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24 noviembre 2014 1 24 /11 /noviembre /2014 16:38

FOT43   

ROBERTO AUGUSTO MONTOYA ORTIZ "Mateo"

29/10/1982

 3rosas

 

¡Siempre Presente!

 

Roberto Augusto Montoya Ortiz era uno de nuestros mejores cuadros. El fue quien  dirigió la toma de Curillo, quién bombardeó con morteros el cuartel de Puerto Limón en el Putumayo y el Batallón Juananbú de Florencia. Dirigía nuestra unidad de artillería. Preparó a mucha gente… Comandó, además, los principales operativos de los últimos tiempos: el ataque con morteros al Palacio de Nariño. El transporte de armas desde la Guajira hasta el Caquetá en el avión de "Aeropesca" que acuatizó en el río Orteguaza… Cuando lo asesinaron, el 29 de octubre de 1982, nadie lo conocía… es el ejemplo de tantos combatientes anónimos”

Alvaro Fayad

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23 noviembre 2014 7 23 /11 /noviembre /2014 19:53

 

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Roberto Montoya

FOT96"Recibí instrucciones relativas al próximo paso.

Era ya la "Operación Aeropesca", y mi misión consistía en ir a Medellín a hacerme cargo del comando que iba a participar de la toma del avión. Al otro día salí a las cinco de la mañana, haciendo escala en Bogotá, y llegué a Medellín el 18 de octubre de 1981, a las cinco de la tarde. Allá me reuní con el comando, que luego se llamaría José Helmer Marín el operativo estaba planeado para el siguiente lunes, lo cual da una idea de la prisa con que estábamos trabajando.

 

Yo había dejado el cargamento en la Guajira mientras otro compañero del equipo logístico investigaba en todos los aeropuertos del país sobre los aviones con suficiente capacidad para transportar el cargamento que teníamos.

 

Encontró que en Colombia solo había seis aviones Curtis C-46, que era el tipo requerido para la operación.

 

Cuatro pertenecían a la Fuerza Aérea, y dos a compañías privadas. Este compañero, el famoso Dr. Arveláez, se había puesto en contacto con los directivos de Aeropesca, y había contratado un avión para hacer un vuelo de Medellín a Barranquilla, donde recogería el material eléctrico, y de Barranquilla a Bahía Solano, donde  nuestro compañero supuestamente había ganado una licitación de electrificación rural, el compañero ya había avanzado bastante: había pagado $150.000 pesos sobre el Costo inicial de la operación que era de $300.000, y había advertido que irían unos ingenieros de su compañía en ese vuelo porque lo iba a aprovechar para enviar parte de su equipo a Bahía Solano.

 

Cuando llegué a Medellín mi reuní con él. Me informó de los términos de la negociación, y acordamos que al día siguiente yo me haría cargo del avión, de ir  al aeropuerto, de presentarme como ingeniero junto con el resto de los compañeros del comando y... bueno, de desarrollar la operación del secuestro.

 

Me encontré  con el compañero que estaba a cargo del comando operativo, un tipo muy valioso, jefe de la Fuerza Militar regional de Bogotá, quien me entregó el resto del comando formado por dos compañeras, ambas capitanes de la fuerza militar del M-19, y otro compañero más. Este era el comando operativo, al cual se sumaba el piloto nuestro, quien había estado vinculado al trabajo de la aviación y demás cositas por el estilo. No se encontraba él dentro de ninguna estructura orgánica, simplemente venia como especialista y asesor del trabajo que se iba a realizar.

 

Juntos hablamos de todos los detalles técnicos: la capacidad de carga del combustible, la capacidad total de carga del avión,  cuanto pesaba un galón de gasolina, la autonomía de vuelo, la velocidad máxima a que podía volar el avión, la mínima, la longitud del aparato, el tipo de instrumentos que llevaba, y todos los detalles imaginables. Esto era el domingo y la operación estaba planeada para el lunes.

 

A las diez de la noche me reuní con el Dr. Arveláez, segundo jefe de la cuestión militar, y con el compañero especialista de las cuestiones de aviación. A estas alturas ya había encargado que se recogieran, en el regional de Medellin, cuatro armas, una Ingram, una pistola subametralladora  Ingram 10, dos revólveres calibre 38,  una pistola de nueve milímetros, una granada,  junto con un vehículo que habían  puesto a nuestra disposición  para el operativo.

 

Ya se había confirmado que el avión estaría en Medellín  el lunes a las seis de la mañana. El especialista ya había hecho el plan de vuelo que seguiríamos a partir del momento en que secuestráramos el avión. Se trataba de un trabajo de equipo, absolutamente de conjunto, donde cada compañero en su especialidad tenía que Funcionar milimétricamente, independiente de la prisa con que estábamos trabajando.

 

A estas alturas también, ya se le había dicho a las compañeras que la misión de ellas era introducir unas armas dentro de un avión. No más, Entonces haciendo uso de su inventiva —¡la verraquera esas  viejas! - se diseñaron no se qué cosa, y las armas no se notaban por ninguna parte. Ya en la operación decidí que era demasiado complicado llevar cuatro armas a bordo porque nosotros ubicábamos la tarea principal no en la toma del avión, sino en la operación de carga y descarga de las armas.

 

Si llevar cuatro armas a bordo podía ser un riesgo para la operación, era preferible llevar solamente dos, e inclusive, si las condiciones de seguridad estaban muy difíciles, era mejor llevar sólo cuchillos para reducir a la tripulación, y así no poner en peligro toda la operación por un pequeño detalle.

Concretamos los detalles operativos: quién se encargaría del piloto, quién del copiloto, y en adelante...

 

Dejamos listo el equipo para operar el lunes a las 5:30 de la mañana.  A la media noche del domingo nos retiramos a descansar, pero a la una de la mañana me llamó por teléfono el compañero Arveláez  y me informó que a operación se cancelaba para ese lunes, porque la persona nuestra en la guajira, donde debíamos cargar, no había alcanzado a arreglar con la gente  necesaria para que el avión pudiera entrar en esa zona. La Guajira es una zona restringida para las operaciones aéreas. Existen una cantidad de prohibiciones- En todo caso nos hizo juego la bola, porque el avión, y eso lo supimos también casi a la una de la mañana, no había alcanzado a volar de Leticia a Bogotá. Entonces aprovechamos ese día para dormir, descansar y concretar aún más los detalles.

 

Revisamos paso a paso toda la operación, las posibles   eventualidades, los problemas, las vías alternas y nos preparamos para realizarla el martes.

 

Estoy contando sólo lo que se ve, pero, hay que agregar que  detrás de todo esto  había una estructura organizativa funcionando. Quiero que todo eso quede claro, porque nosotros  fuimos los responsables de la acción misma, pero si ella resultó se debe a que había una gran cantidad de hombres anónimos y otros no tan anónimos que pusieron todo de su parte para que las vainas resultaran un éxito. Ese lunes, en la noche introdujimos las armas en al aeropuerto de Medellín dentro de un vehículo que dejamos en el parqueadero para evitar andar con las armas al día siguiente, ya sobre la jugada.

 

Llegamos pues al aeropuerto a las cinco y media de la mañana del martes 20. Nos estaba esperando el gerente Regional de Aeropesca quien me informó que el avión no había salido de Bogotá porque estaba cerrado el aeropuerto. Esto nos contrarió notablemente, pues en ese momento ya estábamos en la operación propiamente dicha. Teníamos los fierros (armas) encima, y nos tocaba esperar en el aeropuerto hasta las 9: 30 de la mañana, que es cuando decidí cancelar la operación para ese día. A esa hora era imposible completar el recorrido. Calculamos que serían en total ocho horas, y por lo menos media hora más de imprevistos. Informé al compañero de la costa, en Barranquilla, le dije: "hay muchos problemas",  se entendió que era causa mayor, y ciertamente, el avión llegó a Medellín, apenas a las once de la mañana. Entonces es el compañero, el Dr. Arveláez,  llamó al Gerente de la empresa, le pegó la mayor puteada por teléfono, casi le dice hijuetantas, que es un incumplido, irresponsable. Llamó como si estuviera  hablando desde la costa. Barranquilla, donde él supuestamente estaba esperando el avión. Y claro, realmente estaba en Medellín. Le decía. "Mire, estoy aquí en Barranquilla esperando el avión desde las seis de la mañana. Tengo parado a todo el mundo, y tengo que cumplir una licitación,  y estoy contra el tiempo. Me van a cobrar una multa progresiva por incumplimiento. Si usted no está en capacidad de cumplir el compromiso, estoy dispuesto a que cancelemos el contrato". El gerente se disculpó casi servilmente. Entendió que el negocio era grande y prometió que el avión estaría lisio al día siguiente, o sea el miércoles. Ante eso el compañero le dijo, “Mire, es tal mi afán porque me cumplan ustedes, que hágame el favor de dejar el avión pernoctando en Medellin. Déjemelo tanqueado para garantizar que está acá a las seis y media de la mañana. Estoy dispuesto a pagarle lo que cueste  para que el avión duerma en Medellín".

 

El gerente aceptó las condiciones. Se desmontó nuevamente   la operación; y dejamos los fierros entre el carro, en el parqueadero, pues ya el 20 y el 21 habría un paro cívico nacional: Dijimos, "Mierda, la vaina va a estar jodida en la ciudad; retenes, policía, patrullaje..." La tensión de la gente era muy verraca, y la tensión que se acumulaba sobre todo, que después no se podría botar durante la operación. Volvimos a la ciudad, invitamos a las compañeras a tomar una limonada,  mamar  gallo,  y la joda y demás. Y llegó así el miércoles, y vuelva y juega. A las cinco y treinta de la mañana llegamos al aeropuerto con nuestro piloto.

 

Efectivamente nos estaba esperando ya el avión, el piloto y el copiloto, y el Gerente Regional de la empresa. El avión estaba “Full” de gasolina, en plena disposición para salir en cualquier momento.

 

Pero el resto de la gente no había llegado  todavía. Entonces yo les dije: “Esperen un momento porque el resto de los ingenieros  no ha llegado. Hay paro y la jodedera de los subversivos es la cagada. Hay retenes y están molestando a todo el mundo". En esas llegaron los compañeros en un taxi. Abrieron el vehículo que se había dejado previamente en el aeropuerto con las amas, aprovechando que la tripulación se estaba tomando un café, subí a la gente al avión con el consentimiento del piloto.  Cuando llegó la tripulación, ya la gente estaba arriba. Los presenté, “éste es el ingeniero fulano de tal, su señora, yo soy el soltero del paseo...”. Eran las seis de la mañana, hora en que se abría el  aeropuerto de Medellín.

 

Finalmente el avión prendió motores. Pero falló el motor de arranque de la turbina derecha. Era necesario que se bajara todo el mundo otra vez Vinieron los mecánicos, abrieron el motor derecho, y reemplazaron el motor de arranque. Nos invitaron a tomar un café, pero nos excusamos diciendo que a las señoras les daba mucha desconfianza el avión, que claro, era un avión de carga  y que ya que logramos subirlas no queríamos bajarlas porque después de pronto no se subían otra vez. Esto era para evitar, ya habiendo lograrlo entrar al avión, que las compañeras volvieran a correr el riesgo de subir con las armas. Después la tripulación dijo que eso les había extrañado. Bueno, se arregló el motor de arranque se cerró la puerta, y empezamos a dirigirnos a  cabecera de la pista. Hay que anotar que mientras tanto había un compañero siguiendo toda la operación desde lejos. Ya en la cabecera de la pista, listos para pedir salida, ocurre que no hay suficiente personal en la torre de control a causa del paro cívico. Solamente hay un controlador, cuando tienen que haber dos, y éste nos niega el permiso de salida.

 

El compañero que había estado observando se dio cuenta inmediatamente. Fue al Departamento Administrativo de Seguridad y les dijo a los detectives que era el colmo, que cómo el aeropuerto de Medellin iba a dejarse sabotear por los subversivos, que cómo era que nosotros, queriendo trabajar, teniendo que trabajar en Barranquilla, no pudiéramos despegar porque había paro cívico. Entonces un detective y un cabo se dirigieron a la torre de control, y obligaron al controlador de turno a darle salida al avión. Les dijeron, "Nosotros no vamos a permitir que ustedes paralicen nada; ustedes son unos revoltosos”—. ¿Qué más hacía el tipo? Que salga el avión. Estábamos salienndo de Medellín a las seis y media más o menos. Ahí sí respiramos todos.

