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4 mayo 2014 7 04 /05 /mayo /2014 15:35

 

B69

 

Interpretamos al pueblo cuando recuperamos la espada de Bolívar…Ella constituye un símbolo que vale más de cien mil fusiles. Por eso nuestra primera acción consistió en ponerla en manos del pueblo que lucha por la libertad de su patria.

Jaime Bateman.

espada

 

En la foto, se observan la espada, los espolines y estribos que pertenecieron a Simón Bolívar y que el M-19 recupero  en la Quinta del Libertador.(Febrero de 1974)

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27 abril 2014 7 27 /04 /abril /2014 21:43

 *Ayala Diago, César Augusto (2006) El populismo atrapado, la memoria y el miedo: el caso de las elecciones de 1970. La Carreta Editores. Universidad Nacional de Colombia, Medellín. - See more at: http://www.bdigital.unal.edu.co/cgi/export

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cenefa-rep-01

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25 abril 2014 5 25 /04 /abril /2014 23:00

NO CUMPLIOLa vida NO

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25 abril 2014 5 25 /04 /abril /2014 07:48

3rosas

Sin-titulo.jpg

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24 abril 2014 4 24 /04 /abril /2014 11:54

Unidad.jpg

*

Revista Alternativa #124 (Julio 25/Agosto1/1977)

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22 abril 2014 2 22 /04 /abril /2014 23:00

¿Y AHORA QUÉ?

cenefa-rep-01  Por JOSE YAMEL RIAÑO 22/04/2014

    JYRDespués de todo lo que ha pasado en política, es difícil hacer una lectura bien cercana a la realidad de la región y la nación. Pero podemos hacerlo por partes: Empecemos por nosotros, afirmando que como colectivo en la región nos hemos equivocado mucho pero humanos somos. Ahora, lo grave es que “Si por aquí llueve por Bogotá no escampa”. La lectura que hace la opinión pública, es de desconcierto generalizado.

Veamos lo más significativo, -aunque no necesariamente lo más importante- ¿Cómo así que La Alianza Verde solo saca cinco (5) senadores en todo el país después de la Alianza de Verdes y Progresistas? ¿Cómo es que los Progresistas del Valle del Cauca adelantan una campaña con candidato propio, con muy buena hoja de vida, buen patrocinio y nos dejamos ganar por una señora que el departamento, incluida su capital, no la conoce? Podemos decir; en política, como en casi todo, se gana y/o se pierde, y “no vamos a llorar sobre la leche derramada”. Lo malo es que esa señora, que no conozco, nos gana las elecciones a nombre de un colectivo que si nos representa, pero aun así hoy todavía no la abordamos y seriamente la escuchamos para poder proponerle acciones y exponerle cuáles son nuestras expectativas políticas en el departamento y la región. Pero además, tampoco lo hemos hecho con  el senador electo Jorge Iván Ospina. Parece un mensaje  claro: “Esa curul es de ustedes y nos podemos ver en cuatro años”. Será que si?

Otra peor; Parece que el fenómeno Petro se diera en otro país, por allá donde solo nos informamos de ello a través de los medios de comunicación. Y eso; Viene el ex Alcalde satisfecho con lo de Barranquilla, -que dicen fue apoteósico- Cali le hace una manifestación que llena la Plazuela de la Gobernación –Que hoy no lo hace nadie en este país- y no convocamos a la gente para que sigamos haciendo política. ¿Qué nos pasa señores, se nos olvidó el oficio o qué? Botamos corriente todo el día pero no hacemos uso de la moderna tecnología para mantenernos informados –con valiosas excepciones-, menos para convocar a la política.

Pero miremos esto: a nosotros nos está pasando esto con una curul en Cámara, pero en Bogotá nos estamos jugando  la Presidencia de la República, e igual, no le damos salida a una candidatura presidencial necesaria. El señor Peñalosa, gústenos o no, nos ha ganado en las primeras de cambio y tenemos que aceptarlo si es que queremos ganar, y solo lo haremos en la medida que diseñemos una política que acepte a Peñalosa como lo que es; un hombre muy práctico, que no roba y es amigo de Uribe. Es un hombre de Centro-derecha, pero nos ganó con nuestras propias reglas. Y si no, lo ganamos para la Alianza, él –Uribe- se lo puede ganar y ellos unidos nos derrotan. Pero es más, no tenemos claro ni como neutralizarlo. Y, recordémoslo: es formal y legalmente nuestro representante.

Podemos, en aras de la discusión, avanzar mucho con Petro, en el muy probable caso que se quite de encima la destitución y las inhabilidades, o solo las últimas. Tengamos en cuenta que en un territorio derechizado como el nuestro es muy difícil que la llamada izquierda le gane a la derecha sin apoyo del centro. Por eso necesitamos dejar el purismo y aceptar que, por ahora, una alianza con sectores afines, -consecuentes con las necesidades de nuestro pueblo-. No se ve. En el entendido de que una alianza no es una fusión; se puede negociar. Lo importante es producir los hechos que eleven la calidad de vida de los ciudadanos, y ello, como lo ha demostrado Petro, se logra ganando el poder; pues debemos trabajar en función de ello y desde ya. Ya hemos demostrado que si se puede. Ahí está Petro, lo que tenemos es que aprendernos la lección: Lo difícil no es ganar; sino mantener y consolidar lo ganado.

La pregunta hoy es: ¿Cuál será el discurso de fondo? Creo; sin pensarlo dos veces, que será aquel que interprete mejor a la gente, al hombre de la calle, a los líderes de los movimientos sociales modernos, a aquellos que no se hayan contaminado de corrupción. Si se quiere, a la muchedumbre, a aquellos que escuchan el llamado de su líder, sin miedo a que nos digan “caudillistas” o “populistas” o que no somos de “izquierda”. A aquellos que desde la mesa del café dictan cátedra política, de esos, podemos ser amigos pero hasta ahí.-

La otra parte que me gustaría compartirles –aunque no es nuevo- es la importancia de la organización en estos procesos. Alguna vez escuché a Jaime Bateman hablar al respecto y decía más o menos: “Es que el principal instrumento de nuestra lucha es la organización. Es por eso que hay que saberla construir. No podemos, hacer organización vertical para la lucha política, lo que debemos es organizar a la gente para la movilización. Compañeros: -proseguía-, debemos tener claro que Es la política la que usa y le impone las tareas tácticas y estratégicas a la organización de acuerdo al momento que llamamos coyuntura. Una buena conducción sabe que van a tratar de liquidarla -y muchas veces lo logran-, pero si hay una buena propuesta política ella la reconstruye rápidamente. Por eso debemos tener reservas y políticas de conservación y formación de cuadros”.

De este discurso queda la sensación de que nos hemos venido equivocando cuando privilegiamos la organización a la propuesta, sobre todo cuando creemos que la organización es la conformación de una dirección. Desafortunadamente es lo que hemos hecho y por eso, ni dirección tenemos. 

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22 abril 2014 2 22 /04 /abril /2014 13:37
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20 abril 2014 7 20 /04 /abril /2014 23:00

 

    CCI05042014 00002SERIE DOCUMENTOS[1]

 

 LOS ENTRETELONES DE LAS NEGOCIACIONES

 

ENTREVISTA A ANTONIO NAVARRO

  SEGUNDO COMANDANTE DEL M-19  

 

POR MARTA HARNECKER

  22 DE MARZO DE 1989  


[1]  Editorial Oriental del Uruguay S.A. de C.V. Cafetal 366, Col. Granjas México

México, D.F.        

IV. LOS ASESINATOS POLITICOS: LA PRINCIPAL TRABA PARA AVANZAR

 

-.Qué ocurrió en esa reunión de México? ¿Se aborda el tema de los asesinatos políticos?, porque en esos días habían ocurrido varios...

-En esa reunión nosotros analizamos las dificultades que estaba enfrentando la convocatoria. El proceso no era creíble para mucha gente, substancialmente por dos razones: primero, por esto de los asesinatos políticos y segundo, por no haber conseguido todavía la participación de todas las fuerzas de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. Éramos conscientes de que teníamos que resolver ese par de problemas para que la convocatoria surtiera todo el efecto que estábamos buscando.

Cuando estábamos analizando ese tema en la reunión, porque, como dices, había habido varios durante esa semana, entre ellos el de Teófilo Forero, un alto miembro de la dirección del Partido Comunista, se produjo el atentado donde murió José Antequera otro miembro de la máxima dirección del PC y de la UP, y donde fue herido Ernesto Samper, dirigente liberal. Esto determinó que se interrumpiera la reunión y solo pudiésemos volver a sentarnos a la mesa 24 horas después, a conversar precisamente sobre eso. Nos dábamos cuenta de que si no resolvíamos el problema paramilitar no íbamos a ninguna parte. Y eso fue recogido por el comunicado. Este dice que se debe reunir la mesa de trabajo, que ya estaba convocada desde antes, para que de manera decidida "le dé la mayor prioridad al tema de los asesinatos políticos que hoy se constituye en la principal limitación de la democracia colombiana, y en la principal limitación de la posibilidad de avanzar eficazmente en el proceso de solución política."

-Pero el haber logrado poner en el centro del debate la cuestión de los asesinatos políticos es un logro muy grande para ustedes pues recoge el sentir nacional y pone al gobierno entre la espada y la pared ¿no es así?

-Así es. Ya no se puede centrar la propaganda en la desmovilización del M-19 en abstracto, como lo hicieron luego de las anteriores reuniones en forma amañada, ahora, el gobierno y el M-19 conjuntamente han declarado que los asesinatos políticos son la principal limitación, no sólo del proceso de reconciliación o de solución política, sino de la democracia colombiana, y la resolución de ese problema está en sus manos y no en las nuestras. Así lo entiende tanto la opinión nacional como internacional.

Eso se vio en las ruedas de prensa que se hicieron en México con motivo de la reunión. Toda la prensa les decía: ¿cómo diablos quieren ustedes hacer un proceso de solución política que vaya hacia la desmovilización de la guerrilla cuando están matando a los que ni siquiera son guerrilleros, a los que son políticos legales? ¿Qué garantía le van a dar ustedes a esta gente que supuestamente se va a desmovilizar...? Y se lo preguntaba la prensa norteamericana, europea, la mexicana y latinoamericana que estaba ahí...

-Y qué respondían los representantes del gobierno...?

-Vamos a tomar medidas, vamos a darles protección, vamos a hacer cosas que cambien esta situación... Ellos están como tú dices, entre la espada y la pared.

-¿Ustedes plantearon algunas sugerencias para ir eliminando los asesinatos políticos?

-Claro, nosotros por supuesto planteamos una serie de medidas jurídicas y políticas. Nosotros creemos que hay una serie de leyes que amparan el ejercicio de los grupos paramilitares. Hay un estatuto de seguridad que el gobierno llama de "defensa de la democracia" para que aparezca como una cosa buena cuando es lo contrario, no es de defensa sino de agresión a la democracia. Nosotros planteamos la derogatoria de ese estatuto, que fue expedido en 1988. Planteamos además la derogatoria de otros decretos expedidos antes, en los cuales, por ejemplo, se permite la organización por parte del ejército de grupos de autodefensa, a los que se les otorga salvoconductos para usar armas de guerra. Hay cerca de 5 mil fusiles repartidos en este país con salvoconducto. Es decir, existe una serie de leyes que ayudan a amparar jurídicamente a los grupos paramilitares. Planteamos su derogatoria como una medida de aplicación extraordinaria. Asimismo planteamos una serie de medidas políticas.

Pero además, consideramos que es necesario encontrar, juzgar y condenar a los culpables. Hay una evidencia muy grande sobre muchos de los juicios que se han hecho en diferentes partes, que involucra a unos culpables determinados: oficiales de las fuerzas armadas, con nombre y apellido. Esa gente tiene que ser enjuiciada inmediatamente y tiene que ser destituida. No podemos seguir diciendo que esas son cosas incontrolables. El estado tiene suficientes herramientas jurídicas y suficiente información como para tomar medidas concretas.

-Leí que el gobierno había condenando a un extraditado que está en Estados Unidos. ¿No es esa una forma de burlar el objetivo que ustedes plantean?

-Reconocemos que la respuesta no ha sido como debería ser, realmente nosotros no estamos satisfechos con lo que el gobierno ha hecho: destituyó hace una semana a 16 oficiales del ejército y de la policía comprometidos con diferentes matanzas y con pruebas jurídicas, pero eso no es suficiente. No es esa la respuesta que el pueblo espera.

Ahora me parece importante señalar que esto no puede ser considerado un ataque a las fuerzas armadas como cuerpo, como estructura, como globalidad. Nosotros no pensamos que todas las fuerzas armadas estén comprometidas con estos asesinatos políticos...

-¿Habría entonces, según ustedes, sectores de las fuerzas armadas que estarían en contra de los asesinatos...?

-Hay sectores que son neutros, que no tienen nada que ver, que no forman parte de esa estructura. Y hay algunos que están en contra, que creen que eso daña la imagen del ejército. Pero, por supuesto, hay otros grupos que sí están comprometidos con todo este proceso y lo ven como un mecanismo de la guerra contrainsurgente, porque eso es lo que les han enseñado y metido en la cabeza.

Hay que lograr que esa gente salga de las fuerzas armadas, porque, evidentemente, no solamente dañan su prestigio, sino que están yendo en contra de la voluntad nacional mayoritaria que anhela que haya democracia, que se respete a la persona humana, que se pueda lograr la solución política. Ellos son parte de los enemigos de la democracia en este momento, y están aliados con sectores civiles, porque en esto no participan sólo militares, sino sectores de la oligarquía que pretenden ganar la guerra al costo que sea, al costo de matar a quien haya que matar.

-Ustedes tienen identificados a esos sectores de la oligarquía que están por la guerra a muerte?

-Hay sectores regionales que identificamos con nombre y apellido. Pero más importante ahora es emplazar a la alta cúpula de la oligarquía económica de este país para que se pronuncie sobre esto. Nosotros no decimos que sean culpables o inocentes, decimos que no se han expresado. Los hombres más ricos del país como Julio Santo Domingo, Carlos Ardila Lule, el grupo cafetero, los cañeros del Valle, el grupo Sudamericana de Medellín, no se han expresado. Ahora es el momento propicio para que dejen en claro su posición: están o no a favor de los asesinatos políticos.

-El M-19 está exigiendo que los oligarcas se pronuncien...

