintor de sueños y esperanzas, al querido comandante Afranio Parra, hermano de utopías, el ‘gallero enamorado’.
Fue justamente este último perfil de quien en medio de la lucha le cantaba al amor y a los afectos, el que me permitió ser su amigo en complicidades de tardes y recónditas noches cuando su sentir y su vuelo de insurgente y rebelde reventaba los requerimientos que las condiciones de la clandestinidad exigían rompiendo el silencio de la distancia que la “seguridad” imponía y salir a la jarana de la fiesta enamorando a las lunas compañeras, y entre escondites de calles y tropeles rebuscar a sus amores, siempre de la mano de un par de guitarras "serenateras" con bambucos y boleros que sin duda le hacían brillar el alma.
Conocimos y apreciamos al ‘gallero enamorado’ como una identidad e impronta, lo sentimos cuando él mismo se imaginaba ser y batallar como sus gallos peleadores, señuelo imperdible que con el lema “Justicia y dignidad”, dio identidad y certeza a las "milicias bolivarianas" representadas desde su propia semblanza como ese “gallito de pelea”, como comprendía debería ser “la muchachada combatiente”.
A Afranio Parra es posible dibujarlo con su tricolor pañuelo puesto al cuello en un mensaje cifrado de “listos para la pelea”, indómito con sus versos y prosas en un manuscrito permanente y listo para hablarnos del sol y los demonios, del agua y el amor a la vida, del ‘jaguar como el templo del guerrero total’, de la selva y del águila vigilantes, del cuarzo que se esconde en un colibrí para evitar ser atrapado por el imperfecto, pero bello, ser humano.
Afranio, al igual que el Jaguar, andaba a la caza de cualquier ocasión como disculpa para compartir las lecturas de sus textos siempre a la mano para encarretarnos sobre “la política y los afectos” en sincronía con “la atracción apasionada” como pujanzas en “la lucha por el hombre nuevo y la entrega del guerrero total que globaliza un universo real y mágico llamado la edad del cuarzo y la transparencia”.
Estos asuntos puestos y propuestos por nuestro querido Afranio, fácilmente lograban ampliar la búsqueda de esa otra ideología que como actitud diferente, bonita, audaz, amorosa, irreverente… le reclamaban al M-19 en “una propuesta más parecida al país que al mismo eme”. En esos momentos de lecturas y abrazos, Afranio se levantaba airoso y gallardo permitiéndonos estar frente al auténtico combatiente, hermano, dirigente y compañero; ese era el Afranio que nos hablaba de la redención de América como un territorio y nación de identidad bolivariana.
Al hablar de Afranio hay que mirarlo a los ojos fijamente para recibir su energía y brillo, crecidos con las esperanzas cuando las madrugadas apuntan rebuscando el sol del día soñado, igualmente se deben advertir sus pequeñas manos de física estructura pero de tamaño universal escribiendo poemas y canciones de amor y de revolución, o al dibujar y firmar la propuesta miliciana cual carta de aquel enamorado de los ríos, de la montaña, de la selva, del mar, de la ciudad, de la historia, de Bolívar y de Manuela, sus rayos de luz e inspiración. El Afranio que con sus cuarzos y jaguares iluminara los caminos tan necesarios en los tiempos de las marchas sin descanso, recreado en los versos que dedicó a su Universidad Nacional al decirle adiós; el tolimense que hizo del M-19 una canción y de sus luchas muchas docenas de pinturas, o cuando asumió su propio mandato al decir “me voy para las montañas”; ese fue el Afranio que en 1964 al graduarse de bachiller dijo: “…hoy, al terminar mis estudios, me alisto a ingresar a la guerrilla”, manifiesto y declaración de amor y vida que le marcarían siempre como el guerrero total, valor que soñó, estimuló y propagó en sus compañeras y compañeros de camino.
Afranio Parra, quien intimo con “su pueblo”, al cual, iluminado por muchas lunas, lo “versió”, le cantó y dibujó acercándose apasionadamente a Bolívar, a La Pola, a Colombia. Ese es el Afranio que seguramente esta por aquí entre nosotros, el Afranio que sabía encubrirse con la magia del jaguar y hacer uso de la mímesis entre el paisaje citadino, al igual cuando rodeaba los caminos del campo o la selva y el “monte” tan suyos como su propio origen.
Lo conocí dándole rienda suelta al combate y al amor, que fueron los más grandes mandamientos ideológicos en su vida, y al igual, con Bateman, nuestro querido flaco y comandante y otros tantos, fue de los que le pusieron su impronta al M-19 hasta volverlo consigna e himno en “la revolución es una fiesta y en “la certeza del amor”, valores que como una “cadena de afectos” hoy nos protege y ayuda a salir de los laberintos que la historia nos ha deparado. Ahora, acudimos a la imaginación para hacer más fácil su nueva aparición y recibirlo ‘brindando una pola’ ataviado con su sombrero, con sus rojos pañuelos pico’egallo, con sus versos y cartas de desbordante amor, con su “Movimiento Cultural La Gaitana y la ‘orden al mérito “Heroínas hijas del sol”, con sus Milicias Bolivarianas cuyo símbolo fue un gallo rojo en medio de un corazón dibujado con su puño y letra, seguramente en alusión a su compañero de infancia al que le llamaba “mi gallo rojo”; por aquí debe estar el Afranio embrujado de amor y amplitud en la convocatoria para el combate, con la organización de mujeres milicianas llamadas “Manuelitas” junto a su Alborada de niños con corazón de futuro.
Contemplando al Afranio ecologista que convocaba a “declarar toda la vida como sagrada y por ello fácil defender hasta la muerte”, vale la pena peguntarnos, cuán grande seria la actual política de la reconciliación si el querido Afranio y esos otros ‘locos por la vida’ estuviesen “haciendo de las suyas” con las herejías de la política del amor tan necesarias para un país grande en culturas y formas de pensar y ser. Además, qué tal si los que hasta ahora llegan a estos difíciles pero necesarios procesos por la paz de Colombia hubiesen tomado dicha decisión hace 7 lustros cuando fueron convocados a las rupturas necesarias del propio cambio y crecimiento, seguramente como el mismo Afranio lo diría, “otro gallo cantaría…”
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