 

Por el problema con el motor de arranque, el capitán incluyó dos técnicos de vuelo, aumentando la tripulación, en caso de que el motor le pudiera joder otra vez en Barranquilla, iban pues en total el capitán, el copiloto, dos mecánicos, el gerente regional  de Aeropesca, yo, y los otros cuatro compañeros del comando José Helmer Marin. El plan inicial era que a una hora de vuelo, luego de que el avión diera su reporte técnico al radiofaro de san Marcos, reduciríamos a la tripulación, desconectaríamos los audífonos, la radio y demás aparatos  de comunicación.

 

Las compañeras que iban muy elegantemente vestidas, se fueron al baño y se quitaron la falda para ponerse “bluejeans”, aduciendo que hacía mucho frío en el avión, lo cual era cierto por tratarse de una aeronave despresurizada.

 

Aprovecharon entonces para sacar las armas de donde las tenían, y para entregárselas a quienes iban a hacerse cargo de ellas.

 

El compañero encargado de la vaina militar. Carlos, tenía la misión, junto con una compañera, de reducir al piloto y al copiloto. Yo me haría caigo del resto del avión, o sea el fuselaje, con una granada, una pistola, y un revólver que manejaría la otra compañera. Yo manejé la granada y nos tocó reducir a tres personas. A Carlos le tocó reducir a las dos personas de la cabina. En ese momento el compañero piloto ocupó el puesto del copiloto y empezó a darle todas las instrucciones al capitán, todo lo relativo a nuestro plan de vuelo. Atrasamos la operación diez minutos pues había un mecánico dormido dijimos, "dejémoslo que duerma otro ratico". El Operativo fue terriblemente rápido y violento.

 

Fue violento en la medida es que la toma inmediata del avión no dio lugar a ningún tipo de respuesta por parte de la tripulación; los cogió absolutamente por sorpresa. Carlos fue hacia el piloto y dijo, "Esto es una operación del M-19. No se mueva nadie". Se quedaron de una sola pieza, porque ellos en ningún momento esperaban que eso les fuera a suceder, sobre todo con gente tan simpática como la que llevaban a bordo.  Llevábamos  una guitarra, una botellita  de trago, y éramos gente muy bien vestidita. El primer paso fue llevar al copiloto atrás, al fuselaje, requisar a toda la tripulación y, aunque antes habíamos acordado no hacerlo, fue necesario atar  a los tripulantes. Como norma general de conducta nos oponemos a todo lo que signifique irrespetar la dignidad de la persona. Pero en vista de que eran más de los que pensábamos, nos vimos en esa penosa necesidad.

 

Quienes mejor respondieron, con más serenidad, fueron el capitán y el copiloto. Gente muy capaz, desde el primer momento se dieron cuenta que no era una operación loquita o improvisada, que la gente estaba muy firme y que sabía muy bien lo que estaba haciendo, que la cosa no tenía reversa. Se les habló sobre nuestro comportamiento en situaciones similares, se les recordó sobre el avión de Avianca en santa Marta y lo del piloto del helicóptero que sacamos del Putumayo, les dijimos. “No se preocupen les vamos a pagar sus honorarios como debe ser, y ustedes saben que cumplimos nuestra palabra. Eso sí, no intenten nada contrario a lo que les digamos porque lo matamos". “Okey, Okey están claros los términos” contestaron, y se mostraron en disposición de colaborar.

 

Eso facilitó enormemente la operación. Inclusive, se podría decir que al final la salvó.

 

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Las otras personas en el avión, los dos mecánicos, eran gente humilde, gente sencilla, que expresaron su simpatía por la organización y su tranquilidad de que les íbamos a respetar todos sus derechos. Y el gerente de Aeropesca iba preocupado por el dinero, y porque pensaran que él había tenido algo que ver con la operación. Se le dijo que no se preocupara que todo se le pagaría, y él se tranquilizó, entendiendo que a pesar del cargo rimbombante de gerente regional y todas esas vainas, era un asalariado más de una compañía que lo trataba como tal. La situación se normalizó plenamente a los tres minutos. Empecé a grabar y a tomar fotografías para documentar la operación. Desgraciadamente todo ese material se perdió en el acuatizaje.  A los diez minutos de habernos tomado el avión ordenamos al piloto transmitir una señal de auxilio y luego cortar la  comunicación: "Aquí el HK388, humo en la cabina. Tengo humo en la cabina, tengo humo en la cabina..!". Había que desviar la atención del enemigo. Primero confundirlo sin dar la evidencia de un secuestro. Segundo, hacer que sus esfuerzos de búsqueda se desviaran hacia la zona sobré la cual volábamos en ese momento, el Chocó, que es boscosa, con tormentas, con corrientes, con toda esa vaina. Entonces sí desviamos ruta. Nos metimos hacia el Mar Caribe y empezamos a volar a 1.500 pies para estar fuera del alcance de los radares. Ordenamos al piloto describir un rumbo paralelo a la costa, casi un semicírculo cuyo punto final era el pueblo donde habíamos desembarcado las armas. Yo conocía muy bien esa región desde tierra  y desde aire, pues la había explorado varias veces volando. Para esta operación se había se había realizado una investigación del país terriblemente grande: Conocíamos  la Costa Atlántica Colombiana, toda la Costa Pacífica, habíamos volado infinidad de veces en avioneta sobre esas zonas explorando ensenadas, caletas, puntas, pistas, playas.  Al hacer contacto visual con un faro que había cerca de (...), empecé a orientar el avión de tal manera que el piloto se limitaba a cumplir mis órdenes. No le dábamos ninguna coordenada de la pista, ni otras formas de llegar. La zona donde íbamos era una zona con tantas pistas, que era casí imposible identificar una en particular desde el aire. La nuestra tenía una camioneta azul estacionada en la cabecera. Cuando vi la pista, le dije al piloto, ¡"Tírate ahí!'-

-“Ahí?”

-“Sí”

El final de la pista, estaba muy húmedo, mojado, porque había llovido. Inmediatamente tomamos tierra. Y por desgracia, al final del trayecto de la pista se atascó todo el tren de aterrizaje derecho, y no podíamos salir de allí. Ordené que toda la gente se concentrara en la cabina porque en ese sitio, entre otras cosas, no sabían que llegábamos con un avión secuestrado. Bajé del avión por una salida de emergencia y fui hacia la gente que me estaba esperando. Fuimos a buscar un tractor,  y vinimos a engancharlo  al  tren de la cola del avión. Empezamos a jalarlo, pero el tractor no daba. Había que buscar un buldózer, una pala mecánica con orugas muy fuertes, para poder desenterrar el aparato. Eran las nueve y media de la mañana cuando llegamos a la pista ésta, y sólo a la una de la tarde logramos sacar el avión y llevarlo a la cabecera de la pista donde iba a ser cargado. Estas vainas  no suceden sino en  La Guajira; tener un avión secuestrado tirado tres horas en la pista, fuera de eso atascado, y sacarlo con un buldózer en la zona más controlada del país.  Sólo sucede en Colombia, que es el reino de la corrupción, que es el reino de las trampas.

 

A la una y media de la tarde el avión estaba cargado y tanqueado. Para cosas tan mínimas como lo del combustible, hubo que averiguar mil cosas. Investigar que tipo de combustible requería ese avión, e inclusive como llevar los seiscientos galones a un aeropuerto clandestino de la Guajira. Es todo un trabajo logístico vuelvo a insistir, era el trabajo anónimo y silencioso de muchos lo que hizo que todo fuera posible. Y a nosotros nos tocaron los momentos gloriosos, es cierto, a pesar de las dificultades.

 

En la Guajira bajé a las dos compañeras que habían participado en la operación, y subí  a los cuatro compañeros que habían estado cuidando la caleta en La Guajira desde hacía cinco días. Nos regalaron ahí un par de armas más, como mun acto fraternal y amigable de los que estaban allí. Eran una Uzi y una pistola que vinieron a enriquecer el arsenal.

 

El piloto nos dijo entonces que iba sobrecargado el avión. Evidentemente, el avión iba con sobrecarga de casi una tonelada y media, le ordenamos al piloto que despegara con full potencia, “Full potencia, máxima potencia de entrada a la carburación”: Le dijimos, y “máxima flats”. Cuando el avión empezó el carreteo saltaba en la pista, pues estaba en máxima aceleración, y se le soltaron los frenos y el avión salió a toda. Para despegar, ese aparato necesitaba una velocidad mínima de 90 nudos. Despegamos a sesenta y cinco nudos por hora. Fue la capacidad del piloto lo que hizo que la operación se moviera. Era él quien conducía el avión y nosotros éramos al fin y al cabo, solo los secuestradores. Salimos muy bajito y le ordenamos al piloto hacer un semicírculo atravesando toda La Guajira y tomando altura. Pero subimos muy lentamente. Es sólo a los cuarenta minutos que tomamos una altura de crucero: Nueve mil pies. Pero esa era la altura mínima y nos podían ver muy fácilmente de tierra.

 

El avión no podía subir más, no daba más. Se recalentaban los motores, se veían rojos los tubos de escape. Aparte, la velocidad normal del aparato era 150 nudos, pero íbamos a 120. Salimos con mucho miedo de no alcanzar a llegar a la zona. Teníamos cuatro horas  y media de vuelo por delante, y el sol se escondería a las seis de la tarde. Decidimos de todas maneras correr el riesgo porque ya no había reversa. Eso es importante: la operación desde el primer momento, no tiene reversa. Exige un movimiento tan preciso como patinar en el filo de una navaja, y si te equivocas, te jodiste porque no hay otra alternativa.

 

Entonces ordenamos al piloto: “Línea recta hermano”. Línea recta significaba volar sobre Bogotá, volar sobre Palanquero, la base de los Mirage, volar sobre Melgar, la base de los helicópteros del ejército. Pero no había otra alternativa, “si te encuentras una turbulencia, si te encuentras una tormenta, métele hermano” le decíamos al piloto. No había tiempo que perder. Esto si era del carajo. Era estar confrontando el reloj, la luz del sol, el sitio de recorrido, el tiempo de vuelo y hacer fuerza con cojones.

No había nada más que hacer. Le ordené a los cuatro compañeros que subieron en La Guajira que empezaran a armar fusiles, a ponerlos en plena disposición combativa. Que llenaran los proveedores de tiros, que abrieran las cajas de munición, y que dejaran los fusiles listos.

 

Pensábamos, con justa razón, que al entrar al Caquetá íbamos a ser detectados por el enemigo, y que tendríamos que aterrizar con helicópteros alrededor. Pensábamos inclusive, que si era así, solamente íbamos a salvar trescientos fusiles, y que habría que tener una emboscada permanente en el avión. Porque si había una respuesta táctica del enemigo lo suficientemente rápida, habría que quemar el resto de la carga, o sea doscientos fusiles. A las cinco y quince de la tarde estábamos pasando sobre Neiva la capital del Huila, en la falda de la  cordillera, y al lado opuesto de Florencia. Ya en ese momento, porque habíamos gastado combustible, el avión pudo tomar un poco mas de altura. Nos elevamos más o menos a unos doce mil quinientos pies, la altura normal de cruce de la cordillera.

 

Estábamos cayendo al Caquetá, cerca de San vicente del Caguán; faltaban cinco minutos para las seis  de la tarde. Se nos estaba yendo la luz, carajo, y le ordené al piloto, “mira hermano, bájate a quinientos metros, y a esa altura pasa sobre Florencia a ver si nos orientamos en el territorio”. Afortunadamente la zona del Caquetá la conocíamos perfectamente desde el aire, la habíamos volado muchísimas veces, haciendo locuras ahí, tomando fotos y demás. Eso nos permitió movernos con absoluta seguridad a esa hora. Ya volando sobre Florencia nos tiramos a “Larandia”, una finca con treinta tres mil cabezas de ganado, al lado del Río Orteguaza. Eran las seis y cinco de la tarde. Le dije al piloto que volara a quinientos metros sobre el Río Orteguaza. Y empezamos a identificar a la vista los pueblos.