-Les decimos: pronúnciense. Digan si están de acuerdo o no con parar la guerra sucia, si están de acuerdo o no con una solución política. El pueblo debe saberlo. Han querido meternos el cuento, no sólo a los colombianos, sino a la opinión mundial, de que son los narcotraficantes los culpables de toda la cosa paramilitar. Pero aunque sí hay participación de estos sectores, no se puede pensar que los exportadores de cocaína tengan la coherencia como para tomar la determinación política de aniquilar a la izquierda y a las fuerzas populares y democráticas. En este asunto están metidos sectores de la oligarquía, sectores de las fuerzas armadas y también algunos individuos que están en la cosa del narcotráfico. Ese es el enemigo inmediato del actual proceso... Claro, hay otros que son pasivos frente a esto y que, de alguna manera, son cómplices por omisión. Pero por ahora no nos interesa pelear con ellos. Nos interesa pelear precisamente con los que están actuando claramente. Hay grupos identificados, por ejemplo, en Bogotá, hay industriales, comerciantes, sectores oligárquicos, que han constituido un grupo fascista, que se reúne con el nombre de "Grupo de los 88", y dice: "tenemos que acabar aquí con todo el mundo, vamos a ganarle la guerra a todos estos subversivos". Y grupos como ese le están sirviendo de sustento financiero, ideológico, y político, a los actores de este proceso. Están además usando el sentimiento anticomunista del ejército para comprometerlo con estas matanzas. Pero esto tampoco es nacionalmente homogéneo. Hay regiones donde la inteligencia y los mandos del ejército están mucho más comprometidos que en otras. Hay zonas donde no hay actividad paramilitar y hay áreas donde hay generales comprometidos en ella. Por eso no creemos que sea lógico, sano ni conveniente generalizar y atacar a todo el ejército, o a todas las fuerzas de seguridad, porque eso lo que hace es fortalecer el espíritu de cuerpo de esas instituciones y no ayuda a la solución del problema.

-Ustedes piensan entonces que todos los asesinatos de estos años, hán creado un estado de ánimo en Colombia más favorable a buscar una solución política a la guerra que en la época de Betancur...?

-Sí y no... Como todas las cosas, es algo contradictorio. Yo sí creo que ahora hay más gente decidida a buscar una solución política, pero también hay gente, tal vez la misma o un poco más que entonces, decidida a impedirla, porque hay más polarización en el país.

Entonces, usted ve en la prensa oligárquica reflejadas estas contradicciones en las líneas editoriales de los diferentes periódicos y en los escritores más importantes. Hay un tal Apuleyo Mendoza, que era un hombre progresista en alguna época y que este momento es el vocero más duro y más rabioso de toda la línea fascista; "no hay peor cuña que la del mismo palo", dicen por ahí... Este personaje dice: "no, no, no, cuidado con babosear otra vez..., cuidado, cuidado con eso, que van a ganar estos comunistas, van a ganar estos insurgentes, van a ganar estos subversivos. Lo que hay que hacer es la guerra." Mientras tanto muchos otros del mismo periódico plantean: "no, no, no, hay que ver si buscamos una solución política, porque se nos está desbordando todo el fenómeno paramilitar, está saliéndose de cauce, ya no se le puede controlar.

Yo pienso que hoy hay un sector de la clase dirigente más dispuesto a pagar los costos de una solución política que hace 4 años. Y usted lo ve en el compromiso que se ha logrado con los jefes políticos. Mire que en este proceso de negociar una solución política están comprometidos Turbay, jefe del Partido Liberal; Pastrana, jefe del Partido Conservador; también, por supuesto, Barco, jefe del gobierno, y el general Guerrero Paz, jefe de las fuerzas armadas y ministro de defensa, así lo han expresado públicamente. Si usted se pone a ver los más altos jerarcas de la política oligárquica están comprometidos con el proceso de negociación. Si va a ser en serio o no, eso lo veremos.

-¿En la época de Betancur esa gente no estaba en esa disposición?

-No. Estaba el presidente y una serie de comisionados de buena voluntad, pero no había un compromiso del Partido Liberal o del Partido Conservador, y menos de las fuerzas armadas. El Partido Conservador, que era el partido de gobierno, decía: nosotros hacemos lo que el presidente diga, pero no opinaban, no impulsaban, no se comprometían. Y el Partido Liberal, menos. O sea, no había ningún tipo de complemento institucional como el que hay hoy. Esta correlación de fuerzas en el seno de la oligarquía es uno de los elementos que nos lleva a tomar la decisión de meternos en la búsqueda de este proceso de distensión y de solución política, aunque no es la única razón.

-He oído decir que no tiene ningún sentido conversar con el gobierno porque Barco no dirige nada; porque decida lo que decida, sigue la guerra sucia...

-Bueno, eso está por verse. Si Barco no puede parar la guerra sucia, ¿qué ocurriría con toda nuestra gestión?, ¿ganaríamos o perderíamos? Yo pienso que nosotros ganamos de todas maneras. Si no funciona, nosotros ganamos porque hicimos un esfuerzo serio y reconocido por la paz que quiere la mayoría del país y si eso no se logró, no fue por culpa nuestra. Y eso es absolutamente claro. Nos quedaríamos con la bandera de la paz y si nos tenemos que enfrentar a una situación de guerra, lo haríamos con mucha más legitimidad que hoy. Claro, preferimos que el proceso funcione, que pare la guerra sucia y que avancemos hacia la democracia plena. Queremos de verdad-verdad la paz.

-¿Tú crees que todavía hoy no se ha legitimado suficientemente la guerra popular, el proceso de Tregua y Diálogo no sirvió ya para eso?

-Por un lado, la guerra popular está parcialmente legitimada. Hay un sector de la población colombiana que la entiende y la acepta como el único camino que está abierto; pero otro sector, aún mayoritario, no piensa lo mismo. Además, siendo la guerra lo que es, terrible y dolorosa, si es necesario hacerla, esta debe legitimarse permanentemente. No podemos plantear que un certificado de legitimidad dura años de años, más cuando el contrincante se mueve hábilmente en la política. Una guerra requiere legitimarse ante cada cambio significativo de la situación política, o debe abandonarse como medio si el cambio es suficientemente profundo en la dirección de la democracia.

 

V. ¿EXISTE HOY UNA GUERRA CIVIL EN COLOMBIA?

 

-A propósito del tema de la guerra, en la revista "Semana"[1] de enero de 1989 se dice que el año 1988 fue "un mal año para las fuerzas armadas", "el peor año... desde 1953" y, algo más grave, que "esa guerra la está perdiendo el ejército", ¿qué puedes decir tú al respecto? ¿Crees que se puede hablar de que en Colombia existe hoy una guerra civil?

-Nosotros creemos que hay una guerra en ascenso. Yo no hablaría de guerra civil, pero sí de guerra. Mire sólo en 1987, las fuerzas armadas, policía, fuerzas de seguridad, ejército, marina, sufrieron 3 mil bajas. Aunque claro, si el número de efectivos es de 200 mil, la guerrilla sólo ha afectado a un poco más del 1,5%, pero 3 mil bajas evidencian, sin duda, que hay una situación de guerra, eso es indiscutible.

- El artículo de "Semana" habla sólo de 379 muertos. ¿Es posible que haya sólo esa cantidad de muertos y el resto sólo sean heridos?

-Desde que yo soy guerrillero, la política de las fuerzas armadas, especialmente la del ejército, ha sido ocultar sus bajas y exagerar las de la guerrilla. El dato de 3 mil bajas lo conseguimos en una revista estadística de la policía nacional de principios de 1988. Nuestra apreciación es que con un promedio de 2.5 combates diarios durante 1987 y 1988, se deben haber producido unas 2 mil bajas anuales a la policía, 800 al ejército y las 200 restantes a otras fuerzas de seguridad. Acuérdate además que cuando hablamos de bajas nos estamos refiriendo a la suma de muertos, heridos y capturados.

¿De qué intensidad es la guerra?, ¿cuán generalizada está?, ¿es o no guerra civil?, eso ya es más difícil de responder. Los mismos estudios que ellos hacen indican que la guerrilla tiene bajo su control al menos el 15% del territorio del país, que corresponde, en términos de población, a un 7% aproximadamente, ya que la población está concentrada en las grandes ciudades.

En síntesis, yo respondería, que sí hay una guerra en Colombia, una guerra de intensidad creciente. Y eso asusta a mucha gente de la oligarquía, como a los de la revista que mencionas. A fines del año pasado, ese sentimiento de "estar perdiendo la guerra" era mayoritario en los comentaristas de El Tiempo[2], por ejemplo.

Sin embargo, el M-19 no cree que estemos en el momento de la guerra total, al borde de ganar la guerra. Si así lo viéramos, nos jugaríamos a fondo en una ofensiva de gran profundidad, pues si la guerra se pudiera terminar pronto ganándola, sería absurdo no hacerlo y prolongar el actual sufrimiento al país.

El argumento de "estar perdiendo la guerra" al que aluden algunos corresponde más bien a una situación táctica y al propósito de atemorizar a la cúpula dirigente, para conseguir más presupuesto para las fuerzas armadas.

Hay que reconocer, sin embargo, que la ofensiva guerrillera del segundo semestre del año 1988, septiembre-octubre, durante unas 6 a 8 semanas, fue muy exitosa. La guerrilla logró una ventaja táctica en el terreno de operaciones, producto de que usó una modalidad nueva: las grandes unidades concentradas de 200, 300 hombres, como las que atacaron Saisa, por ejemplo, donde existían dos pelotones, uno de la policía y otro del ejército, es decir, unos 80 hombres; y los aniquilaron. Y eso no solamente pasó en Saisa, sino en varias zonas del país durante ese período de septiembre-octubre. El M-19 también participó en algunas de esas operaciones, en el Caquetá, por ejemplo, y en el Sur de Cauca, en alianza con otras organizaciones guerrilleras. Pero, sin embargo, esa ventaja táctica está siendo neutralizada por el ejército, quien ha respondido aumentando el tamaño, la movilidad y el apoyo de fuego de sus unidades y mejorando su armamento o sea, mejorando su táctica y su técnica. Empieza a usar muchos de los elementos que ya había ensayado en 1986, en el Cauca, contra nosotros, y que, además, ha aprendido de la guerra contrainsurgente salvadoreña contra fuerzas concentradas guerrilleras: saturan de tropa las áreas guerrilleras evitando dejar posiciones vulnerables o débiles y empiezan a usar bombardeos, tropas helitransportadas, simultáneamente con infantería y con apoyo artillero. Eso hace que la ventaja táctica guerrillera sea balanceada, como se está demostrando en Urabá y en otras zonas, donde ya hay un cambio en la forma de operar del ejército.

Por supuesto, esto sólo significa que el conflicto vuelve al punto en que ninguno puede ganar, al menos en el corto plazo.

-En el artículo de "Semana" se proponen una serie de fórmulas para que el estado pueda ganar la guerra, que incluyen compra de nuevo armamento, acercamiento a la población campesina para conseguir información y sobre todo, decisión de guerra a largo plazo. ¿Qué opinas de esas fórmulas? Por su parte, las organizaciones guerrilleras en El Salvador, para hacer frente a las nuevas tácticas enemigas, han incluido otras formas de guerra, como el uso de las fuerzas especiales, el sabotaje económico, el armamento casero, ¿crees que eso sería aplicable a Colombia?

-En Colombia hay una cosa superprobada históricamente. El ejército no puede derrotar a la guerrilla. No ha podido en los pasados 30 años, ni va a poder en los próximos 30. Cuando en 1986 la oligarquía se tragó el cuento de que, con las manos libres, el ejército conseguiría una victoria rápida, cometió otro de sus errores. Dos años después, no estaban ganando, sino por el contrario, tenían la victoria más incierta que nunca, mientras habían sumido al país en un baño de sangre.

Barco hoy se la está jugando de dos cabezas -como decimos en Colombia-, hablando de paz y comprando 400 millones de dólares en armas para la guerra. Claro que esos aviones y helicópteros que están adquiriendo aumentarán la movilidad y el poder de fuego del ejército, claro que el mayor presupuesto para el funcionamiento militar mejorará la dotación y aumentará la cantidad de las tropas de infantería, pero en el terreno de las innovaciones militares la guerrilla tiene cartas poderosas para jugar, como las que tú mencionas de El Salvador y otras que incluyen el mejor entrenamiento y la compra de armamento más sofisticado. En este terreno, ambas partes tienen como modernizarse y aumentar su eficiencia, en un proceso de ascenso a los extremos, que es la primera ley de la guerra, de acuerdo con el gran teórico alemán Clausewitz.

En lo que las fuerzas armadas no van a poder mejorar globalmente es en conseguir el apoyo de la población. En las zonas campesinas, las relaciones población-guerrilla son estrechísimas, pues los insurgentes estamos ligados con el pueblo por lazos históricos, sociales, políticos, económicos y familiares indestructibles. Claro que se han cometido errores en algunas áreas, que se están corrigiendo. Por eso las fuerzas del gobierno van a seguir siendo tropas de invasión en el territorio de apoyo guerrillero. Si a eso le sumamos la incapacidad oligárquica de hacer reformas y la política de terror paramilitar, que tal vez inmoviliza durante un tiempo, pero que produce profundos odios, concluimos que la pretensión de conseguir un amplio apoyo popular para las fuerzas armadas, es una ilusión. Por el contrario, lo que puede constatarse es el incremento del tamaño de los grupos guerrilleros y la gradual generalización del conflicto. Es que están tratando de apagar el fuego con gasolina.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿es inevitable seguir profundizando ese proceso de guerra de ascenso gradual, lento, doloroso? ¿El único camino es como dice López Michelsen, tratar de ganar esa guerra en los próximos 20 o 30 años? ¿Llega la miopía y la incapacidad de la oligarquía a tanto qué no se da cuenta que esa guerra devastará al país, y por lo tanto, a ellos mismos? Aunque parafraseando a Bolívar, "aremos en el mar", no nos cansaremos de repetir que no queremos ese camino para nuestra Patria. Y lo vemos venir, paso a paso, muerto a muerto. Nosotros pensamos como Martí que es criminal quien promueve en un país la guerra que se puede evitar, pero que también es criminal quien deja de promover una guerra que se torna inevitable.

-Y en lo que se refiere al movimiento popular, ¿tú crees que se puede hablar de un ascenso generalizado o también ocurre que éste se da sólo en algunas zonas?

-Yo creo que cualquiera que observa objetivamente las cosas constata que la alta participación popular en la lucha sólo se está dando en ciertos escenarios, en aquellos donde la guerrilla es fuerte: en Urabá, Córdoba, el Meta, el Caquetá, en algunas zonas del Huila y en el Cauca, tal vez en algunas zonas del Magdalena Medio. Eso no es algo generalizado en todo el país, ni siquiera en todas las zonas rurales con influencia guerrillera, porque también hay un desarrollo muy desigual de las fuerzas guerrilleras en las diferentes regiones.

En las ciudades, especialmente en las ciudades grandes, el movimiento popular no ha logrado formas organizativas eficaces que le den un contenido sólido a esas luchas. Hubo un ascenso de este movimiento durante los años 84, 85, 86, y aún en el 87.

Podemos decir que se dio un proceso de unidad del movimiento popular, convergencia en la clase obrera, un proceso de unidad de los movimientos cívicos, de los movimientos estudiantiles, de las fuerzas políticas revolucionarias, de las fuerzas políticas democráticas. Un saldo positivo en el número de movilizaciones, de marchas campesinas, de paros cívicos en diferentes zonas del país... Sí, había un ascenso general del movimiento popular hasta 1987.

Además, se empezó a dar un proceso de convergencia y unidad en el desarrollo del movimiento guerrillero y avanzamos en la maduración de las condiciones estratégicas de la conducción del campo revolucionario. Precisamente a todo esto es a lo que corresponde la contraofensiva global que la oligarquía emprende...

-¿Cuándo crees tú que el movimiento de masas alcanza su punto culminante?

-Yo creo que en 1987, y luego empieza a disminuir. En el primer semestre de 1987 hubo paros cívicos, -una forma de lucha muy colombiana y muy popular-, en más del 40% de los municipios del país, aunque es necesario reconocer que muchos no eran municipios grandes; hubo muchas marchas campesinas; hubo huelgas obreras muy combativas, en muchas regiones del país; hasta en el mismo Bogotá hubo una huelga de los, trabajadores oficiales y de los trabajadores de la salud, que fue muy combativa.

No se logró impactar suficientemente en las grandes ciudades, pero sí en muchísimas ciudades intermedias y muchas regiones campesinas. Pero eso empieza a disminuir en el segundo semestre del 87 y más aún en 1988.

-¿Eso sólo lo percibe el M-19...?

-Yo pienso que lo siente todo el mundo. Gilberto Vieira, secretario general del Partido Comunista, en algún momento nos comentaba que se sentía una cierta congelación, una disminución de ese ascenso del movimiento popular, creo que en la entrevista tuya también lo dice....

-Por lo menos él dice que la crisis económica ha ido resolviéndose y que un sector de los trabajadores resulta beneficiado con ello...

-Ese es otro elemento, el crecimiento del producto interno bruto fue el más alto de América Latina en 1987 y 1988, por encima del 5%, en medio de la crisis económica generalizada en el continente. O sea, ha habido dinero con qué pagar también las aspiraciones de los sectores más organizados de la población.

Si uno mira críticamente, estadísticamente, el número de movilizaciones, su frecuencia, su volumen, uno empieza a ver que alcanzan un clímax al entrar al año 87, y después empiezan a disminuir. Se da un reflujo en el auge del movimiento de masas, pese a que hay un paro en el 88 bastante importante en el nororiente, que movilizó a muchísima gente, pero que también fue mucho más reprimido que el primer paro del nororiente en 1987.

-¿Tú crees, entonces, que la represión ha afectado al movimiento popular?

-Sin duda, Las matanzas paramilitares y los asesinatos selectivos, las masacres, las desapariciones, empieza golpear la capacidad de movilización del pueblo. Y la falta de una respuesta coherente y sólida por parte del movimiento revolucionario armado, hace que las masas no sientan la confianza suficiente como para continuar en un proceso de movilización, porque los muertos los está poniendo el pueblo.

-¿El movimiento guerrillero no ha estado a la altura de los requerimientos del movimiento popular...?

-Pienso que nosotros tenernos que hacer una valoración del por qué el movimiento guerrillero no fue capaz de acompañar adecuadamente al movimiento popular, que fue el que estuvo poniéndole, durante todo ese tiempo, el pecho a las balas. De algún modo se había generado la expectativa de que ahora sí se podía pelear porque se contaba con una guerrilla sólida, unida y fuerte, que iba a respaldar todo ese proceso de movilización. La respuesta guerrillera fue, sin embargo, mucho menor que las expectativas que tenía la gente.

La guerrilla tiene una capacidad instalada para hacer mucho más de lo que ha hecho, es decir, tiene hombres, tiene áreas de influencia, tiene armas. Pero aún, partiendo de la hipótesis de que la guerrilla pudiese actuar a plena eficiencia, usando toda su capacidad instalada, la situación no sería igual a la salvadoreña, para usarla de punto de referencia, ya que tú lo mencionaste. Basta observar los tamaños relativos de ambos bandos en armas. Debe haber entre 7 y 10 mil guerrilleros regularmente entrenados, armados y muy dispersos por el país y hay 210 mil hombres en las fuerzas armadas... En el Salvador puede haber los mismos guerrilleros, pero los otros son 45 ó 50 mil. Y en Colombia, además, tenemos 50 veces más territorio. Mientras El Salvador tiene 21 mil kilómetros cuadrados, Colombia tiene un millón 100 mil.

-¿Y cómo valoran los resultados del paro de octubre de 1988?

-Esos resultados son para mí el indicativo más claro de que realmente sí hay un proceso de reflujo de la capacidad de movilización de las masas en Colombia. Ese paro fue convocado de la manera más amplia, lo convoca toda la Central Unitaria de Trabajadores, con su presidente a la cabeza, aliado además a otra central obrera, la CGT; lo convocan las organizaciones políticas de izquierda, muchas organizaciones regionales, organizaciones campesinas, organizaciones indígenas, Se hace, además, un plebiscito anterior al paro en el cual se le pregunta a la gente si está dispuesta a ir al paro o no, un millón de personas votan a favor del paro. Y, sin embargo, a la hora de parar, no van al paro. Hay, claro, paros regionales: en Urabá, en el Cauca, en Arauca, en el Nororiente, en el Caquetá, en las zonas de mayor influencia de la izquierda. Hay paros regionales, pero no un paro nacional.

El plebiscito muestra que hay deseos, ganas de que se produzca una protesta, de que haya cambios, de que haya transformaciones, pero también, que no hay el valor suficiente, no hay la disposición para arriesgarse, en las actuales condiciones; hay miedo, hay desconfianza en la posibilidad de la victoria. La gente no está suficientemente convencida de que este es el momento de ponerse a pelear...

-Arriesga mucho al lanzarse...

-Siente que está arriesgando más de lo que puede dar. La gente se vuelve más calculadora. En general el estado de ánimo de la población es menos optimista, menos decidido de lo que era un año atrás.

Yo creo que va a ser muy difícil que se logre, a pura fuerza militar, mantener un proceso de masas prolongado por el suficiente tiempo como para provocar un cambio en la situación nacional. Esa es la visión que nosotros tenemos de la situación.

Además, el proceso de maduración del movimiento guerrillero es lento. El proceso de cambio de las unidades dislocadas de las guerrillas en unidades concentradas, es lento; el proceso de transformación de calidad de la guerrilla, de ser un poco errante y acomodada, a ser un ejército, también es lento; el proceso de unidad de la cúpula guerrillera es lento. Son muchas las diferencias y muchos los años de estar haciendo cada uno lo que quería. Esto de reunirse y aceptar las decisiones que se toman en un colectivo no es fácil. La reunión de los comandantes guerrilleros ha sido una dificultad enorme, no solamente porque cada uno está a mil kilómetros del otro, sino porque además lograr que un comandante guerrillero salga de su área a otra área, es sumamente difícil y muy peligroso. Yo te digo que sacar a un comandante guerrillero de las FARC de la Uribe es tarea de titanes. Marulanda no ha salido ni una vez; Pizarro ha salido un poquito más y el padre Pérez, salió una vez que se sepa... Tendrían que salir de ahí y concentrarse en una sola parte y sentarse a tomar decisiones colectivamente. Eso no se ha logrado.

Esto explica en buena parte que la guerrilla, no solamente no acompañó bien al movimiento de masas, porque no tenía un plan coherente, claro, racionalizado, colectivo para hacerlo, sino que tampoco está respondiendo al ping-pong de la política; cuando empieza la política a moverse y cuando viene la propuesta y viene la contrapropuesta, y los conservadores proponen y el gobierno dice otra cosa, y los liberales discuten, la guerrilla está esperando reunirse dentro de 6 meses para responder. Así no podemos poner nuestros tiempos en consonancia con los tiempos de la política nacional. Y eso va dejándonos marginados políticamente.

-¿Ustedes, entonces, nunca pensaron que Colombia estuviera en una situación pre-insurreccional?

-No, nosotros no pensábamos que la situación actual permitiera lanzarse a una ofensiva general, que pudiera dar un salto estratégico...

-No lo veían ustedes, sin embargo, entiendo yo que sí lo veían otros. Al hablar con diversos dirigentes colombianos uno tenía la sensación de que esa gente estaba a la expectativa de que iba a producirse algo grande. Se esperaba un salto cualitativo con el paro de octubre de 1988....

-Para el paro de 1988 nosotros propusimos una tregua de la guerrilla, porque no veíamos que las cosas estuvieran suficientemente maduras como para que las acciones militares pudieran impulsar o acompañar la lucha de las masas.

Yo te digo, en 1987 sí se podía esperar más. Había condiciones globales en el movimiento de masas y el movimiento insurgente para haber saltado a una nueva situación, pero faltó dirección. La Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar se crea recién a finales de 1987, cuando la ola de ascenso popular había llegado a la cima y estaba empezando a bajar. Es la primera vez que se reúnen los mandos de todas las organizaciones guerrilleras. Y después ha sido muy lenta la toma de decisiones. Entre reunión y reunión pasaban 6 meses, y no existían otros mecanismos que permitieran tomar decisiones ágiles.

Los momentos pasan, el estado de ánimo de las masas cambia. Todo va cambiando. A veces uno sentía que la guerrilla estaba trabajando a paso de maratón mientras la política iba a pasos de carrera de 100 metros, y las masas a otro ritmo. Los ritmos eran completamente diferentes. Eso impidió que pudiésemos acompañar adecuadamente ese momento favorable del movimiento de masas.

Yo pienso que la ofensiva de septiembre y octubre de 1988, se lanzó sin considerar plenamente el estado global de la situación de masas y de la situación nacional.

Correspondió más a la lógica de lo militar, que tiene sus propios ritmos y sus propios tiempos. Fue el resultado de la lenta maduración militar de decisiones tomadas en otro momento de la situación nacional y no se acompasó con las masas. Llegó tarde, como llegó tarde el Batallón América a Cali en 1986.

Por otra parte, en lo que va de este año 1989, la actividad guerrillera ha sido cada vez más esporádica...

 

VI. OFENSIVA MILITAR Y NEGOCIACIONES DEL M-19

 

 Pero entiendo que justamente este plan de ofensiva requería de una participación decidida de todo el movimiento guerrillero. El hecho que el M-19 haga ese secuestro y que plante ese proceso de negociación, en el fondo, lo que hace es ponerlos a ustedes en otra óptica, ya no están en la óptica de la ofensiva guerrillera, están en la óptica de buscar otra vía, están restándose a una concepción general de ofensiva...  

-Bueno, mira, no hubo un plan de ofensiva...

-¿Ah, no lo hubo...?

-No, porque la Coordinadora Guerrillera no tiene todavía los niveles decisorios suficientes para tomar una determinación de ese tipo. Hubo una visión de que había que enfrentarse con el gobierno de Barco, pa, pi, pa, pa... no más. La ofensiva de septiembre-octubre fue más bien resultado de la unidad a nivel regional. El M-19 participó, combatió, ya te lo decía. El mejor combate de toda esa ofensiva, en cuanto a inversión y resultados de recuperación de material bélico, se da en una operación conjunta que hacemos con las FARC en el Caquetá, en septiembre de 1988, asaltando un puesto de la policía, de unos 30 efectivos más o menos, a 10 minutos de la ciudad de Florencia, capital del Caquetá, donde está la sede de la Décimo Segunda Brigada del Ejército. Allí se recuperan fusiles, sin bajas propias Esta acción ha sido evaluada como la operación técnicamente mejor hecha.

-¿El M-19 participó entonces en operaciones militares paralelamente a los esfuerzos por llevar adelante la negociación...?

-Sí, bueno, en un período en que la negociación con el gobierno no había empezado y la Comisión de Convivencia estaba llegando a un punto muerto.

Lo que pasa es que había la idea de ir a enfrentamientos militares de mayor envergadura, pero no se veía ni la decisión suficiente, ni los medios...

Lo cierto hoy es que la distensión se está abriendo paso cada vez más y quienes tratan de frenarla en estos momentos son los reaccionarios de la extrema derecha; el que las FARC hayan declarado tregua unilateral y la mantengan, es el reconocimiento de que hay un ambiente de distensión.

-Qué significa tregua unilateral, que no atacan si no son atacados...?

-Exactamente. Que no se hacen operaciones ofensivas. De hecho es casi una tregua bilateral, porque hasta ahora lo que ha pasado es que, en la mayoría de los casos, el ejército tampoco ataca a la guerrilla; hay una disminución de las acciones armadas.

-El hecho de que las FARC tenga esta actitud de tregua unilateral y el M-19 tenga esta política de distensión, ¿no permite al ejército concentrar todas sus fuerzas contra el ELN?

-Yo te diría que el ejército ha usado sus fuerzas de élite contra lo que es la amenaza principal en cada momento desde siempre. En los últimos años la Décima Brigada, que es la que cuenta con las tropas élites, estuvo año y medio en el Cauca contra nosotros, cuando éramos la amenaza principal en 1985-86; después pasó a Urabá, cuando en Urabá el ascenso de masas acompañado del movimiento guerrillero fue la amenaza principal; ahora está en el norte de Antioquia, combatiendo contra los compañeros del ELN. Claro, como no hay una decisión unitaria que corresponda a un plan global de tener varias áreas de intensa actividad militar, el ejército siempre va a poder seguir usando sus fuerzas élite secuencialmente contra diferentes puntos, diferentes focos...

-Pero yo entendía que uno de los acuerdos de la Coordinadora Guerrillera había sido, justamente, el tratar de evitar que se concentraran las fuerzas militares enemigas sobre uno de los movimientos guerrilleros...

-Claro, tratar de evitarlo. El problema es que la Coordinadora Guerrillera no puede tomar decisiones correctas mientras no tenga una política coherente, única, unificada, porque es que lo militar y lo político están sumamente ligados. Si uno está por una política de distensión y el otro está por una política de guerra, pues obviamente va a ser muy difícil tomar decisiones militares coherentes, porque estamos en dos políticas que no son iguales. Es más, que tiene muchos elementos que se contradicen.

 

VII. LA CARACTERIZACION DE LA SITUACION ACTUAL Y EL PROCESO UNITARIO

 

-¿Lo primero que habría que hacer, entonces, es ponerse de acuerdo en qué es lo que pasa hoy en Colombia, es decir, en llegar a una caracterización de la situación y en base a esa caracterización común, elaborar una política....

-Claro, claro. Nosotros en la Coordinadora empezamos por lo más fácil: la búsqueda de acuerdos militares concretos. Adiestramiento unitario, ayuda y colaboración logística. Acuerdos regionales, integraciones regionales donde eso fuera posible. Operaciones conjuntas. Pero siempre dejábamos para después los acuerdos políticos, con la tesis de que un desarrollo de la unidad militar nos iba a presionar para conseguir acuerdos políticos. Y resulta que no ha sido así. Por el contrario, en la medida en que no hay acuerdos políticos se debilitan los acuerdos militares.

-A mí me da la impresión de que realmente es muy importante darse cuenta de eso, de que la unidad no va a avanzar si no se llega a confluir en una misma caracterización de la situación que vive el país y que sólo de ella pueda surgir una línea política única para la coyuntura...