 

A un kilometro debajo de Granario debía estar la pista nuestra. Yo no la conocí, sabía que era un potrero de setecientos metros, cosa que nunca se le dijo al piloto. Y sabía que el avión necesariamente tendría que aterrizar forzosamente, recogiendo el tren de aterrizaje, obligándolo a irse resbalando sobre el terreno, frenándolo. Sabíamos desde el principio que tenía que ser así. Ya no había luz. Eran las seis y quince, y volábamos sobre Granario. Pero se había ido la luz. Sobrevolábamos Granario buscando la pista. En mi desesperación, ya la situación era de verdad desesperante, y en la oscuridad no vi ninguna pista. Entonces vi un potrero y le dije al piloto:

“oye, ¡tírate ahí!.

 

Y el me dijo, “no joda, yo me tiro ahí y me mato…mejor me tiro al río”.

 

“Bueno tírate al río”

 

“¿De verdad quieres que me tire al río?”

 

Entonces le dije, “tírate al río, ya no hay otra alternativa”

 

Y el me contestó: “bueno, que mas vamos a hacer: tirarnos al río”

 

El Río Orteguaza tiene trescientos metros de ancho. Y nosotros nos tiramos así, para dentro de esa vaina.

 

Les dije a mis compañeros  y al resto de la tripulación que se agarraran duro porque la pista estaba mala. No les dije que íbamos para un río. No quería asustarlos. Ellos no sabían dónde iban a caer. Sólo lo sabían mi piloto, el otro piloto, el copiloto, y nadie más.

 

El avión hizo un sobrevuelo encima del río y…¡bum!...¡bum!...caemos. ¡Jueputa golpe tan verraco hermano! ¡golpe tan tremendo!

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El avión rebotó sobre la superficie  del agua como cuando uno tira una piedra haciendo velitas. Rebotó dos veces contra la superficie del río, y al tercer golpe, contra un agua como piedra, el piloto sacó el tren de aterrizaje. El aparato topó contra un banco de arena, y finalmente quedó encallado. Del guarapazo, las cajas que estaban arriba de golpe fueron mandadas hacía adelante, y se reventaron, se regaron pedacitos de fusil por todas partes y empezó a entrar agua al avión.

 

Ya era de noche, la oscuridad la mas verraca. Los compañeros se asustaron. Gritaban, “ ¡no joda, nos vamos a quemar!”. Creían que era gasolina lo que entraba. Y olía a gasolina pues se había reventado el tanque del ala derecha. Las hélices se volvieron mierda, el timón de profundidad del avión se desprendió. Entonces salí de la cabina y abrí las puertas de emergencia. Con fusil en mano, me subí al techo del avión. Hice una ráfaga de veinte tiros para avisar que estábamos ahí. Río arriba la guerrilla me contesto con otra ráfaga de metralleta. Yo tiré otra ráfaga más corta, y empecé a subir a mi gente y a la tripulación al techo del avión. El avión ya estaba lleno de agua por dentro pero no se hundía más gracias al banco de arena. Fui tirando luces de bengala cada cinco minutos. A los cuarenta minutos más o menos vino llegando la guerrilla. Eso era una vaina emocionante. La alegría de la gente, y todo, era realmente conmovedor. Aquí hablando tan tranquilamente no se puede contar lo que sintió todo el mundo: era euforia, no joda, ahí estábamos, les cagamos a todos, y ahí estaban los fusiles que habían esperado un año. Y empezó la tarea de conseguir balsas, canoas, porque era la única forma de evacuar la región. Se amarraban las canoas de la hélice rota, se pegaban al costado del avión, y dentro del agua se pasaba fusil por fusil a la canoa. Ya toda la tripulación había evacuado, lo mismo que mi gente.

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A las tres de la mañana aproximadamente, el avión estaba completamente vacío. Pensamos inicialmente en quemar el aparato, pero imposible desde el punto de vista técnico. Pensamos luego en dinamitarlo, pero en últimas decidimos que ya que la mitad del avión era del piloto, y como él nos había pedido que no se lo jodiéramos y ya bastante había hecho por nosotros, era mejor dejárselo quieto. Dejé a cinco hombres emboscados en la ribera, al lado del avión, con orden de tirar plomo a todo lo que se moviera, fuera avión o barco del enemigo. Eran ciento cincuenta guerrilleros más o menos los que estaban esperando la carga.

 

Concentramos toda la gente y la carga en un punto que se llama Getuchá, que es una Comunidad Indígena, luego montamos  y entregamos un fusil para cada compañero. El resto de los fusiles continuaban desarmados, y algunos se nos habían perdido. De cuarenta que se  dañaron con el impacto, logramos salvar unos veinte reemplazando las piececitas perdidas en el fondo del avión.

 

En una lancha muy grande que puede normalmente con novecientos bultos de arroz, montamos a los ciento cincuenta hombres armados, mas la carga, y nos fuimos río arriba hacia un sitio llamado Remolinos. Ahí desembarcamos. Penetramos como un kilómetro monte adentro, y armamos un campamentico,. Ahí nos sorprendió el amanecer. Lo primero esa mañana fue acabar de armar los fusiles, y cargar a cada hombre con tres fusiles y quinientos tiros. Después mandamos a cinco compañeros hacía donde había otro grupo, para que repartiera rápidamente la fusilería. Pensábamos, no joda, que era muy difícil quitarle a un guerrillero un fusil, pero muy fácil quitarle a veinte doscientos fusiles amontonados. Arrancaron pues sin equipo, para poder cargar más armas, sin comer, sin dormir, dos grupos de compañeros, unos hacia un sitio, otros hacia el otro.

 

Para las diez de la mañana  ya habíamos repartido trescientos fusiles y cuarenta y cinco mil tiros. Quedaban doscientos fusiles, entre esos los dañados, y como treinta mil tiros por repartir. Pero ante el inmenso cansancio de la gente , decidimos dejar los fusiles restantes tapados bajo un cobertizo, y tiramos las cajas de munición a un caño..¡bum!...cierto que como eran herméticas no había ningún problema. Entonces dejamos que la gente durmiera un poco.

 

Mientras tanto el enemigo había detectado el avión a eso de las diez de la mañana. Había sido visto primero por un avión comercial. Y sólo hacia las tres de la tarde pasó una avioneta de reconocimiento, volando bajito, a unos quince metros sobre el río, encontrando el avión. Entonces los que habían quedado emboscados en el lugar hicieron una cortina de fuego, y golpearon el aleaje de la avioneta que casi cayó. Pero el aparato alcanzó a aterrizar como a unos cinco minutos en una base llamada Tres Esquinas. Esto ocurrió el 22, al día siguiente de nuestra llegada. Así que el 23, cuando ya el grupo de emboscada se había situado un poco más arriba, el enemigo empezó a subir por el río desde Tres Esquinas. Nuestro grupito de hostigamiento tenía la misión de mantener al enemigo ahí quietico encalambrado con el avión, mientras nosotros repartíamos la carga.

 

Entonces el 23 mandamos a una  columna de unos veinticinco hombres pea reforzar al pequeño grupo de hostigamiento  que habíamos dejado en l ribera del rio, Fueron estos los que encontraron a los  periodistas a orillas del río, y los detuvieron. Ahí fue que se hizo la famosa entrevista con los guerrilleros armados y  demás. Los compañeros se quedaron emboscados, y los periodistas llegaron hasta el avión donde se toparon con una patrulla de soldados y contaron que por ahí andaba la guerrilla. Los soldados empezaron a andar río arriba, en cinco lanchitas, pero a esas alturas la guerrilla ya estaba tendida a márgenes del agua, esperando.

 

Cuando las tres primeras lanchas estaban a unos cincuenta metros de distancia, la guerrilla abrió fuego y las hundió. Ante el ataque, de las otras dos lanchas empezaron a disparar desesperadamente con M16, con M72, y a recular, hasta que se regresaron.

 

Por el otro lado, los doscientos fusiles que habíamos dejado tapados se empezaron a evacuar. Utilizamos los comandos de lucha local de la organización, los comandos de poblado que había en la zona, para que ayudaran de inmediato a cargar armas, mas municiones, para meterlas en la profundidad del territorio y abastecer otras columnas que se hallaban más distantes. La tripulación seguía con nosotros que estábamos con el grueso de la columna y se les trató muy bien, logrando toda su cooperación. Dejé entonces a los cuatro compañeros que traía, en la guerrilla. Ellos fueron ascendidos de inmediato, encargados de la gestión de armería. Toda la gente estaba entrenada, todo estaba organizado. Nuestro piloto ya había salido para la ciudad media hora después de la caída del avión.

 

A los tres días salí yo con una grabación de los pilotos hecha en uncassesito de esos de espía que se le entregaría a los medios de comunicación, y con el compañero, el segundo encargado de la cuestión militar en la operación. Al pobre  se le habían quebrado las gafas, que tenían cuatro dioptrías por ojo, y había que tenido que usar lentes de contacto rígidos, y tenía ya los ojos vueltos nada. Salimos por la vía más segura: volamos de Florencia a Bogotá por Satena,  la línea comercial del ejército. Al llegar a Bogotá, le hicimos llegar a las familias de la tripulación un ramo de rosas, junto con una grabación de sus seres queridos.

 

El piloto se había retirado de la Fuerza aérea hacia dos años. Había sido capitán, había sido piloto de helicóptero de la lucha contraguerrillera, y había rescatado las víctimas del incendio del edificio de Avianca. La tripulación fue devuelta sana y salva a los pocos días.

 

De esta experiencia salimos muy enriquecidos. Esta operación era el reconocimiento a la tenacidad, a la audacia, a ese sentido de echar pa´lante, contra la opinión de mucha gente. Muchas veces nos preguntamos, ¿No joda, será que nos va a quedar grande? Pablo (Jaime Bateman) dijo: “…fue una hormiga que parió un elefante. La operación fue prueba de que la organización realmente está interesada en asumir el poder político del país por medio de las armas. Pero no dentro de un siglo. Para cuanto antes mejor. No pensamos envejecernos en esto”.

Es que cuando se quiere se puede. Si hubiéramos tenido los recursos económicos, tal vez se hubiera hecho una operación más grande, tal vez sin tanto riesgo.

 

La habíamos hecho con las uñas, sin recursos, prestando, vendiendo tres veces algo, empeñando.

 

Pero se había hecho, reflejando la capacidad, la disposición de combate de nuestra militancia, la disponibilidad de nuestra gente, el sentido del sacrificio, de entrega, de trabajo duro de muchos…

 

En esta operación se cristalizó todo lo que significa el M-19: Fueron muchos los riesgos, ¡Pero valió la pena!...”

 

* ZONA - Bogotá, mayo 14 de 1986

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20 noviembre 2014 4 20 /11 /noviembre /2014 11:56

carta obispos

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20 noviembre 2014 4 20 /11 /noviembre /2014 11:11

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17 noviembre 2014 1 17 /11 /noviembre /2014 22:26

Eduardo Loffsner Torres

20/11/1986

¡Siempre Presente!

 

" Eduardo tenía  31 años cuando fue detenido/desaparecido, su ejemplo de vida y su convicción alimentan la esperanza de quienes luchamos por la dignidad de los pueblos. 

 

Sus familiares, Compañeros y amigos esperamos que frente a su desaparición forzada haya verdad, justicia y reparación integral.

 

“A la esperanza y a la lucha…que nunca han de morir”

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Compañero EDUARDO LOFFSNER TORRES, desaparecido el 20 de noviembre de 1986 en Bogotá a la edad de 31 años.  

 

El compromiso político que siempre tuvo con la Paz, la Democracia, la Justicia Social, fueron los motivos que  lo llevaron al Consejo Verbal de Guerra de la “Picota” en Bogotá entre febrero de 1979 y marzo de 1983,   después  de haber sufrido torturas durante su detención por parte de miembros del Ejército Colombiano. 

 

Con Eduardo Compartimos en La Capilla de la Penitenciaría Central de Colombia "La Picota" el Consejo de Guerra, y en el Pabellón 3 de la misma cárcel, la vida cotidiana de los Presos Políticos, allí él nos contagió con su sonrisa, su bondad y su generosidad. 

 

    “…desde el momento del allanamiento fui golpeado en presencia de mi compañera. Junto con ella fuimos vendados y trasladados a la Escuela de Artillería; de allí se nos llevó a la Escuela de Caballería en Usaquén, donde luego de ser reseñados se nos llevó a unas caballerizas separadas. Allí comenzó el “interrogatorio”. Varios grupos de individuos se rotaban de forma que continuamente me indagaban… En momentos llegaba un señor “buena persona” aconsejándome decir cosas de las que no tenía conocimiento… pero a continuación llegaban los “especiales”. Desde el comienzo fui amenazado con piletazos, paseos y demás, chantajeándome con torturas a mi compañera y a mi familia…”

 

La desaparición de EDUARDO es otro crimen más del terrorismo de estado, y se suma a los miles de  desaparecidos forzadamente  en nuestro país, y por los cuales  seguimos exigiendo  verdad y castigo a los responsables de estos crímenes contra la humanidad.

 

31 años tenía Eduardo cuando fue detenido/desaparecido, su ejemplo de vida y su convicción alimentan la esperanza de quienes luchamos por la dignidad de los pueblos, sus Compañeros, familiares y amigos esperamos que frente a su desaparición forzada haya verdad, justicia y reparación.

 

“Han pasado muchos años desde su desaparición, y el caso continúa en la total impunidad, las “exhaustivas” investigaciones no han arrojado ningún resultado.  

 

EDUARDO… en la Memoria

 

EDUARDO… Sin Olvido

 

NI UN MINUTO DE SILENCIO  

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15 noviembre 2014 6 15 /11 /noviembre /2014 13:07

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12 noviembre 2014 3 12 /11 /noviembre /2014 21:35

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12 noviembre 2014 3 12 /11 /noviembre /2014 20:46

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8 noviembre 2014 6 08 /11 /noviembre /2014 22:21

      Haciendo memoria y rindiendo homenaje a las mujeres y a los hombres que siguen siendo ejemplo para la historia   

  images4 

1939 - 2014

 

El dia 7 de noviembre de 2014 marcho a descansar nuestro hermano, militante, periodista, escritor,  poeta, maestro, pero ante todo excelente ser humano Carlos Vidales.

Gratos recuerdos nos quedan de su experiencia Chilena, sus enseñanzas de la Unidad Popular, el M, Alternativa, Anapo, Mayorías, su vida plena de conocimientos y vivencias compartidas.

Publicamos una entrevista tomada de "el malpensante" que nos acerca a su trayectoria vital y nos aproxima a este hermano del alma.

 

 

 

Una entrevista con Carlos Vidales

Por La Redacción en septiembre 1, 2014

Por: Andrea Pinzón Escobar y Fredy Yezzed

Tomado de El Malpensante*

 

Los periodistas Andrea Pinzón Escobar y Fredy nos aproximan a la interesante vida y obra de nuestro amigo Carlos Vidales, uno de los tantos ilustres colombianos que las retrógradas fuerzas del odio obligaron al exilio.


Tanto Fredy Yezzed como yo conocimos a Carlos Vidales a través de la poesía. Poco a poco se nos fue revelando una persona fascinante, con una trayectoria llena de giros, que van de la literatura a la militancia, del Bogotazo al exilio, de Colombia a Chile, del M-19 a Suecia. Una vida intensa, plagada de anécdotas en las que sorprende la cercanía con personajes como Jorge Eliécer Gaitán, Pablo Neruda, Salvador Allende, Jaime Bateman, Carlos Pizarro, Carlos Gaviria y, por supuesto, su padre, el poeta Luis Vidales, primer secretario general del Partido Comunista Colombiano e integrante del grupo Los Nuevos.  

    En 2010, Fredy Yezzed publicó Párrafos de aire, primera antología del poema en prosa colombiano. La investigación para ese libro lo llevó a conocer a fondo la obra de Luis Vidales, pionero del género en el país, y a entrar en contacto con Carlos, valiosa fuente de información, no solo acerca de la poesía de su padre sino también de otros autores con los que había tratado, a los que había leído y sobre quienes aportaba acertadas reflexiones. Después de largas conversaciones a distancia, Carlos y Fredy se conocieron en Argentina, en 2012. La idea de hacer esta entrevista surgió durante un encuentro en el Bar Británico de Buenos Aires, famoso por contar entre sus asiduos a Ernesto Sábato.  

    Por mi parte, la forma en que conocí a Carlos Vidales fue producto de una extraña y afortunada casualidad, mediada también por la literatura: entre los muchos comentarios sobre una foto de la tumba de Gabriela Mistral, publicada por Fredy Yezzed en Facebook, el único que logró despertar mi curiosidad y revelarme algo desconocido acerca de esa imagen fue el de Carlos Vidales, quien en su juventud había visitado la tumba de la poeta chilena.  

De recuerdos como ese está llena su vida. Parece haber estado en cada momento y lugar decisivos. Y no solo como testigo: vivió en carne propia el rigor de la historia, asumió múltiples formas de desprendimiento, volvió sobre las páginas de su padre, tomó las armas cuando fue necesario y las dejó de lado por cuestión de principios.

Durante un prolongado intercambio de mensajes entre Colombia, Argentina y Suecia, a lo largo de una cadena trenzada entre lo personal, lo literario y lo político, Carlos Vidales nos reveló ampliamente las excepcionales circunstancias en las que han transcurrido las múltiples vidas de él y de su padre.

Andrea Pinzón

tercera

 

Carlos Vidales, en 1941, la foto fue tomada en el patio de la casa de los Vidales, en el barrio Santa Teresita de Bogotá. Es la imagen más antigua que se conserva de él.  © Archivo personal de Carlos Vidales

 

 

  • Carlos, naciste a finales de la década de los treinta, años bastante convulsos para la historia colombiana. ¿Cuáles fueron las circunstancias familiares que rodearon tu nacimiento?        

Nací en 1939, año del inicio de la Segunda Guerra Mundial, lo cual marcó mi infancia por la intensa actividad de mi padre en favor de los judíos perseguidos por el nazismo y en apoyo a la lucha contra Hitler. Soy el segundo hijo de Luis Vidales Jaramillo y de Paulina Rivera de Vidales. Mi hermana Luz es un año mayor. Cuando nací, mi padre era funcionario de la Dirección Nacional de Estadísticas y en 1940 fue nombrado director de esta entidad por el gobierno liberal de Eduardo Santos, cargo que ocupó hasta 1946. Mi primera infancia fue de intenso contacto con mis padres, comodidad económica y mucha actividad intelectual y social en el hogar, de la que mi padre siempre me hizo partícipe: Jorge Eliécer Gaitán, Gabriel Turbay, León de Greiff y los Lleras, entre otros.

  • En cuanto a tus años de infancia, ¿cuál es el primer recuerdo que tienes de tus padres? O algo que quizás tengas marcado en tu memoria…

Recuerdo que mi padre acostumbraba ponerme en un estrado para que echara discursos a los visitantes de la casa, quienes me aplaudían y me traían cajas de chocolates y otros regalitos. Gaitán y León de Greiff siempre me sugerían ideas. A los cinco años, yo me sentía como un “tribuno del pueblo”. Imagino que eso sería muy divertido para Gaitán, que siempre se reía con mucho entusiasmo.

  • Una imagen que quizás uno puede formarse en la mente es la de Luis Vidales enseñándote a leer. ¿Cómo recuerdas tu encuentro con la lectura, con los libros?

Sí, mi padre me enseñó a leer, pero no de una manera escolar sino a través de conversaciones. Me daba una revista o un libro y me decía: “Ahí dice esto, aquí dice esto otro”. Poco a poco, haciendo analogías, las letras y las palabras comenzaron a tener sentido para mí. Las dos primeras palabras que pude leer sin ayuda de nadie fueron “Simón Bolívar”, en una revista Selecciones. Yo tenía entonces cuatro años. A partir de ese momento, la biblioteca de mi padre fue mi refugio preferido. Leía todo lo que podía, aunque con frecuencia no entendía nada. Los visitantes de mi padre estimulaban mi curiosidad por los libros.

  • ¿Cómo era el ambiente escolar?

Era un desastre. Todo tenía uno que aprenderlo de memoria. El catecismo, esa cosa horrenda, era la materia principal. Los profesores eran formalistas, acartonados, mojigatos, llenos de prejuicios. No se podía preguntar nada. Una vez –tenía yo siete años–, la maestra me dijo que recitara los mandamientos, y al llegar a “no fornicar” le pregunté: “¿Qué es fornicar?”. Y me respondió, furiosa: “¡No pregunte! ¡No pregunte porquerías!”. Años después pude averiguar cuáles eran esas “porquerías” y me parecieron muy sabrosas. Mis libros preferidos han sido siempre El libro de buen amor del Arcipreste de Hita, y Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, por sus maravillosas lecciones sobre el arte sublime de la fornicación.

  • Imaginamos que escribiste poesía en esos años…

Sí, mi primer poema fue un soneto. Tenía ocho años y había estado escarbando en la biblioteca de mi padre. Me cautivaron los sonetos de Petrarca y le pregunté a mi padre cómo escribir un soneto. Él me indicó las reglas de metro y rima, los cuartetos y los tercetos, y yo compuse un soneto horrible contra Laureano Gómez. Mi padre, orgulloso, se lo mostró a Gaitán, quien casi se muere de la risa y me mandó una caja de chocolates con su hermano. Mi segundo soneto, unas semanas más tarde, estaba dedicado a Italia pero era una alusión a Colombia y sus convulsiones. Para eso usé una frase de La divina comedia: “…nave que vas a la deriva, en plena tempestad, sin tu piloto…”.

  • ¿En qué momento mermó el entusiasmo con la poesía?        

    Creo que se debió a un comentario de mi padre. Un día, uno de sus amigos, Humberto Soto, comentó que yo había heredado la vena poética de mi progenitor, y entonces mi padre dijo: “Creo que eso no le durará mucho. Yo le veo más aptitudes para la ciencia”. Lo interpreté como una valoración negativa de mis calidades literarias y me desanimé. Años más tarde me di cuenta de que mi padre me estaba “programando” para la medicina, pues esa fue una de sus ideas fijas y la fuente de nuestros conflictos durante mi adolescencia. El hecho es que he comenzado a escribir poesía años después de su muerte.

  • ¿Qué poetas te impresionaron y te marcaron como escritor?

 Aparte de Petrarca, que me cautivó desde la infancia, Walt Whitman, García Lorca, César Vallejo, Rubén Darío, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Rimbaud y san Juan de la Cruz. Después de los veinte años, Antonio Machado, sor Juana Inés de la Cruz y los grandes del Siglo de Oro español. Solamente después de los cuarenta he llegado a conocer a los grandes poetas norteamericanos, aparte de Whitman. Y entre los narradores: Poe, Maupassant y Mark Twain fueron la delicia de mi adolescencia, junto con Dostoievski, Gogol y Turgueniev.

  • Hace un rato mencionaste a Jorge Eliécer Gaitán. ¿Cómo se conocieron él y tu padre?

Se conocieron en París, en 1927. También allí conoció a Gabriel Turbay. Gaitán se decía socialista; mi padre y Turbay eran entusiastas comunistas. Mi padre sostuvo siempre, en conversación familiar, que lo de Gaitán era un socialismo liberal. Cuando mataron a Gaitán, mi padre salió de nuestra casa de la calle 63 en Chapinero para tomar parte en la dirección de la insurrección. No volví a verlo durante un año, porque después del 9 de Abril fue apresado por el ejército y permaneció diez meses bajo corte marcial en la Escuela Militar. Él era uno de los jefes de la campaña presidencial de Gaitán y uno de los principales redactores del diario Jornada, órgano del gaitanismo.

  • Vemos también en tu padre un alto grado de apertura mental al recibir a personalidades tan disímiles en pensamiento, pero quienes indudablemente sentían una fascinación hacia las letras, como Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán.