-Y unos mecanismos que permitan que los acuerdos que se logren se puedan implementar. Si uno hace un acuerdo de diálogo directo gobierno-guerrilla como el que logramos en octubre de 1988, tiene que haber instrumentos que permitan que esa propuesta política, al ser respondida por los contrincantes, sea respondida otra vez por nosotros. Pero nos quedamos sin instrumentos de decisión. Entonces, el contrincante propone y nosotros tenemos que esperar a la reunión de marzo, 6 meses después, para poder responder a eso. ¡Con esa lentitud política dónde vamos a parar! ¡Eso no puede ser así!

 

VIII. POR QUE NEGOCIAR EN CONDICIONES NO FAVORABLES

 

-He oído críticas al que ustedes se hayan metido en un proceso de negociación política cuando la correlación de fuerzas no les es favorable.

-.Quién ha dicho que una negociación política tiene que hacerse sólo en una correlación de fuerzas favorable? Y menos en una situación de conflicto interno, donde la negociación abre un marco para que se produzcan procesos por fuera de la mesa, que muchas veces son más importantes que los que ocurren en la mesa misma, porque la negociación en sí es un instrumento de acción política. Un primer resultado puede ser que, como sucedió en 1984 y 1985, la presencia de cuadros nuestros en las grandes ciudades, levante un proceso de masas lo cual influiría positivamente en el curso de la negociación...

-Pero, ¿habrá movilización de masas si sigue el fenómeno paramilitar?

-Por supuesto que no. Si nosotros entramos en negociaciones es, entre otras cosas, porque creemos que éste es el mejor instrumento para lograr conformar una alianza suficientemente amplia como para que sea capaz de disminuir de modo importante el fenómeno paramilitar. En estos esfuerzos además, la política de tregua a las fuerzas armadas, que se definió en 1988, juega un papel importante. Si empiezan a matar a nuestros voceros que están saliendo a la legalidad, por supuesto que el proceso se va a hundir - quiero aclararte que estos voceros son archiconocidos como militantes del M-19 por los servicios de seguridad-. Si continúa la agresión contra los dirigentes de la CUT, de la UP o de otras organizaciones populares, el proceso tampoco va a prosperar.

En una negociación todos vamos intentando ganar más de los que perdemos. En el peor de los casos la oligarquía busca desmovilizar al M-19 o deslegitimarlo acusándolo de no cumplir lo pactado. Pero para que ellos cumplan su parte deben abrir las puertas hacia la democracia plena y en Colombia la historia demuestra que, cada vez que se dan pasos hacia la democracia, pierde la oligarquía. Así ha sido siempre. Además, ésta busca legitimar su régimen con un amplio triunfo electoral en 1990 levantando una política de paz creíble y ello la obliga a meter en cintura al componente paramilitar de su estrategia pues, de lo contrario, su paz no será creíble. Por otra parte, debe, sin duda, estar apostando a profundizar la división de la guerrilla.

El campo popular, en nuestro criterio, puede sacar ventajas de una negociación, en primer término, restañando las heridas de la represión paramilitar en el movimiento de masas. Además, se abren posibilidades a la reactivación de un proceso democrático que permita consolidar una alternativa al bipartidismo, especialmente en este momento de fuertes contradicciones dentro de los partidos tradicionales. Ello requiere conservar y consolidar los instrumentos unitarios ya conquistados. El país a su vez, gana con esta posibilidad de encontrar una salida diferente a una guerra de 10 o 20 años más.

Los que nos sentamos en la mesa estamos jugándonos la bandera de la paz. El que la traicione perderá en la jugada y pagará los costos correspondientes. Estamos ante una situación nueva que, además de la natural incomprensión que puede despertar, contiene riesgos políticos, pero los estamos afrontando consecuentemente con nuestra historia de compromiso con el cambio y la democracia, con imaginación y creatividad, y, sobre todo, con profunda confianza en el pueblo y en todos los colombianos que desean una patria nueva.



[1] Revista de propiedad de un hijo de Alfonso López Michelsen, uno de los principales jefes de la oligarquía,

 

[2]Principal diario del país, liberal de derecha

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20 abril 2014 7 20 /04 /abril /2014 23:00

 SERIE DOCUMENTOS[1]       CCI05042014 00002

¿HACIA DONDE VA EL M-19?  

  LOS ENTRETELONES DE LAS NEGOCIACIONES  

 

ENTREVISTA A ANTONIO NAVARRO

 SEGUNDO COMANDANTE DEL M-19

 

POR MARTA HARNECKER   

 22 DE MARZO DE 1989  

 d14-2

INDICE  

I. MANIPULACION DE LA INFORMACION ORIGINA CONFUSION  

II. LA POLITICA CONTRAINSURGENTE DE BARCO  

III. POR QUE SOLO EL M-19 Y NO TODA LA COORDINADORA GUERRILLERA 

IV. LOS ASESINATOS POLITICOS: LA PRINCIPAL TRABA PARA AVANZAR    

V. ¿EXISTE HOY UNA GUERRA CIVIL EN COLOMBIA?  

VI. OFENSIVA MILITAR Y NEGOCIACIONES DEL M-19  

VII. A CARACTERIZACION DE LA SITUACION ACTUAL Y EL PROCESO UNITARIO      

VIII. POR QUE NEGOCIAR EN CONDICIONES NO FAVORABLES

 

  d14-2 

 I. MANIPULACION DE LA INFORMACION ORIGINA CONFUSION      

 

-Muy poca gente entiende qué es lo que está haciendo el M-19 en estas negociaciones con el gobierno. Nosotros hemos detectado además una gran confusión en la izquierda tanto colombiana como latinoamericana. Todos concuerdan, sin embargo, con que el proceso de Tregua y Diálogo de la época de Betancur favoreció enormemente a los movimientos de izquierda en Colombia, tanto a aquellos que participaron como aquellos que se abstuvieron y reconocen el gran aporte del M-19 en aquel momento. Lo que no se comprende es que, dadas las nuevas circunstancias, especialmente con el creciente número de asesinatos de líderes políticos y populares producto de La guerra sucia, el M-19 transite de nuevo por este mismo camino. ¿Qué puedes decir al respecto?  

-La primera fuente de confusión se origina, precisamente, en la deformación de los hechos por parte de la prensa oligárquica y el mismo gobierno. Lo mejor, entonces, para que se entienda nuestra posición, es que empecemos por precisar los hechos.  

Arranquemos a mediados del año pasado, cuando detenemos a Alvaro Gómez. Hurtado, candidato presidencial por el Partido Conservador y político profesional de la oligarquía colombiana. Para liberarlo planteamos como condición que se inicie un proceso hacia una solución política. Esto genera en Colombia un enorme movimiento de opinión a favor del diálogo, mayor que hace 4 años...  

-Mayor que en el período de Tregua y Diálogo de Betancur...?

-Sí, mayor que entonces. Fíjate, por primera vez, y con el gobierno en contra, el 29 de julio de 1988, en un convento en el norte de Bogotá, se reúne el país: allí estaban los empresarios, los trabajadores, la Iglesia Católica, el Partido Conservador, la izquierda en todas sus manifestaciones, las universidades, un sector del Partido Liberal con representación dentro del Partido, intelectuales, cooperativistas, juntas de acción comunal, movimientos cívicos, movimientos campesinos, indígenas... Unas 30 delegaciones de diferentes sectores del país, estaba todo el mundo... Fue hasta el propio Alvaro Gómez, quien había sido puesto en libertad pocos días antes.  

El gobierno, no sólo no asistió, sino que, hasta última hora, intentó impedir la cumbre. Pero era tan grande el bloque que estaba a favor de su realización que finalmente tuvo que ceder y permitirla. No iban a celebrar la liberación de el Dr. Gómez, iban a buscar cómo conseguir una solución política...  

-¿Y las organizaciones guerrilleras...?  

-Estaban casi todas: el EPL, el PRT, el Quintín Lame, y nosotros. Las FARC enviaron una carta. Sólo se abstuvo el ELN.  

Allí estaba todo el país, pese a la oposición del gobierno. Esto demuestra lo generalizada que es en Colombia la opinión a favor de una solución política... Una caricatura de Héctor Osuna en el diario El Espectador daba una excelente imagen de la situación. En ella aparecía el país montado en un tren y el presidente Barco solo en el andén. La acompañaba el siguiente texto: "Al gobierno lo dejó el tren de la paz".  

-Dime, ¿eso fue ampliamente cubierto por los medios de comunicación?

-Así es. Recuerda que hicimos primero una reunión preparatoria de esa cumbre en la Nunciatura Apostólica de Panamá, el 14 de julio, con una participación amplia. Fue un proceso que empezó durante el mes de julio y que siguió todo el mes de agosto, o sea, durante dos meses el país giró en torno a la necesidad de una solución política.  

Después de esa cumbre del 29 de julio se nombró una Comisión de Convivencia Democrática donde no estaba el gobierno, y donde, por presión de éste empezaron a retirarse los liberales y algunos otros sectores. Luego la Comisión se disolvió. Pero, a pesar de esto, la opinión nacional seguía estando a favor de una solución política. Lo reiteraron así encuestas realizadas a fines del año pasado. Estas mostraban que el 85% de la opinión colombiana estaba a favor del diálogo entre gobierno y guerrilla, y no de una solución militar.  

La bandera de la paz -que levantó el M-19 con la detención de Alvaro Gómez y las condiciones que puso para su liberación- se ha convertido en una bandera política substancial en Colombia. La hicieron suya el Partido Social Conservador y la Iglesia. El Partido Liberal ha estado peleando por ella y, finalmente, el gobierno también intenta cogerla mediante su propia propuesta de paz.  

-¿Por qué Barco, que era tan reacio a la iniciativa del M-19, levantó, algunos meses después, su propia propuesta de paz?

-Son Ias presiones de julio y agosto las que llevan a que el gobierno cambie su política de "pulso firme y mano tendida."...

 

II. LA POLITICA CONTRAINSURGENTE DE BARCO

 

-¿Podrías explicar en qué consistía esta política de "pulso firme y mano tendida"?

-Para empezar, sería bueno resumir brevemente los propósitos globales del gobierno de Barco. Este llega a meter en cintura al país. Parte del supuesto de que con Betancur se ha agotado la política de diálogo y que, con ella y sus resultados, han ganado las instituciones del estado. La lógica más profunda del nuevo gobierno es la contrainsurgencia económica, social, militar, paramilitar, jurídica y diplomática.  

En lo económico, aplicando una política amistosa hacia los bancos extranjeros y el FMI, consigue créditos frescos. Llega además a un pacto implícito con los exportadores de cocaína, con lo cual inyecta tres mil millones de dólares por año a la economía del país, un monto casi igual a las exportaciones legales, con lo cual casi se duplican los ingresos en divisas por exportaciones. Este mayor volumen de ingresos permite que, a partir de 1987, se produzca una recuperación económica considerable, que deja atrás los duros años de la crisis del período de Betancur, y facilita la aplicación de los componentes sociales y militares de la estrategia contrainsurgente.  

En lo social destinando recursos a obras de infraestructura en las zonas de mayor influencia guerrillera, tanto en la ciudad como en el campo, mediante los llamados planes de "rehabilitación" para las áreas rurales y de "lucha contra la pobreza absoluta" en las áreas urbanas. Con esto se busca lo que los comentaristas de la prensa de la derecha llaman: "cortar la yerba a los pies de la guerrilla".  

En lo estrictamente militar, desde el año 1986 al año 1989, puede verse un aumento sustantivo del presupuesto y del tamaño de las fuerzas armadas. Los gastos militares pasan de 400 a 800 millones de dólares anuales y de 160 mil a 210 mil hombres en armas. Además, se moderniza y mejora el armamento. Se produce asimismo una represión brutal contra el movimiento popular y las fuerzas democráticas, principalmente a través del uso de grupos paramilitares. Estos emprenden un proceso de asesinatos selectivos de líderes populares que, poco a poco, va incluyendo masacres colectivas en las zonas más combativas.  

En el terreno jurídico, además de la impunidad a la acción paramilitar, se ha ido estructurando un conjunto de leyes y decretos que tienden a una creciente militarización de la vida nacional y a un recorte casi total de las garantías del llamado estado de derecho.  

En política internacional, el actual gobierno ha logrado, con habilidad, neutralizar en gran medida los costos de la represión, especialmente en el bloque latinoamericano. El Grupo de los Ocho, aunque de gran importancia como oposición a la política norteamericana hacia el hemisferio, está sirviendo también para evitar que problemas tan graves como la violación de los derechos humanos en Colombia cuenten con espacio para ser discutido por los países latinoamericanos.  

-¿Y qué balance haces de la política de Barco hasta ahora?

-La reactivación económica que inicialmente fue exitosa hoy empieza a dar muestras de agotamiento. Los pronósticos para este año indican una tasa de crecimiento significativamente menor que la de los años anteriores; está empezando a tener dificultades serias para conseguir nuevos créditos externos. Además la guerra entre los carteles de exportadores de cocaína de Cali y Medellín, está afectando los ingresos que tienen este origen. En resumen, la economía va a ir menos bien en los próximos dos años.  

Los planes sociales contrainsurgentes han tenido un efecto mínimo, si acaso han tenido alguno, pues las necesidades acumuladas por lustros de abandono no se pueden resolver con unos cuantos pesos. Además generan expectativas, que al no ser colmadas aumentan la inconformidad popular...  

Los militares, pese a su crecimiento en número y presupuesto, no sólo no pueden dar un parte de victoria, sino que piden más y más recursos para una guerra que ya pronostican como muy larga.  

Los paramilitares se han convertido en un monstruo de cien cabezas que empieza a morder a sus propios creadores. Cada vez un mayor número de voceros de la oligarquía muestra su preocupación por la pérdida de control sobre este fenómeno. Y el atentado fallido, al senador Samper, precandidato liberal, seguramente ha acrecentado esa preocupación.  

En el campo internacional se está gestando un bloque europeo de instituciones y estados dispuestos a cuestionar seriamente al gobierno colombiano por la situación de derechos humanos en el país.  

Creo que con esto tienes una imagen sintética de lo que ha pretendido y de lo que ha logrado el gobierno de Barco hasta hoy. Le queda como carta fuerte sólo el actual proceso de paz. Pasemos ahora a responder a tu pregunta.  

-Cuando Betancur termina su período presidencial, deja firmada una tregua con las FARC. Para no romper bruscamente con eso, Barco, al asumir el gobierno en 1986, decide implementar una política que llama de "pulso firme y mano tendida". Mano tendida en el sentido de mantener la tregua con las FARC, tregua de papel que se fue convirtiendo en dos cosas: no atacar el campamento central de las FARC en la Uribe y en mantener abierta una línea de radio gobierno-FARC, que popularmente llaman el "teléfono rojo". O sea, el gobierno, manteniendo esa fórmula de mano tendida hacia el campamento central de las FARC, aplica el "pulso firme", es decir, se lanza a la guerra, contra los otros movimientos guerrilleros y las propias FARC en el resto del país. Y viceversa.  

El gobierno mantuvo esta política hasta septiembre de 1988. Cuando nosotros retuvimos a Gómez Hurtado, el gobierno nos dijo: "esto es un acto de guerra y como acto de guerra será respondido con hechos de guerra." Y así lo hizo. Efectuó 6 mil allanamientos y nos trató como enemigos en franca guerra. Y nosotros respondimos: "sí señor, estamos en guerra contra la oligarquía como lo dijimos en enero del 88 y éste es un acto de guerra contra ella. Pero, bueno, estamos buscando una salida negociada. Si ustedes la aceptan..." El gobierno la rechazó, decidimos entonces proponérsela al país y éste la aceptó.  

Como producto de eso tuvieron que empezar a cambiar su política de "pulso firme y mano tendida". A principios de septiembre de 1988 Barco planteó una propuesta de paz, por supuesto, inaceptable. Básicamente decía: hablemos sobre cuándo se van a desarmar, nada más, y reincorpórense a la vida civil, vengan para acá desarmados. Esa propuesta, rechazada por todos, fue respondida en octubre con una contrapropuesta de la Coordinadora que planteó un diálogo directo gobierno-guerrilla sobre un temario determinado. Empezó así el ping-pong de la política sobre el tema de la paz.  

-La Coordinadora ha planteado entonces ir a un diálogo directo con el gobierno?

-Así es. En octubre de 1988 se reúne la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en su tercera asamblea. Allí, y por primera vez, como respuesta a ese clamor nacional de buscar una solución política, con la firma de todas las organizaciones guerrilleras propone un diálogo directo entre todos los comandantes y tres ministros por parte del gobierno en torno a cuatro temas: solución política, democracia, soberanía y vida, temas centrales en la situación nacional.  

-¿Y cuál fue la reacción del gobierno ante la contrapropuesta de la Coordinadora?

-La ignoró, por lo cual Alvaro Leyva, un senador conservador, planteó a fines de noviembre, una fórmula intermedia diciendo: nombremos una comisión de notables que analice las dos propuestas, y vea qué posibilidades hay de que el gobierno y la guerrilla se sienten a conversar, o sea, propuso una salida intermedia. Y eso recibió el apoyo inmediato de las FARC y el M-19.

 

III POR QUE SOLO EL M-19 Y NO TODA LA COORDINADORA GUERRILLERA

 

-¿Y qué pasó con el resto de la Coordinadora Guerrillera?

-No se pronunció. La verdad es que la Coordinadora no tiene mecanismos permanentes de toma de decisiones y decisiones de este tipo tiene que tomarlas la asamblea de comandantes. Como ésta se reúne cada 6 u 8 meses y la última tuvo lugar en octubre, no podía darse una nueva asamblea para responder a la propuesta de Leyva que fue hecha en noviembre.  

Esta empieza a ganar mucho apoyo en la opinión pública. ¿Qué está mostrando eso? ¡Hombre, el espacio que tiene una solución política!, aunque también las dificultades de la Coordinadora para tomar decisiones de coyuntura, para jugar al ping-pong.  

El gobierno se hace el pendejo con la propuesta de Leyva y decide realizar un diálogo directo. Empieza a buscar contactos, pero, al encontrarse con la realidad de un movimiento guerrillero en un proceso de unidad todavía incipiente, dice: "vamos a sentarnos con los que nos convenga, con los que queramos o los que escojamos, y no con todos." Finalmente, luego de un proceso de más o menos un mes, el gobierno se sienta a hablar con el M-19.  

-O sea, el gobierno elige al M-19...

-Así es.  

¿Y por qué acepta el M-19 ser elegido como primer interlocutor?

-Sinceramente porque si no hubiera sido el M-19 hubiera sido elegida otra fuerza guerrillera. Carlos Pizarro se negó a hablar por semanas, hasta que se hizo evidente que si el M-19 no se sentaba con el gobierno, éste iba a sentarse de todos modos con otra fuerza guerrillera...  

-¿Con las FARC?

-Yo creo que sí, esa es la otra organización que está en condiciones de sentarse con ellos, porque subsiste el acuerdo de tregua firmado con el gobierno anterior.  

-¿Y por qué escogió el gobierno al M-19?

-Eso que lo digan ellos. No vamos a ponernos a interpretar su pensamiento. Pero después de lo de Alvaro Gómez, el M-19 tenía más que nadie la bandera de la paz en sus manos. Supongo que así lo entendieron.  

-Ahora, ¿tuvieron ustedes en cuenta que esa podía ser una jugada del gobierno para dividir al movimiento guerrillero?  

-Por supuesto.

-¿Ustedes entonces se meten en ese juego corriendo ese riesgo...?

-Claro, con toda conciencia. Por eso, en la primera reunión del 10 de enero, entre Carlos Pizarro y los representantes del gobierno, cada uno llega a puntos que no son negociables. Para el gobierno todo proceso de paz, debe, obligatoriamente, tener como fin la desmovilización del movimiento guerrillero.  

-¿Con qué puntos innegociables llega Carlos Pizarro?

-Con dos puntos: primero, el M-19 sólo se desmoviliza si se va a la democracia; y, segundo, el diálogo tiene que ser con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar.  

Si usted lee el comunicado que se produjo el 10 de enero de 1989, ahí está expresado eso claramente. Los párrafos centrales dicen: "el gobierno nacional y el M-19 convocan a un diálogo directo de la dirección de los partidos políticos con representación parlamentaria y los comandantes de los grupos de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, para que en él se acuerde un camino hacia la solución política del conflicto de la nación colombiana, que tiene que expresarse en un itinerario claro hacia la democracia plena y en un camino cierto hacia la desmovilización guerrillera con las garantías necesarias."  

Yo había leído ese comunicado, pero sin esas palabras de ir hacia "la democracia plena"...

-Seguramente lo leíste en una revista colombiana, que se llama Cromos[2], revista que publica el comunicado precisamente quitándole esa parte. Entonces, claro, ahí, como tú señalas, no dice: "hacia la democracia plena" Parece, entonces, que nosotros estamos yendo hacia la desmovilización a cambio de nada, a cambio del diálogo nada más. Puede haber sido un error, pero en todo caso es un error sumamente sospechoso... buscando dar una imagen de que el M-19 va hacia la rendición porque está cansado de la lucha armada, porque está aburrido de todo eso, porque está muy débil, porque está desbaratado. Esos son los argumentos que se han manejado y que, por desgracia, mucha gente ha recogido.  

-A propósito, ¿qué hay de cierto en cuánto a ese comunicado firmado por el ELN en el que los acusa a ustedes de traición por haberse metido en este proceso?  

-Esa es propaganda negra. El propio ELN desmintió oficialmente la autoría de ese comunicado.  

Para resumirte, lo que se ha venido haciendo es convocar a un diálogo donde participen partidos, Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y gobierno, en búsqueda de un proceso de solución política que permita avanzar hacia la democracia plena y, en la medida en que esto ocurra, y cuando además existan las garantías necesarias, ir recorriendo un camino hacia la desmovilización.  

-Entiendo que lo que los lleva justamente a tomar las armas y lo que da origen a las diversas organizaciones guerrilleras es la ausencia de democracia y no otra cosa, ¿es así?  

-Ciertamente la toma de las armas ha sido una respuesta a la ausencia de democracia propia de un modelo oligárquico de dominación, pero ése es ya otro tema. Por eso yo te aclaro que hasta ahora nosotros no hemos firmado ningún acuerdo de desmovilizar al M-19 ya. Hemos dicho que estamos dispuestos a llegar hasta eso, si avanzamos hacia la democracia plena. Por ahora lo que hemos hecho es convocar a un diálogo que aún no ha empezado.  

-¿Cómo que no ha empezado...?

-No, porque en ese diálogo debe participar tanto la Coordinadora Guerrillera, si se decide a hacerlo, claro, como los partidos con representación parlamentaria y el gobierno.  

-¿O sea, que todas estas reuniones previas que ustedes han tenido son sólo para crear las condiciones de ese diálogo?  

-Así es.

-Has hablado varias veces de "democracia plena", o de avanzar hacia ella. ¿Qué entiende el M-19 por esto?

-Cada hora tiene su afán, como dicen en Colombia. Cuando empiecen las sesiones de la mesa de trabajo el 1 de abril, empezarán a conocerse nuestras propuestas, por ahora la prioridad es que paren los asesinatos políticos.  

-Carlos Pizarro dijo hace dos días que la desmovilización del M-19 es posible pero la entrega de las armas no, ¿cómo es eso?  

-No conozco el texto de la entrevista de Carlos. Lo cierto, es que hasta ahora no se ha discutido nada sobre las armas en las reuniones con el gobierno. En cambio, sí se hablado de garantías para la oposición política y de avances a la democracia plena. Esos son los temas que hoy tienen importancia en la situación del país. Las armas son pedazos de hierro que igualmente pueden ser machetes o azadones. Lo que importa es la voluntad política de quienes las portamos. La necesidad de seguirlas teniendo la determina las condiciones del país. Eso sí, nadie puede esperar en Colombia otra fila de guerrilleros entregando sus fusiles, como la de Guadalupe Salcedo en 1953.  

-¿Y en qué están ahora?

-Nosotros estamos buscando una distensión de la situación de conflicto que permita realizar el diálogo. De alguna manera estamos poniendo la mesa y tendiéndola, haciendo la lista de invitados y poniendo las sillas, y convocando a eso conjuntamente con el gobierno. Nosotros creemos que estamos interpretando de manera fiel, desde nuestro punto de vista, los acuerdos de octubre de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar que hablaban de un diálogo directo gobierno-guerrilla, porque además, allí se acordó que cualquiera de las organizaciones podía servir de puente para buscar ese diálogo, directo gobierno-guerrilla.  

-A propósito, leí en una revista una entrevista a Carlos Pizarro, y me pareció muy prepotente su actitud respecto al resto de las organizaciones guerrilleras. Recuerdo que decía algo así como: bueno, si ustedes no vienen, señores, quiere decir que ustedes son unos deshonestos..., no recuerdo exactamente, pero era algo así...  

-Yo no sé si ese es el texto o no, porque fue escrito por la misma revista que nos deformó el comunicado. En todo caso, la decisión del M-19, pese a cualquier diferencia de apreciación política sobre el momento, es considerar con el mayor respeto las posiciones de todos y mantener el diálogo. A este respecto te cuento que todos los días hay comunicación radial entre el secretariado de las FARC y la comandancia del M-19.  

-Eso quiere decir que el M-19 está convencido de que su planteamiento está dentro de la línea de la Coordinadora y en ese sentido las declaraciones de Carlos Pizarro deberían interpretarse como: bueno, si estamos dentro del acuerdo, el que no venga...

-Pues está incumpliendo el acuerdo... Yo creo que el espíritu de lo que Carlos Pizarro planteó es ese, y que además se refleja en los diferentes comunicados: no queremos el diálogo sin la presencia de las restantes organizaciones guerrilleras. Y, que como nos sentimos interpretando los acuerdos de la CGSB pensamos que consecuentemente con ellos, estas organizaciones deberían integrarse al diálogo, si se cumplen las condiciones planteadas  

Claro, por supuesto la Coordinadora no ha profundizado sobre este tema. Los acuerdos logrados en octubre de 1988 pueden estar sujetos a diferentes interpretaciones. Por eso hay que volver a reunirse para discutir y ver en qué puntos estamos de acuerdo y en cuáles no. Nosotros sí nos sentimos cumpliendo plenamente los acuerdos, pero respetamos, por supuesto, que otros compañeros piensen que la cosa es distinta. Estamos hablando fraternalmente, como tienen que ser habladas las cosas.  

-¿Y qué pasa si la Coordinadora Guerrillera como tal no llega a un acuerdo para participar?  

-Si no se logra un acuerdo en la IV Asamblea que debe reunirse en estos días, es posible que se decida dar libertad a las fuerzas que consideren útil su participación para que lo hagan, sin que ello rompa la unidad. Eso nos pondría en una situación similar a la de 1984. Pero, por supuesto que la posibilidad de conseguir resultados favorables en la mesa de negociación es proporcional a la cantidad de fuerzas guerrilleras que en ella participen. Con la Coordinadora sentada en la mesa yo diría que la correlación de fuerzas es más favorable para el campo popular que en la época de Betancur.  

-¿Y no perjudicaría la unidad el que unas organizaciones vayan y otras no?

-Para serte sincero, yo creo que eso restaría posibilidades a la consolidación de la unidad y a su repercusión en el movimiento de masas. Se crearía una situación en la que se mantendrían muy marcados los perfiles de cada organización, mientras la unidad tendría un perfil bajo. Eso no es en absoluto deseable.  

-Tú hasta ahora te has referido al primer comunicado producto de la reunión de enero y has dicho que todavía están tendiendo la mesa... ¿qué ocurrió en las otras reuniones que se han sostenido luego de ese comunicado? ¿Piensas que se ha ido avanzando?

-El 8 de febrero de 1989, se realizó en Colombia la segunda reunión con participación de Pizarro y otros miembros de la dirección de M-19 y los representantes del gobierno. La declaración que se emite de esta reunión ratifica la primera del 10 de enero del 89. Más adelante señala que se está preparando el diálogo y que para facilitar este propósito, "el gobierno y el M-19 estiman conveniente citar a los partidos y a las organizaciones armadas participantes a una mesa de trabajo en el curso de febrero, que establezca los procedimientos de dicha participación, el sitio para el intercambio de ideas...". Esto ratifica lo que te estoy diciendo: estamos todavía preparando la mesa. Además se anuncia que se han empezado a discutir algunos temas bilaterales entre el gobierno y el M-19: mecanismos de distensión, definición de pasos de participación en el proceso, diálogos regionales y justicia e impunidad en Colombia. O sea, todos los temas preparatorios para la mesa.  

Durante el mes de febrero logramos que se pronunciara a favor del proceso mucha gente. En primer lugar, el Partido Liberal, partido de gobierno, y también el Partido Social Conservador. La Unión Patriótica hasta ese momento también se había sumado y decía que iba a participar en el proceso. Las FARC habían declarado una tregua unilateral a fines de febrero, que era una de las condiciones que ponía el gobierno. El EPL había dicho que estaba dispuesto al diálogo directo con el gobierno. O sea, la convocatoria estaba ya empezando a producir efectos concretos y positivos.  

Luego viene la tercera reunión el 3 y 4 de marzo en Ciudad de México, y en la cual yo estuve presente...

 

sigue........

[1] © Editorial Oriental del Uruguay S.A. de C.V. Cafetal 366, Col. Granjas México

México, D.F.

[2]Revista de Jaime Michelsen Uribe, liberal.

 

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19 abril 2014 6 19 /04 /abril /2014 00:01

 HERMANITO1

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Hoy la patria siente la ausencia de sus hijos e hijas que  marcharon hace mucho tiempo a revolucionar el universo, no sabemos si lo han conseguido, pero se escuchan truenos de rebeldía en todo el planeta.