Él siempre decía que quien no puede coexistir con gente que piensa diferente es un bárbaro y jamás podrá ser un verdadero revolucionario. Ahora, yo creo que con Gabriel Turbay y los Lleras se han tejido mitos de pura ignorancia, que han terminado por establecerse como verdades. En los años veinte todos los que he nombrado se declaraban comunistas, aunque el partido no existía. Cuando se fundó el partido, en 1930, algunos de ellos entraron a sus filas y otros decidieron trabajar por las ideas socialistas dentro del partido liberal. Gaitán intentó crear la Unir, coalición de fuerzas populares de tendencias socialdemócratas y socialistas, y fue duramente atacado por el partido comunista. Mi padre escribió cosas terribles contra Gaitán en aquella época, acusándolo de divisionista y traidor a la unidad del pueblo. Era una situación parecida a la que se presenta ahora con Petro. Después de un tiempo, Gaitán se convenció de que si quería llegar a la presidencia debía actuar dentro del liberalismo. Gabriel Turbay lo miraba con simpatía, pero le decía que en el liberalismo era esencial ganar la jefatura única y que sin ella no se ganaban elecciones.

  • Algo que lograría Gaitán más tarde…

Pero Gaitán era impaciente… y bastante vanidoso. Mi padre y muchos otros le decían: “No dividas el liberalismo, porque perdemos frente a los godos”. Y Gaitán respondía: “Yo soy capaz de ganarles a los godos, incluso si una parte del liberalismo vota por el candidato oficial”. Los resultados de mayo de 1946, por si no se acuerdan, fueron estos: Mariano Ospina Pérez, conservador, 565.939; Gabriel Turbay, liberal y candidato oficial, 441.199; y Jorge Eliécer Gaitán, liberal disidente, 358.957 votos. Es decir, Gaitán dividió las fuerzas populares y contribuyó al triunfo de los godos. Con increíble generosidad, Gabriel Turbay le dijo: “Bueno, ahora debes ganar la jefatura única del liberalismo. Cuentas con mi apoyo”. Lo que pasó después es conocido. Toda la gente de izquierda que había apoyado a Turbay, incluyendo a mi padre, se volcó en un trabajo febril por Gaitán.

El asesinato de Gaitán marcó un cambio dramático en mi vida. Mi padre pasó a la clandestinidad, perdí el contacto con él mientras dirigía una red de radioemisoras clandestinas y llegó a ser el tesorero nacional de las guerrillas liberales (todo esto lo supe después). Yo caí en manos de parientes conservadores, laureanistas; se me acabó la infancia, la vida se volvió un infierno y de eso salí a fines de 1952, cuando mi padre pudo regresar a la casa y comenzaron los preparativos para marchar al exilio en Chile.

  • Cuéntanos, ¿cómo fueron las circunstancias de ese exilio?

Nosotros teníamos invitación de Perón para recibir asilo en Argentina. Pero al entrar en Chile recibimos un telegrama del presidente Carlos Ibáñez del Campo, dándonos la bienvenida y ofreciendo trabajo a mi padre en la Dirección Nacional de Estadísticas. Por eso nos quedamos en Chile. Mis hermanos y yo recibimos educación gratuita de la mejor calidad, una tremenda solidaridad y amistades que duran todavía. Yo me fui de la casa paterna y de Chile cuando terminé mis estudios secundarios, a los 17 años, y decidí estudiar medicina en Córdoba, Argentina. Mi padre regresó a Colombia en 1962, para trabajar en el Dane por invitación de Lleras. Mi madre se quedó en Chile ocupándose de mis hermanos menores y regresó a Colombia, al lado de mi padre, en 1970.

En Chile conocimos a todos los intelectuales importantes, al Comité Central del Partido Comunista, a Salvador Allende, con quien mantuve una gran amistad a pesar de la diferencia de edad, al sabio Alejandro Lipschutz. En ese país comencé en 1953 mi militancia comunista en la ilegalidad y lo recorrí pueblo por pueblo, incluyendo la Antártica, el desierto de Atacama y la Isla de Pascua. Chile me formó, me educó, me enseñó a pensar en la política moderna; mis primeros pasos como historiador los di estudiando la historia del proletariado chileno.

  • ¿Qué recuerdos tienes del barrio Bellavista? ¿Cuál fue tu primera impresión cuando conociste a Neruda?

Se llama Bellavista porque ahí está el cerro San Cristóbal, desde cuya cumbre se ve toda la panorámica de Santiago. El barrio, de clase media por aquel entonces, está separado del centro de Santiago por el río Mapocho. Nosotros vivíamos del lado más “burgués” del río, en el barrio Providencia, pero estábamos lo suficientemente cerca como para escuchar al amanecer los rugidos de los leones en el zoológico, vecino a la casa de Neruda. Yo lo conocí una semana después de nuestra llegada a Chile, pues el poeta nos invitó a una velada en su casa. Allí estaba prácticamente todo el Comité Central del Partido Comunista y, además, el parlamentario Salvador Allende, a quien Neruda nos presentó diciendo: “Este hombre es el futuro presidente de Chile”. Aunque yo apenas tenía catorce años, me puse a conversar con Allende como la cosa más natural del mundo. Yo sabía que Neruda era un gran poeta, pero después de haber pasado la infancia mezclándome con gente importante sentía como una cosa normal darle la mano y oír su conversación. Tenía una voz aburrida pero decía cosas fascinantes. Conmigo fue siempre muy amable.

  • A propósito de tu relación con Neruda, en 1957 el general Rojas Pinilla le niega la visa al poeta, que había sido invitado al país para que entregara el Premio Lenin de la Paz a Baldomero Sanín Cano. ¿Cómo fueron estos hechos?

Fue mi padre quien recibió el encargo de entregar el premio, tras la negativa de visa a Neruda, y también porque había asistido al Congreso de Escritores Soviéticos, en Moscú, en 1955. En la década de los cincuenta, Rojas Pinilla era autoritario, conservador-bolivariano y partidario de soluciones corporativistas. Por eso fue preciso esperar hasta 1957, cuando la dictadura estaba por caer, para entregarle el premio a Sanín Cano. Después de ser derrocado y marginado de la política, Rojas Pinilla fue evolucionando hacia posiciones populistas para terminar los dos últimos años de su vida como asiduo lector de textos marxistas y un populista con simpatías hacia un socialismo reformista.

A Neruda le importaba poco ser el emisario del premio, todo se resolvía por decisiones del partido comunista y él las acataba. Pero, como ocurre siempre entre las élites intelectuales, tanto Neruda como mi padre eran muy amigos del líder falangista manizaleño Gilberto Alzate Avendaño, quien hizo todo lo posible para que Neruda pudiera viajar a Colombia. De paso, debo recordar que ya en la década de 1930, cuando mi padre debía pasar reiteradas temporadas en la cárcel por su actividad comunista, dos intelectuales falangistas se movieron incansablemente hasta lograr su libertad: uno fue Alzate Avendaño, quien admiraba al poeta de Suenan timbres más allá de toda medida; y el otro fue Juan Roca Lemus, “Rubayata”, cuñado de mi papá y a su vez padre del poeta Juan Manuel Roca.

  • En 1985, tu padre también recibe el Premio Lenin de la Paz y sufre la muerte de Paulina, su compañera de vida.

La última vez que vi a mis padres fue en julio de 1979, cuando yo estaba en la clandestinidad por ser miembro del M-19 y el gobierno de Julio César Turbay estaba en plena cacería como respuesta al robo de las armas del Cantón Norte. Mi padre ya había sido encarcelado en abril en la Escuela de Caballería y luego puesto en libertad por el escándalo internacional que este encarcelamiento produjo. Su casa estaba estrechamente vigilada, pero aproveché su cumpleaños y las muchas visitas de sus amigos para burlar la vigilancia policial y colarme en el edificio. Fui a felicitarlo y a contarle que planeaba salir del país. Pasamos toda la noche tomando whisky y él recapituló sus aventuras y sus luchas políticas, las divertidísimas anécdotas de su vida chaplinesca. Yo salí de Colombia con papeles falsos en diciembre de 1979. Nunca más volví a ver a mis progenitores.

  • Leímos en Puesto de Combate un artículo tuyo que hablaba sobre cuatro libros de tu padre que se perdieron. ¿Nos podrías hablar especialmente de ese Diario suyo y mío, escrito durante los años de exilio en Chile?

El Diario suyo y mío es eso, un diario personal. A pesar de que su contenido es principalmente literario y sociológico, expresa también la angustia del exilio. Hoy las personas que estudian los fenómenos del destierro y el desarraigo conocen bien el fenómeno del “síndrome del exilio”, que afecta el carácter, el humor, el equilibrio emocional del exiliado, y que con frecuencia lo saca de quicio, lo vuelve irritable, colérico, a veces deprimido, a veces duro con sus seres queridos. A mi padre le dio ese síndrome y a mí y a mi hermana nos tocó sufrir los efectos de sus cóleras repentinas, su irritabilidad, su angustia y su soledad. Por eso me fui de la casa a los 17 años y me llevó tiempo comprender las causas psicológicas profundas de estos conflictos que marcaron mi adolescencia. El 0 contiene, entre líneas, muchas claves de este proceso doloroso.

  • También se perdió Dimensiones de la patria,“sonetos de la violencia, del exilio, de la añoranza de la patria natal”, según tus palabras. ¿Cuál es tu reflexión actual respecto a la violencia vivida en Colombia?

Creo que la violencia social se exacerbó en Colombia y se volvió crónica, como un eterno cáncer, desde el mismo día en que los “padres de la patria” (a quienes millones idolatran) lograron consolidar la república oligárquica a costa del hambre, la pobreza, la discriminación y la marginación de la inmensa mayoría del pueblo. Pueden decirme lo que quieran y pueden meterme a la cárcel o matarme, pero digo que no hay paz con hambre, no hay paz con injusticia social, no hay paz con marginaciones y desplazamientos, y no hay paz con la adoración servil a los “próceres” que construyeron esta sociedad infame, despreciable, egoísta e injusta. No se hizo “a pesar” de ellos. Ellos la hicieron.

  • Precisamente otro “padre de la patria”, como dices irónicamente, es Laureano Gómez, quien persiguió bajo su mandato a tu padre obligándolo a dejar su puesto en la Universidad Nacional…

 

Mi padre y Laureano se odiaban políticamente, pero había entre ellos una indudable admiración intelectual de enemigos. No fue Laureano quien echó a mi padre de la Universidad Nacional, sino el presidente designado, por enfermedad de Laureano, Roberto Urdaneta Arbeláez. Recuerdo que una vez, en pleno gobierno laureanista, un alumno de mi padre quiso hacer su trabajo final modelando un busto de Laureano. Mi padre le aceptó el proyecto y lo calificó muy bien, pues ese joven godo tenía gran talento como escultor. Laureano lo supo y le comentó al autor del busto: “Es una lástima que un hombre tan admirable como Vidales tenga ideas tan detestables”. Mi padre, por su parte, siempre llamaba a Laureano “el Monstruo”, no solamente por su desmesura, por sus pasiones y sus odios, por las canalladas que era capaz de cometer, sino también por su monstruosa capacidad intelectual.

  • Pasando a otro tema, sabemos que la recepción de Suenan timbres estuvo dividida. Cuéntanos un poco sobre esa diferencia de criterios respecto al libro y el modo en que lo concibió tu padre.

Los bogotanos se dividieron en dos bandos cuando apareció Suenan timbres, en 1926. Mi padre lo ha recordado en varios textos: “Las trompadas menudeaban y es posible decir que me di de sopapos con medio Bogotá; el otro medio estaba en palco, hasta la cintura, haciendo votos para que me volvieran cisco. Ya desde el año 22, cuando irrumpí en El Espectador de don Luis Cano, con la magnífica presentación de Tejada, mis hermanas eran motivo de insultos en la calle y llegaban a mi casa llorando por mi sacratísima culpa. Hasta el año 24, cuando también El Tiempo me acogió en sus Lecturas Dominicales, la tempestad no hizo más que arreciar. Un día “el Mono” Lemos Guzmán, con quien hoy me liga amistad y admiración mutuas, se trenzó a puñetes conmigo ante la vista de don Luis Cano, quien sonreía desde el balcón de El Espectador”.