 

 2Con el cariño  de hermanos, amigos y patriotas, y con el inmenso orgullo de haber crecido juntos en la tarea de construir  una patria nueva, reconocemos el ejemplo vivo de dignidad, de compromiso, de sacrificio, de fortaleza, de honradez, y hoy queremos recordarles en las luchas presentes de los pueblos y de nuestros jóvenes que siguen  construyendo un futuro de justicia, democracia y felicidad.

3  Hasta siempre tejedores y tejedoras de sueños, de esperanzas, de convicciones inquebrantables, de la cadena de afectos; no se imaginan la falta que hacen en esta dimensión, esto sigue jodido, la edad se nos vino encima y a algunos de los que quedaron se les envejeció la conciencia con mucha mayor celeridad  que su propio envejecimiento…  ¡chochean!.   

 

4,1

 A quienes siguen abrazando sentimientos de paz, democracia y libertad dentro y fuera de esta inmensa familia, un fraternal abrazo en este aniversario.  

¡Que nunca se rompa la cadena de los afectos!

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 Mosaico1

Nº2

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16 abril 2014 3 16 /04 /abril /2014 20:35

ESPADA

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16 abril 2014 3 16 /04 /abril /2014 20:11

 

Jaime Bermeo Cruz

 

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¡Siempre Presente!

 

    Nuestro Compañero Jaime Bermeo Cruz, “Simón”, integrante de la dirección Nacional del Movimiento 19 de abril M-19, fue detenido y desaparecido el 17 de abril de 1987. Su cadáver fue encontrado con visibles huellas de tortura en el municipio de Tena, Cundinamarca. Jaime fue torturado hasta la muerte por integrantes del ejército colombiano. "Simón"  sigue presente en nuestros corazones y en el alma de su pueblo.

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10 abril 2014 4 10 /04 /abril /2014 13:47

 "...Como de verdad nunca he sido comunista en mi forma de concebir la sociedad colombiana, como he sido siempre un enamorado de la libertad, de la democracia, como detesto el autoritarismo, que también fue aplicado en la construcción de las sociedades socialistas, tenía que escoger mi propio camino”.  

Jaime Zuluaga

En memoria de Carlos Pizarro

    Bogotá, abril 10 de 1991  

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1 La mayor parte de la vida política de Carlos Pizarro transcurrió en medio de las incertidumbres de la guerra. Tras un fugaz paso por las FARC, participó en la fundación del M19....”Como de verdad nunca he sido comunista en mi forma de concebir la sociedad colombiana, como he sido siempre un enamorado de la libertad, de la democracia, como detesto el autoritarismo, que también fue aplicado en la construcción de las sociedades socialistas, tenía que escoger mi propio camino”.

     Para sus fundadores el M-19 representó la búsqueda de un camino alternativo; sentían la necesidad de plantear un proyecto nacional, capaz de involucrar a la nación entera: “...asumimos el proyecto democrático como alternativa para la nación desde l978... y empezamos un discurso nuevo y un comportamiento político nuevo”  

  En el seno de la guerrilla y de los movimientos revolucionarios colombianos el M-19 contribuyó a producir cambios políticos y militares. Lo que más desconcertó a muchos sectores políticos, que al principio no percibieron el sentido de estos cambios, fue lo más enriquecedor: su acentuada heterodoxia.

El nombre de Pizarro está asociado a variaciones significativas en la concepción de la guerra de guerrillas: impulsó la formación de unidades que concentraban un alto número de combatientes; llevó la acción a terreno descubierto y en zonas pobladas, sacando a la guerrilla de su actividad militar marginal; experimentó la guerra de posiciones en la defensa del campamento de Yarumales y, dirigió el Batallón América, concebido como instrumento de lucha continental, del cual formaron parte miembros del MRTA del Perú y Alfaro Vive ¡Carajo! del Ecuador.

  En la actividad política, a lo largo del proceso de paz, Pizarro sorprendió por la firmeza de sus convicciones democráticas, la coherencia de su crítica al curso de la guerra en Colombia, la distancia creciente frente a la opción armada y la voluntad de lograr espacios para la construcción de una paz concertada.

      2  Para él la libertad consistía en ser como uno mismo. Siéndolo, ser capaz de integrarse con los otros y, entre todos, proponerse objetivos comunes que no impidan que la libertad individual y colectiva se expanda. Esta manera de pensar, debió entrar en conflicto con su práctica, porque la guerra y las organizaciones militares tienen poco que ver con la libertad y el ejercicio de la democracia, por más democráticas que sean las concepciones políticas en las que se inspiren. Las jerarquías rígidas, la verticalidad en el mando y, sobre todo, el hecho insuperable de que el diferente es el enemigo al que hay que aniquilar, hacen que la superación del conflicto tenga poco que ver con la democracia, con el pluralismo.

  Pizarro participó en la reflexión que se dio, en algunos sectores de la izquierda y del movimiento insurgente, sobre la historia de la lucha armada en Colombia y el carácter de la guerrilla. Criticó la guerra y las guerrillas desde adentro. Destaco de su elaboración crítica el reconocimiento de que la guerrilla en Colombia se había convertido en un mito atado al pasado, que impedía proyectarse hacia el futuro. En el proceso de desmitificación de la guerrilla puso de presente que sectores de ésta habían erosionado la base ética de la lucha mediante el recurso al delito común, las violaciones de los derechos humanos y cometido abusos que habían dado origen a un frente paramilitar, como ocurrió en el Magdalena Medio.

  De allí que planteara la necesidad de romper con la lucha armada que, a su juicio, había     perdido vigencia como instrumento para la transformación de la sociedad. "No me quita el sueño la desmovilización. Nosotros no estamos casados con las armas. El problema nuestro no es ser revolucionarios en armas para toda la vida, y guerrilleros eternos para satisfacer clichés donde uno es revolucionario porque tiene un arma en la mano. Para nosotros la desmovilización es acceder a un nuevo estadio en la política, donde podamos trabajar por los propósitos que nos han animado siempre. El asunto central es poder realizar los objetivos que nos animan, ojalá al menor costo posible”.

  El M-19 asimiló la experiencia del fracasado proceso de paz con la administración Betancur, abandonó el espíritu triunfalista que lo llevó a acciones como la toma del Palacio de Justicia y se decidió a jugar nuevamente la carta de la paz. En esta oportunidad, el hecho de guerra que sirvió para dar a conocer su voluntad de concertación - el secuestro de Alvaro Gómez-, se inscribió en una inequívoca estrategia de paz. Le correspondió a Pizarro, como Comandante General, dirigirlo en el complejo proceso político que se desató. Frente a un gobierno que no había definido una efectiva política de paz, el M-19 convocó a los partidos políticos, los gremios económicos, a la iglesia, los movimientos sociales para discutir un nuevo pacto social.

 

  El encuentro de Panamá y la “Comisión de Convivencia" fueron instrumentos de presión que llevaron al gobierno a acelerar la formulación de "La Iniciativa para la Paz" en septiembre de 1988. Al acogerse a ella en enero de 1989, el M-19 logró convertir lo que era un "itinerario para la desmovilización" en un proceso de negociación. Las "mesas de análisis y concertación y el diálogo directo en la llamada Ciudadela de la Paz" -Santo Domingo- entre la dirección del grupo guerrillero y dirigentes políticos, populares, gremiales, etc. fueron el escenario de los esfuerzos por lograr una paz concertada.

  4 

  El acuerdo político alcanzado se hundió finalmente en el Congreso, ante la impotencia del gobierno y la incapacidad de los partidos tradicionales para asumir compromisos con las reformas que el país requiere. A pesar de ello, el M-19, reafirmando su convicción de la pérdida de vigencia de la lucha armada, cumplió su compromiso con el país. La participación en las elecciones para Alcalde, en condiciones totalmente desventajosas significaron un triunfo para la política de paz y concertación que propuso. La significativa votación por Pizarro en Bogotá aceleró la crisis del bipartidismo, puso en evidencia la justeza de la política de paz y sentó las bases para el surgimiento de la Alianza Democrática M-19.

 

  Pizarro sabía que la única opción política acertada era la política de paz y no ignoró los riesgos que implicaba: "Hoy tenemos una urgencia: la de un país que quiere la paz. Por eso hemos silenciado nuestros fusiles, como un gesto de generosidad, para rodear este proceso de confianza. Nosotros estamos haciendo el gasto. No sabemos los costos que tenemos que seguir pagando por la reconciliación, aunque sí conocemos los costos de la violencia generalizada en Colombia. Tanto el M-19, como posteriormente el EPL y el PRT, entendieron que los colombianos no queríamos seguir pagando el alto costo de una guerra múltiple, carente de sentido, que impulsaba la militarización creciente de la vida nacional y cerraba posibilidades a la organización y movilización de los sectores populares.

 

  En escasos dos meses de actividad política Pizarro conquistó un incuestionable liderazgo nacional y provocó, en torno a sus tesis y dirección, la convergencia y apoyo de diversos sectores y corrientes democráticas. El conjunto de fuerzas que se agruparon en torno al M-19 “comenzaba a tocar el futuro” Cuando la extrema derecha militarista asesinó a Carlos Pizarro el 26 de abril de 1990. Ya éste había contribuido a desatar el proceso de transformaciones  políticas que han sacudido a Colombia: acuerdos de paz con un         sector del movimiento guerrillero; formación de una fuerza democrática de izquierda con opción de poder - la Alianza Democrática M-19-, y profundización de la crisis del bipartidismo.

 

Al parecer así lo había entendido un campesino de Caloto que, en la ceremonia oficial de desmovilización, se acercó a quien ya se había constituido en el símbolo de este proceso y le dijo emocionado al abrazarlo:

                                     "GRACIAS POR COLOMBIA".                                       

                                           Bogotá, abril 10 de 1991

 

 

 

 

Nº 6 (Debate 33) Abril de 19991

 

 

 

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7 abril 2014 1 07 /04 /abril /2014 22:06

 Gaitán Sí

  Gaitan

Hace 66 años, el 9 de abril de 1948, fue asesinado Jorge Eliecer Gaitán. Este asesinato fue fraguado en los círculos de la oligarquía liberal/conservadora Colombiana con apoyos externos.

 

Gaitan era un hombre del pueblo, convencido que sólo la unidad, la organización y la lucha -de la gente sencilla, de la gente normal, mujeres, hombres, la clase trabajadora- es lo que puede liberarnos de la esclavitud económica, política y social.

 

“Un socialista de convicciones”.

 

En su concepto, el país necesitaba muchos cambios sociales y la democracia era la mejor manera de lograr que esos cambios se llevaran a cabo. Los cambios propuestos por Gaitán estaban encaminados a lograr una sociedad  justa, donde la riqueza estuviera mejor distribuida y donde no existieran grupos exageradamente ricos y grupos exageradamente pobres. Y esta misión se debería debía llevar dentro de los límites de la democracia y de acuerdo con las ideas socialistas.

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"La democracia y la política tienen que ir llevadas de la mano, el pueblo es parte de él, así que se tiene que hacer valer"

 

"Nosotros no decimos que el hombre debe ser un esclavo de la economía, decimos que la economía debe estar al servicio del hombre".

 

 "Pueblo, por la restauración moral, ¡a la carga! Pueblo por la derrota de la oligarquía, ¡a la carga! Pueblo por nuestra victoria, ¡a la carga!".

 

 "Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal."

 

"Esta avalancha humana: libra una batalla, librará una batalla; vencerá a la oligarquía liberal y aplastará a la oligarquía conservadora".

 

"Yo no creo en el destino mesiánico o providencial de los hombres. No creo que por grandes que sean las cualidades individuales, haya nadie capaz de lograr que sus pasiones, sus pensamientos o sus determinaciones sean la pasión, la determinación y el pensamiento del alma colectiva".

 

"Porque el gobierno colombiano tiene la metralla homicida para el pueblo y la rodilla puesta en tierra ante el oro americano".

 

"Hay que procurar que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres".

 

"Si avanzo, seguidme. Si me detengo, empujadme. Si os traiciono, matadme. Si muero, vengadme".

 

"El pueblo es superior a sus dirigentes". 

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5 abril 2014 6 05 /04 /abril /2014 15:30

  Alvaro Fayad

Entrevista a Alvaro Fayad Delgado

Al Palacio de Justicia fuimos a entablar una demanda armada contra el régimen de minorías que traicionó el anhelo nacional de paz. La respuesta fue el arrasamiento total, el holocausto de más de cien ciudadanos y del poder jurisdiccional para impedir que se levantara la voz de la justicia, la voz de la nación. Pero quedó en pie una demanda, quedó pendiente el veredicto, y están por delante las tareas políticas, militares, sociales y civiles de una nación que quiere nacer.

Hoy la democracia es una voluntad nacional; hoy la democracia cuenta con un ejército; hoy la democracia requiere que esa voluntad nacional asuma la conducción de las tareas políticas y militares para construir la paz. Tales son los temas a los que se refiere Alvaro Fayad, Comandante General del M-19, en esta primera entrevista pública concedida en la Cordillera Central a principios de diciembre del año pasado, tras los sucesos del Palacio de Justicia, Armero y Siloé, que estremecieron a un país que ya no volverá a ser el mismo.

Colombia, enero de 1986

IDEAS PARA LA NUEVA NACION____________________________________ 1

 

 

cenefa-rep-01

Cuál es el proceso de análisis que llevó al M-19 a tomarse el Palacio de Justicia?

Teníamos varias posibilidades. Una, aceptar el amansamiento de la guerrilla, el amansamiento de la rebelión popular, y mantener unos acuerdos violados por el gobierno y la oligarquía. Unos acuerdos que mantenían una demagogia de paz, mientras lo que se vivía era la política de arrasamiento.

Tendríamos que haber aceptado, por ejemplo, lo que dijo Belisario Betancur, el 20 de julio, al instalar las sesiones del Congreso: que los acuerdos firmados sólo comprometían a una de las partes, a nosotros, porque, según él, los únicos que estábamos en tregua éramos las guerrillas, ya que el ejército y el gobierno no pueden darse tregua alguna. Aceptar eso, era aceptar que se cambiaran los términos del acuerdo de agosto...

Podríamos haber aceptado -habiendo probado nuestra audiencia de masas en todas las plazas de las capitales y municipios más grandes del país- que las elecciones son la prueba de la democracia la prueba dele paz social.

Elecciones, guerrilla arrasada, o un acuerdo unilateral: en efecto, podríamos haber aceptado que la paz no había sido sino una hermosa quimera para que florecieran dibujos de palomas y se mantuviera la represión y el hambre en campos y ciudades.

Pero había otro camino: el de la rebelión y la dignidad; no aceptar que se trampeara a una nación que ha entregado su voluntad de paz. Porque el compromiso sancionado por los acuerdos no era exclusivo de la guerrilla o del gobierno; era el compromiso de la nación que buscó, aplaudió y exigió el desarrollo de la paz. Entonces, en función de este mandato, cuando el proceso de paz se vuelve proceso de guerra, cuando los acuerdos quedan como letra muerta, cuando en vez de búsqueda de las reformas necesarias, hay entrabamiento de cualquier posibilidad de desarrollo económico y social en Colombia nosotros estamos obligados moral política militarmente a responder a nuestra nación.

Y fuimos ante el poder judicial, única reserva democrática y moral del Estado colombiano, a presentar una demanda nacional. Como dijera Rafael Uribe, cuando las reformas y las libertades no se conceden, el pueblo tiene que plantear su demanda armada. Y nosotros fuimos a plantear los derechos de esta nación: su derecho a la paz y a la vida; y no desde la clandestinidad, como lo hiciera en su época Antonio Nariño,  sino con el apoyo de nuestras armas.

Y nos enfrentamos a una oligarquía asesina. Esta no es nuestra equivocación. Nunca vamos a decir que porque el enemigo es fuerte porque es asesino o genocida nos vamos a callar. Es mucho más grande la voluntad y la capacidad del pueblo, qué la aparente fortaleza de una minoría militarizada y terrorista; y fíjese, a pocos días de lo del Palacio d Justicia, en Siloé, esas mismas armas del M-19, ese mismo pueblo al que el M-19 ha convocado derrotan una nueva ofensiva de aniquilamiento.

Pero por qué la Corte Suprema de Justicia?

Cuando nosotros hablamos de un nuevo gobierno, nos referimos a una nueva organización de la voluntad política y social, que incluya a las nuevas fuerzas que reclaman una participación económica, política y social y donde caben fuerzas e instituciones que vienen de atrás.

No pensamos que el nuevo gobierno sea la ruptura total, definitiva, un salto –hasta aquí llegó lo pasado  y aquí empieza todo lo nuevo- sino un nuevo propósito, una nueva voluntad real y efectiva y una nueva convivencia de las fuerzas existentes. Por eso no íbamos contra la rama jurisdiccional del país. Al contrario, apelábamos a ella, en su calidad de reserva democrática y moral del Estado. Entonces, si poco tenía que hacer bajo el Estado de Sitio y el poderío ascendente de los militares, si sus reivindicaciones y propuestas de desarrollo de la justicia eran desoídas, si sus denuncias, condenas y definiciones sobre la política estatal eran desatendidas, ahora iban a ser un factor esencial de las definiciones políticas. Porque en eso se iba a convertir la Corte Suprema de Justicia en el desarrollo de la operación Antonio Nariño por los Derechos del Hombre. No se trataba de negociar rehenes por la libertad de unos guerrilleros; era simplemente darle fuerza a una voz nacional: la de la Corte Suprema, habiendo oído al pueblo en general.

Por eso el régimen y la oligarquía prefirieron borrar del mapa la institución, a sus hombres, a los guerrilleros y toda posibilidad de enjuiciamiento público. Y por eso este juicio sigue siendo tarea a desarrollar por la conciencia sana del país.         

Sin embargo, tomarse el Palacio de Justicia con las armas, con tanto rehén, es un acto de terror...

Primero que todo, para nosotros no había rehenes. No teníamos rehenes porque no pretendíamos cambiarlos por algo. No íbamos a plantear ninguna exigencia con base en la vida de los funcionarios de la justicia. Ellos eran para nosotros lo que son: jueces, magistrados y fundamentalmente, la rama más sana de los poderes públicos. A ellos les presentábamos una demanda, como ciudadanos que tenemos el derecho a exigir justicia. De ninguna manera eran rehenes; tan no lo eran, que el gobierno, los militares y la oligarquía, decidieron arrasar con ellos; porque no querían que hubiera enjuiciamiento, ni demandas, ni demandantes, ni jueces. Por eso arrasaron con todo sin ninguna contemplación.

El terrorismo es coartar a una cantidad de gente con las armas...

No. El terrorismo propicia acciones cuyo objetivo es sembrar pánico en una nación o un grupo social específico. ¿Coerción de libertad? Si. Obvio. El uso de armas implica violencia. Pero precisamente por eso íbamos ante la Corte Suprema de Justicia: en un esfuerzo por crear conciencia, propiciar un remezón social para que ese camino de la paz que estaba siendo traicionado, asesinado -que sigue siéndolo- tuviera un nuevo impulso, recibiera nuevo oxigeno.

A la paz en Colombia hay que protegerla con las armas, y no solo a la paz. En Colombia el derecho de plantear una demanda tiene que ser defendido con las armas, porque para que la justicia funcione con los de ruana, los de ruana tenemos que armarnos para ser escuchados.

Nosotros pensamos que la revolución es fundamentalmente una voluntad nacional de vida, de búsqueda de nuevas soluciones. De fuerza, sí; pero también de amor. Nunca de terror. Terror es ir de noche y sacar a la gente de su casa para torturarla; terror es arrasar barrios, como lo hicieron en Siloé; terror es desaparecer ciudadanos, como lo hizo Turbay, como lo hacen hoy Belisario Betancur y los militares. Terror es un ministro de defensa como Vega Uribe, condenado hace tres meses por esos mismos magistrados como torturador. Eso es terrorismo. Terrorismo de Estado, que es el que viene viviendo Colombia hace bastantes años.

La acción del Palacio de Justicia era una demanda de justicia, de dignidad. Con la fuerza de las armas, sí, para hacernos oír. Los magistrados fueron tratados con respeto por nuestros hombres: están sus propias declaraciones, que buscan ahora ocultar o distorsionar, pero todos las escuchamos. No decimos que ahí no hubo uso de fuerza, de coerción, pero ante todo, había respeto a la dignidad, respeto a la vida. Nuestros compañeros defendían la vida de los magistrados con su propia vida.

Y todos sabemos que el incendio del Palacio de Justicia fue resultado de un operativo del GOES, que sus comandos se pusieron el traje de asbesto en la Casa de Nariño. Y ahí están las declaraciones de los testigos, que cuentan cómo los guerrilleros rescataban a la gente de las llamas, cómo intentaron aplacar el fuego con los extinguidores. Porque nadie que lucha por la vida va a incendiarse a sí mismo, y si se hubiera tratado de quemar el Palacio, o los archivos, ahí está la acción del GOES para mostrar que es posible hacerlo con comandos especializados y sin correr mayores riesgos.

También se dice que los guerrilleros fusilaron e los magistrados.

Dígame de una sola persona que haya afirmado -fuera de los altos mandos militares- que vio a un guerrillero matar a un magistrado o funcionario. Todos saben lo que pasó ahí, y hay numerosas declaraciones de los propios magistrados y consejeros que cuentan cómo Andrés Almarales, Alfonso Jacquin, Luis Otero y demás compañeros, los protegían, hablaban con ellos, les explicaban cómo protegerse del bombardeo. Es que sólo hay que revisar la secuencia de las noticias y su manejo por la radio, para advertir la manipulación, la distorsión informativa, la infamia. Esto es parte esencial de cualquier juicio de responsabilidades, porque no solo actuaron generales al mando de la tropa, sino también actuaron los generales de la información.

Esta oligarquía perdió absolutamente toda capacidad de decir la verdad. Ha hecho de la masacre su arma fundamental. Esto, sumado al cinismo, ha convertido a Betancur, no en aquel ministro del Trabajo que ordenó la matanza de obreros en Antioquia, sino en el hombre que mejor aplica los consejos de Reagan de masacre indiscriminada. Es que Betancur se atrevió a lo que no llegaron siquiera Pinochet o Somoza...

Lo Otro es la supuesta alianza con el narcotráfico en la toma del Palacio.

Eso lo dice el pobre Parejo González quien, ante su fracaso como ministro de justicia, ante su incapacidad de resolver el gran problema de la justicia en Colombia se dedica a atacar al M-19, haciendo eco al Departamento de Estado Norteamericano.

Como M-19 no tenemos nada que ver con el problema del narcotráfico. Pero el país si tiene mucho que ver con este problema que es un problema nacional.

Que se olviden los señores del Departamento de Estado o el ministro de justicia que el problema del narcotráfico era nuestro objetivo o razón para ir al Palacio de Justicia. Son demasiado grandes los problemas del país, demasiado altas las tareas de dignidad y democracia, como para que nosotros fuéramos a reducir estas banderas, nuestras vidas y nuestros combates a este problema. Ahora: si proponemos -y es uno de los puntos de nuestra demanda, que es lo que le duele a Parejo- que la soberanía jurídica de Colombia esté en manos de nuestros jueces; sí proponemos que ningún, colombiano sea enjuiciado por tribunales extranjeros, o pague condenas en cárceles lejanas.

Sí reivindicábamos para nosotros, los colombianos, y para nuestros jueces, el derecho y deber de ser jueces de nuestros connacionales. Como también reclamamos, ante la Corte Suprema de Justicia, nuestra soberanía económica para dictar nuestro desarrollo y no estar sujetos a las imposiciones del Fondo Monetario Internacional; la soberanía sobre nuestras materias primas, para romper el reciente acuerdo de Betancur con la OPIC -que entrega a las multinacionales la reglamentación jurídica sobré nuestros recursos naturales- y en virtud del cual ni el Congreso puede cambiar los contratos entre las multinacionales y el gobierno colombiano; son aquéllas las que deciden el destino de nuestro níquel, carbón y petróleo.

Oiga, eso del incendio es un problema de sentido común. En un recinto cerrado, propiciar un incendio cuyas primeras víctimas serían ellos mismos, cuando el problema inmediato era consolidar una defensa. Esos en primero y segundo lugar. Tercero, representantes de los medios y el personal del Palacio de Nariño vieron cuando los comandos del GOES se preparaban para comenzar el incendio. Cuarto, cualquiera sabe que las bombas que fueron lanzadas desde afuera, pueden incendiar fácilmente un edificio como ese. Pero fundamentalmente -además de las pruebas que arroja el sentido común y la realidad concreta- está que el M-19 iba con la justicia y la dignidad de este país; el M-19 iba por un debate de altura y perspectiva nacional y no por un problema específico, sobre el que hemos dado nuestra opinión en repetidas ocasiones.

Y así como el ministro de justicia acusó a los periodistas que lo enfrentaron, diciéndoles que ellos o bien eran agentes de la guerrilla o agentes del narcotráfico, así hace siempre la oligarquía colombiana, con una falsa moral -porque las finanzas, la banca, la industria, la política, los partidos, el parlamento y hasta el deporte están en manos del narcotráfico- al afirmar que cualquier combate es resultado del mismo fenómeno, para quitarle credibilidad.

No. El problema es mucho más hondo. Que se olvide el ministro de justicia de que sus calumnias van a justificar la decisión de aniquilamiento en la que él tuvo parte.

Qué opina el M-19 sobre las declaraciones de Shultz en Cartagena?

Eso está claro, no? Porque el Departamento de Estado Norteamericano en permanente ofensiva diplomática, militar y comercial contra Nicaragua, en ofensiva de aniquilamiento contra la revolución salvadoreña, hoy, con el desarrollo de la lucha en Colombia, coloca un nuevo punto en su mira, e intenta además, globalizar todo este problema. En esto último no se equivoca: de todas formas la búsqueda de la democracia sí es un problema latinoamericano. Pero no puede mirarse con la óptica de las acusaciones imbéciles de Shultz. Lo del Palacio de Justicia nace aquí, se origina aquí, por necesidades, condiciones y exigencias de nuestro propio sentir colombiano. Y tiene soluciones propias, aunque no ignoremos sus proyecciones sobre el conjunto de la región. Como no lo ignora Shultz. Raro sería que no se estuviera preocupando el Departamento de Estado por la situación de un país como Colombia...

Y no es lo pequeño -la cuestión de las armas- a lo que apuntan las acusaciones de Shultz. Porque bien debe saber el Departamento de Estado, que nosotros tenemos suficientes armas compradas antigua y recientemente del ejército venezolano, y que el armamento oficial venezolano circula libremente en la frontera en Cúcuta y Maicao. De modo que ese no es el problema. La intención de Shultz  va a lo grande, al inmenso debate que hay sobre el Palacio de Justicia, sobre la decisión de arrasamiento que es fruto de su propia política, y que tiene que ver con el problema central de toda esta región: la democracia, las grandes luchas por la democracia y la autodeterminación. Así, habiéndole fracasado su primera acusación -de que era el narcotráfico, ahora el Departamento de Estado quiere introducir el problema de una supuesta intervención Nicaragüense..

Perdió el M-19 militarmente en el Palacio de Justicia?

Tuvimos pérdidas militares porque perdimos hombres muy valiosos. Pero la evaluación del hecho militar no da la medida para analizar este problema. Estamos ante un fenómeno más grande.

El país perdió hombres valiosos: Demócratas como Reyes Echandía o Andrés Almarales; patriotas íntegros como Manuel Gaona o Luis Otero; constitucionalistas convencidos como Ricardo Medina o Alfonso Jacquin; inteligencias como las de Patiño Roselli o Ariel Sánchez; hombres sensibles como Carlos Medellín o Guillermo Elvencio Ruiz... Creo que el país perdió gente que no tenía que haberse muerto ahí...tantos funcionarios y empleados...

Pero también estamos ante el heroísmo colectivo de 35 hombres y mujeres que por la bandera de la democracia, que por creer en al poder de la justicia hasta el fondo y la médula de sus corazones, van y combaten hasta siempre. No se rindieron, no vacilaron en su propósito. Y esa voluntad colectiva, única, de resistir, de no someterse a la voluntad de su adversario -no de uno: de treinta y cinco- marca definitivamente la conciencia de los colombianos porque ese heroísmo colectivo no lo habíamos visto en este país...Hay quienes dicen: —fanatismo—, "suicidio", "desesperación". ¿De 35? A lo mejor resulta más cómodo o menos inquietante mirarlo así. Pero lo que debemos preguntarnos todos es, qué lleva a 35 hombres y mujeres, cuyas edades oscilan entre los 22 y los 46 años, provenientes de todos los rincones del país, de diversa extracción social y diferente formación profesional, a esa decisión única, a esa resistencia sin igual.

Más aún: ¿Qué une en un solo grito, por el cese del fuego, a guerrilleros y magistrados? ¿Por qué se confunden hoy en Colombia los demócratas en armas y quienes sin apelar a ellas defienden los ideales democráticos?

Creo que fundamentalmente nos encontramos ante unos poderes, ante una oligarquía que desplegó todo su abismo de locura, guerra y cinismo. Entonces, también cabe hablar de una falsa concepción sobre el país y sus poderes.

Nosotros sí habíamos sentido toda la fuerza de este enemigo. Porque Yarumales fue eso mismo. En Yarumales sufrimos todos, su odio por la paz que empezaba ahí, con los acuerdos de tregua y Diálogo sentimos toda la incapacidad mental y moral de un Jaime Castro; toda la irracionalidad de las FF.AA; toda la endeblez democrática de Betancur. Y también conocimos su decisión militar de arrasar, cuando atentaron contra Navarro y demás compañeros en Cali, cuando intentaron desmantelar los campamentos de paz; cuando asesinaron a sangre fría a nueve compañeros detenidos en el sur oriente de Bogotá, y cada una de sus ofensivas.