Mi padre cuenta también lo siguiente: “Recuerdo que en aquella ocasión, camino de la Librería Colombiana, al desembocar a la plazuela de Las Nieves, muy campante por estar ‘estrenando libro’, vi que Augusto Ramírez Moreno venía por la carrera octava y al otearme, como a media cuadra de distancia, abrió los brazos y así se vino hasta encontrar mi pobre humanidad y estrecharla fuertemente, diciendo: ‘¡Qué éxito! ¡Qué éxito! ¡La ciudad está paralizada por tu libro! Vengo del Rivière, donde acaba de ocurrir una batalla campal por Suenan timbres’. Yo le repliqué: ‘¿Una batalla? ¿Entonces ello quiere decir que hay quienes defienden a Suenan timbres?’. ‘No, hombre, no’, me aclaró. ‘Lo que pasa es que un grupo dice que tu libro es malo por unos motivos y otros sustentan que es pésimo por otros completamente diferentes. Y como no se pusieran de acuerdo, se armó la de Dios es Cristo y se pusieron de ruana las mesas y los asientos’ ”.

Suenan timbres se gestó entre 1922 y 1926, como un desafío contra un medio hostil, mojigato, acartonado y mezquino. Si alguna vez le faltó ánimo a mi padre (que lo dudo), ahí estaban sus amigos Luis Tejada y Ricardo Rendón para infundirle bravura. Y ese medio Bogotá que había tomado palco para ver cómo masacraban a un jovenzuelo irreverente comenzó a aplaudirlo después del tercer round, porque nada gusta tanto al honorable público como el Chaplin apaleado que se levanta y devuelve los golpes con humor y acrobacia. Cuando mi padre contaba estas cosas en la intimidad del hogar, mi madre ponía cara de tragedia y yo me desternillaba de la risa.

  • ¿Qué otros trabajos consideraba tu papá que merecían ser tenidos en cuenta por los lectores y la crítica?

El público lector no pasó por alto las breves crónicas, los minicuentos, los haikús y las “Islas”, de 1923, de las cuales algunas fueron incluidas en Suenan timbres. Entre los papeles de mi padre hay muchos cuentos breves o fragmentos de ellos, y él siempre decía que le habría gustado publicarlos en un pequeño volumen, aunque casi todos vieron la luz en periódicos de Bogotá o de provincias en la década de 1920.

  • En su libro La minificción en Colombia, el profesor Henry González considera a tu padre como el fundador de este género en el país, y estudia especialmente la colección “Estampillas”. ¿Qué opinas respecto a esta novedosa lectura?

Me parece interesante, una perspectiva digna de considerar. Sin embargo, creo que hay que buscar más en los procesos precursores, formativos, en la embriología del género. Hay algún poema de doña Josefa Acevedo de Gómez que tiene rasgos embrionarios de minificción. Los géneros se van formando inconscientemente en la pluma de múltiples autores, antes de que alguien los presente ya formados. Esta es una idea que me ha sido sugerida por la lectura de la antología de poemas en prosa Párrafos de aire. Creo que las nuevas generaciones de críticos van a sacar cosas valiosas de ese estudio.

  • “Aquel homosexual lo único que toleraba en cuanto al sexo femenino eran las niñas de sus ojos”, escribe tu padre en “Visiones del carajete”, en Suenan timbres. Creemos que uno de sus aportes importantes, como nos lo recuerda Isaías Peña, fue la incorporación del humor y la ironía en la poesía colombiana. ¿Qué opinas tú y qué argumentaba tu padre al respecto? ¿Era un hombre de buen humor en su cotidianidad?

Sí, el humor es el gran aporte de mi padre a la poesía colombiana del siglo xx. El humor, no lo cómico. Sobre esto escribió una crónica genial. Él decía: “Quien no sabe reír no puede ser serio”. Por eso fue tan trágico que el exilio en Chile le matara el buen humor en el hogar, que había sido la delicia de mi infancia. Y por eso, el reencuentro con mi padre después del golpe de Pinochet fue para mí como volver a la vida. Él había recuperado una parte de su talante humorístico. Es verdad que algunas de nuestras diferencias estaban mejor definidas, pero ahora podíamos tratarlas como amigos y compañeros. En los últimos años de su vida, por ejemplo, se volvió más duro y más intolerante con los homosexuales, actitud que yo nunca compartí. Lo digo aquí porque la cita de la pregunta se refiere al tema y no quiero que pase desapercibido.

  • ¿Has traducido al sueco la obra de Luis Vidales? ¿Es conocida en Suecia? ¿Y en general la poesía colombiana?

El gran poeta sueco Lasse Söderberg tradujo el poema “La música” con ocasión de la visita a Estocolmo de Darío Jaramillo Agudelo. Ha prometido enviarme la traducción. Otros aficionados han traducido el soneto “A la libertad”, que está en varios idiomas. Pero nunca se ha hecho una traducción sistemática de Suenan timbres. Entre los poetas y literatos colombianos más conocidos en Suecia están León de Greiff, Álvaro Mutis y, en los años recientes, Juan Manuel Roca. Lo más importante, creo, es que ahora hay traductores de calidad y, más importante aún, que un número creciente de suecos habla y lee literatura en castellano.

  • Se sabe poco del Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, realizado en Calarcá anualmente. ¿Tienen en Estocolmo algún evento especial en el que se conmemore a Luis Vidales o algún otro escritor colombiano?

A mí no me invitan a los encuentros de Calarcá. Cometí el error de reclamar airadamente por el hecho de que hay personas que hacen alarde de poseer en sus “archivos personales” objetos robados de la casa de mi padre durante los últimos meses de su vida. Supongo que tienen el temor de que vaya a Calarcá a decir cuatro verdades al respecto, con nombres y apellidos. Yo no haría eso. Y lamento que no me inviten, porque asisten intelectuales importantes a quienes admiro y leo asiduamente. En Europa se han realizado varios homenajes a mi papá, en Francia, Alemania, Polonia, Suecia, Italia… hace poco hubo un acto muy emotivo en Sevilla. En Estocolmo hemos hecho lo mismo: actos, seminarios y talleres sobre José Asunción Silva, León de Greiff y algunos narradores jóvenes colombianos. Juan Manuel Roca ha estado de visita y le hemos organizado conferencias y recitales en varias ciudades suecas…

  • Continuando con tu periplo, ¿terminaste finalmente medicina? ¿Por qué en Córdoba, Argentina?, tan cerca de Alta Gracia, el lugar donde vivió su infancia el Che Guevara.

Escogí Córdoba porque era fácil el ingreso y para alejarme de la casa paterna. Perón había sido derrocado en 1955 y reinaba la dictadura militar de la Revolución Libertadora. No terminé medicina porque, en el fondo, había empezado esos estudios para complacer a mi padre. La medicina me sedujo, es cierto. Fui ayudante de cátedra en histología, mi materia preferida. Pero más me sedujeron la teoría biológica, la lucha política, la pedagogía y la investigación en historia. Me dediqué a esas tres últimas cosas, conocí casi todas las cárceles de la región –por dentro, claro– y jamás me he arrepentido de haberme jugado la vida por la causa social. En Córdoba viví en pensiones estudiantiles y en alguna de ellas la dueña recordaba al Che Guevara. Fue el período más intenso, más bravo y más aleccionador de mi vida.

  • Unos años después, Salvador Allende te nombra jefe del Servicio de Documentación y Archivo en el Palacio de La Moneda, cargo que desempeñaste hasta enero de 1973. ¿Cómo te marcó el conocer a Salvador Allende?

Yo conocía a Allende desde 1953 y nuestras relaciones fueron siempre de gran amabilidad. Allende era un hombre ejemplar, un político de honradez a toda prueba, franco y sincero y con una inmensa pasión por el futuro de su pueblo. Respetaba de verdad a todos los partidos de la Unidad Popular y jamás intrigó contra ninguno con maniobras egoístas o sectarias. Conocerlo y trabajar con él me marcó para siempre: he tratado a muchos políticos latinoamericanos importantes, pero solamente unos pocos, poquísimos, me inspiran confianza completa como Salvador Allende.

  • “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, dijo Allende…

Sí, por eso, a los 63 años, era más joven que la mayoría de sus contemporáneos.

  • ¿Estabas aquel 11 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile?

Estuve en el Palacio de La Moneda hasta las ocho de la mañana. Salí de allí, antes del cerco de los golpistas, para quemar cinco archivos que tenía en oficinas distribuidas cerca del Palacio, pues contenían miles y miles de direcciones y nombres que no debían caer en manos de los asesinos. Luego, junto con otros compañeros, tuvimos que abrirnos camino a tiros para salir del centro de la ciudad.

  • La palabra “comunismo”, tan debatida y tergiversada, ¿qué importancia adquiere actualmente para Latinoamérica y el mundo?

Ahora se habla tanto del “socialismo del siglo XXI”…, pero nadie lo ha definido y todos parecen estar de acuerdo en que vamos, como dice el tango, arrastrando por este mundo “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”. Pero las palabras no importan. Lo que interesa son los contenidos. Quien se avergüenza de luchar por una sociedad sin clases, sin explotadores ni explotados, una sociedad nueva, de bien común y de trabajo creador común, es simplemente un canalla o un inconsciente. Pónganle a esa sociedad el nombre de “plátano” o de “dulce de leche”, si la palabreja “comunismo” los ruboriza, pero no abandonen el contenido de la lucha. Y reconozcan que bajo el nombre de “comunismo” muchos criminales han cometido actos horrendos, así como bajo el nombre de “libertad” otros criminales vienen cortando cabezas humanas desde la Revolución Francesa hasta hoy. Los nombres no importan. Importan los contenidos.

  • ¿Por qué tu padre, ya de edad avanzada, en 1979, fue encerrado y amarrado durante veinticuatro horas? Acontecimiento que se plasma en el poema “Allanamiento”: “Entraron a mi casa militares / y el alba se vistió de verdeoliva”.

Porque yo era miembro de la dirección nacional del M-19 y esta organización acababa de robarse 7.000 fusiles del Cantón Norte. Alguno de los militantes detenidos y torturados en las razias del ejército confesó que en la organización había un “Vidales, alias Luis”, y el señor general Vega Uribe, asesorado por los caballos de los establos militares, decidió: “Detengan a Luis Vidales”.

  • ¿Cuáles fueron tus siguientes pasos en la década de los setenta? ¿Retornaste a Colombia?

Después del golpe militar en Chile fui repatriado a Colombia –o expulsado, según se mire– y perdí todo lo que tenía. Los organizadores de la revista Alternativa me invitaron a participar en ese proyecto y fui nombrado jefe de redacción. Al mismo tiempo, Jaime Bateman hizo contacto conmigo y, con su enorme simpatía, amplitud y generosidad, me sedujo y quedé reclutado como militante del M-19, que estaba preparando por entonces el operativo de la espada de Bolívar. Trabajé con dos identidades y a veces con tres: dentro del M-19, como miembro de la dirección nacional y encargado de tareas de educación y propaganda; en la vida “legal”, como periodista, historiador y conferencista, y además como miembro de la dirección de Anapo Socialista. Ya tenía la costumbre de no dormir, desde los días agitados de la Unidad Popular de Chile, así que me dediqué a todas esas cosas con buen humor y dedicación. Me fui del M-19 en diciembre de 1979 porque jamás pude aceptar los secuestros, nunca apoyé el asesinato de José Raquel Mercado y siempre estuve en desacuerdo con la aventura del Cantón Norte. En suma, se acumularon las contradicciones y salí del país para no regresar nunca. He mantenido silencio sobre el funcionamiento interno del M-19 por respeto a tantos compañeros que entregaron abnegadamente sus esfuerzos, y hasta su vida, en la honrada creencia de que lo hacían por la construcción de una sociedad justa. No obstante, me resultó imposible compartir lo que me parecían errores de gran calibre.

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Carlos Vidales intentó aprender a tocar guitarra, pero, según sus propias palabras, "mi oído musical es una catástrofe". La foto fue tomada en Córdoba, Argentina, en 1964. © Archivo personal de Carlos Vidales.

 

  • ¿Alcanzaste a tratar a Carlos Pizarro por esas épocas? ¿Cuál es tu opinión sobre dicha figura y su proceso de desmovilización?        

Traté muy de cerca a Carlos Pizarro. Un hombre límpido, claro, puro en sus convicciones revolucionarias. Estuvimos juntos en la escuela del Caguán, que yo dirigí durante tres meses, en las selvas del Caquetá. Tuve con él alguna discrepancia: es común entre revolucionarios que surjan diferencias, entre quienes ponemos en primer lugar el humanismo y quienes ponen en primer lugar las reglas, la disciplina. Pero siempre lo he admirado. De todos los guerrilleros que he conocido en mi vida, y he conocido muchos, él es quien con mayor seriedad y profundidad estudió la teoría de la guerra, su historia y sus leyes. Valoré sus esfuerzos por la paz y la desmovilización, que yo había propuesto seis años antes que él, y él había rechazado entonces. Fue ese un esfuerzo heroico por corregir rumbos. Después de Jaime Bateman, Pizarrro es el jefe más admirable del M-19. Eso, sin negar los méritos y cualidades humanas de otros.

  • Ya no estabas, pero me imagino que también te hubieses opuesto a la toma del Palacio de Justicia. ¿Cómo analizas dicha acción?

Me opuse enérgicamente a la toma del Palacio de Justicia, cuando me enteré de esa aventura irresponsable. Estaba yo en Estocolmo y ya hacía seis años que no pertenecía al M-19. Escribí un artículo muy duro contra esa acción. Artículo publicado en el periódico Macondo, de Lund, al sur de Suecia. Sobre el señor Betancur no vale opinar porque, está claro, es un axioma, el enemigo tiene que ser malo o perverso. Él cumplió con esa regla. Pedir lo contrario sería la negación de las propias convicciones. Los grandes culpables de ese holocausto fueron: la regional de Bogotá del M-19, que inició la tragedia; el ejército, que hizo lo que sabe hacer, masacrar y masacrar; y el señor presidente, defensor del sistema sobre una montaña de cadáveres.

  • Parecerá obvia nuestra pregunta, pero, ¿cómo analizas el proceder de las Farc actualmente? ¿Qué camino toma Colombia con la lucha armada que ya lleva décadas, más de 90.000 desaparecidos y cientos de exiliados?

Brevemente: los secuestros son, en mi opinión, incompatibles con la conducta revolucionaria porque son un crimen contra la humanidad. Las masacres de indígenas, lo mismo. Los reclutamientos forzosos de niños, lo mismo. Mantener “prisioneros de guerra” durante años y décadas, lo mismo. Sembrar los campos de minas antipersonales es un crimen contra la humanidad. Extorsionar a la población civil es un crimen contra las normas de la guerra revolucionaria. Quien hace esas cosas no está actuando como un revolucionario, está actuando como un bandido, un señor de la guerra. Vengo diciendo esto desde hace más de veinte años y la respuesta ha sido una montaña de calumnias, injurias y hasta terrorismo telefónico: durante diez años me han llamado a mi casa, en mitad de la noche, para decirme que me van a “ejecutar”. ¿Es esta la conducta de quienes luchan por la construcción de una “sociedad justa”? Quiero creer que en las Farc existen todavía elementos capaces de recuperar el rumbo revolucionario, pero eso lo dirá la vida, la práctica social. En cuanto al “principio general” de la lucha armada, estoy de acuerdo con la Biblia y con Barack Obama: hay tiempo para la paz y hay tiempo para la guerra, y la historia muestra que las guerras son inevitables. Son parte de nuestra existencia social.

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Durante una estancia en Montevideo, ciudad donde estudió y trabajó por temporadas, entre 1962 y 1963. © Archivo personal de Carlos Vidales.

 

  • “Siempre habrá traficantes; siempre habrá toxicómanos por vicio de forma, por pasión”, dice Antonin Artaud en El ombligo de los limbos… Como historiador, ¿cómo analizas la aparición del narcotráfico en el conflicto armado colombiano?

Ese es un tema de feroz complejidad. Nuestros idolatrados próceres de la Independencia financiaron sus guerras con contrabando, piratería y trata de esclavos. Como historiador, me parece horrible que mis colegas oculten esos hechos. El general Soublette, ya viejo, recordaba que después de la Batalla de Boyacá preguntó por un oficial y le dijeron que estaba bajo consejo de guerra por robar caballos, y comentaba entre risas: “Y a nosotros, ¿quién nos juzga?”. El narcotráfico ha impregnado todos los poros del cuerpo social en Colombia. Y ha habido sectores de la guerrilla que han terminado juntando más dinero para su caja del que pueden gastar en la guerra. Esa ecuación conduce al bandolerismo. Y al lado de quienes le piden al pueblo una contribución para la lucha, hay quienes consideran que es justo extorsionar a la población civil. Maquiavelo sugirió alguna vez que las guerras de los rebeldes contra la tiranía pueden costar muy caro, porque pueden costar los principios y los rebeldes se van volviendo, a su vez, tiranos.

  • ¿Cómo fue tu relación con el ex candidato presidencial Carlos Gaviria, una figura de la izquierda colombiana?

Carlos Gaviria tiene lo que a la mayoría de los políticos colombianos les falta: una honradez a toda prueba. Lo conocí en 2004, cuando un grupo de colombianos lo invitamos a Suecia para escuchar sus planteamientos y propuestas. Éramos “del otro grupo”, del Polo Democrático Independiente, pero queríamos oír al hombre de la izquierda, del “otro grupo”. Lo escuchamos y decidimos impulsar la unidad de los dos “polos” y apoyarlo a él como candidato único del pueblo. Movilizamos la declaración de más de seiscientos intelectuales, creamos grupos de apoyo en Europa, mucha gente aportó su entusiasmo y su esfuerzo. Se constituyó el Polo (PDA) y Gaviria fue nuestro candidato. Y desde el primer día de nuestro encuentro, él y yo somos amigos leales y compartimos opiniones sobre historia, filosofía, poesía, política y ética. Es un hombre admirable.

  • Desde 1980 vives en Suecia, ¿por qué este país? ¿No tuviste dificultad con esa lengua?

Salí de Colombia con papeles falsos y en aquel momento Suecia era el único país que aceptaba mi argumento. Tuve la necesidad de usar una identidad ficticia para salvar mi vida. El idioma fue un poco complicado, porque no tenía ningún contacto previo con lenguas nórdicas y germánicas. Pero el hecho de entender el francés, el italiano y el portugués, y de tener una formación cultural, me ayudó a superar los obstáculos. Llegué a escribir crónicas en sueco para el segundo diario más importante de este país.

  • Por curiosidad, ¿qué opinas de Tomas Tranströmer y qué otros autores consideras que merecían el Nobel?

Tranströmer es un excelente poeta, con una capacidad de síntesis y una agudeza psicológica fenomenales. Yo no creo en los premios, pero sí en calidades literarias. La narrativa del japonés Murakami me parece maravillosa, así como la prosa de Arundhati Roy.

  • ¿Qué aspectos de la poesía sueca te llaman la atención?

La capacidad de decir cosas muy hondas con pocas palabras. Creo que esa es la máxima cualidad de la poesía nórdica.

  • ¿Cómo se vive el ambiente literario en Suecia?

El sueco promedio lee muchísimo, la gente siempre va en los buses y trenes leyendo un libro. Hay infinidad de cursos y cursillos para aprender a escribir novelas, a analizar textos, etc. No existe prácticamente la bohemia que conocemos en los países latinos, pero con frecuencia hay pequeños recitales y encuentros con escritores. También hay más democracia: prácticamente cualquiera puede publicar su pequeño libro de cuentos o de poemas, con ayuda de círculos, asociaciones y clubes.

  • Entrada ya la segunda década del siglo XXI, ¿de qué manera podría expresarse el momento actual del hombre y cuál sería el valor de las obras literarias que se crean en este momento?

Estamos viviendo una época oscura de la humanidad, una época de globalización individualista, de apetitos insaciables y del “todo vale” para una monstruosa concentración del poder en manos de una minoría codiciosa y deshumanizada. Pero una época no es más que eso: una época. Ya vendrá el péndulo en sentido opuesto, por reacción y por acumulación de contradicciones. Decimos que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Veremos si el cuerpo de la humanidad resiste este cáncer y logra vencerlo, o si está condenado a perecer. La literatura de esta época, aunque no se lo proponga, no puede evitar reflejar esta angustia de sentirse “al borde del abismo”. Hay que tener presente que hoy la literatura no existe por sí sola: existe junto con el cine, la televisión, internet, las redes sociales, el mestizaje global de los grandes idiomas, etc. Ella es al mismo tiempo señora y sierva de todos los otros modos de comunicación. Esa es la gran revolución de nuestra época, que prepara y precede a la revolución social global.

  • William Wordsworth en su oda “Intimations of Inmortality from Recollections of Early Childhood” nos habla de los bellos recuerdos de la infancia que se van diluyendo, al entrar a la vida adulta, por otros más amargos. ¿Carlos Vidales, el adulto, cómo ve a Carlos, el niño de aquella época?

 Yo fui un niño feliz hasta los ocho años y muy infeliz entre los ocho y los quince. Mantengo vivas, por eso, muchas de mis ilusiones, dudas y vacilaciones no resueltas de la adolescencia. A veces preferiría hablar de otro asunto: ¿cómo veía el niño Carlos Vidales su futuro como adulto? Me gustaba pensar que en el año 2000 tendría 61 años, que estaría vivo y que pensaría esto o aquello, y actuaría de esta o de esta otra manera. Hoy, a los 73 años, me complace constatar que no me equivoqué en las cosas esenciales. Nunca me vi como empresario, hombre de negocios, empleador, capitalista, terrateniente, burgués. Creo que ese niño que fui tenía algunas ideas fundamentales bastante claras.

 

* http://elmalpensante.com/articulo/3043/las_multiples_vidas_de_2_vidales


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7 noviembre 2014 5 07 /11 /noviembre /2014 14:19

ESPADA

Haciendo memoria y rindiendo homenaje a las mujeres y a los hombres que siguen siendo ejemplo para la historia   

 

 

Operacion Antonio Nariño por los Derechos del Hombre

Noviembre 6 de 1985

 

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Compañia

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Que esta demanda sea el grito de los sacrificados y el resplandor de una nueva vida

 

No se  pueden  olvidar a esos hombres y a esas mujeres que con la esperanza de una Patria Nueva, se tomaron el 6 de noviembre de 1985 la Corte Suprema de Justicia para enjuiciar desde allí a un gobierno inepto y traidor.

Desde todos los rincones del país se levanta hoy la dignidad  de la patria con su sangre derramada dictando una sentencia  irrevocable de condena a las decadentes, corruptas y perversas instituciones de una oligarquía que no mereció llamarse colombiana.

En la corte quedó  sangre colombiana que prefirió la dignidad del combate desigual a la rendición humillante

La sangre de los magistrados asesinados por las fuerzas armadas de la oligarquía, será acusación permanente contra una clase política cobarde,  asesina y demencial, que hizo del abuso del poder la razón de su existencia.

Los hipócritas lamentos de Betancur por su macabro genocidio fueron   voces que le abrieron su sepultura política. El verdugo de Santa Bárbara sigue escondido en su cobardía: siempre le cubrirá el repudio universal de los oprimidos.

 

¡NUNCA MAS!

El Odio y la Venganza llevaron al Ejército de la antipatria a la destrucción del Palacio de Justicia 

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Todo lo quemaron

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Todo lo arrasaron

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Todo lo lavaron

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El propósito fue ocultar los hechos

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Ocultar sus crímenes

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Con burdos montajes

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El camión testigo silencioso

29 años despues....el rostro de la verdad va asomando lentamente, se va rompiendo el pacto de estado por la impunidad.