Si planificaron la toma teniendo en cuenta eso, ¿por qué no funcionó?          

Militarmente tuvimos fallas. Un grupo de siete compañeros no pudo entrar, y era el grupo destinado a consolidar la defensa de la planta baja y los sótanos. No funcionaron las minas antitanque: porque las teníamos. Pero independientemente de eso, el enemigo estaba decidido desde el primer momento a no dejar piedra sobre piedra, a costa del holocausto total. Para evitar la demanda, para asfixiar entre fuego y humo el enjuiciamiento. Pero se planteó la demanda, y el juicio nunca estuvo en sus manos. Por eso la derrota es de ellos. Es derrota para siempre.

Nosotros planteamos desde el principio -y lo seguimos sosteniendo- que solamente la resistencia militar y solamente la victoria militar abre caminos políticos en Colombia.

Qué significa para el M- 19 que se masacrara la única gente que, desde el Estado, había defendido los valores democráticos, como el final de una trágica novela de amor?

¿Qué ha significado para el país? Se acentúa nuestra decisión de democracia para Colombia. Mire no es como una novela trágica de amor, ni siquiera en los tiempos del cólera - y éstos son tiempos de cólera y de guerra-; es más bien como la historia anunciada. De verdad estábamos anunciados de que el volcán iba a explotar. Estábamos anunciados de que el enemigo tenía voluntad de aniquilamiento, que estaba aniquilando. Se había anunciado en Yarumales, en Pradera, en Buga, en Florida, en las ejecuciones sumarias de nuestros militantes, en el atentado a Navarro, en el Paro Cívico...

Y también estaba anunciada la toma. Los liberales ahora acusan al gobierno de haberla facilitado quitando la vigilancia del Palacio.

No. Esos son argumentos de poco peso. Con o sin vigilancia, nosotros nos habríamos tomado el Palacio de Justicia. Y no nos tomamos el Congreso porque tuviera vigilancia, sino porque se trataba de plantear una demanda y de plantearla ante un poder respetable.

Me parece un error. Porque al ejército posiblemente le interesaba la muerte de los magistrados que habían condenado a sus generales como torturadores y el M-19 le sirvió de pretexto para poder hacerlo.

Ese argumento de que por la lucha hay represión, y que cada lucha es un pretexto para la represión, es el caballito de batalla de la pasividad y del miedo. Esta oligarquía no necesita pretextos: EI “pretexto” si cabe es su propia razón de ser cómo oligarquía militarizada, antipueblo, antinación y antidemocracia. A ver explíqueme cual es el pretexto para militarizar las ciudades e impedir el Paro Cívico, cuál el pretexto para asesinar a los curas que trabajaban con los pobres en las poblaciones del Valle.

Entonces, anunciada, ¿en qué sentido?

Anunciada porque ya sentíamos la naturaleza y la decisión del arrasamiento. Y decidimos enfrentar eso con todos los argumentos políticos, morales y militares. Con toda la razón. ¿Y qué encontramos? Eso mismo. Que esta oligarquía no sólo no respeta la vida humana, no sólo no respeta sus propios presupuestos, sino que está dispuesta a arrasar con una rama del poder con tal de sobrevivir como poder, sin importarle cuán minoritario y antidemocrático sea ese poder.

Hoy han sido arrasados, en virtud de la esencia antidemocrática de la oligarquía colombiana, el parlamento, que nunca ha tenido expresión o actividad como rama independiente que debiera ser; que no representa ni el quince por ciento de los electores, y no legisla en función de los intereses mayoritarios, cubierto de inmoralidad y dedicado al despilfarro de los dineros públicos; ha sido arrasado el ejecutivo, que nada tiene que hacer distinto a lo que opinan los mandos militares y cuya autoridad política está acabada; y ahora remataron al poder judicial, ya golpeado y relegado por, la justicia penal militar. Aquí ya no vale lo que decía Lleras Restrepo, porque esto país no está descuadernado: está, simplemente desmoronado.

Aquí la Corte Suprema puede condenar a un Vega Uribe como torturador, y no pasa nada. La nación conoce el significado de esos fallos. Por eso recurrimos ante el tribunal superior de la justicia.

Y ahí lo que hubo, de parte nuestra, fue una resistencia como nunca antes se había visto en Colombia o en América Latina: 26 horas, 35 hombres, aguantando cinco asaltos de aniquilamiento, no acciones de comando. Porque de parte del ejército nunca hubo operaciones para sacar a los que ellos llaman rehenes… como la que hicieron los israelitas en Entebbe. El tipo de operación militar no fue de rescate. Fue de aniquilamiento. El uso de tanques, rockets, de cargas de montón con explosivo, de bombas incendiarias, de gases, implica necesariamente la decisión de aniquilamiento, la decisión de no dejar piedra sobre piedra, de acabar con quienes estuvieran ahí, sin importar quiénes fueran ... Esto implica necesariamente que cada propuesta, que cada lucha nuestra, tenemos que hacerla con mayor fuerza.

Aquí perdimos hombres y la nación perdió muchos hijos. Unos combatientes por la democracia, otros, mártires por ella. Pero se ganó en que, como nunca antes, la razón, la justicia y la dignidad se han hecho  bandera de de millones de colombianos. Y claro que podía haber sido diferente. Nosotros todavía decimos, por qué no hubo un minuto de reflexión, por qué ni las fuerzas armados ni Betancur dieron un solo minuto de reflexión, por qué la voz de Reyes Echandía, exigiendo el cesa del fuego, jamás fue escuchada; y es que en ese minuto de reflexión ganábamos todos. ¿Por qué no hubo oportunidad para eso?

Ahora tenemos al descubierto la decisión genocida de la oligarquía, sin velos, sin nada. Pero no buscábamos eso. En Colombia no se necesita demostrar que los gobernantes de este país son asesinos. Lo que nosotros buscábamos era el reacomodo del proceso de paz.

Por tanto, lo que buscaban quedó pendiente...

No. Los compañeros plantearon la demanda contra una oligarquía que violó unos acuerdos, que ha entregado la soberanía de este país, que pisotea la Constitución y, sobre todo, que ha violentado la máxima expectativa de paz en Colombia. Y el juicio quedó abierto. Lo que buscábamos se está cumpliendo.

Hay un repudio general a la decisión de arrasamiento; el ochenta por ciento de la población no comparte la decisión de Belisario Betancur. Y hoy sabemos que la justicia, la dignidad y la paz tienen que nacer de una mayor fuerza, de mejores combates y de victorias contundentes.

Pero la demanda planteada era contra la paz de BB, no una demanda por el aniquilamiento cumplido en el Palacio de Justicia...    

No era solamente una demanda contra Betancur. Era una demanda contra la oligarquía que no da resquicios para la vida, ni para la alegría, ni para el desarrollo social íntegro en una nación como la nuestra. Nosotros planteamos la demanda. Ellos se auto-condenaron. Ahora tenemos que desarrollar el juicio y aplicar las sanciones.  

LOS ANTECEDENTES: LA TREGUA ROTA

d14-2 

¿Por qué no plantearon ustedes esta demanda antes de romper la tregua?

Nosotros planteamos públicamente en diciembre de 1984 que el gobierno y las fuerzas armados habían roto absolutamente la tregua. Que nosotros estábamos dispuestos a respetarla para darle oportunidad a la paz por el camino señalado en los acuerdos. No tuvo otro sentido la batalla de Yarumales, la negociación posterior y la ratificación del acuerdo de agosto, realizada el 4 de enero, entre nosotros y el gobierno.

Y no eran solo los militares quienes estaban violando la tregua. En la época de Yarumales, me reuní con Jaime Castro en Bogotá y él me dijo exactamente lo que dijo Belisario Betancur ante el hecho del Palacio de Justicia: "O se rinden o los aniquilamos...y agradezca usted que no está en Yarumales, porque le estoy ahorrando la vida". Me lo dijo así, textualmente, el ministro de gobierno.

Oiga: cesamos operaciones militares, nos dedicamos a la actividad pública, volvimos a negociar y a ratificar acuerdos después de la ofensiva da Yarumales, tocamos todas las puertas en busca del diálogo de todos y entre todos, llenamos plazas, y sin embargo, el ejército y Belisario Betancur siguieron exigiendo rendición o aniquilamiento. Para ellos, toda negociación, todo acuerdo, fue siempre letra muerta.

Aún así, ¿no cree que hubieran sido diferentes los resultados de la demanda si la hubieran planteado antes de la ruptura oficial de la tregua?

Insisto en que la “ruptura oficial de la tregua” la hizo el gobierno en diciembre del año pasado al atacar Yarumales. Y estoy convencido de que su decisión de aniquilamiento está tomada desde entonces. Lo nuevo es que ya nada le pone límites a la oligarquía en su guerra de exterminio, que no sea la resistencia de las fuerzas de la democracia.

La gente se pregunta por qué ustedes no aguantaron un poco más en vez de dejar ese vacío político que significó asumir la ruptura de la tregua.

Mire: no hay vacíos políticos, porque después de la respuesta gubernamental a la convocatoria del Paro Cívico, los espacios políticos estaban dominados por el ejercicio militar de la oligarquía. ¿Vacío político nuestro? ¿Cuál vacío político donde los Campamentos de Paz empezaban florecer en las ciudades, con el apoyo y la pasión del pueblo?

Precisamente por eso me pregunto por qué no aguantaron otro poco, para poder desarrollar más ese proyecto...

El problema no era mantenernos un poco más. El problema era que nos estaban matando a la gente. Mire: con Navarro caen todos los jefes de los campamentos de Cali. Uno puede mantenerse cuando está vivo. Pero a lo único a lo que nosotros no tenemos derecho, es a permitir que acaben con la posibilidad de rebelión popuIar,  a no convertirla en fuerza y en victoria.

Nosotros no tenemos derecho a decretar la paz donde no la hay, donde están agrediendo a las comunidades, donde asesinan a los pastores del pueblo -como Daniel Guillard-, donde la retórica de la paz encubre la decisión de acabar con la esperanza del pueblo.

El espacio político se cerró por obra y gracia del desarrollo militarista. Porque hay que ver cómo se ha ampliado la acción militar con Betancur: hay que ver cuántos alcaldes y gobernadores, cuántos directivos de empresas estatales, son militares; hay que ver el presupuesto de guerra, incrementado a niveles antes desconocidos; hay que ver la prepotencia de los altos mandos -claro: Belisario llama ministro de la paz al torturador Vega- hay que ver la magnitud de las operaciones militares montadas durante la supuesta tregua...

Entonces, no dependía absolutamente de nosotros el proceso de paz, mantenido así, como "espacio político", cuando éste ha sido invadido por la acción militar del gobierno. Y por esto, nos tocaba a nosotros, como tarea impostergable, crear nuevos espacios políticos para la paz; porque la paz está en los combates populares y en las victorias militares.

Cuando al engaño no se responde con dignidad, la nación se adormece; cuando se mantienen unos acuerdos repetidamente violados, y no se responde con fuerza, las masas entran en el desconcierto y el escepticismo. Entonces, no sólo estaba en juego la vida de nuestros hombres. Lo que estaba en juego era la capacidad de renovación de este país. Y ante el incumplimiento, alguien tenía que salir a decir, es posible vivir de otra manera, es posible conseguir esto que no se ha logrado mediante la negociación con la oligarquía con un gran acuerdo de mayorías. Y si la  oligarquía no quiere buscar la paz, hay mayorías capaces de conseguirla por medio de combates y victorias.

Una actitud diferente es dejarle a la oligarquía las manos libres para que hagan y deshagan en este país como siempre han hecho.

¿El M-19 volvería e negociar con el gobierno? ¿En qué condiciones?

El problema con esta oligarquía es que ya no es capaz, ni por vocación, ni por destino, ni por necesidad, de buscar un acuerdo y una solución negociada. Uno puede siempre discutir con el enemigo, si éste tiene por menos la moral de cumplir con lo acordado.

Ahora: nosotros siempre estaremos abiertos a cualquier propuesta de paz, cualquier propuesta que signifique reformas para al cambio en favor de las mayorías. Y hay muchos sectores en esta nación -de empresarios, de profesionales, de capitalistas- que sin estar con el M-19, sí quieren el cambio pera el país. A ellos les decimos, formemos un consenso de mayorías: un consenso en el que participen esos sectores y todas las fuerzas sociales y políticas interesadas en el cambio con justicia.

¿Fue o no positivo el proceso de paz que trató de hacer Belisario?

Un momentico: no. "que trató de hacer Belisario", porque el proceso de paz no fue él solo quien trató de hacerlo. Fuimos millones de colombianos. Esta es otra de las grandes verdades de este proceso, que han tratado de esconder. Ayer, o antes de ayer decía Betancur que “vuelve a tender su mano generosa”... ¿Cuál mano generosa? Si este proceso, estos acuerdos, fueron ganados a punta de combates, de heroísmo de aceptación de millones de colombianos sobre una determinada forma de hacer la paz?

Aquí no hubo generosidad ni nada fue regalado. Para la amnistía, hubo que derrotar dos guerras en el Caquetá, a Turbay. Pera pasar de la amnistía a la tregua hubo que vencer operaciones inmensas. Solo entonces aceptó Belisario hablar con el movimiento guerrillero. Entonces, cuál generosidad? Fue realismo político de Belisario, porque la nación exigía una solución negociada al enfrentamiento, propuesta que hizo suya el movimiento guerrillero.

Y volviendo a su pregunta: claro que hay un saldo positivo. Primero, la paz en Colombia adquirió su significado real: justicia social, bienestar de mayorías. Hoy nadie cree en aquella idea de la paz por la paz, la paz de los cementerios de la oligarquía. Hoy la mayoría de los colombianos entendemos que si la paz no está acompañada de justicia social, no es paz. Segundo, queda claro que la paz no puede venir de la oligarquía ni ésta quiere la paz. Tercero, lo más importante que la inmensa mayoría de los colombianos si queremos y podemos hacer la paz con esfuerzo de consenso mayoritario, un esfuerzo de pluralismo, un esfuerzo de concertación de distintos Intereses sociales, políticos, económicos e ideológicos.

Se dice que este año le sirvió al M-19 para conseguir más armas, para captar más gente. ¿Es cierto eso?

Nosotros no miramos los procesos desde el punto de vista de nuestra organización, sino desde el punto de vista de la conveniencia nacional. Yo pienso que la paz sí ganó mucha gente, muchas armas: armas morales, armas ideológicas.

Ahora, el M-19 sí ganó millones de simpatizantes y amigos. Porque convocamos a la nación a la paz a la que ella aspira: no la paz de remedo, la paz artificial o la paz de palomitas blancas y piquitos rosados -como dice la canción- sino a la paz que da empleo, salario, tierra, libertad y dignidad a una nación.

En eso ganamos. Y no conseguimos armas, ni conseguimos un peso más durante el proceso de paz, porque no nos comprometimos con unos acuerdos para eso, ni era ese el sentido de dicho proceso.

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