 

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Por nuestro muertos, por nuestros desaparecidos:

Ni un minuto de Silencio

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6 noviembre 2014 4 06 /11 /noviembre /2014 14:52

 

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5 noviembre 2014 3 05 /11 /noviembre /2014 21:45

    POR LA VERDAD: Mando Central del M-19


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5 noviembre 2014 3 05 /11 /noviembre /2014 11:51

 

"El miércoles 6 de noviembre de 1985 a las 11:30 am., 35 oficiales de la Compañía Iván Marino Ospina del M-19, en cumplimiento de la Operación Antonio Nariño por los derechos del hombre se tomaron las instalaciones del Palacio de Justicia en la Plaza de Bolívar en Bogotá. Se trataba de entablar un juicio al presidente Belisario Betancur por su «incumplimiento de las promesas de paz y traición a los acuerdos suscritos hace un año». "


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"Los abajo firmantes somos ciudadanos colombianos e integramos el Estado Mayor de la compañía Iván Marino Ospina del Movimiento 19 de Abril, M 19. Estamos aquí como expresión de patria y de mayorías para convocar a un Juicio público contra el gobierno del presidente Belisario Betancur. Lo acusamos de traición a la voluntad nacional de forjar la paz por el camino de la participación ciudadana y la negociación, al que se comprometiera mediante el acuerdo de cese del fuego y Diálogo Nacional, el 24 de agosto de 1984"  

 

8 6


"Por tanto, estamos convocando al pueblo, a la nación entera, como fuente del poder jurisdiccional, a constituirse como tribunal supremo que habrá de enjuiciar la traición a los anhelos de paz y concordia nacional de las mayorías en Colombia"


1Y2

"Que la Honorable Corte Suprema de Justicia asuma el conocimiento y se pronuncie sobre la constitucionalidad del acuerdo del cese del fuego y Diálogo Nacional suscrito en Corinto, El Hobo Y Medellin el 24 de agosto de 1.984"

3Y4

"Que sobre este convenio por el restablecimiento del orden público, entre el gobierno de Colombia y los movimientos populares alzados en armas (sui géneris en el derecho público interno, pero con antecedentes en nuestra historia con los pactos de Wisconsin. Neerlandia y Benidorm), la Corte Suprema de Justicia y el Honorable Consejo de Estado asuman el conocimiento sobre el cumplimiento que hicieron las partes, en el desarrollo y ejecución de los mismos, por encontrar la paz en su dimensión más pública y más humana: la justicia social y la democracia política".

5Y6

"Que en ejercicio del mandato constitucional que establece la colaboración de los poderes públicos para la realización de los fines del Estado -y teniendo en cuenta que la paz, la concordia y la convivencia nacional son, entre otros, tales fines- el poder jurisdiccional encare de manera protagónica la búsqueda de una solución política negociada en Colombia, a los agudos antagonismos del presente. Sobre todo cuando el Gobierno, y el Congreso de la República han dado muestras de negligencia agravada, mala fe, y han traicionado un empeño colectivo de la comunidad patria del cual resultaron inferiores"

7Y8

"Para formular nuestras pretensiones, como señalamos antes, el derecho que invocamos es el que consagra la Constitución Nacional, a todo ciudadano, de presentar peticiones a las autoridades y obtener de ellas pronta resolución (Art.45. CN.)"

9Y10

 

 "¿Cuáles hubieran sido las consecuencias para el destino nacional de haberse incumplido por los compromisarios y antagonistas el acuerdo de Wisconsin, con el cual se puso fin a la Guerra de los Mil Días? ¿Cuáles, si se hubieran traicionado los pactos de Sietges y Benidorm que finalizaron la guerra entre liberales y conservadores y dieron origen al acuerdo del Frente Nacional? ¿Acaso la solución política contenida en estos últimos no fue consagrada institucionalmente, más tarde, por el mecanismo del Plebiscito deI 57, no previsto ni consagrado en la Constitución?"

11Y12

"¿Por qué no aceptar hoy la constitucionalidad del acuerdo de cese del fuego y Diálogo Nacional pactado para "estudiar y sentar las bases de las reformas de carácter político, económico y social que necesita el país y anhelo el pueblo colombiano", según reza el texto, la intención y objetivos del convenio en mención?"

13Y14

"¿Por qué no asumir el rango institucional de los acuerdos de la esperanza y la rendición, de agosto de 1984, si sus objetivos procuran la concordia basada en la justicia social que es de los fines sustanciales del Estado y sus instituciones?"

15Y16

"Hoy los antagonistas de esa minoría somos pueblo, la patria viva, las fuerzas del cambio, sin ningún nexo o compromiso de poder con los partidos Liberal y Conservador, ni con los privilegios de las oligarquías económicas de las que aquéllos son razón de ser y razón social"

17Y18

"Así pues, el rango institucional del acuerdo del cese del fuego y Diálogo Nacional está dado por su condición de instrumento jurídico-político, con antecedentes en nuestra historia, para realizar los altos fines del Estado por razones de conveniencia nacional"

19Y20

La facultad que tiene la Corte para intervenir sobre la actuación jurídica del ejecutivo es tan amplia, que el Art. 214 de la Constitución autoriza a cualquier ciudadano para que comparezca ante ella a impugnar o defender la legislación proferida por el ejecutivo en base a las facultades del Art. 121.

21Y22

Asistimos, pues, a una decisión gubernamental de inexorables consecuencias jurídicas y políticas que dio paso a un convenio de orden público, sui generis, con el cual se aspiraba a transformar las causas objetivas y subjetivas que han dado origen a la guerra interna.

23Y24

 

       "Si la creación y aprobación presidencial a este convenio de orden público tiene origen en las facultades extraordinarias del estado de sitio, éstas dan también sentido y razón a la facultad que tiene la Honorable Corte de juzgar la actuación legislativo del Presidente durante la vigencia del estado de excepción. Y si el convenio de orden público es una actuación legislativa de excepción del Presidente, la Honorable Corte es competente para conocer de dicho acuerdo"  

25y26

"No es sólo nuestra opinión: el país ha sido víctima de la ausencia de cualquier política para el rescate y la redención social de los oprimidos"

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Nuestra tercera pretensión está formulada con vista al futuro, encarnado hoy en las mayorías que abrazan la fe y la esperanza en la vida nueva y en la dignidad del hombre; encarnado hoy en el ejército de esas mayorías, un ejército nacional y bolivariano en el que se forja una nueva ética y una nueva moral; un ejército que jamás renunciará a la búsqueda de la paz, la verdadera paz: la de mayorías a las cuales se garantice la dignidad, la justicia, la libre participación política y la soberanía.

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3 noviembre 2014 1 03 /11 /noviembre /2014 16:51

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3 noviembre 2014 1 03 /11 /noviembre /2014 16:39

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A LA OPINION PÚBLICA NACIONAL

El 21 de mayo, el Movimiento 19 de Abril, convoco de nuevo a la nación para exigir, aquí y ahora, el comienzo de la Paz, porque para las grandes mayorías ella sigue siendo un anhelo y una urgencia.

Esta convocatoria enfrentaba a la cobardía, a la doble moral y a la indecisión de quienes con nombre propio señalaba como los obstáculos para el inicio de la Paz.

La respuesta, artera y cobarde, no demoró 28 horas. Cumpliendo órdenes del Alto Mando Militar, un comando mercenario atentó contra la vida de las caras valientes, decididas de la Paz, como voluntad empeñada y empuñada. Antonio Navarro, voz alta y clara de una fuerza y un país y, otros cuatro dirigentes de la promesa que sí será cumplida, fueron las víctimas de unas Fuerzas Armadas envenenadas en el odio contra su propia patria.

EL GOBIERNO TIENE QUE DAR LA CARA. Tiene que responder. Tiene que garantizar que esos hombres salgan vivos y sanos de  ese hospital. Tiene que oír a los compañeros que desde La sede de la Cruz Roja en Bogotá, le están exigiendo que le ponga la cara a su pueblo. Ya no hay derecho al silencio, ni mucho menos a esconderse en el discurso de las buenas intenciones.

El Procurador General de la nación tampoco puede ampararse en las generalidades ni esconderse en los diagnósticos ya trillados, en donde se ahoga la decisión de hacer.

El Ministro de Gobierno tiene que ir a Cali. El país no va a aceptar su burla de seguir hablando en el Congreso Nacional de  Indulto cuando la fuerza de la dignidad y la democracia es allanada en los campamentos de construcción, y siembra de la Paz con que hemos poblado este país; y cuando con el terror y la muerte se pretende doblegar a los rebeldes que son anuncio vivo de la  patria nueva.

Los colegas de Antonio Navarro en la Comisión de Paz y en la - Comisión de Diálogo Nacional que aplazaron la instalación del Comité de Diálogo para el Valle, Cauca y Nariño, no pueden seguir aplazando su presencia de compromiso obligatorio en la lealtad con la Paz.

La Comisión de Paz no puede abandonar una vez más a Navarro porque en estos momentos cualquier indecisión no será perdonada por la historia.

Doctor John Agudelo Ríos: el país quiere oírlo en una definición valiente, enérgica, capaz de contribuir al remezón que la Paz necesita para ser posible. Su silencio hoy no le sirve al proceso. El M-19 no va a quedar solo en la voluntad de conquistar la Paz, porque la Paz hoy, como siempre, no es la simple continuación de la tregua. Hoy la Paz sigue siendo la necesidad inaplazable de  convertir el anhelo del pueblo en mandato, de convertir a decisión de democracia en gobierno. Un gobierno que no sea la equidad de la burocracia, sino encarnación de la justicia. El gobierno que haga los cambios que hay que hacer hoy, que sean el real comienzo de la Paz.

Contra esta propuesta de Paz real se dirige una decisión de aniquilamiento militar. Contra nuestras fuerzas, contra nuestros hombres, contra todos los que no aceptan la encerrona en que se quiere poner a la Paz.

Es por ello que el ejército de Vega Uribe y Molano pretende esconder su verdadero nombre en una supuesta disidencia de nuestro Movimiento. Esto es indigno y canallezco. La nación entera sabe que nuestra razón social es por completo ajena al ataque a  un bus de las Fuerzas Armadas. Este hecho nos sorprendió tanto como a todos los colombianos y la certeza de nuestra integridad moral tiene su alto testimonio en la actitud desprevenida y  abierta de quienes como Antonio Navarro estaban cumpliendo con la Paz.

La voluntad engatillada de un Alto Mando Militar siempre ha buscado sabotear este proceso: cuando asesinó a Toledo y  emboscó a los comisionados de Paz en San Francisco antes de  la firma, en el momento de la firma al atentar contra Carlos Pizarro, y después de la firma en el hostigamiento permanente en San Pedro, Yarumales, Los Robes, Pradera, La Magdalena, sin mencionar los hostigamientos contra el EPL y las FARC.

Hoy, ante la convocatoria activa y positiva de este proceso, el Alto Mando Militar prefiere continuar en el cómodo y sucio papel de verdugo de la Paz y, haciendo gala de un cinismo  Ilimitado quiere presentarse como víctima de la “excesiva” tolerancia.

Señor Presidente: Comenzar la Paz ya no es posible sobre el remiendo sistemático de una tregua permanentemente violada y asediada. La Paz hoy necesita un gobierno con voluntad política de cambio, con unas armas de verdad al servicio y en defensa de la Paz, con un gabinete de Paz, con unos partidos comprometidos con la salud de la República.

Porque este pueblo ha decidido que es hora de construir este gobierno, porque está la fuerza de un país, la juventud y la moral de un país que empeño su voluntad de democracia con nosotros para que la Paz sea aquí y ahora!!!

 

Bogotá mayo 24 de 1. 985

 POR EL MANDO CENTRAL DEL M-19

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Bogotá mayo 24 de 1. 985

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Presentación

  • : El blog de Oiga Hermano, hermana
  • : La historia de Colombia ha sido la del desencuentro entre compatriotas, la del saqueo de las riquezas y la usurpación del poder por parte de la oligarquía. Esto nos ha llevado a vivir en medio de la violencia y la carencia de bienestar para las mayorías... Nos proponemos cambiar profundamente esta realidad. Destacados hombres y mujeres del M-19, junto a vigorosos movimientos sociales han luchado y siguen luchando por conseguir una sociedad justa, democrática y en Paz.
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CONVOCATORIAS

 

NUESTRO CORAZÓN NO DEJA DE LATIR POR COLOMBIA  

 

MEMORIA

 

“El olvido no es victoria

sobre el mal ni sobre nada

y si es la forma velada

de burlarse de la historia,

para eso está la memoria

que se abre de par en par

en busca de algún lugar

que devuelva lo perdido…”

Mario Benedetti

SIEMPRE PRESENTES

 

 

 

"Nosotros morimos tres veces, la primera en nuestra carne, la segunda en el corazón de aquellos que han sobrevivido, y la tercera en la memoria, la cual es la última tumba."

Rosa Epinayu

 

 

 

 

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